Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling
Este capítulo fue empezado el 25 de enero, aproximadamente unos seis meses después de publicar el otro.
Y otra cosa más. Ya sabéis que en la lectura hay dos Regulus, Regulus (hijo de Sirius y Sally) y Reg (que sería el hermano de Sirius). Como veis al hermano lo llamo Reg y al hijo Regulus, pero estaba pensando en empezar a llamar Reggie al hijo de Sirius, para evitar así confusión y que cuando hablé Regulus la gente sepa que es el hijo de Sirius y no el hermano.
Cuando Harry despertó a la mañana siguiente, tardó unos minutos en recordar todo lo ocurrido en el día anterior.
Ah, sí pensó al final. Tengo que participar en el Torneo... o tendré que participar. Harry se incorporó. Irremediablemente su mirada se colocó justo encima de la cama dónde dormía su mejor amigo. Y, además, estoy peleado con Ron... o al menos lo estoy en el libro.
Si Harry no hubiese escuchado a Ron y a Hermione hablar entre ellos el día anterior, lo más probable es que el chico, en esos momentos, estuviese molesto con su mejor amigo. Pero tras escuchar como el pelirrojo le profesaba sus inseguridades a la castaña, Harry no podía evitar tener simpatía por él. De haber sido el caso contrario, probablemente Harry también habría reaccionado como Ron.
Tengo que hablar con él, cuanto antes pensó.
Por desgracia no tuvo la ocasión de hacerlo y, antes de lo que se esperaba, terminaron el desayuno y se reunieron alrededor para poder continuar leyendo.
—Si no recuerdo mal, ahora me toca leer a mí —dijo McGonagall, mientras tomaba el libro—. El colacuerno húngaro... Potter, ¿por qué el título de este capítulo es el de uno de los dragones más peligrosos del mundo?
—Ni idea, profesora —respondió Harry—. Ni siquiera era consciente de que existía una raza llamada "colacuerno húngaro".
La perspectiva de hablar cara a cara con Sirius fue lo único que ayudó a Harry a pasar las siguientes dos semanas,
Nadie hizo ningún comentario al respecto pero, por la expresión de Ron, podían ver que este estaba incómodo con esa información.
la única luz en un horizonte que nunca había estado tan oscuro. Se le había pasado ya un poco el horror de verse a sí mismo convertido en campeón del colegio, y su lugar empezaba a ocuparlo el miedo a las pruebas a las que tendría que enfrentarse. La primera de ellas estaba cada vez más cerca.
—Lo único que puedes hacer en estos momentos es prepararte lo mejor posible —dijo Lily—. No importa si quedas en última posición, lo importante es que vuelvas sano y salvo.
—Aunque si intentas ganar tampoco vamos a reprochártelo —añadió James.
Se la imaginaba agazapada ante él como un monstruo horrible que le cerraba el paso.
—Vaya, ¿qué clase de monstruo horrible?
—¿Y yo qué sé?
Nunca había tenido tantos nervios. Sobrepasaban con mucho lo que hubiera podido sentir antes de un partido de quidditch, incluido el último, jugado contra Slytherin, en el que se habían disputado la Copa de quidditch.
—Bueno, si en ambos casos pierdes, seguramente te conviertas en el hazmerreír de la escuela —dijo Ron.
—Aunque sería peor si llegase a quedar mal en las pruebas, ya que casi todos en la escuela parecen creer que Harry fue quién entró por toda la cara —señaló Hermione.
Le resultaba muy difícil pensar en el futuro, porque sentía que toda su vida lo había conducido a la primera prueba... y que terminaría con ella.
—No me seas dramático, ¿quieres? —suspiró Ginny—. Te recuerdo que habrán profesionales y medidas de seguridad.
—Sí, ya ves lo bien que han ido hasta ahora esas medidas de seguridad —replicó Harry con cierto sarcasmo.
En realidad no creía que Sirius lograra hacerlo sentirse mejor en lo que se refería a ejecutar ante cientos de personas un ejercicio desconocido de magia muy difícil y peligrosa,
—No. Pero si que puedo darte consejos —dijo Sirius.
pero la mera visión de un rostro amigo lo ayudaría. Harry le mandó la respuesta diciéndole que se encontraría al lado de la chimenea de la sala común a la hora propuesta, y que Hermione y él pasaban mucho tiempo discutiendo planes para obligar a los posibles rezagados a salir de allí la noche en cuestión.
—Siendo a la una de la noche, lo más probable es que ya este vacía la sala común —dijo Lily.
En el peor de los casos, estaban dispuestos a tirar una bolsa de bombas fétidas,
—Solo por eso, nosotros estamos dispuestos a quedarnos hasta la una esa noche —dijo Fred.
aunque esperaban no tener que recurrir a nada de eso, porque si Filch los pillaba los despellejaría.
—Pues suerte que Filch no tiene la costumbre de rondar los alrededores de la Torre de Gryffindor a la una de la noche —comentó James.
Mientras tanto, la vida en el castillo se había hecho aún menos llevadera para Harry,
Harry gimió.
porque Rita Skeeter había publicado su artículo sobre el Torneo de los tres magos
—Claro, el artículo... —suspiró.
, que resultó ser no tanto un reportaje sobre el Torneo como una biografía de Harry bastante alterada.
—¿Cómo... de alterada? —preguntó Harry con algo de miedo.
—No creo que quieras saberlo —le aseguró Arthur.
La mayor parte de la primera página la ocupaba una fotografía de Harry, y el artículo (que continuaba en las páginas segunda, sexta y séptima)
—¿Y qué necesidad hay de dividir el artículo en páginas separadas? —preguntó Ginny—. Porque vamos, digo yo que sería más eficaz hacerlo todo seguido.
no trataba más que de Harry. Los nombres (mal escritos) de los campeones de Durmstrang y Beauxbatons
Tanto Fleur como Viktor se limitaron a mirar el libro en manos de la profesora de Transformaciones.
no aparecían hasta la última línea del artículo, y a Cedric no se lo mencionaba en ningún lugar.
Ahora fue Cedric quien se quedó mirando el libro.
El artículo había aparecido diez días antes, y, cada vez que se acordaba de él, Harry todavía sentía ardores de estómago provocados por la vergüenza.
—Los estoy sintiendo aquí sin necesidad de leer el artículo —gruñó Harry.
El artículo de Rita Skeeter lo retrataba diciendo un montón de cosas que él no recordaba haber dicho nunca, y menos aún en aquel cuarto de la limpieza.
Supongo que les debo mi fuerza a mis padres. Sé que estarían orgullosos de mí si pudieran verme en este momento... Sí, algunas noches aún lloro por ellos, no me da vergüenza confesarlo... Sé que no puedo sufrir ningún daño en el Torneo porque ellos me protegen...
Pero Rita Skeeter no se había conformado con transformar sus «eh...» en frases prolijas y empalagosas. También había entrevistado a otra gente sobre él.
Finalmente, Harry ha hallado el amor en Hogwarts: Colin Creevey, su íntimo amigo, asegura que a Harry raramente se lo ve sin la compañía de una tal Hermione Granger, una muchacha de sorprendente belleza, hija de muggles y que, como Harry, está entre los mejores estudiantes del colegio.
—¿Sabéis? Creo que empiezo a entender el odio que se le tiene a Skeeter —dijo Harry.
Desde que había aparecido el artículo, Harry tuvo que soportar que la gente (especialmente los de Slytherin)
—Me hubiesen decepcionado mucho si no aprovechaban la situación para seguir metiendo mierda —murmuró Harry.
le citaran frases al cruzarse con él en los pasillos e hicieran comentarios despectivos.
—¿Quieres un pañuelo, Potter, por si te entran ganas de llorar en clase de Transformaciones?
—¿Desde cuándo has sido tú uno de los mejores estudiantes del colegio, Potter? ¿O se refieren a un colegio fundado por ti y Longbottom?
—¡Eh, Harry!
Más que harto, Harry se detuvo en el corredor y empezó a gritar antes de acabar de volverse:
—Y seguro que es algún conocido o amigo suyo —dijo Remus.
—¿Cómo estás tan seguro? —preguntó James.
—Le han llamado por su nombre en vez de por su apellido —respondió el hombre lobo.
—Sí, he estado llorando por mi madre muerta hasta quedarme sin lágrimas, y ahora me voy a seguir...
