Cuenta regresiva
Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.
Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.
Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Cambios
La teoría de Draco era sencilla. Si había una sola persona que vio el punto en que se resguardaba el Horrocrux, señalado por la magia oscura de Voldemort, entonces lo único que tenía que hacer era preguntarle a esta misma persona.
Ya que era imposible, por obvias razones entre el umbral de la vida y la muerte, la segunda opción más lógica era revivir el momento. Sin un Pensadero y los recuerdos adecuados, también era poco probable lograrlo. Pero con un giratiempo en mano, un pergamino de cálculos sobre la cantidad de giros que tendría que dar hasta llegar a la fecha correcta y notas del informe que le decían dónde y cuándo estuvo, sonaba como una posibilidad casi razonable.
Se iría, averiguaría lo que necesitaba y volvería, antes de que cualquiera lo hubiese notado, y sabría del paradero del Horrocrux cuando fuese a cenar esa noche.
Se aseguró de que las camas de sus compañeros, tras los doseles, estaban vacías, y de que Leonis no andaba por los alrededores de la Sala Común; supuso que, de nuevo, estaría abajo, o quizás con la profesora A. Con la cadena en una mano y los pergaminos en la otra, se metió al baño, cerró la puerta y la selló con un encantamiento sencillo, sólo por precaución. Su padrino siempre le insistía en que era mejor perder el tiempo con precauciones que con las consecuencias de no haberlas realizado.
Se concentró en las vueltas del aro, llevaba un conteo mental y murmuraba por lo bajo, para sí mismo. No podía fallar. Estaba tan confiado como se podía sentir con respecto a viajar en el tiempo.
Ahí.
El viaje comenzó y el baño comenzó a cambiar, la estructura se deterioraba, luego se reacomodaba, el tamaño también era modificado. Cuando se detuvo, se guardó la cadena dentro del uniforme y se sacó la capa de invisibilidad del chaleco, donde la tenía enrollada para facilidad de traslado. Se la echó encima, se aseguró de que sus pies no se notaban, y le siseó a Serpensortia para que se desenroscase de su muñeca y le devolviese el mapa que desplegaría para ubicarse.
La Serpensortia original tendría que haber sido creada por aquel entonces, así que no había modo de que el diseño fuese impreciso, ¿cierto? En esa teoría, se valía su plan.
Salió del baño cuando un Gryffindor que no conocía se abrió paso hacia adentro. Se escabulló entre otros dos, agachándose por debajo del nivel del brazo de uno, y empujó la puerta con cuidado para alcanzar el pasillo. No pareció que lo notasen, ya que no interrumpieron su conversación, de la que sólo captó palabras sueltas que no llamaron su atención.
De acuerdo al mapa, las viñetas de cuatro adolescentes que le resultaban familiares se reunían justo en el pasillo que daba a la Torre de Gryffindor, a unos metros de ahí. Draco se abrió camino por el retrato de la Dama Gorda, que se mostró confundida al no ver a nadie salir, y se detuvo al pie de las escaleras que daban de vuelta al corredor principal de esa ala del castillo. Contuvo el aliento, cuando una punzada le dio en el pecho.
—...son unos idiotas —La única chica del grupo hablaba con un gruñido retenido en la garganta. Se doblaba desde el abdomen, las manos recargadas en las rodillas, el cabello largo y rizado era una cortina para su expresión sombría—. Te lo digo, Lux, hacer esto- ¡a Leonis! ¡Ir por Leonis, por la espalda! ¿Y después somos nosotros las serpientes rastreras? No hay mucho honor en ir tres contra uno, cuando Leonis es menor que ellos y- ¡por Merlín! ¡Regulus es un terrón de azúcar! No mata ni a una doxy.
—De hecho —Reconoció al Regulus adolescente por el mismo cabello largo y negro, aunque su rostro era redondo, aniñado, de una manera dulce que ya no sucedía con el que él conocía. Emitió una risa nerviosa, mientras otro chico, uno que tuvo en claro que era Severus desde el primer instante, por la forma de torcer la boca en señal de desagrado, le bajaba la hinchazón de una mejilla golpeada con un encantamiento—, tuve que acabar con varias doxys en la última infestación de Grimmauld Place, porque Sirius se escapó a casa de los Potter. Madre iba a estar tan, tan enojada, si volvía y se daba cuenta de que seguían ahí.
—¿Que no tenían elfos?
—Kreacher —Regulus asintió a su amiga. Severus le sujetó la barbilla para girarle el rostro en la otra dirección y procedió a sanarle un corte en el pómulo—, sí, él me ayudó, pero eran tantas doxys. No podía dejar que lo hiciese todo solo, jamás habría terminado.
