Actu para que no os aburrais en pandemia y luego digáis que no os mimo (? Mentira xD Que ya tocaba.

Os voy avisando que quizás el próximo sea el último capítulo o el penúltimo. Pero que ya acaba, acaba.

¡A leer!


ºKurisumasu no neko no tameº


7º Capítulo


Cuenta atrás.

No importa si muero si puedo estar donde tú estas.


Hinata movió la mano para buscar la figura a su lado bajo las ropas. Naruto-neko se había pasado toda la noche levantándose, inquieto y acudiendo a Sasuke-neko. Cuchicheaban entre ellos y no accedían a sus ayudas. No podía evitar preocuparse.

Les quedaba un día sumamente largo por delante y era gracias a ellos y sus extrañas capacidades. Pero no por ello podía permitir que una persona enferma les acompañara.

—Naruto. ¿Estás mejor?

—Hum…

Enarcó una ceja de duda. Su voz sonaba distinta, más marcada. ¿Quizás había empeorado demasiado? Se sentó sobre sus rodillas y tiró de las ropas hacia atrás. La visión no era la que esperaba.

Naruto-neko estaba de espaldas a ella, con los brazo bajo la almohada y había vuelto a crecer. Demasiado. Tenía una espalda ancha y marcada y la camiseta se había estallado ahí donde ya no podía más. Incluso sus pantalones y podía ver parte de su trasero.

Si hubiera sido una monja se habría santiguado ahí mismo.

Cuando escuchó el grito de Sakura comprendió que no había sido sólo cosa de Naruto-neko. Saltó de su cama para salir y la vio salir de su dormitorio, pálida y abrazando el edredón entre sus brazos.

Al verla, extendió una mano hacia ella, jadeando.

—¡Dime que no estoy alucinando!

Hinata se asomó. Sasuke estaba despierto en la cama, acomodado y la cola en alto. Su ropa también se rajó debido al crecimiento y dejaba mucha más carne al descubierto que a la imaginación.

—¡Hinata! —recriminó Sakura.

Ella enrojeció culpablemente y la miró. Antes de que pudiera responder, Naruto apareció en el pasillo tallándose un ojo.

—¡Oh, joder! —exclamó Sakura con la boca abierta—. ¿Tú has visto eso? —exclamó.

Hinata intentaba no hacerlo pero sus ojos la traicionaban.

—Tenemos que buscarle ropa más grande. Que no se les pegue… ahí.

Porque marcar ese paquete debía de ser pecado. Sí, necesitaba santiguarse. Quizás incluso rezar algo.

—¿Por qué han crecido tanto? —gruñó Sakura cuando bajó una vieja caja del armario—. Definitivamente, la ropa de Sasori no va a venirle a Sasuke.

—Yo tengo algo de Toneri, pero no ha querido ni mirarlo.

Cuando salieron un poco del asombro, ambas se prepararon para poder otorgarles algo de ropa de repuesto, pero las tiendas todavía estaban cerradas.

—Pues sólo nos queda una solución —suspiró Sakura—. Llamaré a Kiba a ver si tiene algo.

Hinata asintió y esperó hasta que Sakura se volviera para asentir.

—Vendrá con ropa en quince minutos.

—¿Y mientras?

Los habían dejado sentados en su habitación. Ambos se miraban preguntándose qué ocurría y aunque sabían al parecer que iban a crecer, no esperaban que tanto.

—Quizás sea porque hoy irá todo bien —sopesó Sakura.

Ambas compartieron una sonrisa y la misma ilusión. Si conseguían la suficiente cercanía con las personas para que adoptaran tanto gatos como perros sería un día fructífero. Pero a cambio habían conseguido dos enormes chicos en sus camas al despertar.

Que bien mirado no estaba mal… si antes no hubieran sido niños, si uno no estuviera volviendo loco su corazón y encima, no hubiera estado a punto de morir a base de escupir nieve. Y también existía un factor clave, algo que había escuchado y no quería reconocer.

Buscó la mirada de Sakura, que fruncía el ceño mientras sacaba cosas de la caja que había bajado. Algunas sudaderas y pantalones que claramente le vendrían cortos a Sasuke. No podía contárselo.

Así que esperó en silencio a que Kiba llegase con las ropas y se las prestara.

