Nota de Autora: Me disculpo por el retraso menor, pero anoche ya llegué muy tarde a mi casa y apenas tuve tiempo de corregir éste episodio. El próximo vendrá sin falta para el veintinueve de éste mes.

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Capítulo LXXVII: Resignación.

— ¡Ahhh, Sa-Sasuke-kun...! — gimió Sakura.

La ninfa sintió cómo el enorme pene de su amado Sasuke-kun ingresaba por su ano, de un sólo movimiento, y pronto el glande de su novio abrió deliciosamente sus paredes rectales, hasta que el enorme pene de Sasuke ingresó muy profundo dentro de su colon sigmoide, de modo que el glande del pene de Sasuke llegó al colon descendiente de Sakura. La pelirrosa soltó un intenso pujido de placer cuando sintió el enorme pene de su amado Sasuke-kun completamente dentro de su recto y cuando Sasuke embistió como loco dentro del ano de ella, sacándole varios gemidos y pujidos de tremendo placer a la princesa de las hadas. La vagina de Sakura, por otro lado, estaba escurriendo del espeso semen que su amado Sasuke-kun había depositado justo hace unos segundos, antes de que Sasuke ahora estuviese cogiéndosela analmente a la princesa de las hadas.

Sakura estaba sentada sobre su amado pelinegro, mientras montaba analmente el colosal pene de su amado Sasuke-kun. Sabrá Dios cómo es que le cupo todo el monstruoso pene de Sasuke dentro, pero vaya que podía sentir cómo la ancha y grande cabeza de la verga de su novio taladraba su camino a través de su pequeño, húmedo y sumamente apretado recto, profundizando hasta su colon. Las manos de la ninfa estaban entrelazadas con las de su amado Sasuke y la chica simplemente se dedicaba a disfrutar las increíbles estocadas que el pene de su amado Sasu-chan le daba en su ano, pues el moreno movía sus caderas para embestir a su pequeña y hacía gala de su fuerza para no solamente embestir a su novia, sino para hacer que el cuerpo de la ninfa se levantara con el movimiento.

— Ahhh... Sa-Sasu-chan... e-espera... — gimió Sakura, con su rostro sumamente sonrosado y su mirada entrecerrada en un gesto de inocencia y timidez — P-Por favor... tenemos que ir con... ahhh... c-con mamá para que te revise... ¡Ahhh!

Una profunda estocada del colosal pene de Sasuke dentro del recto de la ninfa la hizo retorcerse de placer, además de que arqueó lo más que pudo su espalda, levantando su cabeza a lo alto al mismo tiempo.

— Éso puede esperar, Cerezo — gruñó ronco el pelinegro, continuando con sus embestidas a la princesa hada — Además de todo, aún es muy temprano.

— P-Pero no has desayunado n-nada, Sa-Sasuke-kun... — argumentó Sakura, apenas pudiendo contener la excitación de sentir el enorme pene de su novio, dentro de su cavidad rectal — P-Por fa... ¡ahhh, Sasuke-kun!

De nuevo, Sasuke la calló con otra profunda y fuerte embestida dentro de su ano, casi al grado de partir en dos a la pobre princesa hada. Sasuke no la había dejado descansar un sólo momento a la joven ninfa y desde el día de ayer se la había pasado haciéndole el amor a su pequeña flor de cerezo, cuando se supone que el azabache estaba "enfermo", si de ése modo se le puede llamar a la intoxicación leve por radiación, y aún cuando Sasuke había recibido una cantidad suficiente de medicinas anti-radiación como para dejar inconsciente a un elefante. Lo más curioso del caso es que, pese a que el moreno apenas y había dormido, Sasuke no tenía signos de agotamiento, a pesar de que se la había pasado cogiendo a su novia toda la noche en el exoplaneta más distante de Prime, donde se hallaban Sasuke, Sakura y su madre.

Era una suerte para Sakura que, en su estado como hada, no necesitase dormir como tal, aunque sí que se sentía algo cansada con tanta actividad sexual.

— Sa-Sasuke-kun... n-no... detente... — suplicaba excitada Sakura, aunque su cuerpo y su subconsciente la traicionaban, dado que ella quizá disfrutaba del acto carnal con su novio, más de lo que Sasuke lo hacía.

Sasuke ahora llevó sus grandes manos a los pequeños senos de su Cerezo, los apretó y amasó como almohadas, además de ocasionalmente pellizcar y estirar los pezones rosa pálido de la hada, sacándole cada vez más gemidos a Sakura. La ninfa, a su vez, llevó sus pequeñas manos a las de su novio y apretó suavemente las grandes manos de su amado, entretanto que Sasuke continuaba amasando firmemente sus pequeños senos.

— ¿Por qué? Tú no quieres que me detenga, princesa — enunció arrogante Sasuke, además de sonreír como sólo él sabía hacerlo — Además de todo, tu deber es complacerme sexualmente, pequeña — agregó seductor el azabache, con aquel tono de voz que desarmaba fácilmente a Sakura — Tú eres mi juguete sexual y mi depósito de semen personal.

Y he ahí, como siempre, de nuevo las mismas palabras sucias que Sasuke usaba cuando le hacía el amor a Sakura. La ninfa tenía dos opiniones, con respecto a las sucias palabras de su novio. Por un lado, Sakura odiaba que su amado Sasuke-kun ocasionalmente rompiese el encanto de hacer el amor, como ella siempre decía que hacía cuando estaba con su amado en la cama, pues la ninfa pelirrosada prefería que su amado le hiciese el amor con palabras dulces y románticas. Por otro lado, a Sakura le calentaba enormemente el fantasear que ella era la esclava sexual de su Sasuke-kun, por lo que siempre terminaba rindiéndose ante aquella personalidad arrogante de semental macho alfa de Sasuke, dejando que su novio se refiriese a ella como un "depósito de semen personal", o en ocasiones su "balde de semen", para él. Al fin y al cabo, Sakura sabía que Sasuke realmente la amaba y aquello era únicamente un juego sexual que compartían en la intimidad y únicamente era en ocasiones, por supuesto.

— Dilo, Sakura — habló de nuevo Sasuke — Dí cuál es tu razón de existir. Dí para qué viniste al mundo.

Sakura sabía perfectamente a qué se refería su amado. Y como siempre sucedía, al menos cuando ocasionalmente Sasuke decidía sacar a su semental alfa, Sakura terminaba diciendo exactamente las palabras que su amado Sasuke-kun quería oír.

— Y-Yo nací para ser tu juguete sexual, Sa-Sasuke-kun... — articuló con gran dificultad la princesa de las hadas, pues el pene de su novio, que aún embestía dentro de su ano, le complicaba el hablar — M-Mi único propósito en la vida e-es complacerte sexualmente, Sasuke-kun... Y-Yo únicamente existo p-para satisfacer tus deseos carnales... ¡Ahhh...!

— Buena chica — dijo ronco Sasuke, aumentando la velocidad de las embestidas de su verga, dentro del recto de Sakura, así como amasaba con más ímpetu los senos de su niña — Y ahora, por ser una buena chica, voy a cogerte como tanto te gusta.

Sasuke tensó un poco su mirada y de pronto comenzó a mover sus caderas como loco, haciendo que sus enormes y peludos testículos chocaran contra las respingonas nalgas de Sakura y que aquel sonido de "flap" "flap" resonara en la habitación.

— ¡Ahhh, Sa-Sasuke-kun...! — gritó como loca Sakura, al ser sometida al la terrible tortura del placer sexual que le provocaba su amado Sasuke-kun.

— Éso es, hermosa, grita el nombre de tu amo. Grita con fuerza el nombre de tu hombre — ordenó Sasuke, penetrando a Sakura analmente con increíble velocidad y profundidad — Mi nombre es el único nombre que puede salir de tus labios ahora mismo, Cerezo. Tu vagina y tu ano fueron hechos para que mi verga se los coja. Tú estas hecha a la medida de mi enorme pene, Cerezo. Nunca lo olvides.

— S-Sí, Sasu-chan... yo estoy hecha únicamente para ti... — secundó Sakura, totalmente perdida en el terrible placer sexual al que era sometida — Mi cuerpo es tuyo... tuyo y de nadie más... Tú eres el único hombre que tiene derecho a verme desnuda, a tocarme y a hacerme el amor... Nadie más tiene aquel derecho, mas que tú...

— Así es, Cerezo. Tú eres mía y de nadie más — aseveró excitado y orgulloso Sasuke, sin dejar de embestir como loco dentro del recto de Sakura — Ni siquiera tú misma te perteneces. Tu cuerpo es sólo mío y solamente yo tengo derecho a cogerte. Cada que yo quiera, en el momento que yo quiera y como a mí me dé la gana, yo tengo derecho a cogerte, Sakura. Tu deber es abrir las piernas y recibir mi verga y mi semen dentro de tu vagina y tu ano, ¿no es así?

Oh, Dios, aquellas sucias palabras habían excitado enormemente a Sakura. Pese a que jamás lo iba a admitir Sakura, a la ninfa le encantaba cuando Sasuke la trataba como un objeto sexual y como una puta en la cama. No era que ella fuese una auténtica mujerzuela y zorra, pues todo mundo y sus antepasados sabían que la princesa hada era una auténtica damita, pero Sasuke siempre hacía que se excitara como una auténtica loba en celo y que se sometiera al poderoso libido de él. Realmente Sasuke no mentía cuando decía que él era un auténtico Uchiha, un verdadero semental macho alfa. Sasuke podía dominar y someter completamente a una ninfa como ella, cuando se supone las ninfas eran seductoras naturales de hombres y que ninguno podía resistirse a sus encantos. Sasuke no solamente podía "resistir", no realmente de hecho, los encantos de Sakura, sino que el encanto sexual natural de Uchiha hacía que Sasuke pudiese someter incluso a una "encantadora de hombres" como Sakura.

La realidad era que Sakura nunca antes había tenido ni aún la más mínima experiencia sexual con otro ser que no fuese Sasuke Uchiha. No solamente Sasuke ha sido el único hombre de la vida de Sakura, sino que Sasuke ha sido el único hombre en ver desnuda a la ninfa, el único en besarla, el único en acariciarla, además de ser el único en explorar lugares tan recónditos del cuerpo de ella que ni Sakura misma conocía, sino que Sasuke es el hombre que tomó su virginidad vaginal y anal, prácticamente toda su virginidad, además de que Sasuke ha sido el único hombre con el que Sakura ha hecho el amor y el único hombre al que Sakura permitiría que le hiciese el amor. Sasuke es el único hombre que tuvo el honor de tomar la inocencia de Sakura y de desgarrar su himen, encima de que Sasuke es el único hombre con el que la princesa hada ha tenido sexo y con el único hombre con el cual lo tendría, porque Sasuke es el único hombre al que ha amado y al único que le ha dado derecho de que le haga el amor.

Ahora que lo razonaba, Sakura realmente le pertenecía a Sasuke. Tal y como dijo su amado pelinegro: ni ella misma se pertenecía más. Sasuke era el dueño de su alma, su corazón y de su hermoso cuerpo albino. Y a ella le fascinaba aquella idea.

— Sí, Sasuke-kun... — finalmente respondió Sakura, tras recibir de nuevo unas fuertes estocadas del colosal pene de su amado — Soy solamente tuya... nadie más tiene derecho a mi cuerpo, sino tú... Mi virginidad fue tuya y ningún otro hombre me ha tocado antes que tú... — reafirmó lo obvio la chica, pero a Sasuke le alimentaba el ego el escuchar a cada momento que él es el único que le ha hecho el amor a la hermosa princesa hada — Tú eres el dueño de mi amor y de mi cuerpo... Todo mi ser te pertenece...

Sasuke sonrió torcido y siguió embistiendo como loco en el ano de Sakura, por lo que escuchaba cómo la ninfa pujaba de infinito placer y veía cómo se retorcía de la terrible tortura de excitación a la que Sasuke sometía a su niña.

