XVIII
Sentencia y traición
El juez se quedó mirándome con una insistencia que me estaba poniendo nerviosa, mientras que Krista hacía lo mismo, pero con una cara de incomprensión que me dolió mucho más que el hecho de ser acusada de desobediencia. Lo más desesperante del asunto era que no tenía idea si sus sentimientos por mí habían cambiado o si eran los mismos. La incertidumbre podía llegar a ser más debilitante que el mismo juicio.
—Señorita Ackerman, responda la pregunta —insistió el juez, inclinándose hacia delante, me imagino que con el fin de intimidarme. Pero, para serles honesta, la presencia de Krista me intimidaba más que el juez. ¿Sabría ya lo que Annie me había hecho? Y si así era, ¿qué pensará de mí? Por mucho que dijese conocerla, que ella siempre veía lo bueno de las personas, dudaba que volviera a mirarme con los mismos ojos.
—Responda la pregunta, o la declararé en desacato —dijo el juez, taladrándome con la mirada. Al tanto de lo que implicaba aquello, tuve que hacer de tripas corazón y admitir delante de todos los presentes, que mi intimidad había sido comprometida.
—Sí, señor juez —dije, tratando de elevar el tono de mi voz, pero aun así, la gente tuvo que inclinarse hacia delante para escucharme mejor—. Sufrí una violación por parte de Annie Leonhart.
Hubo un murmullo de conmoción entre los presentes. Los miembros de la Policía Militar se miraban entre ellos, claramente conformes con el giro que había dado el juicio. Bajando un poco la cabeza, noté que el comandante Erwin había levantado el brazo, y el juez asintió con la cabeza, permitiendo que tomara la palabra.
—Con todo respeto, señor juez, creo que lo que ocurrió a la señorita Ackerman es un atenuante con respecto a las acusaciones formuladas. Eso, más que hacerla culpable, la convierte en una víctima.
—De hecho, es un agravante, puesto que siempre pudo haberse excusado de cumplir con la misión encomendada, pero aceptó realizarla de todas formas —repuso el comandante de la Policía Militar, un tipo al que solamente conocía su primer nombre, Nile—. Aquí no está en cuestión la violación, sino su desobediencia al recibir una orden directa, a sabiendas de lo que iba a enfrentar si no lo hacía.
—Pero tú mismo lo dijiste. Levi le dio la orden de acompañarle a perseguir a Annie —dijo Erwin, y noté que él, a diferencia de otras ocasiones, en las que se le veía compuesto y firme, lucía un poco más tenso, y miraba a Nile con el entrecejo arrugado—. Levi es su superior, y no podía negarse a obedecer la orden, aunque quisiese hacerlo. Se supone que somos soldados, y debemos actual como tales, aun cuando pasemos por situaciones emocionales complicadas.
—Además —intervino Hange, con la venia de Erwin—, hemos hallado evidencia de que no fueron las hojas de Mikasa Ackerman las que mataron a Annie Leonhart.
—Me gustaría escucharla —dijo el juez, alzando la mano para detener a Nile de replicar. Hange sacó un fajo de papeles de una carpeta que llevaba bajo el brazo, ordenándolas sobre la mesa.
—Según las descripciones del capitán Levi, los cortes que ejecutó Mikasa Ackerman fueron verticales, no horizontales. Éstos fueron llevados a cabo de tal forma que el daño a Annie Leonhart fuese mínimo y, que a la vez, fuese fácil sacarla del cuerpo del titán. Aquí están los informes médicos que se le practicaron al cadáver de Annie. Dice que, aparte del corte en la parte media de la cabeza, sus brazos también fueron cercenados, lo que coincide con la descripción del capitán Levi. Además, los cortes en los brazos, a juzgar por su tasa de regeneración, fueron cortados después del corte en la cabeza.
Levi, quien había permanecido en silencio, frunció el ceño al escuchar las últimas palabras de Hange, pero escogió hablar con Erwin después de concluido el juicio. Por mi parte, yo también era consciente de las implicaciones de las palabras de Hange, y me imagino que los demás también eran lo suficientemente inteligentes para darse cuenta que algo estaba a punto de ocurrir, algo muy malo.
Imaginé mal.
