Resumen: Papillon por fin obtuvo los Miraculous de Ladybug y Chat Noir, y utilizó su deseo para cambiar la realidad. Marinette despierta en un nuevo mundo que el villano creó en su lugar, y tiene que enfrentar las consecuencias de su derrota.
Notas:
1) Los Personajes no me pertenecen, son propiedad de ZAG Heroes, y los créditos son de Thomas Astruc y su equipo.
2) Este fin está realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
3) Puede contener Spoilers de lo que ha aparecido en la tercera temporada
CIEN DÍAS
CAPÍTULO 17
Apartamento de los Graham de Vanily
Al mismo tiempo
Félix respiró hondo mientras que ponía la enorme bolsa de papel llena de pan sobre la mesa de la cocina. Acababa de pasar a la panadería de los Dupain y había conocido a los abuelos de Marinette, quienes a pesar de su carácter extrovertido y amargo eran tan amables como su nieta. El chico incluso se sintió un poco culpable de haber entrado a la panadería por primera vez con la intención de robarles a esas personas tan amables. Con Marinette y con sus abuelos, aquello no era necesario. La amable familia de boulangers le proporcionaron todo lo que necesitaba para alimentar a su madre y a sí mismo sin dudar, sin cobrarle y sin hacer ninguna pregunta al respecto.
-Todos los amigos de Marinetta son bienvenidos, gamin- le había dicho madame Dupain al pasarle la bolsa llena de pan, mientras que su esposo gruñía en voz baja quejándose del gobierno que seguramente tuvo algo que ver en la injusticia cometida a madame Graham de Vanily- y si tu madre o tú necesitan algo más, no dudes en hacérmelo saber-
No solo eso. Al escuchar que su madre estaba enferma, Gina les había dado un termo lleno de sopa recién hecha, diciéndole que era una receta de una nonna italiana y que eso ayudaría a que Amélie se recuperara pronto. Y hablando de su madre…
-¿Félix?¿Eres tú?-
El chico escuchó la voz de su madre desde su habitación tan pronto como entró al pequeño apartamento.
-Aquí estoy, maman- dijo Félix con una sonrisa triste mientras calentaba un poco de la sopa que los Dupain le habían dado y cortaba una baguette en trozos para llevarle de cenar a su madre.
Desde que logró pagar su fianza para sacarla de prisión gracias a su primo, Félix había visto a Amélie cada vez más enferma. No sabía exactamente qué era lo que le sucedía, pero supuso que lo había pescado durante su estancia en prisión. Su madre le había dicho que no era nada y que solamente necesitaba descansar.
Pero Félix no estaba convencido. Si seguía así, el chico tendría que llevarla al hospital a pesar de sus protestas.
Félix sirvió la sopa en un plato mientras que apretaba los dientes. No sabía cocinar, lavar o hacer cualquier otro quehacer doméstico. No sabía cómo iba a hacer para las cosas mejoraran.
Ah, y a diferencia de todo el resto de París, él recordaba bastante bien cómo eran las cosas antes de esa masa morada que había cubierto la ciudad y había cambiado la realidad.
No sabía si había sido por diseño o coincidencia, si Papillon lo había odiado o si se había olvidado de él al pedir su deseo, pero Félix recordaba su vida anterior en su totalidad. Recordaba que su familia era adinerada y prestigiosa, que vivía en un barrio exclusivo de Londres. Recordaba que su tío Gabriel lo odiaba y su tía Emilie lo amaba como si fuera su propio hijo. Recordaba a su primo Adrien, siempre en niño mimado y sobreprotegido a quien le tenía envidia de la suerte que tenía de ser un modelo famoso, pero que también tenía buen corazón, el cual había permanecido a pesar de lo que deseó Papillon.
Al principio, Amélie Graham de Vanily creyó que su único hijo se había vuelto loco cuando le contó sobre lo que sabía de su vida anterior. Félix hablaba de cuando eran millonarios, pero ella no podía recordar nada, por supuesto que no.
Félix puso la sopa en un tazón y tomó con cuidado el pan para llevarlo a la habitación de su madre.
