Sentía un nudo atorarse en su garganta al haber escuchado, con ese tono de voz demandante y serio, a Bill. Las manos empezaron a temblar le y los latidos de su corazón se aceleraron sin saber el por qué.

Realmente... ¿De qué se tenía que preocupar? De hecho, pensaba que hablar con Bill sería lo mejor para de cifrar qué clase de relación deben tener de ahora en adelante. Pero le había cogido desprevenido que Bill fuera el primero de los dos en haber sacado el tema.

-Si. - dijo por fin, agradecido que esas palabras no hayan sonado temblorosas por su nerviosismo. - Hablaremos en mi cuarto. - dicho esto, se volta para ir de regreso adentro de su casa seguido del rubio quién apenas dijo un audible "Bien", estando de acuerdo con el castaño en entrar e ir a su habitación para poder hablar sobre el dichoso tema.

Lo primero que se encontraron fueron a los Señores Pines ordenando la mercancía del lugar.

-Buenas tardes. - dijo Bill sonando muy amable y respetuoso, provocando duda a Dipper sobre si en serio, ese era Chat Noir.

Los adultos sonrieron amables por la educación del chico. Aunque claro, era totalmente normal ser muy educado para Bill, un chico que siempre había seguido las ordenes de su padre sobre ser un "buen" chico. Responsable, educado, amable, reservado, etcétera.

-Buenas tardes.- contestaron ambos mayores.

-Dipper, ¿Que harán en estos momentos? No es que me moleste que tengas visitas, aunque es un poco repentino después de todo lo que ha sucedido.- dijo el señor sereno.

-Es para hablar sobre... Unas cosas de la escuela. Nada importante.- se excusó el chico sonando un poco nervioso al principio.

-Está bien. ¿Desean que les llevemos algo? ¿Unos postres quizás?- pregunta coma una agradable y amable sonrisa la mujer. Sin duda alguna, se podía apreciar el parentesco entre ella y su hijo.

"Estos son mis suegros"

Pensó el rubio para sus adentros, con una extraña sonrisa que no iba a mostrar o lo tacharían de loco. En su punto de vista, le parecían unos padres normales. Aunque la mujer muy amable y hermosa como su hijo.

-Ahora no madre pero gracias por- Fue interrumpido por su acompañante quien al oír la palabra "postre" sus sentidos se alertaron.

-¡Sería asombroso! ¿Tiene Clafoutis?- preguntó el rubio tratando de moderar su entusiasmo. Aunque en sus ojos y tono de voz se podría notar lo emocionado que se encontraba. Como un pequeño niño que se va a divertir con su familia por primera vez.

-Sí, querido. ¿De qué sabor?- pregunto la mujer sonriendo algo divertida.

-Cereza por favor.

-Bien. Ahora lo preparó y se los llevó.

-Pos ya que. Adiós. Estaremos en mi cuarto por cualquier cosa.- aviso Dipper quién apenas se sorprendió por el comportamiento de Bill.

-Nos vemos luego señores Pines.

Los adolescentes caminaron hasta llegar el cuarto del castaño, que estaba bien ordenado. Las paredes de un rojizo, casi al rosa pastel y otros detalles blancos y azul marino. Era un poco increíble que su habitación fuese la de un chico.

Dipper se acomodó en la orilla de su cama mientras a Bill le daba una señal de que podía sentarse en uno de los sillones de un solo compartimiento.

El ambiente se volvió silencio mientras se esperaba que uno de los digiera algo.

Mabel, salió de la chaqueta de su portador y al ver la situación decidió alejarse en silencio. Dipper, al verla salir, se acordó de cierto detalle.

-Bueno Bill... Antes de que hablemos sobre nosotros, me gustaría saber que paso con tu kawami.

-Él está en mi mansión descansando y quizás comiendo helado. - respondió de una manera muy tranquila y natural. No se veía nervioso o apurado.

Incluso Cómo si no tuviera prisa en irse del lugar.

-¿Y por qué no lo he visto durante todo el transcurso del tiempo? - preguntó apenas y lo pensó. Quería dejar pasar un poco más de tiempo antes de que hablarán sobre su relación.

Si es que todavía la tenían...

-Él apareció después de que haya sido... Desakumatizado. Pero se veía inconsciente y de inmediato lo escondí en un bolsillo de mi chaqueta. Despertó justo cuando saliste del local donde vive el señor Stan. Le dije que fuera de regreso a mi mansión para que descansará y se recuperará. - explicó acomodándose en el sillón. Relajándose. Como si todo el tiempo estuviera fingiendo una postura sería y formal, y ahora pudiera acomodarse como más quisiera. Libre y sin moderarse.