—No... Sólo quería decirte... que se te cayó la pluma.
—Oh —dijo Fred.
Era Cho.
—Doble oh —añadió George.
Harry se puso colorado.
Lo mismo ocurrió con el Harry de la sala.
Ginny lo miró, dividida entre reírse o golpearle.
—Ah, perdona —susurró él, recuperando la pluma.
—Buena suerte el martes —le deseó Cho—. Espero de verdad que te vaya bien.
Harry se sintió como un idiota.
A Hermione también le había tocado su ración de disgustos, pero aún no había empezado a gritar a los que se le acercaban sin ninguna mala intención.
—Tú tampoco deberías hacerlo, Harry —dijo Hermione.
El chico dejó escapar un suspiro.
—Lo tendré en cuenta.
De hecho, a Harry le admiraba la manera en que ella llevaba la situación.
—¿De sorprendente belleza? ¿Ella? —chilló Pansy Parkinson
—Pues anda que fue ha hablar una —masculló Ron.
Aunque el pelirrojo tenía que reconocer que sin contar la actitud arrogante y soberbia que Parkinson solía mostrar en su rostro, la chica era bastante linda. Eso sí, aquel era un pensamiento que jamás expondría ante nadie.*
la primera vez que la tuvo cerca después de la aparición del artículo de Rita Skeeter—. ¿Comparada con quién?, ¿con un primate?
—No hagas caso —dijo Hermione con gran dignidad irguiendo la cabeza y pasando con aire majestuoso
—Eso es, Hermione. Demuestra que eres una reina —dijo George.
por al lado de las chicas de Slytherin, que se reían como tontas—. Como si no existieran, Harry.
Pero Harry no podía pasar por alto las burlas. Ron no le había vuelto a hablar después de decirle lo del castigo de Snape.
Ron ya se imaginaba que ese sería el caso, pero igualmente se sentía irritado con su yo del futuro.
Harry había tenido la esperanza de que hicieran las paces durante las dos horas que tuvieron que pasarse en la mazmorra encurtiendo sesos de rata,
—Pues mira que es raro. Esas cosas suelen unir —dijo Charlie.
pero coincidió que aquel día se publicó el artículo de Rita Skeeter,
—Pues mira que ha sido casualidad —suspiró Bill.
que pareció confirmar la creencia de Ron de que a Harry le encantaba ser el centro de atención.
Hermione estaba furiosa con los dos.
Harry y Ron intercambiaron una mirada, compadeciéndose un poco del mal trago que le estaban haciendo pasar a su amiga.
Iba de uno a otro, tratando de conseguir que se volvieran a hablar, pero Harry se mantenía muy firme:
—Siendo James y Lily ambos unos tozudos, no podía esperar menos de su hijo —comentó Remus, divertido.
sólo volvería a hablarle a Ron si éste admitía que Harry no se había presentado él mismo al Torneo y le pedía perdón por haberlo considerado mentiroso.
—Yo no fui el que empezó —dijo Harry testarudamente—. El problema es suyo.
Hermione le dirigió una mirada a Harry que parecía decir "¿Puedes sonar más infantil?"
—Harry tiene razón —dijo en ese momento Ron—. Fui yo quién empezó la pelea.
—Yo tengo la culpa, Ron —dijo Harry—. Tendría que haberte contado mis sospechas, en vez de quedarme callado.
—No. Te digo que todo es responsabilidad mía.
—Y yo te digo que la culpa es mía.
—¿En serio os vais a poner a discutir aquí fuera? —exclamó Ginny, interrumpiendo a los dos.
—¡Tú lo echas de menos! —repuso Hermione perdiendo la paciencia—. Y sé que él te echa de menos a ti.
—¿Que lo echo de menos? —replicó Harry—. Yo no lo echo de menos...
—Se nota que eres muy sincero —dijo Emily con burla.
Pero era una mentira manifiesta.
—Ni nos habíamos dado cuenta.
Harry apreciaba mucho a Hermione, pero ella no era como Ron. Tener a Hermione como principal amiga implicaba muchas menos risas y muchas más horas de biblioteca.
—Pues más horas de biblioteca tampoco le vendrían mal, señor Potter —interrumpió McGonagall.
—Pero si mis notas no son tan malas —replicó Harry.
—Pero podrían ser mejores.
Harry seguía sin dominar los encantamientos convocadores;
Eso preocupo un poco a Harry. Aunque nunca se había considerado un as en el tema en Encantamiento, jamás había tenido dificultad en un encantamiento como estaba demostrando en esos momentos en el libro.
—Seguro que tiene que ver con todo lo que esta ocurriendo con el torneo y demás —dijo Hermione, notando las preocupaciones de su amigo.
parecía tener alguna traba con respecto a ellos, y Hermione insistía en que sería de gran ayuda aprenderse la teoría. En consecuencia, pasaban mucho rato al mediodía escudriñando libros.
Viktor Krum también pasaba mucho tiempo en la biblioteca,
Eso llamó la atención de Krum, ya que él no era lo que se podía decir un habido lector.
y Harry se preguntaba por qué. ¿Estaba estudiando, o buscando algo que le sirviera de ayuda para la primera prueba?
—Puede ser eso —asintió Viktor, aunque sospechaba que podía tratarse de otra.
Hermione se quejaba a menudo de la presencia de Krum, no porque le molestara, sino por los grupitos de chicas que lo espiaban escondidas tras las estanterías y que con sus risitas no la dejaban concentrarse.
Puedo entenderlo pensó Viktor.
—¡Ni siquiera es guapo! —murmuraba enfadada, observando el perfil de Krum—. ¡Sólo les gusta porque es famoso! Ni se fijarían en él si no supiera hacer el amargo de Rosi.
Los amantes del quidditch hicieron una mueca, como si Hermione les hubiese apuñalado en un costado.
—El «Amago de Wronski» —dijo Harry con los dientes apretados. Muy lejos de disfrutar corrigiéndole a Hermione aquel término de quidditch, sintió una punzada de tristeza al imaginarse la expresión que Ron habría puesto si hubiera oído lo del amargo de Rosi.
—La misma que tiene en este momento —dijo Tonks, señalando a Ron, o más bien su mueca.
Resulta extraño pensar que, cuando uno teme algo que va a ocurrir y quisiera que el tiempo empezara a pasar más despacio, el tiempo suele pasar más aprisa.
Algunos asintieron, de acuerdo a las palabras de Harry.
Los días que quedaban para la primera prueba transcurrieron tan velozmente como si alguien hubiera manipulado los relojes para que fueran a doble velocidad. A dondequiera que iba Harry lo acompañaba un terror casi incontrolable, tan omnipresente como los insidiosos comentarios sobre el artículo de El Profeta.
El sábado antes de la primera prueba dieron permiso a todos los alumnos de tercero en adelante para que visitaran el pueblo de Hogsmeade.
—¡Genial, primera visita al pueblo! —exclamó James.
Hermione le dijo a Harry que le iría bien salir del castillo por un rato, y Harry no necesitó mucha persuasión.
—Pero ¿y Ron? —dijo—. ¡No querrás que vayamos con él!
—Ah, bien... —Hermione se ruborizó un poco—. Pensé que podríamos quedar con él en Las Tres Escobas...
—Ninguno de los dos va a querer eso —dijo Will.
—No —se opuso Harry rotundamente.
—Ay, Harry, qué estupidez...
—Iré, pero no quedaré con Ron. Me pondré la capa invisible.
—¿De verdad? La primera vez que puedes ir al pueblo de forma legal, ¿e irás con la capa? —preguntó Holly mientras sacudía la cabeza.
—Como quieras... —soltó Hermione—, pero me revienta hablar contigo con esa capa puesta. Nunca sé si te estoy mirando o no.
De forma que Harry se puso en el dormitorio la capa invisible, bajó la escalera y marchó a Hogsmeade con Hermione.
Se sentía maravillosamente libre bajo la capa. Al entrar en la aldea vio a otros estudiantes, la mayor parte de los cuales llevaban insignias de «Apoya a CEDRIC DIGGORY», aunque aquella vez, para variar, no vio horribles añadidos, y tampoco nadie le recordó el estúpido artículo.
—Imagino que ser invisible tendrá algo que ver, joven Harry —dijo Fred.
