El camino en dirección al castillo fue algo extraño. Envueltos por el silencio, fueron todo el camino, montados a caballo en medio de la noche estrellada. Yuuri pudo observar mucho más cerca de ellos el castillo y se sintió asustado, incómodo y muy nervioso. Sabia de primera mano que las relaciones humanas de la realeza no se comparaban a las de su dimensión, aun cuando Yuuri pudiera tener cierto estatus dentro de su mundo, allí era un simple forastero, sin prestigio, méritos o títulos que pudieran hacerlo merecedor de entrar a ese lugar. Incluso pudo sentir las miradas de los guardias que le observaron entrar en compañía de para quien para ellos era el heredero al trono de su reino. Lo que no sentía el dios del hielo era que las miradas que atraía no eran necesariamente por su falta de estatus, sino por su belleza y la singularidad de sus rasgos, no muy comunes en el imperio ruso. Después de todo, la mayoría de los habitantes del reino poseían cabellos claros y ojos verdes u azules que contrastaban la oscuridad absoluta del cabello del dios en conjunto con las llamas ardientes que eran sus orbes.

Con mucho cuidado, Víctor bajo al omega del caballo mientras varios sirvientes y consejeros se aproximaban a ellos, entre ellos, el consejero principal del Zar, Yakov Feltsman fue el primero en acercarse hasta el zarévich.

—Su alteza ¿Qué es todo esto? ¿Quién es este joven que ha traído? —pregunta el hombre con preocupación sin despegar su vista de Yuuri quien es ocultado tras la espalda de Víctor.

—Su nombre es Yuuri. Es un buen amigo de los viajes que he realizado por el oriente, cruzando el mar. Por diferentes motivos se ha separado de su caravana al llegar al Imperio, así que estará conmigo de ahora en adelante en el palacio —explica y el consejero se siente a morir por sus palabras, y no solo de ellas, sino también de la mirada que expresa al joven. Víctor por su parte es indiferente a ello—. Por favor, lleva mi caballo al establo —le pide a otro de los sirvientes, el cual asiente y se lleva al corcel de ellos.

— ¿Un amigo? Aun si lo fuera, en estos momentos no son los adecuados para permitir el ingreso de un plebeyo al palacio, y usted desea que se instale aquí —Yakov no sabía bien que decir. La clarificación hacia el aspecto de las ropas de Yuuri hace que marque claramente la distancia social que lleva con su señor y todos los habitantes de ese castillo. El joven omega siente eso y siente temor e incertidumbre en que hacer o decir. No obstante, Víctor le toma de la mano con suavidad.

— ¿Estas bramando una ofensa contra nuestro invitado? Espero no quiera equivocarse, este joven de aquí no es plebeyo ni nada semejante. Él es una persona muy importante para uno de los reinos del oriente, es una falta de respeto contra mi persona y la de él que sometas tales injurias. Exijo una disculpa inmediata —expreso tajante ante la clara sorpresa de Yuuri y todos los presentes.

—L-Lamento muchísimo semejante incordio —se disculpa el consejero, arrodillado junto a los demás sirvientes frente a Víctor y Yuuri. Sin embargo, sorprendiendo al propio beta, el joven dios se arrodilla a su nivel, pidiendo que se levante.

—No tiene por qué disculparse, entiendo claramente su preocupación por su alteza, dado que en este instante, no me veo como una persona de fiar —explica el omega con tono afable y conciliador, sentimientos suaves invaden el corazón del viejo consejero, altamente sorprendido por el porte y misericordia ante alguien desconocido.

—Si nuestro invitado te ha perdonado, no tengo yo motivos por los cuales castigarte, solo solcito que sea prepara una estancia para él en el mismo piso donde yo estoy —pide, viéndole y provocando que el color de las mejillas de Yuuri aumente.

