CAPÍTULO 15

Sakura se encontraba de pie frente a la puerta de su apartamento, buscando en el bolsillo delantero de su morral las llaves para ingresar en él.

―Aquí están las mías ―dijo Naruto, sacando su mano del bolsillo y entregándole un pequeño llavero plateado con las letras SW intercaladas, como en el logo de UchihaWorld. Sakura arqueó una ceja de forma interrogativa.

―Me lo dio Kendal cuando entré a trabajar ―explicó Naruto―. Creí que tenías uno también. ―A mí solo me dieron un carnet y el peor contrato de mi vida ―dijo, arrepintiéndose de sus palabras.

Soltó entonces una risita, tratando de hacer pasar su confesión como una broma, consiguiendo que le sonriera. Kendal y Naruto llegaron hacía cuatro horas a la casa de los Lancaster, porque Eva les avisó que Sakura se estaba quedando con ella, y que ahí los estaban esperando. Cuando Naruto cruzó la puerta de la pequeña mansión, Sakura no se atrevió a acercársele. Naruto, notando al instante la actitud apenada de su amiga, colocó la maleta en el suelo, extendió los brazos y la abrazó con fuerza cuando ella corrió y se lanzó hacia él.

―Perdóname, por favor. Soy una estúpida ―sollozó Saku contra el cuello de su amigo.

―No digas eso, Sakura, todos pasamos por malos momentos ―respondió Naruto frotándole la espalda. La deslizó hasta el suelo permitiendo que quedara sobre sus pies, y le dio un beso en la frente, al tiempo que le secaba las lágrimas con los pulgares.

Lara llegó a los pocos minutos para tormento de Naruto, quien no podía soportar su explosiva e hiperactiva presencia por tanto tiempo. La chica saludó a todos y se sentó junto a él luego de darle un beso en la comisura de los labios. Lara comentó que había llamado a Sasuke para que se les uniera en el almuerzo. Al escucharla, Sakura se disculpó indicando que necesitaba usar el baño, y cuando se apartó de ellos, marcó rápidamente a Sasuke para pedirle que no se presentara, que esperara hasta que hablara con Naruto.

―Llego a tu apartamento a las ocho en punto, Sakura. No voy a tolerar más demoras ―advirtió Sasuke desde el otro lado de la línea―. No quiero que nos sigamos escondiendo, mi amor, quiero poder abrazarte, besarte y que todos sepan que eres mía. Somos adultos y no tenemos porqué pedir permiso para estar juntos, aun así, quiero hacer las cosas bien por ti, preciosa; para que tu familia se dé cuenta que te amo sinceramente.

Sakura solo se había limitado a aceptar la hora propuesta y a rogarle que le dijera a los guardaespaldas que no la siguieran hasta su apartamento, para que Naruto no los notara; porque, aunque estaban apostados a la entrada de la mansión Lancaster, se confundían con los de esa familia. Sasuke se negó rotundamente, y solo aceptó que la siguieran desde lejos, cuidando de no ser vistos; al no tener más oportunidad, Sakura aceptó y luego colgó. Al menos por unas horas podría compartir con sus amigos, estar tranquila e imaginar que todo estaba bien y que su vida era perfecta.

Entraron al apartamento y Naruto acomodó su maleta junto a un sillón. Sakura dejó su bolso junto a la maleta, y cuando se giró para acomodarse en el sofá, su corazón se saltó un latido.

―¿Qué es esta caja, Elizabeth? Tiene tu nombre escrito ―preguntó Narutto, estirando la mano para levantar la tapa. «¡Maldito desgraciado!» Sakura se apresuró a impedir que Naruto descubriera el contenido de la caja, y prácticamente se la arrebató de las manos. No tenía el valor suficiente para hablar con él a solas, en realidad, si fuera por
ella, no se lo diría nunca.

―Son cosas del trabajo ―explicó rápidamente―. Eva me pidió que las revisara y las dejé aquí antes de irme para su casa. Naruto aceptó el argumento y se recostó en el sofá, agotado. Sakura se dirigió a su habitación, depositó su carga sobre la cama y la destapó. Ahí estaba todo lo que Sasuke le había enviado, más una nueva nota.
Revisa todo de nuevo, nena, si definitivamente nada te gusta te envío más catálogos. Te amo. Sasuke.

Sakura se dejó caer sobre la cama y cerró los ojos, al tiempo que emitía un fuerte suspiro. «¿O es, o se hace?» No entendía cómo Sasuke podía crearse una película en su cabeza, e imaginar que todo iba a la perfección; que ella lo aceptaba por él, y no por la amenaza proferida hacia su familia; que ella deseaba todo lo que él quisiera darle, e incluso exigirle que le diera más opciones porque no le gustaba lo que él le ofrecía. Era como si él creyera que ella era caprichosa y que por eso no se mostraba tierna y complaciente con él. En su mente era inocente de toda culpa, y todo era tan natural, que en su pensamiento ella lo aceptaba porque así debía ser, porque ella le pertenecía, aunque no lo quisiera admitir.

―Esto va a ser una lucha incesante ―susurró para sí misma. Colocó la nota de nuevo sobre las revistas y cerró la caja antes de esconderla debajo de su cama. Regresó a la sala donde Naruto se encontraba aún recostado en el sofá, se sentó junto a él, y aceptó el abrazo que le ofrecía, descansando en su pecho y pasando un brazo por su cintura. Necesitaba cruzar con él algunas palabras antes de que Sasuke llegara.