—Ahora la gente se queda mirándome a mí —dijo Hermione de mal humor, cuando salieron de la tienda de golosinas Honeydukes comiendo unas enormes chocolatinas rellenas de crema—. Creen que hablo sola.
—Pues no muevas tanto los labios.
—Vamos, Harry, por favor, quítate la capa sólo un rato. Aquí nadie te va a molestar.
—¿No? —replicó Harry—. Vuélvete.
—A ver quién es ahora.
Rita Skeeter y su amigo fotógrafo
—Menudo par os habéis ido a encontrar —bufó Lily.
acababan de salir de la taberna Las Tres Escobas. Pasaron al lado de Hermione sin mirarla,
—¿Para qué iban siquiera a mirarme? Para ellos, soy solamente una estudiante más —dijo Hermione.
—Pero eres una de mis mejores amigas, y me extrañaría mucho que Skeeter no estuviese al corriente de eso —replicó Harry.
hablando en voz baja. Harry tuvo que echarse contra la pared de Honeydukes para que Rita Skeeter no le diera con el bolso de piel de cocodrilo. Cuando se hubieron alejado, Harry comentó:
—Deben de estar alojados en el pueblo. Apuesto a que han venido para presenciar la primera prueba.
—Pues claro que han venido a ver la primera prueba —dijo Holly—. ¿Para que te crees que iban a estar si no?
Mientras hablaba, notó como si el estómago se le llenara de algún líquido segregado por el pánico. Pero no dijo nada de aquello: él y Hermione no habían hablado mucho de lo que se avecinaba en la primera prueba, y Harry tenía la impresión de que Hermione no quería pensar en ello.
Hermione asintió, mostrándose de acuerdo con Harry. Si ni siquiera ahora quería pensar en la prueba y eso que el torneo ni había empezado.
—Se ha ido —dijo Hermione, mirando la calle principal a través de Harry—. ¿Qué tal si vamos a tomar una cerveza de mantequilla a Las Tres Escobas?
—Pues que no es buena idea ir a Las Tres Escobas llevando la capa puesta —dijo James—. Suele estar demasiado abarrotada.
Hace un poco de frío, ¿no? ¡No es necesario que hables con Ron! —añadió irritada, interpretando correctamente su silencio.
La taberna Las Tres Escobas estaba abarrotada de gente,
—Lo que yo decía.
en especial de alumnos de Hogwarts que disfrutaban de su tarde libre, pero también de una variedad de magos que difícilmente se veían en otro lugar. Harry su ponía que, al ser Hogsmeade el único pueblo exclusivamente de magos de toda Gran Bretaña, debía de haberse convertido en una especie de refugio para criaturas tales como las arpías, que no estaban tan dispuestas como los magos a disfrazarse.
Era difícil moverse por entre la multitud con la capa invisible, y muy fácil pisar a alguien sin querer,
—Por eso digo que es mejor ir a esos sitios sin la capa puesta —dijo James.
lo que originaba embarazosas situaciones. Harry fue despacio, arrimado a la pared, hasta una mesa vacía que había en un rincón, mientras Hermione se encargaba de pedir las bebidas. En su recorrido por la taberna, Harry vio a Ron, que estaba sentado con Fred, George y Lee Jordan.
Los gemelos se miraron. Aunque Ron estuviese peleado con Harry, no se imaginaban que se iría con ellos. Sería más lógico que estaría pasando el rato con otros de sus compañeros de cuarto, como Neville.
Ahora que lo pensaban, siempre habían visto a su hermano en compañía de Harry y de Hermione y ya.
Resistiendo el impulso de propinarle una buena colleja,
—Gracias por aguantarte —oyó Harry que Ron murmuraba. No sabía si había sido sincero o sarcástico.
consiguió llegar a la mesa y la ocupó.
Hermione se reunió con él un momento más tarde, y le metió bajo la capa una cerveza de mantequilla.
—Creo que parezco un poco boba, sentada aquí sola
—¿Por qué? Hay mucha gente que a locales completamente solos y no pasa nada —dijo Sally.
—susurró ella—. Menos mal que he traído algo que hacer.
Y sacó el cuaderno en que había llevado el registro de los miembros de la P.E.D.D.O.
—¿De verdad te lo llevaste? —preguntó Ron con asombro.
—Imagino que sabría que algo así pasaría —respondió Hermione.
Harry vio su nombre y el de Ron a la cabeza de una lista muy corta.
Hermione frunció el ceño. No iba a mentir, se había imaginado que la lista sería algo más larga.
Parecía muy lejano el día en que se habían puesto a inventar juntos aquellas predicciones
—Mira, eso no lo predecimos —señaló Harry.
y había aparecido Hermione y los había nombrado secretario y tesorero respectivamente.
—No sé, a lo mejor tendría que intentar que la gente del pueblo se afiliara a la P.E.D.D.O. —dijo Hermione como si pensara en voz alta.
—Por favor hazlo —pidió Fred, mientras se imaginaba a Hermione persiguiendo a todos y cada uno de los habitantes de Hogsmeade para que se uniesen a su organización que tenía por nombre "pedo".
—Bueno —asintió Harry. Tomó un trago de cerveza de mantequilla tapado con la capa—. ¿Cuándo te vas a hartar de ese rollo de la P.E.D.D.O.?
—¡Cuando los elfos domésticos disfruten de un sueldo decente y de condiciones laborales dignas! —le contestó—. ¿Sabes?, estoy empezando a pensar que ya es hora de emprender acciones más directas. Me pregunto cómo se puede entrar en las cocinas del colegio.
—Por favor, Hermione, dime que no planeas boicotear las comidas o algo así —suplicó Ron.
—No sé lo que planeo hacer —dijo Hermione.
McGonagall interrumpió la lectura.
—Seguramente no sirva para nada, pero bueno... Señorita Granger, le recuerdo que las cocinas, en principio, están fuera de los lugares permitidos para los estudiantes en la escuela. Y eso mismo va para el resto del alumnado.
McGonagall sabía perfectamente que, a pesar de su advertencia, los estudiantes seguirían yendo a las cocinas. Pero mientras no hiciesen algún problema allí dentro, ella podía pasarlo por alto. Al fin y al cabo, ella misma se había colado en las cocinas en más de una ocasión siendo estudiante.
—No tengo ni idea. Pregúntales a Fred y George —dijo Harry.
Hermione se sumió en un silencio ensimismado mientras Harry se bebía su cerveza de mantequilla observando a la gente que había en la taberna. Todos parecían relajados y alegres. Ernie Macmillan y Hannah Abbott intercambiaban los cromos de las ranas de chocolate en una mesa próxima; ambos exhibían en sus capas las insignias de «Apoya a CEDRIC DIGGORY». Al lado de la puerta vio a Cho y a un numeroso grupo de amigos de la casa Ravenclaw. Ella no llevaba ninguna insignia de apoyo a Cedric, lo cual lo animó un poco.
¡Qué no hubiera dado él por ser uno de aquellos que reían y charlaban sin otro motivo de preocupación que los deberes!
Harry asintió de acuerdo con su yo del libro.
Se imaginaba cómo se habría sentido allí si su nombre no hubiera salido en el cáliz de fuego. Para empezar, no llevaría la capa invisible. Tendría a Ron a su lado. Los tres estarían contentos, imaginando qué prueba mortalmente peligrosa afrontarían el martes los campeones de los colegios.
—No sé que pensar exactamente de que tu percepción de la diversión sea imaginarse a personas en peligros mortales —murmuró Holly.
Tendría muchas ganas de que llegara el martes, para verlos hacer lo que fuera y animar a Cedric como todos los demás, a salvo en su asiento prudentemente alejado...
Se preguntó cómo se sentirían los otros campeones.
Cedric, Fleur y Viktor también querían saber eso.
Las últimas veces que había visto a Cedric, éste estaba rodeado de admiradores y parecía nervioso pero entusiasmado.
Harry se encontraba a Fleur Delacour en los corredores de vez en cuando, y tenía el mismo aspecto de siempre, altanero e imperturbable. Y, en cuanto a Krum, se pasaba el tiempo en la biblioteca, escudriñando libros.
Harry se acordó de Sirius, y el tenso y apretado nudo que parecía tener en el estómago se le aflojó un poco. Hablaría con él doce horas más tarde,
—Así que hemos quedado ese día —murmuró Sirius de forma pensativa.**
porque aquélla era la noche en que habían acordado verse junto a la chimenea de la sala común. Eso suponiendo que todo fuera bien, a diferencia de lo que había ocurrido últimamente con todo lo demás.
