Los personajes son de Sthephenie Meyer, la historia completamente mía.


CAPITULO XIII

La fila para el trasbordo era interminable. Bella estaba cansada y deseosa de llegar por fin a la casa. Aunque nunca jamás admitiría eso en voz alta. Había sido una larga semana sin saber de él. No le había escrito ni un mensaje, no había intentado llamarle y todas las veces que se vio así misma mirando el teléfono, no supo qué demonios inventar como excusa para hablar con él. Suspiró mientras relajaba la postura, aún de pie con los tacones, era un infierno. Jasper llegó con su maleta para situarse a su lado y le sonrió.

-Esperaba encontrarte antes de que te fueras a casa.

Bella señaló la fila delante de ella y suspiró pesadamente.

-Al parecer tengo un rato más aquí ¿Que sucede?

-Tengo información acerca del testamento de mamá.

Había oído eso antes y esa frase ya le daba solo escalofríos. Jamás se había tratado de una buena noticia. Bella se cruzó de brazos y miró atenta.

-¿Qué es?

-La semana pasada hubo una cena que Rosalie tuvo que organizar para una firma de Emmet. Por supuesto, como activo dentro de la empresa que formamos estuve allí. Alec estuvo con su esposa, alardeando que papá había decodificado en su favor otra condición para él. Que por supuesto, nos involucra a todos.

-Esa pequeña rata.

Jasper rodó los ojos.

-Es igual a papá. Por eso se llevan bien. De todas formas, la cláusula era que una vez que todos sus hijos estuvieran casados el testamento queda sin efecto, por lo que los fideicomisos se levantan. Papá ya no tiene efecto sobre, al menos, tu dinero y el de Alec que son los más pequeños.

Bella no se alteró.

-¿Esa información es segura?

-Tengo a Rosalie trabajando en ello. Pero al parecer sí. Al menos como abogada de la familia, ella pudo certificar un ingreso bastante grande sobre la cuenta de Alec. Eso justifica las vacaciones que están por tener en una semana.

Jasper rió mientras la abrazaba. Bella estaba en shock.

-Es demasiado bueno, Bella.

-No, Jasper. El único foco de Charlie es el dinero, si tiene que darme algo o lo que sea y ya no hay nada que le impida creer que tiene control sobre mí. Como él piensa que su dinero significa algo para mí, buscará la forma de retener algo.

-La casa de Nana.

Bella asintió.

-Mierda.

Jasper miró a su hermana. Cómo no había podido verlo lamentó haberlo soltado de esa forma. La dejó tomar un taxi e ir a casa. Suspiró casi con dolor, no quería nada más en el mundo que ver a su hermanita ser feliz.

Bella sabía que tenía que llegar a su fin por una maldita vez. Tenía que terminar con aquello finalmente. Si podía obtener los papeles de la casa de Nana tendría a Rosalie duplicando sus papeles y preparándose para el impacto que eso significaría. Preparar alegatos económicos personales y profesionales, redactar cartas de disculpas a las corporaciones que participaban con ellos en nombre de la asociación. Salir a flote con la compañía que mantenía a la sombra de su nombre. No eran actividades ilícitas ni mucho menos, pero sería un escándalo. Ni hablar del riesgo que corrían por los donantes activos que habían solicitado el anonimato y retirarían su nombre antes de formar parte de un revuelo.

La fundación estaría en boca de todos y se volvería algo comercial. Lo que habían tratado de evitar todos esos años.

Si acaso Rosalie no podía protegerlos del golpe tendría que acudir a Edward para conseguir un buen estudio de defensores legales. Y al demonio con todo, iba a demandar a Charlie por los sucesos. Por extorsión, por degradación de persona e incluso por chantaje. Podía quedarse con todo el jodido dinero. Ella no quería nada que viniera de su parte ni mucho menos de su madre.

Tomó las llaves de su bolso, arrastrando las maletas entró en la casa. Dejó todo a un costado y suspiró. La paz la envolvió con brazos cálidos, estar en África había sido una real locura. Las discusiones con Jacob casi la habían llevado a la locura, la cabeza le iba a estallar.

-¿Hogar dulce hogar?

Se sobresaltó, girando rápidamente. Lucas sonrió con su copa en la mano. Bella enmudeció.

-Que sorpresa... Hola.

Rió torpemente.

-Eso, yo... Lo siento, no sabía que vendrías. Estoy recién llegando...

-Si, Edward mencionó que estabas fuera por trabajo. Creo que ni él sabía que vendrías esta noche. Permíteme ayudarte con eso.

La ayudó a llevar el equipaje a la sala.

-En realidad, no. Adelanté un vuelo ¿Dónde está?

-Atendiendo una llamada en la oficina. Bajará en un minuto, Elena tiene la cena lista. Eso será una sorpresa de seguro.

