-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una ligera adaptación del dorama coreano "Empress Ki" protagonizado por Ha Ji Won (Emperatriz Ki Nyang), Ji Chang Wook (Emperador Huizong) y Ju Jin Mo como (Rey Wang Yoo). Los personajes pertenecen completamente a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utlización es de mi entera responsabilidad para la dramatización de la historia.
Capítulo 16
Era una costumbre infaltable dentro de la corte Imperial de Edo y desde hace generaciones que cada mañana de cada día—a menos que no se solicitara que se hiciera así—los Consortes se presentasen en la sala de audiencias y rindieran sus respetos y saludos al Emperador y a la Emperatriz Viuda o a la Emperatriz en caso de que alguna de ellas se encontrase presente, y al no estar su suegra ni mucho menos su esposa, Neji tenía servida en bandeja de plata la oportunidad de hacer lo que deseara con esos insulsos y engreídos provincianos, paseándose amenazadoramente en el pasillo que iba de las puertas a su trono, en medio de los consortes que se encontraba en fila delante de él, en espera de que llegase ese arrogante sirviente de Konoha que llegaba tarde como siempre. No disfrutaba de verles la cara a esos provincianos pero no tenía otra opción, además la táctica de infundir miedo nunca estaba de más. En compañía de Suigetsu como siempre, Sasuke suspiro cansinamente para si al detenerse ante las puertas, serenando lo mejor posible sus pensamientos al entrar, percatándose al instante de la mirada que el Emperador le dirigía y que a esas alturas ya se había hecho costumbre, Neji podía armar cuantas farsas quisiera pero era evidente para él que siempre ordenaba a sus sirvientes que lo retrasaran a propósito, quería crearle una reputación conflictiva dentro del palacio y eso tal vez diese resultado si sus acciones y el favor de la Emperatriz no lo protegieran tanto; estaba a salvo y eso lo sabía muy bien.
-Lamento la tardanza— se disculpó el Uchiha, inclinando la cabeza con forzado y nada sincero respeto.
-¿Acaso no sabías que hoy tendríamos una reunión?— inquirió Neji, sin creerle, sabía la verdad y habían hecho que lo demoraran en llegar a propósito.
-No, majestad, no sabía nada— asintió Sasuke con la frente en alto y una permanente actitud serena.
-Sigues ando escusas como siempre— suspiro el Emperador en voz alta, —¿las reglas no aplican contigo?, ¿crees que estas exento de obedecer?— cuestiono esperando una respuesta que sin embargo no llego, resultando ser mejor para su triunfo. —Deja de ser arrogante—aconsejo únicamente, estudiándolo de arriba abajo como una víctima a su presa. —Si no fueras consiente yo hasta podría haberte perdonado pero esto hace que todo sea peor— aprecio, conteniendo una sonrisa ante los pensamientos que tenía. —Kakashi— llamo finalmente y sin esperar discusión.
-¿Si, Majestad?— reverencio el Hatake al aproximarse al Emperador, solicito a sus órdenes.
-Quiero que lo encierren en la biblioteca y lo vigilen mientras copia cien veces las normas conductas, no saldrá hasta que no haya terminado ni podrá comer o beber agua quisiera, ¿entendido?— ordeno el pelicastaño, sosteniéndole la mirada al Uchiha quien se mostró completamente indiferente. —Puedes terminar de escribir o morir de hambre y sed—sugirió con mofa y una sonrisa ladina. —Llévenselo— destino antes de darle la espalda y sentarse sobre su trono desde observo todo con desprecio.
Resignado y sin otra opción que dejarse hacer, Sasuke se dejó conducir fuera de la sala por los sirvientes del Emperador, intercambiando una vaga y breve mirada con Suigetsu al verlo en el pasillo, diciéndole entre líneas que no dijesen nada a la Emperatriz, Sakura ya tenía muchas cosas con que lidiar para ahora tener que preocuparse por él, no, era mejor que ella no supiese nada, él podía defenderse y enfrentarse a todo solo.
El palacio Imperial era el lugar más cruel del mundo, ni siquiera la peor de las prisiones o fosos de castigo era un lugar tan cruel, porque en otros lugares se sentía el constante respirar de la muerte mientras que aquí se moría cuando no se esperaba, más aun así Sasuke se mostró indiferente, sentado delante del escritorio indefinidamente, solo temía a que lastimaran a Sakura, mas no así que lo lastimaran a él, de hecho creía ser capaz de resistir mucho, pero si para proteger a Sakura debía pasarse días enteros amarrado al escritorio, sin comer o beber, sin dormir, era un pequeño precio a pagar con tal de protegerla a ella, y no se arrepentiría de soportar algo así e incluso más. Con un nudo en la garganta, Kakashi ingreso en la biblioteca trayendo tinta que dejo sobre el escritorio, observando el material suficiente para transcribir las normas del protocolo, ¿pero Sasuke podría soportar días enteros sentado delante de ese escritorio sin poder comer, beber o dormir siquiera, y sin parar de escribir? El castigo de escribir las normas del protocolo cien veces existía desde hace siglos y era utilizada para hacer que los impertinentes comprendiera sus errores, pero nunca se había oído de alguien que tuviera que someterse a las inhumanas limitaciones de no poder comer o al menos beber agua, y Kakashi tenía miedo de que el Uchiha no tuviera la voluntad suficiente para sobrellevar aquello, o que muriese en el intento, había visto caer a otros igual de fuerte que él, como a Itachi, no era algo imposible.
-Había escuchado antes de este castigo, pero nunca sin comer ni beber nada— confeso Kakashi sin poder contener su preocupación sobre lo que le sucedería al Uchiha.
-No te preocupes, puedes irte— libero Sasuke, volviendo el rostro en su dirección. —Estaré bien— aseguro ante la expresión sorprendida del Hatake que tras observarlo por un par de segundos se retiró con la mirada baja. —No me rendiré, Neji, no me ganaras, no me doblegare ante nadie— declaro en voz alta una vez se encontró a solas, tanto para sí mismo como por lo que estaba por atravesar, porque no iba a rendirse.
No importa que lo sometiesen a la peor de las torturas, el no bajaría la cabeza, por lo que las siguientes horas fueron cruciales para Sasuke quien incluso se negó a dormir sin importar el pasar de las horas, negando en silencio para si por cada vez que cabeceaba, continuando con su labor con aun más ímpetu de ser posible, impaciente por terminar, transcribiendo volumen tras volumen de las normas del protocolo una y otra vez, solo parando brevemente cuando la muñeca derecha comenzó a dolerle, cambiando el pincel a la mano izquierda; era una suerte que fuera ambidiestro, así se cansaría menos y avanzaría más, pero aunque el tiempo pasara ahí encerrado no hiciera sino que aumentar su cansancio, Sasuke se negó a claudicar, se sentía sofocado y realmente cansado, también tenía hambre y sentía la garganta seca, pero no podría salir de allí hasta haber terminado las copias y esa él lo sabía bien. Ni aunque Sakura se presentara para ayudarlo y liberarlo del castigo, él se negaría porque necesitaba hacer esto, necesitaba parecer una víctima perfecta a la que atacar porque podía soportarlo todo y porque no permitiría que dañasen a Sakura. Sofocado, el Uchiha se deshizo de su haori, dejando caer descuidadamente al suelo la elaborada tela como si fuese lo más insignificante del mundo, todo lo que le importaba era Sakura y su venganza, y si para lograr su objetivo era preciso humillarse a sí mismo, lo haría sin ninguna duda.
Se humillaría, pero no claudicaría ante sus enemigos.
Juzgar que uno de los Consortes cumplirá con el castigo designado por su hermano el Emperador no era su obligación y eso Konan lo sabía a la perfección, más de todas formas la única hija del Regente Imperial se presentó ante las puertas de la biblioteca acompañada de un grupo de sirvientes que además de sus doncellas incluía a quienes traían más tinta para el Uchiha quien era custodiado en el exterior de la biblioteca por lord Yahiko, el leal sirviente de su hermano el Emperador. La noble dama vestía un elaborado kimono purpura de cuello alto en V bajo una chaqueta azul zafiro bordada en hilo de plata para recrear capullos de rosa a lo largo de la tela, de mangas acampanadas que llegaban a cubrirle las manos que mantenía cruzadas por sobre su vientre, y con su largo cabello azul claro recogido por horquillas de plata a juego con los largos pendientes que usaba y que eran adornados por diamantes en forma de lagrima. Era una figura hermosa e inquietante de contemplar como hija del Regente Imperial, ningún hombre era lo suficientemente digno para mirarla, acercarse a ella o tan siquiera dirigirle la palabra, más aun sabiendo esto es que al advertir su noble presencia, Yahiko le sonrió de forma irrefrenable al reverenciarla, obteniendo a cambio una cálida sonrisa de sus tentadores labios y que perfectamente podría haberlo hecho derretirse sobre el suelo como un sucio charco en una imagen por demás indigna, por lo que se contuvo lo mejor posible para no parecer un bobo enamorado, aunque lo era y ella debía notarlo.
-Lady Konan— saludo Yahiko, cruzando las manos tras la espalda para mantenerse firme y digno, o eso es lo que intento.
-¿No ha comido ni bebido nada?— pregunto la peliazul, confiando en que se habían seguido las ordenes de su hermano el Emperador al pie de la letra.
-No hemos dejado entrar siquiera a una hormiga, no se preocupe— garantizo el pelinaranja, inclinando la cabeza en respuesta y viéndola sonreír a cambio. —Aunque sin beber agua ni comida, tarde o temprano morirá— obvio señalando con la cabeza las puertas de la biblioteca, más lo que le sucediese al Uchiha no le importaba en lo más mínimo.
-A menos que beba la tinta— bromeo Konan desdeñosamente y con toda la intención de mantenerse indiferente al sufrimiento de alguien tan insignificante como lo era ese esclavo.
Había sucedido con Itachi y ahora bien podía suceder con Sasuke, fuera cual fuera el caso a Konan y a su familia no les importaría ni afectaría en lo más mínimo, es más, cuantos menos competidores y enemigos tuvieran Neji y Naori entonces mejor sería para todos, ¿Por qué sentir lastima de sus enemigos si ellos no habrían de tenerla para con ellos? La lastima y piedad eran para débiles, solo ocasionaba aún más muertes y no otra cosa. Completamente de acuerdo en que contemplar la desgracia y miseria del Uchiha sería algo muy interesante de observar, Konan y Yahiko se sonrieron mutuamente, ajenos de la presencia de Kakashi, Jugo y Suigetsu que estaban ocultos tras unos arbustos en la entrada del jardín y desde donde por fortuna podían ver claramente las puertas de la biblioteca, figurándose los peores escenarios posibles en sus mentes al no poder ver Sasuke ni saber cómo estaba, obligados a ver las venenosas sonrisas de lady Konan y Yahiko quienes claramente parecían disfrutar de la compañía del otro y de la miseria de Sasuke. Si ya de por si era una tortura para Sasuke permanecer encerrado en la biblioteca copiando las normas del protocolo, sin poder comer, beber o dormir siquiera, para ellos tras también era una tortura permanecer en la distancia y haciendo anda pese a saber que tal vez y de intentarlo, tan solo tal vez podrían ayudarlo pero las cosas no eran en lo absoluto tan sencillas como parecían ser y eso era algo que Kakashi sabia mejor que nadie.