-Cuidado, maman. Aún está caliente-
-Oh, muchas gracias, mon petit magicien- Amèlie le dirigió una sonrisa cansada, acariciando la mejilla de su hijo- los Dupain son muy amables para seguir ayudándonos-
-Oui, maman- dijo Félix tristemente saliendo de su habitación.
El chico recordaba muy bien a los Ladybug y Chat Noir del pasado, quien le habían dado una buena lección cuando intentó hacerse pasar por Adrien. Recordaba bien toda la historia en la que Papillon quería sus Miraculous. Aparentemente los había conseguido, y ese horrible cambio a su alrededor había sido culpa de su deseo.
Creyó que todo había terminado, pero de pronto los dos héroes aparecieron de nuevo como Lady Lionne y Bélier Noir, diciendo a los parisinos que los iban a salvar de algo de lo que ni siquiera estaban conscientes.
Una parte de él estaba molesta con los héroes por haber perdido, pero sabía que era Papillon quien había arruinado su vida. Se dejó caer derrotado en el sofá de la entrada, que se había convertido en su cama, y suspiró en voz alta.
Félix estuvo a punto de tomar un croissant para cenar cuando escuchó un golpe demasiado cerca del techo. Levantó la mirada sin saber que había pasado.
-¿Qué rayos…?- comenzó a decir, pero escuchó otro golpe, y el chico corrió a la ventana para asomarse.
Una sombra oscura estaba saltando por los techos hasta que se detuvo detrás de la chimenea en un balcón cercano. Félix entrecerró los ojos con curiosidad y, tras mirar atrás por un momento, decidió salir por la ventana y trepar hacia el techo.
X-x-x
Balcón de Marinette
Más tarde
Adrien seguía sollozando en los brazos de Marinette, su frente apoyada sobre su hombro sin que ella supiera qué era lo que le pasaba. No importaba en ese momento, necesitaba estar con ella, necesitaba sus abrazos como si fuera aire después de lo que pasó en su habitación. No quería volver jamás a su casa, a su habitación, donde Lila estuvo a punto de hacerle eso.
FLASHBACK
Habitación de Adrien Agreste
Poco antes
Aries se había escondido en uno de sus trofeos, seguramente para mantenerse fuera del radar de quien quiera que estuviera a punto de entrar a la habitación. Adrien se volvió a la puerta, y no se sorprendió ni un poco al ver a Lila. Su padre se lo había advertido, y la chica seguramente había ido a visitarlo para hacerlo rogar por su perdón.
Adrien utilizó todo su autocontrol para no rodar los ojos al ver la sonrisa engreída de la recién llegada. Y aunque hubo algo que no le gustó en su expresión, el chico se volvió valientemente hacia ella. No podía negar que le causaba conflicto que su padre estuviera involucrado y que pareciera estar de acuerdo con la manera en la que Lila maltrataba a sus amigos.
Lila cruzó la habitación sin que el chico la invitara a pasar, y finalmente se plantó frente a él, poniendo una de sus manos en el pecho del chico.
-¿Y bien, Adrien?- dijo Lila en un tono malicioso, ladeando la cabeza sin dejar de sonreír mientras que lo miraba de una manera que al chico definitivamente no le gustó- ¿acaso no tienes algo que decirme?-
Adrien dio un paso atrás instintivamente para alejarse de ella. ¡Realmente odiaba que le pusieran las manos encima, sobre todo sin su consentimiento!
-Ugh…- dijo el chico con paciencia- creo que tenemos que tener una conversación sobre lo que pasó en el colegio…-
-No te preocupes, mon chéri. Claro que acepto tu disculpa- dijo la chica lanzándose a él y echando sus brazos al cuello. Nuevamente Adrien trató de separarse de ella, pero esta vez sus garras estaban bien hundidas en sus hombros para evitar que se le escapara- ahora bésame y todo será perdonado-
El chico cerró los ojos mientras que todo venía de regreso a su mente. La expresión de Lila, la advertencia de su padre, las malas miradas de todos en el colegio… lo que Lila le hizo a Marinette…
Se llevó las manos al cuello y se quitó las de Lila, volviendo a separarse de ella con una expresión molesta.
