Strip-poker
Era sábado por la tarde, después de comer. Ulrich, Yumi, Aelita, Odd y Jeremy habían quedado en The Hermitage para pasar la tarde. Les hubiera apetecido un cine pero estaban sin blanca. Así que se habían apañado para pasar la tarde, conectando los auriculares a un móvil para disfrutar de la radio (los tiempos del streaming y el video on demand aún estaban por llegar) y escuchar alguna emisora de música. Mientras sus amigos estaban tendidos en el suelo (gracias a una alfombra de la que la familia Ishiyama había estado a punto de deshacerse por una mancha de tinta que no merecía la pena pagar su lavado), Jeremy estaba en un rincón al lado de la ventana, con su portátil encima de las rodillas, tecleando como un loco.
—Tío, ¿en serio tienes que hacer eso? —preguntó Odd—. ¿Por qué no desconectas y vienes aquí con nosotros?
—Sabes que no puedo, Odd —le recordó Jeremy en su tono de voz característico. Ese que significaba "Te lo explico"—. Tengo que encontrar los documentos legales que afirman que este sitio, propiedad de Franz Hopper, ahora pertenecen a Aelita…
Se mordió la lengua. Solo hacía unas semanas desde que el profesor Hopper había dado la vida para acabar con la inteligencia artificial que les había puesto en jaque varias veces. Su amiga pelirrosa había quedado destrozada por culpa de aquello, pero poco a poco se había animado. Y habían acordado no mencionar a Hopper delante de ella.
—Es cierto. Si nos pillasen aquí nos meteríamos en un lío. Si al menos podemos demostrar que… esto es mío —comentó la pelirrosa, mirando la casa. La verdad no era un sitio feo. Bien decorado podría vivir allí. Claro que no tenía dinero. Ni edad.
—Pero se supone que esto pertenecería a una mujer de veintipico años, no a una cría de trece —comentó Ulrich. Yumi le dio un puñetazo en el hombro—. Au.
—Deja de hablar de cosas tristes, para eso ya tenemos la radio —le riñó la japonesa. Justo en ese momento sonaba, por alguna razón "Kita Saitama Blues"—. ¿En serio no podemos poner otra cosa?
—Esa emisora está bien. Música tranquila, relajada. Es lo que necesitamos en estos momentos —comentó Jeremy, sin dejar de teclear.
—Eso sería más creíble si dejaras el portátil.
—Bueno, yo quería esperar un rato, pero lo cierto es que la musiquita esta me está poniendo nervioso —dijo Odd mientras se incorporaba—. He traído algo.
—¿La consola? —preguntó Ulrich.
—Mejor.
Se llevó la mano al bolsillo trasero y sacó una baraja. La echó sobre la alfombra, esperando la reacción de sus amigos. Ulrich estiró la mano para examinarla. Joder, era de las buenas. Su amigo no tenía mal gusto, y ese capricho explicaba por qué no tenía dinero para el cine. "Bueno, tú reservas para comprarle un detalle a Yumi", se recordó.
—¿Qué quieres, que juguemos al poker? —preguntó Yumi.
—No, eso sería demasiado aburrido. Se me ocurre algo un poco mejor. Una partida de… strip-poker.
Se hizo el silencio. Hasta Jeremy había dejado de teclear para mirar a su amigo. Luego negó con la cabeza. Siempre había pensado que a Odd le faltaba un tornillo y aquella idea demostraba su teoría. Borró. Había escrito "strip-poker" donde debía haber puesto "sucesión". Joder.
—Ni de broma —dijo Ulrich y le devolvió la baraja.
—¿Y por qué no? —preguntó el rubio.
—Porque no vamos a jugar a strip-poker con un semi-profesional —aportó Yumi—. Casi desplumas a Nicholas y Hervé el otro día.
—Y menos mal que solo se jugaron dinero —comentó Aelita.
—¿A qué viene eso?
—A que hubiera sido desagradable verlos sin ropa.
Todos rieron ante el comentario de la pelirrosa, pero Odd volvió al ataque.
—Venga, que no jugáis tan mal. Cuando hemos hecho una apuestilla os habéis puesto las pilas jugando —les dijo—. No seáis cobardes.
—No es cobardía, es que no nos interesa quitarnos la ropa —dijo Jeremy.
