La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Capitulo 21

—¿En serio dijo eso? ¿Usó esas mismas palabras?

Sabía que no debí haber sido tan sincera con ella. Sin embargo, supongo que necesito hablarlo con alguien, y Jess es la única persona con la que puedo hacerlo. —Más o menos.

Jess deja escapar su frustración con un gruñido. —Lo juro, Bella, te quiero pero ¡vas a volverme loca! ¿Por qué no estás con él?

—Necesitamos más tiempo para hablar. Las personas querían conocerlo, y después Brenna tenía hambre porque por supuesto no iba a comer la comida de ahí, y luego él tuvo que regresar a Filadelfia… — Despedirnos con familia tan cerca de nosotros entorpeció lo que quería decirle… que lo que quiero más que nada es ser despreocupada como Jess y arrojar mi corazón al ring.

Es solo que… no es tan fácil para mí soltar el control así como así. Porque estaría haciendo eso, cedería el control. Arriesgándome a hacerle daño a mi corazón.

Pero sí prometí atender el teléfono la próxima vez que me llamara.

—Sí, verlo habría sido agradable. —Jess rasca una mancha de salsa de tomate que tiene en el dobladillo del uniforme, todavía le pone de mal humor que Harry la haya arrastrado de regreso a Diamonds inmediatamente después de que la ceremonia terminó. Condujo directo hasta aquí después de su turno para interrogarme, sin molestarse en enviar un mensaje o llamarme primero. Creo, tal vez, que tenía la esperanza de que él estuviera aquí.

—Te lo presentaré la próxima vez.

—¿Y cuándo es exactamente? —Siento como su mirada persiste en mi espalda mientras me tomo mi tiempo remojando un vaso en agua jabonosa.

—Todavía no lo sé.

Veo en el reflejo de la ventana como pone los ojos en blanco.

—Sabes que ninguna relación tiene garantía alguna.

—Lo sé.

—Nunca la vida te traerá nada buena sino te arriesgas un poco.

—Lo .

—Las mejores cosas de la vida siempre resultan de arriesgarse.

—¿Estás leyendo esas frases motivacionales de nuevo?

—Es un calendario excelente: trescientas sesenta y cinco frases para trescientos sesenta y cinco días. —Me da un guiño—. Te regalaré uno para navidad.

—Escucha, no le digas a nadie de esto. Todavía es incierto.

Jess deja escapar un suspiro lleno de ilusión; el extraño y un poco más serio lado de ella evaporándose con sus risitas. —¿Sabes lo increíblemente celosa que estoy de ti en este momento? Dios, ¡piénsalo! Lo que daría para poder besar a ese hombre. —Se detiene—. Nunca he estado con un hombre con la pierna rota. Crees que tengas que esperar para…

—¿Qué tal todo ahí dentro, Brenna? —le digo extra fuerte, mis mejillas se enrojecen solo de pensar en cómo sería mi primera vez con Emmett.

Un chapoteo resuena en el baño. —¡Sip! Casi termino.

—De acuerdo. Dos minutos más. —Brenna se pondría azul por el frío si se lo permitiera, solo para poder practicar el contener el aliento bajo el agua toda la noche.

—Oh, casi se me olvida. Nunca adivinaras quien me envió una solicitud de amistad en Facebook.

—Tienes razón. No lo adivinaré. —Apenas recuerdo Facebook. Tenía una cuenta cuando estaba en la secundaria. Pero una vez que los mensajes malintencionados comenzaron a aparecer, diciéndome lo sucia, perra y mentirosa que era, y como merecía morir por tratar de arruinar la vida de James, la borré. Y no he pensado en abrirla de nuevo desde entonces.

—DJ Demetri.

El plato se me cae de las manos y resbala dentro del fregadero.

—¿No está en la cárcel?

—No, salió hace seis meses. Hizo un trato para que su sentencia no fuera tan dura —dice, tan despreocupada, como si hubiera olvidado que es un patán, y que no solo estuvo traficando drogas mientras estuvieron juntos, sino que también, después de que lo dejó, descubrió que había estado engañándola por casi los cinco meses que estuvieron juntos.

Una burbuja de incomodidad se infla dentro de mí. Las buenas redes sociales. Nadie es inalcanzable en estos días. —Así que… ¿en serio estás hablando con él otra vez?

—No. O sea, acepté su solicitud porque tenía curiosidad. Se disculpó conmigo —dice, con sorpresa, y se encoje—. Fue agradable escucharlo.

—Supongo. —Al igual que fue bueno que Lauren se disculpara. Pero lo que me hizo Lauren y lo que hizo DJ, no están exactamente al mismo nivel—. ¿Qué quiere?

