Angel al abrir los ojos sintió como si su cabeza fuera a explotar, le dolía y sentía como si el suelo se estuviera moviendo. Intentó incorporarse pero tenía una cadena alrededor de el cuello y en cada uno de sus brazos, las miró sorprendido. No sabía qué era lo que estaba pasando, cuando de pronto acudió a su mente fragmentos de lo ocurrido antes de perder el conocimiento.
—¡Charlie! —intento quitarse las cadenas pero fue inútil. No servía de nada.
Reconoció que era su habitación, sin embargo, tenía un muy mal presentimiento. Angel miró entonces que ni siquiera tenía ropa puesta. Entonces un escalofrio le recorrio.
—¡Oh mierda, ese castigo no otra vez! —rogo intentando soltarse de las cadenas.
La puerta de su habitación se abrió y la alta figura de Alastor ingreso por ella. Angel al verlo venir sintió sus ojos humedecerse.
No otra vez...
—Tu no eres Alastor, cabrón —gruñó molesto desde la cama sin dejar de intentar liberarse. Aquel hombre sonrió mientras se subía a la cama.
—¿Como estas seguro bebe? —rió Alastor mientras se quitaba el abrigo y lo arrojaba lejos—, más te vale que le abras las piernas a papi, o me molestaré mucho —Angel inmediatamente cerró las piernas.
—¡Jodete! —gruñó molesto de que usarán la forma de Alastor de esa manera. Y de cierto modo le entristecía mucho el saber, que si ocurría lo que temía, solo así podría estar con Alastor.
Aquel hombre se rió y tomó bruscamente las mejillas de Angel, le clavó los colmillos en los labios a Angel al este, rehusarse a besarlo. La sangre comenzó a caer por el mentón de la araña conforme aquel salvaje beso continuaba; Angel empujó el pecho de Alastor pero no se movió, las cadenas no le permitían moverse libremente y aquel beso le estaba matando, en más de un sentido; lágrimas ya salían de sus ojos conforme los segundos pasaban y aquel interminable beso seguía.
—Dulce —murmuró lamiendo sus labios al término del beso. Abrió las piernas de Angel y se colocó entre ambas, tras ver el desastre que había hecho con Angel una sonrisa macabra creció en su rostro.
—¡Hey! —alcanzó a gritar antes de sentir que le penetraba de golpe arrancandole el aire.—, ¡hijo de perra! —se quejó con la voz quebrada sintiendo como el dolor le atravesaba toda la parte baja.
Alastor sonrió divertido para seguir penetrando con fuerza.
—Te doy lo que quieres, zorra —rió la decirlo mirando al chico llorar y tirar de las cadenas para tratar de soltarse. Angel se mordía la lengua con fuerza, era bien sabido que le gustaba el dolor, pero esa clase de dolor, estaba a otro nivel y ver a Alastor tomándolo de esa manera, hacía que su cerebro de verdad creyera que se trataba de él
—¡Alastor, detente! —sollozo mordiendo su labio inferior sacándose sangre al abrir más la herida que este había causado anteriormente.
Angel apretó los puños de sus manos sintiéndolo entrar y salir con rudeza.
¡Por favor, ya termina!
—Jaja, ¿te excita esto, pervertido? —jadeó con voz ronca Alastor apretando el pecho de Angel, al ver que este no tenía una erección se detuvo en seco. Alastor miró al rostro del chico encontrandolo totalmente desecho, al ver su expresión de tristeza, embistió con más fuerza, con su mano derecha tomó las mejillas de Angel, obligándolo a verlo directamente a los ojos.
—Te hice una pregunta, ¡contesta! —gruñó acercando su rostro al de Angel sin dejar de moverse.
Angel le vió con el ceño fruncido, pese a que estaba llorando y se sentía totalmente humillado; el hombre frente a él, no era la persona que amaba.
—¡Pudrete, maldito hijo de perra! —le escupió en el rostro logrando que la sonrisa en el rostro de aquella persona desapareciera por completo.
Alastor entonces le clavó las garras de su mano libre en el abdomen, escuchando el alarido de Angel, este se retorció pero la presión solo aumento, hiriendolo más.
—¡Eres una puta! El lugar de las putas como tú es aquí —le gritó embistiendo mirando como las sábanas se manchaban de rojo—, ¿por qué mierda seguías con ese puto ciervo? ¿Por que tengo su puta forma ahora? —vociferó sin dejar de moverse con violencia— ¿Es que acaso te enamoraste otra vez estupida araña inservible? ¡Nunca nadie va a amarte, zorra!
Angel no respondió. Solo se quedó con los ojos cerrados soportando.
Pronto pararía, así es como era. No era la primera vez que le pasaba, pero si era la más dolorosa; por el simple hecho de que quien le hacía daño esa vez, era la imagen de Alastor. Angel sentía que estaba por perder el conocimiento a causa del dolor, cuando las luces a su alrededor comenzaron a titilar. Una fisura se abrió en la pared y de esta comenzaron a surgir sombras amorfas, de entre ellas un demonio con los ojos ardiendo en deseo por matar a alguien hizo acto de presencia. Alastor venía determinado a acabar con Vox de una vez por todas pero al verse así mismo violando a Angel, le hizo tener un corto circuito.
—No mires —pidió Angel entre lágrimas desde la cama, mientras Vox volvía a su forma normal con aquella sonrisa altiva en su monitor.
—Llegas tarde, Alastor.
Lo último que vió Angel antes de que el dolor le terminará de absorber, fue el cuerpo de Alastor deformandose.