La joven Ariadna lo señaló con teatrales gestos amplios.
—Te-rrón de a-zú-car —Pronunció, firme—. No puedes no amar a Regulus. Severus es un amargado, yo quiero morder cuando me enojo y me enojo seguido, y tú...bueno, tú eres tú. Sólo nosotros te soportamos, Lux, pero la cosa es que Regulus es nuestro cachorro y-
El último de ellos, el de cabello rubio platinado, estaba recargado contra una de las paredes, brazos cruzados, varita entre los dedos. Tenía el labio roto y la barbilla ligeramente amoratada. Rodó los ojos.
—A ellos no les importará nada, mientras piensen que Regulus es un Mortífago —Le recordó, en tono severo. Draco tuvo que batallar con la sensación de que el pecho se le apretaba. No recordaba la voz de su padre. No recordaba que hubiese sido así.
—Regulus jamás sería uno...de esos.
—Yo lo sé, tú lo sabes, Severus lo sabe —Lucius se encogió de hombros—, ¿y eso qué? Las mentes pequeñas sólo pueden ver aquello en lo que creen.
—Qué profundo —Severus arrastró las palabras, a la vez que le echaba un mechón de cabello hacia atrás al menor del grupo, para hacer una última revisión y asegurarse de que no le quedarían secuelas de lo que fuese que hubiese ocurrido allí un momento atrás. Luego se dio la vuelta y lo señaló con la varita—. ¿Vas a dejarte eso como accesorio o vas a venir aquí, Malfoy?
Lucius se tocó la barbilla herida. A su lado, Ariadna se recuperó para codearlo con una sonrisa divertida.
—Tal vez a Cissy le gusten los chicos malos, esos que se meten en problemas por sus amigos.
—Oh, no, no —Regulus meneó la cabeza, con nerviosismo—, a Cissy no le gustará para nada.
—¿Cómo lo sabes? —Ella se cruzó de brazos. Lucius se veía pensativo—. A todos les gusta un poco de...ya sabes, ese toque travieso que tienen los que se meten en problemas, sin ser malos.
—A nadie puede gustarle una persona sólo por tener un moretón —Severus le frunció el ceño a Regulus, cuando este hizo ademán de decirle algo. Él se calló y se puso a juguetear con sus dedos, mientras su amiga reía y le pasaba un brazo sobre los hombros a un irritado Lucius, que no vio sentido en intentar quitársela de encima.
—Mira, lo que vamos a hacer es lo siguiente. Tienes que ser sutil, no como Regi —Le dio una mirada por encima del hombro al chico, que enrojeció un poco y vio de reojo a Severus—. Lento pero seguro se ganan las batallas entre Sly. Hay que dejarnos de tonterías, Lux, en serio. Vamos a Honeydukes este fin de semana, conseguiremos una canasta, le pondremos dulces y uno de esos moños asquerosamente rosas que les han gustado a otras chicas estos días, entonces tú te vas a acercar y serás lindo, ¿sabes ser lindo? Lo dudo, pero podemos empezar a practicar...
Tuvo que retener el impulso de seguirlos cuando notó que se alejaban, perdiéndose por uno de los pasillos. Ariadna tenía el brazo sobre los hombros de Lucius y le proponía ideas para invitar a Cissy a una cita decente. Severus los seguía, haciendo comentarios sobre lo mal, muy, muy mal que aquello iba a resultar, Regulus sostenía unos centímetros de la manga de su túnica, tirando de la tela con cuidado para llamarle la atención y hablarle en voz baja. No soltaba la ropa de Snape cuando terminaba. Él tampoco le pedía que lo hiciese.
Ellos, sin embargo, no eran su objetivo. La chica que estaba unos pisos más abajo, en lo que supuso que seguiría siendo el aula de Pociones incluso en el pasado, sí.
Draco se dirigió hacia allí, esquivando a grupos de estudiantes por momentos, y se detuvo en las escaleras que bajaban a las mazmorras, cuando la oyó. Ese tono suave era el mismo de sus sueños, el que lo acompañaba al cerrar los ojos. El que le pedía que ya no tuviese miedo.
A pesar de estar cerca del toque de queda, Narcissa Black caminaba al lado del profesor Slughorn, ese que estuvo antes en el puesto de su padrino y había visto en algunas fotos y recortes de periódico. El hombre cargaba una pecera redonda, con un pequeño pez del mismo color rubio-blanquecino del cabello de la joven bruja, que se despidió de él con una sonrisa débil, se abrochó la insignia de Prefecta, y caminó en dirección opuesta a la que él tomaba.