―Naruto, ¿puedo preguntarte algo? Tenía muy claro lo que quería preguntar, mas no, qué palabras usar para que no sonara extraño. Aunque con el poco tiempo del que disponía ya casi nada importaba, y lo mejor era que no se arriesgara a levantar sospechas sobre su verdadera situación.

―Claro, ¿qué ocurre? Sakura se quedó en silencio por unos segundos, tratando de formar en su mente frases coherentes que pudieran buscar respuestas a lo que su corazón más temía.

―¿Tú me seguirías queriendo como ahora, hiciera lo que hiciera? ―Su voz se tornó en un susurro. Tenía miedo de hablar y revelar más de la cuenta. Daniel la miró extrañado, aunque con una sonrisa en los labios, como un padre que mira a su pequeña hija luego de una pregunta sin sentido.

―Sakura… ―Naruto se acomodó, la estrechó más contra su pecho, y con un dedo bajo la barbilla, le levantó la cabeza para que lo mirara a los ojos―, ¿cómo se te ocurre que puedo dejar de quererte cuando yo te adoro con toda mi alma? Eres mi hermanita, mi niña, todo lo que más quiero en este mundo. Hagas lo que hagas siempre será así, y aunque me enoje contigo, y te grite o te ignore, mis sentimientos por ti no cambiarán nunca.

Dime, ¿acaso tu padre te dejó de querer porque cometiste alguna travesura?, o ¿tu madre por la misma razón? Nunca, ¿cierto? ¡Lo ves! Yo tampoco puedo dejar de quererte; al contrario, mi deber es apoyarte y estar contigo para enseñarte a no cometer el mismo error, o para impedir que tomes el camino equivocado. A ese punto, Sakura tenía los ojos llenos de lágrimas y una sonrisa triste reflejada en su rostro.

Si Naruto fuese diferente con ella, si su respuesta hubiese sido que solo la quería por cómo era, y que si cambiaba miraría hacia otro lado y jamás la volvería a reconocer como su niña, ella habría podido, al menos, pensar en que se condenaba sola, porque él, al no quererla más, no sufriría por ella sin importar lo que sucediera. Sin embargo, luego de esas palabras le era imposible no llorar, porque le indicaban cuán incondicional era su amor, su deseo de protegerla, de verla feliz, de verla terminar de crecer, si es que para él algún día dejaba de ser una niña, cosa que no creía posible. Ese pensamiento la hizo sonreír de verdad. Ella siempre sería su niña, y era precisamente por eso que estaba dispuesta a convertirse en la esposa de Sasuke Uchiha, con tal de protegerlo.

―¿Por qué preguntas eso? ―habló en un tono más serio, cuando Sakura desvió la mirada―. Sé que algo me estás ocultando, sé lo que es y no me gusta. Sakura lo miró sorprendida e intentó contradecirlo, solo que Naruto se lo impidió al ignorarla y seguir hablando. ―Lo sé desde el día en que discutí con Uchiha en vicepresidencia. Cuando él se mostró tan posesivo contigo, me di cuenta que algo estaba sucediendo y por eso lo golpeé; luego me dijiste que era solo porque te veía como a Lara, y no te creí. Sus actuaciones eran de un hombre enamorado, celoso, y en su oficina me lo confirmó.

―¿En su oficina? Pero… ―Sakura estaba tan aturdida por las palabras de Naruto, que en ese momento olvidó que ya no tenía sentido ocultar la verdad―. No sé de qué hablas; yo no…

―¿Por qué crees que no intervine cuando los vi besándose en el pub? ―interrumpió Naruto. Su tono de voz no era

alterado ni molesto, aunque sí se notaba cansado y para nada a gusto con el tema―. Incluso supe que algo más pasó en ese viaje a York cuando evadiste mis preguntas y te saliste por la tangente. Sakura se quedó sin palabras. Naruto lo sabía todo. Entendió entonces porqué él siempre se mostraba tan calculador con ella cuando hablaban de Sasuke; porqué le preguntaba cómo estaban sus cosas con él, qué le decía o hacía, y cómo se sentía ella a su lado; y lo peor, o quizás lo mejor de todo, era que él pensaba que ella estaba de acuerdo y feliz con la relación. Naruto la abrazó más fuerte, le dio un beso suave en la frente y apoyó la mejilla en su cabello.

―Solo quiero que me digas que estás con él porque así lo deseas, y no porque te está presionando con alguna estratagema. La chica levantó la cabeza y lo miró con temor. «¿Acaso también sabe de la amenaza?» Al parecer, por la calma con la que hablaba, era solo una sospecha o suposición de su parte y no un hecho que creyera cierto, por lo que dependía de ella quitarle esa idea de la cabeza, dejando en claro que estaba con Sasuke porque lo quería, así su corazón se retorciera de agonía con el solo pensamiento. ―No te lo había dicho porque no sabía cómo ibas a reaccionar, y cuando asumiste que yo estaba deslumbrada por su poder y dinero y no por él como persona, decidí que era mejor mantenerlo en secreto.

―¿Él te lo pidió? ―No, fue mi decisión. Sasuke deseaba contarles a todos de nuestra relación. Era yo quien le pedía que guardáramos silencio.