El veterinario no hizo ninguna pregunta sospechosa, como si aquello fuera lo más normal del mundo, pero a esas alturas ya estaba acostumbrándose a la idea de que Kiba simplemente aceptaba todo sin preguntas a causa de sus poderes.

Trajo ropa lo suficiente aplicable para ellos, aunque ambas sabían que tendrían que comprar algo más adecuado. El problema es que ese día estaban demasiado ocupadas como para pensarlo.

Una vez que los chicos estuvieron listos y ellas mismas, Kiba los llevó a todos a la tienda para recoger a los animales, montarse en la furgoneta y marcharse al lugar del evento. La emoción de ver tantos puestos era agridulce. Emocionante por la expectativa de adoptar y triste por el hecho de que el ser humano pasara tanto de los más necesitados.

Montaron su puesto en las coordenadas correspondientes, con Naruto-neko, Sasuke-neko y Kiba encargándose de las cosas más pesadas. Aunque Sakura ayudó con los sacos. Tamaki apareció y eclipsó totalmente a Kiba, quien casi tira una de las botellas de agua por despiste o pisó a Sasuke más de una vez, logrando bufidos de respuesta.

—¿Estás emocionada?

Hinata miró hacia Naruto-neko. Gracias a su nueva altura tenía que echar un poco hacia atrás la cabeza y estaba apoyado de los hierros sobre su cabeza con ambas manos. A simple vista nadie podría asegurar que había sido un niño unos días atrás. Pero reconocía ese gesto adulto en su rostro del día en que la besó.

—Lo estoy —confirmó. No iba a mentirle. Sería una estupidez cuando ellos podían sentir las sensaciones de sus corazones—. Espero que podamos hacer que algunos salgan adoptados.

Él bajó un brazo para palpar el pecho con una manaza.

—Si no fuera a salir bien, no hubiera crecido tanto.

Asintió y posó su mano sobre la de él. Naruto la giró para enredar sus dedos y llevársela a los labios.

—¿No es doloroso para vosotros? Cuando crecéis, quiero decir. Vuestros huesos y músculos…

—No nos enteramos realmente —aseguró sonriendo. Esa condenada sonrisa podía desarmar a cualquiera de quererlo—. Así que no duele.

—Pero vomitar nieve sí —recordó Sasuke-neko detrás de ellos.

Hinata le soltó al instante y Naruto-neko soltó un taco. La atrapó de nuevo y la acercó más.

—No necesitas preocuparte por eso —susurró—. Te lo dije, que iba a crecer —susurró—. Y que entonces serías mía.

Hinata sintió que el corazón se le desbocaba. Lo notaba en el cuello, en las sienes, en la boca y en una parte demasiado íntima. No pudo mirarle a los ojos o se desmayaría.

—Está bien, vamos a ver si podemos empezar —dijo tirando de su mano—. ¿Me la devuelves? —suplicó.

Naruto-neko asintió y la soltó lentamente. Pero el calor de su piel continuó quemándole incluso después de un rato. Cálida, grande, inolvidable.

Ambos chicos se acercaron y enseguida empezaron a susurrar y regañarse mutuamente. Sakura suspiró, acercándose a ella.

—Espero que todavía seamos capaces de pararles. Han crecido tanto que son capaces de ser más fuertes y todo.

—Sí —reconoció dubitativa—. Sakura.

Ella la miró.

—Tú… —bajó mucho la voz—. ¿Crees que sea malo sentir algo por ellos?

Sakura tardó en comprenderla y cuando lo hizo, frunció el ceño.

—¿Eso quiere decir que no me está pasando sólo a mí? —cuestionó entre susurros. Se llevó una mano a la frente—. Por dios, no puedo quitarme de la cabeza la imagen al despertarme.

No había querido saber los detalles. Con sólo ver a Sasuke de esa forma en la cama podría imaginárselo. Eso levantaba la lívido de cualquiera. Si Naruto ya había estado para comérselo en ese momento…

Sacudió la cabeza, palmeándose las mejillas.

—Concentrémonos en esto, Sakura —animó asiéndola de las manos—. ¡Hemos de lograrlo! No podemos permitir que sólo ellos hagan el milagro. Tenemos que poner de nuestra parte también.

Y también tenía que sacarse las palabras de Naruto-neko de la cabeza.