— Sí, Cerezo, eres solamente mía... y de nadie más — ratificó totalmente excitado Sasuke, poniendo aún más ímpetu en embestir con su gigantesca verga dentro del ano de la princesa de las hadas y amasando pasionalmente los senos de Sakura, con sus grandes manos.

Sakura se mordió el labio inferior, apretó sus pequeñas manos sobre las grandes de su amado, soltó un gemido sumamente erótico y arqueó su pequeña y delicada espalda como una cuchara, cuando sintió cómo el glande del pene de su novio se frotaba contra su colon. Era un verdadero milagro que semejante monstruo de verga cupiese dentro de su pequeño ano, pues nadie tenía treinta centímetros de verga como Sasuke, o al menos aquello deducía Sakura. La ninfa era como una niña en el área sexual, dado que apenas conocía sobre penes por haber leído en libros de anatomía humana y al haber estudiado medicina con Shizune y su difunta maestra, Tsunade. Aquella inocencia de la princesa hada jugaba a favor de Sasuke, por supuesto.

¿Qué era lo que Sakura y Sasuke debían estar haciendo en aquel momento? Se preguntó Sakura en su mente. Tenía la certeza de que tenía que ver algo con visitar a su madre, en su cabaña, en algo relacionado con un examen médico para Sasuke, o algo por el estilo. En cualquier caso, ahora mismo la princesa hada no tenía cabeza alguna como para estar pensando en otra cosa que no fuese el disfrutar de las increíbles penetraciones que la verga de su amado Sasuke-kun le daba dentro de su diminuto ano, el cual estaba tan lubricado que el pene de Sasuke resbalaba fácilmente, en un mete y saca que volvía loca a la ninfa de cerezos. Cada embestida llenaba a Sakura con aquel monstruo de verga, hasta que Sasuke hundía enteramente su pene dentro de ella y frotaba su cabezón glande con las paredes del pequeño colon de Sakura, donde sabrá Dios cómo es que cabía el monstruo de pene que tenía Sasuke.

Desgraciadamente, para Sakura, tantas caricias en sus senos y las profundas, frenéticas y fuertes embestidas dentro de su ano fueron demasiado para el pequeño y sensible cuerpo de la princesa de las hadas, por lo que la ninfa sintió cómo un nuevo orgasmo, de tantos que le produjo Sasuke desde que ambos despertaron tras una noche de pasión sexual, se formaba en su suave y delicado cuerpo, anunciando que no podría resistir más tiempo las increíblemente deliciosas penetraciones que su amado Sasuke-kun le daba dentro de su recto. Sakura se retorció aún más de placer, al sentir cómo sus paredes rectales se comprimían fuertemente contra la verga de su Sasuke-kun, dado que aquello únicamente le hizo sentir más intenso las embestidas que su novio le daba.

— ¡Ahhh, Sa-Sasuke-kun...! — gritó Sakura, con todas sus fuerzas, al sentir cómo su orgasmo finalmente había llegado.

Sakura explotó en un potente éxtasis, por lo que expulsó pronto sus fluidos vaginales que se mezclaron con el abundante semen que Sasuke depositó dentro de su útero y vagina, así que de la vagina de la ninfa salió una mezcla de esperma y jugos vaginales, embarrando a Sasuke con aquella sucia y erótica mezcla de fluidos genitales. Entretanto, Sakura apretó con todas sus fuerzas las manos de su novio, las cuales aún continuaron amasando sus pequeños senos, y echó para atrás su cabeza, además de que su espalda se curvó al máximo, todo gracias al poderoso orgasmo que su cuerpo recibió.

Al sentir cómo las paredes del ano de Sakura le estrujaron con tanta fuerza, Sasuke igualmente gruñó el nombre de Sakura y también llegó a su propio orgasmo. Tal y como lo hizo en la pequeña y empapada vagina de su Cerezo, Sasuke eyaculó industriales cantidades de semen dentro del apretado y diminuto recto de Sakura, llenando a la ninfa con su espeso y cálido esperma. Como de costumbre, Sakura gimió con cada chorro de semen que era disparado dentro de su recto y soltaba sollozos y lágrimas de placer al sentir el golpe de los disparos del semen de Sasuke dentro de su ano. Igualmente, la saliva de Sakura escurrió desde la comisura de sus labios y pronto cayó en su pecho, pues aún estaba con su cabeza levantada a lo alto, todo ello mientras Sakura continuaba recibiendo el espeso y cálido semen de su amado Sasuke-kun dentro de su recto, aunque, predeciblemente, la ninfa falló en almacenar debidamente todo ése semen y el esperma de Sasuke terminó escurriéndose como un torrente del esfínter rectal de la princesa hada, embalsamando a la vez la verga de su amado pelinegro.

Tras cerca de dos minutos, finalmente Sasuke terminó de eyacular todo su semen dentro del pequeño ano de Sakura, por lo que la ninfa colapsó pesadamente sobre el fuerte cuerpo de su amado Sasuke-kun. El moreno abrazó a su pequeña flor de cerezo por la cintura, la levantó de las nalgas, hasta que el rostro de Sakura quedara a la misma altura del suyo, y besó con amor a su Cerezo. Entretanto, las grandes manos de Sasuke acariciaron suavemente las preciosas nalgas de la ninfa y las apretaron un poco, dejándole algunas marcas de sus dedos cuando las apretó con un poco de fuerza, debido a la albina piel de Sakura. Si había algo que a Sasuke le fascinaba de Sakura eran sus perfectas nalgas de burbuja y con forma de corazón. Sasuke juraba que jamás en su vida había visto un trasero tan perfecto como el de su niña.

Sasuke besó durante aproximadamente unos diez minutos los dulces y carnosos labios de su amada flor de cerezo, mientras continuaba masajeando y apretando sus nalgas, haciendo que Sakura gimiera contra sus labios. La princesa hada apenas y se limitaba en acariciar con todo su amor el cabello de su novio, pues ni aún en los momentos en que se amaban con tiernos besos y caricias Sasuke la dejaba "dominarlo". En serio que Sakura hacía un pésimo papel de "seductora innata de hombres", como se supone que era naturalmente una ninfa, y la verdad era que ni le importaba a Sakura. Siempre estaría dispuesta a hacer el amor con su querido Sasuke-kun y que Sasuke la dominara cual macho alfa a su hembra.

— Dios, Cerezo... eres tan hermosa — enunció ronco y embelesado Sasuke, besando y succionando levemente el labio inferior de Sakura, arrancándole otro gemido a su niña.

— Sasuke-kun... — musitó con dulzura la princesa hada, clavando sus hermosas esmeraldas, brillantes de amor, en las obsidianas de Sasuke.

— Espero que estés lista para la próxima ronda, Cerezo. Aún tengo mucho semen para llenarte, princesa — dijo seductor el azabache.

Justo cuando Sasuke estuvo a punto de embestir el ano de Sakura, de nuevo, la ninfa reaccionó y se apartó de su novio, aunque en realidad se sentó sobre la cadera de su amado, aún con el enorme pene de su Sasuke-kun dentro de su recto.

— ¡No, Sasuke-kun! ¡Quedamos de que iríamos a ver a mi mamá para que te examinara! — le regañó la pelirrosa, frunciendo levemente el ceño — Se supone que deberíamos habernos visto con ella hace quince minutos. Mamá es muy estricta y seguramente se va a enojar mucho por dejarla esperando. Ella odia cuando alguien es incumplido.

Sasuke se encogió de hombros y sonrió torcido, jugando con la paciencia de Sakura.

— Meh, ¿qué importa? No se va a acabar el mundo porque espere un par de horas más, en lo que termino de cogerte, pequeña — enunció arrogante el moreno, haciendo enojar aún más a Sakura.

La ninfa suspiró para calmarse. Se había prometido que nunca más le iba a gritar a su novio y aún menos agredirlo físicamente, pero el azabache se la estaba poniendo realmente difícil, jugando con su temperamento. Sakura clavó sus molestas esmeraldas en los ojos de su amado y lo tomó por los hombros, aunque lo hizo más para detener a Sasuke, ya que el moreno estaba más que dispuesto a volverle a hacer el amor.

— ¡No, Sasuke-kun! ¡Iremos con mi madre y punto final! — aseveró Sakura, fulminando con su mirada a su novio — Y si no me haces caso, no te dejaré tocarme por al menos un mes, ¿te quedó claro?

Sasuke resopló molesto, por la actitud de Sakura, y empujó levemente a la ninfa, aunque no con la suficiente fuerza como para lastimarla o para propiamente ser agresivo con la chica, sino únicamente queriéndole hacer saber a Sakura que estaba enojado.

— ¡Bien, de acuerdo! — siseó el azabache — Diablos, cómo te encanta torturarme.

Sakura ya se esperaba aquella reacción de su novio y de inmediato el enojo desapareció de su ser, como si Sasuke hubiese extinguido completamente una hoguera y hubiese sofocado el fuego. La ninfa tomó del rostro a su novio y lo besó levemente, igualmente calmándolo.

— Sasuke-kun, en serio, tenemos que ver a mamá — repitió Sakura, ya calmada y acariciando la barba de su novio — Es por tu bienestar y salud, bebé. No quiero que te enfermes gravemente y que te mueras de leucemia, todo por un descuido, ¿de acuerdo?

Y un nuevo beso en los labios de Sasuke calmó al Uchiha. Sasuke finalmente se pasó una mano por su cabello espeso y suspiró en resignación. Cuando Sakura actuaba dulcemente, al Uchiha se le hacía sumamente difícil el resistirse a los encantos de la princesa de las hadas. Sin querer hacerlo, Sakura fácilmente pudo "dominar" a su amado con su encanto natural de hada. Quizá no hacía tan mal trabajo representando a la especie Nympha, después de todo, simplemente necesitaba hallar el momento adecuado para "dominar" a su hombre.

— Está bien, Sakura, iremos con Kaguya — dio su consentimiento el azabache.

Sakura sonrió hermosamente y volvió a besar los labios de su novio.

— Vamos, Sasuke-kun, mamá se va a enojar mucho si es que nos tardamos más de la cuenta — finalizó la chica, incorporándose de la cama y sentándose a la orilla.

Apenas Sakura colocó sus pequeños pies en el suelo, la ninfa miró que aún seguía escurriendo del semen de su amado Sasuke-kun, por lo que se sonrojó fuertemente y cerró de inmediato sus piernas, colocando en el medio de sus muslos sus manos. La pelirrosa caminó al pequeño baño que compartían su novio y ella y extrajo un poco de agua caliente de una pequeña caldera que la calentaba desde el exterior. Igualmente, la ninfa tomó una franela de algodón y se decidió a darse un enjuague de sus partes íntimas para limpiar el semen de su amado Sasuke-kun de su vagina y de su ano. Antes de ello, sin embargo, Sakura tomó dos pequeños frascos de una repisa y guardó un poco del semen de su Sasuke-kun, tal y como su madre se lo había ordenado. Sakura escurrió de su ano una impresionante cantidad de semen y lo depositó en el interior de los pequeños frascos, abochornándose de tan sólo pensar que el semen de Sasuke salía de ella en un grueso torrente.

Al cabo de unos quince minutos, Sakura finalmente se había limpiado todo el exceso de semen que salía de su vagina y ano, por lo que ahora se dedicó a secarse los restos del agua de su entrepierna y trasero. Para entonces, Sasuke igualmente se había limpiado el semen que embalsamó su pene, el cual a su vez había salido del ano de Sakura, de modo que el azabache se colocó tanto su remera junto con su suéter de algodón café oscuro y dejó su poncho al lado de la cama. Sasuke vio cómo Sakura salió del pequeño baño que compartían y se aproximaba a la cama donde Sasuke estaba sentado, colocándose sus botas pesadas.