―¿Por qué él, Sakura? ―susurró Naruto negando con la cabeza―. Kendal es tan diferente, sería perfecto para ti. Por qué no intentas, no lo sé… acercarte a él. Si quieres yo puedo hacer las veces de celestino y…

―Naruto ―interrumpió Sakura. ¿Qué no daría ella porque fuera Kendal y no Sasuke al que estuviera esperando en ese momento? No era que se sintiera atraída por él, sino que como decía su amigo, él era muy diferente a su primo, y no sería infeliz siendo su pareja―, nadie puede mandar sobre el corazón. Solo fue algo que sucedió y nada más. Cuando me di cuenta ya estaba en sus manos y no tenía salida. ―Igual nada es definitivo y puedes terminar con él. Si no quieres estar con Kendal puede ser con cualquier otro. Eres muy joven aún, te falta gente por conocer. ―Naruto tomó el rostro de ella entre sus manos―. Regresa a América.

Con tus notas puedes conseguir una beca en la universidad que desees, incluso yo puedo tratar de ayudarte con tu manutención y los gastos extras que tengas. Lo que tú quieras dímelo y yo trataré de conseguirlo, haré lo imposible porque tengas lo que desees. ―Lo que quiero, Daniel, es precisamente esto, lo que ahora tengo y lo que tendré. «La paz de mi familia y la tuya.» ―No podré ser feliz si me separo de Sasuke. ―Su voz sonaba firme, tratando de ser convincente tanto para él como para ella misma―. Entiéndeme, por favor, no deseo estar en otro lugar que no sea junto a él, no puedo y no quiero.

―No me gusta, no me gusta nada.

―¿Qué cosa exactamente? ―preguntó Sakura con cautela. ―Sé que puedo estar equivocado, o que quizás sea un reflejo de los sentimientos que tiene por ti, pero te aseguro que jamás había visto algo parecido. Es como si tú fueras la totalidad de su mundo, su razón para existir, para respirar. Cuando te mira, revisa tu cuerpo de arriba abajo, aunque en sus ojos no hay lujuria, al menos no la mayoría de las veces, sino más bien reconocimiento; es como si quisiera cerciorarse de que estás intacta, libre de cualquier herida.

Luego de grabarse tu imagen en su mente, estira la mano y te toca sin que te des cuenta; no toca precisamente tu piel, quizás por eso no lo has notado, pero sí acaricia alguna hebra de tu cabello o roza tu ropa, como si deseara comprobar que no eres una visión. ―Naruto suspiró y negó con la cabeza―. Me da miedo, Elizabeth, ese no es un comportamiento normal. Por muy enamorado que esté de ti, no es para que muestre todas esas actuaciones… Temo que esté obsesionado contigo y llegue a obligarte a hacer cosas que no deseas. Sakura dejó de respirar por un momento. Naruto había dado en el punto exacto de toda la situación.

Después de esa revelación, tenía que actuar con mayor cautela para que no se diera cuenta de que sus sospechas eran ciertas. Eso sería catastrófico. Era el momento de indagar sobre las consecuencias de su decisión. Si bien ya su amigo le había dicho que no dejaría de quererla, hiciese lo que hiciese, un matrimonio con un hombre al que solo conocía hacía un mes, y que precisamente no le caía bien a él, no se podía comparar con una travesura infantil. Tenía que hacer algo que no deseaba, para convencer a Daniel: defender a Sasuke.

―Sasuke nunca sería capaz de hacerme daño. Él solo desea lo mejor para mí ―afirmó lo más convincente que pudo, y su determinación le permitió que fuera creíble. ―Tú no tienes la experiencia suficiente para dictaminar si sus palabras son ciertas o no. Te digo que no es normal lo que él siente por ti. Sakura se incorporó para poder mirarlo de frente y así, dar más énfasis a sus palabras. Esperaba que no notara la mentira parcial en sus ojos, porque después de todo, aceptar estar con Sasuke había sido su decisión. ―Sé que es la primera relación que tengo y él es un hombre mucho más experimentado que yo, pero soy capaz de darme cuenta de lo que siente por mí, y yo por él. ―Se arrodilló en el sofá y quedó sentada sobre sus talones―. Quiero estar con Sasuke, Naruto.

Déjame hacer las cosas a mi manera, equivocarme y aprender de mis errores. Cuando era niña, mi padre estaba siempre pendiente de que nada malo me pasara, al igual que mi madre; luego cuando él murió, apareciste tú y te convertiste en mi ángel de la guarda. Nunca he tenido la oportunidad de tomar mis propias decisiones sin la influencia de ustedes, y saber si elegí bien o no; porque no es solo mi decisión, sino la compartida con todos, por todos. Permíteme crecer, por favor. Reconoce que ya es hora de que empiece a pensar por mí misma, a tomar las decisiones que afectarán el resto de mi vida. Daniel frunció el ceño.

―¿A qué te refieres con que afectarán el resto de tu vida? Sakura abrió la boca para tratar de explicarse sin llegar a contar sus planes impuestos, cuando el timbre de la puerta la interrumpió. Conmocionada, miró el reloj de la pared lateral de la sala y vio que marcaba las ocho en punto. No se había percatado de lo rápido que corrió el tiempo, y que ya se le había acabado.

