CAPÍTULO 16

«Kopján… Kopján… Kopján…», repetía Sakura una y otra vez en su mente. No había logrado conocer el significado de dicha palabra, y tampoco estaba segura de si era un nombre o un adjetivo. Le había preguntado a Daniel varias veces si estaba seguro de lo que escuchó, y cómo creía él que se podía deletrear. La respuesta del joven era la misma.

―Si tú no lo sabes, que fuiste quien lo dijo, mucho menos yo. Al principio parecía algo molesto, como si no creyera la ignorancia de la chica sobre el significado de dicha expresión, pero luego de cierta insistencia, y de ver la duda plasmada en su rostro, se convenció de que ella no se lo ocultaba.

Sakura le había pedido que confiara en ella, que ya todo estaba dicho, y si en algún momento le negó lo de su relación con Sasuke, fue por la enemistad entre los dos y nada más, a lo que él le contestaba que no se preocupara, que todo iba bien. Sin embargo, ella sabía que no era cierto. Si antes Naruto la miraba como si supiera que algo le ocultaba, luego de enterarse del matrimonio parecía analizar cada uno de sus movimientos, esperando alguna señal o quiebre de su parte, que le indicara que él tenía razón en cuanto a la amenaza o chantaje.

Daniel siempre había sido muy intuitivo, por lo que Sakura sabía que sería un gran empresario, al poder evaluar a sus clientes o socios en una mesa de trabajo; la parte negativa radicaba en que con ella era un experto. La confirmación a sus sospechas llegó tan solo unos días después de la visita de Sasuke. Naruto y Sakura se encontraban desayunando, aunque ella ya no tenía razón alguna para levantarse temprano, y solo lo hacía para atender a su amigo y acompañarlo a tomar la única comida que consumía en casa.

Cuando la voz de él llamó su atención, aunque no tanto como el contenido de su discurso. ―Le comenté a Jerry lo de tu matrimonio, algo que ya es más que público. Le dije que no lo aprobaba y que deseaba sacarte del país, pero que no podía hacerlo debido a los guardaespaldas que te asignó tu novio, así que decidió ayudarme.

Ve a tu cuarto enseguida y empaca solo la ropa con la que viniste. Una maleta y tu bolso como máximo, mientras que yo agrego en el jugo de naranja un fuerte sedante que tomaba el padre de Leopold, y se los ofrezco a ellos. Cuando estén dormidos, salimos directamente para el aeropuerto y tomamos el primer avión que salga para cualquier parte de España. Tienes ya tu pasaporte registrado, así que no tendrás problemas.

Una vez que lleguemos nos trasladaremos a Málaga, donde vive un primo de mi padre que sé nos recibirá. Estaremos con ellos un mes o el tiempo que sea necesario, hasta que él se calme y decida no buscarte más, luego de eso regresaremos a Estados Unidos, te inscribirás en la universidad que desees y yo haré lo mismo para poder estudiar y… Sakura lo miraba asombrada por todo lo que su amigo decía.

«¿En qué momento planeó todo eso?», se preguntó mientras lo escuchaba hablar como el gran estratega que ella sabía que era. Sería el plan perfecto, si él no tuviera que tirar por la borda todo su futuro, que ella estaba segura, podía conseguir trabajando con Kendal en UchihaWorld Company. No obstante, lo que hacía de esa idea algo totalmente descabellado y un camino seguro al fracaso, era que no estaban hablando de cualquier hombre. Sasuke Uchiha sería capaz de levantar la corteza terrestre, si fuera posible, con tal de hallarla, y cuando lo hiciera, solo Dios sabía cómo iba a reaccionar y cuáles serían las consecuencias de su furia.

En definitiva, tenía que hacer que su amigo olvidara ese absurdo.

―Naruto… ¡Naruto! ―Levantó la voz cuando se dio cuenta de que él seguía con su monólogo―. Quiero que entiendas de una vez que no voy a ir a ningún lado. Me casaré con Sasuke porque quiero hacerlo y ni tú ni nadie lo impedirá, a no ser que él decida que no me ama, y dudo mucho que eso vaya a suceder.

―Pero, Sakura…

―¡No! Elizabeth, nada ―suspiró y extendió la mano sobre la mesa para tomar la de él―. Este es un paso muy importante en mi vida, y quiero que tú estés ahí para mí, por mí. No necesito tus dudas, necesito tus certezas; que me apoyes y me digas que estoy haciendo bien, porque así lo siento.

No quiero que llegue ese día y no estés ahí para entregarme, para reafirmar lo que me dijiste hace unos días: que me querrás, haga lo que haga, estés de acuerdo o no. Por favor, te necesito ahora más que nunca; no tus reproches ni inconformidades, sino tu seguridad y sonrisa, para poder sentir que no estoy cometiendo una locura. Naruto suspiró, y se levantó de su silla para acercarse a ella y abrazarla.

―Prométeme que si…

―Sí, sí, ya sé. Si Sasuke me hace algo, yo te digo y tú lo matas.

―Exacto ―confirmó con seriedad. Luego de unos momentos, Sakura lo excusó, y se fue a su habitación a orar a Dios para que a su amigo se le quitaran esas ideas de la cabeza, y de esa forma, hacerle a ella ese proceso mucho más fácil.

―Preciosa, ¿estás bien? La voz de Sasuke la sacó de sus cavilaciones.

―Solo pensaba en algo ―contestó Sakura, escuetamente. ―No tienes nada de qué preocuparte, mi amor. Mi familia lo tomó muy bien ―le recordó―. La tuya ya lo sabe y solo falta que me conozcan. Estoy seguro que les agradaré. Soy encantador por naturaleza. Sakura rodó los ojos, y prefirió no contestarle.

No deseaba iniciar una discusión antes de una situación tan tensa para ella, como la que se avecinaba. En ese momento se encontraban rumbo al aeropuerto para recibir a su familia, que llegaba en un vuelo especial de Lizzy Airlines, programado solo para ellos. Jason, Amelia y Sussana llegarían en pocos minutos; Naomi se había quedado al cuidado de una de las niñas a las que Amelia daba clases por las tardes, pues Sakura prefería que Sasuke no supiera de ella aún. No tenía una explicación lógica para sí misma, solo no deseaba que un ser tan indefenso estuviera en manos de ese loco.

