CAPÍTULO 20
Mi hija.
Esas dos palabras retumbaban en la cabeza de Isabella que aún permanecía allí parada, de pie, frente a él sin poder moverse. Sentía como su cuerpo temblaba y las lágrimas se habían detenido a causa de la sorpresa: Edward tenía una hija.
Jamás pensó escuchar una confesión así. Siempre creyó que Ness fue su pareja, es mujer que murió en el accidente. Era lógico que de haber sido así tuviese grabado su nombre sobre su corazón, pero nunca, jamás imagino que Ness fuese su hija. Él nunca había hecho referencia a ella, ninguna insinuación, ninguna muestra de la existencia de una niña en su casa: ni fotos ni juguetes... Aunque tampoco las había de Tanya ni de su familia...
—Tu hija... ¿Tienes una hija, Edward? —Preguntó titubeante y con la voz aún rota.
Edward alzó el rostro y clavó su mirada en ella.
Estaba destrozado, podía verlo en sus ojos. Toda esa situación le estaba haciendo daño, lo sabía, pero necesitaba respuestas, necesitaba algo de luz entre tantas sombras.
—La tenía, la tuve. Murió en ese maldito accidente. —Explicó con voz ahogada
Isabella recorrió la distancia que les separaba y se arrodilló frente a él, tomando su rostro entre las manos.
—Lo siento, Edward. Yo... No sabía nada. Ni siquiera puedo imaginar el dolor que debes sentir.
Edward apartó las manos de ella de su cara y se levantó limpiándose las lágrimas que nublaban su vista.
—Claro que no puedes imaginarlo, ¡Ni tú ni nadie puede saber lo que se siente! ¡Solo quienes han pasado por ello entienden ese dolor lacerante que te atraviesa y te desgarra por dentro! —Estalló dejando salir parte de ese dolor acumulado durante años.
—Edward, me duele tanto verte así. Yo... Si esto te hace daño no es necesario hablarlo ahora. —Isabella se levantó y camino hasta él, pero sin tocarle. Entendía su ira y su enfado, pero no quería que hablarlo le hiriese aún más.
—¡No!, tú querías la verdad. Necesitabas respuestas y vas a tenerlas. —Escupió con la mirada perdida.
—¡No las quiero!, ¡No si eso te destroza! —Sollozó
Fue ese gemido lastimoso el que hizo que Edward girase para quedar frente a ella y sonriese tristemente.
—¿De verdad crees que hablar esto dentro de una semana, un mes o un año hará que me duela menos? El dolor siempre está ahí, Bella, es una constante en mi vida. Dolor y culpa, ambos conviven dentro de mi ser. He aprendido a vivir con ello, los he mantenido encerrados en el fondo de mi ser. Nunca he hablado de ello hasta hoy.
Bella limpió sus lágrimas e intentó acercarse de nuevo hasta tomar sus manos.
—Entiendo el dolor, pero... ¿La culpa? ¿Por qué Edward? Fue un accidente no debes sentirte culpable por eso.
—La culpa. La culpa por seguir vivo, por no haber muerto. ¡Lo he deseado tanto…! —Confesó desesperado— Los primeros días rogaba por ello, por morir, por irme junto a ellas...
—¡No!¡No Edward no digas eso! —Imploró Bella volviendo a tomar su rostro y fijando la mirada en él— ¡No vuelvas a decir eso!
—Lo intenté, ¿Sabes? —Continuó Edward ignorando su súplica— En casa de mis padres, dos semanas después del funeral. Me tomé un bote de pastillas, ni siquiera recuerdo para que eran. Mi madre me encontró tirado en el suelo, justo a tiempo. Si hubiese llegado cinco minutos más tarde...
Isabella sintió como un miedo helador se apoderaba de ella. Había estado a punto de morir, de morir por ellas. No podía imaginarse como debió sufrir en ese momento no quería ni pensarlo. Cómo de desesperado debía sentirse para intentar quitarse la vida. Si Esme no hubiese llegado a tiempo….
—¡Basta! ¡Basta por favor! —Pidió Bella sin poder aguantar más el llanto. Le estaba destrozando saber todo lo que pasó Edward, pero más le destroza a verlo así—¡No tenías que morir, Edward! ¡No fue tu culpa! ¡Mírame! —Suplicó tomando su mentón y obligándole a mirarla— ¡No lo fue!
—Yo iba conduciendo, Bella. ¡Yo llevaba el puto coche! ¡Claro que lo fue! ¡Tenía dos años por Dios! ¡Era un bebé! ¡Mi bebé! ¡Mi princesa!
—¡Lo sé! ¡Lo sé!
Bella le abrazó y sostuvo mientras que el continuaba llorando. Solos, durante un buen rato, ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaban allí. Pero debía ser demasiado, aun así, no le importaba. Pasarían allí la noche si era necesario.
Carlisle Cullen abrió despacio la puerta del salón y se estremeció ante la imagen de ambos abrazados. Isabella negó con la cabeza al ver las intenciones del hombre de llegar hasta ellos. Un leve asentimiento de cabeza dirigido al patriarca de los Cullen les sirvió para hacerle saber que estaba todo bien, todo controlado haciendo que se marchase y les dejase solos de nuevo.
Así permanecieron en silencio, sentados en el suelo, con Edward sentado entre sus piernas, descansando su cabeza en el regazo de ella mientras acariciaba su cabello.
La voz ronca de Edward rompió el silencio.
—Discutimos.