-¿Qué pasara?, ¿y si muere ahí?— pregunto Suigetsu en un susurro, manifestando lo que nadie quería o se atrevía a decir.
-No puedo soportarlo…— negó Jugo antes de pretender dar un paso hacia la biblioteca para liberar a Sasuke, siendo detenido por el Hatake quien le sujeto el brazo.
-No seas inconsciente, ¿acaso quieres empeorar las cosas?— recordó Kakashi observándolo fieramente, tomando la autoridad y haciéndolo permanecer en su lugar. —Nadie puede ayudarlo, está solo en esto, depende solo de su voluntad— ni siquiera él quería quedare ahí mirando pero no tenían otra opción, estaban forzados a permanecer ahí.
Que más desearía él que ingresar en la biblioteca y liberar a ese pobre muchacho que no había comido ni bebido nada en poco más de un día, pero nadie podía ayudarlo ni liberarlo del castigo, no era algo que se pudiera hacer, no era posible. Inquietos, Jugo se removió en su lugar mientras que Suigetsu estaba próximo a morderse las uñas al solo contemplar las puertas de la biblioteca, pensando en su amigo por quien tanto temía y a quien ni siquiera podía ver.
Si a Neji le hubieran preguntado qué es lo que lo haría realmente feliz, en ese momento no habría podido contestar nada más que ver a ese miserable y arrogante esclavo de Konoha encerrado en la biblioteca y cumpliendo una tarea que bien podía matarlo teniendo en cuenta que no podía comer ni beber nada hasta que acabara, esa había sido su orden y cuanto disfrutaba de saber que se estaba cumpliendo, por fin podía hacer uso de su poder como mejor le placía hacer. A solas en sus aposentos privados, Neji cargo en brazos a su pequeña hija Naori quien sonreía sin conseguir dormirse, casi como si compartiera su alegría, una alegría que él tenía planeado hacer más y más duradera cuanto más tiempo pasara. Todo había sido absolutamente perfecto para él antes de que ese sirviente llegara al palacio, ¿es que no tenía derecho a luchar por aquello que consideraba suyo?, ¿Es que no tenía derecho de disfrutar del sufrimiento de sus enemigos? Pues lo haría de todas formas ya estaba cansado de solo conformarse con migajas de un afecto que debería de pertenecerle solo a él porque Sakura era su esposa y si ella no iba a amarlo entonces él le quitaría el trono y se lo entregaría a su hija Naori que se merecía el mundo entero y más, esto solo era una prueba para ver cuál de sus dos estrategias era la más conveniente y eso bien lo sabía Yahiko quien sonrió con tanto veneno y deleite como el Emperador a quien contemplo con enorme admiración y vasallaje.
-Con este castigo, ese insolente quedara convertido en una piltrafa humana— vaticino Yahiko, soltando una inevitable carcajada que fue contagiada al Emperador nada más oírlo.
-En mucho menos— concordó Neji completamente, bajando la mirada a su pequeña hija en brazos. —Si no me entrega esas cien copias, morirá ahí dentro, y así nunca más nadie volverá a verlo— era un castigo justo, ese Uchiha ya lo había ofendido demasiado con su insolencia.
-Entonces habrá otro fantasma en este palacio— predijo el pelinaranja con buen humor, y ya se hablaba bastante de los fantasmas que rondaban los pasillos del palacio, ¿Qué era uno más?
Divertido por la idea, Neji soltó una ligera carcajada, disfrutando de la sensación de triunfo que tenía en las manos, la vida de ese sirviente estaba en sus manos, ¿Qué más daba otro fantasma en el palacio?, ¿Qué más daba otro muerto? Solo importaba que él se mantuviera en su posición, que Naori no tuviera rivales para llegar al trono y que nadie más tuviera acceso al corazón de Sakura y para lograrlo estaba dispuesto a todo, incluso matar a todos en el palacio y convertir a los pasillos en un reguero de sangre, eso y más.
A solas en su habitación e intentando distraerse, la Emperatriz se encontraba sumergida en la lectura, el único placer egoísta que podía permitirse ahora que podía leer, y nadie sospechaba ya que desde siempre solía pedirle a alguien que leyera para ella, solo que ahora por fin podía hacerlo sola, cambiando con cuidado una de las páginas y sin despegar la mirada del contenido. Portaba un elegante kimono dorado de escote cuadrado con bordados en forma de flor de cerezo y sobre el que se encontraba una chaqueta superior color aguamarina estampada en idénticos bordados de escote en V que se cerraba escasamente a la altura del vientre por un broche de oro en forma de flor de cerezo con pequeños diamantes incrustados y que cerraba alrededor de su cintura un obi azul claro bordado en oro que caía en el frente de la falda de su kimono, recreando mariposas junto al emblema de los Haruno a imagen de las pronunciadas hombreras de igual color y que surgían de los laterales de su escote haciendo destacar las acampanadas mangas color borgoña decoradas por bordados dorados y una franja de pequeñas flores de cerezo en el borde de las mangas. Su largo cabello rosado se encontraba recogido tras su nuca por horquillas de oro para resaltar la corona de oro sobre su cabeza y los largos pendientes de oro en forma de sarcillos. Pero a pesar de lo concentrada que estaba, nada le impidió darse cuenta de que llamaban a la puerta agitando su campanilla para dar su autorización y ocultar al libro.
-Majestad— saludo Ino al ingresar, reverenciando apresuradamente a su amiga y Emperatriz. —Acabo de enterarme por Kakashi, el Emperador hizo que encerraran a lord Sasuke en los archivos— revelo, ni siquiera deteniéndose para recuperar el aliento.
-¿Qué?— Sakura se levantó de su lugar, dejando caer el libro al suelo a causa de la impresión.
-Lleva ahí casi dos días, ni siquiera tiene permitido comer ni beber— explico la Yamanaka antes de verla rodear el escritorio y abandonar la habitación, siguiéndola a toda prisa.
Cuando Ino había ingresado en su habitación para contarle todo, Sakura aún había repetido una y mil veces las palabras de Danzo en su cabeza, sabía que disponía de poco tiempo para estar lista y pronunciarse oficialmente como una soberana capa de dirigir su Imperio pero lo conseguiría, Sasuke la ayudaría; fue entonces cuando se dio cuenta de que había pasado dos días ininterrumpidos sin llamar a Sasuke, dos días completo en que además de cumplir con sus obligaciones como Emperatriz madre había meditativo a cada instante las palabras de Danzo, y fue entonces cuando las noticias salidas de boca de Ino le cayeron encima como una cubeta de agua congelada. Con sus brazos a cada lado de su cuerpo y la frente en alto, la bella Emperatriz se condujo con su regio andar en dirección a la biblioteca cruzando el patio y los jardines en un atajo que conocía de memoria, ignorando a todos a su paso, única y enteramente concentrada en Sasuke, suspirando en silencio para si al avistar las puertas de la biblioteca cada vez más y más cerca…custodiadas por un séquito de sirvientes que eran encabezados por Yahiko, la mano derecha de Neji, mas nada le importo al pretender aproximarse a las puertas de la biblioteca. Mas para su incredulidad, indignación y mayor furia, el pelinaranja se situó delante de ella, impidiéndole pasar o eso fue lo que pretendía y que encolerizo a Sakura a mas no poder, aunque ocultaba todo eso bajo una marcada impenetrable de frialdad y dignidad pura.
-Su Majestad Imperial— reverencio Yahiko como correspondía, contemplando el hermoso aunque frió rostro de la Emperatriz. —Majestad, le ruego me perdone pero el Emperador ha ordenado que…— pretendió explicar para que regresara a sus aposentos y le permitiera cumplir con su responsabilidad; custodiar la miseria de ese Uchiha.
-¿Acaso olvidas quién soy?— interrumpió Sakura con una sencilla pregunta, sosteniéndole la mirada. —Sal de mi camino— ordeno apretando los dientes en una orden ante la que no esperaba ni toleraría oposición alguna.
-Perdóneme— se disculpó con temor el pelinaranja, temiendo ser víctima de su ira y ella ciertamente no le perdonaría la vida.
Estaba cansada de ser ignorada, callada, ninguneada o subestimada por todos a su alrededor día sí y día también, ¿y por qué?, ¿solo por qué era una mujer y parecía ser más frágil? Pues ese era un gran error, si, tenía el cuerpo débil de una mujer pero una voluntad fuerte y orgullosa, capaz de mover montañas, y lo demostró en ese momento al intimidar a un hombre como Yahiko, mucho más fuerte, alto e invencible que ella y a quien sin embargo amedrento con una sola mirada, sonriendo interiormente para si al verlo hacerse a un lado con una apresurada reverencia y dejarla pasar, dejando atrás a Ino e ingresando a la biblioteca en solitario. Cerrando las puertas tras de sí, la inmediata acción de Sakura fue concentrar su mirada en Sasuke junto a quien se arrodillo lo más pronto posible, conteniendo el aliento al verlo pálido y visiblemente cansado, con la cabeza reposando pesadamente sobre la mesa y sosteniendo en la mano izquierda el pincel que se encontraba sumergido en la tinta y que soltó cuando ella se situó a su lado, parecía dormido pero Sakura de todas formar se imaginó el peor de los escenarios en su mente, incluso dudo en tocar y sentir su piel fría por el hálito de la muere, pero gracias a Kami no fue así, entrelazando su mano con la mano derecha del Uchiha y que colgaba del costado de la mesa, aparentemente tan inerte como él quien respiraba suavemente, tan imperceptible que a ella le resulto aterrador, temiendo que él pudiera estar muerto o bien muy próximo a estarlo.
-Sasuke— llamo Sakura sin recibir respuesta, alzando una de sus manos y situándola sobre su espalda, zarandeándolo ligeramente. —Sasuke, reacciona— insistió, sintiendo que le volvía el alma al cuerpo al verlo abrir lentamente los ojos.
-¿Qué paso?— pregunto el Uchiha, levantando lentamente la cabeza de la mesa, sintiendo adolorido el cuello. —Me quede dormido— se dio cuenta, reprendiéndose por semejante descuido de su parte, había perdido tiempo.