—Nada. Dijo que vio las noticias y que recordó que tú y yo vivíamos juntas. Le hizo comenzar a pensar en mí.

Mis ojos saltan en dirección al baño. —No hables de esa noche con él. O de Brenna.

—¡Relájate! Él ya ni siquiera habla con Felix. Éste trató de echarle la culpa por todo. Ahora DJ lo odia.

—Aun así… si continúas hablando con DJ, no la menciones ni esa noche.

—Por favor. Si esa noche alguna vez sale a relucir, será sobre mí preguntándole a quien se follaba mientras yo no miraba, además de a Jacqueline Forester —murmura, estudiándose las uñas.

En lo que ayudo a Brenna a secarse y vestirse después el baño, escucho como la puerta rechina al abrirse y el lejano saludo de Mike. Afortunadamente, el lavado abierto ahoga el sonido del coqueteo entre Jess y él.

—¿Alguna vez dejas de saltar? —dice Mike mientras Brenna sale del baño en un par de pijamas limpio. Él lleva el uniforme para el turno de la noche.

—¡Nop! ¿Por qué estás aquí? Ya te vimos durante todo el día.

—Solo quería ver que todo estuviera bien antes de irme a trabajar. ¿Eso está bien?

—Supongo.

La observa dar vueltas a su alrededor. —¿Te divertiste hoy?

—Sip.

—¿Te cae bien Emmett, Brenna? —pregunta Jess a la ligera, fingiendo inocencia.

—Sí. Es agradable.

Jess me da una sonrisa malévola. —A tu mamá también le agrada.

—Sí. Hoy sonrió mucho. Sus ojos no estaban tristes.

Otra vez con los ojos tristes. Lo dice de forma tan inocente, y aun así no puedo evitar encogerme. ¿Es así como mi niña va a recordarme?

Reviso mi reloj. —Por qué no buscas un libro para leer con el tío Seth. Dijo que vendría a decir buenas noches. —Convenientemente pasa de camino cuando trota de regreso hacia casa desde el gimnasio. Aunque, para ser honesta, creo que tomaría un desvío si no fuera así.

Sus ojos se iluminan. —¿El tío Seth puede dormir aquí? ¿Por favor?

Es adorable lo mucho que lo quiere. —No creo que los dos puedan acomodarse en tu cama.

—Bueno… —Su rostro hace una mueca al pensarlo—. Podríamos dormir en tu cama y tú podrías usar la mía.

Siempre la solucionadora de problemas. Ya sé que las cosas van a ser difíciles cuando crezca. —El tío Seth tiene que levantarse temprano para el trabajo y necesita dormir. Él no está acostumbrado a dormir con pequeñas. —Jess y Mike resoplan, ambos ganándose una mirada de advertencia—. De acuerdo. Andando. —La despido con una palmada juguetona en el trasero.

—¿Entonces? ¿Todo bien por aquí? —Mike se sirve un vaso de leche, frunciéndole el ceño a la única cerveza en mi refrigerador. Por lo menos Seth le dejó una.

—Sí, estábamos hablando de cómo Emmett Mccarty básicamente le profesó su amor incondicional a Bella. —Mi mirada de advertencia no hace que Jess cierre la boca—. Entonces, ¿cómo lo hace un hombre cuando está usando un yeso? O sea, debe ser difícil estar arriba, ¿no? Supongo que tendría que estar debajo, y tener cuidado de no golpearse la pierna con nada, ¿no?

Me atrevo a mirar a Mike para encontrar que se toma su tiempo con la leche, su vaso se inclina lentamente hacia atrás. Preguntas como esas es algo que esperaría de Jess, pero cuando es bastante obvio que está hablando de mí y de Emmett teniendo sexo

—No podría saberlo. Nunca me he roto la pierna —responde con calma, dejando el vaso en el fregadero.

Hay una larga pausa, donde el ambiente en la casa cambia. Jess entiende la situación y hace una mueca.

Mike busca las llaves en su bolsillo. —Tengo algo de papeleo que debería terminar antes de que Bannett desoye mi trasero. Llámame si me necesitas, Bella. —Su expresión se traslada a la del policía imposible de leer, la que utiliza para ocultar cualquier cosa que se encuentre dentro de su cabeza. O su corazón.

Jess luce avergonzada cuando él atraviesa la puerta. —Mierda. Lo siento. Creí que ya se lo habías contado.

Le doy una mirada plana.