—No seas gafe, anda —dijo Emily.
—¡Mira, es Hagrid! —dijo Hermione.
—¿Acaba de entrar o ya estaba allí? Porque de ser lo segundo, me pregunto como no lo habéis visto antes —dijo Tonks.
De entre la multitud se destacaba la parte de atrás de su enorme cabeza llena de greñas (afortunadamente, había abandonado las coletas). Harry se preguntó por qué no lo había visto nada más entrar,
—Eso queremos saber —dijo Charlie.
siendo Hagrid tan grande; pero, al ponerse en pie para ver mejor, se dio cuenta de que Hagrid se hallaba inclinado, hablando con el profesor Moody.
—Bueno, supongo que eso explica porque no lo has visto antes —dijo Charlie, aunque no sonaba muy seguro.
—Ten en cuenta de que también ha estado más pendiente de evitar tocar a los otros clientes —señaló Tonks.
Hagrid tenía ante él su acostumbrado y enorme pichel, pero Moody bebía de la petaca. La señora Rosmerta, la guapa dueña de la taberna, no ponía muy buena cara ante aquello: miraba a Moody con recelo mientras recogía las copas de las mesa de alrededor.
Alastor resopló. No iba a correr el riesgo de ser envenenado solo para caerle bien a una tabernera.
Probablemente le parecía un insulto a su hidromiel con especias, pero Harry conocía el motivo: Moody les había dicho a todos durante su última clase de Defensa Contra las Artes Oscuras que prefería prepararse siempre su propia comida y bebida, porque a los magos tenebrosos les resultaba muy fácil envenenar una bebida en un momento de descuido.
—Me pregunto como puede vivir este hombre tan tranquilo con tanta paranoia —murmuró Molly.
Arthur, a su lado, la escuchó.
—Francamente, cariño, ¿de verdad te crees que Ojoloco vive tranquilo?
Mientras Harry los observaba, Hagrid y Moody se levantaron para irse.
Harry le hizo un gesto con la mano a Hagrid,
—Tienes la capa puesta —dijo Will.
pero luego recordó que éste no podía verlo. Moody, sin embargo, se detuvo y miró con su ojo mágico hacia el rincón en que se encontraba él. Le dio a Hagrid una palmada en la región lumbar (porque no podía llegar al hombro), le susurró algo y, a continuación, uno y otro se dirigieron a la mesa de Harry y Hermione.
—¿Va todo bien, Hermione? —le preguntó Hagrid en voz alta.
—Estoy perfectamente aquí sentada, sola, porque mis dos mejores amigos son unos completos imbéciles que se niegan ha hacer las paces entre ellos —dijo Hermione con una sonrisa.
Ron miró a Harry.
—Me parece que esta molesta con nuestra pelea.
—Hola —respondió Hermione, sonriendo.
Moody se acercó a la mesa cojeando y se inclinó al llegar. Harry pensó que estaba leyendo el cuaderno de la P.E.D.D.O. hasta que le dijo:
—Bonita capa, Potter.
—Ese ojo debería ser ilegal —declaró James.
Moody simplemente gruñó.
Harry lo miró muy sorprendido. A unos centímetros de distancia, el trozo de nariz que le faltaba a Moody era especialmente evidente. Moody sonrió.
—¿Su ojo es capaz de... quiero decir, es usted capaz de...?
—Sí, mi ojo ve a través de las capas invisibles —contestó Moody en voz baja—. Es una cualidad que me ha sido muy útil en varias ocasiones, te lo aseguro.
Alastor asintió de acuerdo con su yo del libro.
Hagrid también le sonreía a Harry.
—¿Cómo puede saber que Harry esta ahí? —preguntó Charlie.
—Evidentemente por Moody —respondió Nymphadora.
—Eso tiene sentido.
Éste sabía que Hagrid no lo veía, pero era evidente que Moody le había explicado dónde estaba.
Hagrid se inclinó haciendo también como que leía el cuaderno de la P.E.D.D.O. y le dijo en un susurro tan bajo que sólo pudo oírlo Harry:
—Harry, ven a verme a la cabaña esta noche. Ponte la capa.
Algunos levantaron una ceja ante eso. ¿Por qué razón Hagrid quería que Harry fuese a verlo por la noche?
—Y luego, incorporándose, añadió en voz alta—: Me alegro de verte, Hermione. —Guiñó un ojo, y se fue. Moody lo siguió.
—¿Para qué querrá que vaya a verlo esta noche? —dijo Harry, muy sorprendido.
—Eso queremos saber.
—¿Eso te ha dicho? —se extrañó Hermione—. Me pregunto qué se trae entre manos. No sé si deberías ir, Harry... —Miró a su alrededor nerviosa y luego dijo entre dientes—: Podrías llegar tarde a tu cita con Sirius.
—Eso es cierto —dijo Sirius.
—Bueno, habéis quedado a la una de la mañana. Dudo que Hagrid le haya dicho que vaya tan tarde... Esperad, Hagrid no le ha dicho a que hora debían verse —señaló Remus.
—Bueno, si le ha pedido que vaya con la capa debe de ser después del toque de queda, ¿no? —dijo James—. ¿Hasta que hora era el toque para los alumnos de cuarto?
—De primero hasta cuarto es hasta los ocho y media —informó Fred.
—Y de quinto a séptimo pueden estar fuera hasta los nueve de la noche —añadió George.
Era verdad que ir a ver a Hagrid a medianoche
—En ningún momento te ha dicho que tengas que ir a verlo a medianoche —señaló Emily.***
supondría tener que apresurarse después para llegar a la una a la sala común de Gryffindor.
—Pues tendrás que darte prisa en ver que quiere Hagrid —dijo James.
Hermione le sugirió que le enviara a Hagrid un mensaje con Hedwig diciéndole que no podía acudir
—Creo que eso sería la mejor de las opciones —asintió Lily.
(siempre y cuando la lechuza aceptara llevar la nota, claro).
—Supongo que sigue mosqueada —murmuró Harry.
Pero Harry pensó que sería mejor hacerle una visita rápida para ver qué quería. Tenía bastante curiosidad, porque Hagrid no le había pedido nunca que fuera a visitarlo tan tarde.
—Eso es cierto —dijo Ron.
A las once y media de esa noche, Harry, que había hecho como que se iba temprano a la cama, volvió a ponerse la capa invisible y bajó la escalera hasta la sala común. Sólo unas pocas personas quedaban en ella. Los hermanos Creevey se habían hecho con un montón de insignias de «Apoya a CEDRIC DIGGORY», e intentaban encantarlas para que dijeran «Apoya a HARRY POTTER»,
—Mientras no hagan que las insignias digan DIGGORY APESTA, todo bien —dijo Cedric.
pero hasta aquel momento lo único que habían conseguido era que se quedaran atascadas en POTTER APESTA.
—Al menos la intención es lo que cuenta —dijo Harry con una mueca.
Harry pasó a su lado de camino al retrato y esperó aproximadamente un minuto mirando el reloj. Luego Hermione le abrió el retrato de la Señora Gorda, tal como habían convenido. Él lo traspasó subrepticiamente y le susurró un «¡gracias!» antes de irse.
Los terrenos del colegio estaban envueltos en una oscuridad total. Harry bajó por la explanada hacia la luz que brillaba en la cabaña de Hagrid. También el interior del enorme carruaje de Beauxbatons se hallaba iluminado. Mientras llamaba a la puerta de la cabaña, Harry oyó hablar a Madame Maxime dentro de su carruaje.
—¿Eres tú, Harry? —susurró Hagrid, abriendo la puerta.
—¿Quién más iba a ser? ¡Si ha sido él mismo quien me ha pedido que vaya! —exclamó Harry.
—Bueno, podría tratarse de otro profesor o algo así —señaló Holly—. Y en realidad, al haber dicho tu nombre, te estaría delatando, lo cual os metería en un lío ha ambos.
—Sí —respondió Harry, que entró en la cabaña y se desembarazó de la capa—. ¿Por qué me has hecho venir?
—Tengo algo que mostrarte —repuso Hagrid.
Parecía muy emocionado.
—Mala señal —dijeron los que mejor conocían a Hagrid.