-Levántate, tienes que ir a descansar— índico Sakura, envolviendo uno de sus brazos tras la espalda de él, dispuesta a ayudar a que se levantara.
-Casi termino, cuando lo haga podré dormir— negó Sasuke sin levantarse de su sitio, volviendo a tomar el pincel y sumergiéndolo en la tinta. —Sé que quieres quedarte, pero no puedes, aun no es tiempo, esta pelea es mía, la guerra es tuya— explico mientras volvía a escribir tan rápido como le era posible pese a sentir adoloridas ambas muñecas. —Lo mejor es que te vayas y te mantengas al margen, no tiene caso que permanezcas aquí— menciono, sosteniendo el pincel entre sus dedos más deteniendo su labor. —Estaré bien, lo prometo— aseguro volviendo ligeramente su rostro y encontrando su mirada con la de ella.
Qué más quisiera que salir de allí con tan solo desearlo pero las cosas no eran tan sencillas como parecían, y Sasuke no quería ni podía permitir que Sakura se involucrase en algo como esto porque de hacerlo Danzo encontraría la oportunidad perfecta para atacarla en cualquier momento sin que él estuviera a su lado para respaldarla o apoyarla, sabía que Sakura era una mujer determinada, valiente y más capaz que todos los hombres a quien había conocido a lo largo de su vida, pero hasta la mujer más poderosa del mundo necesitaba algo de ayuda en una batalla decisiva, por ella no podía permitirle actuar sin importar que realmente deseara tenerla a su lado y pedirle que se quedara, no era posible, por lo que en lugar de ello continuo copiando en silencio las normas del protocolo, cuanto más pronto terminase, más pronto seria libre. La aparición de la Emperatriz claramente había dado que hablar ya que al instante de atestiguar Yahiko había acudido a contarle todo al Emperador Neji quien se detuvo al pie de la escalera y fuera de la biblioteca, no pensaba rebajarse y entrar solo para ver a su esposa consolar a ese esclavo de Konoha o bien haciéndole promesas, no, tenía formas mucho mejores de mantener su autoridad y recordarles a todos los presentes cual era el orden de las cosas; él era el hijo de Danzo Shimura, el Regente, el hombre más poderoso del Imperio, era el Emperador, el esposo de la Emperatriz y nada ni nadie en el mundo podía ni podría quitarle su lugar, nadie, no lo toleraría.
-Majestad, ¿Qué está haciendo aquí?— cuestiono Neji en voz alta y desde el exterior, fuera de la biblioteca. —Lord Sasuke es sometido a una acción disciplinaria y le pido que la respete— guardo silencio por un breve instante en espera de obtener una respuesta, pero no escuchaba nada. —¿Cómo se atreve a interferir en un asunto que compete únicamente a la corte interna? Es totalmente indigno, piense en su posición y en el papel que está haciendo— era indignante que Sakura prefiriese a ese esclavo de Konoha en vez de a él, no podía tolerarlo. —¿No me escucha?— insistió, forzándola a abandonar la biblioteca, todos esperaban que lo hiciera.
Era absolutamente inadmisible, ¿Sakura en verdad prefería a ese sirviente por encima de a él que era su esposo? No podía ni iba a tolerar algo así, mucho menos que ella pretendiese liberarlo, no lo consentiría nunca. Camuflando lo mejor posible el enorme torrente y huracán de ira en su interior y que ansiaba ser desesperadamente liberado, tras un breve instante más de silencio Sakura abrió las puertas de par en par con un seco golpe que inevitable y satisfactoriamente—al menos para ella y los integrantes de su séquito—hizo temblar gratamente a todos mientras ella descendía lentamente por las escaleras sin tener necesidad de sujetarse tan siquiera la falda para no tropezar, manteniendo la frente en alto al momento de situarse delante de su esposo el Emperador, sosteniéndole la mirada e incitándolo en silencio a que se atreviera a decir en presencia de todos los presentes que él era quien tenía el poder y no ella, que se atreviera a ningunearla y entonces ella lo desmentiría y haría quedar en ridículo, logrando de paso obtener la excusa que tanto deseaba para matarlo y ser libre como tanto anhelaba desde que se había casado con él. Estaba cansada y completamente harta de ser juguete de todos en ese palacio que solo le pertenecía a ella, a l única hija del Emperador Kizashi, a nadie más, ese era su Imperio y lo gobernaría tarde o temprano, pesara a quien le pesara, y absolutamente nadie tenía ni tendría jamás el derecho a interponerse en su camino, quien lo hiciera moriría.
-¿Tú me dirás que puedo o no puedo hacer?— pregunto Sakura con voz claramente audible para todos los presentes. —Este es mi palacio y yo decido quien es castigado o exaltado, yo decido que está bien y que está mal, no tú— recordó sosteniéndole la mirada con indiferencia pura, sin darle tiempo a protestar o explicarse siquiera, porque no quería oírlo. —Si me entero que vuelves a hacer algo sin mi permiso, sin mi autoridad, no volverás a ver a mi hija, nunca— amenazo no en vano, porque cuando se deshiciera de Danzo, de él y de toda su familia no dejaría que Naori volviera a verlos nunca, no importa que tuviera que hacer pero su hija estaría libre de su maldita y nociva influencia.
Le sostuvo la mirada a Neji en todo momento al pronunciar cada palabra, sintiendo y viendo el miedo en sus ojos, especialmente tras esta última amenaza, percibiéndolo tragar saliva sonoramente mientras se esforzaba por mantener una imagen de templanza y serenidad que ella preservo sin esfuerzo alguno, despreciándolo con la mirada al pasar a su lado y abandonar el recinto con la frente en alto, pétrea, indiferente, estoica, como si no tuviera sentimiento alguno, pero los tenia; no exteriorizaba nada pero por dentro llevaba una tormenta, su corazón sentía dolor, angustia, estaba sufriendo, pero al no poder cambiar nada de su situación solo podía…aceptarlo, por ahora.
No importa que tan cansado estuviera, no importa que se sintiera a punto de desfallecer de hambre y sed, tan solo deseando palear aquella sensación de vacío al dormir y recuperar las horas de sueño—dos días completos—que había perdido, Sasuke se negó a levantarse de la mesa hasta que por fin y tras una espera que a él también le resulto casi eterna, deposito la última copia sobre la mesa, apilada junto a las otras noventa y nueve, permitiéndose por fin esboza una ligera sonrisa ladina de triunfo ante su propia fortaleza, apretando fuertemente ambas manos y que sentía acalambradas de tantos escribir casi sin parar, levantándose lentamente de la mesa con pasos tambaleantes y tomar su haori del suelo antes de abrir una de las puertas y abandonar la biblioteca ante la atenta mirada de Kakashi, Jugo y Suigetsu que se sonrieron entre si al verlo, habiendo permanecido ocultos en el jardín. El Uchiha ni siquiera se inmuto al reparar en la presencia del Emperador Neji al momento de descender lentamente las escaleras para no tropezar ya que en verdad sentía demasiado sueño, reverenciándolo forzosamente al detenerse delante de él. Triunfal, Neji esbozo una ligera sonrisa al examinar al arrogante esclavo de Konoha; pálido, cansado, ojeroso, despeinado, apenas y parecía ser capaz de mantenerse en pie, ver así a su mayor rival hicieron que Neji se sintiera invencible, y estaba sobradamente dispuesto a hacer mucho más con tal de no perder su posición, ni a su hija, ni mucho menos a Sakura.
-Cien volúmenes completos, como usted ordeno— aseguro el Uchiha en voz alta, incluso su voz sonaba cargada de sueño más él se esforzó por no demostrarlo.
-Muy bien— asintió Neji, satisfecho no por ver cumplida su orden sino por verlo como una sobra de toda la arrogancia de la que siempre hacia alarde, —¿ahora ya entiendes las reglas de conducta?— inquirió con sutil mofa, porque nadie salía de eso sin aprender algo.
-Si, y todo gracias a su generosidad Imperial— proclamo Sasuke en un tono aparentemente sincero aunque por dentro se estuviera mordiendo la lengua del disgusto.
-Nunca vuelvas a retarme, ahora que has experimentado mi gran generosidad, créeme que la próxima vez no estarás tan agradecido— advirtió el Emperador con falsa amabilidad y una ligera sonrisa adornando sus labios.
Sin hacer desaparecer la sonrisa ladina de su rostro ante su propia victoria, Sasuke se retiró no sin antes ejecutar otra forzosa reverencia sintiéndose mucho más tranquilo al tener a Kakashi, Jugo y Suigetsu para ayudarlo a caminar en caso de que cayera y se sentía bastante próximo a ello, siendo observado por Neji quien lo seguía con la mirada hasta perderlo de vista, más pronto que tarde ese arrogante sirviente se daría cuenta que tener el favor de la Emperatriz era algo que costaba muy caro y mortal, y él disfrutaría enormemente de enseñárselo.
Quien hubiese visto a Sakura dese lejos y si conocerla habría pensado que era una belleza fría, indudablemente hermosa como un sueño pero conscientemente ajena a lo que Sasuke estaba pasando, aun encerrado en la biblioteca por orden del Emperador mientras ella leía calmadamente sentada delante de su escritorio, llevándose la taza de té delante de ella a los labios antes de cambiar de página, si, parecía enormemente indiferente pero no lo era. Sasuke le había pedido que se mantuviera al margen, que no corriera un peligro innecesario y eso era precisamente lo que estaba haciendo, realmente deseaba poder usar su autoridad como Emperatriz y hacer que liberaran a Sasuke de su castigo, deseaba protegerlo de todas las amenaza existente pero eso no era posible y mucho menos apropiado, si lo hiciera ahora solo le daría aún mayores razones a Danzo para planear la abdicación lo más rápido posible, y aun necesitaba tiempo. Escuchando como llamaban a las puertas de sus aposentos, Sakura alzo la campanilla de su escritorio para hacerla replicar antes de ocultar el libro dentro de una de las mangas de su kimono, suspirando mucho más tranquila cuando las puertas se abrieron y vio a Ino quien ingreso a toda prisa, permitiéndole extraer o calmadamente el libro para poder continuar plácidamente con su lectura en la misma página que la había dejado, siendo observada por Ino quien se detuvo delante de su escritorio, reverenciándola respetuosamente.
-Majestad, lord Sasuke abandono la biblioteca y ya regreso a sus aposentos— informo Ino con una inmediata sonrisa, sabiendo la alegría que sentiría su amiga al saberlo.
-Me alegra saberlo, Ino, gracias— asintió Sakura con una sonrisa que contuvo lo mejor posible, porque ese no era momento para expresar su felicidad, aun no.
