FIC

Los Chicos de Candy

Por Mayra Exitosa

Capítulo XC

¡Mis hijas!

Las llamadas desde el hospital en el centro de Glasgow, eran tranquilizantes. Los abuelos y los niños por fin eran llevados a ver a Candy, con el pretexto de recoger y cuidar de Archie, en una suite preparada para ellos, diciendo que pronto se irían terminaban quedándose resguardados y unidos. Peter y su mujer también llegaban de manera discreta. Bruce sancionaba la intervención de Richard, Robert, Logan y Tom al haberse llevado a Candy y a su hijo. Este último se defendía, al confirmar que ellos apenas habían llegado, cuando Candy y Archie se subían sin preguntar.

- ¿Y tú siendo su Tío, no pudiste saludarlos? ¿ofrecerles comunicarse?

- ¡Se estaban durmiendo, Bruce!

Las horas pasaban y Candy por fin era intervenida, Peter tuvo que llamar al Dr. Leonard como uno de los médicos dentro de la sala, debido al adelanto de la cirugía, Candy ya no quería irse a casa, ya no se arriesgaría a estar sin él, no permitiría un día de agonía lejos de sus niños, así le suplicaba a Albert que no se fuera y si ella partía, le jurará cuidar de ellos. Albert después de estar varios días angustiado se multiplicaba la tensión y cabizbajo al recordar las palabras de preocupación de Candy, se deprimía. Su Tía que lo observaba llegaba hasta él y le confirmaba,

- Toda madre hace lo mismo, hijo. Ella cuando no estuviste, dejo a mi cargo a los niños, por si no salía de la cirugía, sabes bien, que ambas no nos conocíamos. Pero sabía que respondería por ellos.

- ¡Tía! No quiero perderla

- Esta en las mejores manos, Leonard también ingresará y podrás ir dentro, estar con ella.

- Si, me traerán prendas para cubrirme, no permitiré que pase esto sola.

- No vayas a ser como esos hombres que se desmayan en las salas de parto, ella te necesita y siente todo, toma su mano, que sepa y sienta que estas a su lado, recuerda que estuve con tu madre, el día que naciste, así ambas compartimos tu llegada.

- No nos dejes, tía.

- No lo haremos, tenemos habitaciones aquí en el hospital para nosotros, lo bueno de ser propietarios del lugar, después de todo, hiciste una excelente inversión, ahora estará dándonos el mejor de los ingresos, tus tres hijas y tu esposa.

- Ella es mi vida. Albert lucía demacrado, cansado, sin embargo, algo pasaba que lo mantenía más firme que nunca.

- Lo sé, hijo, lo sé. Ambos se abrazaban preocupados ante lo que iniciaba en la cirugía, como cualquier otra, el juego de la vida y la muerte, presente en todo momento.

El personal se completaba y esperaban que fuera en orden, ya habían preparado con anticipación, solo que se adelantaba y la eminencia Cornwall, no estaría presente, pero para ventaja estaría el Dr. Mc Crone.

En la sala de cirugía a un lado de su mujer, Albert la observaba dormida, no podía irse de su lado en esos instantes, esperaba en silencio, pasar los minutos que se convirtieron en eternos al estar ahí, tratando de no ver las heridas, no porque tuviera miedo a la sangre, sino porque era la mujer de su vida, la que estaba en riesgo. Cuando por fin salían las pequeñas enlazadas a la bolsa y una a una, fueron extraída e identificadas, pesadas, tomando hora de nacimiento individual, cuando casi habían salido juntas, el continuaba vigilando a su mujer, con su altura podía ver a las niñas, pero no se alejaba de ella. Luego el doctor Leonard, le hacía la seña para que viera a sus hijas, se tuvo que alejar un poco. El personal acercaba los bultitos en sábanas blancas a su regazo. Observando los números del uno al tres y viendo que ellas se encontraban bien, después de haber berreado como campeonas, por haberlas quitado de su comodidad.

