Nota: Uno de mis lectores está seriamente preocupado por saber cuántos capítulos más haré de la segunda parte de este fanfic. En un principio, esperaba que fueran aproximadamente 10, para que tuviera equilibrio con la primera parte. Ahora creo que serán 14 capítulos y tal vez un epílogo. Mi intención es terminar con esta historia porque sigo recibiendo mensajes privados donde me explican cuánto ha significado para muchos este fic. No quiero defraudarlos. Por otro lado, para mí ha sido muy terapéutico escribir Harmony. Llevo haciéndolo años. A veces planeo una historia como esta y todo está bajo control; otras, como el caso de La Partida del Maestro de la Muerte, adquiere vida propia y me supera de todas las formas posibles. Quiero que consideren que dejé de actualizar este fic durante un año; esto implica que mi manera de escribir también se transformó. Hay mucha disparidad entre la primera parte y esta segunda que sigo escribiendo. Me gusta pensar que la calidad ha mejorado, lo cual también significa que la trama se enrede un poco más o sea menos ligera. Comprendo que a veces leerme pueda ser cansado por eso, o desesperante. Siempre he pensado que este pequeño espacio en internet lleno de fanfics debe estar lleno de desahogo, alegría, satisfacción y evasión de la vida muggle. Si yo ya no estoy cumpliendo con eso en sus vidas, no me lean. Hay miles de opciones más. Pero a los que aún me acompañan, a los que se siguen haciendo espacio para abrir este fanfic en sus trabajos, escuelas, casas, trayectos citadinos... Gracias por todo.
...
Harry Potter y la historia que debió ser
Parte II
"UN MALFOY SIEMPRE PAGA SUS DEUDAS"
McGonagall se limpió las lágrimas antes de permitir que entraran a su oficina. No se levantó para recibir a Pomfrey, como hubiera deseado, porque sus piernas seguían sin responder. Ni en sus más horribles pesadillas imaginó ver tan herida a una generación completa de alumnos. Jóvenes extraordinarios, de habilidades únicas y sonrisas irreemplazables. Pequeños adultos que decidieron luchar por la equidad, por derechos dignos para cada mago y bruja, sin importar sus orígenes. A veces, incluso, por encima de sus diferencias más superficiales.
Pomfrey traía el rostro deshecho, la túnica blanca salpicada de sangre y manchas amarillentas. Las manos hinchadas por la cantidad de hechizos esterilizantes.
Minerva tomó la botella de escocés en su escritorio y sirvió un vaso para la sanadora y otro para ella.
Las brujas estuvieron en silencio durante cuatro vasos de whiskey. Finalmente, la Ravenclaw habló.
—Pensé que no iba a salvar a la mayoría.
—Lo lograste. Gracias.
—¿Puedes explicar lo sucedido en Time Square?
—No. La intervención de los muggles… Con Lucius en el poder, cualquier cosa pudo pasar entre ambos Ministerios.
—Aún así, esto lo confirma, ¿verdad? Prudence Parkinson es la traidora.
—No puedo asegurarlo. Esperemos a que Harry despierte primero.
—Yo no tengo dudas. El joven Potter tardará un par de horas más en despertar. En cambio, Xenophilius ya está recuperado y...
—¿Recuperado? ¿Qué? Bill Weasley lo trajo junto con Luna Lovegood. Ambos muertos.
—Los trajo y fue mi deber hacer una autopsia. Necesitábamos determinar la causa de muerte. Para cuando me di cuenta de lo que sucedía, todos los DD ya estaban en Time Square. Al único que pude alertar fue a Ronald Weasley. Los Lovegood estaban heridos, sí, pero de forma ligera.
Minerva se levantó, tirando su vaso de whiskey —¡Explícate, por Merlín!
—Fue un acto alquímico. Alguien paralizó los cuerpos de los Lovegood para hacerlos pasar por muertos. Jamás he visto ni leído de una transmutación de ese nivel. ¿Comprendes de lo que hablo? Es alquimia humana, la más prohibida y complicada: alterar el cuerpo humano a antojo, conteniendo el alma para hacer con ella lo que plazca. En este caso, la transmutación fue para proteger a Xenophilius y Luna Lovegood.
