Cuenta regresiva
Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.
Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.
Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Agradecimientos y apuestas perdidas
—...así que creo que debo dejar algunas de mis materias.
Cuando calló, esperó a que su padrino reaccionase de algún modo, el que fuese. Snape lo sorprendió al continuar revolviendo la mezcla del caldero de turno con una varilla, la expresión en blanco y los movimientos precisos, hasta después de un momento que se le antojó eterno.
—Sabía que lo harías —Mencionó, sacando la varilla para limpiarla con un pañuelo blanco. Luego le aplicó un encantamiento que le quitaría los restos de cualquier poción y la devolvió al estuche de cuero con varios compartimientos para varillas de todos los tamaños. Levantó la mirada hacia él—. ¿Cuáles vas a abandonar?
—Cuidado de Criaturas Mágicas —Se sentía un poco mal por Hagrid, pero la experiencia del escarbato de cola explosiva ya le había advertido de a dónde lo llevaría toda esa locura, y a decir verdad, no era una materia de su interés. A Salazar lo podía cuidar sin tanta ayuda— y Estudios Muggles. Hers puede explicarme algunas cosas que me falten —Se apresuró a aclarar, ante la mirada que el mago le dirigió—. Su cultura sólo se me hace...extraña. Pero cumplí con encontrar argumentos sobre por qué no dañar a los muggles.
Snape incluso arqueó las cejas, invitándolo a hablar.
—Son mucho más listos de lo que pensamos. Como no tienen magia, se la pasan creando cosas que hagan lo que nosotros hacemos, por ellos. Es increíble, ¿sabes? Autos, motocicletas, y tienen esta cosa- la caja que proyecta imágenes, es como si alguien pusiese sus pensamientos en un Pensadero, pero mejor, porque no tienes que meter la cabeza al agua y...
Su padrino continuó con la preparación de la siguiente receta, en un caldero diferente, y fingió que no le importaba oírlo divagar acerca de cómo protegían el ecosistema animal y eran fuente de sustento de una gran parte de las criaturas mágicas de menor riesgo, a las que ni siquiera conocían, y otras tantas conclusiones a las que llegó tras casi tres meses de la materia.
En el fondo, los dos sabían que tenía sus motivos para dejarlas. Pero ninguno lo comentó.
Cuando le dio el giratiempo a Hermione esa tarde, en la Torre de Gryffindor, su amiga soltó un largo suspiro y paseó la mirada sobre las pilas de pergamino que tenía por delante, una infinidad de tareas de las materias acumuladas.
—Odio tanto la adivinación —La escuchó mascullar. Él se rio por lo bajo, encogiéndose de hombros.
—Entonces sólo déjala.
Hermione sopesó el giratiempo entre sus manos, le dio otro vistazo a sus tareas excesivas, y torció la boca.
—Yo voy a seguir con Aritmancia y Runas —Añadió, balanceándose sobre los pies con presunta inocencia—, y Snape dijo que solicitaría una sección de Alquimia para el próximo año, si conseguía estudiantes suficientes. Pero no puedes tener el horario sobrecargado si vas a verla.
Ella se mordió el labio y dejó escapar un quejido, arrugando el entrecejo.
—Quería hacer esto bien...
—Ya lo estás haciendo bien, Hers. Alguien —Recordó justo a tiempo que no podía hablar de Regulus y se rio, negando— me dijo que estamos en una edad donde merecemos un poco de tiempo libre para descansar y hacer tonterías.
A Regulus era a quien le había contado lo sucedido con lujo de detalles. Él había oído cada palabra, sin interrumpir, y en cuanto terminó, le pasó el brazo sobre los hombros y susurró junto a su oreja:
—No tenías que hacerlo- ponerte en riesgo así. Nadie te hubiese culpado de no conseguir el Horrocrux, Draco. No esperamos que seas perfecto, sólo que hagas lo mejor que puedas. Y ya lo estás haciendo.
Draco había sentido que le quitaban un peso de encima, que no habría sabido decir en qué momento se instaló allí. Regulus era bastante insistente acerca de que sólo era un niño. Y los niños, incluso los que tienen el destino del mundo mágico en las manos, deben hacer cosas de niños.
—No creo que Voldemort esté descansando y haciendo cosas normales —Le había replicado él, sin pensar, consiguiendo que Regulus lo estrechase más fuerte.
—Sólo...no quiero que pierdas toda tu vida en esto. No es lo que Cissy querría para ti.
La mención a su madre lo ablandaba. No se podía refutar nada con un nudo en la garganta.
—Supongo que...—Hermione hizo una pausa, vaciló, lo miró—. Todavía puedo buscar en libros lo que necesite, ¿no? —Draco se echó a reír, asintiendo.