Bella rió mientras la ponía la día. Recibiendo con gusto la copa de vino.

-Lo siento, creo que debería ser la que manejara esa información. Es... mi casa después de todo.

Lucas sonreía como un lobo, su mirada siempre era demasiado directa y poderosa, justo sobre sus ojos. No en otro lado. La hacía sentir cosas extrañas, una atención distinta. No era una tensión excitante entre un hombre y una mujer. Era una conexión que iba más allá de su comprensión. Un interés por sentarse por horas a oírlo.

-No pareces el tipo de mujer que usa delantal y plumero.

Bella rió. Era capaz de arar tierra no fértil con un rastrillo de alambres construido a mano que llenaba sus palmas de cayos duros y lastimaduras. Regar con solo un cubo de agua, ida y vuelta, cerca de un kilómetro de cosecha. Podía escalar la montaña Brandberg sin siquiera pestañear. Coser una herida de guerra con las manos desnudas, llenarse de sangre y atender a los enfermos sin siquiera contagiarse.

-No es mi estilo.

Admitió.

-¿Entonces qué puedes hacer?

Bella no se sintió tan inspirada en mucho tiempo, Lucas la miraba expectante y el deseo de hablar de sus niños. La fundación y sus proyectos se atascaron en su garganta. Suspiró para evitar el shock que eso le producía.

-¿Llego justo para los relatos? Me encantan las historias.

Edward le sonreía algo tenso. Bella se separó de Lucas, como un imán sonrió y se acercó a él.

-Hola, belleza.

Bella se detuvo en el último momento. Tenía que saludar a su esposo. La vena nerviosa de su cien le latió de tanto pensar en el asunto en un milisegundo. Jamás se había visto en esa posición. Sin embargo Edward no la presionó. Simplemente la estrechó en sus brazos suavemente por un minuto y le besó la frente. Cerró los ojos por la milésima de tiempo que eso había llevado. El contacto cálido de él después de pasar tantos días lejos era el recibir el hogar dentro de su cuerpo. Se sentía en casa completamente. Impactada ante la revelación se apartó. Soltó el aire y sonrió.

-Hola...

-¿Así que estabas por contarnos de tus negocios? Estoy deseoso de oír cómo te ha ido la pasada semana.

Edward intensificó su mirada. Estaba entre la espada y la pared. O mentía o decía la verdad en ese momento. Tenía dos caminos. La decisión era ahora o nunca.

-¿Nos sentamos a cenar primero?

Elena había preparado una completa cena de pavo asado con ensaladas y el vino estaba demasiado exquisito. Estaba a punto de pedir otra botella al tiempo que Edward se la alejaba sutilmente. Edward sabía lo que estaba haciendo, no pensaba dejarla escapar del asunto. Una forma de atar a Lucas a los negocios y al intento de realidad de su compromiso, era que ella también se mostrara real. No dependía exactamente de él y realmente se moría por saber más de ella.

-Así que, Bella... ¿Qué es lo que haces exactamente?

Ella sonrió. Llena de orgullo antes de hablar de su empresa.

-Es una aplicación de moda. Mi cuñada, Alice es diseñadora. Hace un par de años como un hobby encontró una forma de asesorar a personas sobre qué vestir para ciertos eventos en particular. Ella todavía estaba cursando el último año de su licenciatura. Se volvió masivo y ya no tenía cómo manejar eso por su cuenta. Me ofrecí a ayudarle con los números y a darle... cierta organización. De momento a otro comenzamos a poner tarifas específicas por aquello y todo fue cuesta arriba.

Lucas estaba lleno de admiración. Rió y se inclinó el mesa olvidando su cena.

-Por favor, sigue, quiero escuchar el resto.

-Alice es una mente maestra de la moda, al principio se negó a soltar su actividad principal. Actualmente es un negocio. Ella tiene un equipo completo de asesores de imagen, encargados de cualquier cliente. Hay clientes fijos y tienen su propio personal. Así como Alice se encarga de un par de personas especiales que maneja por su propia cuenta.

Los verdes e hipnóticos ojos del hombre la atraparon. El desprendía tanto interés que se sintió tan cómoda y feliz de poder compartir con alguien así su experiencia en los negocios. Reconocía que Lucas era un hombre de mundo, quería escuchar cada una de sus opiniones una vez que terminara su historia.

-¿Los números siguen siendo lo tuyo?

-Por supuesto. Esa es mi parte del negocio. Alice es la parte creativa y yo el detrás de escena.

-Ni más ni menos, Bella. Es la parte más importante. Es cierto que la creatividad es quién te forja en una empresa pero saber llevarla es otra. Me imagino grandes cosas, y que no solo se limitan a eso.