—Pero la única alquimista en siglos es…
—La única que conocemos. Puede haber otros magos o brujas jugando con la alquimia, sin hacerlo público. Sabemos que las artes prohibidas nunca permanecen olvidadas.
—¿Qué objetivo tendría hacerlos pasar por muertos?
Poppy se encogió de hombros —No lo sé. Pero algo es seguro. El alquimista que atacó a los Lovegood es aterrador. ¿Sabes el conocimiento que se debe tener del cuerpo humano para haber congelado a ambos, sin lastimarlos de verdad? ¿Sabes el control que se requiere sobre una transmutación humana?
—No estoy segura. La alquimia es un tema de los más censurados.
—Con justa razón, si alguien es capaz de algo como esto.
—
Ron terminó de jalar la camilla de Harry junto a la de Luna. Ella lo observó divertida, con los párpados a medio caer y el resto de su cuerpo aún descansando.
Una vez que tuvo a Harry cerca, volvió a sentarse junto a la rubia, tomando su mano.
—¿Quieres pudín de ciruela? —susurró.
Luna negó con suavidad. Se preguntó qué le hizo creer que el pudín era un buen postre, pero sonrió para tranquilizarlo.
—Ron, parpadea —consiguió decir con la garganta rota.
El pelirrojo desvió los encantadores ojos azules, como el cielo —Me siento el hombre más afortunado del mundo. Volviste de la muerte, Luna. Estás aquí... ¿conmigo?
Ella inclinó el rostro —Siempre he estado contigo. Mucho antes de que tú lo notaras… o desearas.
Ron asintió, avergonzado.
Por la puerta principal entró McGonagall, olvidando por una vez su gesto adusto y saludando a sus alumnos, besando frentes y apretando manos. Los DD permanecían en las camillas, recuperándose de los balazos.
La directora llegó casi llorando con Luna y su padre —Bienvenidos de regreso. Fue terrible sentir que los habíamos perdido.
Xenophilius, comiendo el pudín de ciruela, asintió —Ahora todo está mejor, Minerva. La verdad fue una experiencia enriquecedora. Me sentí embrujado por una fuerza superior, tan parte de la naturaleza y sus funciones que era imposible combatirla con mi magia. Lo que me puso a pensar, los cuatro días que estuvimos en suspensión, en la vieja leyenda de los tres hermanos. Ya sabes. La de las reliquias de la muerte. Por supuesto, no es una leyenda. El gobierno ha querido convencer a las masas de ello para evitar el pánico y la búsqueda desesperante por la varita invencible. En lo personal yo iría tras la piedra de la resurrección, quisiera hacerle un par de experimentos para determinar...
—¡Harry está despertando! —gritó Ginny.
Los que ya podían levantarse, aunque sin permiso oficial de Pomfrey, corrieron hacia su líder. Rodearon la camilla sin dejar espacio entre brazos y hombros. Ron tuvo que mover a Ginny para permitir que Luna viera directo al moreno.
Harry emergió del sueño con una imagen nítida de su novia sonriéndole desnuda en la cama de Pembroke. De verdad la extrañaba. Antes de despertar, esa imagen se transformó en la de los DD, ensangrentados en la plaza del Time Square. Gimió para coger aire. Aturdido. Asustado.
—Estás bien, todos estamos bien —susurró Ginny, acariciando su cabello negro.
Hannah la miró irritada.
—¿Luh... na? —Harry sintió que sus pulmones necesitaban fuerza sobrehumana para llenarse. Algo en su pecho lo estaba quemando. Vio de nuevo a la rubia acostada junto a él.
—Sí, soy yo. Todos estamos aquí.
Los DD saludaron felices a su líder. Montones de manos apretaron alguna parte de Harry, en confortables muestras de afecto.
Ron se inclinó para ponerle los lentes, un poco torpe con su única mano —¿Recuerdas lo que sucedió?
Harry parpadeó, ajustando su visión. Contó a los DD y volvió a ver incrédulo a Luna.
—Fuimos atacados en Time Square... Luna tú estabas...