Llevaba en el ojal una flor que parecía una alcachofa de las más grandes. Por lo visto, había abandonado el uso de aceite lubricante, pero era evidente que había intentado peinarse,porque en el pelo se veían varias púas del peine rotas.
Esta claro que tiene que ver algo con Madame Maxime pensó Fleur.
—¿Qué vas a mostrarme? —dijo Harry con recelo, preguntándose si habrían puesto huevos los escregutos
—Por Dios, espero que no —jadeó Hermione pálida.
o si Hagrid habría logrado comprarle a otro extraño en alguna taberna un nuevo perro gigante de tres cabezas.
—Creo que prefiero al perro. Las dos cosas son mortales, pero al menos el perro sería mono —dijo Jake.
—Cúbrete con la capa, ven conmigo y no hables —le indicó Hagrid—. No vamos a llevar a Fang, porque no le gustaría...
—Pero, ¿se puede saber que le va a mostrar? —preguntó Percy.
De repente a cierto Weasley amante de los dragones se le ocurrió una posibilidad. Si la primera prueba era el siguiente martes, eso querría decir...
—Escucha, Hagrid, no puedo quedarme mucho... Tengo que estar en el castillo a la una.
Pero Hagrid no lo escuchaba.
—Gracias —dijo Harry con sarcasmo.
Abrió la puerta de la cabaña y se internó en la oscuridad a zancadas. Harry lo siguió aprisa y, para su sorpresa, advirtió que Hagrid lo llevaba hacia el carruaje de Beauxbatons.
James enarcó una ceja.
—Espero que no haya llamado a mi hijo para que sea un sujetavelas.
—Hagrid, ¿qué...?
—¡Shhh! —lo acalló Hagrid, y llamó tres veces a la puerta que lucía las varitas doradas cruzadas.
Abrió Madame Maxime. Un chal de seda cubría sus voluminosos hombros. Al ver a Hagrid, sonrió.
—¡Ah, Hagrid! ¿Ya es la «hoga»?
—Definitivamente lo ha llamado para que sea un sujetavelas.
—«Bon suar» —le dijo Hagrid, dirigiéndole una sonrisa y ofreciéndole la mano para ayudarla a bajarlos escalones dorados.
Madame Maxime cerró la puerta tras ella. Hagrid le ofreció el brazo, y se fueron bordeando el potrero donde descansaban los gigantescos caballos alados de Madame Maxime. Harry, sin entender nada,
—No eres el único —dijeron casi todos.
corría para no quedarse atrás. ¿Quería Hagrid mostrarle a Madame Maxime?
—Dudo que sea eso —dijo Luna.
Podía verla cuando quisiera: jamás pasaba inadvertida.
Pero daba la impresión de que Madame Maxime estaba tan en ascuas como Harry, porque un rato después preguntó alegremente:
—¿Adónde me llevas, Hagrid?
—Esto te gustará —aseguró Hagrid—. Merece la pena, confía en mí. Pero no le digas a nadie que te lo he mostrado, ¿eh? Se supone que no puedes verlo.
Con eso, ambos profesores ya tenían una idea de lo que Hagrid quería mostrarles. Cabe decir que a McGonagall no le hizo mucha gracia.
—Descuida —le dijo Madame Maxime, luciendo sus largas y negras pestañas al parpadear.
Y siguieron caminando. Harry los seguía, cada vez más nervioso y mirando el reloj continuamente.
—Como no os lleguéis pronto, no vas a llegar a tiempo a nuestro encuentro —murmuró Sirius.
Hagrid debía de tener en mente alguna de sus disparatadas ideas, que podía hacerlo llegar tarde a su cita. Si no llegaban pronto a donde fuera, daría media vuelta para volver al castillo y dejaría a Hagrid disfrutando con Madame Maxime su paseo a la luz de la luna.
Harry esperaba que llegasen pronto a lo que sea que Hagrid quería mostrarle, porque tenía bastante curiosidad.
Pero entonces, cuando habían avanzado tanto por el perímetro del bosque que ya no se veían ni el castillo ni el lago, Harry oyó algo. Delante había hombres que gritaban. Luego oyó un bramido ensordecedor...
—No me esta gustando esto —murmuró Sally.
Hagrid llevó a Madame Maxime junto a un grupo de árboles y se detuvo.
Harry caminó aprisa a su lado. Durante una fracción de segundo pensó que lo que veía eran hogueras y a hombres que corrían entre ellas.
—¿Qué dem...? ¿Hagrid les ha llevado a ver un ritual satánico o qué? —exclamó James.
Luego se quedó con la boca abierta.
¡Dragones!
La sala se quedó en silencio unos segundos.
—¿Dragones? ¡¿Dragones?! ¡¿Por qué hay dragones allí?! —chilló Molly.
—Esto... esto... no tendrá nada que ver con la primera prueba, ¿verdad? —preguntó Krum, mientras tragaban saliva. Los otros tres campeones, al escucharlo, palidecieron esperando a que lo negasen.
—Pues sí. Tienen que ver con la primera prueba —respondió Charlie.
Los cuatro campeones se quedaron patidifusos.
—¿Tenemos que enfrentarnos a ellos? —preguntó Cedric con un hilo de voz. Parecía que iba a desmayarse en cualquier momento. Y no era para menos, ya que hasta magos cualificados tendrían dificultades al enfrentarse a semejantes bestias.
—Creo que solo burlarlos para coger algo que están custodiando.
Rugiendo y resoplando, cuatro dragones adultos enormes, de aspecto fiero, se alzaban sobre las patas posteriores dentro de un cercado de gruesas tablas de madera. A quince metros del suelo, las bocas llenas de colmillos lanzaban torrentes de fuego al negro cielo de la noche. Uno de ellos, de color azul plateado con cuernos largos y afilados, gruñía e intentaba morder a los magos que tenía a sus pies;
—Hocicorto sueco —dijo Charlie.
otro verde se retorcía y daba patadas contra el suelo con toda su fuerza;
—Galés verde común —señaló el segundo hermano Weasley.
uno rojo, con un extraño borde de pinchos dorados alrededor de la cara, lanzaba al aire nubes de fuego en forma de hongo;
—Bola de fuego chino —añadió Charlie.
el cuarto, negro y gigantesco, era el que estaba más próximo a ellos.
—Y ese debe de ser un colacuerno húngaro, sin duda el más peligroso de los cuatro que hay por ahí.
Ya sé cuál me va a tocar a mí pensó Harry con amargura.
Al menos treinta magos, siete u ocho para cada dragón, trataban de controlarlos tirando de unas cadenas enganchadas a los fuertes collares de cuero que les rodeaban el cuello y las patas. Fascinado, Harry levantó la vista y vio los ojos del dragón negro, con pupilas verticales como las de los gatos, totalmente desorbitados; si se debía al miedo o a la ira,
—Seguramente a la ira, lo cuál no es bueno —dijo Charlie—. Aunque si fuese por el miedo, tampoco sería bueno.
Harry lo ignoraba. Los bramidos de la bestia eran espeluznantes.
—¡No te acerques, Hagrid! —advirtió un mago desde la valla, tirando de la cadena—. ¡Pueden lanzar fuego a una distancia de seis metros, ya lo sabes! ¡Y a este colacuerno lo he visto echarlo a doce!
Varios se pusieron pálidos al oír eso.
—¿No es hermoso? —dijo Hagrid con voz embelesada.
—Yo diría mejor que es peligroso —dijo Daphne. Esperaba que las gradas para los espectadores estuviesen alejadas unos, por poner un ejemplo, quinientos kilómetros.
—¡Es peligroso! —gritó otro mago —. ¡Encantamientos aturdidores, cuando cuente tres!
Harry vio que todos los cuidadores de los dragones sacaban la varita.
—¡Desmaius! —gritaron al unísono.
—Y aún así hay posibilidades que lo resistan —señaló Charlie como si nada.
Los encantamientos aturdidores salieron disparados en la oscuridad como bengalas y se deshicieron en una lluvia de estrellas al chocar contra la escamosa piel de los dragones.
Harry observó que el más próximo se balanceaba peligrosamente sobre sus patas traseras y abría completamente las fauces en un aullido mudo. Las narinas parecían haberse quedado de repente desprovistas de fuego, aunque seguían echando humo. Luego, muy despacio, se desplomó. Varias toneladas de dragón dieron en el suelo con un golpe que pareció hacer temblar los árboles que había tras ellos.
