¡Plasma Relámpago!

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Samsalvatore Hey. Gracias por los deseos, sí, por ahora voy bien. Me alegra que te haya gustado el capítulo. ¡Saludos!

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Pegaso Seiya. Esta Saori si tiene los ovarios bien puestos, la Saori de Netflix es igual de buena, pero como dices tú, le falta agresividad. Otra cosa, ella y Seiya han estado muy juntos, demasiado para mi parecer XD. ¡Saludos!

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Sin más, comencemos…

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La diosa Eris había sido derrotada por Athena quien no soportó que la diosa de la discordia lanzara calumnias hacia su querido Seiya.

Eso la sacó de quicio y la derrotó con su Armadura Divina con suma facilidad. Pudo también liberar a Kyoko de su prisión.

Shoko llevó el cuerpo de su hermana inconsciente a descansar a los templos cercanos en donde las Saintias pasaban sus días desde la era mitológica.

Las demás Saintias estaban idas cuando supieron del amante de Athena, ni que decir de los Caballeros Dorados.

Pero en este caso, vamos a ver que pensaban las doncellas de Athena.

Xiao estaba parada en la entrada de la habitación de Kyoko esperando a que Shoko saliera.

Un momento después salió…

- ¿Cómo está Kyoko-Senpai? – preguntó Xiao a la peli rosa.

- Bien, ya está mejor – dijo con sinceridad Shoko.

- Es increíble que haya sobrevivido – dijo Erda – realmente me alegra tener a Kyoko de vuelta.

- Me alegra que Saori-san haya salvado a mi hermana, pero aun así… siento algo de miedo por como actuó.

- Sí, nunca vi a la señorita Saori actuar así antes – dijo Mii con algo de miedo y enojo en su voz.

- Mii, tu eres la que más tiempo ha estado con ella – dijo Katya - ¿nunca ha actuado así?

- No – Mii apretó los puños – y más, nunca había peleado por un chico.

- Eso si fue de impresión – dijo Casiopea – imaginar que la señorita Athena tendría amante, eso es algo que no me lo esperaba.

- Yo… ya lo sabía – dijo Shoko ganándose varias miradas de parte de sus compañeras.

- ¡¿Qué?! – todas la rodearon.

- ¿Sabías que la señorita Athena salía con Seiya-Senpai?

- ¿Por qué no nos lo dijiste?

- O-Oigan, vamos, saben que no soy quien para revelar datos de la vida privada de Saori-san.

- Pero debiste decirnos por lo menos – dijo Xiao – es un secreto muy bien guardado.

- ¿Por qué no me dijiste nada Shoko-san? – dijo Mii en tono decaído y molesto a la vez.

- Lo siento Mii-san, es que recién partíamos a la pelea contra los fantasmas de Eris y fue justo cuando Saori-san se fue al Santuario.

- Pero imaginar que la señorita Saori tuviera a Seiya-Senpai como pareja era algo que nadie se esperaba – dijo la Saintia de Osa Menor.

- A mí no me pregunten, ni sé quién es Seiya – dijo Erda.

- Es el Caballero de Pegaso – explicó Shoko – al parecer, ya se traían algo con Saori-san, incluso cuando volvieron a verse.

- Eso explica la cercanía que se traían.

- Katya, escuché que traicionaste a Athena una vez – dijo Erda mirando fijamente a la rusa.

- E-Eso… - la Saintia de Corona Boreal sudó frio antes esto.

- ¿Por qué lo hiciste Katya-Senpai?

- Verán…

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En uno de los hospitales de la Fundación Graad…

En una de las salas de cuidados intensivos, se hallaba Saori recostada en el borde la cama cuidando a Seiya, quien se hallaba bastante mal luego de la batalla de las 12 casas.

Saori no había pegado ojo en varios días, estaba muy cansada, pero no quería descansar.

-Todo fue mi culpa – se decía – no debí organizar ese maldito torneo.

Los ojos de la peli lila estaban rojos de tanto llorar, se maldecía y se culpaba de todo lo acontecido por parte de los Caballeros de Bronce.

Aunque los doctores le decían que fuera a descansar, la diosa no hacía caso, incluso a veces no comía nada.

Los demás Caballeros estaban estables, pero Seiya era el más afectado de todos, más el sobre esfuerzo que hizo para traerla de vuelta a la vida.