—Larga historia —cortó la rubia sin dejar de sonreír.
Ron tomó el hombro de su mejor amigo —Necesito saberlo. ¿Es cierto? ¿Los guerreros muggles los atacaron?
—Militares —corrió Harry, recordando—. Fue una emboscada. Creí que moriríamos.
Ron vio aterrado a los DD. Vendas, parches y puntos en el cuerpo de sus amigos. Heridas producidas por "balas" muggles en segundos.
—¿Por qué? —replicó nervioso.
—¿Qué hacen todos afuera de sus camas? —amonestó Pomfrey, llegando— ¡Vuelvan a sus camillas! ¡Ahora!
Luna siguió hablando con Harry, aprovechando la cercanía —Debes saber algo. Es importante.
—Lo más importante es ir por Prudence —replicó el moreno, intentando levantarse. El dolor en el pecho lo detuvo.
Ron escuchó eso y se acercó preocupado —¿Prudence?
—La vi. Pudo atacar a un Death Eater e incapacitarlo, pero movió la varita al último segundo. Quiso aparentar que está de nuestro lado. Kingsley tenía razón: ella es la traidora.
Luna intentó alcanzar a Harry con su mano, pero la debilidad se lo impidió —Por favor, debes saber algo…
Ron se sintió un completo inútil. Con la mayoría de los DD recluida en la enfermería bajo observación, él debería hacerse cargo de ir por Prudence. La falta de su brazo derecho era desesperante.
La profesora McGonagall, por suerte, escuchó todo.
—Llamaré a Kingsley y Remus. Yo misma supervisaré que la señorita Parkinson sea detenida.
Harry negó —Debo hacerlo. Ella me engañó. Usó algún tipo de magia. Es mi culpa —vio a los DD, sumergido en el arrepentimiento— ¡Es mi culpa!
Desapareció.
Ron giró los ojos —Perfecto.
Fue tras él.
—
Aparecieron en Potter Cave. Ron tuvo que sostener a Harry, cuando la debilidad y el dolor pudieron más que él.
Crookshanks maulló al verlos. Agitaba la cola sobre la barra de la cocina.
—¿Por qué me duele tanto el pecho? —gimió, señalando el sillón más cercano. Ron lo llevó hasta allá.
—Te dispararon, amigo. Tu esternón sigue creciendo. Madame Pomfrey lo desapareció; dijo que una bala había triturado tu hueso.
Harry pareció alarmado —¿Cómo es que sigo vivo?
—Volviste a usar magia original. Protegiste a los DD y diste la orden de desaparecer. Tenemos la teoría de que a los Death Eater no les fue tan bien.
—Eran… de nuestra edad.
Ron asintió —Lo lamento.
—¿Harry? —llamó una voz desde el pasillo.
Los magos se tensaron. Prudence Parkinson entró a la sala.
—¡Oh, Harry! Sabía que regresarías al siguiente momento de despertar. Odio no tener acceso a Hogwarts. Arregla eso pronto. No quiero alejarme de ti si esto vuelve a suceder.
Ron dio un brinco hacia atrás cuando Harry se lanzó contra Prudence. Lo vio azotarla contra la pared, colocando el antebrazo en el cuello de la bruja, mientras usaba su otra mano para torcer la muñeca femenina. Ella gritó, aterrada.
—¡¿Qué te pasa?!
—¡Casi matas a mis amigos! ¡TRAIDORA! Confié en ti, ¡y tú nos lanzaste contra los militares!
—¿Cómo podría hacer algo así? ¡No tengo contacto con los muggles! Jamás podría organizar un ataque de ese nivel. ¡Yo también estuve a punto de morir!
—¡Te vi! ¡No atacaste al Death Eater! ¡Nadie más sabía del encuentro en el Time Square! ¡¿Quién es tu contacto?! ¡Responde!
Prudence entrecerró los ojos —Tú me necesitas.
Ron sintió que algo cambió en el ambiente. Sus oídos se llenaron de un extraño zumbido. De pronto le pareció que Harry era muy agresivo y malo con Prue.