Draco se hizo a un lado, justo a tiempo para evitar una colisión, y se apresuró a seguirla cuando la Narcissa adolescente dobló en la esquina. El corredor estaba solo, anochecía afuera.
En la siguiente esquina, trastabilló por la brusquedad con que tuvo que detenerse.
Narcissa se había parado exactamente en el punto de cruce de alguien que caminase por ese pasillo. Cruzada de brazos, ojos entrecerrados, barbilla en alto, la varita en una mano.
—Lucius Abraxas Malfoy, si me estás siguiendo de nuevo bajo tu estúpida capa de invisibilidad...
Dejó las palabras en el aire, supuso que a propósito para que la persona bajo la capa se defendiese o se mostrase. A él le pareció lo más lógico mantenerse callado.
No le tomó más de unos segundos caer en cuenta de que era un grave error. Narcissa dio un paso hacia adelante, obligándolo a apartarse más para que no tropezasen. Supuso que fue lo que necesitaba para comprobar su presencia.
—Malfoy —Advirtió, en un susurro contenido—. Te he dicho mil veces que no necesito que me cuides cuando los Gryffindor vuelven a…
Draco tragó en seco cuando la varita se acercó demasiado a su rostro y se bajó la capa hasta los hombros, revelando su cabeza solamente. La expresión de culpa era del todo genuina.
La chica parpadeó y se echó hacia atrás, sus facciones relajándose al notar que se trataba de un estudiante menor. Se guardó la varita en la manga de la túnica.
—¿Nos conocemos? —Inquirió, ladeando la cabeza—. Te me haces tan familiar...pero estoy segura de no haberte visto antes. Es poco probable, si eres un Gryffindor, ¿de segundo?
—Tercero —Corrigió, en voz baja. Ella asintió.
—Los de tercero también tienen que cumplir su toque de queda.
—Yo- yo estaba buscando...a alguien —Vaciló al decirlo, mirándola desde debajo de sus pestañas con un pequeño puchero. Narcissa todavía lo veía como si intentase descifrar algo.
—Tu nombre —Exigió, con un gesto vago. Soltó el primero que se le ocurrió.
—Granger.
—¿Granger? —Arrugó un poco el entrecejo, supuso que al percatarse de que no era el apellido de ninguna familia de magos. Él asintió, sin pensar—. Bien, escucha. No te quitaré puntos, esta vez, porque el toque de queda apenas está comenzando. Pero voy a llevarte a tu torre.
—No es nece-
—Lo es. Tienes esa mirada que ponen los niños cuando van a hacer alguna travesura —Lo señaló de forma acusatoria—, y no voy a dejar que causes problemas en mi ronda.
Draco se tragó sus réplicas y la siguió cuando ella le pidió que lo hiciese. Desde atrás, era más notable su tocado complicado, que le dejaba el cabello sostenido en la parte alta de la cabeza y a los mechones caer por sus hombros, en perfecto orden, la postura recta con que andaba. No podía dejar de observarla.
Su madre había sido una adolescente preciosa. Una mujer maravillosa. Una bruja extraordinaria.
Él lo sabía desde siempre, por las historias; no cualquiera abandonaba los ideales de su familia y huía, no cualquiera moría formando un escudo para su pequeño hijo de un año. Pero jamás podía ser igual conocer los hechos, que tenerla adelante. A tan poca distancia.
Draco había deseado sólo un abrazo, uno más, desde que tenía memoria.
Tenía la vista nublada por las lágrimas cuando notó que le echaba una ojeada por encima del hombro, al hacer una pausa frente a las escaleras que daban hacia el área de la torre. Para entonces, ya se había quitado la capa y guardado dentro de su chaleco, enrollada, y ella no tuvo problemas en notar su estado.
—¿Qué...?
—¡Ci-ssy! —Interrumpió una segunda voz femenina. Medio segundo más tarde, Ariadna se arrojaba sobre Narcissa, envolviéndole el cuello con los brazos y la cadera con las piernas, gritando algo que sonaba a "¡cárgame, cárgame!".
Plantó un beso sonoro en su mejilla. Narcissa posicionó una mano entre ellas, apartándola sólo lo justo para detenerla. Aún lucía tranquila.
—Ariadna, por favor, compórtate.
—Comportarse es tan aburrido —Canturreó ella, sólo liberándola cuando Lucius, que venía detrás, la hizo levitar con un hechizo. La chica se rio, retorciéndose en el aire, y volvió a pisar el suelo con una postura perfecta de gimnasta.