—Porque sabes que vais a perder. Cobardes —les desafió.
—Venga, yo me apunto.
Eso lo había dicho Aelita, y Jeremy cerró la tapa de su portátil.
—¿Lo dices en serio?
—¿Por qué no? No va a pasar nada por jugar. Paramos cuando uno esté solo en ropa interior, ese ha perdido. ¿Qué pasa? —se sentía incómoda con cuatro pares de ojos mirándola—. Pero si la ropa interior es como un traje de baño. Y ya nos hemos visto así en la piscina, ¿no?
En eso no podían llevar la contraria. La ropa interior era como el bañador o el bikini… pero menos pensada para exhibirla. Claro que eran dos contra tres y podían no hacerlo. Pero Jeremy apartó el portátil de sus piernas y dijo:
—Vamos, todo sea porque te calles un rato.
"Y porque quieres ver a Aelita en ropa interior", pensó Odd, pero no dijo nada. Miró inquisitivo a Yumi y Ulrich, y ambos, esquivando la mirada del otro, aceptaron también la idea. Sonriendo, Odd empezó a barajar mientras sus amigos empezaban a sentarse en circulo.
—Todos conocemos las normas, ¿no? —preguntó Odd—. ¿Los zapatos y los calcetines valen como una prenda o como dos?
—Dos —dijeron Ulrich y Aelita.
—Una —respondieron Yumi y Jeremy al unísono. Odd se echó a reir.
—¿Libre albedrío y sin enfados? —preguntó y hubo un asentimiento general—. Perfecto. Pues empezamos si os parece.
Empezó a repartir. La primera ronda tardó un poco de más, ya que tenían que aclararse con algunas reglas. Sin embargo, para la sorpresa de todos, Odd fue el primero en perder una mano. Resignado, empezó por quitarse los zapatos, aunque aseguró a sus amigos que iba con los pies y los calcetines limpios.
—Reparte.
Volvieron a caer las cartas. Yumi gruñó cuando se equivocó al echar una carta, lo que le costó perder en aquella ocasión. A pesar de lo que había dicho antes, se quitó ambas zapatillas y el juego prosiguió.
—Os vais a enterar —dijo la japonesa, dispuesta a no dejarse ganar.
Y consiguió ganar, para su sorpresa, siendo Ulrich el que perdió la mano. Este levantó los hombros, resignado, y se quitó la chaqueta. Por suerte para él, no hacía frío. Volvieron a repartirse las cartas, y en aquella ocasión, Aelita salió perdedora. Parecía que se iba a quitar los zapatos, pero en el último momento pareció cambiar de idea y se deshizo de la blusa.
—¡Aelita! —dijo Jeremy, muerto de la vergüenza.
—Ya me has visto en bikini, ¿no? —preguntó ella, quitándole importancia. Pero en la cabeza de Jeremy un bikini no se parecía ni por asomo a aquel sujetador de tela blanca.
—Esto se anima —dijo Odd—. Pero nuestro Jeremy no puede seguir con tanta ropa.
Pero parecía que había hablado más de la cuenta, ya que en la siguiente ronda fue él quien perdió. Resignado, se quitó ambos calcetines. Miró a Jeremy, que parecía sonreir. Pero tras la siguiente jugada la sonrisa desapareció de su rostro. Había perdido, y esta vez era Odd el que tenía una sonrisa, mostrando mucho los dientes. Suspiró, y se quitó el sueter. Sin medias tintas.
—Ahora nos vamos a poner a jugar en serio —advirtió.
Lo cierto fue que la siguiente mano la perdió Ulrich. Con cierta dificultad (y cabezonería) optó por quitarse el pantalón sin haberse quitado antes las zapatillas ("Tengo frío, ¿vale?"), y el juego continuó.
Poco a poco más prendas quedaron fuera de juego. Jeremy al final únicamente tenía el pantalón puesto, al igual que Yumi. Ulrich aguantaba con su camiseta y sus calcetines. Odd había sido el maś cauto en el juego, y aún disponía de su pantalón y su camiseta puestas. En esa siguiente ronda, tras haberse tenido que despojar de los zapatos y los calcetines, a Aelita le tocó quitarse la falda.
—Has perdido —dijo Jeremy, evitando posar la mirada sobre su amiga. Aunque ella no parecía preocupada por que le vieran el conjunto blanco de ropa interior.
