Capitulo siete
Edward POV
Nunca había visto a Alice suplicar de ese modo, si que eran fuertes sus sentimientos hacia Bella. Y la verdad es que no me extrañaba, lo poco que había hablado con ella me había demostrado que Bella no era para nada como las demás chicas. Era dulce y tierna y de repente sacaba las garras para defenderse de Alice y darle donde más le dolía. Y sus ojos… podría ver su alma a través de ellos, mirándolos me di cuenta de que era completamente sincera conmigo, hablábamos porque de verdad le apetecía, no porque yo fuese Edward Cullen.
– No es lo que piensas –murmuró Alice–, Bella sabes que te quiero y nunca haría nada a tus espaldas.
¿Qué no era qué? Si la pobre Bella supiese lo que Alice estaba preparando… yo tampoco lo sabía, pero la conocía y sabía que "sencillo" para ella tenía un significado diferente que para el resto del mundo. Y no pude evitar reír al ver la cara de pánico que puso Bella al oírla decir eso, por su reacción, parecía conocerla bien.
Después de un par de bromas por parte de Emmett conseguí separarlo de Bella, y nos fuimos los dos caminando hacia mi coche.
– ¿En que has venido? –le pregunté.
– Me ha traído Kate, pero ya se ha ido –contestó–. Te vi de lejos cuando pasábamos por allí y decidí parar aquí en lugar de ir a casa de tus padres. ¡WOW! Nunca me habías dicho que tienes un Volvo.
– Y no lo tengo… es de Bella –susurré sin levantar la cara para mirarlo.
– Y… si es de Bella, ¿por qué lo tienes tú? –preguntó sonriendo.
Y ya me conocía yo esa sonrisa.
– No es lo que piensas –le corté antes de que siguiese haciendo sus propias suposiciones.
– ¿Ah no? ¿Y qué es, Edward? ¡Ilumíname! –gritó.
– Bella es amiga de Alice, y me dejó su coche mientras yo esté aquí… no hay nada que explicar.
– ¿Y por qué estabas jugando con su hijo? –preguntó todavía sonriendo.
– Es su hermano… y yo solo… estaba siendo amable. Bella es amiga de Alice –me defendí… sin resultados obviamente.
– Si ya… lo que tu digas.
Emmett se metió en el coche y fuimos a casa de mis padres haciendo bromas y riéndonos por el camino. Cuando llegamos había varias furgonetas aparcadas frente al porche, y cuando intentamos entrar en casa tuvimos que sortear a algún que otro hombre con ropa de trabajo.
– ¿Qué es todo esto? –preguntó Emmett.
Yo ya sospechaba algo similar conociendo a Alice.
– Bella estará pronto de cumpleaños y Alice le está preparando una fiesta… ¡sorpresa! Así que no metas la pata, que tu bocaza y yo nos conocemos –le advertí.
– ¡FIESTA! –gritó alzando los brazos y moviendo las caderas ridículamente– ¿Habrá chicas?
– No sé para que preguntas… si después no les haces ni caso.
– Estoy esperado por ella –susurró.
– ¿Quién es ella?– pregunté
La cara de Emmett era muy seria, nunca lo había visto con esa expresión.
– La que me llegue a la patata –dijo palmeándose el pecho a la altura del corazón–. Sabes que tiene que ser alguien especial que pueda aguantarme… no valdría cualquier chica.
– ¿Quién está gritando por ahí? –dijo mi madre bajando las escaleras.
– ¡ESME! –gritó Emmett abalanzándose sobre ella y envolviéndola con sus enormes brazos.
Emmett era huérfano, su padre había muerto cuando él era pequeño y su madre un par de años atrás, desde entonces Esme lo había adoptado como otro más de sus hijos, lo adoraba. Emmett era un niño grande, con sus bromas, tonterías y travesuras siempre conseguía sacarte una sonrisa… pero cuando hacía falta ponerse serio no le resultaba difícil, era como el hermano mayor que Alice y yo no habíamos tenido.
Emmett me robó a Esme y se fue con ella escaleras arriba, y sin más un torbellino entró por la puerta principal arrasando con todo a su paso. Alice daba órdenes a los hombres, mientras a la vez colocaba rosas en un jarrón y hablaba por teléfono con alguien. Sólo con verla te daba a stress…
– ¿Conoces algún modo para calmarla? –preguntó una voz a mi espalda.
Me giré y Jasper estaba apoyado en la puerta con expresión cansada… que bien lo entendía, Alice cuando quería podía ser muy inquieta y activa, y a veces tanta actividad te cansaba mentalmente con solo verla y oírla.
– ¿Le has dado café? –le pregunté sonriendo.
Palideció y se llevo una mano a la frente.
– Lo siento tío– le dije palmeando su hombro– que te sea leve…
Comencé a caminar hacia las escaleras y ya estaba por subir el primer peldaño.
– Edward.
Me giré y ví que Jasper me estaba llamando, volví sobre mis pasos y me puse frente a él de nuevo, era más o menos de la misma altura que yo y sus músculos eran poco más grandes que los míos.
– Sé que no soy de tu agrado… pero no quiero hacerle daño a Alice –me dijo mirándome a los ojos.