Su amigo retrocedió, soltando a la bruja —No… ¿Qué me estás haciendo? —se sostuvo la cabeza, respirando de forma acelerada.
Prudence puso las manos en su pecho —Piensa en toda la tristeza que sientes por no tener a Hermione aquí. Piensa cuánto la defraudaste. Piensa que jamás pudiste salvarla. Ella no volverá.
Harry cayó de rodillas —Basta, Prue…
—Por eso me necesitas. Yo te ayudaré a curar ese dolor. Sin mí, morirás.
—¡Basta!
Ron parpadeó. El zumbido desapareció.
Harry estaba de nuevo de pie, apuntando con su varita a Prudence —¿Qué clase de magia usas en mi contra? ¡¿Por qué?!
Ella perdió la sonrisa confiada —Imposible, no habías sido capaz de resistirte…
—Porque confiaba en ti. Pero ahora, por tu culpa, mis amigos están en la enfermería de Hogwarts. ¿De verdad creíste que eso te lo perdonaría?
—¡Yo no tuve algo que ver con los muggles!
—Tal vez… pero sí con los Death Eaters. ¿Juegas en ambos bandos? ¿Mantienes a todos contentos mientras la guerra se decide?
—No sé de qué hablas… Yo te amo. Nos vamos a casar.
—¡¿Qué haces en mi casa?! —Harry estaba furioso, la magia a su alrededor comenzó a chispear— ¡¿Qué haces en la recámara de Hermione y yo?! ¿Por qué me hiciste traicionarla? ¡¿Cómo?!
Prue frunció los labios, en un gesto muy parecido al de su prima Pansy —Tú me invitaste. No finjas que ahora no me amas.
Ron estaba harto. Le pareció que también él traicionó a Hermione. Esa casa era de los tres, pero dejó que Prudence se enredara con Harry e invadiera un espacio sagrado en sus vidas.
—Es el Horcrux —dijo sorprendido de su propia deducción—. ¡Ella tiene el guardapelo!
Harry clavó su mano en el pecho de Parkinson. El grito de la bruja se mezcló con el siseo furioso del Horcrux. El departamento vibró. En la azotea, Nagini soltó un rugido inhumano.
Ron se lanzó junto a su mejor amigo, ayudándolo con su mano a jalar el guardapelo. Prudence chillaba como si le estuvieran arrancando el alma.
...ella nunca te perdonará, Potter…
Era la voz de Voldemort.
...la traicionaste...
Harry negó, aguantando las lágrimas mientras usaba su magia para romper la cadena.
…ella te regaló esta casa, Weasley, y tú la reemplazaste…
Ron apretó los dientes. No se dejaría engañar. ¡Él no reemplazó a Hermione! Ella siempre tendría un espacio único en su corazón. Era su amiga. Su hermana.
...ninguno la merece…
...cuando vuelva, si es que vuelve, preferirá morir que estar con ustedes...
La cadena por fin se reventó. Prudence cayó como un títere sin hilos contra el suelo.
Harry y Ron permanecieron con el guardapelo en las manos, respirando furiosos.
—Ron…
—¿Sí?
—Hay que deshacernos de los Horcrux. Ya.
—A favor.
—
Anocheció. La temperatura de las colinas escocesas en esa época del año era una tortura para el muñón de Ron. Deshizo el camino hacia el castillo, dejando atrás el lago negro que lo acompañó durante sus cavilaciones: Harry destruyó el diario usando veneno del basilisco… ¿había manera de regresar a la Cámara de Slytherin? Y de ser así, ¿podría recuperar un poco del veneno para sus propósitos?
Fue a la oficina de la directora McGonagall. Quería discutir con ella la posibilidad de bajar a la Cámara. Mañana, cuando Harry despertara, podrían ir juntos.
—¿Cómo se encuentra el señor Potter?
Ron sonrió —Madame Pomfrey lo regañó por haberse ido de esa forma. Le dio una pócima para dormir. Supongo que está igual que el resto de los DD: estable y adolorido.
—¿Y la señorita Prudence?
—Kingsley la está interrogando.