—0—
Regresó sin prisas desde el Bosque Prohibido, por la larga extensión de césped que separaba los límites del terreno con el castillo. La diadema de Rowena Ravenclaw, partida en tres trozos y sin la magia oscura que la arruinó por años, yacía dividida entre el fondo del Lago Negro, la Sala de los Menesteres, y ahora, también el tronco hueco de un árbol en el Bosque Prohibido.
Llevaban tres. Dumbledore le había dicho la noche anterior que estaba seguro de que un cuarto Horrocrux se hallaba en alguna parte de Londres, mas no conseguía atravesar ciertas barreras que resguardaban su ubicación específica. De la copa de Helga todavía no se sabía nada.
Leonis correteaba por delante de él, agitando la cola y dando algunos ladridos de vez en cuando. En el momento en que se detenía a su lado, Draco aprovechaba la ocasión para rascarle tras las orejas y verlo retorcerse de felicidad.
Le dio un rápido vistazo al mapa, cerca de la entrada al castillo, y al divisar una viñeta que le era familiar, de haberlo seguido con la mirada los últimos días a través del pergamino, sonrió. Devolvió a Serpensortia a su estado rígido y le dijo a Leonis que lo esperase en el comedor, con el resto.
Era casi la hora del almuerzo, luego tendría que empezar a prepararse para la reunión del equipo de Gryffindor y uno de los partidos más esperados del primer trimestre de clases. Pero podían esperar a que hubiese hablado con él.
Utilizó un pasadizo en un retrato para no ser visto acercándose y reapareció por detrás de Potter, en un corredor desierto. Salió de un salto desde el marco del cuadro y caminó detrás de él.
—Hey- hey, ¡Potter! ¡Cazador de Slytherin!
Como era de esperarse, se dio la vuelta con los brazos cruzados. No suavizó su rostro al identificarlo, pero sí soltó una pesada exhalación cuando se acercó y notó sus claras intenciones de que caminasen juntos.
—¿Quién lo diría? El niño-que-vivió tiene tiempo para los humildes mortales que-
—Gracias.
Potter se quedó en silencio, boqueando de una forma bastante cómica. Empezó a enrojecer.
—¿Qué?
Draco le sonrió, divertido por la reacción que tenía.
—Dije "gracias" —Entrechocó sus hombros y frunció la nariz—, espero no tener que volver a decirlo nunca. En fin —Suspiró, no tan ajeno a la mirada confundida de Potter como le hacía creer—, ¿recuerdas que estaba buscando algo importante y...?
—¿Desapareciste, nos hiciste perder la guerra y le diste el control absoluto del mundo a Quién-tú-sabes? Oh, sí. Mi espalda recuerda bastante bien el crucio de los Carrow antes de ayudarte.
—Nunca vas a superarlo, ¿cierto? —Inquirió, arrugando el entrecejo. Potter se encogió de hombros, de forma teatral.
—¿Te han lanzado un crucio? —Él negó—. Pues cuando te lancen uno, hablamos del tema.
—Espero nunca me lancen uno.
—Sí, yo también lo espero —Draco sonrió más y él rodó los ojos—. A mí, digo. Que a mí no me lancen uno. Tú no me importas. Seguro te lo tendrías bien mereci...
Arqueó las cejas. Potter apretó los labios y desvió la mirada, cuando debió notar que sólo se hundía más al abrir la boca.
Tras un rato y varios metros de caminata, Draco se detuvo, llevando las manos tras su espalda. Volvía a balancearse sobre los pies, bajo la mirada demasiado atenta del Slytherin.
—No podría haberlo hecho sin ti. Literalmente —Se burló. Potter sonrió a medias, divertido—. Alguien me estaba diciendo que debiste recordarme porque estuviste presente en la misma línea de tiempo después y viste lo que yo, y...la verdad es que es muy confuso. Su explicación sonaba convincente, pero no recuerdo ni la mitad de lo que dijo.
—El tiempo es como un círculo y nos pusimos a dar vueltas —Como si hubiese recordado algo, extrajo una revista de sus bolsillos, y la agitó en el aire, frente a él—. Aquí, es de donde lo saqué. Instrucciones para viajar en el tiempo sin desaparecer, cortesía de la imaginación muggle.
Draco emitió un silbido apreciativo, la tomó y le dio un vistazo, pasando las paginas.
—Aunque no pienso volver a viajar —Aclaró. Se guardó la revista, después de decirle que se la entregaría al terminar y que Potter se hubiese encogido de hombros—. Conseguí lo que necesitaba y me gusta mi existencia tal y como está.
—Sí, bueno...es peor que no existas, supongo —Reconoció él, con un falso tono desdeñoso. Fue el turno de Draco de rodar los ojos—. ¿Me seguías para decir eso?
Abrió los ojos de sobremanera. Estaba por replicar, cuando él lo señaló de forma acusatoria.
—Te escuché. No sé de dónde saliste, pero te escuché —Y entrecerró los ojos en su dirección.