En otro momento incluso Ino tal vez se habría confundido e indignidad ante la frialdad de la Emperatriz quien tras sonreír ligeramente al oírla regreso toda su atención a su lectura, pero Ino lejos de tener alguna de esas emociones conflictivas se sentía mucho más tranquila, su amiga y Emperatriz solo merecía pensar en sí mismo por ahora, nadie más lo haría por ella, además todo lo que necesitaba por ahora era ganar tiempo e impedir que el Regente anunciase la abdicación y le arrebatase el trono. Pensando precisamente en Danzo y contemplando su amiga en silencio,, Ino deseo saber cuándo es que Sakura revelaría a todos que ya podía leer y escribir, con cada día que pasaba su vocabulario y bagaje aumentaban más y más, su caligrafía era esplendida y elegante, fluida, parecía como si llevase toda la vida haciéndolo y sin embargo solo hacia un par de semanas que ya no tenía necesidad alguna de continuar practicando, que gran sorpresa se llevarían todos cuando descubriera que la hermosa Emperatriz además de una guerrera formidable también era la mente más aguda e ingeniosa de todo el palacio Imperial, no, del Imperio entero. Pero por muy feliz que la Yamanaka estuviera de la actual situación de su amiga y Emperatriz, era que claramente tenia preguntas que hacer y eso incluso Sakura lo noto, apartando la mirada de su lectura y esbozando una ligera sonrisa al encontrar sus ojos con los de su amiga; habían podían ser completamente sinceras entre sí.
-¿Cuánto tiempo ocultara todo esto, Majestad?— pregunto la rubia, esperando no ser ninguna impertinente por entrometerse en lo que no era de su incumbencia.
-Pronto— aseguro la Emperatriz con una sonrisa ladina, —Danzo no anunciara la abdicación siquiera, él y todos verán su error— por ello es que estaba conteniendo sus emociones, esperaba obtener energía suficiente para liberar una tormenta como nunca nadie había visto.
Desde su lugar, Ino asintió en silencio y con una sincera sonrisa, completamente segura de que su amiga y Emperatriz vencería a Danzo y recuperaría su trono, pero el momento de la contienda no era ahora, lo que por ahora debían hacer era idear una estrategia a pruebas de fallar y cuyos bocetos se trazaban en su mente, debía preparar a sus fuerzas y esperar a que llegara el momento de atacar, y Kami mediante ese momento llegaría muy pronto, porque Sakura estaba impaciente.
Sentado a solas, Sasuke recorrió cada rincón de la biblioteca con la mirada, aun parecía una broma que apenas el día anterior hubiera estado encerrado ahí por dos días completos, dos días que le habían resultado eternos, y ahora estaba sentado delante del mismo escritorio solo que por razones muy diferentes y no por obligaciones sino porque era necesario. Apoyando los brazos que mantenía cruzados sobre la mesa, aun sentía las manos ligeramente acalambradas de tanto escribir sin parar mientras ahora apretaba con apenas un ápice de fuerza la tela de su haori, había recuperado exitosamente sus horas de sueño como si nada jamás hubiese pasado, ya no sentía frágil o somnolienta alguna, se le veía perfectamente sereno y descansado, más el recuerdo del castigo sería algo que llevaría grabado en su mente para siempre, quemado en su memoria, nunca olvidaba nada de lo que hubiera vivido hasta ahora y esta vez en nada sería diferente. Tras tanta espera, las puertas de la biblioteca se abrieron para permitir el ingreso del Baghatur Yamato y su sobrino Sai quienes tomaron asiento ante el escritorio delante del Uchiha. Cuando Yamato había oído lo que le había sucedido a Sasuke, había creído inicialmente que se trataba de una broma de mal gusto, pero no lo había sido, mas ahora se mostraba increíblemente indemne, su rostro lozano y con aquella imperturbable expresión de estoicismo que dificultaba e imposibilitaba saber qué es lo que estaba pensando, realmente era todo un enigma.
-Ya nos enteramos de lo que te ocurrió, lamento que no pudiéramos intervenir— se disculpó Yamato, ciertamente sorprendido al verlo perfectamente recuperado.
-No importa, creo que fue mejor así— desestimo Sasuke, aunque una parte de él en el fondo no pensase precisamente lo mismo.
-Mientras estés en el pabellón, el Emperador no dejara de hostigarte— recordó Sai a modo de consejo para que mantuviera la guardia en alto en todo momento.
-Lo sé, y por eso voy a volver esta batalla en su contra— proclamo el Uchiha con indiferencia, —explota sus debilidades, dice el arte de la guerra— cito ante las curiosas miradas del Baghatur y su sobrino. —Quiero que cometa un error tan grave que lo haga perder el sello oficial, el símbolo de su poder y posición— no continuaría desafiándolo de otro modo, era loco y lo reconocía sin problemas, pero no era ningún masoquista.
-Este no es el momento adecuado para una batalla frontal, se necesita mucha preparación— protesto Sai, era mejor utilizar otra estrategia, ¿pero cuál? Ciertamente necesitaban tener mucha cautela.
-Te preparas para la guerra y no para la victoria, así se libra una guerra— corrigió Yamato, no discrepando del todo con la idea del Uchiha, era arriesgada pero como todo en el mundo.
-Pero, tío…— protesto el pelinegro, era demasiado arriesgado hacer algo así y ya de por si tenían a Danzo y su familia respirándoles encima casi todo el tiempo.
-Todo en el palacio tiene sus riesgos, así que debes hacer tu mejor jugada, no hay pretexto que valga cuando se pierde— insistió el Baghatur, siempre estarían en peligro por su lealtad a la Emperatriz y no importaba, solo estar del lado de la justicia y no lo harían obedeciendo a Danzo.
-Esperar es todo lo que queda— decidió Sasuke, sobradamente dispuesto a actuar, tanto si contaba con apoyo como si no, solo necesitaba que Sakura estuviera a salvo, nada más.
Si había alguien que debía soportar castigos, penas y torturas e incluso la muerte de ser preciso, Sasuke prefería ser quien lo hiciera y no Sakura, porque bien sabía que si entretenía y distraída a Neji, Danzo y a toda su estirpe, ellos lo verían como una amenaza solo a él en lugar de a Sakura de quien dependía todo e Imperio; necesitaba ganar tiempo y si para lograrlo debía montar un escándalo, necesitaba reñir y comportarse como un imbécil, entonces lo haría con gusto si así lograba protegerla. Con el sigilo que lo caracterizaba, el Uchiha se levantó del escritorio al no tener más nada que decir, inclinando respetuosamente la cabeza hacia el Baghatur y su sobrino antes de abandonar la biblioteca; a solas, Yamato y Sai se observaron entre sí con cautela, ¿realmente era este el momento adecuado para iniciar la contienda y exponer su lealtad como un bastión contra Danzo? Eso era algo que pronto obtendría su respuesta, Sasuke tenía la estrategia en sus manos, de eso dependía el éxito de todo y sus vidas. No fue hasta que cerró las puertas de la biblioteca tras de sí que Sasuke se percató de lo sofocante que había sido el ambiente para él, inspirando aire profundamente para serenar su mente, no quería volver a estar en ese lugar nunca más, se había hecho pésimos recuerdos al estar encerrado ahí, mas ni sus recuerdos le impidieron notar la impaciencia de Suigetsu quien aguardaba por él al pie de las escaleras, al parecer había averiguado algo, y parecía ser importante.
-Sasuke, los Consortes están con el Emperador— informo el Hosuki, llevándose una mano al centro del pecho para recuperar el aliento.
-¿Para qué?— inquirió el Uchiha, no estaba informado de ninguna reunión ni nada aunque ante los últimos acontecimientos no le extrañaría en lo absoluto que eso pasara.
-Aparentemente para hacerle entrega de unos regalos— añadió el peliceleste, tampoco tenía tanta información porque tan pronto había descubierto lo que pasaba había corrido para informarlo de todo.
-¿Regalos?— repitió Sasuke frunciendo ligeramente el ceño, observando a la nada y parpadeando repetidamente.
El ceño fruncido del Uchiha y su permanente expresión de seriedad e indiferencia dieron paso a una sonrisa ladina al poder imaginar o más bien adivinar qué es lo que los ingenuos Consortes estaban haciendo en presencia del Emperador, tramando un cuidadoso plan en su cabeza mientras seguía con su camino siendo observado largamente por Suigetsu quien se sentía intrigado por la expresión de suficiencia en el rostro de su amigo, ¿Qué se le había ocurrido ahora? Algo muy bueno por lo visto, de otro modo no sonreiría así.
Sobornar a alguien que poseía influencia o estaba en el poder era tal vez una de las tres artes más antiguas de actuar además de matar y practicar la prostitución, era algo que todos hacían tanto para sobrevivir como para protegerse en algún punto de sus vidas y eso Neji lo sabía y comprendía bien al momento de recibir presentes de los provincianos o Consortes, como seda y vasijas muy elaboradas pero que para él resultaron simplemente insignificantes, meras baratijas para él que era el Emperador y que podía tener el mundo a sus pies con solo desearlo, era el hijo del Regente Danzo Shimura y por su matrimonio con la Emperatriz era el hombre más poderoso de todo el Imperio, ¿Cómo no saber de conspiraciones y maquinaciones? Literalmente eran pan de cada día en su vida. Para ellos que eran hijos de gobernadores no era difícil hacer alarde de sus riquezas con regalos al Emperador, bien sabían que él no se los merecía y que no sabría valorarlos pero eso era otra historia, por lo que ellos se mostraron solícitos, callados y sumisos para caerle bien o conseguir su aprobación, ninguno de ellos quería continuar bebiendo los tónicos matutinos que contenían soja verde para causar esterilidad, aun todos tenían esperanzas de poder yacer con la Emperatriz y tener hijos, no querían que sus esperanzas fueran aniquiladas por los celos del Emperador, y no querían fallar tampoco en su lealtad a la Emperatriz, querían demostrar que era igualmente capaces que ese arribista esclavo de Konoha.
-Díganme, ¿Qué los motivo a traerme todos estos regalos hoy?— pregunto Neji, esperando obtener una explicación para esos regalos.
-Majestad, quisiéramos pedirle un favor— inicio Kankuro en representación de los demás consortes y de sí mismo, —pensamos que podría suspender el tónico que nos da todos los días— planteo por fin, esperando que el Emperador fuese comprensivo con ellos.
-Se lo suplicamos, majestad— respaldaron los demás al unísono e inclinando la cabeza con respeto ante el Emperador.