—Claro. Porque seguro correrías a contarle a tu mejor amigo, que secretamente está enamorado de ti, acerca de otro hombre. Sí. Soy un poco lenta algunas veces, ¿de acuerdo? —Salgo volando por la puerta— ¡Oye, Mike! ¡Espera!

Ya casi está en su auto. Detiene el paso, pero pasa un largo momento antes de que se gire para mirarme. —¿Qué sucede, Swan?

Pocas veces utiliza mi apellido, y cuando lo hace, generalmente está haciendo su mejor esfuerzo para poner distancia entre nosotros. Ni siquiera sé cómo comenzar con esto. En realidad nunca hemos discutido cualquier sentimiento que Mike podría tener por mí.

Finalmente, me decido por: —Sé que eres tú el que llamó a Emmett para que viniera hoy. Solo quería darte las gracias.

La mirada ilegible de Mike se mueve a un lugar detrás de mí.

—No es gran cosa, en serio. —Y aun así, escucho claramente la mentira en su voz, puedo sentir la tensión irradiando de él—. Todo está bien. Nos vemos después. —Se gira y comienza a caminar hacia su auto.

—Mike.

—Cualquier cosa que te haga feliz, me hace feliz, Bella. Siempre. Lo sabes.

Lucho contra el nudo burbujeante que se forma en mi garganta y las lágrimas que aparecen en mis ojos. —Eres el mejor amigo que podría pedir.

Se gira para mirarme de nuevo, su mandíbula se tensa mientras asiente. —Entonces… ¿tú y Mccarty? ¿Es real?

—No sé lo que es —respondo con honestidad. ¿Real por ahora?

—Pero quieres que lo sea.

—No lo sé. —Esa es una mentira—. Sí.

Se ríe, concentrándose en las piedras debajo de su bota. —Bueno, nunca te he visto mirar a un hombre como lo miras a él.

—Es solo que… tengo miedo. Está convencido de que esto no es porque le salvé la vida. ¿Y si se equivoca? ¿Y si decide que no soy lo que quiere?

Me ofrece una sonrisa triste. —Quieres decir cuando lo decida, ¿cierto? Porque sigues haciendo todo lo que puedes para convencerte de que lo hará.

Algunas veces olvido lo bien que Mike me conoce, mis miedos e inseguridades. —¿Cómo podría no hacerlo?

Su mirada se pasea por mi rostro. No dice nada por un largo momento, y entonces extiende la mano para acariciar mi mejilla con su pulgar, borrando las lágrimas que comenzaron a bajar.

Aleja su mano. —Sabes que, tal vez lo haga y tal vez no, pero si ni siquiera lo intentas, solo podrás culparte a ti misma. —Duda—. ¿Crees que estoy molesto porque no sé lidiar con el hecho de que te enamores de otro tipo? Sí, admito que es difícil para mí, pero no se trata de esto. ¿Cuántas excusas ya te has inventado? Vamos a ver… Mccarty es una celebridad y tú eres una mesera, así que nunca va a funcionar, ¿no? Estoy seguro de Renee tuvo que decirte algo cínico y eso no ayudó a tu confianza. —Cuenta con sus dedos—. ¿Qué más? Los fotógrafos son un dolor en el culo, ese es otro golpe en contra de Mccarty. Y otra razón para evitar arriesgarte a ser feliz. Con un hombre realmente decente, por cierto.

—¿Y no crees que esas son razones válidas?

—Creo que vale la pena considerarlo, seguro. Pero… —Da un paso hacia adelante—. Sigues diciendo que solo quieres seguir adelante, pero estoy comenzando a creer que no quieres seguir adelante para nada. — Vacila—. ¿Todavía sientes algo por Philips?

—¡No! —Mi rabia se enciende. No puedo creer que incluso lo sugiriera.

—Bueno, ¿entonces, qué pasa? No funcionó, él es un enorme idiota y saliste herida. Ya supéralo. ¡Todo el mundo lo ha hecho! —Se muerde los labios para evitar decir más. Estoy agradecida, porque no creo querer escuchar más duras verdades de parte de mi mejor amigo ahora mismo.

El sonido de grava crujiendo en la calzada corta nuestra pequeña conversación. Es Seth, en su camino a casa desde el gimnasio. Seco rápidamente el resto de mis lágrimas.

—¡Newton! —grita Seth. El sudor corre por su mejilla. Obviamente está ajeno a la conversación que acaba de interrumpir—. ¿Has visto la puntuación del juego de los Phillies?

—Cuatro a cuatro hace diez minutos. ¿Has corrido hasta aquí desde el gimnasio?

Se inclina hacia delante, sus manos descansando en sus rodillas.

—Ajá.