Albert giraba y la veía dormida, cansada, pero continuaba con su respiración tranquila, el sonido de los equipos se alteraba, las niñas igual, pero Peter, reaccionaba y Mc Crone, igual. Moviendo la respiración, trataba de cerrar la cirugía, viendo que todo quedara en orden. La angustia de un instante y las pequeñas tranquilas con la presión de la mano de su padre.

- ¿Nos llevamos a las niñas?

- No. No sin mí. Solo esperen a que se encuentre lista mi esposa.

Albert notaba a Mc Crone y le decía que se fuera con las niñas, este accedía no antes de besar los labios de Candy y salir de la sala, los carritos con sus hijas salían y el las custodiaba, tras de ellas viendo una a una, una tranquila, otra molesta y esa última, mirándolo cuidadosa, a través de la cajita transparente, con esos pequeños ojos borrados y la boca suelta.

- Hola mi cielo. Soy Papá. Como si la pequeña contestara, solo movía la boquita, sin emitir sonido alguno.

Sentado en los cuneros un padre era el guardia principal de las pequeñas, cubierto con ropas desechables, tapada su cabeza y parte de su rostro, observando sus baños, sus tiras cortar en sus ombliguitos. Viendo colocar sus pañalitos, pero el no se desprendía de sus pequeñas. Si tener la ventaja de ser dueño de un hospital es estar con tus seres queridos, eso lo aprovecharía por completo. Antes de colocar a sus hijas en las incubadoras, las colocaban en sus brazos, notando que en un solo brazo cabían dos de ellas y la tercera era recargada con él.

- Sr. Andrew, puedo tomar una foto con su celular.

- Por favor.

Tras lo ventanales llegaban sus hijos, los tres eran subidos por varios hombres. Todos estaban cubriendo los cristales, mientras mostraban a las compañeras de ET, pues eran rositas, arrugaditas y como la hermanita de Evan, cuando la vieron en las fotos que les mostro su amigo una vez.

- Tony, son familia de la de Evan. Mira, ni pelo tienen. Decía un preocupado Archie. Stear agregaba,

- Así nacimos nosotros, espero que se mejoren. No digan nada a nadie, son las mas hermosas del mundo, Papá nos mata si decimos que se parecen a los extraterrestres. Los tres giraban sus rostros hacia arriba y todos estaban enternecidos con ellas, escuchaban sus comentarios

- Ahora si sufrirá Albert lo que es tener mujercitas, ¿cierto Richard? - Cierto hermano. No querrá que les de ni el sol. Y Tom comentaba - Están re chulas las chiquitas, valió la pena venir. Deja le mando una foto a Ross. - Si con todo y el Papá, ahora que esta tapado del rostro, como cuando se le iban a lanzar las esposas de mis hermanos, Richard y Robert, ambos empujaban a Logan y este reía divertido.

Los guardias comentaban lo sucedido, y Stuart estaba herido en un hospital, gracias a él los habían atrapado a todos.

Días después, aun en el hospital, toda la familia no se separaba, eran visitados constantemente con el personal sin dejar entrar a nadie, no se había informado, era como si aun continuara todo en pausa.

Stuart se presentaba ante Lachlan, dando el detallado de todo el proceso, finalizando con una bala en su brazo, pero que todo había salido completamente limpio, al no tener más heridos y no había detenidos, ni sobrevivientes. Horacio había sido liquidado en su intento de escapar. Lachlan quien también gozaba aun de vendas se mostraba serio, recordaba a varios de sus hombres muertos en la mansión, directamente sin poder defenderse. Stuart confirmaba si tenía que regresar a la sucursal de Suiza, a lo que este le negaba, le daba la orden de unirse a su familia.

Albert besaba las manos de Candy, sentado a su lado los dos sonreían por todo lo que estaban comentando los niños. Una caja de regalos que organizaban para elegir atuendos de sus princesas, y Archie alegando con su Tío Tom de mencionarle comprar botitas para cada una, se hacía un debate,

- No hijo, serán botas rosas. Verás que les queda bien.