―¿Quién puede ser a esta hora? ¿Estás esperando a alguien? Naruto se levantó y caminó hacia la puerta para abrirla. Sakura sintió un retumbar rítmico de tambores por toda la estancia, y en seguida se dio cuenta que era su corazón el que latía en su pecho de forma violenta. Había llegado la hora. El chico colocó la cadena de seguridad antes de abrir, giró la perilla y abrió la puerta hasta donde esta se lo permitió; volvió a cerrar la puerta y giró para mirar a Sakura con el ceño fruncido.

―¿Elizabeth? Se giró, retiró el sistema de seguridad y abrió la puerta de par en par. La alta y bien formada figura de Sasuke Uchiha se alzaba en la entrada. Estaba vestido con un pantalón negro, una camisa, correa y zapatos del mismo color; las mangas las tenía recogidas hasta los codos y los dos primeros botones abiertos, permitiendo que se atisbara el suave bello que le cubría el pecho; su cabello estaba húmedo y algo despeinado. Sakura tuvo que admitir que se veía muy sexy, pensamiento que desechó al instante.

―Naruto… ―Sasuke fue el primero en hablar―, he venido a conversar contigo algo de suma importancia, tanto para ti como para mí. El tono del hombre fue calmado, sereno y suave, y al mismo tiempo tan firme que no admitía negativa alguna. Naruto no contestó. Giró sobre sus talones, se encaminó a un sillón que se encontraba frente al sofá y tomó asiento.

―Atiende a tu invitado, Sakura ―ordenó con tono mordaz, mirándola fijamente a los ojos―. Pídele que entre y tome asiento, quiero escuchar lo que tiene que decirme. Sakura se apresuró a obedecer y tomó a Sasuke de la mano, para halarlo hacia adentro. Él la tomó por la cintura y la acercó a su cuerpo para susurrarle al oído.

―Yo lo manejaré, amor, tranquilízate. Sakura no le contestó, y lo volvió a halar para llevarlo hasta el sofá. Cuando ya estaban sentados los dos juntos, Sasuke tomó la mano de Sakura y la retuvo a pesar de sus sutiles forcejeos.

―Los escucho ―anunció Naruto en tono serio. Su mirada estaba fija en el rostro compungido de la chica. ―Sabes que amo a Sakura.

―¡Sasuke! ―exclamó Sakura, al tiempo que Daniel desviaba su mirada hacia el hombre. ―Lo sabes porque yo te lo insinué.

―¿Pero en qué momento hablaron ustedes? ―preguntó Sakura, pasando la mirada de uno a otro. ―Lo tuyo no es amor, Sasuke, es obsesión.

―¿Y qué es el amor sino un tipo de obsesión? ―inquirió Sasuke de vuelta―. Tú también estás obsesionado con ella bajo tu forma de amarla. Arriesgaste todo por lo que has luchado toda tu vida: la beca, el mejor empleo que un estudiante de primer año pueda tener, toda una vida de éxitos, todo por protegerla a ella, por querer apartarla de mí. ―Sasuke se inclinó hacia adelante, penetrando con su mirada los ojos del chico, como tratando de descubrir sus pensamientos―. Incluso, me atrevo a decir que en este momento tu mente maquina la forma de enviarla a algún lugar lejano, donde yo jamás, a tu parecer, pueda encontrarla. ¿Me equivoco acaso, Naruto? El chico apretó la mandíbula con fuerza y sus ojos reflejaron el deseo ardiente de deshacerse del hombre frente a él.

―¡No es lo mismo! Mi deseo es protegerla, no pervertirla.

―Y el mío es hacerla mi esposa, cuanto antes. El silencio reinó en la habitación. Naruto se enderezó en su silla y su cabeza giró como impulsada por un resorte para mirar a Sakura, buscando alguna contradicción en su expresión. No la encontró. La chica se limitó a bajar la mirada, y zafándose del agarre de Sasuke, empezó a retorcerse las manos frenéticamente.

―¿Estás embarazada? ―preguntó Naruto entre dientes, al tiempo que sus manos empezaban a masajear sus muslos de arriba a abajo. Sakura levantó la cabeza y vio los movimientos acelerados de su amigo. Su corazón empezó a latir más fuerte, el ritmo era ensordecedor, y sintió cómo su boca se resecó a causa del miedo. Naruto estaba a punto de estallar. Pocas veces había visto en él ese acto de frotar de sus piernas, y sabía muy bien lo que significaba. Cuando él lo hacía, era porque estaba conteniéndose para no desatar el caos. Quizás en ese momento deseaba matarla, y la única manera de evitar hacerle daño era precisamente esa. Era su forma de mantener sus manos ocupadas para no descargarlas sobre alguien más. Sobre ella o Sasuke.

La boca de Sakura se abrió intentando articular palabra, aunque solo logró pronunciar el nombre del que siempre consideraría su hermano.

―¡Contesta! ―gritó Naruto al ver la incapacidad de Sakura para responder.

―No le levantes la voz ―gruñó Sasuke, apretando los dientes y mirándolo de forma amenazante.

―Sasuke, por favor, no te metas ―rogó Sakura. Sin previo aviso, Naruto se puso de pie, se acercó a la chica y la tomó por el brazo, levantándola con el impulso. Sasuke reaccionó, sujetando la camisa de Naruto por la parte delantera.

―¡Suéltala! Naruto, con la mano que tenía libre, empujó a Sasuke por el pecho, y antes de que él pudiera responderle, Sakura reaccionó.

―¡Ya basta! ―gritó, ubicándose en medio de los dos. No deseaba que la escena de la recepción de vicepresidencia se repitiera en la sala de su apartamento, ni en otro lugar. Colocando las manos en el pecho de Daniel, lo miró a los ojos para que él pudiera ver en los suyos la verdad de sus palabras.

