La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Capitulo 20

Miro esos ojos por un largo momento, antes de notar nada más. Como el hecho de que su cara está limpia, su mandíbula aún más afilada y masculina de lo que yo imaginaba que fuera. Es obvio que ha estado pasando algo de tiempo afuera porque su piel tiene un ligero resplandor, el que tienes cuando renuncias a la protección solar en un caliente día de primavera. Aparte de su pierna todavía en una escayola y la delgada línea rosa en su frente, se ve perfectamente normal. Bueno, más bien, impresionantemente guapo. El Emmett pre-accidente.

—Bien, ¡me alegra que hayas venido! Te ves preciosa, querida. — La voz de Sulpicia Volturi es suave y calmante, su delgada mano fresca contra mi palma sudorosa mientras se abalanza sobre mí—. Unos minutos más hasta que todo el mundo esté listo. Te haremos sentar en el estrado y... —Habla rápidamente, guiándome a través de los pasos básicos para la ceremonia, sin darme la oportunidad de adaptarme a la conmoción de ver a Emmett aquí— Aro está charlando en el frente, pero le haré saber que estás aquí. Empezaremos dentro de unos minutos.

Hago todo lo posible para reconocer sus palabras con una sonrisa y un gesto de asentimiento, luego mi mirada rápidamente se vuelve hacia el hombre apoyado contra sus muletas.

¿Qué está haciendo Emmett aquí?

Busco a mi querido amigo y lo encuentro arrastrándose a través de la puerta a la sala principal bastante rápido.

Por supuesto que Mike sabía que Emmett estaría aquí.

—...y esto es lo que usaban para cortar los árboles —dice Brenna, su voz infantil llevando el zumbido bajo de voces desde el otro lado de la pared mientras señala el hacha, seguido por la sierra de dos personas montada a lo largo de la pared—. Y esto es lo que usaban para cortar la madera en pedazos más pequeños en los viejos tiempos. Pero utilizaban esas máquinas en la imagen en los viejos tiempos que no eran muy viejos. Y esto es... —Creo que Brenna podría competir con Sulpicia en la velocidad de abalanzarse. No desperdició tiempo, marchando hacia Emmett y, conociéndola, posiblemente sin mucho más que un saludo, empezando a guiarlo a través de todas las exhibiciones, regurgitando todo lo que recuerda de su viaje de campo.

Emmett pacientemente cojea junto a ella y le permite hablar, con una sonrisita genuina tocando sus labios mientras le da su completa atención. Hoy lleva un traje negro carbón hecho a la medida, la pierna del pantalón cortada para acomodar su escayola, corbata dorada contra una fresca camisa blanca luciendo nítida y elegante.

No puedo quitarle los ojos de encima.

—Tienes una futura historiadora allí. —Una voz profunda lanza mi mirada a la derecha. El hombre que vi en la televisión el día en que Emmett se dirigió a los medios de comunicación por primera vez después del accidente se encuentra ante mí, también en un traje. Realmente se vistieron para la ocasión—. Hola, Isabella. Soy Carlise, el padre de Emmett. —Por un momento creo que va a abrazarme como su esposa. No lo hace, pero toma mi mano en las suyas, sujetándola con fuerza—. Es un placer conocerte finalmente.

—Igualmente —me las arreglo para decir. Se parece tanto a Emmett, solo mayor, su estructura más pequeña.

—Habría venido para la entrevista de Weekly, pero pensamos que podría ser demasiado abrumador para ti.

Fue algo abrumador —admito con una carcajada, haciéndole sonreír. Tiene el mismo brillo astuto en sus ojos y la mandíbula fuerte que Emmett. Puedo ver por qué Esme se enamoró de él.

Me agrada de inmediato.

Dos hombres se aproximan a él. Uno, lo reconozco como el entrenador de los Flyers. La expresión impasible que vi en la televisión se ha suavizado un poco, aunque todavía parece el tipo de hombre que pasa sus días gritando a adultos con facilidad. Incluso en este calor, lleva esa misma chaqueta negra de los Flyers que utilizó durante la entrevista posterior al partido —una chaqueta que usarías en una pista de hielo en vez de en un evento donde todos los demás usan trajes— pero algo me dice que esto no es más lo suyo que lo mío.

—Isabella, este es el entrenador Adam Roth —nos presenta Carlise. Obtengo un firme apretón de manos y un gruñido de "Hola" a modo de saludo, antes de que la atención de Carlise se desplace hacia el hombre que se avecina a su lado, es más alto y no me atrevo a adivinar de cuanto más peso que yo—. Y este es Sid Durrand, el dueño de los Flyers.