Isabella estuvo confundida sin saber a qué se refería, pero él continuó hablando y supo que se refería a la noche del accidente.
—Tanya y yo...
—Edward…, no es necesario que sigas. Ha sido demasiado para ti, no necesito saber más.
Y era verdad, Bella no necesitaba que le explicase nada, no en ese momento. Era demasiado para él, y se conformaba con verle bien. No quería que siguiese destrozándose de esa manera, porque si lo hacía no estaba segura de poder recomponer sus pedazos.
—Tengo que contártelo. Te mereces una explicación, una respuesta a todas las preguntas que te ha estado haciendo, quizás así, puedas entenderme mejor.
—Edward, de verdad que no…
—Las cosas entre nosotros no iban bien. —Le interrumpió para seguir contándole lo ocurrido— Ella quería irse de viaje con la niña y yo... Prácticamente la obligue a quedarse. Fuimos a cenar a casa de mis padres, discutimos durante la cena y por eso nos fuimos antes. En el viaje de vuelta perdió los nervios, quería que me detuviese en mitad de la carretera. Intentó quitarme el control del volante, forcejeamos…Cuando me di cuenta era demasiado tarde, chocamos contra el camión y ahí se acabó todo.
El cuerpo de Edward estaba allí con ella, pero su mente no. Estaba claro que había retrocedido hasta aquel trágico momento, pues sintió como con cada palabra, su cuerpo se tensaba.
—Fue un accidente, Edward.
—Para mi padre no. Me recriminó que nos fuésemos tan exaltados, discutiendo... Si lo hubiésemos hablado antes de subirnos al coche... Fui un irresponsable, él lo sabe y yo lo sé.
—¡No!, en todo caso la irresponsable fue Tanya por intentar hacerse con el volante. —Habló Bella intentando hacerle entrar en razón. No había conocido a esa mujer, ni tampoco quería hablar mal de alguien que ya no estaba en este mundo, pero era así. Fue una irresponsable al poner en riesgo la vida de los tres—. ¿Tú padre lo sabe? ¿Sabe que ella…?
Edward negó ante su pregunta.
—Deberías hablar con él... Algún día, no ahora. Contarle lo ocurrido. Os hará bien a los dos. No puedes cargar con una responsabilidad que no te pertenece. Fue ella quien se abalanzó sobre el volante, ¿Qué podías hacer tú? Reaccionaste como cualquier persona lo haría, intentaste controlar la situación, pero lamentablemente no fue así, y de eso tú no eres el culpable.
Edward escucho de boca de Isabella lo que su hermano le había repetido tantas veces.
Algún día... Algún día puede que lo hiciese. Puede, que en un futuro se atreviese a confesar la verdad. Sin embargo, había asumido el odio que su padre le profesaba como un castigo, una condena impuesta por el acto que él había creído cometer.
—Ya conoces mis miserias, Bella. Puedes salir corriendo. —Confesó buscando su mirada horrorizada, si embargo se encontró con una muy diferente, se encontró con una mirada llena de amor y comprensión.
—Aquí estoy, Edward. No me he ido, no me iré. Te quiero como eres, con tus luces y tus sombras, incluso saber lo que ahora sé me hace quererte más porque sé que eres fuerte.
—No lo soy.
—Lo eres, más de lo que piensas, pero estas herido.
—Soy un cobarde, Bella. Tenía miedo de quererte. Pero al final…No ha servido de nada porque he terminado enamorándome de ti.
Bella sintió como su cuerpo se estremecía ante sus palabras
—¿M-Me amas?
—Aún en contra de mi voluntad. —Le sonrió haciéndole saber que, aunque se lo hubiese negado a sí mismo esa era la verdad: La amaba.
—Voy a estar contigo, Edward. Vamos a estar bien. Te ayudaré a cerrar esa herida. Lo prometo. Te amo.
—¿Qué he hecho para merecerte? —Susurró acercando su frente, haciendo que su nariz rozase suavemente la de ella.
—Salvarme la vida. —Confesó sin poder ocultar la sonrisa de enamorada— En todos los sentidos, Edward, me has salvado en todos los sentidos. Vamos a la habitación ha sido un día largo y seguro que la fiesta ya habrá terminado.
Juntos se levantaron y pusieron rumbo hacia su habitación.
—Mi hermano me va a matar por arruinarle la fiesta.
—No lo creo, cuando se entere de lo ocurrido en el fondo se alegrará.
—Te quiero. —Confesó haciendo que se detuviese
Isabella sonrió y colocó su mano en el pecho de él, sintiendo como el corazón latía desbocado.
—Y yo a ti.
Sus bocas se buscaron por iniciativa propia para besarse dulce y suavemente, haciendo saber que se pertenecían, que ambos estaban ahí, el uno para el otro. Juntos, dispuestos a asimilar todo lo que acaba de ocurrir, dispuestos a luchar por su futuro. Un futuro juntos.
¡Hola! ¿Qué tal todo?
Pues aquí tenemos por fin el gran secreto, por fin sabemos que era lo que ocultaba Edward.
Espero que os haya gustado el capítulo. Algo más corto, pero intenso, sin duda.
Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.
Espero vuestros comentarios.
Nos leemos el martes en Facebook en el grupo Elite Fanfiction y su iniciativa martes de adelantos y cada viernes en el capítulo.
Ya os adelanto, que en el próximo descubriremos que fue lo que pasó esa noche.
Saludos
Nos seguimos leyendo.