―No estoy embarazada, mi vida. Te lo juro. Sasuke pasó un brazo por la cintura de Beth y la acercó a su cuerpo de forma posesiva, apoyando así la espalda de ella en su pecho. Estaba celoso del término que ella usó para dirigirse al chico.

―¡No la toques! Ella no te pertenece ―dijo Naruto sin soltar el brazo de Sakura.

―¡Ella es mía! ―refutó Sasuke acaloradamente. Sakura pudo sentir el estremecimiento que recorrió el cuerpo del hombre sobre el que estaba apoyada. Contradecir a Sasuke con respecto a su posesión sobre ella era una total blasfemia. Previendo lo peor, y sabiendo que en sus manos estaba evitarlo, estiró su mano libre hacia atrás, y encontrando la de Sasuke, la apretó con fuerza.

Sasuke bajó la vista hacia ella y Sakura, mirándolo para advertirle silenciosamente que se controlara, pudo observar la agonía que en sus ojos se mostraba, al estar consciente de que su última afirmación aún no era del todo cierta. Era la primera vez que ella lo veía de esa manera. Toda su locura y obsesión provocadas por una verdad que ni su propia alma perturbada podría refutar. Todo a su alrededor desapareció: la sala, los muebles, su amigo. Todo se había convertido en nada, para hacer del hombre que la miraba agónico, su completo universo. En su pecho afloró el deseo de protegerlo, de acariciar su rostro y reconfortarlo.

Quería demostrarle que ella podía hacerle olvidar todos sus sufrimientos, y que estaba dispuesta a todo por conseguirlo. Su mente estaba desconectada por completo, e incluso su corazón parecía haber dejado de cumplir su aparente función; era su alma la que le mostraba sentimientos que nunca había experimentado por alguien más, y que en ese momento parecían naturales en su percepción. Él era el hombre, el componente poseedor de la fuerza en ese íntimo dúo, y aun así ella deseaba convertirse en la guardiana y protectora de su alma, para no tener que ver nunca más en él, el sufrimiento que carcomía su propio ser.

En ese instante, decidió apartar ese tormento de él. No por evitar que los dos hombres se fueran a los golpes, sino porque sintió cómo su corazón se contraía debido a la pesadumbre de su igual. No era ella la que en ese momento necesitaba consolarlo, era su alma.

―Siempre… ―susurró involuntariamente, mirando esos azules pozos de agonía. El cuerpo de él se relajó al instante y su respiración empezó a normalizarse. Una pequeña sonrisa se posó en sus labios, y sus ojos mostraron toda la gratitud hacia ella por pronunciar las palabras que tanto necesitaba escuchar, así no fuesen ciertas. Su alma estaba complacida. La pareja estaba tan concentrada en el momento, que no se percataron de que Naruto se había apartado de ellos y los miraba desde una distancia prudente.

Su retirada no se debió al miedo a ser agredido; si tuviera que enfrentarse él solo a toda una pandilla para defender a su hermanita, lo haría sin siquiera medir las consecuencias; su retirada se debió a lo que vio en ella, a su transformación. Naruto pudo ver cómo sus miradas se conectaron, cómo los ojos de ella brillaron de forma inexplicable, y su rostro demostraba un sufrimiento tan agónico como el de Sasuke. Los padecimientos de él eran los de ella, cualquier daño causado en contra de ese hombre, su niña los sufriría doblemente; y eso era algo con lo que jamás podría convivir.

Ella debía ser feliz, ese era su destino, y él mismo se encargaría de que así fuera, aunque tuviera que ir en contra de sus propios deseos, como eran los de apartarla de un hombre que no consideraba correcto como cuñado. Y no fue solamente la expresión de la chica lo que lo impresionó: Sakura había pronunciado una palabra que haría callar a cualquiera, así no entendiera su significado. Por la forma en la que fue articulada, era una palabra que tenía un alto valor para ella, como si de una expresión sagrada se tratase. Algo que podía salvarla o hacerla yacer en el infierno de la desolación para siempre. Y por la forma en la que Sasuke reaccionó, no cabía duda de que para él también representaba una gran importancia. A pesar de todo, Naruto no pensaba desaprovechar la oportunidad de hacer cambiar de parecer a Sakura, y alejarla de ese hombre que no le agradaba en lo absoluto.

―Elizabeth, necesito hablar contigo, a solas. La voz de su amigo la sacó de la ensoñación en la que estaba sumida. Parpadeó rápidamente para aclarar su vista, que se encontraba nublada. Al notar su cercanía con Sasuke, frunció el ceño y se retiró. No era consciente de lo sucedido, solo que, sin poder explicar el porqué, le había confirmado a Sasuke que siempre sería suya, y eso la disgustó consigo misma.

―No me iré de aquí hasta que aceptes nuestro compromiso y pronto matrimonio ―anunció Sasuke con vehemencia. Naruto apretó los dientes y los puños a cada lado de su cuerpo, para no hacer algo que dañara a Sakura. Le hizo un gesto con la mano para que lo siguiera y se dirigió a su habitación, la primera del pasillo. Luego de que la chica lo siguió, entró al cuarto, cerró la puerta y se recostó sobre ella. Sakura se sentó tímidamente en la cama, y prefirió guardar silencio, dejándole a él el uso de la palabra.