Solo mirando a este tipo, con su traje nítido y su reloj brillante, las luces desde arriba capturando los diamantes incrustados, puedo ver que tiene dinero. ¿Más que Carlise? Posiblemente no, y sin embargo noto que Carlise no exuda su riqueza. De hecho, tengo que recordar que este hombre está casado con Esme Pratt. No porque no crea que sea guapo o bastante distinguido. Es ambos, al estilo de Robert Redford en "El hombre que susurraba a los caballos". Pero tiene un aire tranquilo de sofisticación que siento en Emmett, también.

—Dijeron que eras pequeña, pero no lo creí —dice Sid con una amplia sonrisa y un grueso acento de Kentucky. Me estrecha la mano con tanta fuerza que me temo que podría volver a herir mi muñeca, y lucho para no doblarme del dolor por los grandes anillos que se entierran en mi carne—. Es un placer conocerte. Emmett no ha dejado de hablar de ti.

Siento que mis mejillas se ruborizan mientras le echo un vistazo al otro lado de la habitación. Emmett está de espaldas a mí y Brenna sigue parloteando, pero no hay forma de que haya pasado por alto la voz estridente de Sid.

Sulpicia asoma la cabeza. —Muy bien, estamos a punto de empezar. Tenemos asientos esperando en el frente para usted, Carlise; y tu hija, Bella. ¿Si pudiera venir conmigo?

—¿Brenna? —grito.

—...Y hace mucho tiempo, este hombre se cayó en la astilladora de madera y cortó sus piernas en pedacitos.

—¡Brenna!

—¿Sí, mami?

Ambos se giran a tiempo para captar mi mueca.

—¿Puedes ir con el padre de Emmett y la señora Volturi?

Ella se acerca vacilante para analizar a los tres amenazantes hombres.

—Soy el que estás buscando. Hola, mi nombre es Carlise. —Se acerca para estrecharle la mano. Ella lo mira cautelosamente, pero al final la acepta.

No parece nada ofendido. De hecho, su cálida sonrisa se hace más amplia. —¿Qué le pasó al hombre que cayó en la astilladora? —le pregunta, sacándola por la puerta.

Toda la precaución desaparece. —Oh, lo sacaron antes de que pudiera cortar el resto de su cuerpo y entonces le dieron piernas falsas y... —Su voz se desvanece cuando desaparece en la sala principal.

—Dios mío. ¡Creo que podríamos tener que hablar con los anfitriones del museo sobre lo que enseñan a estos niños! —Sulpicia se ríe nerviosamente.

Siento un muro de fuerza junto a mí. Intentando calmar mi ritmo cardíaco con unas breves respiraciones, finalmente me giro para hallar la mirada de Emmett. Hay tanta emoción en sus ojos: algo que vi antes, algo que ni siquiera puedo adivinar, y me encuentro luchando por dar un simple: —Hola —que sale con estrépito.

—Hola.

—Pensé que estarías en…

—De acuerdo, todo el mundo. Si me siguen, por favor. Emmett y Isabella, si pudieran entrar al último.

Emmett y Isabella.

Nos llevan a la sala principal, donde por lo menos cien pares de ojos se fijan en nosotros.

—Estoy aquí si me necesitas. —El bajo susurro llega justo cuando estamos esperando en la fila para tomar nuestros asientos delante de todos. Emmett sabe que me siento nerviosa. Sabe que prefiero estar en cualquier lugar aparte de dirigirme a un escenario para recoger un premio.

Miro por encima de mi hombro y veo esa misma expresión en su rostro que usó durante la entrevista: de preocupación, de temor, de... lo que todo el mundo está tan desesperado para etiquetar como adoración.

Solo pasaron dos semanas y media desde que lo vi la última vez, y sin embargo parece que estuve esperando una eternidad.

Todo lo que puedo manejar es una sonrisita y asentimiento antes de observar a la multitud, centrándome en las caras conocidas en la primera fila. ¿Mis padres, Angela y Seth, Sue y Harry? ¿Quién dirige la cocina? Los rizos rubios de Jess se mueven mientras se agacha para pararse en la parte de atrás, el uniforme blanco y naranja de Diamonds de alguna manera haciéndola lucir bien. Seth tiene una amplia sonrisa en su rostro; para mí o para su ídolo detrás de mí, no lo sé.

—Vale, ¡por aquí! —dirige Sulpicia en un susurro, moviéndonos hacia adelante. Siento la mano de Emmett en la parte más baja de mi espalda con los toques más débiles, recordándome que respire.

—Por favor, ¿dime que es el último? —suplico detrás de mi falsa sonrisa. Mike asiente con la cabeza hacia el fotógrafo cuando pasa por delante de nosotros, con el objetivo de su cámara ya hecho pedazos.

—Es el último. Debería cobrarte una cuota de gestión.

—Parece que estás orquestando cosas para mí. Sobre todo a mis espaldas. —Lo miro a sabiendas, pero lo suavizo rápidamente cuando pasan el entrenador Roth y Sid Durrand, que me saludan con la cabeza.