Volviéndose a disculpar, les guio hacia el interior del castillo. Una vez ingresaron, Yuuri observo con interés el lugar que sería su nueva residencia durante quien sabe qué tiempo. Particularmente, era un lugar más pequeño que su lugar de nacimiento pero mantenía proporciones cercanas y una arquitectura exquisita llena de cuadros, estatuas y demás arreglos. Había múltiples cuadros de familias y hombres coronados que Yuuri intuía que eran los anteriores monarcas de aquel castillo, mientras seguía de cerca a Víctor diversas personas, nobles y lacayos reverenciaban finamente la figura de su alteza al mismo tiempo que observan con particular intereses la figura del dios del hielo. Fue imposible no sentir aquellos sentimientos de desprecio y envidia por parte de algunos personajes durante su transitar. Cuando finalmente llegaron a donde sería su nueva habitación, Víctor pidió al consejero y a los sirvientes que les permitieran un momento de privacidad durante el tiempo que preparasen la cena de ambos, todos asintieron, dejando solos al par de jóvenes en la habitación.

— ¿Qué tal? Espero puedas sentirte cómodo en este lugar —menciona captando la atención del dios—, no tengo idea de cómo pueden ser los hogares en el mundo de los dioses, pero hare todo lo posible para que tu estancia sea incluso más que acogedora, eres mi más grande invitado y no dejare que nadie aquí, te falte el respeto o te haga daño alguno —hace hincapié en esto último, con un brillo determinado en sus ojos. Yuuri no puede evitar sonreírle algo sobrepasado.

—Víctor esto es —las palabras no salen, no parecen suficientes para ser expresadas. Yuuri se siente tan superado, sobrecogido por las atenciones que el alfa se esmera en darle y se siente tan feliz por eso—. Muchas gracias, me has sorprendido verdaderamente. Es algo increíble de creer incluso para un dios como yo…

El llamado de la cena les sorprende. Permiten que esta sea servida en el pequeño comedor que posee la habitación y es cuando son dejados solos nuevamente, que pueden sumergirse en un ambiente cálido y ameno. Conversan de diferentes cosas disfrutando de sus alimentos y aun cuando Víctor sigue siendo el centro de la conversación, Yuuri observa con singular interés sus expresiones, apreciando todos los cambios físicos que ha logrado alcanzar en ese tiempo que no se vieron. Como los rasgos infantiles y delicados fueron reemplazados por unos firmes, como el ancho de sus hombros se había incrementado y como sus largos cabellos habían crecido al punto de tener que ser sujetados en una alta cola. Sin embargo, aun cuando había cambiado, seguía siendo un poco el mismo Víctor, sus ojos azules seguían emitiendo ese brillo suave que le había llamado la atención desde el momento en que se conocieron.

— ¿Qué piensas de la cena?

Aun cuando le había hablado, la vista de Yuuri seguía inmersa en una sola cosa de la cual el alfa había podido darse cuenta. Sujetándose al silencio suave que se impuso en la habitación, el dios del hielo quería seguir observando por tiempo indefinido todas las facetas que el joven ruso tenía para mostrarle, quería verlas todas una a una y profundizarlas cuanto pudiera. Por su parte, el joven zarévich simplemente aprovecho ese pequeño espacio para tomar el rostro del omega entre sus manos, captando esta vez, su atención.

—Parece que alguien no ha parado de mirarme en todo este tiempo —comenta el alfa algo risueño.

—No es así, yo…

El color toma las mejillas de Yuuri quien no puede sostenerle la mirada. Víctor, por su lado, con singular devoción acaricio el lacio cabello del dios, viéndole y trasmitiéndole todo su sentir con el brillo de sus ojos. Eran sentimientos cálidos que eran imposibles de rehuir en el pecho del dios, haciéndole sentir cálido al mismo tiempo su corazón amenazaba con salirse de su pecho.

—Yuuri, sé que puede ser muy apresurado, pero luego de tanto tiempo, me siento desesperado. No quiero tener que pasar por una despedida nuevamente, te quiero a mi lado y que estoy dispuesto ante todo para permanecer contigo. Una vez te fuiste de mi lado, no estoy dispuesto a perderte de nuevo —habló, poco a poco la distancia entre ambos se iba a acortando.

