Capítulo Cuarto: La Caída de Nathaniel

Misión 2

La Puerta de los Recuerdos

[Émilienne, Graven y Zachary]

—¡¿Pero cómo es posible que cincuenta de nuestros mejores guardias eclesiásticos hayan caído frente a cuatro personas?!

Romeo estaba ya al borde del desquicie. Acababa de regresar del nombramiento como cardenal de David DiÁngelo, y lo primero que escuchaba era que la partida de búsqueda que había enviado tras la Portadora de Calamidades había fracasado estrepitosamente.

Y no solo eso, sino que ella y el Sin Nombre se habían aliado con tres desconocidos, y mientras que el Mensajero número XII había dejado al Alto Inquisidor Nimrod gravemente herido, Ergo Mundus y los tres desconocidos habían acabado con todo el escuadrón. El asesino de la Iglesia tenía la cabeza gacha, y estaba visiblemente avergonzado por el flagrante fracaso de su misión.

—Ruego me perdonéis, Ilustrísima. El Sin Nombre resultó ser demasiado poderoso, así que fui incapaz de detener a Ergo y sus acompañantes…

—¡Tonterías! —bramó el Elegido—. Es evidente que no podrías derrotar por tu cuenta a dos Mensajeros del Fin ni en tus mejores sueños, pero ese no es el problema. ¡¿Por qué había regresado el libro a manos de la Portadora?! ¡Es absurdo!

—Deduzco, mi señor —se apresuró Nimrod a responder con respeto—, que fueron sus extraños aliados quienes se lo llevaron. El posadero de una aldea cercana afirma haber visto a un joven asher hablarle a un libro que, por la descripción, encajaba más o menos con Le Grimuah. Si era el mismo que se encontraba en el campo de batalla, es poseedor además de una extraña marioneta metálica.

Romeo se desplomó sobre su asiento y, sujetando el mango de Jared Apocrytus con mano al tiempo que se acariciaba la barbilla con la otra, se puso a reflexionar, no sin cierto nervio.

—Le Grimuah y una marioneta… ¿Estará ese chico relacionado de algún modo con el Arcane?

—Le acompañaban, además, una hechicera pelirroja y un arquero. Juraría que la chica empleó magia oscura, y que el muchacho era una suerte de usuario del Ki, mi señor.

—En otras palabras, una bruja, un ser inhumano, y un joven aparentemente normal pero poseedor de poderosos artefactos.

Nimrod asintió, y le ofreció a su superior tres pergaminos.

—Les he descrito ante un pintor para poder facilitarle sus imágenes.

Exxet las contempló una tras otra: una joven pelirroja de increíble belleza, una figura de infarto y un gesto ligeramente malicioso en sus ojos escarlatas; un arquero de aspecto sobrio, vestido para el combate y de ojos apagados y sombríos; y un chico de cabello negro y barba, vestido con una cota de cuero.

Al ver al último, Exxet pareció tener una revelación.

—Nimrod, haz llamar a Pascal Reinhauer a mi presencia y vete a descansar y recuperarte de tus heridas. Creo que va a tener algo que explicarme.