-Ya basta, Lila- dijo Adrien en un tono firme- sé muy bien qué es lo que quieres de mí, pero yo no puedo dártelo. No estoy enamorado de ti y no quiero lastimarte. Y no importa cuánto dinero tengas, o cuánto amenaces a mi padre para que me obligue a hacer lo que quieres, nunca tendrás…-
Antes de que Adrien terminara de pronunciar su frase, la mano de Lila conectó con la mejilla del chico, tirándolo al suelo por el impacto y por la impresión. Adrien la miró con enormes ojos, asustado y dolido en partes iguales. Si no hubiera sentido el golpe en su mejilla jamás habría creído que la chica tuviera tanta fuerza.
-A ver si nos vamos entendiendo, Adrien- dijo Lila tomándolo del cuello de la camisa cuando el chico aún se intentaba poner de pie, todo su fingido tono empalagoso había desaparecido de su voz- no me importan en lo más mínimo tus sentimentalismos baratos ni nada que tengas que decirme. Para mí, para tus padres y para todo París no eres más que un muñeco que debe hacer lo que se le ordena. Tus opiniones y emociones no le importan a nadie-
Un golpe se escuchó desde el trofeo donde su kwami estaba escondido, y Adrien supo que Aries estaba furioso con lo que acababa de escuchar, pero no tenía tiempo de pensar en ello. Lila lo había hecho ponerse de pie y lo empujó contra su enorme ventana.
-Ahora, vas a cerrar la boca y vas a hacer todo lo que te ordene si no quieres pasarla muy mal- continuó la horrible chica, llevando sus manos a la camisa de Adrien y deshaciendo el primer botón.
-No, basta- dijo Adrien quitándole las manos de encima y apartándose de ella, refugiándose en la esquina entre la ventana y la pared- ¡no me toques! ¿Qué te sucede?-
-Parece que sigues sin entender, mon chéri- continuó Lila caminando hacia él con voz melosa pero con un claro tono de advertencia- no tienes ninguna opción más que hacer lo que quiero. Si no lo haces, me encargaré de hacer de tu vida un infierno-
Adrien no se movió. No era que no le creyera a Lila, pero si le decía a su padre lo que la chica quería hacerle, seguramente entendería porqué se negó. No quería que le pusiera sus manos encima, y ambos eran aún menores de edad de todos modos.
-Ahora, si sigues resistiéndote, le dirá a todo París que me golpeaste y que abusaste de mí-
El corazón del chico se detuvo al escuchar eso. Su cuerpo tembló involuntariamente y el chico no pudo hacer nada para disimularlo. Aquello no pasó desapercibido de Lila, pues a pesar de la poca luz que quedaba ahora que se había puesto el sol, era evidente que todo color había abandonado la piel de Adrien.
-No… no puedes…-
-Claro que puedo, chéri- dijo Lila volviendo a acercarse a él- sería una pena que tu reputación de niño bueno se viera destruída. Que tu papa fuera a prisión por tu culpa. Que tu maman muera de pena y de vergüenza porque su hijo querido es un violador-
-No… no es…-
-¿A quién crees que van a creer?- lo interrumpió Lila, sonriendo aún más al ver lo aterrado que estaba el chico- ¿al modelo desconocido o a la chica favorita de París, hija del alcalde y a la pobre víctima de tus abusos?-
La horrible mujer casi podía oler el miedo en su presa.
-Sabes lo que te van a hacer si te acuso, ¿verdad?- continuó Lila- te van a dejar encerrado toda tu vida en una celda de dos metros cuadrados, sin volver a ver a nadie-
Adrien estaba horrorizado, temblando y más asustado de lo que había estado en toda su vida. La idea de arruinarles la vida a sus padres, de pasar encerrado con lo claustrofóbico que era, todo eso era aterrador para él.
Apenas fue consciente de que Lila estaba comenzando a quitarle la bufanda. Adrien se quedó inmóvil, congelado de horror mientras que la chica le arrancaba la prenda y la dejaba caer al suelo. Su temblor no mejoró ni un poco cuando las manos de Lila comenzaron a tocar su pecho y rodearle la espalda.