Los dos fueron grandes deportistas durante el evento, principalmente siendo fotografiados para los medios de comunicación locales. Aunque Sid me dijo unas palabras de agradecimiento en nombre de la NHL que me sonrojó la cara. En realidad, estoy segura de que mi cara estuvo roja durante toda la ceremonia.

—Admítelo, eso no fue tan malo.

—Fue mejor de lo que esperaba —reconozco a regañadientes. Solo duró veinte minutos, y nadie más insinuó la idea de que diera un discurso, afortunadamente. Incluso las palabras de Emmett fueron breves, pero desde el corazón, expresando su agradecimiento por estar en el lugar correcto en el momento adecuado, para él. Pero no habló de forma efusiva, no dijo nada que me pusiera abiertamente incómoda.

—¿Ves? No siempre será un circo completo a su alrededor. No uses eso como una excusa para alejarlo.

Lo miro, sorprendida. Mike no pronunció ni una sola palabra acerca del giro romántico que Wethers puso en esta historia, y no iba a pedirle su opinión, no cuando sospecho sus propios sentimientos por mí. Pero lo vi pesando sobre él, la preocupación evidente en sus ojos. Lo sentí mordiéndose las palabras antes de dejarlas escapar. Supuse que se hallaba en contra de la idea por completo.

—Será mejor que agarre algunos de esos bocadillos antes de que Seth se los coma a todos.

Sigo su línea de visión hacia la pequeña multitud rodeando el patio, una elaborada construcción de piedra de tres niveles. En efecto, mi hermano está cerca de uno de los camareros que lleva un plato de plata, llenando sus manos con aperitivos, dos a la vez mientras mira abiertamente a Jess a unos pocos metros. Usando la misma sonrisa estúpida y amorosa que tenía a los catorce años y la vio por primera vez.

Sin embargo, los ojos de Jess no están en él. Está demasiado ocupada tratando de alcanzarnos a Emmett y a mí ahora que terminaron las entrevistas. Pero por lo que se ve, no tendrá una oportunidad. Sue tiene una mano en su hombro y una expresión de regaño en su rostro, mientras Jess sonríe y discute educadamente. Las conozco muy bien, incluso a treinta metros. Sue está insistiendo en que Emmett y yo tenemos la oportunidad de hablar, y Jess está decidida a argumentar. Entonces Sue señala el estacionamiento donde espera Harry y la expresión de esperanza de Jess decae. Como de costumbre, Sue ganó. Supongo que Jess es su aventón y necesitan regresar a Diamonds para la cena del domingo.

—Puedes hablar con ellos mañana —dice Mike, alejándose rápido antes de yo pueda dar un paso.

Dejándome a solas con Emmett por primera vez.

Respirando profundamente, camino por el mirador, una enrejada estructura blanca de la cual se arrastran plantas trepadoras, el telón de fondo con innumerables fotos de boda, estoy segura. Hoy, utilizamos el espacio como un lugar tranquilo para algunas fotos y entrevistas breves con tres de los periódicos locales y un periódico de Filadelfia.

—¿Creí que no volverías a hacer una entrevista? —se burla Emmett, su mirada se desliza sobre mi cuerpo mientras subo los escalones con cautela, subiendo mi vestido unos cuantos centímetros para evitar tropezar con el dobladillo.

—Yo también lo pensé, pero el titiritero Mike decidió otra cosa.

Emmett se ríe y mira el lago Jasper, permitiéndome la oportunidad de estudiar su atractivo perfil. Está sentado en un banco y apoyado en uno de los gruesos postes, su chaqueta retirada y colocada casualmente sobre el barandal. Es la posición perfecta para mostrar su cuerpo en forma, y el débil brillo de sudor que reluce en su frente aumenta su atractivo. —Me alegra que eligieran este lugar. Es agradable. Pacífico.

—No he estado aquí desde que tenía seis años, pero no cambió mucho. Sin embargo, nunca asistí a un evento. —Me acomodo en el banquillo junto a él, tratando de no ser obvia mientras inhalo el olor persistente de su colonia que adoro.

Los ojos de Emmett se trasladan hacia mi regazo, hacia la llave adornada que tengo en un apretón.

—¿Necesitas una gran llave de oro? —bromeo, sosteniéndola en el aire. Supongo que es la idea lo que cuenta, pero todavía estoy tratando de averiguar lo que realmente significa para mí, más allá de ser solo un adorno decorativo. Mi nombre está grabado en un lado, en una hermosa fuente cursiva, junto con la fecha.

—Mi madre va a estar celosa. Siempre quiso una de esas.

No puedo dejar de reír. —Tu madre tiene una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Y qué más... ¿tres Oscars ya?