La ninfa extrajo de un pequeño buró un par de bragas de algodón y un sujetador, ambos de encaje y tonalidad del cabello de la ninfa, y después se acercó a la cama, sin sentarse en la misma. Justo cuando Sakura estaba a punto de colocarse sus panties y su sujetador, la pelirrosa sintió cómo su amado Sasuke-kun la tomaba por su pequeña cintura y le dio un beso en su pequeña espalda. La ojiesmeralda respingó un poco y ahogó un gritillo cuando las grandes manos de su novio apretaron suavemente sus senos, pero la ninfa reaccionó y apartó las traviesas manos del Uchiha de su cuerpo.

— Sasuke-kun... por favor... basta... — suplicó la pelirrosa — Mamá se va a enojar mucho si nos tardamos más.

Sasuke besó de nuevo su espalda y asintió.

— Déjame vestirte, Cerezo — pidió el moreno, a la vez que acariciaba las suaves y perfectas piernas de Sakura, sonrojando a la ninfa.

Sakura abrió sus ojos desmesuradamente y se abochornó fuertemente, cuando su novio le pidió que lo dejara vestirla. No era que Sakura no le agradara la idea, ni era la primera vez que Sasuke la desnudaba o la manoseaba como a ella tanto le gustaba, pero el tan sólo imaginarse que su amado la vestiría como una muñeca le hizo que el corazón de Sakura se agitara y se acelerara casi a un ritmo frenético.

— E-Esto... yo... — tartamudeó Sakura, viendo cómo Sasuke tomaba las bragas y sujetador de ella en sus manos.

— Vamos, Cerezo, tan sólo déjame vestirte por ésta vez — pidió de nuevo Sasuke.

Sin dejarle responder a la ninfa, Sasuke tomó el sujetador de Sakura, rodeó el pequeño cuerpo por el frente y colocó el mismo sujetador encima de los senos pequeños, pero hermosos, de Sakura. Sasuke abrochó el sujetador por detrás y después llevó sus manos a los senos de Sakura, ya cubiertos por el sostén de la ninfa, a los cuales amasó pasional y suavemente, por lo que luego Sasuke se incorporó de su asiento para después besar amorosamente a la dulce princesa de las hadas. Sakura correspondió el dulce beso de su amado, apretando con sus pequeñas manos las de su novio, las cuales a su vez estaban encima de sus senos, acariciándolos con ternura, y besó con infinito amor los labios de su Sasuke-kun.

Tras haberle colocado el sujetado, Sasuke se agachó lentamente, besando constantemente la suave piel albina de Sakura, y quedó sentado en el suelo con las piernas flexionadas. El moreno levantó el pie derecho de Sakura, ingresó el mismo en el orificio diestro de las bragas de Sakura e hizo lo mismo con la otra. En seguida, Sasuke subió lentamente las pequeñas bragas de algodón de la ninfa, pero se detuvo a mitad de los preciosos muslos de Sakura, dejando perpleja a la chica. Cuando Sakura estuvo a punto de mirar a su novio, sintió cómo las manos de Sasuke abrieron sus nalgas y cómo la nariz del moreno se pegaba a su recto.

— Hmm... tu anito huele delicioso — habló ronco Sasuke, haciéndole saber a la ninfa que de nuevo se había excitado.

— E-Espera... ¿qué vas a...? ¡Kyaaa!

Sakura sintió cómo la lengua de su amado Sasuke-kun ingresó a su ano y comenzó a lamer en círculos su esfínter rectal y sus paredes anales, además de que la lengua de su amado lubricó perfectamente su ano. Sakura gimió ahogadamente cuando Sasuke succionó su pequeño recto, estirando levemente su esfínter anal con su boca, y se retorció de lo delicioso que sentía la lengua de su Sasuke-kun lamiéndole su recto. Sasuke se aferró a las piernas de Sakura y enterró completamente su rostro entre las nalgas de la ninfa, prácticamente devorando el ano de la princesa de las hadas. En definitiva, a Sasuke le fascinaba el trasero de su niña y le encantaba saborear el delicioso ano color rosa pálido de su niña, al cual a Sasuke le encantaba lubricarlo con su saliva y lengua, o llenarlo con su espeso semen.

Justo cuando Sasuke se extrajo su pene de su pantalón y se incorporó para penetrar a Sakura, la princesa de las hadas detuvo de inmediato a su amado Sasuke-kun, justo cuando el pelinegro había colocado la punta de su pene contra el recto de ella.

— Sasuke-kun... por favor... ya es suficiente. Mamá nos espera — recordó la ninfa, haciendo que Sasuke encogiese los hombros.

— Bien, bien. Será como tú digas, Cerezo — se resignó Sasuke, finalmente acomodándole las bragas a su novia.

El azabache tomó el vestido que Sakura igualmente extrajo de un ropero y se lo colocó a Sakura, cumpliendo con su cometido de vestir como a una muñeca a la princesa de las hadas. Tras ello, Sasuke abrazó a la ninfa y la besó una última vez con un beso suave y pasional que Sakura correspondió gustosa. Después del largo beso, Sasuke le colocó una túnica blanca a la ninfa, hecha igualmente de algodón, y después la tomó de la mano, para finalmente dirigirse a la cabaña donde la madre de su amada, o su suegra en el caso de Sasuke, les estaba esperando desde hace más de veinte minutos.

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Karin había sido llamada por Kakashi y Shizune por ello de las seis de la mañana, en Próxima Centauri b por supuesto, por lo que actualmente se encaminaba a la carpa principal donde estaba Kakashi dirigiendo el campamento. Naruto acompañaba a la pelirroja a la tienda de campaña principal, aunque mantenía una distancia prudente de ella. Karin le había pedido que, al menos en público, mantuviesen un perfil bajo, pues la pelirroja aún no se sentía con el valor suficiente como para confrontar a la sociedad y decirles que ambos estaban teniendo una relación incestuosa. Quizá Karin amaba tanto al rubio y estaría dispuesta a amarlo aún bajo la demonización y crítica de la sociedad, pero era demasiado reciente después de lo que había pasado con Magnus Chaos, así que Karin aún presentía que era demasiado temprano como para anunciar abiertamente que amaba a su hermano.

Tras una corta caminata de unos cinco minutos, Karin finalmente llegó a la carpa donde estaba el "centro de comando" de Próxima b. Kakashi se hallaba analizando unos datos provenientes de un equipo de hadas cosmólogas que analizaron la constelación Cygnus a detalle, proveyéndole al equipo de Kakashi con la información necesaria para realizar una expedición cuanto antes a Kepler-22b. Recién Kakashi obtuvo informes de que Tenten y Neji por fin dieron con el Templo del Olvido en Luyten b, el cual conecta directamente mediante una dilatación espacio/tiempo, en forma de una singularidad gravitacional, con Kepler-22b. La cuestión era que necesitaban de una hada para activar el portal dentro del templo, ya que estaba enclaustrado con una especie de sello mágico que era imposible descifrarlo sin la ayuda de una hada especialista en hechizos de sellado. Karin, de hecho, no comprendía para qué la necesitaban, pues ella no era un hada o un ser mágico como tal.

Eventualmente, Kakashi miró cómo una sombra se asomaba por la entrada de su carpa, dos en concreto con Naruto Uzumaki, y por ello dejó de lado los análisis que le habían sido entregado por el equipo científico, para encarar a los Uzumaki. Kakashi veía algo extraños a la pelirroja y al rubio, pero no le prestó demasiada atención, pues imaginaba que aquella incomodidad se debía a que ambos chicos aún no se hacían a la idea de que estaban emparentados sanguíneamente. Incluso a Kakashi se le hacía extremadamente inédito el imaginarse que aquel par alguna vez sostuvieron una relación amorosa, digna de dos amantes, y que habían pecado ante los ojos de la sociedad. En todo caso, el resolver aquel problema le correspondía a Karin y Naruto y a nadie más, encima de que Kakashi no le importaban mucho los temas sobre moralidad amorosa.

— Señorita Uzumaki, joven Uzumaki — les saludó con la firmeza de un rey el peliplata.

Karin hizo una reverencia respetuosa, entretanto que Naruto simplemente se mantuvo estoico, apenas asintiendo con su cabeza.

— Sir Kakashi, me ha mandado a llamar, ¿cierto? — inquirió con amabilidad la pelirroja.

El peliplata asintió.

— En efecto, señorita Karin, tengo una misión importante para usted — explicó el Paladín.

— Comprendo, ¿de qué se trata? — preguntó de vuelta Karin.

— Resulta que, el día de ayer, recibimos un informe de parte de Tenten y el joven Hyūga, quienes actualmente están ubicados en Luyten b, de que por fin lograron hallar en Santuario del Olvido en aquel exoplaneta — inició con su explicación el rey — De acuerdo a lo que nos informó Tenten, el templo tiene un portal en su interior que conecta con Kepler-22b, mediante una singularidad espaciotemporal, el cual es necesario activarlo mediante el uso de conjuros mágicos. Actualmente, el portal parece estar sellado por un hechizo similar a los vistos el el tarot.

— De acuerdo, pero, ¿qué tiene que ver conmigo? Yo no poseo habilidades mágicas ni de conjuros de sellado — refirió Karin, remarcando lo obvio — ¿No sería más propicio el enviar una de las tantas hadas especializadas en conjuros?

Kakashi asintió.

— En efecto. Tu deber será escoltar a dicha hada a Luyten b y funcionar como apoyo para Neji Hyūga y Tenten Zhang — explicó Kakashi, aclarando las dudas de la Uzumaki.

— Oh, ya veo — dijo la pelirroja, finalmente comprendiendo cuál era su objetivo — Y, ¿a quién debo escoltar?

Justo cuando Karin terminó de hablar, se escucharon los pasos de una persona ingresar progresivamente a la tienda de campaña donde Kakashi y Shizune se hallaban.

— Lady Shizune — mencionó aquella voz, haciendo que se tensara Karin — ¿Me mandó a llamar?

Girándose levemente a su costado, Karin se encontró con Ino Yamanaka. Del mismo modo que ella, sin poder ocultar su asombro, Ino abrió levemente los ojos a ver a la pelirroja, quien a su vez estaba al lado de Naruto. Los recuerdos de aquel día en que Ino se revolcó con Naruto volvieron a la memoria de la Uzumaki, por lo que no pudo evitar tensarse al tan sólo ver la mirada ojiceleste de la ninfa más bella en existencia. Naruto se sintió sumamente incómodo al tener a Ino frente a él, sobretodo porque ayer apenas recién se había reconciliado con su amada pelirroja, y lo menos que esperaba era una escena entre ambas chicas, lo cual bien podría escalar a una violenta pelea entre ambas chicas, donde Karin fácilmente abrumaría a Ino, dada su mayor habilidad en combate cuerpo a cuerpo, e incluso podría llegar a matarla.

Afortunadamente, para Naruto, a pesar de que se sentía incómoda, Karin no pretendía armar una escena de celos y mucho menos ponerse a pelear. No es que no tuviese ganas de al menos insultar a Ino Yamanaka, por su acción imprudencial, sino que armar una escena enfrente de Kakashi y Shizune, los dos líderes de facto de Próxima b, al menos en ausencia de Sasuke, Sakura y Kaguya, sería incluso más humillante y degradante para Karin que propiamente para Ino. En cualquier otro caso, Karin prefería que, sin el algún dado momento, debía aclarar las cosas con Ino, deberían hacerlo en privado y con la cabeza fría. No sería para nada fácil, pero Karin sabía que eventualmente el día llegaría en el cual debían tener una charla seria.

— En efecto, Ino — respondió al fin Shizune, sacando a la ninfa y a la pelirroja de sus pensamientos — Tenemos una misión para ti y para Karin-san.