Aunque si pensaba que aquel día no iba a estar lleno de muchas emociones estaba equivocada. Eran las once cuando recibió el mensaje preguntando por el número de su tienda. Cuando le vio llegar, altivo y alejado del resto de personas, pensó que el drástico momento había llegado.

—Toneri —saludó al verle—. Pensé que no vendrías.

—Me pediste que viniera. Tenías algo muy importante que decirme y no podías hacerlo por teléfono. ¿No es cierto?

Asintió. Se mordió la mejilla y buscó a su alrededor. Ambos chicos habían levantado las cabezas hacia ellos dos y Naruto-neko ya comenzaba a echar las orejas hacia atrás cuando les perdió tras la camparta.

Nunca había dejado a nadie, así que no conocía las palabras exactas. Lo único que pudo hacer fue ser sincera con ciertos límites. No podía meter a los chicos y su secreto en medio.

Toneri se quedó en silencio, observándola durante un rato, como si esperase que se retractase en algún momento. Intentó mantenerse firme, no dudar. Había escogido precisamente un lugar con gente para evitar quedarse a solas y que sus bocas decidieran jugar juntas y sus cuerpos seguirles el juego.

Además, al mirarle, no notaba lo mismo que momentos antes había sentido por Naruto-neko. Más bien, sus sentidos parecían estar tan concentrados en él que casi le parecía sentirle a su espalda.

—¿Estás segura, Hinata?

—Sí, lo siento. Esto no funciona. Estamos cada vez más alejados y sólo los unimos para no hablar. Es como no tener nada.

—Comprendo.

Esperaba que Toneri se enfadase o que mostrara algún tipo de incentivo por retenerla, pero no lo hizo. Se marchó en silencio y ella sintió que perdió todo el equilibrio. Antes de que sus rodillas llegasen al suelo, dos manos la sostuvieron. Naruto estaba detrás de ella, como pensaba. Sus rodillas hicieron ruido al caer contra el suelo, luego ella le siguió.

Naruto vomitó nieve sobre su hombro. Más negra que gris.

.

.

Sakura se sorprendió al verle y lo primero que hizo fue mirar a Sasuke. Este hizo un gesto negativo con la cabeza al notar su mirada. Gaara esperaba al otro lado del mostrador y a su lado, una joven miraba algunos de los gatos con sumo interés.

—Siento lo del otro día —dijo mirándola de reojo—. No debí de invitarte. Supe lo de mi primo.

—Sí, bueno, parece que mi mala suerte con los hombres de tu familia es bastante mala —bromeó. Gaara inclinó la cabeza culpablemente—. No tienes la culpa de eso. Ni de lo que tu padre hace. Algún día se dará cuenta que pisotear a todo el mundo no le aportará nada bueno. Y nada te ata a él. Tu pequeño sigue en casa, esperando por ti —añadió recordándole su mascota—. Siempre puedes hacer como Temari.

Gaara negó.

—Quiero cambiar todo el mal que ha hecho mi padre —reflexionó mirando a uno de los cachorros en adopción—. Y quiero empezar por mejorar esto. Me llevará tiempo, pero lo haré.

Sakura pensó que podría hacerlo. Se le veía capaz y con años tras su espalda de experiencia. Sabía lo que era tener un padre abusador, lo que se vivía viviendo bajo el yugo de un apellido y cómo ejercer el mando de un comercial para bien y no para mal.

—Nosotras estaremos encantadas de ayudarte.

Gaara inclinó la cabeza en agradecimiento y la joven que había con él interrumpió levantando una mano.

—¿Qué tendría que hacer para llevarme a este pequeño? Me encanta.

Sakura siguió su mirada. Era un gato adulto al que le faltaba un ojo. Nadie nunca había querido adoptarlo.

—¿Estás segura? —cuestionó.

La muchacha asintió.

—Sí, me encanta. Y creo que debe de tener un hogar feliz. Yo se lo daré.

Sakura miró hacia Sasuke-neko, que asintió con total tranquilidad.

Hasta ahora no habían entregado ninguna adopción sin que ellos lo aceptasen. Eran los mejores conociendo buenos dueños y aunque ellas continuaban con esa espina de duda clavada, ambos parecían satisfechos.

Cuando Gaara, su amiga y su nueva mascota apodada Lucifer se alejaron, Sasuke se unió a ella. Lo reconocía. Había estado esquivándolo desde que se había despertado. Pensaba encontrarse al mismo chiquillo y sin embargo, había un hombre que parecía sacado de una novela erótica para mujeres. Por poco le da un infarto de la emoción.