Sonríe. —Pero una gran llave de oro no.

—Dile que le lleva tiempo y mucho trabajo.

Su risa de alguna manera me embelesa. —Dijo que lamentaba no estar aquí. Lo intentó, pero añadieron otra semana de filmación y no pudo despegar de nuevo. Además, no quería que esto se tratara sobre ella, lo que inevitablemente habría ocurrido si hubiera aparecido.

Noté las miradas curiosas y me preguntaba si la mitad de los asistentes aceptó la invitación con la esperanza de que Esme Pratt estuviera allí. —Es muy amable de su parte, incluso considerarlo.

—Mi hermana también iba a venir. Tenía un billete reservado. Pero recibió una llamada para una segunda audición a la que no puede faltar.

—¿Para qué?

—No lo recuerdo. —Frunce el ceño—. Alguna nueva serie de HBO, ¿creo? De todos modos, sé que realmente espera conseguirlo.

HBO. Guau. Eso es... grande. —No tan grande como mi turno en Diamonds mañana por la mañana.

La mirada de Emmett viaja sobre la pequeña multitud. —Me alegro de que tu familia viniera.

—Sí, yo también. Me sorprendió, realmente. Pero todos vinieron. Incluso mi hermana. Y por supuesto Jess, mi jefa y su marido... —Era una primera fila de amplias sonrisas. Hubo un tiempo en que no creí que tuviera tanta gente que me apoyara.

Vacila. Emmett debe haber descubierto que mi pasado con mi familia es un campo de minas. Siento como si estuviera preparando las preguntas. —Cuando Mike llamó para preguntarme si venía, hablamos un poco.

—¿Oh, sí? —Por supuesto Mike sería el que lo llamara—. ¿Acerca de qué?

—Sobre ti y tu familia. —Emmett me mira cautelosamente—. Sobre lo que pasó entre ustedes.

—Las cosas eran diferentes. Yo no era fácil. —Instantáneamente me siento a la defensiva, aunque no estoy completamente segura de si es en nombre de mí o de mi familia.

—No te estoy juzgando, Bella. Ni a ellos —dice Emmett rápidamente, con su voz suave—. Solo quería saber qué pasó, eso es todo. Tal vez me ayude a entenderte un poco más.

Hay una pausa larga, suficiente para permitir que la tensión crezca.

—¿Entonces tu hermano juega para Minnesota?

—Sí. —Sonrío—. También está enamorado de ti. —Igual que mi mejor amiga.

Y yo... Respiro profundo y, dejando a un lado mis sentimientos, le cuento a Emmett acerca de Seth; cuánto le gusta el hockey, su beca, el tatuaje en su bíceps. Emmett me permite hablar sobre mi hermanito sin interrupciones, sin ningún resplandor de incomodidad en sus ojos, solo sonriendo, deslizando sus ojos por mis rasgos hasta que me encuentro sonrojándome por la intensidad de su mirada.

—Supongo que hallará algún uso para los boletos de temporada que te dio Sid, ¿entonces?

Me río, recordando las expresiones de asombro en las caras de Seth y de mi padre cuando Sid Durrand anunció que los Flyers me darían dos boletos de temporada para la sección baja por los próximos veinticinco años como una pequeña muestra de su aprecio. —Voy a tener un montón de niñeras gratis gracias a ellos. No es que Seth no vaya a sacarles el máximo provecho de todas formas, ya que me sentiría como un fraude si dijera que soy fanática del hockey. Ni siquiera sabía quién eras hasta hace un mes. —Y ahora te has convertido en un elemento permanente en mis pensamientos, a pesar de cada intento de distanciarme.

—Me alegro de que no te hayas negado a aceptarlos.

Lo cual me recuerda... —Les pagué a mis padres por el Escape.

—Bien. Por eso dejé el dinero. —Ninguna mención de mi mensaje de voz incoherente.

—Dejaste demasiado. Voy a darte...

—No.

—Pero yo…

—No, Bella. —Contrarresta la repentina agudeza de esa palabra con una sonrisa de hoyuelos—. No te molestes en discutir conmigo. Tengo mucho tiempo libre para pelear contigo y te prometo que ganaré de una forma u otra. —Emmett ajusta su posición en el banquillo.

Veo la mueca de dolor que hace e intenta esconder.

Dejo el tema del dinero. Por ahora.

—¿Cómo está tu pierna?

—Pica muchísimo, pero creo que mantenerme al margen durante las últimas dos semanas ayudó.

—¿Quieres decir que tu médico tenía razón? ¿Quién lo hubiera dicho?

Me lanza su sonrisa característica, aunque puedo ver un poco de tristeza en sus ojos.

Dudó por unos instantes. —¿Cuándo crees que podrás jugar otra vez?