Y si antes ambas estaban tensas, ahora los ligamentos de las chicas bien podrían compararse a la dureza de un diamante. El tan sólo pensar que estarían juntas, como equipo, en una misión a un planeta a casi diez años luz de donde actualmente se ubicaban, durante sabrá Dios cuánto tiempo, definitivamente les hacía a ambas estresarse ampliamente, especialmente a Karin. La realidad es que ninguna había vuelto a verse desde aquel entonces y mantenían una distancia prudente cuando apenas llegaban a encontrarse dentro de una misma área, además de que nadie más que los Uzumaki y la Yamanaka supieron del incidente en que Naruto, fuera de sí mismo y confundido, tuvo acto carnal con la bella hada de cabellos rubios.

Para acabarla de fastidiar, resulta que Ino acompañaría a Karin a un exoplaneta abandonado, donde alguna vez en la antigüedad existió una civilización primitiva. De acuerdo a lo que informó un equipo de hadas cosmólogas, Chaos no había atacado el exoplaneta, pues no había ninguna civilización en la misma desde hace más de dos mil millones de años, así que no había mayor peligro de que Onikage se presentara en el abandonado y extinto planeta.

— ¿Una misión? — preguntó Ino, ignorando por completo la incomodidad que le producía estar en presencia de Karin y del chico con el que tuvo sexo, más por impulso que por decisión propia.

— Así es. Como seguramente ya has escuchado del equipo de cosmólogas, existe un planeta de características similares* al planeta donde nosotros provenimos, Terra, el cual es llamado Kepler-22b por la comunidad científica — refirió Shizune, aunque seguramente Ino ya sabía de aquel exoplaneta, pues ella y Sakura estudiaron juntas cosmología — De acuerdo a los análisis recientes del equipo de hadas astrofísicas y cosmólogas, Kepler-22b se encuentra en la zona de habitabilidad óptima y donde las condiciones climáticas y de temperatura son las ideales para albergar vida biológica similar a la nuestra.

— Kepler-22b... — enunció por lo bajo Ino, sosteniéndose el mentón con su mano — ¿No acaso es aquel planeta ubicado en la constelación del Cisne, o Cygnus, a casi seiscientos treinta y cinco años luz desde Próxima Centauri-B?

Shizune asintió, asombrando tanto a Karin como a Naruto.

— Correcto. Es un planeta que se estima contiene dos veces la masa de Terra en agua, en forma líquida — complementó la hada morena — Su temperatura media es de veintidós grados centígrados, con una período orbital de casi doscientos noventa días. Aún no tenemos detalles de su composición atmosférica, de su gravedad, densidad y presión atmosférica promedio, al igual que de su período de rotación, aunque creemos que es casi idéntico al de Terra y con las condiciones necesarias par hacerlo habitable.

Shizune se levantó de su asiento y se encaminó a un pequeño gabinete, hecho de madera, y extrajo un extraño planisferio que mostraba las constelaciones más cercanas a la constelación de Centaurus, la misma constelación a la que pertenecía Próxima b y seguramente también Terra. Entre ellas, se hallaban marcadas Canis Minor, donde Luyten b se hallaba, Centaurus, donde se hallaba el sistema planetario Alpha Centauri, y finalmente el destino final para los habitantes de Próxima b: Cygnus. La ninfa mayor colocó aquel cartografía en la mesa donde Kakashi analizaba las estrategias de misiones, la salvaguarda de los últimos sobrevivientes de Terra, entre otras operaciones menores, y después hizo un rápido conjuro para ampliar encima de la mesa, a unos treinta centímetros de la misma, una esfera perfecta donde se mostraba el universo conocido, llamado Prime. Pronto, con sus poderes, e impresionando a Karin y a Naruto, Shizune hizo un zoom en aquel globo esférico y se adentró hasta la constelación de Cygnus, exactamente en el exoplaneta que la ninfa mayor refería: Kepler-22b.

— Kepler-22b es un exoplaneta que circunda a la estrella Kepler-22, la cual es una estrella del tipo espectral G5V, idéntica a Helios, también conocido como sol — expuso Shizune, mostrando al lado del sistema planetario Kepler-22 el sistema solar donde habitaba Terra — El planeta fue formado hace aproximadamente mil millones de años antes de que Terra se formase, por lo que es muy probable que existan formas de vida inteligente y biológicas en el exoplaneta, además de que tenga una biósfera muy parecida a la de el planeta donde anteriormente vivíamos.

— Siendo de ése modo, ¿no sería mejor el acceder directamente a Kepler-22b? — sugirió Karin, apuntando al exoplaneta mencionado — Es decir, ¿qué caso tiene que nos envíen directamente a Luyten b, si nuestro objetivo es evacuar a los últimos sobrevivientes de Terra?

— Se debe más que nada a que hay una distorsión espaciotemporal en Kepler-22b que nos inhibe de siquiera poder verlo directamente. Hay una extraña barrera electromagnética que oculta al planeta de toda interacción exterior — explicó ahora la morena — Bien podemos creer que entes inteligentes están creando una distorsión del espacio/tiempo con alguna clase de hechizo o dispositivo que impide el viajar materialmente a Kepler-22. Es por ello que necesitamos enviarlas a ustedes dos a Luyten b, puesto que Tenten y Neji han hallado un antiguo templo donde ha sido hallado un portal que nos puede conectar con el exoplaneta más parecido a Terra, en el universo visible.

— ¿Eh? ¿Karin-san y yo? — preguntó Ino incrédula, haciendo respingar a la pelirroja con tan solo mencionar su nombre.

Kakashi y Shizune asintieron.

— No sabemos qué clase de peligros puedan desencadenarse con el abrir el portal a Kepler-22b, además de que podemos llamar la atención de potenciales invasores y enemigos en el acto — habló por fin Kakashi, tras mantenerse en silencio desde que llegó Ino — Ino es la única hada, de acuerdo a lo que me explicó Shizune, que está especializada en conjuros de sellado y a la vez como una clériga, por lo que es imperativo que mantengas a salvo a Yamanaka, por lo menos hasta que logren activar con éxito el portal espaciotemporal en Luyten b.

— Comprendo — replicó Karin, aún no pudiéndose hacer a la idea de que realmente tendría que viajar a Luyten b con la chica a la que llegó a considerar su enemiga, por lo menos hasta hace poco — ¿Quiénes serán nuestros refuerzos?

— Me temo que no habrá tal cosa, señorita Uzumaki — aseveró Kakashi, sabiendo que le daba malas noticias a Karin, lo cual fue más notorio al ver el rostro pálido de la chica — Desafortunadamente, si enviamos los únicos refuerzos que tenemos en Próxima Centauri b como sus refuerzos, dejaríamos desprotegidos a los últimos sobrevivientes de Terra y por consiguiente la humanidad y resto de formas de vida inteligente estarían expuestas a la extinción total.

Por supuesto que aquello tenía sentido y Karin no lo imaginaba de otro modo. Sin embargo, el enviarles a Luyten b, a casi diez años luz de donde actualmente se encontraban, era como enviar a Karin y a Ino a una misión suicida. Sin en algún dado momento alguna civilización extraterrestre beligerante los llegase a encontrar, seguramente Karin, Ino, Tenten y Neji morirían en combate, aún si se llevaban a un buen número de los enemigos consigo. Karin mentiría si realmente no le asustaba el pensar que moriría en un planeta, lejos de su hogar Terra, a casi trece años luz del planeta donde originalmente ella nació, sin que incluso alguien pudiese auxiliar sus gritos de ayuda.

— Sé que la misión es sumamente peligrosa para ustedes y que muy probablemente no puedan volver con vida a Próxima Centauri b, pero el destino del cosmos y la supervivencia de nuestra gente depende mucho del éxito que lleguen a tener al abrir con éxito el portal a Kepler-22b — refirió Kakashi, mirando con seriedad, mas no agresividad, a ambas mujeres jóvenes — Es un mal necesario por un bien mayor. El futuro de los terrícolas está en sus manos, señorita Yamanaka, señorita Uzumaki. Ustedes son la esperanza para salvar a la humanidad de la extinción total.

Ambas asintieron.

— Por favor, prepárense para partir de inmediato — ordenó Kakashi, enrollando un pergamino y entregándoselo a Karin — En éste rollo encontrarán los detalles de la misión. Puede retirarse — finalizó, con un aire digno de un militar de su clase.

De nuevo, Karin e Ino asintieron, para luego salir de la carpa, aunque Karin esperó a que la Yamanaka saliese primero.

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Karin preparaba un pequeño saco con provisiones y algunos utensilios que utilizaría para partir dentro de unos minutos a Luyten b. Aún trataba hacerse a la idea de que viajaría con aquella rubia con la cual se enemistó hace poco más de una semana y, si era sincera, no le agradaba para nada la idea. Pese a que no odiaba a Ino como tal, no podía tolerar su presencia en aquellos momentos. Es cierto que Naruto también tuvo la culpa de ello y que Ino simplemente se había comportado como de costumbre, pero Karin sin duda aún sentía coraje contra la rubia que se había mostrado relativamente indiferente ante el hecho de que viajarían juntas.

Por otro lado, Karin sabía que había momentos en los que debía tomarse las cosas con seriedad y el viaje a Luyten b era uno de aquellos momentos. Encima de todo, tal y como dijo Kakashi, el destino del cosmos y de los últimos restos de los terrícolas dependía del éxito de la misión, por lo que era imperativo que dejaran de lado sus conflictos particulares y que trabajaran juntas para la supervivencia de sus especies. Tal vez al final de todo aquel desastre, si es que sobrevivían por supuesto, Karin bien podría ignorar a Ino por el resto de sus días o darle una oportunidad de quedar en paz, o al menos en un punto neutral. Por ahora, Karin debía trabajar en equipo con Ino para salvar a su gente.

Durante sus pensamientos, Karin escuchó un leve golpeteo en la puerta de la cabaña donde se ubicaba, por lo que se encaminó a la entrada de su hogar y tomó el picaporte en sus manos, para después abrirlo con calma. Cuando por fin Karin abrió la puerta, se llevó la enorme sorpresa de su vida, al ver a Ino Yamanaka de pie ante ella, con una mirada estoica pero a la vez con un aire de arrepentimiento o vergüenza, de acuerdo a como Karin lo había juzgado. Karin sabía que llegaría eventualmente el momento en que debía cruzar palabras con Ino Yamanaka, tan sólo cuando tuviesen que partir para Luyten b, pero a la pelirroja le habría gustado que jamás llegase.

Aún así, Karin mostró el rostro más calmado que podía, se aclaró la garganta inaudiblemente y miró a la rubia, directo a los ojos, sin demostrar temor alguno. Dudaba que Ino llegase a atacarla, o que siquiera aquella fuese su intención, pero, en caso de que así fuese, Karin fácilmente podría matar a aquella bella ninfa, pues las hadas no eran conocidas por ser combatientes cuerpo a cuerpo. Obviamente, Ino no tenía aquellas intenciones de atacar a Karin, o siquiera de provocar su enojo, pues ella misma estaba consciente de lo tremendamente poderosa que era la Uzumaki, para el nivel humano por supuesto.

— Yamanaka... — le llamó calmadamente Karin — ¿Sucede algo?

— Esto... yo... — titubeó Ino — ... yo... necesito hablar contigo, Karin-san.

Por supuesto. Era más que obvio que Ino tenía una mirada de que necesitaba aclarar las cosas, pero Karin prefería optar por no tocar el tema de hasta hace un par de semanas. ¿Qué sentido tenía hablar de ello? Aclarar las cosas, por supuesto. Por otro lado, ambas tendrían que viajar a más de nueve años luz de distancia desde la actual posición donde se hallaban, por lo que no estaría demás el hacer las pases. La cuestión era, ¿realmente quería aquello Karin? Claro que no. Lo que más quería, en aquel momento, era enterrar sus manos, o más concretamente hablando sus uñas, dentro de la garganta de la rubia y desgarrar su tráquea, tal y como lo hizo con varias hadas.