—¿Significa eso que dejamos de jugar? —preguntó ella.
—Si te atreves podemos continuar —dijo Odd.
—No —dijo Jeremy.
—Sí —respondió Aelita por llevarle la contraria.
Lo cierto era que no le hacía mucha gracia arriesgarse a perder una vez más, pero debía intentarlo. Esperaba que Jeremy perdiera el pantalón, o al menos, Odd. De modo que volvieron a jugar, pese a que Yumi y Ulrich estaban cada vez más incómodos. Tampoco lo dijeron. Se miraron por un momento. El alemán intentó no bajar la mirada de los ojos de Yumi. Ambos estaban más preocupados por el destino de su amiga.
Y el mal fario se cumplió.
—Oh… —dijo ella. Había perdido, una vez más. Estaba vendida.
—Aelita… —empezó Odd, pero Jeremy le interrumpió.
—¡No! Pago prenda por ella —y se fue a quitar el pantalón.
—Pero yo he perdido —dijo ella, sujetándole de la muñeca—. No has perdido tú.
—Y ella ha querido jugar —le recordó Odd—. Pero no voy a obligarla, podemos dejar de jugar aquí y…
—No… yo he perdido —aceptó Aelita—. Así que… —suspiró mientras se llevaba las manos al cierre del sujetador.
—¡ALTO! —dijo Ulrich—. No tienes por qué hacerlo.
—Pero he perdido —insistió ella—. Y he sido yo quien aceptó jugar la siguiente ronda… podría haberme retirado.
—Y Odd podría habernos avisado de que las cartas estaban marcadas.
Se hizo un silencio en ese momento. Todo el grupo miró a Odd.
—¿Qué dices? —preguntó. Pero su tono de voz no engañó a nadie.
—Yumi, toca bien las cartas —pidió Ulrich, haciéndose rápidamente con las que el rubio había mostrado y dándoselas a la chica.
La japonesa observó. Efectivamente, había algo diferente en algunas cartas al tocarlas. Una textura diferente… miró a Odd, intentando fulminarlo, pero no tenía superpoderes. Una lástima.
—¡Serás…! —dijo Jeremy.
—¡Era una broma! —dijo Odd—. Vamos, solo os he tomado un poco el pelo…
—Y seguro que has perdido al principio para que nos fiemos —respondió Ulrich.
—Por eso eres el único que sigue con el pantalón y la camiseta. Capullo —atacó Yumi.
—¡Solo bromeaba! La idea era… seguir jugando hasta que estuviérais todos en ropa interior y luego quitármela yo —confesó—. No pensaba en que Aelita querría jugar otra ronda.
—Y no la detuviste —dijo Jeremy. Estaba umy enfadado con su amigo en ese momento.
—¡Vamos! No quería pasarme con ella, es más, le estaba diciendo que no hacía falta que se quitara nada. Le iba a proponer que eligiera quién se lo quitaba…
—A por él —indicó Ulrich a Yumi.
Se levantaron rápidamente antes de que Odd se pudiera apartar. Yumi le sujetó de las muñecas y Ulrich le aprisionó los tobillos.
—¿Qué hacéis?
—¿No decías que te ibas a quitar la ropa? Pues eso mismo —dijo Ulrich mientras, sin pensarlo, le desabrochaba el pantalón a su amigo—. ¿Me ayudas? —pidió a Yumi.
Ella asintió y enganchó la camiseta de Odd. Entre los dos tiraron de la ropa de Odd, y en cuestión de segundos le habían dejado solo con el boxer puesto. Ulrich sonrió malévolamente, encima de su amigo.
—¿Qué tal? —preguntó.
—Pues… tremendamente cómodo —admitió Odd—. ¿No te molesta tener tus piernas desnudas sobre las mías?
—Es… ¡estás loco! ¿Cómo piensas en esas cosas? —preguntó el alemán, pero de pronto el rubio había empezado a acariciarle las piernas—. ¡Oye!
—Y desde aquí abajo… lo siento, Yumi, pero me gusta lo que veo —comentó como si nada. Desde su posición en el suelo mirando hacia arriba podía ver los senos de Yumi sobre su cabeza.
—¡Guarro! —protestó ella.
Pero Odd hizo caso omiso ante su protesta. Se incorporó al ver que su amiga había aflojado la presión sobre sus manos y le quitó la camiseta a Ulrich.