—Depende de cómo sane mi tobillo. Debo tenerlo en esta escayola por al menos dos semanas, hasta que crean que es seguro cambiarlo por un yeso para caminar. Entonces serán otros meses de eso con una tonelada de terapia física.

—Entonces, tomará un tiempo.

Asiente en silencio. —Me harán otra radiografía mañana, para que puedan darme una mejor idea.

—¿Nervioso?

—Un poco. —Hace una pausa—. Pero con mi equipo acabado por esta temporada, el público no me acosa pidiendo información. Al menos tengo eso.

—Siento que hayan perdido.

Y siento nunca haberte devuelto la llamada para decirte esto. Me había convencido tan hábilmente de que evitar el contacto ayudaría a aplastar mis crecientes sentimientos hacia él. A los dos segundos de verlo, me di cuenta de que esos sentimientos no se han ido a ninguna parte y no solo soy una idiota, sino que también imbécil.

—Sí, yo también lo siento —dice después de un largo momento, su mirada dirigiéndose al lago otra vez.

—No fue tu culpa.

Su mandíbula se tensa. —Una cosa es lesionarse al recibir un golpe en un partido. Pero, ¿cómo pasó esto? —Sacude la cabeza—. Las personas tienen razón. Esta ciudad me ha pagado una maldita cantidad de dinero y es así como se los agradezco.

—No Emmett, las personas no tienen razón. Esas personas no. — Podría discutir más pero dudo que me crea.

Siento como su humor va cambiando, por lo que decido cambiar de tema, a algo más ligero.

—Estoy segura de que California es linda en verano. ¿Vas a ir después de esto o regresarás a Canadá?

Se queda en silencio unos segundos, como si considerara sus palabras. —Supongo que eso depende de ti. —Se vuelve para mirarme con una intensidad que no he sentido desde la noche de la entrevista, cuando nos sentamos en mi cama y le confesé mi profundo y oscuro secreto sobre casi dejarlo en el coche esa noche. Cuando me abrazó y me encontré deseando que pudiéramos quedarnos en mi habitación para siempre—. Kate Wethers puede haberle dado un giro a la historia en esa entrevista, pero ¿podemos dejar de fingir que no es verdad? Al menos… —Sus ojos recorren mi cara, posándose en mi boca—. No puedes mirarme así y decirme que no es verdad.

Me arden las mejillas y desvío mis ojos al lago. No me di cuenta de que mi adoración era tan descaradamente obvia.

—¿Por qué no me llamaste? —pregunta tan suavemente y sin una pizca de malicia, haciéndome estremecer.

—Lo siento, yo… —vacilo, buscando una buena respuesta, pero no encuentro ninguna.

—¿Fue por Rosalie?

Sí y no. Si admito que eso es parte del problema, una gran parte, entonces básicamente admito mis sentimientos hacia él. Aunque creo que ya averiguó como me siento.

—Fue por muchas cosas

—¿Por ejemplo?

—Son… muchas razones —me tropiezo con mis palabras.

El silencio se interpone entre nosotros. En algún lugar a lo lejos puedo sentir la risa de Brenna, y estoy agradecida de que aún no nos haya interrumpido.

—¿Es por las cámaras y los reporteros? Porque ya no es tan malo, ¿o sí?

—Por ahora. ¿Qué pasa si regresan?

Se encoge de hombros. —Entonces lo resolveremos juntos. Es manejable.

—No puedo quedarme en mi casa con un guardaespaldas afuera.

—Entonces no lo hagas.

—¿Y qué? ¿Tengo que salir con un disfraz?

Ríe entre dientes. —En realidad, conozco a algunas personas que lo han hecho. Nunca lo intenté, bueno, a menos que cuente cuando uso mi equipo de hockey. Nadie me reconoce con él puesto, y menos si llevo una camiseta sin número. Es algo bueno. Pero no es tan malo como te lo imaginas.

—¿Puedes salir de tu edificio ahora sin ser noticia?

—Ahora no. No con todo lo que está sucediendo. Están esperando conseguir una foto mía con Rosalie, o contigo. Las revistas pagarían mucho por ello. Pero normalmente… está bien. Firmo un autógrafo por aquí o por allá, pero por lo demás, puedo pasear sin ser reconocido por todo el mundo. Al menos, podía hacerlo antes del accidente. —Hace una pausa—. Sinceramente, no es tan malo. —Su voz es suave, suplicante.

—No es solo por los medios, Emmett. —Ojalá lo fuera.

—¿Qué es? Tienes que decírmelo.

—¿Por qué?

—¿Cómo que por qué? —Se ríe—. Porque estoy loco por ti y ni siquiera respondes a mis llamadas. Necesito saber cómo arreglar eso para que me des una oportunidad. Por favor.

De repente me siento mareada y me pregunto si lo escuché bien.