Al final, Karin decidió mejor usar el diálogo a evitar la violencia innecesaria.

— ... De acuerdo. Solamente te pido que lo hagamos en privado — solicitó Karin, no queriendo que alguien más escuchase la incómoda conversación que eventualmente tendrían — Además de todo, aún no termino de preparar lo que necesitaremos para partir a Luyten b.

La rubia asintió, por lo que, a la orden de Karin, ingresó a la habitación y cerró diligentemente la puerta. Karin se dedicó a continuar empacando las herramientas y provisiones que necesitaba, mientras que Ino se mantuvo a una distancia prudente de la salvaje chica.

— ¿Cómo sigues de tu mejilla, Yamanaka? — preguntó como sin nada Karin, haciéndole rememorar a Ino la agresiva bofetada que recibió, donde accidentalmente arañó la pelirroja su mejilla.

Ino se sobó instintivamente su mejilla izquierda, con su mano izquierda y negó levemente, olvidando por completo aquel momento tan duro para ambas. No sabía si Karin se lo decía porque estaba genuinamente consternada de la lesión que ella misma le infligió o si era un pasivo/agresivo recordatorio de lo que podía pasar si es que llegaba a enfurecerla. No era como si a Ino le incentivara provocar a una chica cuyas uñas bien podrían destruir una estrella de preones, el material más duro en el multiverso, tan sólo detrás de la hipotética estrella de Planck, de la cual nunca se ha comprobado su existencia.

— Eh... pues... ya cicatrizó completamente. Tan sólo fue un rasguño, después de todo — replicó con timidez la rubia, haciendo sentir aún peor a Karin, tan sólo por el recuerdo que le trajo de aquella vez cuando su amado, Naruto, y la rubia cogieron frente a su mirada.

Karin suspiró levemente, queriendo decir un "lo siento" a Ino, pues aquello le decía su moral. Por otra parte, su coraje le decía que se burlara de la humillación de su compañera y que le creara una herida similar. Ino no juzgaba a Karin, pues una leve herida de aquellas uñas stiletto de Karin, con filo de diamante, no era nada en comparación con el daño que la Yamanaka le causó a la chica de cabellos de fuego. Además de todo, tal parecía que Karin no había intentado matarla, pues de haberlo querido de aquel modo simplemente la habría asesinado con sus poderosas uñas.

— Karin-san... — articuló con leve temor Ino, pero también con prudencia.

— Dime — replicó la Uzumaki, al mismo tiempo que seguía empacando varios objetos dentro de una mochila de campamento.

— Yo... quiero ofrecerte mi más profunda disculpa de lo de aquel día — refirió Ino, sin poder dilatar más la conversación.

Apenas escuchó aquellas palabras, Karin de inmediato se tensó, pese a que no demostró mayor impresión, dado que continuaba empacando varios objetos de un tamaño no muy grande. Ino, por supuesto, pudo sentir la alteración emocional de Karin, pues era una ninfa especializada en ilusiones mentales y todo lo relacionado a la psicokinesis, telekinesis y demás magia relacionada a las habilidades mentales, por lo cual presintió la alteración psicológica de la pelirroja. Sabía que debía elegir cuidadosamente sus palabras, o no saldría viva de aquella casa.

— Sé que cometí un grave error al haberme involucrado con Naruto-san y que les he causado daño con mi estupidez... — prosiguió Ino, al ver que Karin mantenía sus emociones, relativamente, calmadas — Sin embargo, quiero que sepas que, pese a mi barbaridad, jamás tuve la intención de hacerle daño a ninguno de los dos, especialmente a ti, Karin-san. Me siento profundamente arrepentida de haberte lastimado con mi imbecilidad...

De nuevo, no hubo reacción de parte de Karin. Lejos de calmarse y mostrar más confianza, Ino se sentía atemorizada de la posible reacción agresiva de parte de Karin. Existía un cincuenta por ciento de probabilidad de que Ino no sobreviviese los próximos segundos.

— No espero que me perdones, pues seguramente si alguien me hiciese lo mismo yo tampoco lo haría — admitió Ino, viendo la gravedad de su imprudencia — Tampoco te pido que siquiera me trates con neutralidad, puesto que comprendo a la perfección cómo te has de sentir. Incuso justifico tu odio contra mi persona, pues merezco éso y más. Tan sólo te pido que no juzgues a Naruto-san, pues fue todo error mío. Fui yo el que lo seduje y yo fui la que lo incentivó a cometer el pecado del adulterio. Ódiame a mí, si es que debes maldecir a alguien, pero no odies a Naruto-san...

Finalmente, Karin dejó de empacar sus utensilios y se detuvo con la mirada en su pequeña mochila de viaje, hecha de cuero. Realmente se le hacía difícil siquiera estar en la presencia de Ino, pero la disculpa de la Yamanaka sonaba sincera. Por otro lado, tal y como se dijo anteriormente, Karin sabía que al menos debía hacer las paces con Yamanaka, pues pronto partirían por un largo tiempo a una misión y debían estar preparadas como un equipo por el bien de los últimos terrícolas. Había la posibilidad de que ambas murieran el Luyten b, así que no venía al caso estar enemistadas, pues morirían ambas al lado de su enemiga.

Eventualmente, Karin decidió que debía darle una oportunidad a Ino. No solamente la Yamanaka sonaba verdaderamente arrepentida, sino que incluso el peor de los criminales merecía una segunda oportunidad y no es que Ino hubiese cometido un homicidio, pese a sí cometer un acto vil y sumamente cuestionable.

Karin, entonces, se giró para encarar a la bella rubia.

— Escucha, Yamanaka... — habló la pelirroja, después de soltar un largo suspiro — La verdad es que aún sigo bastante resentida por lo de aquel día contigo y quizá bajo otras circunstancias ya estarías tres metros bajo tierra...

Por supuesto, Ino imaginaba que recibiría una agresiva respuesta de parte de Karin, pero igualmente le atemorizó un poco las palabras de la Uzumaki. No obstante, Ino se calmó un poco cuando Karin enfatizó "bajo otras circunstancias".

— ... pero, ¿sabes algo? — continuó Karin, mirando fijamente los bellos ojos celestes de Ino — Con todo lo que ha pasado últimamente, con todo ésto del colapso de Terra y el multiverso, honestamente me he dado cuenta de que la vida es demasiado corta y que no tenemos garantizada nuestra existencia, Yamanaka. Es decir... demonios... ni siquiera sé si podremos sobrevivir a la masacre que está causando ése bastardo de Onikage. Bien podemos perecer en cualquier momento en que a ése desgraciado de Chaos se le ocurra atacar de nuevo Próxima Centauri b. No podemos contar con Sasuke, Sakura ni con Lady Kaguya, pues ellos están a treinta y dos mil años luz de distancia de nosotros, incluso si Kaguya-sama puede viajar en cuestión de segundos, como lo hizo recientemente cuando vino a Próxima b para llevarse unas medicinas.

Karin pausó un momento, mirando por la ventana el ocaso de la estrella Próxima Centauri b. La tonalidad rojo escarlata le hacía recordar los atardeceres de Terra y le traía nostalgia de los días en los que su madre solía estar con ella, durante el ocaso del sol.

— Todos hemos perdido tanto en tan sólo unos meses. Nuestro planeta ahora está en sus últimos momentos, el universo en el que vivimos está llegando a su fin, bajo el yugo de aquel maldito de Onikage, además de que apenas quedan sobrevivientes de Terra — prosiguió Karin, soltando un suspiro y reacomodándose el cabello — Y ahora, nos encontramos no solamente a billones de kilómetros de nuestro hogar, sino que estamos buscando la sobrevivencia de los últimos terrícolas con vida. El universo en el que vivimos está pendiendo de un hilo y nuestras líneas sucesorias están al borde de la extinción. Literalmente, ahora dependemos el uno del otro para sobrevivir...

— Karin-san... — murmulló Ino, viendo el repentino cambio de aura y la calma del psyque de Karin.

— Yamanaka... no sé si realmente pueda perdonarte, o siquiera si realmente deseo hacer las paces contigo. Lo único que se es que nuestro destino depende de nuestras actuales acciones y que, literalmente hablando, el destino del multiverso entero está en nuestras manos — afirmó la pelirroja, remarcando lo obvio — La realidad es que ahora mismo no estamos como para odiarnos por trivialidades, puesto que de nuestra completa cooperación dependen cientos de vidas y el de miles de civilizaciones en el cosmos, quizá incluso millones de ellas. Por ello, creo que lo más práctico y factible es que dejemos atrás todo éso y que trabajemos para salvar a nuestra gente.

Ante la impresión de Ino, Karin se acercó a ella, le colocó una mano en su hombro y la miró directamente a sus increíbles aguamarinas.

— Yamanaka... olvidemos todas nuestras diferencias y simplemente enfoquémonos en ayudarnos la una a la otra para sobrevivir durante todo éste desastre — recomendó Karin, suavizando su rostro — Al final de cuentas, quizá no sobrevivamos a todo ésto y estar peleadas no nos ayudará en nada. No sabemos cuándo podamos depender la una de la otra, más allá de la misión, y quizá ésta sea la última vez que podamos hablar. Chaos está allá afuera y será cuestión de tiempo para que conquiste el multiverso entero.

Karin pausó un momento, tomando un suspiro para intentar dejar atrás todos aquellos pensamientos obsesivos de que existían muy elevadas posibilidades de que ambas murieran dentro del próximo mes. Seguramente no pasarían de aquel año.

— Yamanaka... si no volvemos de nuestro viaje, e incluso morimos en Luyten b, al menos quiero irme con la mente en paz de que finalmente estamos en buenos términos — explicó Karin, finalmente sonriendo por primera vez e impresionando por tercera ocasión a la Yamanaka — Olvidémonos de lo que sucedió, Yamanaka; sin remordimiento alguno. Aquel error fue de ustedes y ustedes mismos serán juzgados por sus yo interior. Justo ahora, concentrémonos en salvar a la humanidad.

Ino igualmente sonrió. Quizá Karin no la habría perdonado bajo otras circunstancias, pero la Yamanaka estaba bastante satisfecha con saber que Karin, pese a aún tener algo de resentimiento por el adulterio cometido por ella y Naruto, el engaño y traición, al menos no le guardaba rencor. En cualquier caso, guardar odio contra Ino no le ayudaba en nada a Karin y en cambio únicamente le hacía daño a ella. Había incluso algunos estudios que fuertemente sugerían que las enfermedades relacionadas, e incluso algunos cánceres, tenían un trasfondo de rencor guardado durante años contra alguien. A fin de cuentas, tal parece que Karin tomó una decisión racional.

Ino tomó las manos de Karin, asombrando un poco a la pelirroja, y se las apretó suavemente, en un gesto amistoso.

— Gracias, Karin-san — le agradeció de corazón Ino a Karin, alegre al saber que, a pesar de su fatal error, la pelirroja había puesto todo de lado para cooperar como camarada con ella — Gracias por otorgarme tu perdón, a pesar de que no lo merezco. Te prometo que te voy a compensar todo el daño que te causé con mi idiotez.

Karin rió levemente y se encogió de hombros.

— Pues... no veo cómo puedas hacerlo, sin ofender, pero... de acuerdo — apoyó la pelirroja — En todo caso, como lo expuse anteriormente, quizá no salgamos con vida de la misión, o Chaos nos termine matando a ambas, por más frío y crudo que aquello suene, por lo que estar peleadas por banalidades es algo increíblemente asnal. Es ahora, más que nunca, que como terrícolas tenemos que estar unidas. No podemos depender ni de Sakura ni de Sasuke.

Ino asintió.