- Pero si ni caminan, además están muy pequeñas. Comentaba Tony

- Con mayor razón. Así las botitas se lucirán cuando las traiga tu padre en sus brazos. El sonido de la puerta y todo un sequito de enfermeras con guardias, entraban tres camitas plásticas, con las pequeñas recién bañadas listas para irse a casa.

- Señora, ¿Requiere que la ayudemos a vestir?

- No será necesario. Gracias. Candy era levantada con mimos por Albert quien la ayudaba a entrar al vestidor, mientras las niñas con el baño se habían vuelto a dormir y estaban envueltas en sus sabanitas rosas. La Tía Elroy se acercaba a observarlas dormidas y su marido las acariciaba de su cabecita cubierta.

- Sin pelo, igual que ustedes. Confirmaba el Dr. Leonard viendo a los niños que parecían haber perdido las ganas de discutir con su Tío Tom. Ahora buscaban estar cerca de sus hermanitas. Anthony preguntaba,

- Abuelo ¿Nos reconocerán?

- Poco a poco, hijo. Ustedes de inmediato se tranquilizaban cuando estaban con su madre, al principio pudiera necesita mucha ayuda, pero ya tiene experiencia y estamos todos aquí, para cuidarlas. Stear serio preguntaba

- ¿Nos quedaremos aquí?

- No, hoy salimos del hospital. Tu madre ya se está cambiando.

- Me refiero a… Escocia.

- Tu padre quiere que nos vayamos un tiempo a Lakewood, tal vez ahí ustedes se sientan mejor. Archie se quedaba sin responder, viendo que la pequeña que estaba frente a él, se movía sacando los brazos y este avisaba,

- Tío Tom, mira a mi hermanita, está levantando los brazos cuando dijeron que regresamos a Lakewood. Tom que no se había acercado a las niñas, para darles espacio a los hermanitos, se acercaba y notaba que la pequeña estaba despierta, sus ojos borrosos en gris, sus labios apretados en un puchero y ambas manitas moviéndose, pensaba que reclamaban salir de la cobija que las cubría.

- ¿Y estas contento de regresar? Preguntaba Tom, tratando de cubrir a la bebita y esta se defendía molesta, dando movimiento con sus piernas,

- Si. Papá se quedará con nosotros, trabajaremos desde casa y… estaremos cerca de ellas. La pequeña tomaba uno de los dedos de Tom y lo sujetaba con ambas manos, moviéndolo de un lado a otro y este continuaba con la conversación y con la otra mano, tratando de cubrir a la pequeña,

- Pues para entonces también nacerá mi bebe. Rosy me está esperando a que regrese, mis cuñados ya volvieron, pero… tu padre me dijo que nos iríamos juntos. Con todo lo sucedido, prefiero llevarme a la familia.

Anthony que estaba acariciando la cabecita de otra de las niñas, se separaba y buscaba a su Tío Tom, respondiendo,

- Y no nos dejaras solos. ¿Cierto? Luego miraba como la niña levantaba un gesto, donde sería una ceja como su padre y ellos, pero esta vez con mayor intensidad la pequeña continuaba peleando con el dedo de Tom, con ambas piernitas y manos aferradas a lo que no soltaban. Tom viendo a los dos que hablaban con él, no miraba que la niña ya estaba molesta y decidida a darle guerra a su dedo, este respondía,

- Tengo que trabajar. Los dos hermanos abrían expresivos los ojos mirando a su hermana con esfuerzo todo el rubor en su rostro, aferrada al dedo de su Tío, Stear se acercaba y agregaba,

- Pero Papá dice que trabajaras con nosotros. Ya no estarás de sheriff. Tom giraba por completo a ver a Stear, para responder y sentía el jalón de su mano, ahora los tres veían que la pequeña estaba sentada y subiría al brazo de su Tío. Pero Tom sonriente, respondía