Pero llegó un momento en el que las Saintias llegaron a ver a su diosa.

- ¿Saori-san?

- No quiero ver ningún doctor – dijo la peli lila.

- No soy doctora, además, si lo fuera, ahora sería millonaria.

- Esa voz – la diosa volteó la mirada - ¿Shoko-san?

- Y no se olvide de nosotras – dijo Xiao llegando con las demás.

- ¿Chicas?

- ¿Cómo está Seiya-san? – preguntó la peli rosa.

- Ya está mejor, está fuera de peligro, pero necesita descansar mucho si quiere que sus heridas sanen.

- Me alegra – suspiró aliviada Equuleus.

- Así que él es el famoso Seiya de Pegaso – dijo Erda mirando al castaño.

- Sí, él es mi querido Seiya.

- Vaya, no está nada mal, está muy guapo – Erda solo dijo eso y sintió varias miradas, en especial la de Saori – d-digo la verdad, está muy guapo.

- Bueno, en eso no te equivocas Erda-san.

- Veo que lo quiere mucho, señorita Saori – dijo Mii con un tono de tristeza y enojo fusionados.

- Sí – dijo sin vacilar – lo quiero mucho, fue mi primer amor y la persona que siempre estuvo para mí.

- Y-Ya veo.

Grrrrrrrrr

- ¿Qué fue eso? – dijo Xiao algo preocupada por ese extraño sonido.

- E-Este… - Saori bajó un poco la cabeza.

- ¿Fuiste tú Saori-san?

- S-Se puede decir que sí.

- ¿No ha comido? – preguntó Katya.

- Pues no, no me he movido de aquí desde que ingresaron a Seiya, he cuidado de él desde entonces.

- ¿Eso significa que no ha dormido? – preguntó Mii.

- No, estaré bien, solo quiero estar presente cuando él despierte.

- Saori-san – Shoko miró al castaño que seguía dormido y luego miró a su diosa y con actitud valiente, tomó a Saori de la muñeca y la comenzó a sacar del cuarto – vamos.

- ¿S-Shoko-san? – eso impresionó a Saori - ¿a-a donde me llevas?

- Vamos a comer algo, tú también mereces descansar.

- P-Pero debo estar para cuando Seiya despierte.

- No – la peli rosa se paró frente a ella – mira Saori-san, sé que estás mal por cómo está Seiya-san, pero piensa también en él.

- ¿Pensar en él?

- Sí, a él no le gustaría que cuando despierte, te encontrara con mala salud, él se preocuparía mucho.

- Y-Yo…

- No me salgas con ningún pero, sé que estás pasando por mucho, pero también piensa en tu bienestar.

- Shoko-san – Saori sabía que no podía perder ante los argumentos de la peli rosa – está bien, tú ganas.

- Bien.

Shoko llevó a Saori a la cafetería del hospital, las demás llegaron después para acompañar a su diosa, después de todo, eran sus damas de compañía.

Al ser dueña del hospital, la comida era gratis para Saori y también lo era para su guardia personal.

Saori devoró una gran cantidad de comida, más por el hecho de que no había probado bocado en días. Pero no era el único caso. Shoko también devoraba comida, pero no era tanto porque no hubiera comido, era más porque así era su personalidad.

Ambas mujeres comían como si fueran Gokú y Vegeta, devoraban comida tras comida y luego pedían otra ración.

Erda miraba con gran diversión esta escena, pero más le atraía la idea de comer que se le unió al rato a ambas mujeres en competencia de comer más.

Ya las demás no creían la escena, de suerte estaban en clase VIP, donde poca gente había, porque si hubiesen estado en mesa común, los demás pacientes y doctores harían visto mal la escena, más tratándose de la dueña del lugar.

- ¡Estuvo delicioso! – exclamó Saori terminando su platillo.

- ¡Gracias por la comida! – dijo Shoko dejando su plato a un lado sin nada en él.

- ¡Me lo acabé todo! – Casiopea dejó el palto a un lado.

- Honestamente no sé dónde están sus modales – dijo Mii.

- No importa Mii-Senpai, lo importante es que la señorita Saori ya está mejor.

- Sí, gracias por esto chicas.

- No hay de que Saori-san – dijo Shoko – después de todo debíamos hacerte sentir mejor.

- Lo siento, es que me sentía muy mal de que todas hayan pasado por batallas estúpidas por mi culpa, por no haber hecho un mejor trabajo como defensora de la Tierra.