La imagen de una adolescente Slytherin, con una reacción similar, volvió a su cabeza y no habría sido capaz de explicarle por qué se empezó a reír. Sacudió la cabeza.
—No, yo- —Carraspeó, se echó el cabello hacia atrás y luego se metió las manos en los bolsillos. Lamentaba no haber llevado ningún amuleto de la suerte consigo; habría sido perfecto—. Te quería desear suerte en el partido de hoy.
Potter arqueó las cejas.
—Pero hoy es el primero de la temporada que jugamos contra Gryffindor —Draco asintió, lo que le hizo fruncir el ceño—. ¿Me deseas suerte contra tu propio equipo? ¿No debería ser yo la serpiente rastrera y desleal?
Él se encogió de hombros.
—Pensé que alguien tenía que desearte suerte, ya sabes, para que te luzcas un poco como Cazador...antes de que les ganemos y eso —Llevó a cabo un gesto vago, para pretender que le restaba importancia—. Tal vez no haya tanta diferencia de puntos para el momento en que atrape la snitch, si lo haces bien.
Potter empezó a negar.
—No puedes- sólo ser lindo por una vez, ¿no? —Se dio cuenta de su error enseguida, porque Draco sonrió de nuevo.
—¿Crees que soy lindo?
El rojo en su rostro le dio la respuesta que él pretendía negar con balbuceos y un ceño fruncido. Cuando se rio, Potter le dirigió una de las miradas más desagradables que le había dado alguna vez, pero el color de su cara causaba que perdiese la propiedad intimidante.
—Sigue con tus tonterías, Malfoy. Les vamos a ganar —Potter levantó la barbilla y siguió su camino, hacia el Gran Comedor. Ninguno dijo nada cuando Draco avanzó a su lado. No lo notaron, en realidad.
—¿Quieres apostar?
Una pausa, una expresión pensativa.
—¿Qué podríamos apostar?
—0—
—...así que esa, básicamente, es la razón de que deba hacer esto.
Pansy parpadeó. Nott parpadeó. Crabbe y Goyle mantenían las expresiones confundidas de siempre.
Harry se terminó de anudar la corbata roja, se pasó la túnica de solapas escarlatas sobre los hombros, y se encogió con un gesto teatral. El color no le quedaba mal, tenía que admitirlo. Casi se veía natural.
—Esto es alta traición a la Orden de los Caballeros de Walpurgis —Pansy tomó asiento en la orilla de su cama, despacio, y presionó una mano contra su pecho, justo donde debía estar el corazón. Si Pansy tuviese uno.
—Y se castiga...con la muerte —Le siguió Theo, emitiendo un dramático efecto de "chan-chan-chan" por sí mismo; pensó que era producto de aquellas tardes en el verano en que les abrió los ojos hacia el mundo del cine.
Él rodó los ojos.
—Sólo será por hoy —Insistió, en voz baja—. Es porque perdimos por doscientos puntos, chicos. No puedo decir que fue pura suerte, si el estúpido de Malfoy agarró la snitch en los primeros treinta minutos de juego.
—Es suerte —Juró Pansy, que sabía poco o nada del deporte mágico, y balanceaba las piernas adelante y atrás—. Suerte de niño-que-vivió, ¿acaso creen que no existe? No- no te rías, Theo, hablo en serio. Sobrevive a un Avada, claro que puede atrapar una snitch rápido.
—O sólo es mejor Buscador que Harper —La respuesta de Nott le arrancó un grito ahogado a su amiga, que fingió desplomarse sobre el colchón.
—¡Estoy rodeada de traidores! ¡Qué poca lealtad, qué poco orgullo Sly!
—Harper simplemente es un ciego engreído. No significa que Malfoy sea mejor Buscador que nadie —Puntualizó Harry, firme, aunque en el fondo, era consciente de que tuvo ganas de gritarle varias veces a su compañero y sacudirlo hasta que reaccionase, en especial cuando distinguía el destello dorado en la distancia, y el dichoso Buscador nuevo, no—. Hablando de orgullo Sly...—Por el tono que utilizó, se ganó la atención de los cuatro. Pansy se sentó enseguida, enderezándose e incluso acomodándose el cabello a como estaba antes de tirarse sobre su cama—. ¿Cómo va lo que les pedí?
—Superar el puntaje que Granger le da a los Gryffindor en respuestas a los profesores es...complicado —Aclaró Theo, frunciendo el ceño—, al menos si no quiero parecer un idiota. Ella, literalmente, quiere responder todo. ¿Acaso no tiene nada más interesante que hacer?
—Te lo dije, Nott. No importa cómo te veas haciéndolo, esos puntos son iguales de valiosos en nuestro marcador al final del año —Su compañero de cuarto soltó una exhalación pesada y asintió.
