Muchas gracias por todo el apoyo que esta recibiendo este triste intento de historia.
Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo XXI. Responsabilidad.
La luz del atardecer se filtraba por las cortinas, mientras que Elsa acariciaba suavemente el cabello de Anna, aunque se suponía que se encontraba castigada por como había engañado a su madre para encerrarla en el baño con tal de estar junto a ella, cuando vieron el estado en el que se encontraba la cobriza Iduna no pudo separar a su cachorra de la Alfa.
Con cada latido de su corazón Elsa sentía como este se desgarraba un poco más, no sólo eran las heridas que apenas comenzaban a cerrarse de la cobriza, era como aún dormida, el dolor no parecía abandonar sus facciones, como si aún en sus sueños tuviera que seguir peleando.
El silencio ensordecedor, se rompió por el sonido de su celular, aquel que había conceguido de contrabando a escondidas de su padre, sabía que las únicas que tenían su número como para poder marcarle eran sus primas, por ello apenas lo encontró contestó.
- Hola. - trato de hacer sonar su voz como un susurro, no queriendo despertar a Anna, sin embargo el silencio del otro lado de la línea le hizo prepararse para lo peor. - ¿Punzzi? - preguntó con temor.
"Elsa." El escuchar la voz de su familiar no le tranquilizó en lo más mínimo, más al escuchar como su nombre fue pronunciado con tanto temor. "No tengo mucho tiempo, Elsa por favor dime que la Alfa está contigo"
La mirada de Elsa automáticamente fue hacia Anna que aun domria a su lado. - ¿que sucede?
"¡No se como se enteraron, pero hay hombres aquí que se quieren llevar a los cachorros, a los trimonios y a mi hermanito!". El miedo cargaba cada una de las palabras que fueron pronunciadas , ella misma comenzo a sentir la desesperación de lo que sucedía. "¡Están tratando de hacerlos reaccionar, pero no creo que puedan detenerlos mucho tiempo!" por el audicular pudo escuchar los gritos de la manada en la que sufrió sus peores momentos. "¡Por favor, Elsa!" la súplica de aquella que había vivido lo mismo que ella le hizo reaccionar.
- Trata de esconderlos.
Epenas colgo la llamada, vio como el dolor que había estado marcando las facciones de Anna, había sido sustituido por la preocupación hacia ella, ni siquiera se había dado cuenta que el temor había salido de sus poros.
- ¿Que Sucede? - la mano de Anna tomó la suya, y aquel tan simple acto fue suficiente para tranquilizar un poco su corazón.
- Hay... H-ay alfas en la casa de la manada de mi prima. - Ni siquiera sabía si Anna estaría dispuesta a arriesgar su vida por la manada que había tratado de matarla, pero la desesperación era tal, que lo único que podía hacer era confiar en ella. - Están tratando de llevarse a los cachorros.
Y apenas las palabras abandonaron su boca, un escalofrío recorrió su columna, el miedo que sentía antes, era nada comparado con lo que la mirada de la Alfa frente suyo le hacía sentir, como si el simple hecho de haber sido la mansajera de la terrible noticia la hiciera merecedora de la furia de Anna.
- Llevame ahora. - Apenas y pudo comprender las palabras que habían sido pronunciadas por lo fuerte que Anna apretaba su quijada.
Ni siquiera habían dado un paso fuera de la habitación, cuando sintieron una mirada sobre de ellos, en el pasillo estaba Minerva observandolas.
- ¿Iban a algún lado?
Elsa dio un paso hacia atrás, más sin encambio Anna dio un paso adelante, retando a su propia sangre.
- Me necesitan. - dijo entre gruñidos, como si le costará mantenerse en control.
- No estas en condi... - sin embargo no pudo terminar de hablar, viendo como aquellos ojos que solían mirarla con amor, aquellos orbes que irradiaban ternura, ahora eran fieros, la fuerza y la ira rompían en ellos, y sólo pudo guardar silencio mientras veía a la que fue su cachorra marcharse.
Tanto Rapunzel como Mérida, sabían que el tiempo se les terminaba, los gritos de los pocos alfas que aún estaban en su manada les hacía temblar, pero sucediera lo que sucediera, ambas omegas preferían morir antes que dejar que se llevarán a sus hermanos.
Cuando eran aún cachorras, ellas junto a Elsa solían jugar al escondite, aunque muchas veces sus juegos les habían hecho recibir castigos por parte de sus padres, en ese momento no podían estar más agradecidas de saber de ese escondite bajo las escaleras que llevaban al sótano, sus cuerpos cubrían a los pequeños que temblaban del miedo, ni siquiera habían dejado que el recuerdo de ver a los hombres con los que crecieron morir frente a sus ojos dejara de darles pesadillas.
- Tranquilos. - Susurro suavemente Merida, sonriendoles a los cachorros. - Todo estará bien.
El ruido de los golpes pronto comenzó a escucharse, la puerta cayó frente a sus ojos completamente destrozada.
Las omegas se acercaron más los cachorros, cuando las pisadas sobre las escaleras comenzaron a escucharse, un hombre se asomo a los pies de la escalera, parecía ver todo el cuarto en busca de aquellos que estaba buscando.
Trataron de silenciar lo más posible su respiración, pero sabían que sólo era cuestión de tiempo para que volterara hacia ellos, sus corazones bombeaban con tal fuerza que sentían que en cualquier momento se saldrían de sus pechos, Rapunzel al ser la mayor, pese al miedo que sentía, pese a que sentía que en cualquier momento sus piernas le fallarinan, estaba lista para lanzarse en contra de el en cuanto los viera, sabía que no duraría en su contra, pero esperaba que fuera lo suficiente como para que Mérida pudiera correr con los cachorros.
Su corazón se detuvo a penas un segundo antes de que la mirada del hombre se posara sobre de ellos, fue antes de que se lanzará, que el sonido de una ventana rompiéndose hizo al alfa voltear, una mujer de cabellos cobres se lanzó en contra del invasor, de un golpe lo tumbo al suelo, cayendo sobre de él, pero eso no fue suficiente para ella, tomando la cabeza del hombre y estrellandola en contra del suelo una y otra vez hasta que sus manos estaban cubiertas de sesos y pedazos de su cráneo.
La sangre salpico a las omegas, pese a que sabían de la fuerza de la alfa, no hizo que verlo tan de cerca fuera menos impresionante.
Anna dejó el cuerpo tirado, antes de correr escaleras arriba.
La impresión era tal que apenas pudieron escuchar suaves pasos acercarse a ellos, por el mismo lugar de donde había salido la Alfa, vieron aquella cabellera patinada que pudieran reconocer en cualquier lado.
- Llagamos a tiempo. - suspiro Elsa al ver a sus primos frente a ella.