―¿Cuándo? ―preguntó el chico, mirándola. ―No hemos fijado una fecha, aunque dudo que pase de un mes. Daniel dejó caer la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y suspiró.

―Cuando él me dio a entender que se casaría contigo, creí que hablaba de una suposición, de algo que sucedería en un año o dos; por eso imaginé que tenía tiempo suficiente para alejarte de él, para enviarte de regreso a Estados Unidos, o al menos hacer que tu atención se centrara en Kendal, en Jerry, en cualquier otro que no fuera él.

―¿En qué momento hablaste con Sasuke sobre el matrimonio? ―preguntó Sakura en un tono más alto―. ¿Por qué nunca me platicaste de esa conversación?

―Porque tú te negabas a aceptar la relación que tenías con él. Fue el día que él y yo nos peleamos. Le dije que tú eras una mujer para respetar, para valorar, y Sasuke me respondió que yo mismo te entregaría en el altar.

―¡¿Qué?! ―exclamó Sakura, levantándose de la cama, y colocándose una mano en la frente.

―¿Cuál es el problema? Te vas a casar con él, lo amas. No veo qué diferencia haría que lo supieras antes o ahora. Sakura no contestó, aunque la respuesta fue gritada por su mente: «habría hecho toda la diferencia.» Si ella hubiese sabido en ese tiempo que Sasuke tenía la intención de casarse con ella, probablemente no se encontraría en esa situación. Habría podido crear una estrategia para escapar, algo que le permitiera evitar el chantaje. «Él no lo habría permitido», se dijo a sí misma luego de razonar.

Sasuke la tenía en sus manos desde mucho antes de pisar su oficina. Precisamente por él era que había pisado esa oficina. Ya no tenía sentido recriminarse, ni a ella ni a alguien más. No había marcha atrás, y él nunca le hubiera dado tregua alguna. La seguiría hasta el fin del mundo.

―¿Qué pasa? ¿No esperabas su propuesta? ¿O es que te está amenazando con algo?

―¡Que no! Naruto caminó hacia ella, la tomó de los brazos y la acercó a él para verla a los ojos.

―Júrame, Sakura, que te casas con él porque lo amas y no porque te tiene deslumbrada, o peor aún, chantajeada ―rogó desesperado―. Tú quieres estudiar, ser profesora de matemáticas. ¿Es que acaso te olvidaste de tus sueños? Esas noches en las que en el porche de tu casa, nos sentábamos a imaginar cómo serían nuestras vidas luego de ser profesionales, y de cómo usarías a tus estudiantes para vengarte indirectamente de los profesores que no te agradaban. Sakura lo miró y ahogó un sollozo que quería escapar de su garganta. Sus sueños, claro que había pensado en ellos. Todos esos deseos estaban tirados por la borda, sacrificados por el mismo motivo que toda su vida: el amor que sentía por su familia. Estaba convencida que mentir, era la única forma de mantenerlo a él y a todos, a salvo del demonio que en ese momento se encontraba en su sala.

―Quiero casarme con Sasuke, y no es por chantaje ni deseo de riquezas. Me conoces muy bien y sabes que eso no me interesa. Me casaré por amor, esa es la única razón. «Por amor a ustedes.» Naruto inspeccionó sus ojos, buscando algún tipo de vacilación o mentira, y solo encontró la determinación de un hecho real, expresado en las palabras que acababa de decir. La abrazó y apoyó su mejilla en la cabeza de ella.

―Solo tienes un mes de conocerlo, ¿cómo es posible que ya hables de amor? ―preguntó Naruto, intentando hallar la forma de hacerla desistir―. Si te quieres casar con él está bien, pero al menos espera un poco más, unos meses. Quizás descubras que no es amor lo que sientes por él, sino cariño. Un simple enamoramiento. Sakura negó con la cabeza.

―No hay forma de que el matrimonio se aplace. ―Levantó la cabeza y lo miró a los ojos―. Soy consciente de lo que siento por él, estoy segura de ello. Es mi decisión. Quiero que lo entiendas, por favor. Naruto observó los ojos color chocolate de la chica por un momento, y contrajo los labios en una mueca de derrota.

―Si él te hace daño, si te causa el más mínimo dolor, solo me bastará una palabra tuya para dejar todo y largarnos de este maldito país, al que me arrepiento una y mil veces de haberte traído. Sakura acomodó su rostro en el fuerte pecho de su amigo, que muchas veces la había reconfortado y consolado.

―Eso nunca sucederá, estoy segura. Sakura no se refería a los posibles maltratos, porque, aunque Sasuke se lo había asegurado muchas veces, no estaba segura de si él sería capaz de agredirla físicamente en un ataque de rabia. Ella se refería a informarle a Naruto si en algún momento llegaba a suceder. No importaba lo que Sasuke hiciera con ella, él nunca lo sabría. Cuando regresaron a la sala, Sasuke se encontraba sentado en el sofá. Al ellos entrar se puso de pie, y extendió la mano hacia ella para que se acercara.

Sakura, sabiendo que debía aparentar cuando tuvieran público, tomó la mano de Sasuke y dejó que este le rodeara la cintura con un brazo.

―Naruto ―dijo Sasuke―, quiero que te quede claro que no te estoy pidiendo permiso para casarme con Sakura; te informo para demostrarte que mis intenciones con ella son serias y honorables, y que tú, como el representante de su padre ya fallecido, tienes derecho a saberlo en la forma de lo que en otros tiempos sería una petición de mano.

