Desvío 5
El Contrato Social
[Mikken]
Cuando a Sophia Ilmora le dijeron que se convertiría en consejera del Príncipe de Goldar, imaginaba algo más que una pseudo aldea con tres tiendas de campaña y escasos habitantes. No es que le importase respirar algo de aire natural de vez en cuando, y aunque la gente fuese aguerrida, parecía acogedora. Pero, aún así, había un problema:
No había visto al Príncipe de Goldar ni una sola vez.
En teoría, esos eran los restos de su aldea natal, destruida años atrás por los Skuling dirigidos por Gunnar Skulinbert. Ahora, eran los propios Skuling, bajo su mando, quienes la estaban reconstruyendo poco a poco. Pero, al parecer, lord Örsten era un hombre muy ocupado, y entre sus labores como dirigente de todo el Principado, miembro del Alto Senado, y algo así como mercenario —o eso le habían dicho—, no tenía mucho tiempo para acercarse a supervisar la construcción.
En su ausencia, era un goldariano de cabello castaño, ojos azules y una extraña cicatriz que le cubría el contorno de los ojos era quien dirigía los esfuerzos urbanísticos. Nookstag, se llamaba.
Sophia salió de su tienda —algo más grande que las demás, a fin de disponer dentro todos sus libros y estudios—, y paseó por el pueblo saludando a sus habitantes. Eran gente de aspecto aguerrido, pero en última instancia resultaron ser muy agradables, en su mayoría. No tardó en encontrar a Nookstag, que contemplaba orgulloso su primera obra arquitectónica.
Era una construcción de madera y piedra de cuatro pisos. Algo tosca, pero resistente. Lo cierto era que Sophia había ayudado algo al improvisado diseñador con los planos, así como en muchas otras cosas menores. Supuso que era por eso por lo que se habían encariñado con ella.
—Vaya, es un palacio muy impresionante para estar destinado a estar vacío.
Nookstag se rio ante el comentario.
—Tengo la esperanza de que el Kai Jarl se decida a instalarse aquí al ver la casa que le hemos hecho. Todo el mundo quiere verle. Es un salvador para muchos de nosotros.
La expresión Kai Jarl significaba, aparentemente, 'Gran Jefe' en arkes.
—¿Pero no erais sus enemigos? —preguntó ella, arqueando una ceja.
—Sí, lamentablemente así es. Sin embargo, vemos las cosas de forma distinta, ahora que el jarl Gunnar no está. Era como si una rabia sobrenatural se estuviese apoderando de nosotros día sí y día también. Era una sensación terrible, una insaciable sed de sangre… Ahora que ha desaparecido, parte de nuestro amor por la batalla ha desaparecido, o al menos ese es mi caso.
El antiguo guerrero parecía melancólico. Sophia puso una mano en su hombro. Él recuperó su optimismo casi al instante.
—El siguiente edificio será la escuela, entonces.
—¿Escuela? —preguntó ella.
—¡Por supuesto! Has venido para enseñarnos a leer y a escribir, entre otras cosas, ¿no¿ ¡Pues mejor que empieces por los pequeños! Jegnaiv ya le está metiendo el entusiasmo a su hijo en el cuerpo, y Kattenmann no cabe en sí de la emoción de aprender. Ya está animando a todo el mundo a inscribirse.
—Guau, pues… Haré todo lo posible.
Nookstag sonrió con algo de melancolía.
—Solo espero que, cuando el jarl vuelva, encuentre una versión de nosotros muy alejada de lo que recuerda. Quizá así, y solo así, pueda perdonarnos.