Mike sacude la cabeza mientras sube a su auto. —Si te atrapo de nuevo bebiendo mi cerveza, denunciaré tu culo.

—¿Cuándo me vas a llevar contigo? —pregunta Seth, ignorando suavemente su reprimenda.

—¿Para que puedas ver lo poco que trabaja la policía en realidad? Demonios, no. —La risa de Mike es hueca—. Daré un par de vueltas por aquí más tarde, Bella.

—Gracias. —Aparto la mirada, el dolor de ser absolutamente analizada por mi mejor amigo es demasiado crudo. Veo en silencio sus luces traseras cuando el auto sale de la calzada.

Seth frunce el ceño. —¿Qué está sucediendo?

—Nada.

Estoy esperando que me extorsione, pero entonces ve el Honda rojo en la calzada. —¿De quién es el auto?

—De Jess.

Sus ojos se iluminan.

—No. Seth.

—Pero…

—Quédate con las chicas de tu misma edad.

—Sí, sí… —murmura, subiendo las escaleras de mi porche.

En el momento en que entramos, mis palabras son olvidadas.

—Oye, Jess. —Esa misma sonrisa torpe en su rostro de antes vuelve a aparecer.

—¡Oye, Seth! Siento no haber podido hablar antes. —Sus ojos se ensanchan cuando lo ve, y veo en ellos esa chispa que destella cuando está evaluando a un tipo atractivo—. ¿Cómo te volviste tan grande?

Pongo los ojos en blanco, mientras la sonrisa de él se hace más amplia. —Mi entrenador es muy duro con la formación del cuerpo.

—Eso no es algo malo. —Ella sonríe, su juguetona confianza inquebrantable, incluso en su uniforme de Diamonds.

—Brenna te está esperando. —Lo saco de mi sala de estar con un empujón, las puntas de mis dedos humedeciéndose—. Ugh, asqueroso. No te metas en su cama de esta forma.

—Sí, sí… —Le guiña un ojo a Jess, ese arrogante pavoneo se acentúa mientras desaparece.

—Vaya, tu hermano es…

—Tiene diecinueve.

—Sí, pero…

—Tiene diecinueve.

Jess presiona sus labios con frustración. Finalmente, murmura algo que suena como "bien" mientras se levanta del sillón reclinable, agarrando sus llaves y su bolso. —¿Qué sucedió con Mike?

—Nada. Solo está preocupado por mí. —No voy a meterme en esa conversación.

—Él siempre está preocupado por ti.

—Es un buen amigo.

—Yo también. Te veo el miércoles. —Desaparece por la puerta, pero no antes de sisear—: ¡Después de que hayas llamado a Emmett!

Suspiro.

Brenna está acostada debajo de las colchas, un brazo alrededor de su perro de peluche, un libro en mano, un profundo ceño perplejo en su rostro. —Entonces, ¿por qué te dieron una llave si no abre nada?

Aparto sus rulos de su frente. —Es solo un símbolo. Es su forma de decir que la ciudad me agradece por haber salvado la vida de Emmett.

—Oh. —Aparentemente satisfecha con esa respuesta, hasta que la vea de nuevo, sin dudas, se curva de lado—. ¿Emmett se irá de nuevo?

—No lo sé. Veremos. —Depende de mí, aparentemente.

—¿Vive lejos?

—A un par de horas. No tan lejos. —Mucho más cerca que California.

—¿Cuándo volveremos a verlo?

—No lo sé. —Jess, Mike, Seth en su salida... ahora Brenna. Por Dios, no podría dejar de pensar en Emmett aunque quisiera.

—Quizá si le dijeras que quieres volver a verle, vendría.

Sofoco el deseo de corregirla y en cambio, sonrío. —Buenas noches, Brenna.

Alcanzo su lámpara para apagarla.

—¿Mami?

Suspiro. Fue un largo día y mi paciencia se está agotando. —Sí, Brenna.

—¿Quién te lastimó?

Tan inocentemente, pasó de Emmett a eso. Me toma un momento recuperarme. —¿A qué te refieres?

—Tío Seth dijo que alguien te había herido hace mucho tiempo.

—¿Cuándo te dijo eso?

—Cuando me estaba cuidando. —Me mira—. ¿Quién fue?

Maldita sea, Seth. —Solo alguien que conocí hace mucho tiempo.

—¿Un amigo?

—Algo así.

—¿Era un chico o una chica?

—Un chico. —Un hombre. Yo era la chica.

—¿Cómo te lastimó?

Vacilo. Es demasiado pronto para tener esta conversación; ella es demasiado pequeña. —Él me hizo creer cosas que no eran verdad.