Baja la vista a sus manos, empuñadas sobre su regazo. —Nunca tuve problemas para hacer amigos o encontrar novias. Pero siempre ha sido más difícil averiguar exactamente por qué están ahí. Dicen que no les importa quién es mi madre, o quién soy yo. Pero todo el mundo busca en secreto atención o dinero, o ambas cosas. Tú, sin embargo... realmente no buscas ninguna de las dos cosas. Quien soy parece estar trabajando en contra mía contigo.

—No quise…

—Está bien, Bella. Me gusta eso de ti. —Se vuelve para estudiar mi rostro—. Y, Dios, eres tan… Me tomaste por sorpresa. La noche que te conocí pensé que eras la mujer más hermosa que vi en mi vida.

Recuerdo el suéter enorme y mi cabello en un moño desordenado.

—He visto a las mujeres con las que sales, Emmett. Me estás mintiendo.

—Créeme, esas mujeres no lucen así cuando no están frente a la cámara, sin maquillaje. —Su mirada se mueve por todo mi rostro, sobre mi boca, que más de una vez pensé que era demasiado ancha, y ojos que parecen demasiado rasgados y una nariz muy puntiaguda, desde ciertos ángulos—. Ellas no son como tú.

Tú también eres hermoso, quería decirle, pero no puedo hablar.

Sonríe tímidamente. —Cuando volví a casa esa noche, le dije a mis padres que estaba locamente enamorado de la mujer que me salvó la vida.

Por Dios. Mi corazón late desbocado en mi garganta.

—Claro que me convencieron de que estaba demasiado abrumado y debía descansar.

—Seguro que tenían razón —murmuro.

—Honestamente, yo también lo pensé. —Traga con fuerza—. Pero entonces tenías que ser no solo valiente y hermosa, sino también humilde, divertida y honesta. Y no podía dejar de pensar en cómo sería estar contigo. —Su mano se detiene en el aire, deteniéndose de poner un mechón de cabello que se me había escapado detrás de la oreja— Así que necesito que me digas lo que tengo que hacer para que me des una oportunidad. —Su mandíbula se tensa al mirarme—. Por favor.

—No encajo en tu vida —digo casi en un susurro, luchando por pensar correctamente.

Pasa la mano por su cabello, claro como la arena después de la lluvia. —Es solo dinero, Bella. No soy eso. Por favor dime que no piensas que soy tan superficial. Es insultante.

Me sorprende su súplica, provocando una oleada de vergüenza inesperada en mí. Nunca lo vi de esa manera, que el reconocimiento de nuestras diferentes clases sociales desacreditara a alguien que no fuera yo. —No creo que seas superficial. Solo creo que estás atrapado y que los sentimientos que tienes por mí no durarán. Y yo seré la única herida cuando te des cuenta de eso. —Listo. Lo he dicho tan claramente como puedo.

No sé qué esperaba como respuesta, pero una amplia sonrisa de satisfacción, definitivamente no.

—Deberías ir a California durante el verano, como lo planeaste — continúo, intentando sonar segura de mí misma.

Se ríe amargamente. —Ese nunca fue mi plan. Mi madre es la que me hizo prometer que me fuera, la noche de la entrevista. Vio la forma en que te miraba y supo de inmediato lo que pasaba. Me convenció de que necesitaba distanciarme y estar cien por ciento seguro de que mi cabeza estaba despejada antes de actuar.

Tal vez ese programa de espectáculos que decía que la madre de Emmett amenazó con repudiarlo no estaba tan errado después de todo.

Es como si él pudiera leer mi mente. —No es porque ella te desapruebe, Bella. Piensa lo mejor de ti. Solo no quiere que salgamos heridos porque no lo pensamos claramente.

—Mi madre básicamente dijo lo mismo. —Aunque desde su punto de vista, el único resultado posible era que yo saliera lastimada. Ese sería el peor de los casos, y la mejor manera de evitar ese escenario era ser práctica y nunca arriesgarse. Como dice Seth, ella juega a lo seguro, no toma riesgos—. Quizás saben algo, tal vez deberíamos escucharlas.—Aunque odie admitirlo.

—Y qué, ¿debo sentarme viendo cómo pasa el verano, intentando convencerme de que lo que siento por ti es simplemente gratitud? —Sus ojos, imponentes, se posan en mí—. La vida es demasiado corta para hacer lo que los demás piensan que es lo correcto. Eso es lo que sé. — Su mirada se posa en mi boca—. Por otra parte, nunca he dejado que el miedo me detenga.

Entonces nunca te han lastimado. Ahí es donde diferimos Emmett y yo. Lo que él llama miedo es lo que yo considero ser inteligente, ser responsable y pensar en Brenna.

—¿No me crees? ¿Qué esto no es solo por gratitud?