—Víctor, yo…

El suave toque de la puerta hizo que ambos se separan de golpe, con sus corazones acelerados y avergonzados como unos adolescentes, Víctor corre a abrir la puerta mientras Yuuri sujeta sus mejillas pensando. Nuevamente, estuvieron muy cerca de besarse, nuevamente pudo haber caído en el mar cálido que representaban los ojos del alfa, y era sorprendente para él, sentir como estaba decepcionado por haber sido interrumpidos.

Cuando la puerta es cerrada nuevamente, Víctor regresa hasta él, hincándose a su lado.

—Lo siento Yuuri, su excelencia el zar me ha solicitado por unos asuntos y debo ir a verle en este momento —se excusa con notable tristeza en los ojos—, me hubiese gustado permanecer más tiempo contigo.

—No te preocupes, entiendo eso. Es tu padre quien te llama también —le menciona, pero la mueca triste no desaparece del rostro del alfa y una pequeña sonrisa es emitida por Yuuri—. Estaré bien. Podemos vernos mañana sin problemas, aun tienes que mostrarme el resto del castillo.

La faz del alfa cambia, alegre y emocionado por la promesa que le es dicha.

—Con seguridad nos veremos mañana, desayunaremos juntos y te daré un paseo por el interior del castillo —le dice, y dejando un suave beso sobre su cabello, el cual provoca estremecimientos en el cuerpo del joven, se retira de la habitación, dejando a un Yuuri completamente avergonzado.

Estando solo en la habitación, Yuuri suspira levemente. Sin saber qué hacer, se recuesta sobre la cama viendo el techo. Aunque más pequeña, aquella habitación no asemejaba con la propia en su mundo, el estilo y las decoraciones eran muy diferentes, más ostentosas, pero no por eso dejaban de ser cómodas. Nuevamente suspiro. Aquel día había sido demasiado, tantas emociones en un solo momento eran malas para su corazón. Víctor había cambiado. Por supuesto lo había crecido, madurando notablemente tanto física como mentalmente, pero lo que no había esperado que aquel tímido chico de dieciséis años (edad donde lo vio por última vez) tuviera semejantes expresiones que pudieran alborotar sus emociones. Nunca imagino que su corazón latería tanto casi queriendo salir de su pecho y en ese instante, solo pudo pensar Víctor de verdad había cambiado demasiado en aquel aspecto, quizás para bien o para mal.

Al llegar la mañana, Yuuri fue despertado por el ruido de su habitación abriéndose y las persianas abriéndose, dejando filtrar toda la luz de sol. Un poco desorientado, miró a su alrededor, encontrando frente a él a un par de mujeres jóvenes ataviadas en largos vestidos de gris que sostenían un delantal de tela pulcramente blanco. Al verlo incorporarse sobre la cama, ambas damas hicieron una breve reverencia ante él.

—Buenos días, joven Yuuri —saludo la dama junto a su compañera—. A partir de ahora, mi compañera y yo seremos las damas que servirán a su persona por petición explicita de su alteza imperial. Mi nombre es Adelaida y mi compañera es Roselia —dice, indicándola —. Nosotras le acompañaremos cada día durante su estancia en el castillo.

—M-Mucho gusto —apenas pudo susurrar el dios con ligera incomodidad.

—Su alteza le ha mandado a llamar para desayunar, por lo cual prepararemos el baño y sus ropas para que pueda ir a verle de inmediato —expreso, mientras que la otra dama se acercaba hasta Yuuri para llevarlo al baño e irle retirando las prendas que llevaba.

—Gracias, pero yo puedo desvestirme y bañarme solo —alego con intenso bochorno.

—Le pido que nos perdone, pero no podemos hacer eso. Su alteza nos dejó a su cuidado, y es nuestro deber servirle como tal. He de explicarle también que el desayuno se sirve a las 7;30 de la mañana, el almuerzo a las 12 y la cena a las 7 en punto, si no desea comer en el gran comedor, podemos traer sus alimentos a su habitación y si tiene alguna otra duda puede consultarlo con nuestras personas —indico con solemnidad a la que el dios no ha podido negarse.