Los cuidadores de los dragones bajaron las varitas y se acercaron a las derribadas criaturas que estaban a su cargo, cada una de las cuales era del tamaño de un cerro. Se dieron prisa en tensar las cadenas y asegurarlas con estacas de hierro, que clavaron en la tierra utilizando las varitas.
—¿Quieres echar un vistazo más de cerca? —le preguntó Hagrid a Madame Maxime, embriagado de emoción.
—¿Por qué quiere acercarse más a un grupo de dragones? —preguntó Lily.
—Porque es Hagrid —respondió Remus.
Se acercaron hasta la valla, seguidos por Harry. En aquel momento se volvió el mago que le había aconsejado a Hagrid que no se acercara, y Harry descubrió quién era: Charlie Weasley.
—¡Vuelvo a reaparecer! —exclamó Charlie.
—¿Va todo bien, Hagrid? —preguntó, jadeante, acercándose para hablar con él—. Ahora no deberían darnos problemas. Les dimos una dosis adormecedora para traerlos, porque pensamos que sería preferible que despertaran en la oscuridad y tranquilidad de la noche, pero ya has visto que no les hizo mucha gracia, ninguna gracia...
—Desde luego no les ha hecho ninguna gracia —dijo Neville.
—Aunque no me extraña que nos les haga ninguna gracia —añadió Ginny—. Porque a mí tampoco me gustaría.
—¿De qué razas son, Charlie? —inquirió Hagrid mirando al dragón más cercano, el negro, con algo parecido a la reverencia.
El animal tenía los ojos entreabiertos, y debajo del arrugado párpado negro se veía una franja de amarillo brillante.
—Éste es un colacuerno húngaro —explicó Charlie—. Por allí hay un galés verde común, que es el más pequeño; un hocicorto sueco, que es el azul plateado, y un bola de fuego chino, el rojo.
Charlie asintió.
—Lo que yo decía.
Charlie miró a Madame Maxime, que se alejaba siguiendo el borde de la empalizada para ir a observar los dragones adormecidos.
—No sabía que la ibas a traer, Hagrid —dijo Charlie, ceñudo—. Se supone que los campeones no tienen que saber nada de lo que les va a tocar,
—Eso es cierto —dijo McGonagall—. Y ahora dos de los cuatro de los campeones ya lo sabrán.
y ahora ella se lo dirá a su alumna, ¿no?
—Es lo más probable —reconoció Fleur.
—Sólo pensé que le gustaría verlos.
—Hay que regalarle a Hagrid una guía básica de como tener citas —dijo Bill.
—Hagrid se encogió de hombros, sin dejar de mirar embelesado a los dragones.
—¡Vaya cita romántica, Hagrid! —exclamó Charlie con sorna.
—Si no se enamora de eso, ya no se enamorará con nada —dijo Will.
—Cuatro... uno para cada campeón, ¿no? ¿Qué tendrán que hacer?, ¿luchar contra ellos?
—No, sólo burlarlos, según creo —repuso Charlie—. Estaremos cerca, por si la cosa se pusiera fea, y tendremos preparados encantamientos extinguidores.
—Faltaría menos —exclamó Sally.
Nos pidieron que fueran hembras en período de incubación, no sé por qué... Pero te digo una cosa: no envidio al que le toque el colacuerno. Un bicho fiero de verdad. La cola es tan peligrosa como el cuerno, mira.
Charlie señaló la cola del colacuerno, y Harry vio que estaba llena de largos pinchos de color bronce.
—Definitivamente me va a tocar a mí —murmuró Harry para él.
—No digas tont... —empezó a decir Ginny, que al parecer lo había escuchado. Pero entonces pareció recordar la suerte de su interés enamorado, ya que simplemente sonrió y le dio un par de palmaditas en el hombro—. Seguro que saldrás con pocos rasguños.
Cinco de los compañeros de Charlie se acercaron en aquel momento al colacuerno llevando sobre una manta una nidada de enormes huevos que parecían de granito gris, y los colocaron con cuidado al lado del animal. A Hagrid se le escapó un gemido de anhelo.
—Los tengo contados, Hagrid —le advirtió Charlie con severidad.
—Y, además, seguro que serán falsos —añadió.
Luego añadió—: ¿Qué tal está Harry?
—Bien —respondió Hagrid, sin apartar los ojos de los huevos.
—Seguro que ni ha oído la pregunta —dijo Alice.
—Pues espero que siga bien después de enfrentarse con éstos —comentó Charlie en tono grave, mirando por encima del cercado—. No me he atrevido a decirle a mi madre lo que le esperaba en la primera prueba,
Todos los Weasley, a excepción de Molly, asintieron de acuerdo con Charlie.
porque ya le ha dado un ataque de nervios pensando en él... —Charlie imitó la voz casi histérica de su madre—: «¡Cómo lo dejan participar en el Torneo, con lo pequeño que es! ¡Creí que iba a haber un poco de seguridad, creí que iban a poner una edad mínima!»
Molly asintió, de acuerdo con su yo del libro.
Se puso a llorar a lágrima viva con el artículo de El Profeta. «¡Todavía llora cuando piensa en sus padres! ¡Nunca me lo hubiera imaginado! ¡Pobrecillo!»
Molly, sabiendo ahora que eso era falso, se sonrojo.
Harry ya tenía suficiente. Confiando en que Hagrid no lo echaría de menos,
—¿Estando rodeado de dragones? Lo dudo —dijo James.
distraído como estaba con la compañía de cuatro dragones y de Madame Maxime, se volvió en silencio y emprendió el camino de vuelta al castillo.
No sabía si se alegraba o no de haber visto lo que le esperaba.
El Harry de la sala estaba igual de confundido que su otro yo del libro.
Tal vez así era mejor, porque había pasado la primera impresión. Tal vez si se hubiera encontrado con los dragones por primera vez el martes se habría desmayado ante el colegio entero...
—Yo no descartó el desmayarme —dijo Harry.
aunque quizá se desmayara de todas formas. Se enfrentaría armado con su varita mágica, que en aquel momento no le parecía nada más que un palito, contra un dragón de quince metros de altura, cubierto de escamas y de pinchos y que echaba fuego por la boca. Y tendría que burlarlo, observado por todo el mundo: ¿cómo?
—Hay varias maneras de hacerlo —dijo Sirius.
Se dio prisa en bordear el bosque. Disponía de quince minutos escasos para llegar junto a la chimenea donde lo aguardaría Sirius,
—Pues como no te des prisa o uses varios atajos, no vas a llegar a tiempo —señaló James.
y no recordaba haber tenido nunca tantos deseos de hablar con alguien como en aquel momento. Pero entonces, de repente, chocó contra algo muy duro.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Lily con el ceño fruncido.
Se cayó hacia atrás con las gafas torcidas y agarrándose la capa.
—¡Ah!, ¿quién está ahí? —dijo una voz.
—Entonces ha sido una persona —dijo Jake.
—¿Pero qué hace alguien allí fuera a esas horas? —señaló Holly.
Harry se apresuró a cerciorarse de que la capa lo cubría por completo, y se quedó tendido completamente inmóvil, observando la silueta del mago con el que había chocado. Reconoció la barbita de chivo: era Karkarov.
—¿Karkarov? —dijo Viktor extrañado. ¿Qué hacía su director allí fuera a esas horas?
—¿Quién está ahí? —repitió Karkarov, receloso, escudriñando en la oscuridad.
Harry permaneció quieto y en silencio. Después de un minuto o algo así, Karkarov pareció pensar que debía de haber chocado con algún tipo de animal.
—Si fuese un animal ya se habría dado cuenta porque este habría huido o algo así al toparse con Karkarov —dijo Ginny.
Buscaba a la altura de su cintura, tal vez esperando encontrar un perro. Luego se internó entre los árboles y se dirigió hacia donde se hallaban los dragones.
—Entonces, ¿sabe sobre los dragones? —preguntó Emily.
—Imagino que los debe de haber oído o algo así —aventuró Neville.
—Pero si Karkarov va y ve a los dragones, este se lo contará a Krum en cuanto vuelva —señaló Will. Varios asintieron, de acuerdo con él.