—Al menos, podrías fingir.
—Tú sólo estás celoso de que yo sí pueda abrazarla cuando se me da la gana.
—¿Estás haciendo tu ronda, Cissy? —Regulus intervino con una sonrisa nerviosa, frenando lo que podría haberse convertido en una discusión de otro modo. Tras él, Ariadna ahogaba la risa y Lucius le siseaba en un tono que a alguien más le habría resultado amenazante.
La mencionada asintió.
—¿Quién es él? —Cuando Severus lo apuntó, Draco experimentó un momento de pánico absoluto y se escondió tras la Narcissa adolescente. Luego se recordó que era imposible que lo reconociese, porque no existía en ese momento, pero no lo vio como razón suficiente para abandonar la relativa seguridad que suponía estar detrás de ella.
—Es un Gryffindor de tercero que intentaba escabullirse hacia alguna parte —Narcissa lo apremió a continuar escaleras arriba con un gesto. Ella caminó detrás de él, y un poco más allá, notó que Lucius la seguía a su vez.
—¿Lo llevas con su Jefe de Casa? —Preguntó. Ella negó— ¿entonces a dónde?
—A su torre. No se puede confiar en que los Gryffindor obedezcan y regresen a sus Salas Comunes cuando uno los envía hacia allí.
Una pausa. Draco miró por encima del hombro al alcanzar el final del tramo de escaleras.
—¿Tienes algo que hacer más tarde?
Ariadna se palmeaba la frente, Severus sacudía la cabeza. Junto a ellos, Regulus ahogaba la risa y les susurraba algo.
—Apenas comienzo mi ronda —Contestó Narcissa, sin detenerse para verlo—, y sabes que es el toque de queda ya.
—No me metería en problemas si te acompaño…—Mencionó Lucius, con falso desinterés.
—Sí, lo harías. Veinte puntos menos a Slytherin —Se detuvo al llegar arriba y los observó uno a uno, con las manos en la cadera—. Y les quitaré más si no se van a la Sala Común ahora.
Lucius apretó los labios y no se movió hasta que Ariadna y Regulus tiraron de sus brazos para arrastrarlo lejos de ahí. Severus se despidió de la bruja con un gesto y fue detrás de sus amigos.
La escuchó soltar un bufido de risa cuando reemprendieron el camino hacia la Torre de Gryffindor. Esbozó una leve sonrisa, que no tardó en borrarse.
Draco apretó las manos en puños, se tragó el nudo en la garganta, e hizo acopio de valor para hablar, en un susurro.
—Creí que los Slytherin no se quitaban puntos entre ellos.
Ella lo observó de reojo y suspiró.
—Cuando se deben quitar, se quitan. Es lo justo.
—Pero parecía que eran amigos —Opinó Draco, encogiéndose un poco cuando notó que estrechaba los ojos.
—Entonces tengo más razones para no dejar que esos cuatro revoltosos se metan en problemas —Le concedió, con un escueto asentimiento—. ¿No lo hacen así en Gryffindor?
—No- eh, creo que no. Somos más de- —Gesticuló con las manos, sin éxito en la tarea de explicarse mejor—, bueno, de seguir a nuestros amigos que se meten en problemas, creo.
—Eso es tan típico de los leones —Ella se rio por lo bajo y Draco se congeló por completo. Narcissa tenía una risa hermosa, que le devolvía esa sensación de plenitud en el pecho y le daba ganas de llorar. Parpadeó y respiró profundo para mantener la calma, pero ya era tarde; ella lo había visto, otra vez—. ¿Qué ocurre contigo?
Él meneó la cabeza.
—Yo- —Sorbió por la nariz y alzó la mirada hacia el techo—. Problemas familiares.
La pregunta se demoró unos segundos en llegar, como si la chica lo hubiese sopesado bastante, antes de abrir la boca.
—¿Tus padres? —Draco sintió que el nudo en la garganta se hacía insoportable y negó.
—Están muertos.
Tú lo estás.
Y te extraño tanto.
Cuando volvió a verla, Narcissa formaba una línea recta con los labios. Suspiró de nuevo y se sacó un pañuelo del bolsillo de la túnica.
—No querrás que te vean así cuando entres a la Sala Común, ¿cierto? —Se acercó y le pasó la tela suave por el rostro, en especial los párpados y pómulos, con toques ligeros y delicados, apenas perceptibles. Draco deseaba poder quedarse ahí por el resto de su vida.
Balbuceó un agradecimiento y la observó guardar el pañuelo y sacudir la cabeza. Titubeó, dándole otra mirada larga.