-Quítate la camisa y acuéstate en la cama- le ordenó Lila mientras se quitaba su suéter y sus zapatos. Añadió al ver que el chico aún no se movía sin dejar de sonreír de la misma manera- ¡hazlo ahora o te arrepentirás!-
El chico se volvió hacia ella con los ojos llenos de lágrimas.
-Por favor…- dijo Adrien en tono de súplica. Realmente no quería hacer eso, y estaba aterrorizado.
-Ya te dije que tienes dos opciones, chéri- dijo Lila señalando su celular, como si estuviera a punto de realizar la llamada que arruinaría su vida si no la obedecía inmediatamente- ¿qué va a ser?¿Obedecerme o perder tu reputación?-
-Por favor…-
-¿Realmente quieres hacerme enojar, mon mignon?-
Adrien supo que no tenía otra opción, no podía hacer nada defenderse de ella. Comenzó a deshacer los botones de su camisa entre sollozos.
-Por favor…- repitió el chico sin disimular el terror que sentía, pero Lila no parecía ceder ni ablandarse por sus súplicas o sus lágrimas. Una vez que se quitó la camisa, Adrien volvió a mirarla suplicante, y por su falta de respuesta se sacó la playera interior.
-Buena decisión, mon chéri- dijo Lila señalando la cama de Adrien. El chico caminó hacia ella, mirando de reojo a Aries, quien miraba con una expresión horrorizada. ¿Acaso Aries podía salvarlo de eso? Podía llamar a su lady, pero sería demasiado tarde para cuando llegara, y no quería que ella lo viera así. No quería que nadie lo viera así.
El kwami pareció haber entendido su mirada horrorizada, pues salió de la habitación cruzando la pared.
"No quiere ver lo que Lila me va a hacer", pensó Adrien, sintiendo una punzada de agradecimiento a su kwami, quien no quiso ser testigo de esa humillación. Ojalá hubiera algo más que pudiera hacer, pero sus padres estaban cenando fuera, y no había nadie en la casa. No había manera de que alguien lo rescatara de lo que iba a pasar.
-Acuéstate- repitió Lila.
Obedeciendo la orden, Adrien se dejó caer sobre su cama y cerró los ojos, los cuales aún seguían derramando lágrimas mientras que sus sollozos resonaban en la habitación. Apretó los puños y dobló los dedos de los pies, esperando lo inevitable. Pensó en Marinette y extrañamente en Plagg. Él sabría que hacer, Plagg lo habría podido salvar, así tuviera que destruir todo París para que nadie lo tocara.
Lila puso sus manos en los hombros de Adrien, quien no pudo evitar alejarse de su toque al sentir una gran repulsión. La chica volvió a poner las manos firmemente sobre él.
-Por favor, no me hagas esto…- sollozó él sin abrir los ojos.
La chica lo ignoró, sonriendo satisfecha de que sus amenazas hubieran funcionado en el chico. Por supuesto que no haría nada de lo que había amenazado a Adrien. Ella y Gabriel eran aliados, después de todo, pero el tonto no necesitaba saberlo. Esas amenazas lo habían puesto de vuelta en su sitio tras su estúpido intento de rebeldía en el colegio.
-Muy bien- dijo Lila satisfecha de sí misma- ahora voy a…-
Antes de que la horrible mujer terminara su frase se escuchó un fuerte golpe en el pasillo, como si algo muy grande se hubiera quebrado. Aquello alertó a Lila, pero cuando estuvo a punto de continuar, alguien llamó a la puerta, sobresaltando a la chica.
-Ugh, ¿ahora qué?- dijo en voz alta.
-Lamento la interrupción, mademoiselle Rossi- dijo la voz de Nathalie del otro lado de la puerta- pero madame Agreste está buscando un libro y está segura de que está en la biblioteca de Adrien. Quiere que esté en su habitación antes de que regrese a cenar-
Aquella interrupción hizo que Adrien sintiera una oleada de esperanza. ¿Acaso Nathalie lo iba a salvar?