—¿A que se está así mejor? —preguntó, y sin dejarle responder le dio un beso en los labios. Sin lascivia, pero recreándose. Cuando le liberó, Ulrich se había quedado mudo. ¿Qué acababa de pasar? Pero su cerebro no había tenido tiempo para procesar esa información cuando Odd echó los brazos hacia atrás, rodeando el cuello de Yumi. Tiró suavemente de ella y la besó también. ¿Por qué se había vuelto loco su amigo? Eso no tenía sentido—. Creo que ya es hora de que nos dejemos de tonterías en este grupo.
Se hizo a un lado y puso las manos suavemente en las cabezas de sus amigos. Les aproximó sin forzar, sabía que no haría falta. Yumi y Ulrich se miraron a los ojospor una fracción de segundo antes de cerrarlos y dejarse llevar. Un beso. Tan raro, pero se sentía tan bien.
Odd se escurrió entre sus amigos, y gateó a por Jeremy y Aelita, que habían asistido atónitos a toda la escena, y pretendían quedarse en silencio como si la cosa no fuera con ellos, pero Odd ya estaba desatado y no iba a permitirlo.
—Perdona, princesa, si te he hecho sentir incómoda —le dijo a la pelirrosa y le dio un suave beso mientras tiraba de la cintura de Jeremy hacia él—, y perdóname si te ha molestado mi juego —dijo a continución a Jeremy y le plantó un beso en los labios—. No sabéis las ganas que tenía de esto…
Acercó a Jeremy y Aelita como había hecho con los otros dos, invitándoles a besarse. Le pareció tan tierno. Pero debía seguir moviéndose. Se puso detrás de Jeremy y no pudo evitar pegar su pecho a la espalda de su amigo y disfrutando del contacto le empezó a desabrochar el pantalón. Seguro que así estaba más cómodo.
—Odd —suspiró este cuando la mano de su amigo acarició la zona prohibida.
—Tranquilo, amigo, esto está bien —aseguró.
Pero casi se le olvidaba. Yumi, que estaba tumbada encima de Ulrich mientras se besaban, aún tenía el pantalón puesto. Se acercó a ella, y besó su espalda mientras le bajaba la prenda. Ella no mostró resistencia. Diablos, Odd era un liante.
—Chicos… ¿qué es este calor que siento? —preguntó Aelita. Se había puesto colorada, y sentía algo muy ardiente dentro de ella.
—Es normal que estés así… esta situación es muy excitante —sonrió Odd, mirando a sus amigos. Al final todos estaban en ropa interior—. Yo tengo claro lo que me apetece hacer… esto es cosa de todos —dijo, pero su voz sonaba suplicante. Quería que sus amigos aceptaran la idea.
—¿Quieres sexo? —preguntó Ulrich.
—Y veo que no soy el único —comentó tranquilo Odd fijándose en la erección de Ulrich. Era perfectamente notable incluso con el boxer puesto, y el alemán sintió cuatro pares de ojos posándose en su entrepierna. Eso solo provocó que se le endureciese aún más—. Nada de lo que pase aquí nos puede hacer daño. Estamos solos los cinco, hemos pasado mucho juntos. No se me ocurren mejores personas para tener una primera vez muy especial.
—Pero… nos has besado —dijo Jeremy confuso y Odd gateó a por él.
—Y volveré a hacerlo —aseguró y poniéndole las manos en las mejillas volvió a besarlo—. Ulrich, ¿sabes que Jeremy es buen besador?
Ulrich miró a Yumi, alarmado, pero ella no dijo nada. Al contrario, le puso las manos sobre los hombros y le empujó hacia Jeremy. Odd abrió mucho los ojos cuando les vio besándose. Y más aún cuando, sin decirles nada, Aelita y Yumi aproximaron sus labios también. Empezaban a animarse y eso era maravilloso. Tal vez podía ocurrir algo impensable… sí, eso es, Ulrich, besa a Aelita también. Muy bien, Yumi, Jeremy tiene que probar tus labios.