Lo malo de vivir en la corte Imperial es que no importa que tan alto se llegara, lo verdaderamente fundamental a hacer para sobrevivir era mantenerse en la posición más alta de todas y cuanto más cerca del trono estuviera entonces mejor, porque cualquier error podía ser fatal; a Neji no le importaba si esos tontos provincianos eran Consortes, a sus ojos no eran más que impertinentes, una manada de estúpidos y malagradecidos, ¿es que no podía valorar tan siquiera el seguir vivos? Debería destazarlos a todos inmediatamente, pero no podía tocarlos porque eran los hijos de los gobernadores, solo su padre tenía jurisdicción sobre ellos, porque si por él fueran ya estarían muertos y enterrados en una fosa, con su nombres pisoteados y olvidados por la historia. En un arranque de ira, Neji barrio con todos los obsequios de esos insolentes provincianos y que reposaban sobre la mesa, sobresaltándolos de terror al instante, justo la reacción que él deseaba obtener más no se permitió disfrutar de ello como si haría habitualmente. ¿Existía mayor afrenta contra un Emperador que intentar ser sobornado y burlado? Esos provincianos realmente querían desplazar a su perfecta e inocente hija Naori, querían quitarle su lugar, pero él no lo permitiría, es más, ahora contaba inclusive con el beneplácito de los cielos para castigaros por su estupidez y por abusar de su bondad; y no sentiría remordimiento alguno de ser de lo más cruel con ellos y con todo aquel que osara meterse en su camino.
-¿Acaso creen que pueden comprarme?— cuestiono Neji con la voz impregnada de ira mientras los observaba despectivamente. —Llévense toda esta basura— ordeno, no soportando tenerlos delante por más tiempo.
Claramente temerosos de ser lastimados o morir en el peor de los casos, los Consortes no dudaron en hacer abandono de la presencia del Emperador mientras que sus sirvientes retiraban los presentes regalos por el suelo. Furioso y triunfante al mismo tiempo, Neji emitió una seca carcajada al encontrarse a solas, negando en silencio para sí y volviendo la mirada hacia Yahiko quien sonrió en respuesta a sus pensamientos, aumentando aún más la sensación de victoria en su interior, esos provincianos no tenían ni la más leve sospecha de lo que les esperaba de ahora en más. Mucho más tranquilos ahora al encontrarse a solas y reunidos en uno de los pasillos, Kankuro, Hidan, Deidara, Kimimaro, Gaara y Konohamaru intentaron decidir qué hacer para evitar tener que continuar bebiendo aquellos insoportables tónicos matutinos, quien siempre se negaba a beberlos era ese esclavo de Konoha, Sasuke—si, se habían aprendido su nombre pero jamás se dirigían a él con ningún ápice de respeto—, pero ninguno de ellos se consideraba tan valiente u osado como para intentar hacerlo aunque ganas no le faltaban. Debía haber algo que pudieran hacer, era imposible que el Uchiha fuese el único exento de las normas, incluso sufría castigos y de todas formas continuaba tan desafiante como siempre, ¿es que no le temía a nada? Todos querían tener la oportunidad de pasar al menos una noche con la Emperatriz, por eso estaban ahí, y ese maldito tónico les estaba arrebatando las esperanzas.
-Fue una verdadera pérdida de tiempo— suspiro Hidan de brazos cruzados, negando en silencio para sí.
-Ahora el Emperador está furioso— obvio Kimimaro, porque si antes habían estado en problemas ahora lo estaban aún más.
-Aunque, puede existir otra forma— considero Deidara, llevándose una mano a la altura del mentón con una expresión pensativa, obteniendo la atención de todos, —si logramos que lord Yahiko este de nuestro lado…— sugirió ya que después de todo no era fundamental tener al Emperador de su lado sino hacer que lord Yahiko actuara en su beneficio.
-Ustedes sí que son ingenuos— suspiro Sasuke anunciando su presencia y haciendo que los otros Consortes voltearan a verlo, —¿de verdad creen que pueden comprar el favor del Emperador?— ni siquiera él había esperado que ellos fuese así de estúpidos, pero lo eran.
-Esto no es tu asunto— desprecio Kankuro antes de alejarse en compañía de los demás Consortes que observaron con igual desdén al Uchiha.
Tan estoico e indiferente como siempre, Sasuke se mostró completamente inocuo ante la opinión de los consortes, no iba a decir que los odiaba porque ciertamente estaría mintiendo sino que la mayor parte del tiempo le eran totalmente indiferentes, claro que los trataba con respeto—cosa que ellos no hacían con él—pero nada más allá, ni tan siquiera se dirigían la palabra entre si y era de lo más normal al fin y al cabo ellos estaban celosos del tiempo y las atenciones que Sakura le brindaba, y ellos no tenían por qué descubrir la verdad de que es lo que Sakura y él hacían a solas, no iba a culparlos por desear pasar tiempo con ella, quien no lo deseara estaría loco. El Uchiha los observo irse sin sentir verdadero interés, eso hasta que se percató que uno de ellos permaneció delante de él; Gaara, el hijo del gobernador de Kirigakure, tal vez el único de los Consortes con quien se llevaba relativamente bien, no tenían nada él uno contra el otro, se mostraban respeto y hasta en ocasiones contadas podían hablar amenamente entre si—sin sostener conversaciones, claro—, Gaara era de su misma edad y muy ingenuo, inexperto en las ardides de la corte pero no era ningún tonto, si guardaba silencio de la forma en que lo hacía era porque estudiaba todo con sumo cuidado hasta saber qué hacer y ahora sabía que solo existía una persona en ese palacio y que era lo bastante inteligente para saber qué hacer para que el Emperador dejase de suministrarles esos molestos tónicos, y esa persona era Sasuke cuya valiosa opinión deseaba oír.
-¿Acaso conoces otro método?— consulto Gaara sin tapujos, sabiendo bien que podía confiar en Sasuke.
-Y muy bueno— asintió el Uchiha sin hacer desaparecer de su rostro su sonrisa ladina de autosuficiencia, —no es preciso sobornar a Yahiko ni a nadie, eso no resultara, él sabe a quién temerle y no va a arriesgar su vida para proteger a nadie salvo a sí mismo, pero deshacernos del Emperador…esa es otra historia— esclareció, percibiendo al instante la sorpresa en el rostro de Gaara.
-Eso es imposible— negó el pelirrojo, lo que suponía era una completa locura, podrían matarlos por eso.
-Improbable, pero si posible— corrigió Sasuke calmadamente, nada era imposible si se tenía la voluntad suficiente y él la tenía.
-¿Cuál es tu plan?—pregunto Gaara, accediendo a mantener la mente abierta, tal vez así pudiera ayudarlo y a los demás, si uno se salvaba todos lo harían.
-No te va a gustar, solo eso diré— advirtió el pelinegro para desconcierto del pelirrojo a quien secamente el volteo el rostro con una bofetada. —Este es el método que hay que utilizar—dio a saber ante la expresión de incredulidad en el rostro del Sabaku que solo entonces entendió su plan.
Era una estrategia un tanto burda y tal vez más propia de mujeres celosas y emocionales que de ellos, mas era preciso hacerlo y eso incluso Gaara lo supo al instante de recibir el golpe, sonriendo ligeramente para si al llevarse una mano a la mejilla donde había recibido la bofetada, intercambiando un silente y vago asentimiento con Sasuke quien sonrió ladinamente; el plan estaba en marcha…
Los presentes eran un símbolo de buena ventura, o al menos eso es lo que popularmente se tendía a creer, pero en un lugar tan cruel como el palacio Imperial no se podía confiar en nadie, ni siquiera en la intención más pura e inocente o en una voz amiga siquiera, porque quien confiaba en el individuo equivocado, moría de forma irremediable; se caía y moría cuando menos se esperaba, y de ello los muros eran testigos fidedignos de incesantes clamores de piedad y gemidos de dolor, voces y ruidos que aun hoy podían escucharse por las noches y que era motivo de superstición. En el vacío patio del palacio, completamente carente de actividad a esa hora del día se desplazaba una pequeña comitiva de soldados, aquel que iba al frente cargaba dos cofres de tamaño mediano cuyo contenido era única y enteramente para los ojos del Emperador. Desde uno de los pasillos aledaños al patio y en completo silencio, el Baghatur Yamato y su sobrino Sai contemplaron con suspicacia los cofres que habían llegado para el Emperador…más valía que el plan de Sasuke diese resultado, no había otra opción. En su camino, la comitiva de soldados se detuvo al avistar a los hermanos mayores del Emperador e hijos del Regente; lord Pein y lord Nagato a quienes reverenciaron respetuosamente, visiblemente confundido, Pein observo con recelo aquellos cofres a la par que su hermano Nagato, no habían sido informados de que llegase un presente para nadie y deberían saberlo, la seguridad era su responsabilidad.
-¿Qué traen ahí?— demando saber Pein en espera de una explicación ante esos cofres cuyo contenido desconocía.
-Es un presente para el Emperador, de la casa del Águila— informo uno de los guardias, tendiéndole la carta que el pelinaranja desdoblo con sumo intereses.
-¿Qué dice hermano?— pregunto Nagato con curiosidad, esperando que no se tratara de algo malo.
-Es de Orochimaru, es aliado de nuestro padre— tranquilizo el pelinaranja antes de tenderle la carta. —Yo haré la entrega— decidió indicándole al soldado que le entregase los cofres.
Una de las inevitables virtudes que traía ser hijo del Regente Danzo Shimura eran sin duda la sensación de gloria y poder desde luego, además de contar con ciertos…privilegios, por lo que recibiendo los cofres de manos del soldado, Pein tomo la decisión de entregárselos personalmente a su hermano menor, sería bueno animar un poco a Neji…tal vez Pein habría sospechado del presente si se hubiera percatado de las sonrisas confiadas en los rostro del Baghatur y su sobrino quienes viendo cumplido su propósito se retiraron en total silencio. Sentado delante de su escritorio, Neji jade a causa de la impresión al abrir los cofres que su hermano mayor acababa de depositar delante de él, en uno habían decenas de collares y guirnaldas sin par hechas de diferentes tipos de piedras como jade y otros materiales que traían buena suerte, y el otro rebosaba de gemas brillantes como el sol y de colores tan diversos como un arcoíris, eran un espectáculo simplemente exquisito para los ojos. Como Emperador que era, Neji no se consideraba un catador o experto en joyas, un orfebre ni nada parecido, pero sin duda sabia reconocer la belleza cuando la veía y esas joyas eran simplemente arrebatadores, cualquiera desearía poner sus manos sobre ellas, mas él no dejaría que nadie salvo él las tuviera, ¿sería posible ordenar la creación de un presente especial para Sakura con todas esas gemas tan brillantes? Estaba seguro de que así ella olvidara lo sucedido con el esclavo de Konoha y lo perdonaría.
-Que hermosas, ¿son piedras del oeste?— curioseo Neji volviendo el rostro hacia su hermano que asintió, feliz de verlo con algo de animo tras tanto tiempo, —¿Puedo conservarlas?— pregunto inevitablemente, agradeciendo que la respuesta fuese sí. —Creo poder lograr el perdón de la Emperatriz con ellas— Sakura no podía continuar enojada con él para siempre, y tal vez lo perdonaría si le daba un regalo así de hermoso.