Sus ojos dorados que empezaban a combinarse mínimamente de un color verde siendo aún más increíbles y bellos, inspeccionaron más el cuarto de Dipper. Con gran curiosidad.

-Ya veo...

El castaño agachó la mirada mientras veía el suelo pensando en que más decir. Frunció un poco los labios y sus cejas hacían ligeros movimientos, toda éstas acciones no pasaban desapercibido para el rubio quién sólo podía pensar lo gracioso y tierno que se lograba ver su bichito.

Fue entonces que uno de los dos, decidió hablar.

-¿Tú me amas?

Esa pregunta tan directa que marcó una fuerte oleada de sensaciones y sentimientos en el menor, lo asombró. Algo que lo tomo desprevenido.

Sin saber por qué o incluso, llegándose a sentir muy culpable por tan siquiera pensar en dudar sobre qué responderle al rubio.

¿Por qué era tan torpe?

¿Tan difícil era aceptarlo?

Bill y Chat Noir son la misma persona. Por lo que aún lo quiere.

Sus ojos ámbar se volvieron por unos segundos brillantes y llenos de calidez. Como si estar con él fuese algo que disfrutar y atesorar.

Bill, con cada segundo que pasaba, sentía su corazón retorciéndose de dolor como si lo estuvieran golpeando sin piedad alguna. Llegó incluso a enfadarse.

-¿Me sigues amando? ¿Bichito?- repitió la pregunta agregando el apodo que le había puesto al chico.

La mirada del menor la sintió un tanto indiferente...

Necesitaba saber la respuesta del Pines... porque lo que saliera de sus sabrosos y finos labios...provocaría Muchas cosas.

Y, aunque un akuma ya no se apodera del Cipher, su cordura se iría al carajo.

Porque su bichito estaría siempre con él... quisiera o no el castaño, desde que Bill Cipher se enamoró de él y aquel sentimiento creciera con el paso de los años, hasta volverse algo enfermizo; Ya estaba sentenciado a que estuvieran juntos por siempre. Formando una hermosa y acogedora familia.

El silenció era incómodo para ambos... Bill tenía los puños cerrados y juraba que en cualquier momento dejaría escapar su locura si no es que Dipper digiera algo.

Dipper lo observaba, recordando cómo fue que se llegó a enamorar de ambas personalidades. Reflexionado algunas cosas.

Una sonrisa cálida se curvo en sus perfectos labios. Con un rubor muy notable. No importa que, él amaba al Cipher. Porque sabía que tanto Chat como Bill eran personas que puede llegar hacer bondadosas, cariñosas y demás. Lo ama... ya era seguro...

Demasiado Lindo. Pensó el Cipher un tanto atónito por tan radiante sonrisa.

Dipper, avergonzado y un poco nervioso ya que todavía no estaba acostumbrado a actuar de tal forma ante el rubio, pero sabía que con el tiempo se acostumbrará; Se puso de pie y se sentó encima de las piernas del rubio. Su trasero en las rodillas de éste quedando frente a frente y rodeó su cuello para a traerlo hacia él.

Abrazándolo.

-Te amo... Bill...- Aunque lo último haya sonado un poco dudoso o quizás había sonado como un murmuró, aquellas hermosas y significativas palabras dichas por la voz de su amado, fue más se suficiente para el nombrado.

Bill rodeó la cintura del chico con sus largos y músculosos brazos. Se abrazaban de una manera que pareciera que ninguno de los quisiera, ni imaginarse lo, deshacer aquel profundo y posesivo abrazo.

Necesitaba sentir el calor y toque del otro. Dipper Acarició el pelo del mayor revolviéndolo un poco mientras sonreía con cariño. Bill acariciaba su delgada espalda. Teniendo algo de miedo por romper tan frágil cuerpo... aunque un pensamiento fugaz paso por su mente. Quizás cuando hagan el amor, demostraría que no es tan frágil al resistir tales actos que los uniría en cuerpo y alma.

El rubio disfrutaba o incluso se deleitaba con el dulce y exquisito aroma de su bichito. Vainilla con avellana y algo más que todavía no lograba de cifrar ya que estaba más centrado en seguir abrazándolo y no soltarlo, si era posible, jamás. Dipper había acomodado su cabeza en el cuello del mayor, sintiendo la respiración del Cipher en su cuello.