Yuuri creía que verdaderamente eso era algo demasiado ostentoso e incluso innecesario. No obstante, era un invitado y un no humano, quizás no estaba acostumbrado a ese tipo de tratos por lo cual le era algo incómodo. Sin perder el pudor, permitió que las damas le ayudaran con el baño y las ropas que utilizaría, eligiendo estos un fino traje de talas sueltas, propias para un omega masculino como él.

—La habitación de su alteza se encuentra a dos puertas de la suya, si necesita algún tipo de preparación previa para la noche, no dude en consultarnos y le seremos de ayuda —agrego Roselia tallando suavemente la piel del omega con la esponja y el jabón.

El dios del hielo sintió como sus mejillas enrojecían ante la acotación tan directa que la dama había hecho de manera tan sencilla. Y aunque no dijo nada, se preguntó si era común que ese tipo de gestos lo hicieran para cualquier joven que el alfa llevara a su habitación. Cuando terminaron de asearlo, le ayudaron a vestirse y acicalarse para que estuviera "presentable" para el zarévich. También le acotaron que cada vez que debiera presentarse ante Víctor debería realizar una reverencia y debería ser preparado para la ocasión, un nuevo guardarropa seria preparado para él en la brevedad posible por la mano de un sastre que durante la tarde de ese día le tomaría las medidas correspondientes.

Sin embargo, antes de que pudiera siquiera salir de la habitación con sus nuevas damas, Víctor ingreso a la misma con una radiante sonrisa que pudo encandilarlo incluso a él mismo. Adelaida y Roselia hacen una suave reverencia ante su señor, siendo imitadas por Yuuri, quien baja la mirada también.

—No es necesario que reverencies ante mi Yuuri —indico el alfa con cierta sorpresa y curiosidad de verlo haciendo aquello.

—Pero —intento renegar, viendo un poco a las damas que le había hecho referencia, pero este le levanto la mirada con un gesto risueño mientras se acerca a él.

—Tú no tienes por qué tomar ese tipo de gestos conmigo, somos lo suficientemente cercanos para que no tengas la necesidad de ellos —expresa cercano a su oído provocando que el enrojecimiento corriera por todo su rostro.

—V-Víctor —exclama el omega avergonzado, apartándose de golpe y viendo a sus damas alarmado, aunque estas no hacen ápice de mirarlo siquiera.

—Eso está bien, trátame como siempre —dice sonriente. Con un suave gesto pide que las damas se retiren, aspecto que estas hacen y les dejan solos—. ¿Y bien? ¿Qué tal te ha parecido todo? ¿Lograste descansar anoche?

—S-sí. Descanse lo suficiente gracias a ti. Aunque siendo sincero, todas estas atenciones me hacen sentir nervioso, jamás me habían llenado de tantas atenciones al punto de ayudarme con el baño, ni siquiera cuando estaba en casa —menciona recuperando el suave color carmín en sus mejillas.

—Lo siento por eso, pero es más etiqueta que necesidad. A mí también me molestan mucho —reconoce el zarévich encogiéndose de hombros—. Pero si algo te molesta, no dudes en decirlo y hare algo al respecto—asegura—, yo solo deseo que puedas sentirte a gusto, quiero que sientas que pese a todas las cosas.

Bajo una sonrisa tímida, Yuuri asiente sus palabras y ambos bajan al gran comedor para tomar el desayuno. Caminando del brazo de Víctor, las miradas siguen inmersas en Yuuri quien le es difícil soportarlas, demasiados sentimientos fluctuando y dirigidos hacia él hacen que sea difícil sopesarlas con su propia energía, no obstante, la sonrisa brillante de Víctor lo hace sentir calmado y a su vez, protegido.