-Majestad— reverencio Yahiko, ingresando en la habitación e inclinando la cabeza con respeto ante lord Pein.
-¿Qué paso?— inquirió el pelicastaño, porque por la expresión de su sirviente y amigo solo podía tratarse de algo malo.
-Hay problemas en el pabellón de los Consortes, se están peleando a golpes— informo el pelinaranja, lamentando hacer partícipe a lord Pein de este acontecimiento.
-¿Quiénes?— exigió saber el Emperador irritado por ver su felicidad eclipsada por esos provincianos.
Para no incomodar a su señor en presencia de su hermano lord Pein, Yahiko se inclinó ligeramente a la diestra del Emperador para susurrarle la identidad de los individuos en disputa. Apretando disimuladamente una de sus manos, Neji escucho las palabras de Yahiko con divertimento e ira entremezcladas, ya tenía suficientes problemas y preocupaciones de las que ocuparse por sí solo, ¿y ahora resulta que también tendría que atender las de esos molestos provincianos? Lo que faltaba. Bufando por lo bajo para si al escuchar la respuesta de Yahiko, Neji se levantó de su asiento, disculpándose respetuosamente con su hermano Pein antes de abandonar la habitación en compañía de Yahiko; otra vez se trataba de ese maldito Uchiha.
Posiblemente, y de estar en otras circunstancias muy diferentes desde luego, Gaara y su propio padre Raza Sabaku se habrían ofendido y decepcionado ante su ligereza de carácter, pero en ese instante y volteándole el rostro a Sasuke con una sola y seca bofetada, el Sabaku tuvo que valerse de toda su fuerza de voluntad para no estallar en carcajadas ante la expresión de indignación en el rostro del Uchiha quien volteo a verlo tras recuperare del golpe, ¿Qué expresión tendría él a todo esto? Parecían dos mujeres peleándose sin razón, uno delante del otro y abofeteándose, pero en realidad no se estaban agrediendo como parecía, siendo observados por sus atónitos sirvientes así como por los otros Consortes que servían de testigos y espectadores al mismo tiempo; todo era puro teatro pero que era muy necesario y eso ambos lo sabían, lo habían planeado de antemano pero de todas formas y examinando con la mirada la mejilla derecha del rostro del Uchiha—donde había recibido el golpe—ligeramente enrojecida, Gaara no pudo evitar sentir remordimiento, en verdad deseaba disculpar con el Uchiha aunque fuese por educación siquiera, pero la estática e indiferente mirada que Sasuke le dirigió le impidió hace tal cosa. Ese no era momento para permitirse sentimentalismos, Sasuke no iba a negar que el golpe le había dolido pero esa era la idea, además había recibido golpes mucho más fuertes, el ardor que sentía en la mejilla pro causa de la bofetada le resultaba insignificante.
-¿Cómo te atreves?— desafío el Uchiha, actuando como si realmente estuviese enojado por el golpe, y lo estaba solo que no tanto como parecía.
-Tú comenzaste— recordó Gaara en su defensa, con la mejilla derecha enrojecida por la bofetada que él le había propinado. —Yo soy el hijo de un gobernador, no un sirviente arribista de Konoha— obvio con falso desprecio, deseando lavarse la lengua por insultarlo sin razón.
-Ambos somos consortes y quien sea tu padre es irrelevante— Sasuke emitió una seca carcajada, enalteciéndose con una autoridad que no tenía pero que el favor de Sakura le confería. Gaara alzo el brazo para volver a golpearlo pero Sasuke lo empujo haciéndolo caer al suelo y asustando a los otros Consortes. —No se atrevan a volver a llamarme sirviente o les romperé los brazos— amenazo sosteniéndole la mirada a Gaara que a nada estuvo de sonreír ante semejante teatro.
-¿Qué está pasando aquí?, ¿Se han vuelto locos?— todos reverenciaron apresuradamente al Emperador quien intercalo su mirada entre los dos conflictivos consortes; Gaara quien se levantó del suelo, y Sasuke quien bajo sin otro remedio la mirada. —Ya me encargare de ti— advirtió, sabiéndolo el responsable de todos los males, como siempre.
¿Es que esos tontos provincianos no tenían nada mejor que hacer que convertir el pabellón de los Consortes en un campo de batalla, golpeándose entre sí como salvajes? Verdaderamente eran estúpidos, especialmente ese Uchiha a quien desprecio con la mirada al pasar por su lado para proceder a regresar a sus aposentos, ajeno a la cómplice sonrisa ladina que compartieron Gaara y Sasuke sin que ninguno de los presentes se diera cuenta…
Dentro de la corte Imperial, y sin importar que ya no la dirigiera personalmente, Tsunade era una figura a quien nadie podía ignorar ni pasar por alto jamás, reverenciándola al verla pasar en compañía de sus leales doncellas Shizune y Kurenai, regia en su andar cargado de dignidad, con la frente en alto y su largo cabello rubio recogido tras su nuca, peinado por horquillas para engrandecer la corona sobre su cabeza, y largos pendientes en forma de sarcillos a imagen del opulento collar alrededor de su cuello. Portaba un elegante kimono purpura de escote cuadrado y bordado en oro, con mangas acampanadas bajo una elaborada chaqueta dorada de cuello alto en V que se ceñía a su cuerpo por un cinturón obi sobre el que reposaba un broche de oro en forma de flor de cerezo con diamantes engarzados. No era realmente la madre de la Emperatriz como muchos tanto afirmaban, solo era su madrastra, pero al no haber podido tener hijos propios había criado y amado a Sakura como si realmente fuese su hija, y con tal de protegerla estaba dispuesta a todo. Cruzando el jardín Imperial en dirección hacia el pabellón de los Consortes, Tsunade se detuvo al ver a lo lejos al sirviente del Emperador acompañado por una pequeña comitiva que cargaba una serie de bandejas…era es tónico para la esterilidad que Neji los obligaba a beber cada día, ¿Cuándo terminaría todo esto? Lo que Neji estaba haciendo no era correcto, no tenía derecho y sin embargo nadie podía detenerlo.
-Otra vez ese maldito tónico…— bufo Tsunade, cerrando brevemente los ojos para mantener la calma, no era ese el momento de estallar.
-Él no permitirá que se acerquen a la Emperatriz— menciono Shizune, comprendiendo su ira más nadie podía hacer nada contra el Emperador, no aun.
Eso era evidente, pero ¿Neji realmente lograría lo que se proponía con ese tónico o alguien se interpondría en sus planes? Tsunade había pasado casi toda su vida viviendo en el palacio Imperial y ya era demasiada calma, demasiado silencio de parte de quienes lo habitaban y la tensión prácticamente podía cortarse con una espada…alguien, tarde o temprano, se levantaría contra el Emperador , y Tsunade deseaba estar ahí para presenciar la ruina de Neji, y lo estaría. Sereno aparentemente, Neji se paseó delante de los Consortes a través del pasillo que iba de su trono a las puertas mientras los sirvientes ingresaban con las bandejas que contenían los cuencos con el tónico, centrando con especial atención su mirada sobre el Uchiha y el pelirrojo a su lado, ni siquiera se dirigían la mirada entre sí para nada, Sasuke con la cabeza en alto con su característica arrogancia mientras que Gaara contemplaba a la nada, despreciando respirar tan siquiera el mismo aire…que fácil resultaba engañar al Emperador y que difíciles les estaba resultando—especialmente a Gaara—parecer indiferentes siendo que a situación resultaba de lo más hilarante. Viéndolos a ambos, Neji negó en silencio para sí, reprobando semejante conducta tan infantil, ¿pelear como mujeres por celos y desacuerdos? Esos provincianos y ese esclavo de Konoha sin duda alguna no tenía un ápice de ceso, hasta él había esperado mucho mas de ellos, pero cuanto más pronto cayeran y desaparecieran, mejor para él.
-Peleando como campesinos— recrimino Neji al intercalar la mirada entre ambos individuos.
-Perdón, majestad— se disculpó Gaara, inclinando la cabeza con respeto y señal de sumisión.
-¿Y tú?, ¿No piensas pedir perdón?— cuestiono al Uchiha quien se mantuvo pétreo y totalmente indiferente.
-No he hecho nada para pedirlo— obvio Sasuke encogiéndose de hombros con simpleza, tanto por honestidad como para desafiarlo.
-¿Crees que la Emperatriz también te protegerá aquí?— supuso Neji en voz alta, solo de ahí es que él podía obtener todo ese valor.
-Yo no necesito que nadie pelee por mí, majestad— protesto el Uchiha, por mucho que amara a Sakura ella no libraría sus batallas, cada uno lucharía por separado, espalda con espalda.
-Eso aún está por verse, no sabes de qué soy capaz— advirtió él, retrocediendo un paso y pasando su mirada por todos los presentes. —Todos están muy tensos, beban el tónico para los nervios— sugirió con un tono que claramente impedía que alguno de ellos se opusiera.
Sin pensar en protestar o negarse, todos obedecieron la instrucción del Emperador, tomando los cuencos de sus respectivas bandejas y llevárselos a los labios hasta beber hasta la última gota del tónico, mordiéndose la lengua interiormente al sentir en la lengua tan conocido sabor a soja verde y que tenía consecuencias nefastas, todos lo sabían y sin embargo no podían escapar de ello o de otro modo morirían, todos bebieron excepto Sasuke quien contemplo el cuenco antes de sostenerlo en una de sus manos, no lo bebería no importar que le dijeran o incluso si volvían a encerrarlo en la biblioteca, pero por ahora todo lo que necesitaba era ganar algo de tiempo. Lentamente el Uchiha volvió la mirada al pelirrojo a su lado antes de aproximar el cuenco a sus labios mientras Gaara terminaba de beberlo, sosteniendo entre sus dedos el dátil sobrante antes de llevárselo a la boca sin ninguna duda, rozando cuidadosamente sus dedos índice y pulgar contra sus labios en el proceso, tragándolo. El Uchiha estaba a punto de hacer que el tónico rozara sus labios cuando Gaara se llevó ambas manos al cuello, incapaz de respirar, haciéndolo volver el rostro den su dirección. Quejándose desesperadamente, Gaara cayo de rodillas, luchando por respirar cuando las puertas se abrieron para permitir el ingreso de la Emperatriz Viuda, desplomándose inconsciente sobre el suelo ante la atónita y aterrorizada mirada de los otros Consortes y los sirvientes presentes, además del Emperador que no podía creer lo que veía.