La bruja asintió, conforme —Espero que el señor Potter no se culpe demasiado. Ella tenía un Horcrux en su poder. Además, nadie habló con él sobre su decisión de tenerla en su casa. Yo… pensé que era lo mejor, debido a lo sucedido con… Hermione.
—Fue responsabilidad de todos.
Ella le sonrió —Bien dicho. Ahora, sobre el tema de bajar a la Cámara, no me parece mala idea. Pero será después de que Pomfrey apruebe que el señor Potter salga de la enfermería.
—Gracias, profesora.
Ron miró el retrato del fallecido director.
—No es momento para que duerma. Lo necesitamos.
Se sintió extraño hablando con Dumbledore. En general fue Harry quien construyó una relación con él, y desde su muerte parece haber un secreto entre ellos que lo ha mantenido lejos de la oficina, como si fuera innecesario hablar con el retrato.
Ron estaba desesperado, al siguiente día los DD saldrán de la enfermería y retomarán sus vidas. Mientras, él no podía ayudar en nada.
—¿Por qué? ¿Por qué duerme si sabe que la guerra sigue? ¿Por qué dejó a su retrato con esa orden? No es justo. ¿Para qué me dejó el deluminador?
El retrato siguió roncando. Ron sacó dicho objeto, jugándolo en su mano izquierda. Caminó dando vueltas en la oficina, pensando. No se fijó en la mirada paciente de la directora. Siguió pensando. Fue Dumbledore quien eligió el tablero de ajedrez en las pruebas para llegar a la piedra filosofal. Era un estratega de corazón, como él. De alguna manera, tenía que descifrar su plan. Abrió y cerró el deluminador, robando cada luz de la oficina. La oscuridad lo ayudaba a pensar…
Excepto que no quedó en total negrura.
Al fondo de la oficina, el cofre de cristal brillaba como un patronus. Dentro, la espada de Gryffindor.
—Santa mierda —susurró, yendo hacia el cofre. Eso era. Dumbledore heredó la espada a Harry, y se aseguró de que nadie pudiera tomarla antes—. ¿Cómo se le ocurre dejar algo así al cabeza duro de mi amigo? Ni que fuera un genio como Dumbledore o como… ¡Hermione!
Tocó la superficie cristalina, observándola con enfermiza atención. No era una pieza entera, se componía de millones de pequeños cristales, como cuarzos mágicos. Alquimia.
—La única persona en el Reino Unido que podría ayudar a Harry a sacar la espada, es su novia. Brillante. Ahora sólo debemos esperar a que ella vuelva a nosotros.
—¿Lo hará?
La voz masculina hizo brincar al pelirrojo. Se volteó sorprendido de ver los ojos azules de Dumbledore, iluminados por el cofre a la distancia. El resto de su rostro pintado permaneció en las sombras, dándole un efecto tétrico.
McGonagall puso una mano en su boca, ahogando cualquier exclamación. Era obvio que Dumbledore sólo despertó para hablar con el pelirrojo.
—¡Despertó! —gimió Ron, señalando lo obvio.
—La guerra ha cobrado su precio, joven Weasley —dijo viendo el muñón ensangrentado.
—Protegí a mi madre. No me arrepiento —pronunció lo que venía repitiendo desde el ataque—. Profesor, debe ayudarnos. Secuestraron a Hermione, no sabemos cuántos Horcrux faltan por encontrar, no podemos sacar la espada del cofre, los DD están con la moral en el piso, la Orden del Fénix ya no existe, yo…
El retrato lo miró atento. Tras minutos de silencio habló —¿Usted, señor Weasley…?
—Soy inútil —susurró, tembloroso—. Mi deber era proteger a Hermione esa noche. Ese era el plan. Preferí irme con Luna. Por mi culpa… No me lo perdono. No soporto que Harry no me culpe al respecto. Y luego voy y pierdo mi brazo de combate. ¡La única responsabilidad que me quedaba era proteger a mi mejor amigo! Se lo debo a Hermione, a él. Prometimos cuidarnos. Y fallamos. ¿Para qué se supone que sigo vivo?
—Eso únicamente lo puede responder por usted mismo.