Su familia se había enterado de la inesperada noticia al día siguiente que lo hiciera Naruto, y la cena con la familia de Sasuke había sido programada para esa misma noche. Luego de conversarlo con Naruto, quien estuvo de acuerdo en que lo hiciera ese mismo día, y lo discutiera con Sasuke, quien estaba empecinado en estar presente en la video llamada, pretensión a la que ella se negó, Sakura les contó sobre su próxima boda, sentada en la cama de Naruto, con él a su lado. La idea era tratar de explicarle a Amelia, cómo era que ella le había entregado a él a su hija por una semana, y un mes después le anunciaban que pertenecería a alguien más por toda la vida.

―No entendí. ¿Tú lo hiciste? ―preguntó Amelia a Jason en el otro lado de la pantalla, mientras Sussana daba gritos detrás de ellos.

―Podrías ser más sutil la próxima vez ―la reprendió Naruto. Sakura no había tenido tacto alguno al momento de darles la noticia. Solo los saludó, les dijo que tenía algo importante que decirles, y luego de un suspiro, anunció sin ningún preámbulo: «Me voy a casar con Sasuke Uchiha, mi jefe». Por lo que no era de extrañar la reacción de su madre

―Amelia ―habló Naruto, decidiendo tomar las riendas de la conversación―, Sasuke Uchiha es el presidente de la compañía en la que nosotros trabajamos, UchihaWorld Company.

―Eso lo sabemos ―contestó Jason―, lo que no logramos comprender es cómo es eso de que la princesa se va a casar con él. Sakura sonrió al escuchar el apodo que Jason le tenía.

―Jason, yo…

―¿Acaso estás embarazada? ―la interrumpió el hombre, pues Amelia no había vuelto a pronunciar palabra―. Naruto, dejamos que la niña se fuera contigo porque pensamos que cuidarías de ella, y mira con lo que sales ahora.

―¡¿Por qué todo el mundo cree que estoy embarazada?! ―exclamó Sakura, exasperada

―. ¡Por Dios! Ya no estamos en el siglo XIX.

―Entonces me vas a salir con la historia de que te enamoraste de él, ¿es eso? ―prosiguió Jason, mientras Amelia parecía pensativa, y Sussana seguía haciendo un baile extraño detrás de ellos, al tiempo que cantaba alguna canción que nadie entendía

―. ¡Sussana! ―La chica hizo silencio al instante, aunque no dejó de bailar. Sakura no deseaba pronunciar esas palabras, pues lo que sentía por Sasuke no era amor, sino un profundo desprecio. El problema era que no tenía otra opción.

―Sí, es eso, estoy enamorada, no pude hacer nada, no tuve opción, estoy enamorada de él. Prefirió no decir su nombre para que su corazón no se estrujara por la mentira.

―No me vengas con estupideces, Sakura Haruno.

Nadie se enamora en… ¿cuánto tienen allá? ¿Un mes? ¡Un mes! ―Te recuerdo que tú te enamoraste de mi mamá apenas la viste ―alegó Sakura algo divertida. Amelia levantó la cabeza y miró la pantalla del computador con los ojos muy abiertos, para enseguida, desviar la vista, apenada; en contraste, el rostro de Jason tomó un color rojo tan intenso, que incluso les pareció a los chicos que su cabello rubio se le tornaba anaranjado.

―No me cambies el tema, señorita, que no estamos hablando de nosotros, sino de ti. ¿Estás segura que es amor lo que sientes por él y no un capricho de adolescente? Sakura suspiró y cerró los ojos por un momento. Le parecía estar experimentando un déjà vu.

Daniel era idéntico a su padre, y por eso no le extrañaba que este repitiera las mismas preguntas que su hijo. Si en el chico a su lado tenía a un hermano, en el hombre del otro lado de la pantalla, una especie de tío con ínfulas de padre.

―No soy una adolescente, y sí, estoy segura. Me voy a casar con él porque eso es lo que quiero.

―Y tú, ¿no vas a decir nada? ¡Es tu hija! ―reclamó Jason a Amelia, sin darle tiempo a responder―. Y tú, Naruto, ¡di algo! ¿Cómo permitiste que esto sucediera? Al menos dime qué tal es el tipo, ¿crees que la ama?

¿La trata bien? ¿Cuántos años tiene? ¡Habla de una maldita vez! Naruto abrió la boca para defenderse, pero Sakura sabía que en un estado como ese, podía perfectamente darle la razón a su padre, y ya tenía suficiente con uno, como para tener que soportar a otro. Por lo que disimuladamente le dio un golpe en la pierna a modo de advertencia, donde los demás no podrían notarlo. El chico entendió el mensaje, y de mala gana accedió a responder solo lo necesario.

―Sasuke se ve que la ama, y al parecer ella también lo hace. Se ven felices juntos.

―¿Cuántos años tiene, Naruto? ―Volvió a preguntar Jason, exasperado.

―Treinta.

―¡¿Qué?! En seguida comenzó un largo sermón por parte de Jason, alternando gritos, gesticulaciones y más gritos, seguido por un arduo interrogatorio. Deseaba saber hasta el más mínimo detalle de toda la relación, y para alivio de Sakura, él estaba tan molesto que no caía en cuenta de que ella no le contestaba concretamente, sino cosas en general.

Por su parte, Naruto prefirió quedarse callado y limitarse a asentir con la cabeza, y a repetir una y otra vez «¿Ves?» Sin embargo, había alguien que escuchaba sin pronunciar palabra, como analizando la situación en profundidad. Amelia pareció recobrar la voz, miró a Sakura a través de la cámara y le hizo una única pregunta:

―¿Serás feliz con él? A Sakura se le estrujó el corazón. Mentirle directamente a su madre era algo que nunca había hecho. Inconcebible. No obstante, verla al rostro, imaginarla llorando de tristeza por su culpa, como lo había hecho con la muerte de su padre; verla preocupada, esperando a recibir alguna llamada desesperada de ella, o enterarse por Jason que no duerme bien pensando en que algo malo le podía suceder; eso sí sería insoportable. Y como desde que llegó a Londres, decidió que solo tenía una salida.

―Sí, mamá, Sasuke me hará muy feliz. Y rogó silenciosamente porque así fuera. Después de eso todo pasó como una comedia norteamericana con risas gravadas. Jason protestaba y alegaba, molesto, levantando los brazos y con el ceño fruncido; Naruto se cruzó de brazos y solo le dijo a Sakura que ya eran dos los inconformes; Sussana volvió a gritar emocionada, y empezó a preguntarle todos los detalles a su amiga, apartando bruscamente a Jason del frente de la cámara; y Amelia, luego de sonreírle a su hija, se dedicó a la tarea de tratar de calmar al hombre. Sakura ignoraba a todos. A su lado sentía la respiración teatralmente alta de Naruto, y del otro lado, tres voces con emociones diferentes que se entrecruzaban. Deseaba que algo o alguien la rescatara de ese momento tan tenso, y la ayuda llegó del mismo culpable de todos sus problemas. La llamada entró, y luego de que Sakura se apartara, Sasuke le preguntó cómo había ido todo. ―Mi madre lo tomó bien, creo. Jason está muy molesto y para nada de acuerdo con esto.

―No me importa lo que él diga ―protestó Sasuke desde el otro lado de la línea―. Bastante tengo con aguantarme al hijo, como para que ahora el padre también se crea tu dueño.

―¡Jason tiene todo el derecho de protestar y oponerse! Él pertenece a mi familia y no te permito que hables de él de esa forma tan despectiva. Después de una pequeña discusión, que ya se estaba volviendo costumbre entre ellos, y de que él le reprochara por no haberle permitido estar presente, le dijo que acordara con ellos un viaje a Londres lo antes posible, el día que desearan, y que no admitía negativas.

Sakura regresó y encontró a Jason gritando que viajaría para conocer al tal Sasuke Uchiha, porque no le iba a entregar a su princesa a cualquiera, por mucho dinero que tuviera. Ella les comentó lo dicho por su prometido, y luego de otra discusión, en la que Jason se negaba a viajar con dinero de ese hombre, un grito de Amelia los silenció a todos. Viajarían bajo las condiciones de su futuro yerno, le gustara a quien le gustara.

Ya había pasado una semana de ese hecho. Jason no pudo viajar antes, porque debía dejar algunos asuntos listos en su negocio; totalmente contrario a Sussana, quien solo tuvo que avisar en su casa que se iba a Londres con la madre de Sakura, con todos los gastos pagos, para que le dieran el permiso. Al poco rato ya tenía listas las maletas. Llegaron al aeropuerto minutos después.

Naruto prefirió esperarlos en un apartamento que pertenecía a Sasuke, y que solo Eva o Lara usaban cuando, por cualquier motivo, lo necesitaban. Los invitados solo se quedarían una semana, debido al trabajo de Jason, por lo que Sasuke ordenó que se adecuara para que ellos se pudieran hospedar. Una vez llegaron al aeropuerto, les fue aprobada la entrada a una serie de pistas de aterrizaje adyacentes, en donde desembarcaban los vuelos privados.

Bajaron del auto, y de inmediato le informaron a Sasuke que el avión acababa de aterrizar y se hallaba carreteando. No era un avión muy lujoso, pues Sakura le había pedido que enviara el más sencillo y pequeño que la distancia le permitiera para no intimidar a su familia; lo que no consiguió fue un acuerdo con respecto al otro medio de transporte.

―Ya te dije que no es necesario ―dijo Sakura una vez que se encontraban recostados en el auto de él―. Con un auto normal hubiese bastado.

―Nena, las limusinas son «autos normales», solo que más largos ―refutó Sasuke, divertido―. Y en un coche pequeño irían demasiado apretados. Yo solo quiero brindarles comodidad. ―Tú como siempre tan considerado ―alabó Sakura, sarcásticamente.

―No puedo evitarlo ―contestó, acercó su rostro al de ella, y le susurró al oído―. Soy el hombre perfecto.

«Una larga y negra limusina», eran las palabras que le llegaban a la mente cada vez que pensaba en el medio de transporte que Christopher había designado para los tres visitantes, además del respectivo chofer, y dos guardaespaldas que se encontraban estacionados junto al auto de Christopher; ellos solo serían para cuando estuvieran los tres juntos, porque si por algún motivo se separaban, ya él lo tenía solucionado con autos individuales y el pertinente personal. «El maldito quiere comprar a mi familia», pensó luego de que Sasuke le comunicara sus planes. Sakura giró para mirarlo con el ceño fruncido.

―En realidad crees que te mereces todo en la vida, ¿no es así?

―No todo ―respondió Sasuke, mirándola fijamente a los ojos

―. No soy digno de tu presencia, y sé que nunca lo seré.

―Entonces, por qué no haces acopio de ese pensamiento y dejas que me vaya con mi familia para no vernos nunca más. Es lo más razonable, ¿no crees? señor Perfección.

―Porque lo único que me falta para sentirme completo eres tú, y aunque no te merezca, te tendré porque así lo deseo ―declaró seriamente, luego se giró hacia la pista donde el avión acababa de detenerse, y la puerta empezaba a abrirse―. Ahora pon tu mejor sonrisa y trátame como si estuvieras loca por mí. Recuerda que de todo esto depende que mis amenazas se queden solo en palabras. La chica no pronunció palabra alguna, solo se preparó para representar el papel de novia feliz, o al menos complacida. Amelia fue la primera en bajar, seguida de Jason.

―¡Mamá! ―gritó Sakura y se lanzó a correr hacia sus brazos. Solo tenía poco más de un mes de no verla, y aun así era el mayor tiempo que habían estado separadas, el cual le parecía una eternidad. Deseaba ser fuerte y lo estaba logrando, pero cuando vio a su madre deseó tener de nuevo diez años de edad, y saber que los brazos que la rodeaban con fuerza, podían protegerla de todo y de todos. Sin embargo, los papeles se habían invertido, y había llegado el momento de que fuera ella la encargada de proteger a su madre del hombre junto a ella.

―Sakura, hija, te he extrañado tanto… ¿Por qué lloras? ―preguntó Amelia riendo, también con lágrimas en los ojos.

―Es solo que estoy emocionada de verte ―contestó Sakura, separándose un poco de ella y sonriéndole con el rostro empapado―. Yo también te extrañé, no te imaginas cuánto.

―Princesa, ¿para mí no hay un abrazo? Sakura sonrió más ampliamente y abrazó a Jason, derramando algunas lágrimas más en el proceso. De él extrañaba su forma de ser. Siempre era tan risueño y cariñoso que hacía felices a los que estuvieran a su lado.

―Todos los que quieras, Jason. ―Se separó un poco del cuerpo del hombre y miró a todos lados―. ¿Dónde está Sussana? Unos gritos provenientes de la puerta del avión delataron la ubicación de la chica.

―¡Oh, por Dios! Mi cuñado favorito ―gritó Sussana, corriendo hacia donde todos se encontraban. Beth no entendió a lo que se refería hasta que la vio lanzarse sobre Christopher, que la esperaba con los brazos abiertos y una gran sonrisa en los labios.

―¡Sussy, Sussy! ―exclamó Sasuke levantándola del suelo y haciéndola girar con él, al tiempo que ella reía a carcajadas. Sakura se los quedó mirando por un momento, analizando la extraña situación que se desarrollaba frente a ella. Luego de un par de segundos, la comprensión la invadió, al igual que la rabia y la indignación. Abrió mucho los ojos y la boca, al tiempo que sus manos se volvían puños.

―¿Ustedes dos han estado hablando a mis espaldas? ―gritó.

―Tranquila, nena, no tienes por qué estar celosa. Ella y yo…

―¿Celosa? ¿Quién te dijo que estoy celosa? ¡Grandísimo imbécil! ¿Cómo te atreviste a… ―Sakura se detuvo apenas notó que su madre la miraba con asombro, Sussana con diversión, Jason con perspicacia, y Sasuke con advertencia? Tenía que controlarse. No podía tratar a Christopher de esa forma delante de los demás, mucho menos delante de Jason, que era intuitivo y podía llegar a la misma sospecha que Naruto, sobre que Sasuke la estaba chantajeando o amenazando. Si eso sucedía, todo sería mucho más difícil para ella, porque él podía llegar a ser mucho más terco que su hijo.

―Yo…Yo solo… ―tartamudeó y agradeció enseguida que su mente le brindara una salida―. Estoy indignada, sí, ¡indignada! ¿Cómo es posible, Sussana Jones, que a mí me dijeras que no tenías mucho tiempo para hablar, y en cambio lo hacías con él? Jason asintió en silencio, aceptando la justificación, al tiempo que Amelia sonreía por la escena.

―Preciosa, todo tiene una explicación. ―Sasuke se separó de Sussana y se acercó a Sakura con una sonrisa de complacencia. Al llegar a ella le pasó un brazo por la cintura para acercarla a su cuerpo―. Solo quería conocer más a tu amiga. Me agradó mucho cuando hablé con ella e imaginé que, ya que tú serás mi esposa, yo podría ser amigo de ella también.

―Sí, Beth, ¡fresca!, no pasa nada. Mejor salúdame como me merezco ―pidió Sussana y abrazó a su amiga de forma efusiva. Sakura le devolvió el abrazo, y le hizo saber que estaba muy feliz de verla. En realidad, la había extrañado bastante. ―Sakura, ¿no nos vas a presentar a tu prometido? ―preguntó Jason, acercándose a ellos, y mirando fijamente a Sasuke.

―Claro, disculpen, él es…

―Sasuke Nicholas Philip Uchiha ―completó por ella―. Es un placer conocer a la familia de Sakura, y que una vez ella sea mi esposa, será también la mía.

―¡Tiene tres nombres! ―exclamó Sussana, emocionada. Amelia lo saludó con una sonrisa y un beso en la mejilla, que el mismo Sasuke propició. Le pareció un hombre muy guapo, lo suficiente como para que aparentara ser más joven de lo que en realidad era, lo cual representó un alivio para ella, pues la diferencia de edad no se notaba tanto entre los dos.

También se notaba que era un hombre sumamente educado, sus movimientos, la forma de hablar, de gesticular, indicaban la excelente educación que había recibido; y lo que más le agradó fue que miraba a su hija con adoración, de la misma forma en que la miraba a ella su amado esposo cuando aún vivía, y tal como lo hacía Jason todos los días.

Pueda que el hombre tuviera un poco de mal genio como había dicho Naruto en días anteriores, o que fuera algo posesivo y autoritario según había afirmado Sakura, pero se podía notar a simple vista que amaba verdaderamente a su hija, y para ella eso bastaba. Jason lo saludó con un frío apretón de manos, más fuerte de lo necesario, y una clara advertencia en los ojos. Si bien Sasuke Uchiha podía tener todo el dinero que quisiera, esa chica a su lado era su princesa, y él haría lo que fuera por su bienestar. Lo había prometido sobre la tumba de Gabriel Haruno, en una visita de la que nadie tenía conocimiento, y en la que le había jurado que, si él permitía que su esposa se enamorara de él, se encargaría de protegerlas y amarlas como solo el difunto podía hacerlo; esa misma noche soñó con un hombre que solo había visto en fotos, y que mirándolo de forma amigable, le había dicho: cuídalas y ámalas por mí.

Con esas simples palabras, Jason Evans, un hombre que no era muy supersticioso, supo que Gabriel Haruno le había dado autorización para hacer de ellas su familia; y así lo cumpliría. Después de que Sasuke les presentara al chofer y a los dos custodios, les indicara cuál era el plan de transporte que tenía para ellos, y que podían disponer de recursos como lo desearan, Sakura ignoró las protestas de Amelia y las malas caras de Jason, prefiriendo hacer caso a los brincos de emoción de Sussana.

―No entiendo cómo puedes demostrarle tanta amistad y entusiasmo a Sussana, y pensar al mismo tiempo en truncar su futuro ―dijo Sakura cuando ya se encontraban solos en el auto. Eran seguidos por la limusina, y Sasuke le pidió, de forma muy empalagosa para su gusto, que se fuera con él.

―Porque lo único que me importa es tenerte, Sakura. Sussana me agrada mucho, pero tenerte es mi prioridad por encima de quien sea.

―Y lo único que buscabas con ella era tenerme más en tus manos.

―No, lo que deseaba era saber más de ti, porque intuía que no me lo contarías. Sakura no le contestó. En momentos como esos prefería mantenerse callada, y antes de terminar diciendo palabras que pudieran parecer dulces, optaba por el silencio.

―Solo te pido que me prometas algo, Sasuke ―dijo al cabo de unos momentos―, que no les harás daño mientras estén aquí. Yo hago lo que me pidas, solo no los toques, por favor. ―Todo depende de ti, Sakura, siempre ha sido así. Finalmente llegaron al apartamento donde Naruto los esperaba. Se saludaron afectuosamente y Sasuke se dispuso a mostrarles el lugar, así como el personal de servicio.

El apartamento era en estructura muy parecido al de Sasuke, ya que el arquitecto de los dos edificios había sido el mismo, y quedaban uno al lado del otro, aunque estaba decorado de una forma más sencilla, sin dejar de ser elegante y a la vez cómodo.

Amelia había decidido dormir sola, pues todavía sentía algo de vergüenza con su hija al mostrar su relación tan abiertamente con Jason, y más que todos se encontraban ahí. Siempre había sido una mujer conservadora y eso era difícil de dejar; lo que no le había contado a Sakura era que en todo el tiempo que ella llevaba en Inglaterra, Jason se había trasladado a su casa, a su cama, y si Sakura no regresaba con ellos la situación seguiría igual

―El hombre no había estado de acuerdo con la repartición de las habitaciones, pues se había acostumbrado a dormir abrazado a la mujer que amaba, sin embargo, no tuvo otra opción que aceptar

―. Naruto y Sakura decidieron quedarse con ellos toda la semana, por lo que Sussana y Sakura compartirían una habitación, y Naruto se quedaría en otra. Se reunieron en la sala para conversar un rato y conocerse mejor. Aunque era de mañana, todos estaban lo suficientemente agotados por el vuelo como para no querer hacer otra cosa que descansar, al menos unas cuantas horas.

Sakura se sentó junto a Sasuke y tuvo que aceptar que él le pasara un brazo por los hombros, así como los besos que le daba en la mejilla o en la frente. Agradecía que no la besara en la boca. La conversación empezó bien, Sussana conversaba animadamente con Sasuke Y naruto con Amelia, cuando de repente, una voz se alzó sobre las demás.

―¿Qué tan serias son sus intenciones para con Sakura? Fue la fría y contundente pregunta que lanzó Jason hacia Sasuke, sin preámbulo alguno. Fue ahí donde comenzó un arduo interrogatorio que terminó un par de horas después. Jason no se había quedado con dudas; le preguntó incluso si entendía que Sakura era una joven inocente, y que, si no lo había comprobado aún, que lo supiera de una vez

. ―¡Jason! ―gritaron las tres mujeres al tiempo. ―Esa es una de las cosas que más amo de Sakura ―declaró Sasuke―, y lo seguirá siendo hasta que un sacerdote nos dé la bendición. Sakura se cubrió la cara con las manos, apenada en extremo. Si bien todos eran de su entera confianza, el hecho de que su virginidad se expusiera en una reunión no era nada fácil de asimilar.

Luego de que Jason quedara medianamente satisfecho con las respuestas de Sasuke, y que pudiera comprobar por sí mismo que al menos en apariencia, la trataba bien y la quería, pasaron a almorzar. La conversación fue menos tensa, y Sakura se pudo relajar al notar que Sasuke se portaba complaciente con su madre. Era cierto lo que decía sobre que era un hombre encantador por naturaleza, sobre todo con las mujeres. Era una lástima que a ella no la supiera tratar.

―Sé que deben estar agotados por el largo viaje ―comentó Sasuke cuando ya se estaba despidiendo―. Mi madre está ansiosa de conocerlos y ha organizado una cena para esta noche; será en la casa y totalmente informal, solo asistirá la familia, por lo que, si aceptan, los esperamos a las siete. Amelia aceptó por todos y Sasuke se despidió amablemente, luego de darle a Sakura un suave beso en los labios, y un «te amo» susurrado en el oído.

Jason y Naruto se quedaron conversando en la sala, mientras las mujeres se dirigieron a la habitación de Amelia, que era la más grande de todas, para lo que Sussana llamaba «actualizar diario»

. ―¡Ahora sí! Respóndeme cómo es eso de que Sasuke y tú han estado conversando sin que yo me enterara ―exigió Sakura, mirando a su amiga con reproche.

―¡Oye! No me mires así que no es mi culpa. Él fue el que me llamó unos días después de la broma que te jugamos y me dijo que quería hablar conmigo. Hemos estado haciéndolo por Skype desde entonces. Sakura cerró los ojos y tomó aire. No sabía si matar a Sasuke o a Sussana. Los abrió de nuevo y estos parecían llamear.

―¿De qué «hablaban» exactamente? Sussana hizo una mueca de temor con la boca, y se sentó detrás de Amelia en la cama, para así sentirse más segura.

―Ehhh… de ti.

―Te mato.

―Sakura, cálmate ―pidió su madre―, la pobre Sussana solo confraternizaba con su futuro cuñado, aunque hubiese preferido que me dijera que estabas de novia con él.

―¿A qué te refieres con eso, mamá? Sussana, ¿acaso él te dijo algo? Habla de una vez antes de que te haga saber lo que siente Bart cuando Homero lo estrangula. Sussana se estremeció. Aunque Sakura solía ser calmada, sabía cómo se ponía cuando tenía una crisis de rabia o desesperación, y que ella fuera la causante la preocupaba aún más.

―Él me dijo que estaban saliendo, y que tú no decías nada porque, al no conocer sus verdaderas intenciones, temías que solo fuera un romance pasajero. Sakura sentía que su corazón bombeaba demasiado rápido para su propia salud. Estaba a punto de sufrir una apoplejía, o al menos eso era lo que ella pensaba. Necesitaba hacer una pregunta, y temía ya saber la respuesta.

―De casualidad, ¿él te dijo cuáles eran sus «intenciones»? ―preguntó con voz calmada en apariencia. Sussana se mordió el labio y comenzó a estrujar el borde de la blusa de Amelia, que hasta el momento solo veía todo como una típica discusión de amigas.

―… ―¿Qué dijiste? Habla más duro, Sussana, que estoy perdiendo la paciencia.

―Casarse contigo. Sakura se puso de pie al instante, sintiendo fuertes deseos de matar a su amiga. Sin decir palabra alguna, se dirigió hacia el cuarto de baño y cerró la puerta tras de ella. No lloró, al contrario, empezó a reír, primero con suavidad y luego de forma histérica. Resbaló hasta el piso, y con las manos en su estómago se balanceó de adelante hacia atrás, al tiempo que fuertes carcajadas salieron de su boca, y sus ojos se humedecieron por la intensidad de su reacción.

Así estuvo por unos diez minutos, hasta que su ataque de histeria empezó a menguar y se convirtió en una sonrisa de incredulidad. Una vez en la escuela había leído un libro llamado Crónicas de una Muerte Anunciada, de un escritor colombiano que había ganado un Nobel, y en ese momento se sintió identificada de algún modo con Santiago Nasar. Todos sabían lo que le esperaba, y nadie había sido capaz de advertirle. «Al menos mis intestinos no quedarán expuestos a la vista de todos.»

Debía empezar a controlar esos ataques de histeria porque la estaban volviendo irracional. Desde niña los tenía, un médico dijo una vez que era su manera de explotar cuando su límite de soporte de estrés, que era bastante alto, se superaba. El problema radicaba en que en el último mes se estaban haciendo más frecuentes, y supuestamente en esos momentos debería estar furiosa. Su vida se había convertido en un mal chiste, y si no trataba de tomarse las cosas con calma, terminaría encerrada en un manicomio. Regresó a la habitación donde las dos mujeres la miraban extrañadas.

―Lo siento, tuve un ataque.

―Al menos esta vez no la pagaste con alguien ―comentó Sussana con una sonrisa de inocencia.

―Bueno ya, niñas, dejen eso para después que hay algo más importante. ―Amelia miró a su hija y la preocupación se reflejó en sus ojos―. Estoy nerviosa, Sakura. Sasukees un hombre sencillo y amable a pesar de su posición social y dinero, pero no sé cómo es su familia, temo que no nos acepten y eso se vea reflejado en el trato hacia ti.

―No tienes de qué preocuparte, mamá. ―Sakura sonrió y le tomó la mano para reafirmar sus palabras―. Los conozco a todos y son personas incluso mejores que Sasuke Sophia, la madre de él… Y se embarcó a detallar cada uno de los integrantes de las dos familias, tanto física como personalmente, para que ella y su amiga supieran con qué se iban a encontrar. Su madre era una mujer sencilla, siempre lo fue.

Cuando su padre vivía era extrovertida y algo alocada, sin dejar de ser conservadora. Después de la muerte de él, esa llama se apagó en su interior, y apenas estaba empezando a surgir de nuevo gracias a Jason; sin embargo, la sencillez siempre había formado parte de ella, y consideraba que no se necesitaba dinero extra para ser feliz, siempre y cuando los seres amados estuvieran al alcance de, al menos, una llamada.

―De quien se pueden llevar una mala impresión es de Eva, la hermana de Kendal. Es orgullosa y algo sarcástica, pero cuando la conoces te das cuenta de que puede llegar a ser una gran amiga, y eso se ha vuelto para mí. ―Soltó una risita cuando Sussana torció la boca y rodó los ojos

―. Tranquila Sussy, tú eres irremplazable, y ya verás que te va a caer muy bien si logras ver más allá de su ceja levantada y sus «no seas estúpida». Así continuó hasta completar a la familia de Sasuke. Amelia se relajó al escucharla. El saber que su hija era aceptada a pesar de su procedencia, de la cual no se avergonzaba, la tranquilizaba enormemente, pues no deseaba que Sakura fuera víctima de desprecios o indirectas.

―¿Cómo tomó la familia lo del matrimonio? ¿Cómo les contaron? Anda, suéltala ―pidió Sussana, emocionada por todos esos relatos de personas que para ella eran de otro mundo. Sussana Jones no sabía lo que era la simplicidad.

Le encantaban las prendas de marca, estar siempre a la moda, y tenía una cierta fijación hacia las personas adineradas. Podía pasar días enteros viendo en la televisión programas como Mundo de Millonarios, Zona VIP y Bodas Espectaculares; sin embargo, no era superficial en el mal sentido de la palabra, ya que jamás tendría una amistad por conveniencia, y cuando se llamaba amiga de alguien, era porque en realidad estaba dispuesta a entregarse por completo, hecho que Sakura había comprobado muchas veces.

―La única que sabía de nuestra relación era Eva, aunque Kendal y Lara ya lo sospechaban. Sasuke lo anunció repentinamente en un suceso en la oficina, así que los que no se enteraron en ese momento, lo hicieron porque los demás se lo comentaron.

Lo del matrimonio fue anunciado en una reunión, y aunque no fue la forma más correcta de hacerlo, lo tomaron muy bien. Sophia no lo podía creer y estaba muy emocionada; Jonathan era menos efusivo, se concentró más en los asuntos legales, aunque también estuvo complacido. Y ciertamente, ese era el resumen de lo sucedido en la cena de hacía ocho días atrás, cuando Sasuke y Sakura se presentaron a La Mansión, para anunciar su compromiso. Él les había dicho que deseaba comunicarles algo muy importante, y que era imperativo que estuvieran todos presentes, incluidos los Lancaster, que como ya era sabido por Sakura, formaban una sola familia.

Luego de que Sakura le anunciara a su familia su matrimonio, se vistió para esperar a Sasuke que pasaría por ella a las siete en punto. Se había colocado un vestido negro que le llegaba justo arriba de las rodillas, de tirantes gruesos y cuello en V , con una franja azul rey debajo el busto, los zapatos de tacón medio eran del mismo color, y el cabello recogido en una coleta algo floja, con unos risos cayendo a cada lado de su rostro. Era uno de los vestidos que había comprado en compañía de Eva, pues no quiso aceptar que Sasuke le comprara uno especial para la ocasión, teniendo todavía algunos sin estrenar.

Sakura había estado muy nerviosa al llegar por fin a su destino. Aunque no deseaba casarse con Sasuke, y no importaba lo que su familia dijera, terminaría siendo su esposa. A ella le preocupaba que la buena relación que tenía con ellos se acabara, que Sophia la viera como a una cazafortunas que había atrapado a su hijo, o cualquier otro pensamiento nada grato hacia ella. Su cuerpo comenzó a mostrar las consecuencias de su turbación interna.

―¡Dios! Tengo los labios resecos.

―Yo podría humedecértelos con mi lengua ―propuso Sasuke, susurrándole al oído de forma sensual, al tiempo que se relamía los suyos.

―No, gracias ―contestó Sakura con fastidio―, puedo hacerlo con la mía. Sasuke se enderezó y la miró asombrado.

―¿Te alcanza hasta allá abajo? ¡Qué lengua tan larga tienes, nena! Sakura se detuvo bruscamente y su cara se tornó de un fuerte color rojo. Cerró los ojos por unos segundos para no asesinar al heredero Stone en la entrada de la casa de sus padres, y continuó caminando con rapidez, ignorando la risa cínica de Sasuke.

Fueron recibidos por Sophia, quien les informó que todos los estaban esperando en la sala de estar. Durante la conversación inicial, Jonathan no dejaba de observar cada movimiento de Sakura, la forma como miraba a Sasuke, sus reacciones a los toques de él, y lo que vio no le agradó. La chica, a pesar de hacer su mayor esfuerzo y parecer natural, era reacia hacia Sasuke.

Con Kendal era risueña y lo miraba con aprecio, en cambio para su novio, sus ojos no parecían demostrar emoción alguna. Su mirada era vacía, y cuando él la tocaba, o la besaba suavemente en la sien o la mejilla, ella no le regalaba ni la más mínima sonrisa. Un hombre como Jonathan Uchiha , que se había enfrentado a lo largo de su vida a cientos de negociadores altamente experimentados, y se había salido con la suya en todos los desafíos, sabía medir las reacciones de los demás y deducir de ello qué papel querían representar, así como qué deseaban ocultar.

Estaba totalmente seguro que Sakura Haruno deseaba ocultar el desprecio por su hijo. Luego desvió la mirada hacia Sasuke, y observó algo en él que lo identificaba como su hijo más que la propia genética: Sasuke estaba obsesionado con la chica, al igual que él después de más de treinta años, seguía obsesionado con su esposa. Giró entonces su mirada hacia la mujer con la que había compartido su cama por tres décadas, y la que aún lograba enardecerlo con solo una mirada, hasta el punto de que en varias ocasiones terminaba arrojándola sobre el lecho, arrancándole la ropa del cuerpo, y embistiéndola como si su vida dependiera de eso, al tiempo que ella jadeaba y le rogaba que no se detuviera.

Rápidamente apartó esos pensamientos de su mente, porque sintió cómo sus pantalones empezaban a apretarle en una zona en específico, y se concentró en imaginar, qué sería de él si no la tuviera a ella, si hubiese permitido que ese imbécil de Fiorenzo la tuviera antes que él, si no hubiese planeado tenerla a costa de lo que fuera, y si no la hubiese seducido la noche en que la hizo suya.

Le fue imposible ver algo, pues la más profunda y aterradora oscuridad era lo único que le mostraba su mente. Volvió a mirar a su hijo y suspiró resignado; Sasuke estaba forzando a Sakura a estar con él, solo que él no podía ni deseaba impedirlo, porque sabía que hacerlo y lograrlo, implicaría la desgracia de su primogénito. Dirigió su mirada a la chica, y mentalmente le pidió perdón por no ayudarla.

―Antes de pasar a la mesa ―habló Sasuke, haciendo silenciar a los demás―, quisiera hacerles un anuncio importante para Sakura y para mí.

―¡Se van a casar y a tener tarados y muñequitas corriendo por esta sala en unos cuantos años! ―gritó Kendal y empezó a reír a carcajadas. Al cabo de unos segundos notó a Sakura y Sasuke mirándolo fija y seriamente, y su hermana negando con la cabeza al tiempo que sonreía con diversión. Su risa se detuvo al instante, los observó por un momento más y estalló en carcajadas aún más fuertes

―. ¡Soy adivino!

―¿Eso es cierto? ¿Ustedes dos se van a casar? ―preguntó Lara con una sonrisa en los labios, sentada junto a su tío Joseph, quien le tenía un brazo sobre los hombros. No se encontraba acosando a Naruto porque él no había podido asistir, debido a que se encontraba terminando un trabajo de la universidad que debían entregar al día siguiente en compañía de Jerry, sin contar con el hecho de que Sakura había insistido, sutilmente, en que no era necesario que la acompañara.

―¿Sasuke? ―insistió Joseph. Sasuke suspiró.

―Ya lo dijo el tarado de tu hijo ―contestó con una mueca.

―¡Oh, por Dios! Sasuke, no sé qué decir ―exclamó Sophia, emocionada.

―Dime que te alegras, mamá, y que aceptas a Sakura como tu futura nuera.

―¡Claro que me alegro, hijo! ―exclamó la mujer levantándose de su asiento y recibiendo su abrazo―. Y claro que acepto a Sakura, ¿cómo podría no hacerlo? Ven acá, pequeña. Sakura se acercó a Sophia con lágrimas en los ojos y la abrazó con fuerza. Las dos mujeres lloraban por motivos opuestos: una de alegría, y la otra de tristeza.

Sakura no podía pedir una suegra ni familia política mejor que todos ellos, aun así, daría lo que fuera por cambiar al hombre que en unas semanas la uniría a ellos para siempre. Todos estaban complacidos y emocionados con la noticia, y Jonathan, aunque algo aprensivo, no podía evitar sentir alegría al darse cuenta de lo feliz que era su hijo al lado de esa chica.

Luego de las felicitaciones correspondientes y las debidas bromas infaltables, se acercaron a la mesa, donde la conversación giró en torno a los preparativos de la boda. Lo correcto era ofrecer una recepción para presentar a la futura integrante de la familia, a los amigos y clientes más importantes; no obstante, Sasuke decidió que fuera algo pequeño, solo los más cercanos, pues no quería intimidar a Sakura con un evento pomposo.

―Entonces serán unos doscientos, aproximadamente ―comentó Lara, antes de llevarse a la boca un bocado de carne de búfalo en salsa de arándanos y especies.

―Doscientos ¿qué? ―preguntó Sakura con los ojos entrecerrados.

―Invitados, querida ―respondió Sophia con una sonrisa―. Va a ser muy difícil hacer una lista tan reducida, pero si eso es lo que desean, así se hará. Sakura abrió la boca para hablar, y la cerró de nuevo al darse cuenta que no tenía qué decir.

«Doscientos invitados… lista tan reducida». Para ella cien invitados en una fiesta era una gran celebración, si alcanzaba a encontrar tantas personas para invitar; en cambio los Uchiha, consideraban que «doscientos» era «reducido». Suspiró y pensó que lo mejor era acostumbrarse, porque esa sería su nueva vida.

Al menos tenía que aceptar que Sasuke la había ayudado en esos momentos, y expondría a su madre a la ardua tarea de crear una lista reducida, solo para que ella no se sintiera incómoda. Si eso era solo para anunciar el compromiso, no quería imaginarse cómo sería la fiesta principal. La recepción tendría lugar en dos semanas.

Las invitaciones se repartirían antes, contrario al orden común. El motivo era que hacerlo de la forma acostumbrada, implicaría retrasar el matrimonio, porque las invitaciones debían repartirse mínimo un mes antes, y Sasuke estaba demasiado ansioso por casarse, como para estar haciendo acopio de protocolos y normas sociales. Acordaron que Lara estuviera más al pendiente de los preparativos, y lo mejor era dividirse para poder trabajar en el evento de presentación y la boda al mismo tiempo. Sophia y su hija se encargarían de la primera y Eva junto con Sakura de los primeros arreglos de la segunda.

―Yo no tengo ninguna experiencia en este tipo de eventos, y no sabría cómo organizar una boda, mucho menos con sus costumbres ―explicó Sakura, más que todo con la intensión de que no la incluyeran, pues le daba lo mismo cómo se llevara a cabo la fiesta y el matrimonio. No quería casarse, y como tenía que hacerlo, no le importaba dónde y cómo se desarrollaría.

―No te preocupes, Sakura, nosotras te guiaremos en todo ―prometió Lara―. Lo primero que debes hacer es acoger nuestra religión, ¿perteneces a alguna en particular?

―No, solo soy creyente, aunque fui bautizada bajo la iglesia católica.

―No importa, eso es fácil de solucionar. Debemos ir a la iglesia… Lara se había embarcado en la explicación del proceso, y Sophia de los documentos que necesitaba Sakura para poder contraer matrimonio en Inglaterra, y demás preparativos que se tomaron todo el tiempo de la cena. Cuando terminaron, Jonathan y Joseph pidieron a la pareja que los acompañaran al estudio. Una vez adentro, el padre de Sasuke fue el primero en hablar.

―Joseph y yo queremos conversar sobre el acuerdo prenupcial.

―Lo que yo haga o deje de hacer no afecta los bienes de la familia ―aclaró Sasuke, molesto―. Tengo mis propias acciones, y soy libre de hacer con ellas lo que desee.

―Eso es cierto, hijo ―acordó Joseph―. Sin embargo, es nuestro deber proteger los intereses de la familia, y eso te incluye a ti. No deseamos que, en el caso de un divorcio, tus acciones se vean…

―¡No habrá divorcio! ―exclamó Christopher con los puños apretados. Hasta el momento, Sakura no había pronunciado palabra alguna. Le daba igual la conclusión a la que llegaran, y si tenía que firmar algo, lo haría; después de todo nada podía empeorar su situación. Aun así, decidió intervenir a favor de los hombres mayores, para no dar la impresión de que sí le importaba el dinero de su futuro esposo.

―Sasuke, ellos tienen razón. No sabemos qué pueda suceder, y por el bien de todos, es mejor que tus acciones queden en manos de tu familia. Christopher frunció el ceño, y su mirada se oscureció por la ira que ella sabía, estaba acumulándose en su interior. Para su sorpresa, su expresión se suavizó casi al instante, sus puños se soltaron y una sonrisa de suficiencia se formó en sus labios. Sakura se estremeció. Alguna idea se había formado en su trastornada cabeza.

―Sabes, mi amor, tienes toda la razón. Yo necesito proteger mis intereses, y tú los tuyos. ―Sakura aguantó la respiración. Al parecer se arrepentiría de haber abierto la boca

―. Si por algún motivo nos divorciamos, quien inicie la demanda lo perderá todo. «Tu familia.» Eso era lo que Sasuke había querido decir con esa expresión. Si bien no era abogada, solo se necesitaba tener sentido común para entender que con el solo hecho de solicitar el divorcio, lo aprobaran o no, su familia pagaría las consecuencias.

―No hay necesidad de eso ―dijo, tratando de arreglar la situación―. Yo nunca…

―Es mejor estar seguros ―interrumpió Sasuke―, después de todo, uno nunca sabe. Sakura frunció el ceño, y estaba a punto de contestarle cuando Jonathan intervino.

―Eso es lo contrario a lo que te estamos diciendo; se supone que al momento de un divorcio…

―¡Dejen de repetir esa palabra! ―gritó Sasuke al tiempo que golpeaba el escritorio

―. No va
a haber ningún divorcio, por ningún motivo. Entiéndanlo de una maldita vez.

―Entonces, ¿qué es lo que propones? ―preguntó Joseph.

―Si ella instaura la demanda lo perderá todo. Si lo hago yo, cosa que nunca sucederá, ella se quedará con la mitad de mis bienes sin incluir lo referente a la compañía.

―Eso no tiene sentido, Sasuke ―dijo Joseph

―. Estás hablando de quitarle sus posesiones a una chica que tiene mucho menos que tú. Sakura, ¿cuáles son tus bienes materiales?

―La ropa que tengo puesta ―contestó mirando fijamente a Sasuke. Sabía que a él no le interesaban sus faldas y blusas, sino algo que no se podría calificar como riqueza material: el bienestar de su familia.

―Lo ves ―concordó Joseph―. ¿Qué sentido tiene entonces esa cláusula? En ese caso estoy de acuerdo con lo de tus activos adquiridos por ti mismo, que después de todo, es tu problema lo que hagas con ellos, siempre que no toquen los que pertenecen a la compañía. Por lo de esta chica no hay necesidad de eso.

―Ella sabe a lo que me refiero ―respondió Sasuke, mirándola con advertencia―. ¿No es así, nena? Sakura sintió fuertes deseos de infringirle un severo daño físico al hombre que le hablaba. Respirando profundamente, se limitó a asentir. Jonathan no había intervenido más porque sus sospechas se acababan de confirmar ante sus ojos. Aunque su cuñado no entendiera a qué se referían, él comprendió que Sasuke tenía amedrentada a la chica con hacerle daño a algo o alguien, y como ella no tenía posesiones ni fortuna que arrebatarle, lo más seguro era que los objetivos de la amenaza eran sus parientes.

«¡Ay, hijo! Yo habría matado por poseer a tu madre», pensó Jonathan, suspiró y se internó en la conversación del documento final. La cláusula propuesta por Sasuke, aunque sin sentido, se incluiría.

Regresando al presente, luego de terminar la charla con su madre y su amiga, que les llevó algunas horas, Sakura decidió que era el momento de arreglarse para la cena de esa noche. Naruto también les había dado buenas referencias de la familia Uchiha-Lancaster, así que la tensión de Amelia y Jason se había esfumado casi por completo.

El hombre temía más que todo que la familia de Sasuke no fuera amable con ella, y luego de que Naruto le asegurara lo contrario, el asunto se convirtió en una preocupación menos referente a la dichosa boda. El momento de la cena con las tres familias llegó, y Sakura se sentía aún más nerviosa que la vez anterior.

Esperaba que todo saliera a pedir de boca, porque sinceramente deseaba que las familias se llevaran bien, para tranquilidad de su madre y de Jason, al poder comprobar en persona que ella quedaba en buenas manos.