Muy despacio y con mucho cuidado, Harry se incorporó y reemprendió el camino hacia Hogwarts en la oscuridad, tan rápido como podía sin hacer demasiado ruido.
No le cabía ninguna duda respecto a los propósitos de Karkarov. Había salido del barco a hurtadillas para averiguar en qué consistía la primera tarea.
Tal vez hubiera visto a Hagrid y a Madame Maxime por las inmediaciones del bosque: no eran difíciles de ver en la distancia. Todo lo que tendría que hacer sería seguir el sonido de las voces y, como Madame Maxime, se enteraría de qué era lo que les reservaban a los campeones. Parecía que el único campeón que el martes afrontaría algo desconocido sería Cedric.
—Cierto —suspiró Cedric.
—No te preocupes —dijo Hermione—. Dudo seriamente que Harry no te diga nada acerca de la primera prueba.
Harry llegó al castillo, entró a escondidas por la puerta principal y empezó a subir la escalinata de mármol. Estaba sin aliento, pero no se atrevió a ir más despacio: le quedaban menos de cinco minutos para llegar junto al fuego.
—«¡Tonterías!» —le dijo casi sin voz a la Señora Gorda, que dormitaba en su cuadro tapando la entrada.
—Anda que si hubiese llegado justo cuando se había ido en una de sus escapadas nocturnas —dijo George mientras sacudía la cabeza.
—Si tú lo dices... —susurró medio dormida, sin abrir los ojos, y el cuadro giró para dejarlo pasar.
Harry entró. La sala común estaba desierta y, dado que olía como siempre, concluyó que Hermione no había tenido que recurrir a las bombas fétidas para asegurarse de que no quedara nadie allí.
—Oww...
Los gemelos Weasley sonaban bastante decepcionados.
Harry se quitó la capa invisible y se echó en un butacón que había delante de la chimenea. La sala se hallaba en penumbra, sin otra iluminación que las llamas. Al lado, en una mesa, brillaban a la luz de la chimenea las insignias de «Apoya a CEDRIC DIGGORY» que los Creevey habían tratado de mejorar. Ahora decía en ellas: «POTTER APESTA DE VERDAD.»
La mayoría de la sala, incluido Harry, estallaron en carcajadas.
—Al menos lo han intentado —dijo el chico entre risas.
Harry volvió a mirar al fuego y se sobresaltó.
La cabeza de Sirius estaba entre las llamas. Si Harry no hubiera visto al señor Diggory de la misma manera en la cocina de los Weasley, aquella visión le habría dado un susto de muerte.
—Pues igualmente te has asustado —señaló Holly.
Pero, en vez de ello, Harry sonrió por primera vez en muchos días, saltó de la silla, se agachó junto a la chimenea y saludó:
—¿Qué tal estás, Sirius?
Sirius estaba bastante diferente de como Harry lo recordaba. Cuando se habían despedido, Sirius tenía el rostro demacrado y el pelo largo y enmarañado. Pero ahora llevaba el pelo corto y limpio, tenía el rostro más lleno y parecía más joven,
Los amigos de Sirius sonrieron ante eso. Ahora ese Sirius era más parecido al Sirius que ellos recordaban.
mucho más parecido a la única foto que Harry poseía de él, que había sido tomada en la boda de sus padres.
—Pues que raro —dijo Sirius—. Recuerdo que nos tomamos muchas fotografías en nuestra época de estudiantes.
—Todavía tengo la mayoría —reconoció Remus—. Se las habría mandado a Hagrid para que hiciese el álbum de fotografías. Pero bueno, en la muchas salías tú y, en ese momento, no quería que Harry tuviese algo sobre ti. La única excepción fue la foto de la boda de James y Lily.
—Ya. Lo entiendo —asintió Sirius.
—No te preocupes por mí. ¿Qué tal estás tú? —le preguntó Sirius con el semblante grave.
—Yo estoy...
Durante un segundo intentó decir «bien», pero no pudo.
—Tampoco te habría creído.
Antes de darse cuenta, estaba hablando como no lo había hecho desde hacía tiempo: de cómo nadie le creía cuando decía que no se había presentado al Torneo, de las mentiras de Rita Skeeter en El Profeta, de cómo no podía pasar por los corredores del colegio sin recibir muestras de desprecio... y de Ron, de la desconfianza de Ron, de sus celos...
—Si que se había guardado cosas —murmuró Holly, sintiéndose mal por él.
—... y ahora Hagrid acaba de enseñarme lo que me toca en la primera prueba, y son dragones, Sirius. ¡No voy a contarlo! —terminó desesperado.
—No seas tan dramático como tu padre —dijo Lily.
Sirius lo observó con ojos preocupados, unos ojos que aún no habían perdido del todo la expresión adquirida en la cárcel de Azkaban: una expresión embotada, como de hechizado. Había dejado que Harry hablara sin interrumpirlo, pero en aquel momento dijo:
—Se puede manejar a los dragones, Harry, pero de eso hablaremos dentro de un minuto. No dispongo de mucho tiempo... He allanado una casa de magos para usar la chimenea,
—¿Qué? De alguna manera tendré que comunicarme con él, ¿no? —exclamó Sirius al sentir varias miradas sobre él.
pero los dueños podrían volver en cualquier momento. Quiero advertirte algunas cosas.
—¿Qué cosas? —dijo Harry, sintiendo crecer su desesperación. ¿Era posible que hubiera algo aún peor que los dragones?
—Desde luego —dijeron la mayoría. Los dragones era peligrosos, sí. Pero habían otras cosas que era mucho más peligrosas.
—Karkarov —explicó Sirius—. Era un mortífago, Harry. Sabes lo que son los mortífagos, ¿verdad?
—Sí...
—Lo pillaron y estuvo en Azkaban conmigo, pero lo dejaron salir. Estoy seguro de que por eso Dumbledore quería tener un auror en Hogwarts este curso... para que lo vigilara.
Varios miraron al director, esperando que él afirmase o negase el hecho. Pero Dumbledore simplemente sonrió.
Moody fue el que atrapó a Karkarov y lo metió en Azkaban.
—Así es —gruñó Alastor.
—¿Dejaron salir a Karkarov? —preguntó Harry, sin entender por qué podían haber hecho tal cosa—. ¿Por qué lo dejaron salir?
—Hizo un trato con el Ministerio de Magia —repuso Sirius con amargura—. Aseguró que estaba arrepentido, y empezó a cantar... Muchos entraron en Azkaban para ocupar su puesto,
—Menuda estupidez —gruñó Alastor—. Yo le habría hecho cantar todos los nombres, y después lo metía de nuevo en su celda.
así que allí no lo quieren mucho; eso te lo puedo asegurar. Y, por lo que sé, desde que salió no ha dejado de enseñar Artes Oscuras a todos los estudiantes que han pasado por su colegio.
—Técnicamente ya se enseñaba magia oscura antes de que Karkarov fuese director —señaló Krum.
Así que ten cuidado también con el campeón de Durmstrang.
—No voy a usar ningún truco sucio —replicó Viktor con el ceño fruncido.
—Vale —asintió Harry, pensativo—. Pero ¿quieres decir que Karkarov puso mi nombre en el cáliz? Porque, si lo hizo, es un actor francamente bueno. Estaba furioso cuando salí elegido. Quería impedirme a toda costa que participara.
—Eso es cierto —dijo Ron.
—Sabemos que es un buen actor —dijo Sirius —porque convenció al Ministerio de Magia para que lo dejara libre. Además he estado leyendo con atención El Profeta, Harry...
Harry bufó.
—Tú y el resto del mundo —comentó Harry con amargura.
—... y, leyendo entre líneas el artículo del mes pasado de esa Rita Skeeter, parece que Moody fue atacado la noche anterior a su llegada a Hogwarts. Sí, ya sé que ella dice que fue otra falsa alarma
Alastor simplemente negó con la cabeza. Estaba seguro que eso no había sido una falsa alarma.
—añadió rápidamente Sirius, viendo que Harry estaba a punto de hablar—, pero yo no lo creo. Estoy convencido de que alguien trató de impedirle que entrara en Hogwarts.
—Buen razonamiento —gruñó Ojoloco—. Serías un buen auror, Black. En cuanto tu nombre quede limpio, deberías pensarte en si unirte al cuartel.