Sin embargo, antes de que puedan sentarse, las puertas se abren y desde el salón principal ingresan el Zar Alexei y la Zarina Irina en compañía de su hijo menor, Mijaíl. Todos los presentes, incluso el propio Víctor, realizan una reverencia ante ellos por lo que Yuuri no tiene otra que imitarlos. Al poco tiempo, los monarcas se posan frente a ambos al tiempo que el pequeño Mijaíl corre a los brazos de su hermano quien le recibe con una cálida sonrisa. Al mismo instante, Yuuri siente como una fuerte punzada amenaza con hacerlo caer de rodillas, aunque puede resistir brevemente. Siendo objeto de observación del Zar, el dios siente como un cumulo de sentimientos negativos que se emiten fuertemente del alma de aquel monarca, nunca antes una sed de poder le había causado tanto daño, ahogándolo, intentándolo consumirlo, por si fuera poco, permanecía con su vista examinándolo, juzgándolo, haciéndole temblar.

—Buen día, su excelencia —saludo Víctor con su hermano en brazos. Yuuri también le saluda, pero en tono más bajo.

El monarca no responde al saludo, por su parte, permanece con su mirada fija en Yuuri quien reposa a un lado de Víctor. Este, en señal preventiva, lo relega detrás de él mientras lo toma de la mano. La tensión puede sentirse palpitante en el aire. Yuuri pudo ver como el monarca enfocaba su mirada en sus manos sujetadas y como el gesto en sus ojos se endurecía, más no decía nada.

— ¿Quién es este joven? —pregunta la zarina cubriendo su rostro con un delicado abanico, igual que su esposo, veía con malos ojos la cercanía entre el alfa y el omega.

—Es un buen amigo y alguien muy importante para mí. Su nombre es Yuuri, le conocí en uno mis viajes a los reinos del mar de oriente y es un joven de la realiza oriental. Por hechos desafortunados, se ha separado de su caravana y he decidido darle una buena estancia por un tiempo.

—No hemos escuchado jamás de él ¿Por qué no lo habías mencionado antes? —Cuestiona la dama —He escuchado incluso de Yakov que estará viviendo con nosotros en el castillo.

—Su excelencia nunca ha estado al pendiente de mis amistades ¿Qué tiene esta de diferente? —increpa con tono duro, pero sin alzar la voz.

Ninguna otra palabra más es emitida y Yuuri observa como este pide que su comida sea servida de inmediato. Todos se sientan al momento de sentarse el Zar y los alimentos son servidos en la gran mesa, pero a pesar de estar a una buena distancia de ellos, el dios aún puede sentirla, la tersa mirada del Zar Alexei Nikiforov que no ha separado de él en ningún momento.

Cuando el desayuno termino, Yuuri pudo suspirar con fuerza al ver como el monarca ha abandonado la habitación ¿Qué había sido aquello? Jamás había sentido semejante fuerza que le oprimía el pecho al punto de hacerlo desfallecer. Su cuerpo no podía evitar temblar y a sudar frio ¿Eso de verdad era un ser humano? Tal magnitud de sentimientos negativos solo los había sentido en presente de Fujiwara Koki.

— ¿Te encuentras bien? —No puede evitar preguntar Víctor al verle algo pálido trayendo al omega de nuevo a la realidad quien soltó un respingo al sentir la mano del zarévich en su hombro—. ¿La comida te ha causado algún tipo de mal?

—No, no, no es nada eso —contesta, pero aun así duda en decir la verdad de su malestar —Estoy bien, no te preocupes por mí.

Sin embargo, Víctor no puede creerle. Lo toma de la mano y pese a las bajas protestas que el dios emite, regresan a la habitación del segundo donde el zarévich lo recuesta, cubriéndole con las sabanas.

—Ya te dije que me encuentro bien —responde, pero Víctor hace oídos sordos su respuesta.

—No me lo parece, estas demasiado pálido y tu rostro no está bien, sea lo que sea que tengas, es mejor que descanses —alega, sentándose a un lado del omega.

—Lo siento —se disculpa y Yuuri voltea su vista hacia el alfa, sorprendido.

— ¿Por qué te disculpas?

—Quizás todo esto te hace sentir presionado y es culpa mía que estés de ese modo —menciona con sincera preocupación, siendo llenado por un deje amargo. Después de todo, había sido su deseo egoísta traer al dios al castillo aun cuando este se había negado en un primer momento—. Quizás, estés molesto conmigo por todo esto y quieras regresar nuevamente al bosque—mas, para su sorpresa, Yuuri niega en silencio.