— Lo sé, por ello es que estoy dispuesta a ir a la misión — explicó ahora la ojiceleste — Aún si pierdo mi vida en el proceso, quiero asegurarme de que podamos salvar la de los terrícolas restantes. De nada serviría que la frentesota y Sasuke-kun logren eliminar a Onikage, si miles de líneas sucesorias se pierden en el proceso.

Karin rió muy levemente por el apodo tan cómico de Ino para con su mejor amiga y después se separó levemente de la Yamanaka.

— Esto... no pretendo sonar ofensiva, pero realmente necesito prepararme para ir a Luyten b. Apenas tenemos tiempo, ¿sabes? — comentó repentinamente Karin.

— Oh, claro, no te interrumpiré más tiempo — contestó Ino — Te espero a las afueras del campamento.

Karin asintió de vuelta y se dedicó a seguir empacando. Ino salió calmadamente por la puerta, satisfecha de la conversación con la pelirroja.

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Sasuke y Sakura tocaron la puerta de madera de la pequeña cabaña, más pequeña incluso que la que tenían Sasuke y Sakura, donde Kaguya se hospedaba en el exoplaneta en los confines del universo conocido. Los chicos esperaron algo así de unos treinta segundos, en espera de que Kaguya por fin les abriese la puerta. Algo consternada, Sakura volvió a golpear suavemente la puerta, además de llamar a su madre con voz alta pero no agresiva, pues su madre ya se había tardado en abrir. Justo cuando Sakura estaba a punto de abrir la puerta y de ingresar al interior, la ninfa vio cómo finalmente el picaporte de madera giró y cómo la puerta se abrió progresivamente.

Kaguya miró con una ceja enarcada a los chicos, pero también se le miraba ligeramente molesta. Sakura suponía que se debía a que ambos tardaron tanto tiempo, gracias a que aquel condenado Uchiha volvió a hacer de las suyas con su amada flor de cerezo. Sasuke ni sufría ni se acongojaba, ni siquiera tenía un rostro de vergüenza como la dulce princesa de las hadas, quien incluso mostraba algo de miedo ante el enojo de su madre, claro que no al grado de temer por su vida, por supuesto.

— ¡Vaya, ya era hora! — espetó enojada la peliblanca — ¿Se puede saber por qué tanta demora? — cuestionó la hada mayor, cruzando frente a su voluptuoso pecho sus brazos.

Sakura se sonrojó levemente. ¿Qué excusa podría inventarle a su madre, la cual no la pusiese en problemas? No podía decirle que el pervertido de su novio, apenas despertó, de inmediato comenzó a manosearla, incluso antes de que ella misma despertara, y que por más que ella trataba de apartarlo y de decirle que tenían un compromiso con su madre, su amado Sasuke-kun hizo de las suyas, como siempre, y la terminó sometiendo a los placeres carnales en los que Sasuke ya se había vuelto todo un experto. No solamente se pondría en ridículo ella, siendo sometida por un simple mortal como Sasuke a los placeres de la carne, sino que se expondría a ella misma como una auténtica mujerzuela. Bueno... quizá no tanto, pero parecería una verdadera pervertida, incapaz de controlar sus urgencias carnales y que se doblegaba a las primeras caricias que le daba su apuesto, y sumamente pervertido, dulce príncipe.

Sakura tenía que inventar una buena excusa.

— Esto... bueno... yo... — titubeó nerviosa la princesa hada, agachando levemente su mirada y desviándola a un costado.

— ¿Qué más podría ser? — habló repentinamente Sasuke — Estábamos haciendo el amor, ¿no es obvio? Es lo que toda pareja de enamorados hacen, ¿cierto?

Apenas terminó de hablar, Sakura abrió los ojos como platos, miró boquiabierta a su pervertido novio, quien tenía un rostro tan calmado como siempre, pese a sus palabras que ponían a Sakura en una situación sumamente incómoda y comprometedora, y la ninfa de cerezos se abochornó como un auténtico tomate. Casi juraba que su rostro parecía una brasa al rojo vivo, de tan sonrojada que se puso, y no ayudaba en nada el que tuviese una tonalidad de piel albina, heredada de su madre.

Kaguya entrecerró su mirada y fulminó con ella a su "querido", y completo cretino, yerno. En serio no entendía cómo es que Sakura, su querida hija, había terminado con semejante patán, la viva imagen de la arrogancia. ¿Qué acaso Sakura no se valoraba lo suficiente como para estar con un auténtico caballero? La albina resopló y se pasó una mano por el rostro, conteniéndose con un esfuerzo sobrehumano para no terminar matando a golpes al pervertido esposo de su hija.

— Haré de cuenta que no escuché éso. No se ni porqué abrí la boca para preguntar — masculló Kaguya, aún no haciéndose a la idea de que Sakura tenía una vida sexual más activa de lo que el noventa por ciento de las especies inteligentes tenían — Como sea, entren de una vez para que hagamos el examen médico. Ya debería tener los resultados, si es que no hubiesen perdido el tiempo en los placeres de la carne — espetó ahora la reina, ingresando a pasos ligeramente bruscos a su hogar.

Sakura suspiró. Ahora había quedado como una depravada sexual, todo gracias al cinismo de su amado Sasuke-kun. En serio que al moreno le gustaba jugar con su paciencia y le hacía difícil el simplemente tener que contenerse para no golpearlo como antes lo hacía. Por supuesto era que aún podía gritarle e insultarlo, pero pronto recordó que también se hizo a la promesa de que tampoco agrediría verbalmente a su novio, así que se rindió en derrota. Ya hablaría con su amado en alguna ocasión, en referencia a sus ademanes cínicos y descarados.

— Vamos, Sakura, terminemos con ésto — dijo Sasuke, ingresando de la mano con su novia a la morada donde se hospedaba Kaguya.

La ninfa decidió no armar una escena a las afueras de la casa de su madre y simplemente siguió a su novio. Tras ingresar con su novio a la cabaña de su madre, Sakura cerró con suavidad la puerta, dándole un suave empujón, y finalmente ingresó a la cabaña donde estaba su madre. El interior de la casa de Kaguya era sumamente bello, con un acabado rústico, sencillo y a la vez discreto, el cual también tenía un aire de madurez y de solemnidad, justo como solía ser la personalidad de la princesa de la luna, conocida por el mundo mágico como Selene. Tanto las paredes de madera, como el piso que pisaban actualmente Sakura y Sasuke, estaban perfectamente pulidos, al grado de que casi relucían con un brillo de espejo. Algunos sillones adornaban aquella sala de estar, con una pequeña mesa de cristal en el medio de los mismos.

— Wow... — musitó Sakura, admirando la pequeña y bella vivienda de su madre.

— Sakura... — le llamó su madre desde lo lejos, por lo que la ninfa ojiesmeralda y el azabache miraron a otra puerta al fondo de la cabaña — Date prisa, no pienso seguirlos correteando ni les toleraré más pérdidas de tiempo.

— Sí, mamá — respondió apresuradamente Sakura, pues ella respetaba la autoridad de su madre — Vamos, Sasuke-kun.

La princesa hada se encaminó a aquella puerta que daba al interior de un ático, donde suponía que su madre estaba, además de que arrastró suavemente a su novio de la mano. Los tacones de Sakura, sus amados stiletto pumps que Sasuke alguna vez le compró, resonaron en el suelo de madera suavemente, junto con las pesadas botas de Sasuke. Eventualmente, Sakura abrió la puerta de aquel ático y vio que unas escaleras guiaban a lo alto de la pequeña casa de árbol, por lo que pronto ascendió elegantemente las escaleras, apoyándose de un barandal de madera que estaba al costado. Suponía que su madre también gustaba de usar tacones altos en casa y por ello había colocado, con sus poderes claro, el barandal.

Eventualmente, Sakura y Sasuke subieron al ático y se impresionaron de ver no una simple habitación de descanso, sino el ver lo que parecía un mini-laboratorio con todo e instrumentos de uno y hasta una camilla usada en los hospitales. Kaguya estaba sentada frente a una mesa de trabajo, mientras se colocaba unos guantes que parecían hechos de alguna extraña aleación de polímero de petróleo. Si no mal recordaba Sakura, Shizune y otro equipo de hadas diseñaron un material sumamente elástico y resistente al impacto, completamente maleable en diversas formas. Según los reportes de las hadas científicas expertas en alquimia, se desarrollaban a partir del árbol de caucho.

Kaguya miró a su hija y al moreno y les hizo una seña con la mano.

— Toma asiento aquí, Sasuke — ordenó Kaguya, tal y como una experta en medicina lo hacía, entretanto que extrajo unas jeringas de un cajón — Necesito tomarte algunas muestras de sangre, para analizar la cantidad de cesio en tu torrente sanguíneo. Por cierto, ¿trajiste las muestras que te pedí, Sakura? — le preguntó a la joven ninfa, volviendo su mirada a ésta.

Sakura se sonrojó levemente y asintió, para después comenzar a caminar a suaves y tímidos pasos hacia su madre, resonando sus amados tacones en el suelo, hasta que llegó ante su madre y le entregó un pequeño saco. La peliblanca tomó el saco y extrajo del mismo dos pequeñas botellas de vidrio, donde en el interior había un espeso líquido blanquecino muy denso. Kaguya se impresionó de ver la abrumadora cantidad de aquel líquido que le solicitó a Sakura, sobretodo por lo que sabía lo que era. Kaguya estuvo a punto de sonrojarse como tomate, pero se controló lo mejor que pudo y carraspeó levemente. Su hija, se había cubierto con sus pequeñas manos el rostro, tratando de ocultar su profundo bochorno.

Kaguya optó por simplemente tomar una jeringa, de una de las tantas que Shizune le había dado, y acercó su silla a la del moreno.

— Extiende tu brazo izquierdo sobre la mesa, Sasuke — le mandó Kaguya al moreno, por lo que el azabache obedeció de inmediato — Voy a tomar una muestra de sangre.

Kaguya tomó con firmeza el musculoso antebrazo de su yerno, con su mano izquierda, y palpó la vena en el antecodo de Sasuke, aunque gracias a la colosal musculatura de Sasuke la vena resaltaba por sí sola, casi al grado de reventarse. De no ser porque el cuerpo del moreno permanecía estable, a Kaguya le habría preocupado aquella presión sanguínea aprentemente tan alta y las venas sumamente marcadas en el tremendamente musculoso cuerpo de Sasuke. Kaguya tomó a continuación un poco de algodón estéril, lo mojó con alcohol isopropílico y limpió la piel donde estaba resaltada la vena. Pronto, Kaguya destapó la jeringa, ya esterilizada, y perforó la piel de Sasuke con la misma, para después extraer con la jeringa un poco de sangre, diez mililitros exactamente, del brazo del moreno.

Una vez que Kaguya extrajo un poco de sangre de Sasuke, la peliblanca se acercó a su pequeña mesa de trabajo y colocó la sangre de Sasuke en un recipiente de cristal que selló al vacío, para después acercar el recipiente a un microscopio y analizar la muestra de sangre. Entretanto, Sakura trató la diminuta herida que la aguja de la jeringa le causó en la piel de Sasuke, cauterizando a la perfección la lesión menor. Kaguya pasó examinando las muestras de sangre y de aquel líquido espeso que Sakura le entregó hace unos segundos. Kaguya además hacía algunas anotaciones en unas hojas de papel.

Pasaron aproximadamente unos veinte minutos, los cuales Sakura aprovechó para prepararle algo delicioso de comer a su amado Sasuke y un poco de café para tanto su novio como su madre. Sasuke simplemente se relajó y se propuso a afilar su cuchillo de combate, pues no tenía nada que hacer, más allá de esperar, ya que tenía prohibido fumar por algún tiempo y también el beber bebidas alcohólicas fuertes. Aún así, Kaguya le permitió beber un poco de cerveza, pues aparentemente le ayudaba a mantenerse hidratado y a controlar ciertos elementos radiactivos que contaminaron su sangre.