-Dipper... te amo... - dijo sin vergüenza mientras le dio un sonoro beso en su cuello. Y apostaba que el mencionado estaría muy sonrojado por tal acción.

El trasero del chico que se encontraba encima de sus rodillas, provocarían que lo volviera aún más loco de lo que ya estaba. Era un milagro que cierta parte de su cuerpo pudiera mantenerse, aún, dormida.

-Cariño, créeme que quisiera quedarme por más tiempo así. Pero si aún quieres poder caminar mañana, será mejor que nos separemos. -hablo suavemente sonriendo con burla.

-¡Bill!- exclamó el menor ciertamente avergonzado mirándolo frente a frente, nuevamente.

-Hahahaha, además que tu madre subirá pronto, aunque sería muy lindo que supiera que tiene un sexy y rubio natural yerno, ósea yo, creo que aún no sería el momento. ¿No te parece?

-S-Si...

-Tranquilo, que en otra ocasión seguiremos con esto y mucho más.

-¡C-Cállate!-

Bill amaba cuándo su bichito se sonrojaba y molestaba a la vez. Como sus mejillas se tornaban en tan adorable color y sus bellísimos ojos se llenaban de vida y cariño.

-Si te ves tan lindo Así bichito~

Eres tan hermoso~ ronroneo mientras restregaba su mejilla con la de su amado. Como si fuera una suave almohada.

-¡Guarda silencio! Mi mamá te puede escuchar...- advirtió severamente serio sin desvanecer aquel brillo en sus ojos. Sin apartar al rubio de su mejilla a la de él.

-Hahahaha, tranquilo amor...- rio un poco para luego controlar su tono de voz y hablar algo serio.- Oye.

-¿Qué pasa?

-¿Tus padres son homofóbicos?

Esa pregunta hizo pensar mucho al castaño quien, de repente, sus ojos parecían estar sin mucho brillo y en su mirada pintaba preocupación. Aquel gesto de tal manera, preocupa también al Cipher.

-Bueno... mi madre no pero... Mi padre... no sé exactamente.- su respuesta no satisfacía mucho a los dos. Una clara mueca adorno los labios de ambos.

Como si otro problema descansará en sus hombros y buscaran la forma más rápida para deshacerse de él.

Después de un rato mientras ambos investigaban por el ordenador del castaño, sobre alguna novedad sobre el futuro de su ciudad, escucharon un ligero tocar en la puerta. "Adelante", dijo Dipper para que de inmediato se abriera dejando ver a una castaña sonriendo amablemente mientras sostenía en un plato de cerámica, el aperitivo que había pedido el rubio, quien por un momento lo había olvidado por completo.

Bill agradeció acompañado de una sonrisa radiante que deslumbra a cualquiera.

Y ambos proseguían mientras disfrutaban del delicioso postre que, al final, Dipper accedió al comer por lo menos un pedazo. Mientras seguían investigando más por el ordenador las nuevas noticias que poco a poco iban saliendo.

Después de todo, las cosas no iban tan mal.

-Bill. Ya es tarde. ¿No deberías regresar a tu mansión?- dudo un poco en decir la última palabra. Pensó en lo que había dicho y volvió hablar. - No es que me moleste que éstes aquí. Lo digo por tu padre.

Los dos cruzaron miradas que transmitían más de una sola cosa.

-Sí, tengo que regresar. Pero no sé qué decirle a mi padre.- sus ojos se llenaron de decepción, casi frialdad. Como si no tuviera mucho tacto en ese tema o quisiera regresar a lo que Dipper creía era su hogar.

El menor lo pensó por un momento viéndole de manera comprensible. Realmente, quería ayudar al rubio. Y eso estaba muy bien ya que podría romper por completo aquella barrera de inseguridad que sus temores y nervios construían entre él y sus deseos.

-Bill, si gustas puedo acompañarte.- sonrió amable y moderó su voz sonando suave y tranquilo. Y le causó gracia ver como el rubio parecía mucho más animado y lindo.

-¿En serio?- soltó sin dejar de mirarlo, sus ojos envueltos en esperanza e ilusión. Y hasta se podría apostar, cariño.

-Sí.

-Eso me encantaría. Pero ya es tarde así que nos esperaremos hasta mañana.

-¿Eso quiere decir que...?

-Pasare la noche aquí, bichito.

Lo de siempre, perdonen mis faltas ortográficas.