—¿Irá bien? —cuestionó.

Él seguía con la mirada a la pareja.

—Como dijiste, Gaara esperaba el momento de encontrar a alguien que aceptara sus preferencias y su calma. Al gato le irá bien.

Sakura no pudo reprimir una sonrisa.

—Gracias.

Sasuke negó y alargó una mano para apartar un mechón que caía sobre su ojo. Sakura se lo permitió. Ahora era más grande, más alto, más guapo. Y aunque la ropa de Kiba parecía algo pequeña, no se habían quejado.

—Gaara no es el hombre que puede hacerme feliz, Sasuke —soltó sin pensarlo. Él la estudió y por un instante, sus labios se apretaron, tornándose más pálido—. ¿Sasuke?

Llevó una mano hasta su propia boca y una mota de nieve se coló entre sus dedos.

—¡Sasuke!

La voz de Hinata interrumpió sus preguntas. Estaba pálida y jadeante.

—¡Naruto…!

Hinata se detuvo para llevarse las manos al rostro al ver a Sasuke de esa forma.

—Oh, no… —masculló.

Sasuke se limpió la mano en el pantalón y tomó el camino que Hinata para volver. Sakura lo perdió de vista, acercándose a ella. Hinata temblaba.

—Sakura, esto no va bien. Naruto ha vuelto a vomitar nieve y… Sasuke ahora…

Sakura bajó la mirada.

—Sí —reconoció—. Quizás nos hemos estado alegrando demasiado por los animales y abusado de su poder —sopesó.

Hinata negó apretándole las manos.

—No, Sakura, creo que es otra cosa.

Bajó mucho la voz y revisó que Kiba estuviera demasiado concentrado en Tamaki como para prestarles atención.

—Ayer cuando volvía con agua para Naruto les escuché hablar. Creo que están enfermos porque… se han enamorado de de nosotras.

Sakura se quedó con la boca abierta. Ahora entendía la nieve que vomitaban. Tomó a Hinata de la mano y corrió hasta la parte trasera de la carpa. Naruto estaba recostado contra uno de los pies y se limpiaba la barbilla con la manga, mientras Sasuke escupía en el suelo tras hacer gárgaras con una de las botellas que habían llevado. Estaba sentado también en el suelo y entre ellos, una mancha oscura de nieve derritiéndose. Ambos agacharon las orejas cuando llegaron a su altura.

—¿Es eso cierto? —cuestionó—. Y no os hagáis los tontos porque habéis escuchado la conversación con esas orejas estupendas que tenéis. Y según dijisteis una vez, podéis leer nuestros corazones y ahora mismo tienen que estar completamente en pánico por esto.

—No queremos que muráis —garantizó Hinata arrodillándose junto a Naruto. Su mano se desvió hasta su mejilla.

—No estamos… —comenzó Naruto. Sasuke le dio una patada—. ¿Qué?

—Ella escuchó todo —señaló con la cabeza a Hinata y luego la miró a ella, suspirando—. Naruto desgastó de más ahora de su poder, por eso parece tan catastrófico.

—¿En qué lo desgastó? —preguntó Hinata mirándole severamente.

Naruto dudó.

—Has cortado con tu novio. ¿No? —respondió Sasuke por él—. No habría ido tan bien de no ser por él.

Sasuke se puso en pie y se sacudió los pantalones.

—Dale las gracias al menos, mujer.

—¡Oí, Sasuke! —aseveró Naruto, pero un nuevo ataque de tos le interrumpió.

Hinata enseguida lo ayudó y Sasuke se alejó. Sakura le siguió pese a que no era extraño que él se separara del grupo.

—¿Es cierto? —repitió cuando estuvieron algo más alejado.

Sasuke se detuvo. Sacudió la cola y agachó una de sus orejas, asintiendo. Sakura no supo qué hacer. En cualquier otra situación probablemente habría pensado que era demasiado pronto para que su corazón latiera de esa forma. Esa no era una situación normal.

—¿Podéis morir?

—No… sí. Es algo para lo que no estamos hechos —explicó encogiendo los hombros—. Nunca nos había pasado. Hacemos el trabajo y nos vamos. No entramos en contacto con el corazón de nuestras destinadas. Hemos pecado.

Sakura se llevó las manos en rezo a los labios, mordisqueando las uñas mientras daba vueltas.

—Pero tú no tenías ninguna muestra de esto, es una equivocación —intentó recapitular a los hechos que Hinata le había ido contado en sonrojos—. No, tú no.

—Sakura.

Mientras ella daba vueltas de un lado a otro, Sasuke la miraba fijamente, con su cola sacudiéndose de un lado a otro. Continuaba rumiando tanto eso que apenas prestaba atención a lo que él decía.

—Yo también quiero hacerlo —dijo finalmente, sacándola de su ensoñación. Sakura se volvió hacia él lentamente. Antes de que preguntara qué, él habló: — Esto.

Y la besó.

Aferraba su mandíbula con sus dedos suavemente y su boca presionaba contra ella, cálida y posesiva y con una experiencia que no esperaba que tuviera. Cuando intentó retroceder, abriendo la boca para protestar, la invadió y se derritió completamente contra él. Igual que si fuera nieve.

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Sasuke se separó al sentir la nieve subir hasta su garganta. Intentó evitar que saliera, cerrando los ojos, manteniendo la calma. Sakura jadeaba contra su hombro, con el rostro colorado y su corazón estaba completamente lleno de él.

Ese condenado Naruto.

Habría sido mil veces mejor que nunca hubiera despertado ese sentimiento por ella. Luchar contra ello era inútil. Se había enamorado de ella. De su corazón. De su alma bondadosa. De su fortaleza.

Se percató de que algo húmedo le mojaba el hombro y cuando la apartó para ver, caían lágrimas de sus ojos. Por el aroma notó que no eran las únicas y al volverse, vio que Hinata lloraba también contra el pecho de Naruto, quien miraba a otra parte manteniéndola contra él, con los labios negros por la nieve.

Se quitó un poco de la comisura.

No expulsaba tanto como Naruto porque no había desgastado tanta energía y aunque había ayudado a Gaara a encontrar el amor indicado en lugar de ir tras Sakura, dado energía a Naruto y continuaba obrando algún que otro milagro de más, se conservaba bien. Pero no tardaría en estar igual que él.

Y antes de eso, antes de desaparecer, había una cosa que quería hacer.

—Sé mía —susurró.

Entonces no pudo controlarlo más.

La nieve llenó su boca y vomitó.

.

.

Naruto se recostó contra la cama con todo el cuerpo dolorido. Había dejado de vomitar de nuevo.

Por suerte, las chicas pudieron terminar de dar en adopción a las mascotas y nada más volver, Hinata lo mandó a dormir, le llevó un tazón de sopa de navidad y lo arropó como si fuera un niño. Estaba segura de que Sasuke sufría el mismo castigo y que las chicas estaban discutiendo su situación.

Cerró los ojos.

Ya podía imaginarse la cara que debería de tener papá noel.

Habían obrado sus deseos lo más rápido posible y el camino estaba hecho. El tiempo de estar ahí se les agotaba más rápido de lo inicial. Era cuestión de tiempo que se convirtiera en nieve.

—¿Estás mejor?

Hinata se asomó por la puerta. Su gesto era preocupado y cuando le tocó, su corazón dio un vuelco de deseo.

—¿Quizás debiéramos de intercambiar? Sakura cuidarte a ti y yo a Sasuke —sopesó.

Naruto la retuvo de la mano rápidamente.

—No. No, por favor —corrigió al notar que fruncía el ceño—. Hinata… quiero estar el poco tiempo que me queda contigo.

—Pero cuando estoy contigo empeoras —protestó forcejeando un poco.

Naruto no la dejó. Tiró de ella hasta estrecharla entre sus brazos. Todo su cuerpo despertó a ella. A su aroma, la suavidad de su cuerpo contra el suyo.

—Por favor… antes que muera. Sé mía.

Continuará…

Ya se ha aclarado lo de Toneri y Hinata pero a coste de que Naruto gastara más poderes de lo necesario. Sasuke va por el mismo camino y ayudó a Gaara. Por si no se entendió, Gaara no es una persona sexualmente activa, así que la pareja aceptaba sus gustos.

Llega el final del fic y la tristeza está palpable, pero sé que ustedes quieren las cochinadas… ¡Qué lo sé, puercos! (?

¡Nos leemos!