—¿Te mintió?

—Sí.

—¿Lo amabas?

—Sí.

—Entonces, ¿es por eso que hiciste Emmett se fuera?

—No hice que Emmett se fuera.

—El tío Seth dice que hiciste que se fuera.

Lucho para mantener mi tono casual. —¿Qué más dijo el tío Seth?

Se encoje de hombros. —Que te gusta mucho Emmett, pero tienes miedo. En realidad, dijo que eres una gallina.

Que imbécil. —¿Qué más?

—Hmm… —Mira hacia arriba como si estuviera buscando en sus pensamientos—. Que estás ciega. Pero no quiso decir verdaderamente ciega, como si no pudieras ver. No puedo recordar a que se refirió.

—¿Qué no puedo ver algo que está justo frente a mí?

—Sí. Eso.

Me pregunto si Seth se ha dado cuenta de cuán experta se ha vuelto su sobrina en reproducir como una maquina las conversaciones.

—¿Algo más? —Solamente para tener todos los hechos claros antes de matarlo.

—No lo creo. —Hace una pausa, y luego afirma con absoluta certeza—. No quiero enamorarme nunca de un chico.

Sonrío. —Sí, quieres. O querrás cuando seas grande.

—Pero, ¿y si me lastima?

—Entonces solo lo intentas de nuevo.

—Pero no lo estás intentando de nuevo. —Hay una punzada de acusación en su tono. Al menos, eso es lo que yo escucho.

—Eso es… diferente.

—¿Por qué?

Lucho por hallar una respuesta. —No es algo que pueda explicar en este momento. Tal vez cuando seas más grande.

—¿Es por qué tienes miedo?

—Sí. —¿Es malo admitirle eso a tu hija? Recuerdo a mi madre siendo toda poderosa cuando era pequeña. Ella podía resolver cualquier problema, lo sabía todo. Nunca tenía miedo, por lo que yo sabía. Por supuesto, debe haberlo tenido. Solo que nunca lo admitió.

Una mirada de resignación parpadea en el rostro de Brenna. —Si tú tienes miedo, entonces yo voy a estar muy asustada.

Un peso pesado se establece en mis hombros. —Está bien tener miedo. —Alejo un manojo de sus bucles dorados de su frente—. Pero no dejarás que eso te detenga, porque serás valiente.

Frunce el rostro pensativamente. —Entonces, ¿no puedes ser valiente tú también?

Lo intenté.

No vale la pena.

No es tan fácil.

Pero no lo he intentado. Emmett es merecedor de intentarlo. Y puede que no sea tan fácil, pero siempre le digo que las mejores cosas de la vida no son fáciles.

¿En qué tipo de modelo me he convertido para mi impresionable hija pequeña?

—Supongo que sí puedo serlo. —Suspiro—. Tengo que averiguar cómo.

Parece reflexionar sobre eso. —Bueno, tío Seth dijo que a Emmett le gustas mucho. Así que solo debes decirle a Emmett que también te gusta.

Sonrío. —Eso suena bastante fácil.

—Y él es bueno así que no tienes que tenerle miedo. —Su cara se divide en una brillante y esperanzada sonrisa—. El tío Seth dice que le encanta cuando las chicas le dicen que gustan de él.

Me echo a reír, en parte por su inocencia, y en parte porque me imagino la mirada odiosa en el rostro de mi hermano cuando dijo eso.

—Buenas noches, Brenna. —Apago la luz y me escapo. Y me encuentro mirando fijamente la pared de mi sala de estar al tiempo que repito la conversación desde cada ángulo, preguntándome si le dije las cosas correctas. Si debería haberlo manejado diferente.

Preguntándome qué tipo de ejemplo estoy ofreciéndole a mi hija.

Una madre que tiene los ojos perpetuamente tristes.

Una madre que se esconde detrás de su miedo.

Una madre que se ha olvidado de cómo permitirse amar.

Una madre a quien todo el mundo sigue tildando de valiente pero que no lo es, en realidad. Para nada.

Y con eso, los últimos hilos de incertidumbre que me detuvieron, con respecto a Emmett, se rompen.

Mis manos están temblando mientras escribo el mensaje:

Mi hija de cinco años dijo que debería decirte que me gustas.

No puedo alejar mis uñas de mis dientes mientras espero una respuesta.

Llega casi inmediatamente.

Me gusta escuchar eso.

Suelto un suspiro de alivio y una risita.

Ella dijo que te gustaría.

Es inteligente. Salió a su mamá.

¿Eso es lo que soy? Respiro profundo…

Hoy quería que me besaras.

Y me dejo caer.