-Está en lo cierto. Invertimos en crear una aplicación para tener facilidad de acceso, practicidad y realmente fue una de las mejores ideas que tuvimos. La página es más un centro de captación, está el catálogo. La revista online. Alice además está lanzando su propia cadena de ropa. Tenemos muchas más ideas y nos innovamos constantemente. Mutamos con el negocio, con las temporadas y aspiramos a grandes proyectos todavía.

Lucas dejó caer su espalda en la silla, sonriendo con satisfacción. Elevó su copa en el aire y bebió un trago. Su mirada estaba en Edward.

-Tu esposa es impresionante.

Edward asintió. Aún enmudecido ante toda la información. Bebió un trago largo de vino. Intentando sofocar el calor de su cuerpo. Su esposa hablando de su pasión era un infierno. No podía creer que conocía tanto acerca de esa compañía y tan ajeno a que su esposa era el jodido cerebro. Siempre se había preguntado cómo había hecho su prima para mantener a flote una idea como esa. Allí tenía respuesta. Tenía la sensación de que, en donde pusiera las manos, Bella podía hacer funcionar lo que fuera. La inteligencia brillaba en sus ojos, el conocimiento rondando por sus palabras. Su esposa era una empresaria. Y él estaba tan fascinado con aquello.

-¿Así que... cuál es el nombre?

-Indra Dress.

Edward contestó antes que ella pudiera pensarlo. Bella sonrió sin mirar a su esposo. La satisfacción corriendo por sus venas. Edward había sido un inversor en sus comienzos, claro que Alice le había devuelto su dinero en tiempo y en forma, él había estado bastante impresionado.

-Bella, espero que me cuentes más detalles.

Ella se inclinó sobre la mesa, con una sonrisa en sus labios. El poder fluyendo como si fuera la conversación de una junta empresarial.

-¿Qué quieres escuchar?

Indra Dress actualmente se manejaba en una parte sur de Londres. Donde vivían actualmente su hermano con su cuñada. La oficina estaba situada en el centro de Lambeth, en la calle principal. Era una de las corporaciones femeninas más grandes que había en la zona y en su mayoría eran trabajadoras mujeres. Trabajaban con proyectos sociales de lugares específicos, como centros de ayuda de rehabilitación, centro de ayuda a las madres solteras. Siempre había un lugar para cualquiera que buscara un empleo. O al menos trataban de lograrlo en su mayoría. No era excluyente una carrera de arte para estar en el negocio. Un conocimiento basto y habilidad era todo lo que buscaba Alice. Al menos en su área.

-¿Qué hay de tu departamento de finanzas?

-Me llevó tiempo poder armarlo. Pero es un grupo sólido de hace unos dos años. Hay gente realmente hábil, de confianza absoluta y puedo manejarme más tranquila. Por supuesto que excavo a fondo en sus deberes, pero me siento tranquila al final del día.

-¿Hiciste todo por tu cuenta?

Bella detuvo el tenedor del postre.

-No...

Murmuró suavemente. Sabía que la siguiente respuesta exponía más de lo que quería, pero de todas formas podía arriesgarse.

-...tengo un amigo muy cercano que estuvo conmigo desde el principio.

-¿Qué hizo esta persona, exactamente?

-El plan de negocio, fue su cooperación. Actualmente, tiene otras formas de participar. Pero en un principio fue eso.

Edward la miró con cautela.

-¿De quién hablas específicamente, cariño?

-Riley Bears.

Solo le alcanzó una mirada el rostro de él para saber que no estaba precisamente contento con la idea de que fuera un amigo cercano. Pero Edward podía quedarse con lo que fuera que hubiera pensado, ella no podía exponer más detalles.

-¿Así que cuáles son los proyectos a futuro?

Bella se giró hacia Lucas.

Alice había comenzado a armar una colección para el verano y la próxima idea era un armar un desfile a nivel nacional. De alto impacto sobre la moda. Hacer conocida la empresa, empezar con exportaciones de productos, llevar el negocio a nivel internacional.

-Tienes grandes ideas.

-Totalmente.

-No tengo palabras, Bella. Desde luego que desde el primer momento entendí que no tienes ni un pelo Swan. Disculpando traerlo a la conversación. Pero cada vez que te escucho hablar, es increíble. Me encantaría que me tengas en cuenta como patrocinador el día que lances el proyecto. Me imagino que Edward será tu primer sponsor también.

Le tomó la mano posesivamente, suave pero firme. Bella tembló ligeramente.

-Los intereses de mi esposa son de vital importancia para mí...

La miró a los ojos.

-...Sabe de sobra, que me tendrá siempre que me necesite y más.

-Gracias.