Noté que un soldado de la Policía Militar acudió hacia el puesto del juez, y le susurró unas cuantas palabras al oído. Hasta el día de hoy no me hago el marco mental de qué palabras pudo haber dicho, pero ciertamente afectaron mi destino.
—La evidencia mostrada por la parte defensora, por si misma, no es suficiente para demostrar que no hubo desobediencia—. Estas palabras hicieron que mis compañeros de la 104, entre ellos Eren y Armin, se pusieran de pie en indignación. Hange lucía contrariada, y tanto Levi como Erwin taladraban con la mirada al juez—. Por otra parte, la parte acusadora probó que hubo motivos para cometer el delito, y el resultado de la misión consta en los reportes, los que son documentos oficiales. Por lo tanto, declaro a Mikasa Ackerman culpable de desobedecer una orden directa, comprometiendo el éxito de la misión. Por la gravedad de sus crímenes, será sentenciada a cinco años de presidio, sin derecho a libertad bajo ninguna modalidad. Se levanta esta sesión.
Cuando el juez acabó de hablar, pude jurar que la realidad acababa de cometer una horrible equivocación. Pensé que el juicio iba a durar más tiempo, y, por supuesto, que las evidencias iban a ser sopesadas de forma objetiva. Pero la injusticia de todo el proceso borró cualquier pensamiento objetivo de mi cabeza. Mientras cuatro soldados de la Policía Militar me ponían grilletes para llevarme de vuelta al calabozo, me quedé mirando a Krista, quien tenía una expresión indescifrable en su cara. Aquella ambigüedad me molestaba, pero no podía hacer nada al respecto, excepto aceptar mi destino. No sabía qué iba a pasar con mi relación, aunque asumí que ya no había relación. Krista no querría seguir teniendo una novia que fuese condenada a cinco años de prisión.
Cuando me encerraron, tomé asiento sobre la cama, con la cara entre mis manos, apenas creyendo que las cosas podían haber salido tan mal. Desde que me negué a aceptar salir con Annie que me venían pasando cosas malas. Esa chica era un pozo negro de infortunio, y ese día, más que nunca, ardía en ganas de matarla y hacer cubos con su cuerpo. Y dudaba mucho que el capitán Levi pudiera frenarme.
No supe cuánto tiempo estuve pensando en las mejores formas de filetear la carne de Annie, pero recuerdo que en algún momento, brotó un olor a gas que me llamó bastante la atención. Los dos guardias que custodiaban mi celda abandonaron sus puestos, protestando acerca de una fuga de gas y que podría hacer estallar todo el complejo. Pero aquello no fue lo más extraño de todo el asunto. Creo que pasó un minuto desde que los guardias salieron a controlar la fuga hasta que escuché el chirrido de metal con metal. La reja se había abierto, y pude ver la silueta de una persona delante de mí. No podía verla apropiadamente a causa del juego de luz y sombra, pero sabía que se trataba de alguien de baja estatura. No supe por qué, pero mi corazón pegó un brinco, sin que hubiera razón para ello. De algún modo, no necesitaba verle la cara para saber de quién se trataba.
—Hola, Mikasa —dijo Krista con una voz suave, que no concordaba con la expresión que había mostrado a lo largo de todo el juicio.
—¿Qué haces aquí? —pregunté, y realmente no sabía por qué Krista había venido a verme. Las regulaciones de la Policía Militar no permitían encuentros como el que estaba teniendo—. Si te ve cualquiera de tus compañeros…
—No vengo a liberarte, si es eso lo que estás pensando —dijo Krista, pero no lucía ni remotamente triste por eso. De hecho, su sonrisa se hizo un poco más amplia—. Vengo a hacer de tu estadía en prisión un poco más llevadera.
Tragué saliva. Seguramente no estaría pensando en hacer lo que yo creía que iba a hacer. Estaba a punto de decirle que era una mala idea tener un encuentro íntimo en una celda, pero, nuevamente, me había equivocado. Krista no tenía ninguna intención de hacer el amor conmigo, porque tomó asiento a mi lado y me tomó ambas manos.
—Sé que estás pasando por un momento complicado. Annie te dañó en más de una manera, y no soy nadie para decir que te entiendo.
Miré a Krista en total confusión. Me había hecho caldos de cabeza por nada. Debí haber tenido más confianza en ella, debí haber reforzado en mí la creencia de que Krista veía lo mejor de las personas, y que no me iba a juzgar por haber sido violada.