Tras cerca de unos minutos más, Kaguya finalmente terminó de analizar las muestras que tenía en dos vasos de precipitado. La albina se giró a Sasuke, quien se alimentaba con un poco de pan y papas fritas que le trajo Sakura, junto con algunas otra verduras, siendo alimentado directo en la boca por la ninfa ojiesmeralda. Sasuke había argumentado que él era perfectamente capaz de alimentarse por sí mismo, pero la princesa hada había insistido en alimentar a su amado "bebé". Era cómico el ver a alguien tan rudo como Sasuke ser tratado como un infante.

— Pues bien... estoy asombrada — habló Kaguya, reacomodando sus papeles en la mesa y tomando una hoja aparte, donde hizo todas sus anotaciones — Realmente te recuperas muy rápido, Sasuke — refirió.

Sasuke enarcó una ceja, mientras que Sakura prestó atención a los resultados de los análisis que hizo su madre, con respecto a las muestras de sangre y de esperma que Sakura le entregó hace unos minutos.

— ¿De verdad? ¿Sasuke-kun va a estar bien, mamá? — preguntó esperanzada Sakura, tomando la mano izquierda de su novio con sus pequeñas manos.

Kaguya asintió.

— Mucho más pronto de lo que me imaginé — explicó la albina, mirando aún los análisis que hizo de la muestra de sangre de Sasuke — Los niveles de Cesio-137 en la sangre de Sasuke, así como los de Bario-137, son relativamente bajos, por lo que apenas y hay síntomas en Sasuke. Regularmente un humano común ya habría sufrido intoxicación severa por radiación y habría caído en coma, pero tal parece que la resistencia de Sasuke le ayuda. Quizá sus extremadamente bajos niveles de miostatina le ayudaron a resistir la radiación.

— Pero tengo entendido que la exposición elevada a radiación también puede causar esterilidad permanente — dijo Sakura, sintiendo una opresión en su corazón al imaginar que su amado corría riesgo de ello — Por favor, dime que Sasuke-kun no sufrirá de esterilidad permanente.

De cierto modo, también a Sasuke le preocupaba quedarse estéril de por vida, más que nada porque lo que más ansiaba era formar una familia con su amada flor de cerezo. Sakura igual tenía el mismo sueño de su amado, así que le causaba un profundo dolor el imaginarse a su novio estéril, además de que le preocupaba enormemente el hecho de que su novio pudiese llegar a enfermarse de un cáncer grave.

Afortunadamente, para ambos, Kaguya negó.

— Para nada, la producción de espermatozoides en el semen de Sasuke es relativamente estable. Puede que haya una disminución de la producción común de espermatozoides que regularmente produce un adulto en edad reproductiva, pero Sasuke es perfectamente fértil — rebatió la princesa de la luna — Regularmente, en un adulto joven se producen aproximadamente doscientos cincuenta millones de espermatozoides por eyaculación. Sasuke, de hecho, produce una cantidad mucho más elevada de espermatozoides por eyaculación, tan sólo juzgando por las cantidades exorbitantes que Sasuke libera en su orgasmo.

Sasuke enarcó una ceja. Encima de que él conocía relativamente poco sobre la anatomía humana, o de medicina, se sorprendía de que su suegra supiese tanto de su intimidad sexual, especialmente con tal lujo de detalles.

— ¿Cómo sabes éso? — preguntó el azabache, mientras que la ninfa pelirrosa, a su lado, se alertaba y se sonrojaba.

Kaguya igual respingó levemente y carraspeó un poco.

— Éso no importa, simplemente lo sé — espetó Kaguya, sonando sumamente cortante, mas no ofensiva — El punto es que Sasuke no sufrirá mayores consecuencias debido a la exposición por radiación. Cuando mucho tendrá algunas jaquecas ocasionales y ciertas alteraciones de sueño, lo cual es perfectamente tratable, además de que su producción de espermatozoides eventualmente volverá a la normalidad.

— Y, ¿existe alguna probabilidad de que la descendencia de mi Sasuke-kun tenga desarrollos anormales de nacimiento, o que desarrollen enfermedades a causa de la exposición de radiación? — preguntó ahora Sakura, aunque ya se estaba haciendo ciertas hipótesis erróneas en su cabeza.

Para el alivio de la ninfa y de Sasuke, Kaguya negó.

— No, los niveles de intoxicación por radiación en la sangre de Sasuke, como en su ADN, es bajo y no lo suficiente como para causar mutaciones. Se requieren cuando menos dos sieverts por kilogramo de materia viva para causar daños considerables al código genético de una persona — aclaró la princesa de la luna, almacenando las muestras que Sakura le dio dentro de unos recipientes y al vacío — No obstante, de cualquier manera sería bueno que le diéramos un tratamiento intensivo a Sasuke, cuando menos por unos días, basado en una dieta elevada en yodo y en potasio. Papas con sal, arándanos, fresas, legumbres, chocolate negro, hierbas, plátanos y verduras verdes... tú sabes, Sakura.

Sakura asintió.

— Una dieta alta en frutas y verduras, especialmente papas, ya que contienen yodo y potasio en elevadas cantidades — apoyó la joven ninfa, dándole una papa frita en la boca a su novio, sabiendo la dieta de su amado por anticipado.

— Por otro lado, y al menos por un tiempo, debes evitar fumar o siquiera estar en presencia de humo de tabaco, Sasuke — continuó Kaguya, dando su recomendación médica — Sinceramente hablando, lo mejor sería que abandonaras aquel horrible hábito. Más que la radiación a la cual estuviste expuesto, que no te ayuda en nada el fumar de cualquier modo, el tabaco tiene Polonio-210, el cual es sumamente radiactivo y cancerígeno. Quizá la principal causa de muerte por tabaquismo se debe al isótopo Polonio-210. Aún en cantidades pequeñas, como los microgramos ingeridos, es responsable del desarrollo de enfisema pulmonar, tumores cancerígenos y disfunción eréctil.

Sakura entrecerró su mirada, miró a su novio de manera acusadora y asintió. Ahora, Sasuke se sentía regañado por su novia, tal y como lo hacía su madre, cuando aún vivía Sasuke en el ahora extinto reino de Wintersun. El moreno se encogió de hombros.

— Bien... supongo que dejaré de fumar un tiempo — aceptó el moreno.

— No solamente un tiempo, Sasuke-kun; tienes que dejar de fumar para toda tu vida — añadió Sakura — No quiero que nuestros hijos tengan predisposición a la adicción al tabaco, ni que hereden enfermedades.

Sasuke se pasó una mano por su cabello. Sabía que discutir con Kaguya y Sakura, al mismo tiempo, no le llevaría a nada, sino a quedar en ridículo.

— Está bien, de acuerdo. Dejaré de fumar completamente — se rindió Sasuke.

Sakura sonrió dulcemente y besó tiernamente la mejilla de su amado.

— Es por tu bien, bebé — susurró Sakura, por lo bajo — ¿No acaso quieres vivir mucho para poder ver a nuestros hijos crecer y formar sus propias familias?

Sasuke miró a su chica, aún sonriente, igualmente sonrió torcido, apenas distinguible, y asintió con discreción.

— En fin, te daré la primera dosis de yoduro de potasio, de pentaacetato de dietilentriamina y de filgrastim. Seguramente no necesitaremos darte un tratamiento prolongado, juzgando por cómo te recuperaste tan prontamente — dijo Kaguya, tomando un poco de solución en una jeringa — Ayúdame a inyectar a tu novio, Sakura.

La ninfa asintió y tomó una de las torundas de alcohol, con la cual limpió el área del cuello izquierdo de su amado, hasta dejarlo ligeramente empapado con alcohol isopropílico. En seguida, Sakura se incorporó de su asiento, se paró detrás de su novio y le sostuvo el cuello, para después inclinar la cabeza de su amado hacia la derecha. Kaguya tomó igualmente la cabeza de Sasuke, por la parte superior, y entonces enterró la aguja en el cuello del azabache. De inmediato, la princesa de la luna inyectó la solución en Sasuke, seguida de las otras dos inyecciones. Una vez que terminó de inyectar a Sasuke, Sakura tomó otro trozo de algodón con alcohol y cauterizó la diminuta herida de la aguja, hasta que dejó de sangrar completamente.

Kaguya guardó las jeringas en un recipiente, para eventualmente cauterizarlas y continuar el tratamiento.

— Bien, sería bueno que hicieras un poco de ejercicio, Sasuke. Te ayudará a oxigenar tu sangre y a eliminar los tóxicos de la radiación más pronto — le aconsejó la peliblanca al moreno, cuando finalmente guardó las jeringas y las muestras de sangre — Entretanto, nosotras continuaremos con el entrenamiento, Sakura.

Apenas escuchó aquellas palabras, la ninfa se tensó de inmediato, rememorando el cómo casi le provoca la muerte a Sasuke, o al menos de acuerdo a como ella lo vio, aunque en realidad Sasuke ya ha sobrevivido a peores circunstancias. La pelirrosa prácticamente sintió que viajó al pasado y que vivió de nuevo aquella terrible experiencia donde veía a su Sasuke-kun casi al borde de la muerte, convulsionando y agonizando por el terrible cáncer que se esparcía por su cuerpo.

Sakura no quería volver a pasar por ello. Era desgracia tras desgracia.

— Yo... la verdad es que yo... aún estoy conmocionada por lo que sucedió, mamá — argumentó la joven ninfa, desviando su mirada de los orbes ambarinos de su madre — Aún no me siento preparada para proseguir con el entrenamiento.

Kaguya miró directo a las esmeraldas de su hija, aún estas desviadas de su mirada analizante. Ni siquiera necesitaba el usar sus habilidades extrasensoriales para saber que su hija estaba dudosa de si debía continuar adiestrándose en las artes antimateria, pues el accidente que le causó a Sasuke le había hecho dudar de si era capaz de dominar aquel poderoso arte. Ciertamente, su aura estaba ligeramente alterada, como si estuviese pasando por una depresión apenas distinguible, algo que Kaguya no pasó por alto.

En todo caso, Kaguya no iba a obligar a su hija a practicar debidamente la antimateria. Era demasiado peligroso si su cabeza no estaba al cien.

— ... De acuerdo. Supongo que dejaremos para después el entrenamiento — consintió la peliblanca, mientras que su hija asentía — Sirve de que atendemos el invernadero, pues Sasuke va a necesitar alimentos para su nueva dieta.

De nuevo, Sakura asintió y siguió a su madre. Sasuke encogió los hombros y decidió salir a hacer un poco de ejercicio, como su suegra sugirió.

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La noche llegó al exoplaneta donde Sakura, Sasuke y su madre estaban actualmente. Debido a la medicación intensiva que recibió Sasuke, el moreno actualmente estaba completamente dormido y tranquilo. Sakura estaba sentada en la cama, con la cabeza de su amado Sasuke-kun en sus brazos y apoyada contra sus senos, en un abrazo maternal. La ninfa miraba con dulzura y un tierno sonrojo al rostro tranquilo de su novio, quien dormía como un auténtico bebé y quien apenas respiraba suavemente contra su seno izquierdo, causándole algunas cosquillas a la piel albina de Sakura.

Al ver que su amado Sasuke-kun estaba completamente dormido, Sakura acomodó suavemente la cabeza de su amado contra una almohada esponjada, lo tapó hasta el cuello con las gruesas cobijas, pues el frío era actualmente brutal en el planeta, e incluso le colocó un gorro para mantener su cabeza caliente. Una vez lo dejó durmiendo en su cama, Sakura sonrió con todo su amor y sus ojos brillantes de infinito cariño, para después inclinar su rostro sobre el rostro de su chico y darle un tierno y amoroso beso en los labios de Sasuke, aunque le causó algo de gracia el ver que la boca de Sasuke había desaparecido entre su espesa barba.