Creo que alguien pensó que su trabajo sería mucho más difícil con él de por medio. Nadie se toma el asunto demasiado en serio, porque Ojoloco ve intrusos con demasiada frecuencia. Pero eso no quiere decir que haya perdido el sentido de la realidad: Moody es el mejor auror que ha tenido el Ministerio.
—¿Qué quieres decir? ¿Que Karkarov quiere matarme? Pero... ¿por qué?
—Tal vez porque se quiere ganar el favor de Vol... Vol... de Quién-Tú-Sabes —dijo Ron. Había intentado decir el nombre de Voldemort, pero al final había fracasado.
Sirius dudó.
—He oído cosas muy curiosas. Últimamente los mortífagos parecen más activos de lo normal.
—Cierto —dijo Arthur.
Se desinhibieron en los Mundiales de quidditch, ¿no? Alguno conjuró la Marca Tenebrosa... y además... ¿has oído lo de esa bruja del Ministerio de Magia que ha desaparecido?
—¿Bertha Jorkins?
—Exactamente... Desapareció en Albania, que es donde sitúan a Voldemort los últimos rumores. Y ella estaría al tanto del Torneo de los tres magos, ¿verdad?
—Sí, pero... no es muy probable que ella fuera en busca de Voldemort, ¿no? —dijo Harry.
—Ni de broma —dijeron los que habían conocido a la mujer.
—Escucha, yo conocí a Bertha Jorkins —repuso Sirius con tristeza—. Coincidimos en Hogwarts, aunque iba unos años por delante de tu padre y de mí.
—Iba a cuarto cuando nosotros empezamos —recordó James.
Y era idiota. Muy bulliciosa y sin una pizca de cerebro. No es una buena combinación, Harry. Me temo que sería muy fácil de atraer a una trampa.
Varios asintieron.
—Así que... ¿Voldemort podría haber averiguado algo sobre el Torneo? —preguntó Harry—. ¿Eso es lo que quieres decir? ¿Crees que Karkarov podría haber venido obedeciendo sus órdenes?
—No lo sé —reconoció Sirius—, la verdad es que no lo sé... No me pega que Karkarov vuelva a Voldemort a no ser que Voldemort sea lo bastante fuerte para protegerlo. Pero el que metió tu nombre en el cáliz tenía algún motivo para hacerlo, y no puedo dejar de pensar que el Torneo es una excelente oportunidad para atacarte haciendo creer a todo el mundo que es un accidente.
—Visto así parece un buen plan —comentó Harry en tono lúgubre—. Sólo tendrán que sentarse a esperar que los dragones hagan su trabajo.
—No te preocupes, que nosotros nos aseguraremos que no ocurra nada grave —dijo Charlie.
—En cuanto a los dragones —dijo Sirius, hablando en aquel momento muy aprisa—, hay una manera, Harry. No se te ocurra emplear el encantamiento aturdidor:
—Tampoco se usarlo —dijo Harry.
los dragones son demasiado fuertes y tienen demasiadas cualidades mágicas para que les haga efecto un solo encantamiento de ese tipo. Se necesita media docena de magos a la vez para dominar a un dragón con ese procedimiento.
—Sí, ya lo sé, lo vi.
—Pero puedes hacerlo solo —prosiguió Sirius—. Hay una manera, y no se necesita más que un sencillo encantamiento. Simplemente...
Pero Harry lo detuvo con un gesto de la mano.
—¿Qué ocurre?
El corazón le latía en el pecho como si fuera a estallar. Oía tras él los pasos de alguien que bajaba por la escalera de caracol.
—¡Venga ya!
—¡Vete! —le dijo a Sirius entre dientes—. ¡Vete! ¡Alguien se acerca!
Harry se puso en pie de un salto para tapar la chimenea. Si alguien veía la cabeza de Sirius dentro de Hogwarts, armaría un alboroto terrible,
—Sería muy malo —dijo Hermione.
y él tendría problemas con el Ministerio. Lo interrogarían sobre el paradero de Sirius...
Harry oyó tras él, en el fuego, un suave «¡plin!», y comprendió que Sirius había desaparecido. Vigiló el inicio de la escalera de caracol. ¿Quién se habría levantado para dar un paseo a la una de la madrugada, impidiendo que Sirius le dijera cómo burlar al dragón?
—Normalmente la gente no suele salir a dar vueltas a la una de la madrugada —dijo Lily—. Con excepciones —añadió, mirando a su pareja y a los amigos de esta.
Era Ron.
—Ups.
Vestido con su pijama de cachemir rojo oscuro, se detuvo frente a Harry y miró a su alrededor.
—¿Con quién hablabas? —le preguntó.
—¿Y a ti qué te importa? —gruñó Harry
—Harry —le regañó Lily.
—Podrías decirle que estabas hablando con Sirius —dijo Hermione—. Ron sabe la verdad, y aunque estéis peleados, dudo que hubiese dicho algo a nadie.
—¡Claro que no! —respondió Ron, sonando casi ofendido.
—. ¿Qué haces tú aquí a estas horas?
—Me preguntaba dónde estarías... —Se detuvo, encogiéndose de hombros—. Bueno, me vuelvo a la cama.
—Se te ocurrió que podías bajar a husmear un poco, ¿no? —gritó Harry.
—Lo siento, Ron. —Harry se tapo la cara con las manos, sonando bastante avergonzado consigo mismo.
Sabía que Ron no tenía ni idea de qué era lo que había interrumpido, sabía que no lo había hecho a propósito, pero le daba igual. En ese momento odiaba todo lo que tenía que ver con Ron, hasta el trozo del tobillo que le quedaba al aire por debajo de los pantalones del pijama.
Ron bajó la mirada y se quedó mirando sus propios pies, como si esperaba ver ese dobladillo y ese tobillo.
—Lo siento mucho —dijo Ron, enrojeciendo de ira—. Debería haber pensado que no querías que te molestaran. Te dejaré en paz para que sigas ensayando tu próxima entrevista.
Ahora fue Ron quién se disculpo mientras también se avergonzaba.
Harry cogió de la mesa una de las insignias de «POTTER APESTA DE VERDAD» y se la tiró con todas sus fuerzas. Le pegó a Ron en la frente y rebotó.
—¡Harry! —chilló Hermione, mirando a su amigo con incredulidad, quién se veía bastante mal por sus acciones.
Ron soltó una risita nerviosa.
—Vaya amigo, podrías intentar jugar de cazador en el futuro —dijo en broma, para aliviar la culpabilidad de Harry.
—¡Ahí tienes! —chilló Harry—. Para que te la pongas el martes. Ahora a lo mejor hasta te queda una cicatriz, si tienes suerte... Eso es lo que te da tanta envidia, ¿no?
A zancadas, cruzó la sala hacia la escalera. Esperaba que Ron lo detuviera, e incluso le habría gustado que le diera un puñetazo, pero Ron simplemente se quedó allí, en su pijama demasiado pequeño, y Harry, después de subir como una exhalación, se echó en la cama y permaneció bastante tiempo despierto y furioso con él. No lo oyó volver a subir.
—Fin del capítulo —anunció McGonagall.
*: Pues sí, me gusta el Ron/Pansy, aunque evidentemente en esta historia Ron esta enamorado de Hermione.
**: Dato curioso. Revisando el calendario he visto que el 22 de noviembre de 1994, que es el año dónde actualmente están en los libros, cae en martes y no en domingo (tened en cuenta de que le esta pidiendo que se reúnan a la una de la madrugada, así que ya sería domingo).
***: Vale, no sé si es un error de traducción y en el original Hagrid le decía a Harry que se reuniesen a medianoche, y aquí se tradujo simplemente como noche, o es un error de la versión que estoy usando yo o qué sé yo.
Hola gente.
Capítulo vigésimo cuarto con todos vosotros. Sí, sé que he tardado más de la cuenta teniendo en cuenta de que empecé a escribir el capítulo hace poco más de un mes, pero tengo que reconocer que este capítulo se me ha resistido un poco más de lo esperado. Además de que, por culpa de un error mío, he perdido prácticamente todos mis apuntes relacionados con esta historia (y con las otras de lectura) y me estoy releyendo las historias desde el principio para poder volver ha hacer dichos apuntes.
En fin, no voy a decir mucho más. Espero que os haya gustado.
Se despide,
Grytherin18-Friki.
PD: ¿Qué os parece la idea que he puesto al principio del capítulo, relacionado con el nombre de Regulus?