—No —respondo sin dudar.

Presiona sus labios en una mueca, como si estuviera buscando una forma de convencerme. Y todo lo que puedo hacer es mirar su boca, tan suave, exuberante y atractiva. Los pensamientos de su boca sobre la mía esa noche dispara un torrente de sangre corriendo por todo mi cuerpo.

—¿Qué te haría confiar en mí? ¿Qué es lo que quieres saber? Pregúntame lo que quieras y te responderé. Soy un libro abierto. Esa es una gran invitación.

Quiero saber todo. Cada detallito. Su música favorita, su color favorito, su programa de televisión favorito. ¿Todavía habla con sus amigos de la infancia? ¿Qué tan unidos son él y su hermana? ¿Duerme boca abajo o boca arriba? ¿Cocina o hace que alguien lo haga por él? ¿Le han roto el corazón?

—¿Por qué terminó tu relación con Rosalie? —¿Qué tipo de amistad tienen? ¿Una en la que follan de vez en cuando? ¿Dónde duerme ella cuando le visita en Toronto? Pararé con las dolorosas y silenciosas preguntas para poder escuchar su respuesta.

—Porque me mintió.

Esa no es la respuesta que esperaba. —¿Sobre qué?

—Sobre algo que ella no confiaba en que yo lo manejara bien. No puedo decirte exactamente los detalles, pero no son importantes. No confió en mí con la verdad.

—Y siempre quieres la verdad. —Recuerdo su consejo el día de la entrevista.

Una suave y secreta sonrisa le toca los labios, como si también recordara el momento en mi dormitorio.

Escojo mis siguientes palabras cuidadosamente.

—Fue… ¿tenía alternativa a mentir?

—Todo el mundo tiene esa opción.

—Pero, quiero decir, ¿existía una buena razón para mentir?

—¿Es eso posible? ¿Especialmente cuando es a alguien a quien dices amar?

—Supongo que no. —Dudo—. ¿La amabas?

Sus labios se retuercen mientras lo piensa. —Probablemente lo habría hecho, con el tiempo suficiente.

—Pero todavía son amigos. —¿Tal vez amigos que podrían reconciliarse?

De nuevo, es como si pudiera leer mi mente. —No habríamos durado tanto, para ser honesto. Gracias al accidente me di cuenta de ello.

Un alivio inesperado me invade. —¿Por qué no?

—Queríamos cosas diferentes para nuestras vidas. Ella ama las cámaras, la atención y aparecer en las portadas de revistas. Quiere fama, es el tipo de persona que esperas ver en un reality show.

Me estremezco y se ríe.

—Sí, eso nunca ha sido lo mío, y creo que me habría cansado de ello, eventualmente. Quiero cosas más sencillas de la vida, quiero… — Sus ojos se dirigen a su pierna estirada con la escayola—. Quiero volver a jugar, tener una familia… no sé. Una vida normal, tranquila, supongo. O tan normal y tranquila como es posible, de todas formas. Y quiero a alguien en mi vida que también quiera estas cosas.

Alguien como yo, me escucho decir internamente.

—Entonces… ¿ahora qué? Con Rosalie, me refiero. ¿Está de acuerdo con fingir? —No puedo ocultar la duda en mi voz. ¿Cómo diablos podría cualquier mujer que amara a Emmett y lo perdiera estar dispuesta a fingir por el bien de otra mujer?

Su rostro se vuelve sombrío. —No esperaba que estuviera encima de mí en el partido. Debí haberlo anticipado, porque así es Rosalie. Ella sabía que las cámaras estarían sobre nosotros y yo no sería capaz de reaccionar. Retrocedió después de que le dije que se detuviera, pero sé cómo se vio. —Añade suavemente—: Sé cómo lo debes haber visto tú.

Mis celos se encienden cuando imagino a esa rubia hermosa presionándose contra él.

—Le dijo a Tanya que estaba de acuerdo con ello, pero parece que esperaba que sucediera algo real. Entonces hice que se marchara al día siguiente y acordó no decir una palabra sobre nosotros. Dejaremos que las personas crean que estamos juntos por algunas semanas más, al menos. Pero no dejaré que nada de eso vuelva a suceder, lo prometo. —Frunce el ceño—. Aún sigues sin creerme, me doy cuenta.

—La última vez que un tipo me dijo que una relación con su ex era solo para mostrar… terminó casándose con ella.

—¿El profesor? —pregunta con suavidad.

Después de un momento, asiento.

—No soy como él, Bella.

—Lo sé. Solo… tengo miedo, e intento ser inteligente.

Lenta y tentativamente se acerca para tomar la llave que tengo en la mano, enlazando sus dedos con los míos de una forma lenta e íntima. Mi corazón late desenfrenado en mi pecho mientras lo veo girar la llave una y otra vez. Finalmente vuelve su atención a mi rostro, sus ojos dirigiéndose a mi boca. —¿Tienes una maldita idea de lo mucho que quiero besarte en este momento?