—Oh, vamos, necesito un maldito consejo —lo miró avergonzado— …por favor, profesor.
Dumbledore le sonrió —Un consejo… se me ocurre uno.
—Vale, no me deje esperando.
—No pierda tiempo con el cofre. Esa misión le pertenece a la señorita Granger, no a usted.
Ron dejó caer los hombros. Gruñó por el dolor en su muñón —Gracias.
—Señor Weasley, todos cometemos errores. Eso no es importante. Debe descubrir, sin embargo, cómo quiere actuar el resto de su vida. El día de su muerte volteará a este día y sabrá si hizo lo correcto.
—¿Realmente es posible? —murmuró expectante— ¿Podré superar esto y ser merecedor de mis amigos?
Dumbledore cerró los ojos —Usted me lo dirá, algún día.
La oficina quedó en silencio.
—
A la mañana siguiente Ron se paró en las puertas de la enfermería. Los DD ya estaban de pie, en sus uniformes, conversando sobre las tareas y clases que perdieron. Nadie mencionaba lo obvio: Seamus continuaba sin despertar.
Harry, al fondo, tampoco parecía tentado a decirlo.
—Hey, Ron, muévete —dijo Dean, ajustándose la corbata—, tenemos que llegar al desayuno antes de clases.
—No.
Cada uno de los presentes dejó de moverse.
Neville se aclaró la garganta —¿Pasa algo, amigo?
—Tenemos que hablar.
Harry, aún en la camilla junto a Luna, lo miró curioso —¿Qué sucedió?
—¿No es obvio? —replicó, agitado. Era difícil pararse frente a ese grupo de jóvenes extraordinarios. Ron se sentía, en comparación, como un gusano intrascendente. Y ahora tenía que enfrentarlos. Recordó a Neville, cuando en primer año hizo lo mismo para evitar que Harry, Hermione y él salieran de la Torre de Gryffindor. Obviamente, el castaño era el verdadero héroe, el hombre que debió acompañar a Harry en sus aventuras. Seguro todo habría sido más sencillo. Incluso para Hermione. ¡Hasta su patronus era un león, por Merlín!
Pero el destino, por alguna razón, lo eligió para ser el apoyo de Harry.
Y Ron decidió que ya era suficiente de ir contra su destino.
—Perdieron la batalla en Time Square.
Parvati desistió de amarrar su corbata —Sabíamos que esto podría ocurrir. Así aceptamos formar parte de los DD. Está bien, Ron.
—¡No lo está! Yo perdí un brazo. Hermione quizás está muerta. Seamus tal vez nunca despierte. Ustedes… estuvieron a punto de morir. ¿Están listos para salir de nuevo a combatir? Sé que no. Es imposible.
Hubo silencio unos momentos. Luego Cho habló.
—Pensé que enfrentaríamos magia, pero… ¿muggles armados? —se abrazó, cerrando los ojos—. No quiero morir.
Hannah siguió —Yo tampoco. Nuestros escudos no pudieron frenar todas las balas. ¿Qué sucederá ahora?
Dean asintió —Es el primer combate, desde la invasión a Hogwarts, que hemos vivido.
Parvati lo abrazó.
Angelina miró el muñón de Ron —Creo que no teníamos realmente comprendidas las consecuencias de esta guerra.
—A eso me refiero —insistió Cho.
Uno de los gemelos respondió —Por eso la vieja Orden del Fénix no quería que nos involucráramos. Ellos han sobrevivido esto decenas de veces.
—Tal vez no estamos preparados —comentó Susan.
Ron volvió a hablar —Desde que perdí mi brazo me he sentido como un estorbo para ustedes. Para Harry. Ahora que los muggles se involucraron, siento que todo empeoró. Y lo único que pienso una y otra vez es que no es justo. Ni siquiera he resuelto qué hacer con mi vida, pero ya tengo que defenderla en una guerra. Las ganas de desertar son… poderosas.
Harry bajó la mirada. No sería la primera vez que su mejor amigo decidiera irse. Le dolió más en esta situación, cuando creyó que ambos habían madurado. Pero no lo culpaba. Perdió un brazo por él. Su hermana estuvo a punto de morir por él.