Poco a poco todos se dieron cuenta de que les sobraba la ropa interior. Odd se lo pasó muy bien cuando entre Ulrich y Aelita le quitaron el boxer. Así daba gusto. Le gustaba lo que veía, sus cuatro amigos desnudos, dispuestos a hacer algo que le apetecía mucho. Y por lo visto, a ellos también. ¿Sería un inconveniente ser un número impar de persona? No, eso se arregló rápido, pues las chicas parecían dispuestas a querer más compañía y aceptarle con ambas.
Jeremy, Odd y Ulrich empezaron a acariciar los cuerpos de las chicas. Ambas sentían cosas muy fuertes. No se habían imaginado en una situación como esa, pero ¿por qué a Yumi no le importaba sentir las manos de Odd sobre su cuerpo? ¿Y por qué la pelirrosa se encendía al ver a Jeremy empleando sus manos no sobre ella, sino sobre el cuerpo de Odd? Y Ulrich estirando la mano para llegar a ella… Había un contacto casi perfecto de todos con todos y era maravilloso.
Oh, sí, los labios de Jeremy recorriendo el cuerpo de Aelita, demasiado tentador para Odd que empezó a besar a Jeremy por la espalda. Su mano acariciaba la pierna de Ulrich quien le devolvía las caricias mientras su lengua probaba el cuerpo de Yumi. Ella y Aelita se miraron, demasiado tentadas como para no fundir sus labios en un beso.
—Odd… necesito tu ayuda —pidió Jeremy al llegar al sexo de Aelita, el fruto prohibido al que se había abierto paso. El chico siguió las indicaciones de su amigo, y hundiendo la cabeza entre sus piernas fue el primero en probar el sabor especial de la pelirrosa. La escuchó gemir, música para sus oídos. Un gemido distinto, ahora sonaba Yumi, lo que indicaba que se acabaron las barreras entre ella y el alemán. Saboreó el sexo de Aelita y apartó la cabeza un poco para dar paso a Jeremy, no sin antes permitirse volver a besarse.
Yumi estaba en el séptimo paraíso. Ulrich sabía cómo tratar su cuerpo; y aún así, una parte de ella deseaba conocer la experiencia con todos sus amigos. Sintió un escalofrío cuando una suave mano empezó a acariciar sus senos. Era Aelita experimentando con ella, y no podía resistirse a probarlo ella también. Era sorprendente lo suave que podía ser el cuerpo de su amiga. Sonrieron y cerraron los ojos fuertemente cuando alcanzaron la dulce agonía del orgasmo.
La pelirrosa dudó qué debía hacer a continuación, pero Jeremy se lo dejó muy fácil, puesto que él se reclinó sobre el cuerpo de Odd. Este abrió mucho los ojos. Eso era más de lo que había esperado. No se esperaba los cálidos labios de su amigo dando placer a su erección, al tiempo que la chica se ocupaba de Jeremy. Alguien tiró de él hacia atrás. Ulrich, que disfrutaba del sexo oral que le había Yumi, le besó en los labios mientras disfrutaban del momento. El orgasmo de los chicos tardó mucho menos, estaban fuera de si.
Y descontrolados como no habían estado antes. Jeremy no se lo creía cuando de pronto Aelita subía a horcajadas encima de él. Demonios. Sonreía mientras ambos de unían. Era increíble lo bien que se sentía aquello. Miró a su lado y aún se sorprendió más al ver a sus amigos. Yumi echada en el suelo, mientras Ulrich la penetraba… y Odd, situado detrás de Ulrich, procedía a penetrarle suavemente. El alemán sentía que iba a perder la cabeza. No sabía cómo le podía gustar aquello. Simplemente le gustaba la doble sensación de placer, por el sexo de Yumi y la erección de Odd dentro de él.
El orgasmo no supuso el final de la tarde, pues pronto Aelita disfrutaba de la erección de Odd dentro de ella, mientras ambos disfrutaban del sabor del pene de Ulrich, quien se besaba con Yumi mientras ella permitía que Jeremy la tomase. Era el paraíso, no existía nada fuera de aquellos muros que no fueran sus cuerpos excitados y con ganas de manifestar aquel extraño sentimiento.
Odd disfrutó del placer de ser penetrado por Jeremy entretanto él hundía su miembro en el sexo de Yumi mientras Aelita aprendía lo bien que se sentía tener a Ulrich en su interior. Jadeó, era impetuoso y le gustaba mucho como le excitaba ver a los demás en aquella orgía que estaban improvisando y que era maravillosa.