—Creíste que iba a pensar que eres una… bueno, eso mismo —dijo Krista, dando de lleno en mis preocupaciones. No sabía qué pensar. Me había convencido de que no iba a ser la misma mujer después de lo que Annie me hizo, que las personas me iban a rechazar por eso, pero no fue el caso. Decidí ser totalmente honesta con Krista.
—Lo que me hizo no es todo —dije, apretando un poco las manos de mi pareja—. De algún modo, pese a que fue terrible por lo que tuve que pasar, hubo una parte de mí que le gustó. No lo sé… no sé si hay algo malo conmigo o si estoy imaginando cosas…
—Es natural que te haya gustado, o al menos una parte de ti —dijo Krista, y me quedé mirándola, sin entender. Me era imposible imaginar cómo ella sabría algo así, a menos que hubiera pasado por lo mismo que yo. Pero Krista no había terminado de hablar—. Por mucho dolor que sientas por dentro, no puedes ganarle a la biología. El sexo está diseñado para ser placentero, de otro modo, nadie tendría incentivos para multiplicar la especie, ¿no lo crees?
—Supongo —dije, pero luego me percaté de que Krista sabía mucho más sobre el tema que la última vez que nos vimos—. ¿Y cómo sabes todo eso?
—De la misma forma en que tú supiste cómo dos chicas podían tener sexo —repuso Krista, y noté que ella se había sonrojado un poco—. Ymir me lo dijo… bueno… —Krista separó sus manos de las mías y las juntó, como si estuviera muy nerviosa—… más que decirme… me lo mostró. Recuerda que ella también se unió a la Policía Militar.
Me sentí como si hubiera tragado una bala de cañón. No había que ser muy inteligente para entender qué era lo que había ocurrido. De pronto, la visita ya no se me antojó muy agradable que digamos. Quería imperiosamente que Krista se largara de una vez de mi celda y me dejara sola.
—¿Mikasa? —me dijo Krista, pensando que mi mente había ido a las nubes, cuando en realidad, había descendido hasta el mismo infierno.
—Dijiste que cuando nos encontráramos nuevamente, continuaríamos lo que dejamos inconcluso en mi habitación —dije, tratando de mantener la amargura al mínimo—, pero parece que ya hallaste a alguien más con quien hacerlo.
Krista puso cara de pena, y, cosa rara, no me conmovió para nada. Me sentía como si jamás la hubiera conocido en mi vida.
—Lo siento —dijo Krista, luciendo honestamente apenada, bajando la cabeza y evitando mi mirada—. Es que pensé que jamás volvería a verte otra vez. Los de la Policía Militar sabían de nuestra relación, y me amenazaron con echarme a la cárcel si mostraba cualquier intención de verte otra vez. E Ymir estaba muy interesada en mí. Cambió bastante desde que entró a la Policía Militar, y me mostró que podía ser una mujer sensible, pese a que es una chica dura.
Pese a que quería escuchar sus razones, igualmente no habría podido entender, porque cada vez que Krista hablaba, un zumbido penetrante me impedía comprender cualquier cosa que dijese. Como dije, lo único que quería era que se fuera de mi celda. Y, por desgracia, mis pensamientos se convirtieron en palabras.
—Vete —dije, en voz baja, pero me imaginé que iban cargadas con furia, porque Krista no dijo nada, y salió de mi celda, cerrándola con candado.
Aquel había sido el día más negro de mi vida. Iba a pasar cinco años de mi vida en prisión, y, posiblemente, fuese expulsada del ejército. ¿Adónde iría? ¿A los campos de cultivo, donde sabía que no iba a estar Eren? Y, para colmo, Krista me había traicionado. Aunque debí haber pensado en ese momento en lo que seguramente tuvo que haber enfrentado para tomar la decisión de dejarme atrás, lo que estaba al frente de mi cabeza era la traición.
En ese momento, juré cerrarle las puertas al amor… permanentemente.
Pero todos sabemos que la vida da muchas vueltas, y, con frecuencia, nos obliga a comernos nuestras palabras.
Nota: Después de pensarlo largo y tendido, he decidido acabar mis fics de a uno a la vez, de forma de asegurar la coherencia de sus respectivos argumentos. Y voy a empezar por éste, que no será tan largo en términos de conteo de palabras.
Un saludo.