—Agradezco todas las atenciones, han sido ampliamente gratas. Te has preocupado tanto por mí y de hacerme sentir cómodo, que la alegría supera por completo todo espacio en mi pecho —una ínfima sonrisa es esbozada en su rostro, haciendo como costumbre que el brillo escarlata brille con intensidad en sus orbes ámbar. Sin poder evitarlo, el alfa acaricia suavemente una de sus mejillas con anhelo.

—De verdad, había olvidado lo fuerte que eres —expresa viéndolo, suspirando con devoción—. De ahora en adelante espero complacerte en todo lo que desees, y espero que pueda ser alguien que pueda estar para ti en todo momento, Yuuri.

Posándose sobre el cuerpo del contrario, Víctor tomo los labios de Yuuri para besarlo levemente, aun cuando la mullida sabana separaba sus cuerpos, el omega podía sentir claramente el calor del cuerpo del alfa al tiempo que intentaba corresponder el beso. Poco a poco, este se iba profundizando al tiempo que las manos del zarévich acariciaban los cabellos del dios del hielo, succionando el labio inferior de Yuuri, este emitió un diminuto jadeo que les hizo reaccionar, provocando que Víctor se separara de golpe. Ambos se miraron sorprendidos y agitados.

—L-Lo siento, sé que debo controlarme, estas enfermo y aún no hemos hablado correctamente del tema, pero, aun así, no he podido evitarlo —responde, ocultando su rostro en el hombro de Yuuri.

El dios no sabe qué hacer, esta sorprendido y quiere alejarlo, tiene miedo de que Víctor logre darse cuenta de lo acelerado que se encuentra su corazón debido a su fuerte presencia, pero tampoco puede alejarlo, la sensación de cercanía que le envuelve es demasiada, haciéndolo sentir dichoso. Incluso no le importaría que el alfa continuara donde se había quedado.

— ¿Víctor? —lo llama. Su voz sale tímida, pero es lo suficientemente audible para llegar al alfa. Lo que el joven dios no espera, es que el joven zarévich hubiera caído rendido justo encima de él.

Parpadeando un poco confuso, una imperceptible risa es emitida por sus labios mientras acaricia suavemente los cabellos platas del joven alfa a su lado. Sintiendo nuevamente ese descontrol en su pecho, se recuerda que había regresado al mundo humano en busca de respuestas a todo lo que estaba sintiendo, queriendo confirmar todo aquello que hacía que su corazón abrigara. Pero quizás no hacía falta ya estaba totalmente claro: estaba enamorado de Víctor.

Compartiendo el calor de ese joven alfa, Yuuri lo abrazo compartiendo aquel íntimo momento sin saber que, finalmente, luego de tanto tiempo, Víctor pudo conciliar el sueño tranquilamente en los brazos de su amado Yuuri.


Hola mis corazones, después de tantos años, al fin les traigo la actualización de El Principe del Hielo, de verdad me habia tardado, pero entre el trabajo, lo de Wattpad, la planificación de mi matrimonio y una encrucijada argumental en la que me vi envuelta con el fic, se me hizo muy difícil avanzar.

¡Pero he vuelto! Y les he traido cosas interesantes. Primero que nada, vimos como Víctor ha crecido con una fortaleza que antes no poseía, sobreponiéndose incluso a Yakov con porte y valentía, sin temor, incluso contra sus padres, todo por Yuuri. Bueno, habrán pasado varias cosas durante esos últimos ocho años, pero los iremos viendo poco a poco. También nuestro lindo dios del hielo estará viviendo en el mismo castillo que nuestro Victor, cosas buenas y malas se vienen ¿Que creen que suceda? Estarán ahora bajo el escarmiento publico de la nobleza, que no es nada sencilla, quisiera leer sus opiniones. Espero que les haya gustado y que esta cuarentena me permita avanzar con todos mis trabajos (ejeje, tengo demasiados... muero...) Muchos saludos desde Venezuela, cuidense mucho en esta cuarentena, tomen mucho liquido y lean bastante, se les quiere.