-¿Qué ocurre aquí?— cuestiono Tsunade tras nada más entrar, no creyendo lo que veía y esperando estar equivocada en sus inferencias. —Explica esto ahora mismo— demando a Neji quien parecía temblar a causa del miedo y la impresión.
-No lo entiendo— negó el pelicastaño completamente aterrado, incapaz de entender lo que sucedía delante de sus ojos.
-Rápido, llévenlo a la enfermería— indico la Emperatriz Viuda a los sirvientes que no dudaron en obedecer, cargando al Sabaku y sacándolo de la habitación. —Llegaremos a este asunto a como dé lugar, caiga quien caiga— garantizo con ecuánime justicia, centrando su mirada en su yerno con toda la intención de ofenderlo.
Como Emperatriz Viuda y verdadera autoridad en la corte interna, Tsunade ya estaba harta de Neji y sus celos, y si descubría que esto era obra suya…lo haría caer a como diera lugar y recuperaría su poder de una vez por todas. Controlando sus emociones, ocultando lo ofendido que se encontraba con aquella acusación entre líneas, volviendo invisible su miedo y tragándose su orgullo, Neji le sostuvo la mirada a su suegra con la frente en alto, no iba a permitir que lo culparan de un crimen que no había cometido, no lo permitiría.
Con el corazón latiéndole desbocado y a mil por segundo, Neji se paseó nerviosamente y a solas entro de su habitación, incluso le había pedido expresamente a Yahiko que lo dejara estar solo, solo con su preocupación, veneno...¿quién estaba tratando de inculparlo? Sabía bien que no podía agredir directamente a los Consortes, no era ningún tonto ni era ajeno de las consecuencias, si realmente hubiera podido dañarlos no solo estarían muertos sino que los habría torturado y quemado vivos de la peor forma existente, pero no podía hacer nada de eso, estaba atado de manos, ¿quién?, ¿quién se había atrevido a atacar a uno de esos provincianos para hacerlo ver a él como culpable? Inquieto como estaba, volvió el rostro hacia las puertas de su habitación, sintiéndose inconmensurablemente mejor al ver aparecer a su padre, absteniéndose de abrazarlo porque estaba demasiado nervioso y era impropio, pero con solo verlo a él y a su hermano Pein, Neji estaba seguro de que todo se solucionaría, él no era culpable de nada, no había envenenado a los Consortes e intento convencerse de que saldría ileso de todo por la influencia de su padre, debía ser así. Contemplando a su hijo menor, Danzo se negó a creer lo que todos rumoreaban en el palacio, Neji podía ser extremadamente imprudente por causa de sus sentimientos pero no era ningún tonto, ni siquiera él cometería un error tan grave, no sin consultárselo primero a él.
-Padre— suspiro Neji, mucho más tranquilo al saber que no estaba solo en esta difícil situación.
-¿Es verdad lo que hiciste?— pregunto Danzo, aunque se aferraba a la idea de que su hijo no haría algo tan imprudente sin su permiso.
-No, tampoco lo hizo Yahiko, lo juro— aseguro el pelicastaño sin apartar sus ojos de los de su padre, pidiendo que le creyera y lo hizo.
-Fue una trampa, alguien te tendió una trampa— concluyo Pein de inmediato, no podía ser de otro modo. -Tal vez fue la Emperatriz Viuda— sugirió intercambiando una mirada con su padre quien asintió en silencio.
Asintiendo vagamente para sí, Neji no negó esa posibilidad, todos sabían que su suegra, la Emperatriz Viuda, lo odiaba y él a su vez la odiaba también a ella, no sería para nada descabellado que ella planease incriminarlo por algo, es más, ya era demasiado tiempo de inacción de su parte…pero aun cuando eso pudiera ser cierto, Neji no sintió que esa mujer fuese la responsable, esta vez, no, sentía la mano de alguien más en todo esto, las de ese arrogante esclavo de Konoha, él tenía el favor de la Emperatriz y de seguro no quería compartir sus privilegios ni tener competencia, por ello había envenenado a uno de los Consortes, tanto si esto era verdad como si no lo era, Neji se aferró a esa idea como si su vida dependiera de ello, si lograba hacer que otros lo creyeran entonces podría deshacerse de ese Uchiha para siempre, y solo le basto encontrar su mirada con la de su hermano mayor para saber que Pein pensaba lo mismo que él. Todos—padre y ambos hijos—se encontraban sumergido en un profundo y reflexivo silencio cuando Nagato ingreso en la habitación, reverenciando a su hermano y emperador antes de volver la mirada a su padre ante quien inclino la cabeza con su rostro habitualmente sereno ahora poblado de una expresión de evidente preocupación que hizo que Danzo, Pein y Neji fruncieran ligeramente el ceño, ¿es que algo podía ser peor acaso? No, era mejor ni siquiera formular aquella pregunta en su subconsciente siquiera, eso implicaba llamar a la mala suerte.
-Padre, llegaron los gobernadores— informo Nagato, soltando el aire que había estado conteniendo por los nervios.
-¿Cómo se enteraron tan rápido?— bufo Pein, llevándose una mano a la frente, como si no tuvieran ya suficientes problemas.
-Comenzó el juego— comprendió Danzo sin dejarse amedrentar por este escándalo a diferencia de sus hijos. —No hay pruebas a favor o en tu contra, Neji, mantén la frente en alto, querrán presionarte, pero yo estaré ahí— recordó sujetando a su hijo por los hombros, infundiéndole ánimo.
Confiando en su padre, Neji asintió en silencio mientras encontraba la mirada con la de sus hermanos; había llegado la hora de actuar, harían lo que fuese necesario para mantenerse con vida y en la cima del poder, lo que fuese, incluso hacer que la Emperatriz abdicase al trono, aunque esperaban aun no tener que llegar a tanto.
Si no tienes un chivo expiatorio, tienes que fabricarte uno; Sasuke comprendía bien que es lo que Neji estaba tramando en su contra, quería culparlo por envenenar a Gaara, quería hacerlo ver como alguien conflictivo y que debía ser eliminado, quería deshacerse de él, pero lejos de sentir temor o preocupación como haría otro individuo de estar en su lugar, Sasuke se encontraba ansioso aunque no lo demostrase, si suficientes personas creían que él era el responsable de envenenar a Gaara entonces se convertiría en verdad, al fin y al cabo los habían visto golpearse y agredirse entre sí, pero todo era mucho más complejo de lo que parecía. Suspirando profundamente al escuchar como las puertas se cerraban a su espalda, dejándolo a él a él que se arrodillo respetuosamente, a solas con la Emperatriz Viuda Tsunade quien sonrió ligeramente ante su visita, a ella si podía y necesitaba contarle toda la verdad. Por causa de su yerno el Emperador y su padre el insufrible Regente Danzo Shimura, Tsunade se había visto muy desplazada como una figura de importancia en la corte, claro que todos aun le dirigían respeto pero por obligación, no, ella era la madre de la Emperatriz y merecía recuperar su lugar, debía hacerlo y confiaba en que Sasuke—a quien en ese momento tenía delante y cuya visita agradecía sinceramente—haría que todo fuese diferente, él haría que Sakura y ella recuperasen su poder y autoridad, ¿Cuándo? Esa era una incógnita más y más cercana de ser respondida, lo sentía en el aire.
-¿Y bien?, ¿Por qué estás aquí?— pregunto Tsunade, teniendo la obligación de sospechar hasta de su mayor aliado hasta ahora.
-Emperatriz Viuda, estoy seguro de que ya oyó los rumores de que soy culpable— inicio Sasuke con la mirada baja en señal de respeto.
-¿De intentar matar a lord Gaara?— más bien afirmó la Emperatriz Viuda haciendo que el Uchiha alzara la mirada. —No tengo tiempo de escuchar habladurías, no creo nada—tranquilizo con una ligera sonrisa, algo divertida por su infundado temor.
-No son habladurías— confeso el Uchiha sin titubeos, en nada le servía mentir y ella no se merecía eso sino su respeto.
-¿Qué?— Tsunade ahora simplemente estaba anonadada, no había esperado oír semejante confesión, no de él.
-Yo le di el veneno a Gaara, pero no por las razones que cree— advirtió el pelinegro esperando que ella pudiera darle tiempo de explicarse o todo aquello sería inútil, y afortunadamente la Emperatriz Viuda le permitió hablar. —El Emperador es una amenaza al orden del Imperio y al poder de la Emperatriz, es vital deshacernos de él a como dé lugar— menciono lo que era claramente obvio por todos y que en nada sorprendió a la Emperatriz Viuda, todos deseaban eso, no era ningún secreto. —Lord Gaara y yo llegamos a un acuerdo, yo proporcione el veneno y él se ofreció a ser señuelo para inculpar al Emperador, pero para que todo de resultado el siguiente en arriesgarse he de ser yo— explico por fin, pudiendo percibir la incredulidad en el rostro de la Emperatriz Viuda.
-¿Vas a envenenarte?— repitió ella, sorprendida a más no poder por sus declaraciones, ¿Cómo es que tenía el coraje de llegar tan lejos?
-Es preciso que lo haga, Majestad, así el palacio entero se levantara y el Emperador caerá— intento hacerla comprender el Uchiha, tampoco le hacía gracia llegar a tanto pero no había otra opción.
-¿Y porque arriesgar tu propia vida?— cuestiono Tsunade intentando comprender su manera de pensar.
-Itachi fue asesinado, él era mi hermano— revelo Sasuke ya que muy parecido que hubieran sido no todos habían estado al tanto del verdadero vinculo que los había unido. —No tolerare que un asesino cruel se siente en el trono, es una venganza personal y mi deber, para proteger la Emperatriz, para derrocar a Danzo— proclamo dejando en evidencia su lealtad y sus razones, ¿egoísta? Tal vez lo era pero no le importaba serlo.
Estática en su lugar a causa de la impresión, Tsunade se mantuvo incapaz de hablar por largo tiempo, reconocía el ingenio del joven Uchiha, pero ¿llegar a esos extremos? Verdaderamente era muy temerario para atreverse a idear un plan así sin poder afirmar si daría resultados…realmente era muy diferente de Itachi, y era bueno que lo fuese, en ocasiones era necesaria la temeridad para librar una batalla con éxito, eso lo sabía bien, su padre además de gobernador había sido un general de guerra. Golpéalos cuando estén caídos, arrójalos por el pozo y cúbrelos con piedras decía el arte de la guerra, Neji ya había sido sospechoso por el envenenamiento de Gaara, y si ahora él—que pretendía ser inculpado por Neji, y lo sabían bien—también era envenenado, todas las miradas acusadoras recaerían enteramente sobre el Emperador Neji y toda su familia, claro que él arriesgaría su vida al envenenarse conscientemente, pero era un sacrificio que estaba dispuesto a hacer por la victoria, un sacrificio que estaba dispuesto a hacer para proteger a Sakura. Con pasos lentos y dignos, Shizune se detuvo fuera de los aposentos de la Emperatriz Viuda, sosteniendo en sus brazos los informes de contabilidad de la corte que había pedido ver, sonriéndole ligeramente a Kurenai quien se encontraba a un costado de la puerta como una fiel guardiana y que en ese momento alzo la voz para anunciarla apropiadamente, lo que la hizo fruncir ligeramente el ceño.