Me rasqué la nuca algo nervioso. De sobras sabía que algún día tendría que enfrentarme al novio de mi hermana, pero había pasado tanto tiempo fuera de casa que había olvidado por completo que eso podría pasar. Quizás una parte de mi subconsciente todavía esperaba encontrarse con una niña de quince años con aparato en los dientes y acné. Suspiré y lo miré a los ojos.
– Más te vale… porque si no te mataré –lo amenacé.
Me di la vuelta para emprender de nuevo mi camino.
– La amo… –dijo con un suspiró.
Me paré en seco y giré sobre mis talones, seguro que mis ojos amenazaban con salirse de las órbitas y no los culpaba… estaba tan sorprendido por lo que acaba de oír…
– ¿Qué?
– Que la amo… Alice es lo que he estado buscando siempre, y no voy a dejarla escapar –sus ojos azules brillaban de emoción, y de verdad creí lo que estaba diciendo.
– No es a mí a quien tienes que decirle eso, ¿ella lo sabe? –le pregunté
– ¿Qué es lo que no sabe Alice? –me preguntó sonriendo.
Palmeé de nuevo su hombro y me di la vuelta para subir a mi habitación. Cuando llegué al pasillo oí voces en la que era la habitación de Emmett cuando se quedaba a dormir aquí. Supuse que estaba contándole alguna de sus batallas a Esme… así que me metí en mi habitación y me dejé caer sobre la cama. Me tapé la cabeza con la almohada apretándola contra mi cara y suspiré con fuerza.
Sin saber muy bien porque, mi mente comenzó a evocar los acontecimientos de la tarde, la conversación con Bella no dejaba de dar vueltas en mi cabeza, en verdad era una chica extraña, nunca había conocido a nadie como ella y eso que no sabía apenas nada de su vida. Noté como el colchón se hundía a mi izquierda y unas suaves manos atraparon las mías aflojando mi agarré y la almohada desapareció.
Yo tenía los ojos cerrados y todavía no había visto a mi "visitante" pero estaba seguro de quien era. Comenzó a acariciar mi cabello y en sus manos me volví a sentir como cuando tenía cinco años y todo era más sencillo.
– ¿Quién es ella? –susurró mi madre en mi oído.
Abrí los ojos sorprendido y la miré a los ojos.
– ¿Por qué tiene que haber una ella? –le pregunté.
Sonrió con esa dulzura que solo ella tenía y se tumbó a mi lado apoyando su cabeza en mi pecho sobre sus manos, mirándome fijamente a los ojos.
– Sé que hay una ella… conozco a mi hijo, nunca habías estado así.
– ¿Así como? –le pregunté.
– Edward… a mí no puedes engañarme… ¿es Tanya? ¿Los rumores son ciertos?
Mi cara debía de ser un poema… ¿Tanya? Si ya… ¿y quien más? ¿Jessica, la secretaria de mi padre?
– No es Tanya –le dije con una sonrisa.
– Entonces… sí hay ella –afirmó.
Suspiré y la abracé con fuerza contra mi pecho… era mi madre y podía confiar en ella… aunque había estado ausente durante mucho tiempo, ella continuaba siendo mi madre y lo seguiría siendo para siempre.
– Es… –dudé– es Bella –dije por fin.
Se levantó de repente y me miró con cara de sorpresa.
– ¿Bella? ¿Nuestra Bella? –preguntó en un murmullo.
Asentí y una sonrisa se delineó en sus labios.
– Es un amor de niña –dijo.
– Lo sé –musité– pero… no sé. Apenas nos conocemos y es amiga de Alice.
– ¿Y?
– Mamá –suspiré– No es tan sencillo, sabes como es mi trabajo y Bella no es el tipo de chica que sería feliz con eso.
Ella se sentó y apoyó su cuerpo sobre un brazo.
– Si a ella también le gustas, hará cualquier cosa –yo negué con la cabeza, me lo había dejado bien claro "no me gusta llamar la atención" estando conmigo lo haría–. Conozco a Bella, y te digo esto porque lo sé. Si de verdad te interesa, no la dejes escapar… pero no le hagas daño, todos la queremos y no nos gustaría que sufriera.
– Nunca le haría daño –murmuré mirando hacia otro lado.
– Lo sé Edward… eres todo un caballero– sonrió y volvió a tumbarse en mi pecho–. Sé que harás lo correcto.
Suspiró y se alzó un poco para besar mi frente.
– Pero debe saber que ella es muy difícil… tiene un carácter muy fuerte y sus principios muy arraigados –dijo con el ceño fruncido– te deseo suerte…
Se levantó y se encaminó hacia la puerta.
– ¿La aprobarías? –le pregunté.
Se giró y me encaró con una sonrisa.
– Eres tú quien tiene que aprobarla… si te hace feliz, para mí será la chica perfecta.
Salió de la habitación y yo me quedé pensativo mirando al techo. Cerré mis ojos y la imagen de Bella apareció en mi mente. Una sonrisa estúpida se me pegó a la cara… la puerta volvió a abrirse pero yo no le hice caso a mi nuevo visitante. Hasta que algo extremadamente pesado se puso sobre mí. Comencé a sacudirme y jadear en busca de aire hasta que Emmett se levantó y me miró sonriendo.
– Emmett ¿estás…?
– Nada, nada, nada… –me cortó–, ponte en pie que hoy hace sol, nos iremos a algún lugar a disfrutar el día… no quiero seguir encerrado.
Suspiré y resignado me puse en pie y lo seguí escaleras abajo…