-Ahora no- gritó Lila, molesta por la interrupción, encajando sus uñas en los hombros del chico- estamos ocupados, así que piérdete-
Silencio. Adrien esperó con horror a que hubiera una respuesta. Casi vio la sonrisa triunfal de Lila cuando finalmente Nathalie respondió.
-Lo lamento, mademoiselle, fueron órdenes de monsieur Agreste- dijo la mujer del otro lado de la puerta- quiere que su esposa tenga todo lo que desea-
Lila resopló furiosa ante esa respuesta, pero sabía que no tenía opción. Si no abría la puerta, Nathalie iba a sospechar que algo andaba mal, sobre todo si veía las lágrimas de Adrien. Se volvió hacia el chico.
-La próxima vez tendremos toda la noche para nosotros, mon chéri. Y si alguien llegara a saber lo que sucedió aquí, tus queridos padres serán los primeros en sufrir las consecuencias. No querrás que maman querida sufra, ¿verdad?- dijo Lila maliciosamente antes de volver a ponerse su suéter y sus zapatos antes salir de la habitación.
Adrien se quedó tumbado en la cama, aún medio desvestido y paralizado de horror cuando Nathalie entró a su habitación. La mujer ni siquiera se volvió a mirarlo. Subió a su biblioteca y rápidamente encontró el libro que necesitaba.
Nathalie lo dejó solo y Aries regresó, nuevamente cruzando la pared para acercarse a él
-¿Adrien?- dijo el pequeño carnero- ¿te encuentras…?-
Pero el kwami ni siquiera terminó la frase cuando el chico se volvió hacia él con los ojos llenos de lágrimas y temblando de terror. Había sido testigo de una buena parte de lo que había sucedido, y no le sorprendía en lo más mínimo lo que había pasado. ¿Cómo se atrevía a hacerle algo así? Realmente no soportaba verlo así.
Él no podía hacer nada para ayudarlo, pero sabía quién podía.
-Adrien…-
-De…déjame…- dijo él entre sollozos.
El kwami miró preocupado a su portador sin saber qué hacer. Podía ayudarlo a sentirse mejor, pero tenía la impresión de que no iba a ser suficiente. Se posó en su pecho y su suave lana comenzó a brillar, ayudándolo a tranquilizarse y a sentirse mejor.
-Adrien, escúchame por favor- dijo Aries tras unos minutos, dándole oportunidad a que se desahogara un poco- tienes que ir con Marinette. Ella sabrá qué se puede hacer-
-No se puede hacer nada…-
-No digas eso- dijo Aries sin dejar de brillar junto a él- sabes que Marinette… Ladybug, siempre encuentra la solución a todo-
El chico dejó de sollozar por un momento y asintió sin sonreír. Si había alguien que podía mejorar la situación, esa era Marinette.
-Tienes razón- dijo Adrien intentando limpiarse los ojos con el dorso de su mano- vamos. A…Aries, transfórmame-
FIN DEL FLASHBACK
Adrien pudo sentir un brazo de Marinette rodeando su espalda, frotándola en círculos para ayudarlo a calmarse. Su otra mano comenzó a acariciar sus cabellos.
-Shhh…- le dijo en voz baja, sentándose en el suelo del balcón mientras que lo atraía hacia sí misma- todo está bien, chaton. Estás aquí conmigo. No voy a dejar que nadie te haga daño de nuevo…-
Los sollozos de Adrien no disminuyeron a pesar de sus palabras. Los ojos de Marinette pasaron por un momento hacia Aries, quien le susurraba a Leo lo que había pasado. El pequeño león estaba cada vez más furioso, y Marinette temía escuchar la historia de porqué el chico que amaba estaba tan aterrorizado.
Apoyó con cuidado su mejilla sobre la cabeza de Adrien, y sintió los brazos del chico aferrarse aún más a ella como si su vida dependiera de ello. Algunas frías gotas de lluvia comenzaban a caer sobre ellos, además de que Adrien estaba medio desvestido.
-Adrien… chaton- dijo Marinette sin dejar de abrazarlo- vamos dentro de mi casa, está haciendo mucho frío, parece que pronto va a comenzar a llover y…-
-Lila trató de abusar de mí- dijo de pronto Adrien en tono ronco.