- Ya veremos. Mi padre no quiere que regrese al trabajo, no después de tantos riesgos. Así que, lo pensaré. Anthony notaba que la niña estaba abrazada por completo al brazo de Tom y este giraba a ver salir a Candy, sin fijarse que la niña sonreía por el logro de montarse en el brazo, ante el rostro de sus tres hermanos que cuidaban de que no cayera, asustados por cómo se había montado en el brazo de su Tío y nadie lo había notado, Archie impactado, viendo como la pequeña parecía verlos y sonreírles. Los tres se quedaban devolviendo la sonrisa y Stear veía que decía tres en su pulserita.

Tom observaba salir a Candy, quien se tomaba de la cintura de Albert para caminar ya vestida para salir. Elroy se acercaba para ver a las niñas, los gritos no se hicieron esperar, la pequeña cabalgaba el brazo de su Tío, sorprendiéndolo y los niños buscaban por todos los medios que no se soltara. Tom asustado metía el otro brazo y la sujetaba

- ¡Dios mío! Esta pequeña salió a ti, Candy, subirá árboles más pronto que tú.

Albert tomaba a su hijita sujetándola de la cabeza y el cuerpecito tan pequeño, viendo que las otras dos lo observaban inquisitivamente y al ver que tenía a una de las pequeñas, ellas lloraban exigiendo también salir de ahí. Candy al verlas decía,

- Me hace falta mi Tía Doris, ella me ayudaba mucho cuando mis niños, siempre quiso mujercitas y ella tuvo dos pequeñas.

Tomaba a una de sus hijitas, pero mimosa continuaba moviéndose para ver donde estaban las otras, moviendo su cabecita, otra de las niñas era tomada por la abuela Elroy, esta hacia lo mismo siendo vigiladas sin decir media palabra por los tres hermanitos, quienes notaban que estaban buscándose una a las otras. Elroy sin darse cuenta respondía,

- Las hijas de Dorothy son un torbellino para George. Las dos lo tienen sitiado. No lo dejarán salir. Stear que ya estaba analizando a sus hermanas, miraba a sus hermanos, para saber si estaban enterándose de lo que hacían las bebitas. Candy que sujetaba a su hija moviéndose tanto, agregaba,

- Si, son igual de celosas que mi Tía. Albert que tenía a su hijita, la besaba en la frente, y le acariciaba el rostro viendo en su manita el número tres, giraba para ver donde estaban la uno y la dos, ambas le clavaban la mirada sin dejar de moverse de los brazos de su Tía y su mujer. Giraba a ver a sus hijos y estos lo miraron con complicidad. Elroy que sujetaba a una de ellas y no dejaba de moverse agregaba sonriendo a la conversación,

- Si, pero se parecen a George. Me da gusto que se vayan a vivir cerca de nosotras, así tu Tía y sus niñas estarán más tranquilas. Candy abrazaba a la pequeña, al notar que no dejaba de moverse, respondiendo a la conversación con su Elroy,

- Si, mi Tía no deja de hablarme. Dice que no quiere venir, porque sabe que regresaremos a Chicago esta semana. Albert tratando de bajar la molestia de las otras dos pequeñas que tenían su mirada clavada en él agregaba interrumpiendo,

- También hablaron los Grandchester. En ese momento los niños giraban sus cabecitas, haciendo que el padre sonriera de lado a ver lo atentos que estaban con las niñas molestas. Albert se acercaba a Candy y tomaba con uno de los brazos a su hijita sin soltar a la otra y esta le ayudaba a dejársela cuando este se sentaba. Stear tomaba a su Tía para que se acercara al asiento de su padre y la pequeña casi saltaba del regazo, pero Anthony, la tomaba y la ponía en medio de las otras dos. Candy que no se daba cuenta agregaba,

- Si, Mayra está esperando de nuevo bebe, quiere irse unos días con los niños de vacaciones y… han confirmado visitarnos en Lakewood.

