13 de Noviembre, 1993, 21:32 pm.
Harry sonreía grande a sus padres, quienes lo miraban fijamente. Detrás de Harry, estaban Draco, Teddy y Tom. Draco sonreía levemente ante el entusiasmo con el que su amigo esperaba la respuesta de sus padres; Teddy miraba tímido a sus tutores y Tom parecía que quería estar en cualquier otro lado menos en ese.
Severus y Remus, por su parte, sólo miraban a Harry como si el niño ya hubiera perdido la cabeza.
—¿Y qué opinan?— Harry preguntó nuevamente. El niño tenía sus manos unidas frente a él, su cabello estaba atado en un moño desordenado y sus ojos negros brillaban con cariño hacia sus padres. Severus sabía que estaba tratando de convencerlos.
Y Severus también sabía que eso podría terminar terriblemente mal, pero había un problema: Severus era un hombre débil cuando de su hijo se trataba.
Remus miró a su pareja con curiosidad. A él no le molestaba para nada la idea de Harry de tener una cena todos juntos, ya que a su vez también podrían integrar a Tom más en la familia, por lo que era Severus quien decidía si la cena se haría o no. Severus le devolvió la mirada y el lobo dentro de él jadeó por la atención de su pareja, pero él lo ignoró. Se encogió levemente de hombros y Severus suspiró imperceptiblemente. Volvió a mirar hacia Harry y Remus sonrió mientras apretaba con cariño la cintura de su pareja.
—Está bien— dijo Severus en voz baja, recibiendo un gran abrazo por parte de su hijo. Lo devolvió automáticamente mientras seguía hablando con voz seria—. Pero será el sábado, y sólo seremos nosotros. No quiero luego a todo Gryffindor en mi mesa, ¿entiendes?
—Está bien papi— Harry asintió y luego miró a Teddy, aún abrazando a su padre—. Entonces invitaremos a Hermione Granger, de Ravenclaw, y a Cedric Diggory, de Huffelpuff. A Teddy les cae bien.
—A mí no— se quejó Tom, frunciendo el ceño con una leve mueca en sus labios. Harry lo miró mal de broma, y Draco le sonrió.
—A mí tampoco— puntualizó Severus, ganándose un pequeño codazo de su pareja. Severus rodó los ojos y luego miró a su nuevo pupilo, quien había bajado la cabeza con las mejillas sonrojadas, y suspiró, pasando una mano por el cabello de Harry, pensando en que ya era hora de un maldito corte—. Teddy, ésta será una cena familiar, y sólo la familia estará, ¿sí? Ni siquiera Draco estará, por lo que tampoco pueden estar tus amigos.
—Pero...— lloriqueó Draco, indignado, aunque se calló luego de recibir una mirada fría de su padrino.
—Familia Snape Lupin, niño— cuando Draco asintió a regañadientes, Severus se separó de su hijo, mirándolo—. No sé qué planeas, pero te conviene que no sea nada mortal para ninguno ¿, ¿entiendes, mocoso infernal?
—Nunca haría nada malo, papi— la sonrisa de Harry era tan tranquila e inocente que, en caso de que Severus no fuera su padre, lo habría creído al cien por cien; Remus, tan débil como lograba ser el pocionista con Harry, le sonrió con dulzura.
Severus negó con la cabeza, en especial al ver la sonrisa orgullosa de Tom. Sabía lo que significaba, y era puro orgullo al ver las habilidades Slytherin de Harry.
Esto podría terminar muy mal.
Familia Snape Lupin
15 de Noviembre, 1993, 22:56 pm.—... por eso el mejor camino para dominar al mundo es el político: la gente te elige, y si haces las cosas con cuidado, cuando menos te des cuenta los tienes a todos en la palma de tu mano.
—Mhm...— Tom entrecerró los ojos dejaba su copa en la mesa con cuidado, pensando en las palabras de Harry. Por supuesto, el lado político para él siempre fue la última opción, en especial con Dumbledore teniéndolo en la mira, pero ahora que sabe cómo fue su final al tratar de llegar al poder a la fuerza y utilizándolo mal, sabía que era su mejor opción. Asintió levemente y Harry le sonrió.
Severus se cubrió los ojos con la mano derecha, suspirando. Se suponía que Riddle no debería tratar de tomar el control de nadie, pero aquí estaba su maldito hijo, dándole idea políticas. Agradecía que Lucius no esté en esa mesa, porque sólo lo lustraría más y convertiría a Riddle nuevamente en el chico egocéntrico que terminó terriblemente mal. Remus, a su lado, le tomó la mano izquierda y la apretó con cariño en señal de apoyo. Teddy estaba sentado a un lado de Remus, terminando su comida en silencio y viendo a Tom y a Harry interactuar. A parte de la charla banal que Remus tenía con el pequeño tejón, eran Harry y Tom quienes hablaron la mayor parte de la cena, de cualquier cosa que pasara por la cabeza del león.
Severus estaba esperando la bomba que Harry estaba aguantando soltar. Los ojos negros de su hijo lo miraban cada cierto tiempo durante la cena con ilusión y diversión, y eso sólo significaba que el mocoso había hecho algo y ya no había forma de volver atrás. Severus sólo deseaba que no fuera nada potencialmente malo.
Luego de que todos hayan terminado de cenar y los elfos se hayan encargado de desaparecer los platos de la mesa, Severus respiró profundo y se cruzó de brazos, mirando a Harry con una ceja levantada. Teddy sonrió levemente cuando Remus le guiñó un ojo divertido y Tom miró a Harry con una mueca aburrida.
—Ahora que hemos pasado una hermosa velada en familia—Tom cerró los ojos, controlándose, pero Harry siguió con una sonrisa en su rostro—, ¡tengo un regalo para Teddy principalmente, pero es para toda la familia!
—Harry...
—Es pequeño, y Sirius me lo recomendó, y consulté con Hagrid y es muy leal, y sé que con amor y dedicación hasta podrá comer con nosotros...
—Harry.
—... aunque es verdad que será problemático al principio, porque no le gusta estar mucho tiempo solo, en especial ahora que quedó en manos de Hagrid seguro será aún más cariñoso que antes y aún es cachorro...
—¿Es un perrito?— Teddy soltó, mirando a Harry con una sonrisa enorme y la ilusión brillando en sus ojos, verdes ante la esperanza de una mascota. Harry asintió con firmeza y sonrió aún más.
—¡Sí! Desde que me dijiste que querías uno, hablé con Hagrid y Sirius para que me ayudaran— comentó, sonriendo a sus padres, donde Remus lo miraba con diversión y resignación, y Severus con molestia—. Tenía que esperar a que recibiera sus inyecciones y tal, y ya mañana lo tendremos. ¿No soy un hermano mayor genial?
Teddy se levantó y rodeó la mesa para abrazar con fuerza a Harry, quien le devolvió el abrazo con facilidad. No había cosa que más disfrutaba que ver a Teddy feliz, viendo cómo sus ojos se ponían de color verde y su cabello se volvía de un lindo tono naranja debido a su felicidad. Tom, a la izquierda de Harry, negó con la cabeza, aunque estaba bastante divertido con el rostro de muerte que tenía Severus. Remus le estaba acariciando el brazo casi sin pensarlo, pero al parecer no servía mucho. Cuando Teddy se separó de Harry, ni siquiera Severus tenía la fuerza de voluntad como para romper la ilusión y prohibir a su hijo a no traer al perro. Miró a Harry con el rostro neutro.
—Harry, hijo mío tan amado, ¿puedes decirme aunque sea que no es un maldito cerbero, verdad?
—¡Por supuesto que no! Es pequeño y no crece tanto...
—¿Qué raza es, cachorro?— preguntó Remus, una sonrisa tranquila en su rostro. Harry también le sonrió, aunque él no respondió.
—Un gran danés— respondió Tom con una pequeña sonrisa. Harry lo miró mal, y luego miró avergonzado a sus padres, en especial cuando Teddy volvió a abrazarlo.
—¡Esos son hermosos!— exclamó el pequeño en el oído de Harry con felicidad.
—... y crecen casi tanto como tu altura actual, Teddy— resopló Severus, mordiéndose la lengua para evitar decir maldiciones, ignorando la risa disimulada de su pareja—. Y come más que toda la casa de Gryffindor, con los Weasley en ella. ¿Acaso he de decir lo que sucede luego de comer mucho? ¿Quién se encargará del animal cuando ustedes estén en la escuela, Harry? No pienso tener al otro perro metiendo su hocico todos los días en nuestro hogar.
—Lo hará Tom— respondió Harry con seguridad, acariciando el cabello de Teddy y mirando con maldad a Tom—. ¿Qué mejor forma de demostrar a todos que ya no eres un maníaco asesino que cuidar a un dulce cachorro y mantenerlo sano y feliz? Además, ya que Tom va sólo una hora a clases por día, no hay mejor opción en la familia. Hagrid podrá encargarse de él cuando obligatoriamente nadie pueda...
—Lo tienes todo pensado, mocoso del infierno— gruñó Severus, pero Remus lo interrumpió.
—¿Dónde está ahora el perro, Harry? ¿Y cómo se llama?
Severus miró a su pareja con molestia. ¿De verdad era él el único que veía el problema de tener una máquina de excremento en sus aposentos, y posteriormente en su mansión? Severus debería de buscar otra vida, antes de que esta lo mate.
Harry sonrió grande ante la curiosidad de su padre.
—Ahora lo tiene Hagrid en su cabaña, le dije que mañana pasaría con Teddy y con Tom a buscarlo, y aún no tiene nombre. Eso es algo que debemos elegir en familia— terminó con el rostro serio, y Remus le sonrió con cariño.
—Me parece perfecto.
—¿Por qué me meten en estas cosas?— se quejó Tom con cansancio, molesto con la sola idea de tener que cuidar a un ser vivo, y sorprendentemente, Severus sentía lo mismo.
Al final, sus hijos y su pareja siempre tenían la palabra final.
Ni siquiera podía enojarse por ello mucho tiempo. No cuando lo veían a él con la felicidad brillando en sus ojos. Severus deseaba que eso nunca se acabara.