Marientte se quedó helada, segura de haber escuchado mal. Sabía bien que Lila era horrible, pero de ahí a hacer algo tan bajo como eso… aunque ahora que lo pensaba bien, no tenía que sorprenderse. Para Lila, Adrien era un trofeo, un muñeco con el que podía hacer y deshacer cuanto quería. Miró de reojo los hombros del chico y las marcas de uñas que estaban en su piel.
Aún así hizo la pregunta, esperando haber escuchado mal.
-¿Qué dijiste?-
-Lila… trató de abusar de mí- repitió el chico entre hipos- père y ella tienen una especie de acuerdo… ma lady, estoy seguro de que mi padre es…- la apretó con un poco más de fuerza otra vez- por la teoría de… por la teoría del maestro Li Jun, mi padre debe ser Papillon-
Marinette no dijo nada. Ella misma había sospechado lo mismo, pero aquello último apoyaba su teoría. No tenían pruebas contundentes, pero era muy probable que Gabriel Agreste fuera de quien tenían que cuidarse de ahora en delante.
La chica sacudió su cabeza. Justo ahora no podía preocuparse por eso: lo más importante y urgente era que esa horrible mujer había herido a su chaton. Sentía su interior hervir de furia, pero tenía que calmarse o no podría ayudar a Adrien.
-Vamos dentro, chaton- dijo Marinette en un susurro, aún frotando su espalda en círculos mientras intentaba consolarlo- estás helándote y está a punto de llover. Vamos, estoy segura de que con un poco de chocolate caliente podemos encontrar una solución-
Adrien se separó un poco de ella para asentir, aunque por su expresión el chico estaba completamente destruido. No sonrió pero tampoco se separó de ella.
-Tienes razón, ma lady. Vamos- dijo casi sin aliento
Marinette se levantó y le ofreció su mano para ayudarlo a ponerse de pie. Adrien aceptó su ayuda, encogiendo la espalda por el frío de la noche. Ella se inclinó para abrir el tragaluz de su habitación, pero antes de que pudiera hacerlo, ambos escucharon un ruido detrás de la chimenea del balcón. Ambos palidecieron y Marinette se volvió hacia la chimenea, pensando que estarían en graves problemas si ese ruido era Lila y había seguido a Adrien.
-¿Quién anda ahí?- demandó saber Marinette, interponiéndose entre la chimenea y Adrien. El chico cayó de rodillas de nuevo gimiendo de terror; sus nervios ya estaban completamente destruídos para esas alturas.
No hubo respuesta, y Marinette comenzó a inquietarse, preguntándose repetidamente si debía transformarse o no.
-¿Quién anda ahí?¡Responde!- repitió Marinette.
-Woa woa, no hay necesidad de ponerse agresiva- dijo una voz masculina proveniente del otro lado de la chimenea.
Adrien y Marinette levantaron la mirada alarmados. La voz era bastante conocida para ambos, pero no podían identificar a quién pertenecía.
-¿Quién eres?-
Nuevamente el desconocido los dejó sin respuesta.
-Ça suffit!- Marinette infló las mejillas y tomó una taza que estaba sobre su mesita, lanzándola al sitio donde había escuchado la voz. Ambos escucharon la taza quebrándose y un gemido de dolor.
-Ouch…- se quejó la voz- ¡no es necesaria la agresividad!-
Marinette frunció el entrecejo, aún en guardia, cuando detrás de la chimenea apareció la expresión con una sonrisa apenada de un chico rubio, bien acicalado a pesar de sus ropas sucias. Sus ojos verdes miraron a Marinette, y luego pasó su vista a Adrien, quien estaba también extrañado de verlo.
-¿Tú…?-
-Lamento haberlos sorprendido, Ladybug y Chat Noir- dijo Félix Graham de Vanily cruzando los brazos- como buen vecino, me asomé creyendo que se trataba de un ladrón intentando entrar a la panadería, pero esto es mucho más interesante-
X-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! No me maten aún, porque si lo hacen no podrán saber qué pasa después. ¡Paciencia! Muchas gracias a todos por sus reviews, nos leemos pronto.
Abby L.