- No te culpes Saori-san – dijo la peli rosa – haces lo mejor que puedes.

- P-Pero…

- No se culpe señorita Saori – dijo Xiao – nosotras estamos para luchar por usted.

- Lo sé, pero no quiero que nadie más sufra por mi culpa.

- No te preocupes, nadie sufre.

- Lo único que me preocupa… son los Caballeros Dorados.

- ¿Los Caballeros Dorados?

- Según lo que leí, son los más poderosos Caballeros dentro del ejército de Athena.

- Yo los conocí – dijo Shoko.

- ¿En serio?

- Sí, luego de que mi alma llegara por alguna razón al Santuario en Grecia, miré la batalla que tuvieron los Caballeros de Bronce contra los Dorados.

- ¿En serio?

- Sí, vi incluso como Seiya-san se esforzó mucho en batallar contra los Caballeros que le tocaban.

- Seiya – Saori miró un poco su vaso de jugo – siempre pone su vida en juego por mí.

- Realmente es alguien en el que puedes confiar.

- Sí – Saori se sonrojó un poco mientras que Mii se molestó un poco por esto.

- Volviendo al tema, ¿Qué tienen que ver los Caballeros Dorados?

- Sencillo, creo que ellos no estarán de acuerdo en que la señorita Saori tenga una relación con uno de sus Caballeros.

- Realmente es algo que me preocupa – dijo Saori – hubiera apostado que alguna de mis antiguas reencarnaciones tuvo algo que ver, pero no fue así.

- ¿A no?

- No, el que hizo esa regla fue uno de los primeros patriarcas.

- ¿El patriarca? – eso llamó la atención de Katya.

- Sí, al parecer el patriarca de aquel entonces firmó una ley en la que se le prohibía a Athena tener algún amante o tener un sentimiento de favoritismo hacia alguno de sus Caballeros.

- ¿Por qué lo haría?

- Porque en aquel entonces, yo y el Caballero de Pegaso éramos muy unidos, desde siempre hemos sido unidos, pero creo que el Patriarca de aquel entonces pensó que Pegaso se llevaba mucho mi atención.

- Vaya, sí que estaba celoso ese Patriarca.

- A lo mejor si estaba enamorado de mi – Saori puso cara de asco – y era un viejo rabo verde.

- A lo que íbamos… ¿creen que los Dorados vayan con el chisme a todo el Santuario?

- Eso creo – dijo Mii analizando las cosas.

- Aunque tal vez no queda casi nadie – dijo la peli lila – casi todo el Santuario quedó hecho trizas, por la maldita revuelta del bipolar de Saga casi todo mi ejército quedó en una mísera porción.

- ¿Y qué haremos?

- No lo sé, creo que en esta era es la guerra contra Hades.

- ¿C-Contra Hades?

- Sí, por eso es que he vuelto a la Tierra, para guiar a mis tropas a la victoria contra el maricón de Hades.

- Pero si el ejército de Athena está reducido casi a cenizas, ¿Cómo triunfaremos?

- No lo sé.

En eso, Saori sintió un fuerte cosmos que provenía desde un parque cercano al hospital.

- ¿Sintieron eso? – dijo Saori.

- Sí, ese cosmos es muy poderoso.

- Ese cosmos dorado es de…

- Los Caballeros Dorados.

- ¿Q-Que cosa querrán?

- A lo mejor vinieron a hablar conmigo por lo de Seiya.

- No debería ir señorita Saori – dijo Mii – puede que traten de hacerle algo malo.

- No creo que lo hagan – dijo la peli lila – a lo mejor siguen anonadados por la noticia de que tengo un amante.

- ¿Qué harás Saori-san? – preguntó Shoko.

- Iré – dijo con decisión – los Caballeros Dorados son el primer pilar en mi ejército, no quiero perderlos.

- Iré contigo – dijo la peli rosa – no te dejaré sola.

- Shoko-san.

- Nosotras también iremos – dijo Xiao siendo asentidas por las demás – después de todo somos las Saintias, su guardia persona, debemos estar con usted siempre.

- Chicas… gracias.

Un momento después…

Saori iba al parque acompañada de sus Saintias, las cuales iban con ropa de civil ya que Saori no quería llamar la atención de nadie si las miraban con las Armaduras.