―Si esto es una pedida de mano, entonces debo decirte que no tienen mi bendición; y aunque ahora mismo desearía estar dos siglos en el pasado, y así tener poder sobre las acciones de ella, ese no es el caso, por lo que debo resignarme a aceptar la decisión de Sakura de casarse contigo. Sasuke asintió e intentó hablar, cuando Naruto lo interrumpió:

―Si me llego a enterar que le has hecho derramar una sola lágrima que no sea de felicidad, te juro, Sasuke Uchiha, que así me lleve la vida, no descansaré hasta hacerte pagar el doble, cada uno de sus sufrimientos, por más ínfimo que pueda parecer. Sasuke lo miró fijamente.

―Antes de atreverme a agredirla de cualquier manera, me arrancaría la piel y luego me expondría al sol ardiente para sufrir mil veces su dolor.

―Cuenta con mi ayuda ―dijo Naruto, mirándolo directamente a los ojos. Sakura no podía soportar por más tiempo esa situación tan tensa. Se disculpó con Daniel y arrastró a Sasuke fuera del apartamento. Cuando ya estaban en el pasillo, cerró la puerta detrás de ella y se recostó contra la pared.

―¡Dios! Pensé que moriría ahí dentro ―dijo con los ojos cerrados. Sasuke caminó hacia ella sin que lo notara, acercó su rostro y colocó las manos sobre la pared. ―Relájate, mi amor, ya pasó lo peor ―susurró contra sus labios. Al sentir la respiración de Sasuke tan cerca, abrió los ojos, sin ser tan rápida como para evitar que este la besara.

El beso fue suave, no para estimularla, sino para reconfortarla; de esa forma, Sasuke Uchiha le indicaba a Sakura Haruno, que estaba ahí para apoyarla en todo, para ser su soporte y compañía, y que siempre sería así. Antes de que Sakura intentara apartarlo, la puerta del apartamento se abrió y Naruto apareció, poniendo mala cara al verlos en esa situación. Sakura se sonrojó con intensidad, mientras que Sasuke sonreía con satisfacción. Aunque tenía bien claro que Naruto no sentía nada romántico por la chica, su mente enfermiza se complacía con demostrar su posesión sobre ella.

―Necesito saber qué sucederá ahora ―exigió―. No quiero más sorpresas. Sasuke miró a Sakura y le sonrió.

―Ve a tu cuarto, preciosa; necesito hablar con Naruto ciertos asuntos.

―Claro que no ―aseguró Beth negando con la cabeza―. No los voy a dejar solos.

―Somos personas civilizadas ―indicó Naruto―. Solo vamos a hablar.

―¿Y esperan que les crea después de la escena en vicepresidencia? No pienso dejarlos…

―Nena ―interrumpió Sasuke―, ve a tu cuarto y espéranos ahí. Te prometo que no me iré sin despedirme. Si bien Sakura deseó decirle que podía largarse cuando le diera la gana y no regresar nunca más, solo se contuvo por la presencia de Daniel. Asintió y se acercó un poco a Sasuke para susurrarle al oído.

―Que te quede claro que no me voy a ir de este apartamento hasta el día de la boda. No tienes opción con eso. Sasuke suspiró con cansancio y asintió.

―Lo que desees ―dijo antes de darle un rápido beso en los labios.

La chica se encaminó a su habitación, cerró la puerta y empezó a caminar de un lado para otro. No podía espiar porque el pasillo no le permitía pasar desapercibida; y la curiosidad, y el miedo a la imprudencia de Sasuke, no la dejaban esperar tranquilamente. Intentó ocuparse en algo para distraerse. Leer no funcionó, escuchar música tampoco, solo podía retorcerse las manos, nerviosa. Se recostó en la cama y analizó lo sucedido hacía unos momentos. Naruto no se lo había tomado bien.

Incluso, si ella no hubiese intervenido, habrían terminado a los golpes; aun así, sintió que pudo ser peor, y agradeció a Dios por la comprensión, o al menos la resignación de Naruto. Solo le quedaba orar por no escuchar gritos ni sonidos de golpes del otro lado de la puerta. Había pasado una media hora cuando sintió pisadas acercándose a su puerta, y vio cómo esta se abría para dar paso a Sasuke, solo. Se levantó de la cama y corrió hacia el hombre.

―¿Qué le hiciste? ―preguntó, asomando la cabeza por el marco de la puerta.

―Cálmate, nena. Está en la sala esperando a que me despida. La tomó por la cintura y la acercó a su cuerpo para intentar besarla, pero Sakura giró el rostro y lo empujó.

―Ya te puedes largar entonces ―dijo secamente. Sasuke ignorando sus crudas palabras, la abrazó con fuerza y la besó de forma apasionada. Sakura intentó separarse, lo cual le fue imposible pues la tenía firmemente sujeta.

Levantándola del suelo, cerró la puerta del cuarto con el pie, y la llevó hasta la cama, donde se recostó junto a ella. Sakura seguía forcejeando. Sabía que no debía ser ruidosa porque Daniel podía oírlos y darse cuenta de la verdad. Logrando separar por fin sus labios de los de él, le rogó que la soltara.

―Sasuke, Naruto está afuera, por favor, déjame en paz. El hombre lanzó un gruñido de frustración, y se separó un poco, quedando los dos acostados de lado, frente a frente.