— Dulce sueños, mi amor — murmulló quedito la ninfa, no queriendo despertar a su amado "bebé".

La ninfa besó ahora la frente de su novio, le acarició su mejilla derecha, con la pequeña mano izquierda de ella, y lo dejó dormir en paz. Pronto, Sakura salió de su pequeña cabaña, donde se hospedaba con su amado, y se encaminó al exterior del exoplaneta, no sin antes cubrirse con una túnica larga, propia de los magos blancos, y cerró la puerta tras de sí. La nieve caía suavemente sobre el suelo del planeta, dejando una no muy gruesa capa de nieve de apenas unos cinco centímetros.

Sakura admiró la bella aurora del planeta, tomando asiento frente a la fogata extinta que Sasuke produjo hace unas horas, a la cual volvió a encender con su elemento fuego. La ninfa tomó asiento frente a la fogata y la admiró como si se tratase del objeto más interesante, viendo como las llamas danzaban calmadamente y consumían la nieve que entraba en contacto con la misma. El ver aquel fuego también le trajo malos recuerdos a Sakura, de cuando atacó por accidente a Sasuke Uchiha con la antimateria que ella había creado. No obstante, Sakura sacudió levemente su cabeza y suspiró para alejar aquellos pensamientos obsesivos.

Sakura se sentía tan frustrada de que por fin había sido entrenada en aquel poderoso arte que era la antimateria, incluso bajo la tutela directa de su madre, la hada más poderosa actualmente, únicamente para echarlo todo a perder y dañar a la persona que más ama con su magia. Encima de todo, Sasuke estuvo a punto de contraer un peligroso cáncer y de dejarlo estéril de por vida, aún si el Uchiha decía que en realidad nada le había sucedido, fuera de estar en coma por la tremendamente elevada radiación. De hecho, Sasuke estaba en perfectas condiciones y ni parecía haber mermado su condición física, pero Sakura aún tenía sus dudas con respecto al estado de salud de Sasuke.

Sakura ahora se cuestionada de si realmente estaba lista para dominar aquel tremendo poder. Sakura era inteligente y centrada, cuando lo demandaba la situación, pero también era propensa a sentir miedo por el bienestar de sus seres queridos, especialmente por Sasuke.

— ¿Sakura? — le llamó su madre, quien se acercó a la zona donde estaba Sakura.

Sakura miró por encima de su hombro a su madre, pero después volvió sus esmeraldas al danzante y tímido fuego. Kaguya se extrañó de la actitud evasiva de su hija, pues desde el accidente que tuvo con Sasuke ha estado actuando raro. La peliblanca tomó asiento al lado de su hija, se pegó a ella, aunque no hombro a hombro, le acarició su mano derecha con la zurda de ella y se la apretó levemente.

— ¿Por qué estás afuera tan tarde, Sakura? — preguntó diligentemente Kaguya — Deberías descansar un poco, ya que mañana continuaremos con el entrenamiento que dejamos pendiente desde el día de ayer.

Sakura se tensó de inmediato. De toda clase de posibles temas, para la conversación, su madre tenía que sacar específicamente lo del entrenamiento. No era que el adiestramiento como tal le alterara, sino que el accidente estaba relacionado con su fallido entrenamiento y con su incapacidad de estabilizar la antimateria debidamente. Si no fuese porque su madre estuvo presente y porque ambas tenían habilidades de clériga avanzadas, Sasuke quizá habría fallecido de un letal cáncer. El tan sólo imaginar ver a Sasuke convaleciente en sus brazos le estrujaba el corazón.

Sakura tomó un suspiro, para controlar sus inminentes lágrimas.

— Necesitaba despejar un poco mi mente — argumentó Sakura, tratando de librarse de una incómoda charla — He estado demasiado tensa últimamente.

— Lo sé. Sin embargo, es mejor que vayas a descansar un poco, hija. El frío es demasiado crudo y ya son altas horas de la noche — señaló la ninfa mayor — Además de todo, dentro de algunas horas continuaremos con tu entrenamiento, por lo que necesitas estar al cien.

Y he ahí, Sakura supo que no le agradaba para nada la conversación que había salido en aquel momento. Por supuesto, la ninfa ojiesmeralda ya se esperaba que su madre insistiera con lo del entrenamiento, pero ella tenía otra opción.

— Mamá... — enunció levemente la princesa de las hadas — ... no voy a continuar con el entrenamiento...

Kaguya abrió sus ojos como platos y su respiración se detuvo por algunos segundos, ante la impresión que le causó el escuchar aquellas palabras por parte de su hija. Lo cierto era que nunca jamás se habría esperado el escuchar resignación de parte de su hija, pues Sakura no era conocida por tirar la toalla tan fácilmente. Encima de todo, estaba condenando al multiverso entero a la extinción, pues Sakura actualmente era la única persona capaz de exterminar exitosamente a Magnus Chaos. Definitivamente su hija debía estar bromeando.

— ¿Pero qué dices, Sakura? ¡No puedes simplemente rendirte tan fácilmente! — le reprimió la albina, aunque no levantó su voz — ¡Tu destino es convertirte en una diosa Arcana y manipular la magia antimateria!

Sakura ni se atrevió a ver a su madre, así que desvió sus ojos a la izquierda y entrecerró levemente la mirada. Kaguya notó la incertidumbre en el aura de su hija y por fin entendió el porqué de su actitud reciente.

— No lo haré, madre. No quiero volver a poner en peligro a un ser querido — rebatió la princesa hada — Aún no estoy preparada para controlar aquel legendario poder y quizá nunca lo esté realmente. El accidente con Sasuke-kun fue lo que finalmente me abrió los ojos. Yo no estoy y nunca estaré lista para controlar aquel poder...

Kaguya se impactó aún más, especialmente por la seguridad de las palabras de su hija. Era adamancia absoluta, pero ahora estaba jugando en contra de la princesa de las hadas y del universo visible entero, llamado Prime. Aún así, Kaguya se decía que debía persuadir a su única heredera para que continuara entrenando en el único poder que lograría exterminar completamente a Magnus Chaos, el dios demonio de la destrucción.

La peliblanca exhaló oxígeno audiblemente y apretó la mano de su retoño.

— Sakura, escucha — pidió Kaguya, tomando el rostro de su hija y haciendo que la voltee a ver — No puedes resignarte tan fácilmente. Aquello fue un accidente, pero no pasó a más, ¿de acuerdo? Sasuke está bien y se recuperará en muy poco tiempo, gracias al tratamiento que le dimos — prometió, aunque no ayudaba en nada a Sakura — Tenemos que continuar con el entrenamiento, Sakura. No solamente es tu destino convertirte en la segunda Eva, sino que eres la única esperanza para la supervivencia del omniverso.

Claro, por supuesto que aquello tenía sentido. El peso del universo recaía en la princesa de las hadas. No obstante, ¿qué había de ella? ¿Por qué una adolescente como ella, de apenas dieciocho años, debía cargar con un peso tan enorme como aquello? ¿Por qué motivo no podía vivir una vida regular, como el de cualquier chica adolescente? ¿Por qué ella, en particular, tenía que lidiar con algo que no eligió? ¿Por qué el todopoderoso tenía que atormentarla con semejante tortura? Odiaba ser una princesa hada, descendiente de Eva del Génesis y del clan Senju, el segundo más poderoso e importante del cosmos.

Sakura se sentía irritada por el simplemente imaginar que ella no podía decidir su destino. Odiaba el ser la reencarnación de Eva. Ella no tenía porqué lidiar con semejante conflicto bélico. Ella debería ser una chica normal, que se casara con Sasuke y que formara una familia con el apellido Uchiha. No solamente debía ser así, sino que Sakura quería que fuese así. Si había algún universo paralelo, donde ella pudiese ser feliz, envidiaba a aquella otra yo que simplemente vivía una vida sencilla, como cualquier otra mujer.

Sakura apretó sus manos sobre su túnica, apretando también su vestido, y soltó un resoplido de enojo.

— No me interesa — masculló Sakura — Yo no elegí el ser una princesa, ni el tener que lidiar con aquel imbécil de Chaos. Odio todo lo que está pasando y el que yo esté involucrada en todo ésto. Tal vez Sasuke-kun tenía razón, cuando nos dijo a todos que ésto ya no era nuestra pelea. Al final de cuentas, quizá debimos haber escuchado el consejo de Sasuke-kun y nos debimos haber quedado en Terra.

— Sakura... escucha... — interrumpió Kaguya.

— No insistas, madre — le interrumpió de vuelta Sakura, levantándose del tronco donde estaba sentada y caminando unos pasos a lo lejos — No voy a continuar con el entrenamiento y no me importa tu opinión, o si el cosmos se va al diablo. Estoy harta de todo y no quiero continuar entrenando — siseó la ninfa, soltando una lágrima fugaz por la tremenda frustración que sentía — Es lo mejor para todos. De todos modos, ya demostré que soy incapaz de controlar la magia prohibida y el insistir en el entrenamiento nos pondría en peligro a todos.

Kaguya se quedó callada ahora, sin pronunciar una sola palabra. Realmente el accidente cambió la forma de parecer de Sakura, por lo menos en cuanto al entrenamiento, y podía sentir la angustia y dolor en su hija, al haber casi provocado la muerte de su amado. Sin embargo, Kaguya jamás se imaginó que Sakura se resignaría enteramente a seguir el adiestramiento en las artes antimateria, ni que dejaría a su suerte al multiverso, dejando que Magnus Chaos haga de las suyas.

La resignación de Sakura sonaba más a cobardía y aquello era lo que más le había enojado y frustrado a Kaguya. Aún con todo ello, si Sakura no deseaba continuar con su entrenamiento, Kaguya no la iba a obligar.

— Entiendo — enunció la albina, igualmente poniéndose de pie — Si ése es tu deseo y si no te sientes preparada, no te obligaré a continuar con el entrenamiento. Es tu decisión personal y ya tienes la edad suficiente para tomar tus propias decisiones — ratificó — En cuanto Sasuke se recupere completamente, volveremos a Próxima Centauri b, de ser posible al día siguiente. Mientras tanto, aún así deberías descansar.

Kaguya se dio la vuelta, soltó un suspiro de resignación y se dedicó al volver a su cabaña. La temperatura estaba en su punto más crudo y ya comenzaba a sentirlo Kaguya, seguramente igual que su hija. Justo antes de que volviese a su cabaña, la princesa de la luna se detuvo unos pasos al frente, aunque simplemente se mantuvo de pie. A pesar de que Sakura no volvió su mirada a la de su madre, sí se percató de que su madre se detuvo a unos metros de ella, demostrando que tenía algo más que decir.

— Sakura... — dijo Kaguya, volviendo sus orbes ambarinos a su hija.

Sakura por fin decidió a mirar a los ojos de su progenitora y se impactó de la fría mirada de la princesa de la luna. No era que fuese hostil, o que quisiese mostrarse agresiva, sino que tenía un sentimiento que dejaba helada a Sakura: la frustración.

— Me has decepcionado... — siseó Kaguya, para finalmente retirarse del sitio.

Sakura se quedó paralizada antes las palabras de su madre. Ni siquiera sentía el frío desgarrador que atacaba su cuerpo, provocado por el extremadamente bajo clima del exoplaneta. De todos modos, su corazón le dolía más que cualquier otra lesión.

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...

De nuevo, gracias por su preferencia y por seguir la historia.

Éste capítulo formaba parte del anterior, pero decidí seccionarlo en dos episodios. Por otro lado, mucho me temo que quizá la historia termine siendo de más de cien episodios, pues aún faltan varios eventos que tengo planeados. Espero que no les resulte sumamente pesado, mis lectores.

Sin más que aclarar por el momento, me despido de ustedes, linduras.