—¿De verdad no nos conocemos?
Draco le enseñó una pequeña sonrisa.
—No, no creo.
Con un encogimiento de hombros, ella se dio la vuelta y continuó su trayecto. Lo dejó en el pasillo que daba a la Sala Común, pero ya que no sabía la ubicación precisa, se despidió en ese punto y retomó su verdadera ruta de Prefecta.
Draco esperó a que hubiese doblado en la esquina para sacar la capa, echársela encima y aplicarse un encantamiento silenciador en la suela de los zapatos. Estaba seguro de que, de algún modo, era así como lo había atrapado antes.
Narcissa siguió su ruta predeterminada, atrapó a otros dos Gryffindor en el camino, tuvo una breve conversación con una Prefecta de Ravenclaw, con quien compartía un pasillo del segundo piso, y cuando a Draco le pesaban los párpados, le dolían los pies, y ya no tenía idea de qué hora sería, regresó a las mazmorras.
Entró a la Sala Común al finalizar su turno y él se quedó en el corredor exterior, aturdido.
No había pasado nada.
Aguardó un momento, por si Narcissa salía de pronto, por el motivo que fuese, y al notar que no ocurriría, se desvió hacia una de las aulas abandonadas del primer piso, donde se sacó la capa nada más cerrar la puerta.
Se sentó junto a un viejo escritorio arruinado y desplegó los pergaminos que llevaba consigo, para abarcar los datos del informe y los cálculos con un vistazo. Rehizo las sumas a mano y con la varita, volvió a leer, luego lo hizo de nuevo.
Estaba mal. Algo estaba mal.
Era la fecha exacta, pasada la hora en que se suponía que fue redactado el informe. La cicatriz incluso le hormigueaba.
¿Por qué?
Tras darle muchas vueltas a la pregunta, decidió que estaba demasiado cansado para hallar una respuesta, y lo dejaría para el día siguiente. Hermione lo regañaría por la locura de viajar solo, pero era un riesgo que estaba dispuesto a tomar.
Hizo que el giratiempo lo devolviese a su época. Se cubrió con la capa, otra vez, y se encaminó hacia la Torre de Gryffindor de nuevo. Los pies lo estaban matando por haber recorrido el castillo de punta a punta y se caía del sueño. Lo único que quería era tirarse en su colchón y no pensar más por las próximas horas.
Murmuró la contraseña a la Dama Gorda, atravesó la Sala vacía, con la chimenea apagada por algún motivo incomprensible, y alcanzó los dormitorios de varones.
Su cuarto tenía sólo tres camas cuando entró, y cada una estaba ocupada. Draco frunció el ceño y se palmeó las mejillas, para obligarse a despertar.
Volvió sobre sus pasos, pensando que había tomado la dirección hacia el cuarto equivocado. No, era el suyo. Después regresó a la Sala Común, por si encontraba a un Prefecto entrando o un aviso en la cartelera, donde anunciasen el repentino cambio de habitaciones.
Lo que encontró, en su lugar, lo dejó paralizado por un peso frío que se instalaba en su estómago.
"Colegio Riddle de Magia y Conjuros.
Selección Godric Gryffindor para el curso 1993-1994.
1er año.
Habitación sangrepura..."
¿Qué?
Bajó la mirada, hasta dar con la sección que buscaba.
"3er año.
Habitación sangrepura:
Longbottom, Neville.
Patil, Parvati.
Weasley, Ronald…"
"Habitación sangre mestiza:
Brown, Lavander.
Finnigan, Seamus.
Thomas, Dean…"
No.
Merlín, no.
¿Ven por qué les mencioné TCC?
Aquí voy a poner algo súper interesante, según yo, y es que originalmente, el giratiempo sólo podía viajar atrás unas horas (según canon después de HP3). Entonces JK se integró al proyecto de TCC y pasó…bueno, lo que pasó en la obra, alterando el canon, así que llegué yo y me tomé la misma libertad ¿?
Respondiendo a una pregunta que me topé: Severus y Lily fueron amigos antes de Hogwarts, como en el canon, pero se distanciaron por los años de estudio y la estupidez adolescente de James. Sólo que sin la parte del enamoramiento, porque eso no termina de cuadrarme, ups.
La idea de las madres de ambos como amigas me hizo reír, pero como les he mencionado, la historia ya está escrita y no pienso cambiarla. Luego me hago un desastre y se acaban las actualizaciones seguidas, y nadie quiere eso ¿?
Intentaré subir los "capítulos de problemas" seguidos otro día ;)
Como siempre, ¡gracias por leer!