Apenas la pelirrosa se estaba recuperando de su último orgasmo, una sorpresa más se llevó. Yumi había gateado encima de ella y por su posición empezaron a lamer mutuamente sus intimidades. Era un sabor extraño y delicioso al mismo tiempo, y su acto había provocado la envidia de los chicos que se habían tumbado en el suelo, con Odd probando la el sabor de la erección de Jeremy y este se lo hacía a Ulrich quien a su vez de lo hacía a Odd.
Caía la noche casi cuando, después de una fogosa sesión en la cual Jeremy disfrutaba del sexo de Aelita al tiempo que Ulrich (besando a Yumi) le practicaba sexo anal a la pelirrosa, y Yumi se derretía por la rítmica penetración de Odd y a la vez este disfrutaba del sabor de sus pechos. Aquel último orgasmo les dejó completamente vencidos.
Una vez se recuperaron, tardaron un rato en abrir los ojos. Cuando lo hicieron, se miraron unos a otros. En silencio. No era incómodo, pero tampoco era placentero. Pensaron qué hacer. Yumi fue la primera en incorporarse. Y como si temiera perderla, Ulrich se acercó a ella. La japonesa extendió los brazos y le rodeó con ellos cuando este se sentó. A él no le importó. No pasaba nada por estar en esa posición. Odd se incorporó también y Aelita se apoyó contra su pecho, mientras que Jeremy acomodó la cabeza sobre las piernas de la pelirrosa, y sus propias piernas encima de las de Ulrich. Fue un alivio comprobar que este se las acariciaba. Tal vez no estaba todo perdido.
—Me lo he pasado como nunca esta tarde —les dijo de pronto. Tenía que romper el silencio—. No pensaba que fueramos a llegar tan lejos.
—Yo aun lo estoy asimilando… —comentó Ulrich. Había tenido relaciones sexuales con dos chicos. Y le había gustado.
—A mi también me ha gustado —reconoció Aelita—. ¿Jeremy? ¿Yumi?
—También —respondieron los aludidos.
—¿En qué sitio nos deja esto? —preguntó Jeremy.
—Yo tengo una idea —dijo Odd—. Obviamente podéis decir que no, pero me gustaría que esto no se quedara solo aquí.
—¿Quieres que repitamos otro día? —preguntó Yumi. Se sintió observada—. Bueno, no me quejaría… —admitió, muerta de vergüenza.
—Me refiero a algo más que eso. Yo he sentido una conexión muy especial con todos esta tarde. Quiero que tengamos una relación. Los cinco.
Ninguno respondió. Tenían que asimilar las palabras de su amigo.
—No es necesario que me respondáis ahora, de verdad. Pero me gustaría que lo pensárais. Sois mis mejores amigos. Y si hemos hecho esto dejándonos llevar, sin sentir culpa, disfrutando y sin tener miedo… no se me ocurre un mejor grupo para que seamos todos… novios —dijo la palabra—. Os quiero mucho, y no quiero perderos.
Ya era de noche cuando salieron de The Hermitage. Habían entrado como un grupo de grandes amigos. Y ahora, al salir, todos de la mano, pensaron en cómo sería su relación amorosa entre los cinco.
¡Hola a todo el mundo! Hace mucho tiempo me pidieron un one-shot con los miembros originales de los Lyoko Warriors. La partida de strip-poker fue lo más viable que se me ocurrió para que se pusieran calientes... y al final añadí ese detalle porque me gustó la idea de pensar en ellos como una relación poliamorosa. Espero que os haya gustado.
CarlosJim04: Pues no pensé en de qué sería el videoclip, supongo que alguna canción boba de las que hacía Odd en la serie original xD Y no soy tan cruel de dejar a Sissi embarazada por una posesión de XANA (otra cosa es lo que haga en "La villa")
Moon-9215: Llega el punto en que uno ha escrito tantas cosas que hay que innovar xD
Alejito480: ¡Muchas gracias! Me alegro que te gustara. Y sí, Sissi abusó de él... claro que tampoco estaba en su mejor momento. Ese es el dilema ético de Odd al final ;)
Guest: ¡Gracias! Me anoto la idea del trío para otro one-shot :)
Por hoy me respiro. El domingo planeo publicar un nuevo y pequeño proyecto. Espero que os guste ;) Y hasta entonces, lemmon rules!