Cho asintió —Creo que es válido que hablemos de esa posibilidad.
Ginny soltó un bufido —¿De la posibilidad de desertar?
Neville se cruzó de brazos —Me niego. Yo pelearé hasta el final.
Dean observó a su mejor amigo, inconsciente —No es tan fácil…
—No nos hace menos valientes —replicó Cho.
Katie Bell se le puso enfrente —Entonces lárgate de los DD. Para mí, esta lucha significa mi libertad y la de mis seres amados. Tú eres una sangre pura, no tienes nada que perder. Además, Hermione merece más que esto. Ella creó los DD con Harry para darnos una oportunidad real de luchar por nosotros mismos. Si no te gusta, Cho, ¡vete!
—¡También es mi lucha! —gritó Cho— ¡Y los DD no son de Hermione! ¡No es justo que digas eso!
—Hermione salvó mi vida —insistió Katie—. Jamás olvidaré eso. Es una cuestión de honor, de fidelidad y aprecio. Sin ella, Chang, no habría DD. ¿No lo entiendes? Harry tampoco estaría aquí parado de no ser por Hermione.
Cho miró avergonzada a los DD —Bien, ¿quieren saber la verdad? ¡Tengo miedo, no soy una Gryffindor! ¡No soy Hermione Granger! ¡TENGO MIEDO!
Ron le sonrió —Yo también. Muchísimo. Y yo sí soy un Gryffindor.
Todos lo miraron, sorprendidos. Continuó hablando.
—Tenemos que reconocer eso. El miedo. A perder una extremidad. A no ser los héroes que se supone que representamos. A no ser tan buenos líderes como Harry, o tan valientes como Neville, o tan fieles como Hermione. Miedo a morir. Y eso está bien. De verdad. Porque si seguimos aquí, sin hablar de nuestros miedos… no podremos continuar en el campo de batalla. Y las cosas cada vez están peor. Así que no es buena idea recriminarnos. Tenemos que ser solidarios.
Padma se aferró de su hermana antes de hablar —Yo también tengo miedo.
Justin intercedió —Y yo.
Harry habló —Yo también. Todo el tiempo.
Cho se soltó a llorar. Neville, apenado por su actitud momentos atrás, se acercó a abrazarla.
Ron siguió —Por mi parte, a pesar del miedo y la falta de brazo, no estoy dispuesto a huir. Creo que debemos pensar en formas para colaborar con los DD, que no sean siempre en el campo de batalla. Sé que siempre contaremos con quienes puedan y quieran luchar de manera directa; pero es necesario hacer un espacio para los que no tenemos opción o decidimos mantenernos fuera de la línea de fuego. Sé que podemos ayudarlos.
Harry le sonrió —Me parece una excelente idea. No todos somos guerreros, y eso está bien. Nos organizaremos mejor. Quienes no deseen estar de nuevo en un combate, seguirán conservando su lugar en los DD.
Cho se limpió las lágrimas —Gracias, Ron. Gracias, Harry.
—¿Qué hay de los muggles? —preguntó Dean.
Harry contestó —Kingsley está averiguando cómo y por qué se involucraron en el conflicto con Ya–saben–quién. Habrá una junta cuando lo tengamos claro, para que todos decidamos cómo proceder. Mientras, pueden continuar con sus clases.
Katie se acercó para darle un abrazo —Lo que venga frente a nosotros, lo superaremos juntos.
Parvati se unió al abrazo, seguida de Susan, Katie, Hannah y Dean. El resto los siguió, y se amontonaron en un intercambio de brazos y hombros. Katie le pidió perdón a Cho, en un susurro. Al final, sabían que por muy diferentes que fueran, estaban unidas en la misma causa.
Momentos después, sólo quedaban en la enfermería Harry, Ron, Luna y el señor Xenophilius.
—Quisiera ir a casa —dijo Harry.
Luna asintió —Yo también. Pero antes, deben saber algo. Es importante.
—Eres mi Amortentia, Luna —confesó Ron, de golpe—. Tinta recién impresa, ciruela dulce, libros y flores. Tú me devolviste la habilidad de amar.