-Lady Shizune, Majestad— anuncio Kurenai con voz clara y fuerte para ser oída en el interior de la habitación.
¿La Emperatriz Viuda se encontraba en compañía de alguien? Eso sí que era extraño ya que últimamente nadie precisaba de presentarle sus respetos además de la Emperatriz. Habitualmente Shizune gozaba de toda la confianza y amistad de la Emperatriz Viuda, por lo que ni siquiera tenía necesidad de anunciarse al entrar, a menos que ella se encontrase acompañada de alguien, pero ese algo no podía ser la Emperatriz Sakura ya que ella siempre prescindía de ese tipo de ceremoniales o formalismos. La respuesta llego en cosa de segundos en cuanto se escuchó el ligero replicar de una campanilla proveniente del interior antes de que las puerta se abrieran para lord Sasuke quien al verla a ella inclino ligeramente la cabeza en señal de saludo y respeto antes de seguir con su camino con indiferencia. Siguiendo brevemente con la mirada al Uchiha hasta perderlo de vista, Shizune finalmente ingreso en la habitación, escuchando las puertas cerrarse con un leve chirrido a su espalda al momento de ingresar y enfocar su mirada en la Emperatriz Viuda quien se mantuvo con la mirada perdida en la nada, sin advertir su presencia en lo absoluto, completamente ido, ¿Qué le había sucedido? Ella nunca actuaba así, ¿lord Sasuke la había ofendido acaso? Superando por fin su estupor y sorpresa inicial, Tsunade soltó una cantarina y contagiosa carcajada que claramente desconcertó a su doncella que la observo enormemente confundida desde su lugar, mas a quien fue incapaz de informar de nada.
-Emperatriz Viuda, ¿ocurrió algo?— pregunto Shizune, confundida por ese comportamiento de su parte.
-Encontramos a nuestro mejor aliado, Shizune— sonrió Tsunade sin dejar de reír, fascinada. —Ese muchacho es una caja de sorpresas— susurro para sí, con los ojos brillantes de esperanza.
Igualmente desconcertada, Shizune mantuvo el ceño ligeramente fruncido al no entender que pasaba mientras Tsunade reía de incredulidad y divertimento entremezclados, que plan más maravilloso había ideado Sasuke Uchiha, maravillosamente ingenioso al mismo tiempo que peligroso, pero sonriendo con anticipado triunfo para sí, Tsunade estaba convencida que todo resultaría a pedir de boca; Neji no sabría que lo había golpeado, era inteligente pero no lo suficiente para seguirle el ritmo a Sasuke.
Haciendo acopio de todo su autocontrol y dignidad, Neji se paseó delante de los Consortes a través del pasillo que iba de su trono a las puertas, dirigiendo especialmente su atención hacia cierto Uchiha conflictivo de quien se negó a apartar la mirada, frustrándole que ese esclavo…ese sirviente de Konoha se mantuviera imperturbable y con la frente en alto, fresco como una lechuga y sin signos de su anterior castigo, ¿había recuperado las horas de sueño robadas por su cuenta o la Emperatriz lo había visitado para animarlo? Neji prefería no pensarlo siquiera. Cuando esto termine, serás encerrado y pisoteare tu orgullo, se dijo antes de apartar la mirada del Uchiha. Anteriormente esos tontos e insulsos provincianos habían intentado comprarlo, sobornar su juicio y hacer que dejara de administrarles los tónicos matutinos, ¿en verdad creían que todo serían tan fácil? Era el Emperador, no existía fortuna alguna—salvo el trono—que pudiera ser de su interés, y aunque lo fuera él no dejaría de hostigar a esos provincianos hasta que estuvieran muertos o fuera del palacio. Teniendo de antemano el beneplácito del Emperador, las puertas de la sala se abrieron para dejar pasar a un grupo de sirvientes que para contenida frustración de los Consortes traían el tónico habitual y que fue situado delante de ellos en una bandeja, nadie quería beberlo y eso era evidente, pero no podían simplemente no aceptar y ya, si lo hacían desobedecerían el Emperador y merecerían el peor castigo.
-Ahora, beban— ordeno Neji sin esperar ni tolerar oposición de ninguna clase o todos pagarían, especialmente el Uchiha.
Acatando sus órdenes al instante y con contenido disgusto, todos los consortes procedieron a beber el tónico que traían los sirvientes, todos excepción Sasuke lo cual hizo sonreír ladinamente a Neji, no lo bebas, en cuanto te niegues estarás muerto, se dijo absteniéndose de sonreír triunfal, sorprendiéndose cuando el Uchiha sostuvo el cuenco entre sus manos y lo llevo a sus labios. Como lo más normal del mundo, mordiéndose interiormente la lengua para sí, Sasuke bebió el tónico por completo, sintiendo como la soja verde le quemaba la garganta; el efecto de esterilidad solo era permanente si se debía por varios días y él solo lo haría esta vez, ese consuelo le quedaba mientras devolvía el ahora cuenco vacío a la bandeja, sosteniendo el dátil restante entre sus dedos antes de llevárselo a la boca, teniendo especial cuidado al rozar sus dedos índice y pulgar contra sus labios al ingerirlo, dirigiéndose una arrogante sonrisa al Emperador al volver el rostro hacia él, ambos sosteniendo la mirada entre sí. Todo fue perfectamente normal, hasta que Sasuke trago el dátil, llevándose por acto reflejo las manos a la garganta ante la atónita mirada de todos los presentes, sintiendo un amargo sabor en la garganta y que le impedía respirar siquiera, ahogándolo lentamente mientras se dejaba caer de rodillas al suelo, luchando por respirar y siendo auxiliado por Jugo y Suigetsu, diplomándose inconsciente sobre el suelo a la par que las puertas se abrían para permitir el ingreso de la Emperatriz Viuda.
-¿Otra vez?— suspiro Tsunade, indignada a más no poder a volver a encontrarse con ese escenario. —Llévenlo con el médico, rápido—ordeno permitiendo a Jugo abandonar la habitación con el Uchiha a su espalda y acompañado por Suigetsu.
-El tónico está perfectamente bien, la investigación lo estableció— se defendió Neji antes de que su suegra pensara siquiera en acusarlo de algo.
-Y aun así dos consortes se han visto afectado, alguien debe estar interfiriendo en su preparación— supuso la Emperatriz Viuda sin dejar de verlo como el responsable de todo.
-¿Me está acusando?— afirmo el Emperador, sosteniéndole la mirada y desafiándola a decirlo en presencia de todos.
-Ni usted es tan estúpido— obvio Tsunade con el simple placer de ofenderlo aún más, —pero la fama de sus celos y su manera de actuar podría llegar a malinterpretarse fácilmente— ya habían hablado de su carácter difícil antes de que fuera Emperador y aun hoy muchos continuaban haciéndolo.
-No se preocupe, encontrare a quien hizo esto y pienso llegar al fondo de todo— garantizo Neji en su defensa, porque no iba a tolerar que se le acusara de nada.
Aunque claramente preocupado, Neji esbozo una ligera sonrisa; si ese esclavo de Konoha moría por causa de un tercero implicado, mejor sería para él, tendría una molestia menos de que preocuparse. Tan rápido como le fue posible y acompañado por Suigetsu, Jugo recorrió los pasillos hacia la enfermería real con Sasuke en su espalda, esperando no solo que su plan diese resultado sino que primordialmente pudiese recibir la atención apropiada a tiempo para no inmolarse como consecuencia de su lealtad. Fue una consecuencia funesta o tal vez el destino que en medio del camino a la biblioteca se encontrasen con el Baghatur Yamato y su sobrino a quienes reverenciaron respetuosamente antes de continuar con su camino y siendo observados por ambos que suspiraron quedamente para sí mismos…esperaban que Sasuke realmente supiera que es lo que estaba haciendo, porque de otro modo moriría en vano. Por otra parte y lleno de confianza, Neji abandono el pabellón de los Consortes en dirección a sus aposentos privados, acompañado por Yahiko, manteniendo aquella venenosa sonrisa en su rostro al sentir aunque fuese brevemente que ese Uchiha no le significaba una amenaza, o al menos no solo a él, ¿sería posible que ese otro consorte hubiese sido envenenado por error?, ¿Acaso el veneno había sido destinado para el Uchiha desde el principio? Le complacería enormemente saber que sí, y si no era así, haría que todos creyesen que lo era, tenía el poder e influencia suficiente para lograrlo.
-¿Cómo se atreve esa anciana a acusarme de algo que no puede probar?— bufo Neji, negando en silencio para si antes de detenerse en medio del jardín. —Otro de los consortes debió hacerlo—obvio, ¿pero quién? Alguien que odiaba a Sasuke tanto como él, eso era seguro.
-Entonces el veneno que lord Gaara bebió, ¿era para lord Sasuke?— supuso Yahiko, solo esa explicación era posible para que otro de los consortes se hubiera visto afectado.
-Los celos son peligrosos—el Emperador sonrió ladinamente, no hablando por experiencia claro está. —Esta es la excusa perfecta para deshacerme de todos esos tontos provincianos— decidió intercambiando una mirada con Yahiko quien asintió en silencio, completamente de acuerdo con él.
Todos sabían que Sasuke tenía el favor de la Emperatriz, tenía razones de sobra para ser de la envidia y antipatía de muchos, además estaba su arrogancia, en nada resultaría extraño para nadie que alguien lo envenenara, pero fuera cual fuera la verdad obtenida de la investigación del colegio Imperial, Neji solo sabía que la muerte del Uchiha lo haría inmensamente feliz, y recompensaría apropiadamente al responsable de enviarlo a la tumba, no importa de quien se tratara.
PD: Ni me lo digan, me odian y quieren matarme, ya lo se, pero hice el capitulo extra largo para que me perdonen por la demora y me pase toda la semana escribiendo, no pueden despreciarme tanto, ¿verdad? espero que esta nueva actualización sea de su agrado tanto como lo fue para mi escribirla :3 la siguiente actualización de esta semana sera "El Velo del Amor" a más tardar el domingo, lo prometo :3 como siempre la actualización está dedicada a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (dedicándole todas y cada una de mis historias por sus maravillosos comentarios) a Adrit126 (disculpándome sinceramente por tardar tanto en actualizar y esperando que este nuevo capitulo sea de su agrado), y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