Inhalo bruscamente y mis mejillas se sonrojan.

Se ríe entre dientes. —No te preocupes. No lo intentaré, no frente a todas estas personas. Y no hasta que me digas qué eso es lo que quieres.

Dejo escapar un suspiro tembloroso.

El peso de la llave de oro se sostiene en mi mano al tiempo que la enorme mano de Emmett cubre la mía, tocando parte de mi regazo.

—Podemos ir tan lento como quieras.

Hay tanta fuerza en su agarre, que siento el deseo abrumador de olvidar cada preocupación, miedo e inseguridad.

—No estoy segura de que eso sea posible.

No puedo siquiera pensar bien cuando estoy cerca de él, cuando está tocándome. Todo lo que puedo hacer es sentir.

Y lo que quiero sentir es a él.

Con Emmett… no me enamoraría solamente, me lanzaría con todo.

Una sonrisa tímida se dibuja en sus labios y sus dedos se aferran a los míos, apretando con suavidad para no lastimarme con la llave entre nuestras palmas. —Sí, yo tampoco estoy seguro que sea posible. Pero me parece bien. Y me parece bien esperar hasta que tú también lo creas. Solo… por favor, deja de intentar alejarme. Quiero estar en tu vida, y no porque me sienta obligado.

Un eco de lo que dije en esa entrevista.

¿Cómo me está pasando esto?

Este tipo de cosas no me ocurren a mí.

De repente, soy consciente de nuestro entorno, como siempre, estamos al aire libre. Expuestos para que todos nos vean. Y siento las miradas de las personas, por simple curiosidad, esperanza, o envidia, incluso. No puedo pensar en la última vez que alguien me envidió y, sin embargo, ¿cómo no podrían hacerlo, mientras estoy sentada aquí junto a Emmett, quien, contra todo pronóstico, está convencido de que me quiere?

—¡Nooo! —Las risitas salvajes de Brenna hacen que mi atención se pose sobre ella. Está tratando de superar a Seth y Mike mientras ambos la persiguen en un trote lento, sus cortas piernas se mueven imposiblemente rápido mientras ella se lanza alrededor de un árbol. Mis padres, Angela, Sue y el padre de Emmett se encuentran de pie, juntos, riéndose por cómo una niña está superando a dos hombres, colándose entre las piernas de Seth y poniéndose de pie a toda prisa, para seguir adelante, con su impecable vestido cubierto de manchas de hierba que

dudo que pueda salir.

Solo queda la mitad de la multitud. No dudo que sigan aquí para tener la oportunidad de hablar con Emmett.

—Probablemente deberíamos ir allí, para que puedas saludar a tus admiradores.

Suspira, luego toma sus muletas y se pone de pie. —Oye, no es… —Frunce el ceño, hacia la distancia.

Sé exactamente a quién está mirando. Vi el paso torpe de Jason Jenks hace una hora, mientras nos dirigíamos a la glorieta con los periodistas. Era claro que lograría alcanzarnos de no ser porque Sue y Mike lo detuvieron, manteniéndolo lejos.

—Sip. Invitaron a los empresarios más importantes del país, y Jenks es un gran negociante. —No pasó desapercibido que la madre de Scott Philips, una prominente agente inmobiliaria, no está aquí. Si no fue invitada o eligió no venir, estoy segura de que me enteraré más tarde.

Emmett sonríe. —Entonces, ¿cómo se tomó la ruptura?

No puedo hacer otra cosa que reírme.

—Cierto, la ruptura. No creo que se haya enterado aún.

—¿No vio la entrevista?

—Sí, lo hizo. —Caminamos a través del patio, lentamente, Emmett escogiendo donde apoyarse cuidadosamente en el piso de piedras— Él asumió que cuando dije "una cita a ciegas fallida" en realidad quise decir otra cosa. —De alguna manera, Jason parece creer que todavía hay esperanza con nosotros. Ha aparecido en Diamonds dos veces desde ese momento. Sacudo la cabeza— Sue aún se disculpa por presentarnos. Nunca entenderé porqué lo hizo en primer lugar.

—Qué gracioso. Aquí estoy yo pensando que debería agradecerle por ello —dice Emmett, riéndose.

Porque si no fuera por esa cita, no habría estado conduciendo por Old Cannery Road esa noche.

Esta revelación me hace mirar al idiota con una luz diferente. Una sonrisa lucha con aparecer en las comisuras de mi boca.

—Yo también debería agradecerle, supongo.


Ame demasiado a Emmett en este capitulo, quiero a uno en mi vida, lo EXIJO.

Espero que lo hayan disfrutado