Susurró sin darse cuenta. El agradecimiento que sentía en el corazón no solo era hacia lo que él estaba diciendo. Estaba eternamente agradecida por sentirlo cerca, por sentir el calor de el acompañamiento. Por que por primera vez en su vida no estaba sola, tenía a Edward apoyando sus movimientos y por primera vez también, podía relajarse. Confiar. Dejarse llevar. Sin tener que estar especulado si él iba a utilizar la información a su favor o estar esperando el momento para atacarla. Podía bajar las defensas. Edward la hacía sentir segura, protegida.

Él vio el cambio en el segundo en que sus ojos estuvieron sobre los suyos. El instante duró para siempre. Guardado a fuego en su mente. El segundo, en el que su esposa lo había dejado entrar.

Lucas se despidió Bella y ella se perdió dentro de la casa.

-Espero que podamos repetir estas reuniones, Edward.

Golpeó su hombro amistosamente y sonrió. Como un padre haría con su hijo.

-Bella es magnífica, espero que lo sepas y puedas cuidar de lo que tienes a tu lado. Ella está totalmente de tu parte. Puedo ver el equipo que son.

Edward asintió. La mano de Lucas se quedó estática, con un poco de presión más de la necesaria sobre su hombro.

-Cuida de ella. Hay un montón de buitres que irán detrás de ella si le sacas un ojo de encima.

Se quedó solo en la oscuridad sopesando si eso era una maldita amenaza sobre él o una advertencia. El estómago se le hizo un nudo.

Bella entró en la cocina, tomó la copa de vino y salió al patio trasero. La noche era serena, fresca por el lago. Sin ruido de ciudad. Tan como lo era Namibia. El corazón se le llenó de añoranza. Su gente, extrañaba cada segundo que pasaba en Londres el contacto humano con ellos. El único momento en el que podía ser ella realmente. Cerró los ojos, suspirando.

-¿Cansada?

-Demasiado. Ya ni siquiera puedo pensar.

Murmuró, sabiendo que él acaba de pararse a su lado.

-Gracias por lo de esta noche, Lucas... le gustas.

Bella sonrió suavemente. Edward paseaba la mirada por los rasgos suaves de su rostro, algo enrojecido por el sol. Sus pestañas largas posadas sobre sus mejillas, sus labios en una mueca suave. Estaba visiblemente relajada. Se acomodó de costado en la baranda, se dedicó a mirarla. A apreciar cada detalle de ella, sin sentir un ápice de vergüenza. Esa noche quería mirarla. Incluso tocarla si se dejara, pensó. Suspiró apenas, la había extrañado. La había necesitado.

-Me gusta también.

-Eso noté... parecían cercanos. Antes de que llegara.

Su voz fue apenas un susurro. Bella suspiró.

-Edward, no...

-No estoy atacándote, es solo que...

-Lo conozco.

Abrió los ojos y lo miró. Edward frunció el ceño.

-Te dije que mi madre y yo estuvimos tiempo solas en un lugar que no sé donde fue antes de que me llevaran a la casa de mi padre. Eso fue cerca de los tres años, Edward. En ese tiempo anterior, un hombre nos visitaba. Recuerdo su voz, la melodía que solía cantarme...

Sin saber por qué, sus ojos se llenaron de lágrimas y su voz se atascó con un llanto a punto de salir. Miró hacia el cielo y respiró profundo. Parpadeando, tratando de alinear sus emociones.

-...no sé qué es lo que signifique. Pero sé que él me reconoce. Lo siento.

Volvió a mirarlo. Edward se había enderezado para acercarse a ella. Los engranajes de su cabeza moviéndose tan rápido.

-Bella...

Edward la acercó a su cuerpo sin dudarlo. Las lagrimas comenzaron a fluír por su rostro.

-Lo siento. Su voz me traslada al pasado, es como si algo nos conectara.

Él lo sabía. Lo había visto esa noche. Solo que sus celos le habían negado la posibilidad de entender más allá de lo que estaba a simple vista. Un hombre demasiado atento de una mujer. Pero ahora entendía el interés genuino de Lucas sobre Bella, todo el tiempo. Acerca de conocerla, de averiguar acerca de su vida, el interrogatorio que había logrado más que él mismo en todo el tiempo que llevaban casados. Aquello era enorme, si llegara a ser verdad lo que estaba pensado.

Bella había llorado silenciosamente un buen rato hasta que se durmió. Edward la sostenía sobre su pecho. Era la sensación más placentera del mundo. Cerró los ojos, con sus labios sobre su frente respiró su perfume. Aquella mujer que conocía tan fuerte y tan firme, era una pequeña bola de emociones esa noche. Más que estar dispuesto a descubrir qué era lo que había entre Lucas y ella, estaba cada día más convencido de que podía liberarlos de las garras de Charlie. Y si ella quería lo que había dentro de la casa de su abuela. Si eso era importante para ella, Bella iba a tenerlo.

Y solo había una forma de obtenerlo.