Un grito de aprobación y sonrisas se agitaba entre los niños, pero las pequeñas al escucharlos se asustaban y daban un grito de llanto por la sorpresa. De inmediato se disculpaban y buscaban ayudar a calmarlas, Albert que ya las tenía a las tres y Archie que estaba frente a él para ayudarlo, las tranquilizaban sorprendiendo a Candy y Elroy al ver que las niñas tenían abiertos los ojitos y miraban a su padre, con insistencia. Albert comentaba

- Hola princesas, ¿sus hermanos las asustaron?

Con la voz, buscaban el bulto que la sostenía. Albert las abrazaba con mimo, ajustándolas para acercarlas a las tres. Leonard y Tom sonrientes las veían, vestidas de mamelucos rositas.

- Se ven preciosas. Aunque me recuerdan a sus hermanos. Eran igual de pequeños cuando nacieron. Confirmaba el abuelo Leonard al ver que las niñas estaban quietecitas en los brazos al estar unidas.

- Si, todos los bebes son así, Toma Tom, cárgala con cuidado para que te hagas a la idea, en la familia de tu mujer, son más niñas.

- ¿Crees que tendré una niña?

- Es lo mismo, se cuidan igual, hay que cambiarle los pañales.

- Es más fácil con un niño. Leonard intervenía.

- No lo creo, con ellos suele pasar la circuncisión, los desvelos y son latosos de noche. Stear se defendía,

- No es verdad, mami dice que fuimos muy buenos para dormir.

- Al principio dormían de día y no dejaban dormir a nadie en la casa, de noche. Me lleva a tu madre a mi casa, hijo, se bien que ustedes pasaron sus primeros meses conmigo. Albert iba por otra de las pequeñas y comentaba,

- Pero ahora estaremos juntos, ustedes comprobaran como los cuidaba su madre. ¿Cierto, mi amor?

- Si. Aunque ellas son más tranquilas. Archie y Anthony se defendían,

- Pero nosotros fuimos muy buenos, - Si mami, nos dijiste que mis tíos nos llevaban en carriola al parque y que nos paseaban.

- Si, por cierto, Annie y Paty pasaran el verano con nosotros en Lakewood. Stear se ruborizaba y Albert que lo observaba, notaba como se ponía serio y avergonzado. Este sonriendo agregaba,

- Stear podemos poner un maestro de violín para ti. El rubor se subió a tal grado que este avergonzado se cubría con su abuela, para que no lo vieran y respondía,

- Sería buena idea, Papá. Archie agregaba,

- Los maestros de violín también saben de otros instrumentos para que Annie se la pase bien.

Las risas no se hacían esperar, después del teatro ese par de hijos estaban muy comprometidos con las clases de música, con tal de ayudar a sus amigas.

Salieron del hospital, todos en la casa de Escocia, parecía como si no hubiera pasado nada, sin embargo, no se hablaba cuando pasaban por el pasillo, las pequeñas durmieron todo el camino, la casa era cerrada por completo, los Mc Millán aprovecharon para hacer traslados y conocimientos de sus pendientes, llevando a sus familiares a tumbas reales y tranquilas. Gracias a los contactos de Madame Elroy todo fue muy respetuoso.

Continuamos para finalizar...


Un capitulo que hacia mucho debía subir...

quisiera decirles algún poema, pero la situación actual no esta para menos,

No les voy a entristecer, por el contrario hay que animarnos

en este mundo hermoso, muchos estamos de paso,

cuidemos a nuestros seres queridos y demos Gracias a Dios por las bendiciones recibidas

Anhelo un hermoso mundo mejor, dedicado a aquellos que han partido y se han adelantado en el camino

si por ellos lo hacemos... por ellos pensamos en dar algo de nosotros para que valga la pena nuestro camino aqui

para que valga la pena... lo que vivimos todos

deseando que todo mejore...

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa