Cuenta regresiva

Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Realidades (diferentes)

No, no, no.

Hermione.

Draco echó a correr hacia el dormitorio de las niñas, resbalándose hasta el suelo cuando las escaleras se transfiguraron y tomaron forma de rampa. Ahogó un débil quejido y se impulsó hacia arriba con ambas manos, casi dejando la capa de invisibilidad atrás.

No, no, no. Por Merlín, no.

Regresó a la habitación que debía pertenecer a los varones y era ocupada por los sangrepura del curso, movió un dosel tras otro, hasta dar con la cama de Ron, y se abalanzó sobre él.

—Ron, Ron, ¡Ron! —Lo agarró por los brazos y lo zarandeó, haciendo caso omiso de sus débiles protestas.

Su amigo bostezó y entreabrió los ojos, enfocándolo a través de la escasa luz. Le dio un manotazo para quitárselo de encima, sin fuerza.

—¿Qué...? —Parpadeó—. ¿Quién eres tú? ¿Qué haces...? Ah, ¿te perdiste? —Otro bostezo y apuntaba el pasillo—. Sé que es confuso, pero el cuarto de sangre mestiza queda al otro lado.

Draco observó, boquiabierto, cómo hacía ademán de volver a dormirse. De nuevo se tiró sobre él, sacudiéndolo.

—¡Ron, soy yo! ¡Ron! Mírame- Ron-

—¡Suéltame! —Lanzó una patada al aire, que no le dio pero bastó para apartarlo, y se sentó. El rostro se le tornaba del mismo color que el cabello—. No sé quién seas, pero si no te vas ahora, voy a llamar a los Carrow.

El apellido le sonaba de las viejas listas de Mortífagos. Lo que no encajaba era que fuese Ron Weasley, de entre todas las personas, quien lo soltase así.

Ron estrechó los ojos, él dio un paso hacia atrás, despacio, luego otro, otro, otro, y salió corriendo de ahí.

Tenía que ir con Severus. Le diría, se lo diría a Regulus también, entonces sabrían qué hacer.

Trastabilló al volver a cruzar el retrato de la Dama Gorda, siguió corriendo hacia abajo, hacia las mazmorras, e ignoró los cánticos estúpidos de Peeves en el trayecto. Fue directo a tocar la puerta del dormitorio de su padrino. A golpearla con toda su fuerza, más bien.

Pero el que salió, adormilado, tambaleándose y con una bata sobre el pijama, no era Snape.

Era Slughorn.

¿Qué hizo?

¿Qué fue lo que hizo?

La alarma encendida dentro de su cabeza le había quitado el sueño por las malas. Un nombre era lo único que emitía para entonces. Dumbledore.

Dumbledore sabría qué hacer.

No prestó atención a las preguntas del profesor y se dirigió hacia la oficina del director. Se detuvo frente a la estatua, pronunció la contraseña, y ahogó un grito cuando no resultó.

—¡Vamos, vamos! —Insistió, dos intentos más tarde, dándole una patada a la base.

No entendía por qué no resultaba, sabía que era la clave de esa semana, y la del retrato sí había funcionado.

Antes de que pudiese continuar desquitándose con la estatua mágica, unas voces al otro lado del pasillo lo frenaron. Contuvo un quejido, regresó a la relativa seguridad debajo de la capa, y se metió al aula abandonada más cercana, donde desplegó el mapa.

Había sectores completos en blanco, desdibujados, y las viñetas eran extrañas. Ni McGonagall, ni Flitwick, ni Snape, ni Sprout estaban. Tampoco Dumbledore, ni mucho menos Hagrid.

Los hermanos Carrow recorrían un pasillo a unos metros, debían ser los murmullos de conversación que lo alcanzaban ahí.

Hubo dos puntos más que le llamaron la atención y helaron su sangre. Tom M. Riddle, en uno de los dormitorios del ala del profesorado, y Lucius Malfoy, en otro.

Su padre estaba vivo. Estaba ahí, en ese tiempo.

¿Qué pasaba?

Draco pegó la espalda a la pared y se deslizó por ella, hasta tocar el suelo y quedar sentado.

¿Ahora qué hacía?

Cuando volvió en sí, del estado de duermevela en que repasaba el informe y los cálculos en sus manos, e intentaba descubrir lo que había salido mal, fue por un grito. Un alarido, de una voz familiar.

Draco guardó los pergaminos deprisa, se puso de pie y se asomó, todavía cubierto por la capa.

—...la próxima vez que te pregunte algo, contéstame, ¿entiendes, serpientita?

—Ya déjalo, ni siquiera es divertido.

—Tienen que aprender a respetar. No vaya a ser que suelten algo así frente a nuestro Señor...

Ambas voces se apartaban, los pasos llenaban el corredor. Sin embargo, lo que a él le importaba era el niño que dejaban atrás, jadeante, recargándose en la pared y con la parte de atrás del pijama manchada con una línea de sangre.

Potter se agachó, sosteniéndose de la superficie firme a su lado, y apoyó la cabeza en esta. Respiraba agitado y era sacudido por débiles espasmos. Estaba cubierto de una capa de sudor.

Cuando dio un paso en su dirección, reaccionó para retorcerse con un gimoteo, sosteniéndose un costado, y apuntar con la varita al pasillo que debía encontrar vacío. Eso no lo detuvo, por supuesto.

—¿Quién...quién...?

Draco titubeó un instante, luego se quitó la capa. Aguardó. Potter lo observó, parpadeó, y dejó la varita a un lado, para sostenerse el torso con ambas manos.

—Sólo eres tú...—Soltó una temblorosa exhalación y apretó los párpados un instante. Él podría haberse echado a llorar ahí mismo.

Acortó la distancia entre ambos y se puso de cuclillas a su lado. Tuvieron un débil forcejeo absurdo, cuando intentó que dejase de sostenerse, él se negaba y presionaba más, y le pidió que lo dejase ver cómo estaba, para que dejase caer los brazos a los costados.

—¿Qué hechizo fue? —Murmuró, enrollándole el pijama hacia arriba para ver la zona lastimada. Estaba cubierto de cortes, pero no sangraban, a diferencia de lo que fuese que tuviese en la espalda.

Crucio —Draco levantó la mirada, horrorizado. Él soltó una risa entrecortada—. Me cruciaron. Me lanzaron algo- algo de corte, la raíz de la palabra me sonaba a corte, y después el crucio. Sólo por regresar un poco tarde de la- Lechucería...

Ahogó otro quejido cuando Draco lo ayudó a ponerse de lado, para revisarle la espalda. La sangre provenía de un pedazo al que le faltaba la capa superficial de la piel y tenía, en su lugar, una costra rojiza.

Luchó por recordar los encantamientos de sanación de Regulus. No eran lo suyo, la medimagia era compleja. Se lamentó de no haberla estudiado más.

—¿Dices que estabas en la Lechucería? ¿A esta hora? —Llevó a cabo la floritura de la varita en el aire y comprobó que la magia circulaba, para después empezar a murmurar el encantamiento; no salió bien y tuvo que intentarlo de nuevo. Potter asintió y gimoteó al arrepentirse del gesto.

—Sí, sí, tenía- tenía algo que olvidé mandar antes, ¿bien? No es una razón para lanzarme un crucio, montones- de estudiantes van tarde y...además, ¿quiénes se suponen que eran esos?

La zona en carne viva y cortada se empequeñecía, la sangre sobre la piel se quedaba, pero al menos, no brotaba más. No dejó de mover la varita.

—Los Carrow.

—¿Quiénes? —Potter ladeó la cabeza para mirarlo, ceñudo.

—Mortífagos locos, seguidores de Voldemort.

Él resopló.

—¿Y debo asumir que los Mortífagos se metieron al castillo en los diez minutos que me tardé en ir de las mazmorras a la Lechucería?

Draco no le dio ninguna respuesta, hasta después de haber terminado con el encantamiento. Supuso que estaba bien. Pomfrey tendría que revisarlo luego. Si es que volvía.

—¿Qué es lo último que recuerdas? —Inquirió, ayudándolo a dar la vuelta, de nuevo. Potter se retorció cuando lo tuvo entre ambos brazos, presionó la mano en uno de sus hombros, para mantenerlo a cierta distancia.

—¿Ahora de qué hablas?

—¿Quién soy?

Él rodó los ojos.

—¿Es que tu ego ya llegó a ese punto que...?

—Potter, en serio —Lo silenció. Él vaciló, al darse cuenta de que no bromeaba—. ¿Quién soy?

—Malfoy. Draco Malfoy.

—¿Cómo nos conocimos?

—En la tienda de túnicas —Potter arrugó más el entrecejo—, hace tres años. ¿Qué...?

—Soy de Gryffindor y tú de Slytherin, ¿cierto?

—Sí.

¿Por qué?

¿Por qué él lo sabía?

—¿Te quedas en un cuarto de sangre mestiza en las mazmorras?

—¿Qué? ¡No! —Potter se sacudió para que lo soltase— ¡los Slytherin no son tan prejuiciosos, lo sabes! Hay dormitorios para chicas y chicos, lo normal, como los demás...

—¿Y si te dijera que eso no es lo normal?

Titubeó.

—¿Qué?

Draco dio un rápido vistazo alrededor, lo agarró del brazo y lo ayudó a ponerse de pie, para que ambos se metiesen al aula abandonada. Cerró la puerta con un encantamiento detrás de ellos.

—Escucha, algo está pasando...

—Bueno, eso es obvio —Potter rodó los ojos. Él lo ignoró.

—...y creo que sé por qué —El Slytherin lo alentó a continuar con un gesto teatral, pero Draco apretó los labios por un instante y lo observó con tanta culpabilidad, que lo hizo resoplar.

—No voy a gritarte, ¿de acuerdo? Acabo de ser cruciado, me duele todo el cuerpo, tengo sueño. Habla mientras todavía estoy de buenas.

Podría haberse reído, si estuviesen bajo otras circunstancias.

—Viajé en el tiempo.

La reacción se demoró unos segundos en llegar, pasando desde la confusión, a la comprensión, después apareció la rabia en los ojos verdes.

—¡¿Qué es lo que está mal contigo, Malfoy?! —Draco se encogió un poco, por reflejo, a causa de la sorpresa.

—¡Dijiste que no me ibas a gritar!

—¡Alguien tiene que gritarte por esto! Sabía que eras idiota, ¡pero cruzaste un límite! ¡Uno no viaja en el tiempo sin consecuencias! ¡Por viajar en el tiempo, es que se creó el Departamento de Misterios!

—¿Qué? —Parpadeó. Potter se cruzó de brazos y se encogió de hombros.

—Es lo que dice mi papá.

Draco soltó un pesado suspiro y sacudió la cabeza.

—Mira, tenía que viajar, ¿bien? Estoy buscando algo- algo importante, y la única persona que podía tener una pista, sólo se encontraba en el pasado. Pero me dejé ver y hablé con ella y-

—¡¿Que tú hiciste...?! —Tuvo que presionar la palma contra su boca para silenciarlo. Potter entrecerró los ojos en su dirección, pero era más soportable, si evitaba que los descubriesen a causa de su bullicio.

—Pensé que ella regresaría a hacer lo que se suponía que debía hacer cuando me hubiese dejado. Sólo que no pasó, y no vio lo que tenía que ver, así que yo no conseguí la pista y volví, y cuando volví, todo esto estaba así, y Hers no está por ninguna parte, hay cuartos sangrepura y para sangre mestiza, y mi padrino no está, y Leonis- y Riddle es un profesor y hay Mortífagos y-

Potter le sujetó la muñeca y bajó un poco su brazo, lo suficiente para destaparse la boca.

—¿Dijiste Riddle? ¿Tom Riddle? ¿Quién-tú-sabes está aquí- aquí, aquí, como...como aquí? —Él asintió, aunque no estaba seguro de lo que pretendía aclarar—. Merlín. Eso significa- ¿eso no significa que nunca lo venciste? Que, bueno, él...

—Él ganó la guerra.

Draco dio un par de pasos hacia atrás, soltándolo, y empezó a caminar en línea recta por el medio del aula, ida y vuelta. Se echó el cabello hacia atrás y jugueteó con Serpensortia, enroscada en su muñeca.

Voldemort había ganado. Se había apoderado del mundo mágico y había cambiado el colegio a su antojo; por eso no estaban los profesores que se mostraron en su contra, por eso no estaba el desertor de su padrino.

Por eso, no estaría Hermione. Y los Mortífagos sí.

Por eso, Lucius Malfoy estaba vivo.

Mientras las realizaciones llegaban una tras otra, se mezclaban, se confundían, escuchó que Potter ahogaba un grito y se dio la vuelta. De cierto modo, supo lo que ocurría, incluso antes de que él hubiese abierto la boca y señalado su brazo.

Las puntas de sus dedos, adormecidas, comenzaban a difuminarse, igual que una pintura a la que intentaban borrar recién hecha.

—¿Qué...?

Potter estaba pálido, ojos abiertos de sobremanera fijos en él. Atacado por un repentino cansancio, Draco se dejó caer sobre una silla, tomando una profunda respiración.

Y él no estaba.

Ni él, ni Narcissa, estaban.

—¿Qué está pasando, Malfoy?

Él meneó la cabeza. Le llevó unos instantes encontrar una manera de poner el caos dentro de su mente en palabras comprensibles.

—Mi madre- ella traicionó a los Black cuando los Mortífagos fueron detrás de mi tía Andrómeda, por haberse casado con un hijo de muggles. Ella desertó, luego mi madre la siguió. Cuando- Merlín- —Liberó una exhalación temblorosa, incrédulo—, cuando mi madre la siguió, mi padre hizo lo mismo. Por ella. Creen- las personas creen que él fue un espía desde el principio, no es así, mi padre era un Mortífago, mi abuelo lo forzó. Pero abandonó por mi madre, cuando ella se lo dijo, y- si Voldemort ganó, y mi padre está vivo y está aquí, justo ahora...

—Él no abandonó.

Asintió.

—Y yo no existo. No nací porque él no se fue con mi madre —Musitó, con un hilo de voz, bajando la mirada hacia su mano que se desvanecía en el aire. Despacio, le seguía la muñeca, el antebrazo.

—Así que nadie pudo detener a Quien-tú-sabes y todo esto es un círculo. Merlín —Potter se restregó la cara con las manos—. ¿Con quién hablaste para cambiar todo esto?

Él carraspeó, para asegurarse de que la voz no le temblaría.

—Mi madre —Lo miró directo a los ojos al decirlo—. Hablé con mi- madre.

—Espero que haya sido una buena charla, porque le costó el destino a todo el mundo mágico, idiota.

—Sí, lo fue —Falló. La voz se le quebró. Se puso de pie, frunciendo el ceño, y Potter se retrajo un poco—. Fue la mejor conversación que he tenido en mi vida y la única que tuve con ella.

Potter dejó caer los hombros. Abrió y cerró la boca, luego se dedicó a observar el suelo en el espacio entre ambos, durante unos segundos.

—Creo que yo también lo hubiese hecho.

Draco parpadeó para apartar las lágrimas de sus ojos. Se talló los párpados y se odió por la falta de control. Su padrino se habría decepcionado.

Si estuviese ahí.

—¿Qué?

—En tu caso —Puntualizó Potter, despacio—, de poder hablar con mi mamá...creo que yo también lo hubiese hecho.

Intercambiaron una mirada. Draco asintió, aceptando la disculpa al más puro estilo Slytherin.

—Sólo hay que arreglarlo, ¿no? —Insistió, en un susurro. Potter se encogió de hombros.

—Yo no sé de viajes en el tiempo, dímelo tú, que ya tienes uno de experiencia.

Draco se apresuró a sacarse el giratiempo del escondite dentro del uniforme. Su brazo desaparecía hasta el codo y seguía subiendo, comenzaba a sentir un pie más ligero de lo justo. Iba a perder primero el lado derecho del cuerpo. Al menos tenía el consuelo de que no sentía dolor.

—Creo que puedo volver al momento antes de al que volví la primera vez, me detendré de alguna forma, sin dejar que yo...me vea a mí —Vaciló. El Slytherin pasaba de arquear las cejas a arrugar el entrecejo—, y no hablaré con ella, y- ¿o tendría que volver al momento antes de haber partido?

Los segundos en que titubeó le pasaron una inmensa factura. Perdió el equilibrio junto a uno de sus pies y el tobillo, y se fue hacia adelante. Lo único que impidió su caída fueron los reflejos de Potter, que lo atrapó.

Casi hasta el hombro en un brazo, ascendía por la pierna en otro. Le cosquilleaban las puntas de los dedos que aún le quedaban.

Oh, no, no. No. Sólo necesitaba un momento, un momento más.

Le estaba dando sueño. Potter hablaba, hacía preguntas. Mantenía el peso restante que era su cuerpo, ¿y siempre fue así de cálido? A Draco le encantaba lo cálido. Podría haberse quedado dormido ahí, no le habría importado.

No.

El giratiempo se le resbaló y él tanteó su túnica, sacando los pergaminos sin cuidado y tirándolos al suelo en el proceso. Potter lo zarandeó al exigir una respuesta que no podía darle, porque apenas lo oía.

—Una vuelta es una hora si usas la medición corta- el cálculo está hecho, vuelve- vuelve una hora antes y-

La vista se le nubló. Exhaló un último aliento y se dejó arrastrar, hundiéndose en una calidez aún mayor.


Ups.