―No veo la hora de tenerte por fin, de que estemos solos sin que nadie nos esté esperando ni con deseos de interrumpirnos. ―Podríamos estar en medio del desierto, con nadie a miles de kilómetros, y, aun así, no podrías besarme ni tocarme sin que yo me resistiera. No es la gente, Sasuke, soy yo la que no desea que esto suceda. Sasuke la miró por unos segundos y suspiró. Se incorporó en la cama, y luego de acariciar levemente su mejilla, se puso de pie.

―Me voy ―anunció―. No soporto seguir escuchándote hablar de esa manera. Duele aquí, Sakura ―dijo, señalando el lugar donde se encontraba su corazón.

―Tienes la solución a ese dolor en tus manos. No escucharlas más.

―Prefiero morir lentamente con el filo de cada una de ellas, que perecer al instante por su ausencia. Sin esperar respuesta, dio media vuelta y salió de la habitación. A los pocos segundos entró Naruto y anunció que Sasuke se había marchado. Sakura lo miró con ojos de interrogación y miedo. No le importaba lo que Sasuke pudiera sentir, su prioridad era su amigo. Este, al observarla, entendió su preocupación y deseó aliviarla al instante.

―Te quiero, Sakura, no importa lo que suceda, siempre lo haré. Sakura sonrió aliviada. Naruto caminó hacia ella, se sentó en la cama y la abrazó.

―Tengo un mes para hacerte cambiar de opinión ―dijo serenamente. Sakura rio, más por la ocurrencia que por lo que implicaba.

―¿De qué hablaron? ―Me comentó de los guardaespaldas, de una casa de campo a la que se irían a vivir, de su deseo de traer a mi padre, a Amelia y a Sussana para informarles de la boda en persona.

―Naruto se encogió de hombros―. Cosas así. No quería darle detalles sobre las advertencias que le lanzó a Sasuke, ni las respuestas de este, que, aunque no fueron agresivas, sí demostraban que no había ninguna posibilidad de que desistiera del matrimonio.

―¿Cómo te fue en el viaje? ―preguntó Sakura luego de unos segundos. Sabía que Naruto no le estaba diciendo todo sobre la conversación, e igual intuía que eran cosas de hombres que no podían evitar decirse en una situación como esa. En el momento solo quería olvidar todo y disfrutar de los pocos momentos que le quedaban con su amigo, antes de que se distanciaran por obvias razones. Al menos, agradecía que la distancia sería menor, que si Naruto se quedara en Inglaterra y ella volviera a Estados Unidos.

―Déjame bañarme y cambiarme, y regreso a contarte todo ―dijo Naruto, poniéndose de pie y dirigiéndose a la puerta de la habitación. Sakura decidió hacer lo mismo para relajarse y quitarse la tensión que sentía en los músculos. Luego se vistió con un viejo pantaloncito, y una blusa aún más vieja, de tirantes, con algunos pequeños agujeros y unas ovejas con caras graciosas en la zona del abdomen. Naruto se unió a ella a los pocos minutos, usando una pantaloneta gris y una camiseta blanca. Se recostaron en la cama y Naruto la abrazó, dejando que ella apoyara la cabeza en su pecho. Estuvieron hablando por un largo rato. Naruto le contó de los monumentos expuestos, las personas que conoció, incluso lo que se conversó en las reuniones, ya que Sakura deseaba saber hasta el más mínimo detalle.

―Lara me llamó un par de veces ―contó torciendo la boca―. La primera vez contesté porque no sabía su número, la segunda no pasó igual. Sakura se burló de la situación y Naruto cambió de tema rápidamente, volviendo al asunto de las reuniones. Le contó que le había comprado unos dulces que sabía le gustarían, y que había acomodado en la despensa mientras se terminaba de cambiar, así mismo otros regalitos sin importancia, los cuales prometió entregárselos al día siguiente. Cuando sintió que Sakura se estaba quedando dormida, intentó retirarse sin molestarla, pero la chica se despertó y lo abrazó con fuerza por la cintura.

―Quédate conmigo ―rogó―. No quiero dormir sola. Naruto le sonrió, asintió y se acomodó de nuevo. Antes de que ella se durmiera, quiso salir de una duda.

―Sakura… ―llamó, y continuó luego de que ella le contestara―, cuando Sasuke dijo que tú eras suya, en la sala, ustedes se miraron, y luego de unos segundos dijiste algo que no logré comprender. Sakura se tensó al instante, por lo que Naruto la tranquilizó, explicándole que solo deseaba saber qué significaba, por curiosidad. ―Le dije «siempre», dándole a entender que siempre lo sería ―explicó Beth, aún sin entender por qué había pronunciado esa palabra, que no representaba sus sentimientos ni su pensar.

―No me refiero a esa palabra, que entendí perfectamente. Hablo de la que dijiste luego de esa. Fue algo que no logré comprender, como si estuviera dicha en otro idioma, y aun así no parecía una expresión suelta, sino una forma de referirte a él, como si ese fuera su nombre. Sakura intentó recordar qué palabra había pronunciado después de «siempre», y no lo consiguió. De todas formas, no podía estar segura, pues fue un momento en el que se sintió abrumada y confundida por algo que tampoco era capaz de explicar.

―No lo recuerdo ―dijo, negando con la cabeza

―. ¿Qué palabra fue? ―Kopján.