—Ya lo sé, pero me fastidia igual.
—A todos nos fastidia Granger —Agregó Pansy, en un tono cantarín que difería del desagradable comentario. Harry se fijó en ella.
—¿Y tú qué?
—Las Greengrass están de acuerdo conmigo en que tus ojos son preciosos —Puntualizó, con una sonrisa abierta—, Bulstrode no opina y Tracey es lo bastante ciega para decir que prefiere a Malfoy, ¡a Malfoy! ¿Puedes creerlo? —Y se inclinó hacia un lado, para hacerle la pregunta a Nott, que fingió estar tan indignado como ella y resopló cuando dejó de mirarlo.
—Eh...no me refería a eso —Mencionó, inseguro acerca de cómo se suponía que debía reaccionar. Su amiga hizo un gesto vago para restarle importancia.
—Las chicas hablan muy bien de ti cuando nos reunimos, escucharán lo que les digas. Todas piensan que es adorable que ayudes a los de primero en el club de duelo —Por la manera en que suspiró después, supuso que ella también se apuntaba a esa lista—. La semana pasada, teníamos una discusión sobre los chicos en el uniforme de Quidditch, y entonces sí superaste a Malfoy por mayoría.
—Vaya triunfos —Se burló Theo, conteniendo la risa, a la vez que le aplaudía. Harry entrecerró los ojos y lo silenció.
—Los de primero y segundo lo hacen bien en el club de duelos, el próximo año habrá más, porque ellos me ayudaran a reclutarlos. Flint tiene nuevas estrategias y estaba practicando una maniobra de bloqueo con Montague...
—¿Bloqueo? —Él chasqueó la lengua.
—Un detallito insignificante, para que no nos quiten la Quaffle. Ni siquiera se darán cuenta de que lo hacen.
—¿Crees que ganemos la Copa este año? —Preguntó Pansy, ajena a la mirada confundida de su compañero al escuchar sobre la estrategia del próximo juego.
Harry se miró en el espejo del cuarto, suplicó porque el día no se le hiciese eterno, y se giró para encararla.
—Claro que sí, Pans. No sólo lo creo, pasará. Es inevitable.
—0—
Mientras el niño-que-vivió les aseguraba a Ron y Hermione que Salazar no haría daño a nadie, en la primera visita a la que los llevaba para mostrarle al Basilisco que vivía bajo el castillo, en el primer piso, Harry regresaba de la biblioteca con un libro sobre Quidditch bajo el brazo y un rictus de desagrado, por el idiota de Gryffindor que se le acercó por detrás, le palmeó la espalda para saludar y estuvo a punto de ocupar su mesa, hasta que se fijó bien en quién era.
¿Todos los leones eran así de entusiastas y confiados? Para empezar, él no le había dicho que podía sentarse.
Sin duda, otra razón para preferir a sus compañeros de Slytherin.
Bajó por las escaleras móviles, tomó rumbo hacia las mazmorras, y al doblar en una esquina, tuvo que echarse hacia atrás por un movimiento brusco que lo sobresaltó y cortó su paso. Una niña acababa de ser empujada contra una pared por un grupo de tres o cuatro, mayores que ella, a simple vista.
No debía tener más de doce años y una corbata de Ravenclaw, mal atada contra el cuello de la ropa casual, le advertía a dónde pertenecía. Por la manera en que los idiotas le hablaron, se imaginó que eran de la misma Casa, o al menos, la conocían bastante bien.
Harry, que ya venía irritado desde la biblioteca, no perdió la oportunidad de sacar la varita y ejecutar uno de los hechizos más recientes que se practicaban en el club de duelos, que consistía en darle un calambre al oponente en el brazo con que sostenía la varita para que la dejase caer o se detuviese. Se lo lanzó a todos, los vio retorcerse y gimotear, luego arrojó un hechizo de calor hacia el suelo bajo ellos.
El grupo de idiotas empezó a saltar cuando la piedra ardió bajo sus pies y se alejaron deprisa, dando brincos y tumbos. La niña quedó atrás, aturdida, todavía recargada en la pared.
—Pobrecitos —La oyó musitar, con una voz suave. Miró alrededor y se fijó en él, emitió un "oh". Harry ya se había guardado la varita en la manga de la túnica y continuaba su camino, cuando ella se le acercó y avanzó a su lado.
La observó de reojo, ceñudo. Con una niña no podía desquitarse. Su madre lo mataría si hechizaba a alguna, fuera del club de duelos o las prácticas.
—¿Y tú qué? —Le espetó, cuando pasaron unos segundos y ella permaneció en silencio, mirándolo.
Le sonrió.
—Es impresionante lo que hiciste. Debes ser un gran mago.
—Bueno...sí —Harry levantó la barbilla. A todos les gustaban los cumplidos, ¿cierto?—, claro que lo soy.
