Convivencia Explosiva

—Capítulo 17—

Falso Orgullo


"Te llevarás la herencia de mi madre", Seijūrō murmuraba, mientras caminaba por la avenida principal rumbo a la casa de Los Locos Adams. Los domingos aprovechaba para hacer un poco de ejercicio. Subir de peso no era una de las cosas que se permitiera como sus compañeros Taiga y Tatsuya, aunque no fuese un cambio que se notase a la vista, pero sí en el número de la balanza.

Seijūrō cruzó la calle y se encontró cara-a-cara con Taiga, estaba transpirando bastante. Su amigo se había levantado temprano para salir a correr, pero ya llevaba más de 10 kilómetros. Taiga no se detuvo a saludarlo. Le pareció extraño el malhumor del tigre, quien era el último en amargarse. Dos cuadras más abajo, se topó con Tatsuya en las mismas condiciones que Taiga. Comenzaba a comprender.

—¿Se lo dijiste? —preguntó alcanzándole la botella de agua que estaba en el piso—. Vi a Taiga, estaba molesto, no me dirigió la palabra.

—Le insinué que, tarde o temprano, Kazunari iba a salir con alguien más —contestó. Tatsuya se quitó el sudor del rostro con las manos. Algunas gotas habían sido lágrimas—. Si se molestó con una tonta insinuación, si le digo la verdad, creo que perdería a un buen hermano.

—Descuida. Estoy seguro de que Taiga será comprensivo si eres sincero con él.

Era lo único que le diría. Se despidió y continuó por largo rato sin ver nada en especial. La mente la mantenía ocupada. Estaba pendiente todavía la conversación que tendría con Makoto. Él lo ayudaría a disciplinar a Daiki, aunque Makoto no estuviera enterado aún de la jugarreta de Kazunari. Confiaba en el halcón y no dudaba de su capacidad para convencer a Shintarō, pero eso le molestaba. Estaba fastidiado desde la plática que tuvo con él, aunque no lo quisiese admitir: Kazunari seguía siendo muy importante para Shintarō, a pesar del daño que le ocasionó.

¿Crees que permitirá que vuelvas a rondar en su vida? No seas iluso, Kazunari —le dijo escéptico aquella tarde, más por su orgullo—. Shintarō ha superado el pasado.

¿Ah~? ¿Quieres apostar?

Si te apetece perder —respondió sin pensar, enojado consigo mismo por el impulso—. Cuando Shintarō te rechace, desaparecerás de su vida. Es por su salud mental.

Hay que aprender a controlar los celos~, señorito-aires-de-superioridad —Kazunari dijo divertido—. Como quieras, yo me esfumo, pero si yo gano, me darás un dúplex amoblado, pagado en cómodas cuotas mensuales, en un plazo de 30 años, sin ningún tipo de interés —dijo dibujando una gran sonrisa— ¿Me das la mano~? Tatsu-chan dice que así se cierran los buenos tratos occidentales.

Había tirado la piedra, no era de valientes retirarse. Akashi estiró el brazo, pero Takao negó con la cabeza. Sacó una mano y escupió en ella, enseñándole cómo iba a hacer. Seijūrō tragó saliva, era un acto repugnante, pero aceptó el desafío de esa vulgar forma occidental.

Por una insensatez, había caído precisamente en la trampa, porque horas más tarde cuando entró a su habitación, se dio cuenta que había perdido. Takao lo había cogido en sus cinco minutos de estupidez. Los humanos erraban, como la equívoca decisión de mudarse junto con sus amigos a esa casa, que se había convertido en la perdición cosificada.

Akashi se distrajo de sus pensamientos al sentir la vibración de su celular, Mibuchi lo estaba llamando. Se extrañó, eso le daba a entender que se avecinaba una mala noticia de parte de sus amigos de Rakuzan. Hace menos de dos días, Chihiro también había estado tratando de comunicarse con él, pero por falta de interés y de tiempo, no lo atendió.

—Sei-chan, ¿dónde rayos te metes? Mayuzumi-san ha-…

—¿Qué sucede, Reo? —preguntó cortando los reclamos—. He estado indispuesto por los días de exámenes en la universidad. Kotarō lo sabe.

—Kotarō ha faltado a la universidad casi un mes, ha estado muy deprimido —Reo le contó brevemente—. Su madre me llamó desesperada, porque no sabe cómo sacarlo del cuarto.

—¿Qué le pasó? —Akashi había parado de caminar— ¿Tuvo alguna complicación el parto de su esposa?

—Bueno fuera, pero no —murmuró—. La desgraciada esa solo quería sacarle dinero, porque el niño no era de él. Es una larga historia, por favor ve para su casa, estamos todos aquí.

—… Está bien, estaré llegando en media hora —dijo antes de cortar.

Al parecer, todos vivían con altos y bajos. Akashi levantó la mirada y vio a Midorima allí. Estaba a unos pocos pasos. Había ido a visitar a Kise para darle la noticia de su nuevo conviviente, mientras que Kazunari se había quedado en la casa ayudando a Hara a preparar sus maletas.

Ryōta no se lo tomó de la mejor manera, pero tampoco replicó. Medía las palabras cuando Midorima estaba frente a él, no era idiota. Además, intuía que Seijūrō estaba detrás de todo eso y con quien iba a pelear, sería precisamente con el pelirrojo. No caería en esas tontas provocaciones, ni se pelearía con Shintarō por ello, todavía.

—Hola. —Midorima lo saludó— ¿También sales a correr?

Akashi negó e intentó seguir, pero Midorima lo retuvo por la muñeca. Esas semanas, Seijūrō había sido seco y cortante con él por una razón implícita justificable, pero no le había hecho reclamos de ningún tipo hasta el momento.

—Discúlpame, no sabía que tenía una relación con Kise. Ya sabrás que yo pensé que… no lo sé, pero discúlpame. —Repitió avergonzado.

—No estoy enojado, solo evito tener contacto contigo por el bien de mi amistad con Ryōta. Te dije que serían solo encuentros, no seamos convencionales —respondió con frialdad, era orgulloso.

—No sé qué diablos era para ti, Akashi, pero ya sabrás que yo no te tomaría como-…

—Para obviar esto —dijo interrumpiéndolo—, estoy saliendo con Atsushi, Shintarō. Y si me lo permites, felicidades por tu nueva relación.

—¿Qué?

—Estabas confundiéndote conmigo —dijo retirándole la mano con un leve pellizco—. No existía sentimientos entre nosotros y seguiríamos siendo amigos, pero por respeto a Ryōta no lo hago. —Aclaró.

Como no obtuvo respuesta de su amigo, Akashi se despidió, pero cambió de ruta. La casa de Hayama quedaba para el noroeste, no para el sur. Midorima no volteó a verlo, pero se quedó un momento sin moverse. Seijūrō caminó un par de cuadras más y tomó un taxi. Si no se apresuraba, Reo lo estaría atormentando con más llamadas.