Al llegar, notaron a los Caballeros Dorados sobrevivientes con ropa de civil. Solo eran 5 Caballeros Dorados que quedaban vivos luego de la revuelta de Saga.

Mu, Aldebarán, Aioria, Shaka y Milo eran los únicos que quedaban con vida, sin contar a Dohko que no estaba presente y estaba viviendo en Rozan.

Athena llegó hacia donde estaban los Dorados.

-Diosa Athena.

- Caballeros Dorados.

- Necesitamos hablar Diosa Athena – dijo Mu.

- Sí, y creo saber qué es lo que vienen a hablar.

- Ya veo - dijo Milo – pues entonces tendremos que hablar sobre sus sentimientos hacia Pegaso.

- ¿Qué tiene de malo mis sentimientos? – dijo Saori.

- Athena, ¿no ve lo que está cometiendo? – dijo Aioria.

- No, lo que estoy haciendo no va en contra de nada.

- El amor de Athena debe ser equitativo hacia todos sus Caballeros, no debe darle más a uno que a los demás.

- ¿Qué clase de ejemplo le da a su ejército con eso?

- No se da cuenta de que está violando su voto de castidad que hizo desde la era Mitológica.

- ¡Cállense! – gritó Shoko ante la mirada de los demás y de la propia Saori.

- Shoko-san.

- Ustedes no tienen idea por lo que hemos pasado – dijo la peli rosa – lo que le dicen ¿es una advertencia o una amenaza?

- ¿Perdona?

- Podrán ser los Caballeros de Athena, los más poderosos, pero ni ustedes se salvan de haber hecho una barbaridad contra su diosa.

- Solo seguíamos órdenes del Patriarca – dijo Aldebarán.

- El mismo hombre que intentó asesinarme hace 13 años – habló la peli lila – él mismo hombre que asesinó a casi todo mi ejército, el que dejó al Santuario en una situación precaria y al mismo… que asesinó a la líder de las Saintias.

- ¿Qué? – dijeron las Saintias anonadadas.

- No solo eso, mató a la madre de Shoko que era Olivia, líder de las Saintias.

- ¿M-Mi mamá? – dijo en shock la peli rosa.

- Athena, no sabíamos que Saga era el Patriarca.

- Los demás Caballeros Dorados sabían de que Shion ya no era el Patriarca y, aun así, ellos no hicieron nada para hallarme.

- Nos estamos desviando del tema – dijo Mu – la cosa es que eso de que tiene un amante debe quedar nulo, Pegaso no tiene derecho a cortejarla de esa manera.

- Ustedes tampoco tienen derecho a opinar sobre mis sentimientos – opinó la peli lila – no estoy para nada contenta con nadie del Santuario, nadie estuvo dispuesto a ayudarme. Seiya fue el primero que desde joven creyó en mí y arriesgó su vida con tal de protegerme. Mis Saintias han hecho lo mismo, los demás Caballeros de Bronce también. Ustedes nunca metieron los dedos al fuego por mí, Aioros de Sagitario fue el único que se atrevió a ayudarme cuando era bebé, si de mi dependiese, haría que él entrara a los Campos Elíseos, tu Aioria, no eres ni la mitad de gentil como lo fue tu hermano. Así que les pediré que, si son Caballeros de Athena verdaderos, jamás, repito, jamás vuelvan a cuestionar mis sentimientos. El amor que tengo se lo daré a quien lo merece, mis amigos, mi familia, mi novio, las personas cercanas que yo quiera les daré mi amor. Lo diré así… ¡No confío en ustedes para nada!

Sin más, nada que decir, Saori se retiró al hospital hacia su amado Seiya, detrás de ellas iban las Saintias quienes quedaron con la mente pensativa.

Realmente su diosa estaba muy firme, no se inmutó para nada en su decisión, incluso implicando de que podría haber una revuelta en el Santuario.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó Shoko.

- Sí, no te preocupes, gracias por la ayuda.

- No hay de qué.

- No sé qué vaya a pasar en el Santuario a partir de ahora.

- No te preocupes, nosotras estaremos ahí por cualquier motivo.

- Sí, espero que las cosas salgan bien.

- Sí, además, tienes a Seiya-san, él te protegerá siempre.

- Espero que salga de ese estado pronto.

- Eso espero también – dijo desviando la mirada algo sonrojada, cosa que de suerte Saori no notó.

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Continuará…