Harry y Xenophilius lo miraron sorprendidos. Luna, en cambio, pareció preocupada.
—No juegues con eso. No podría si después te das cuenta que es un arranque más de los tuyos. Llevo mucho tiempo esperando por ti. No lo arruines.
Negó, decidido a terminar con su autocompasión y miseria —¿Recuerdas cuando te conté sobre mis sentimientos por Hermione? Creí que el pecho jamás dejaría de dolerme. Que jamás superaría que Harry me la arrebató. Pensé que más allá del amor que siento por ellos, siempre sería infeliz.
—Claro, fue un momento difícil para ti.
—Cuando pensé que te había perdido, supliqué que el dolor fuera igual. Tan humano. Tan aguantable. Luna, sentí que mi alma se rompió ese día. No sólo había perdido a la mujer que amo, sino a mi mejor amiga. Comprendí tantas cosas. He sido el mayor imbécil sobre la tierra. Con Harry por no entender su amor por Hermione. Con ella por no haber reconocido la relación violenta y autodestructiva que teníamos. Contigo por haber aplazado esta conversación durante meses. La verdad no sé cómo me aguantan.
Luna parpadeó las lágrimas —Quizá porque al final siempre dices lo correcto.
Sonrió —¿Más vale tarde que nunca?
—Sólo en tu caso.
Ambos rieron antes de besarse.
Harry apretó las sábanas. Fue testigo de cada momento en el que su mejor amigo se enamoró de Luna. De verdad, era feliz por ellos. Pero odió que Hermione no estuviera presente; que se perdiera de este instante en el que Ron había aplacado los temores de los DD, había sido honesto sobre sus limitaciones, y luego se confesó a la bruja que amaba.
Hermione merecía vivir esto.
Por su parte, Xenophilius los miró entretenido, cada segundo de su primer beso. Hasta que Ron lo notó de reojo y brincó lejos de Luna.
—¡Señor Lovegood!
—¡Llámame papá! —comenzó a reír, lleno de energía y felicidad. Brincó sobre Luna y Ron, abrazándolos como si fuera a morir si no los tuviera atrapados en su pecho— ¡Mi familia acaba de crecer!
Luna empujó a su padre, riendo —¡Ya, por favor! Necesito decirles algo.
Harry recordó que esa no era la primera vez que lo pedía —¿Qué es?
—Vi a Hermione.
La enfermería quedó en silencio. Ron, incluso, soltó la mano de Luna.
—¿Qué? —dijeron Harry y Ron.
—En casa de papá, la tarde que lo encontré aparentemente muerto. Hermione estaba ahí. Me dijo "no pueden haber testigos. Tienes que morir". Sus ojos se veían diferentes, y traía puesto un brazalete dorado.
Harry volvió a sentir su esternón hervir por el dolor. No podía ser cierto.
—¿Ella te atacó? —preguntó con un hilo de voz.
Luna lo miró confundida —¿No entiendes, Harry? Hermione me explicó todo: no podía dejar testigos, era necesario aparentar mi asesinato.
—¿Por qué? —chistó Ron, nunca tan confundido— ¿Segura fue ella?
—Sí. No sé por qué, pero presiento que alguien la envió.
—Los Mercenarios Exóticos —dijo Harry—. Querían matar a los Lovegood por haber publicado el artículo sobre ellos. Tienen bajo su control a Hermione.
—O no —alegó Luna—, porque ella resistió la orden y nos dejó vivos. Nos protegió. Sea lo que esté pasando Hermione, aún está luchando.
—Si tuvo oportunidad de alejarse de ellos, ¿por qué no volvió a Potter Cave? —preguntó Ron.
—Ella no sabe dónde está Potter Cave —comentó Harry, comprendiendo el error—. Ella tenía el secreto de Potter Pembroke. Cuando cambiamos el Fidelius, debió perder la ubicación. ¡Mierda!
—Aún así, pudo haber ido a la Madriguera, a Hogwarts, ¡a donde sea!
Luna lo pensó un momento —Tuvo que aparentar el asesinato de mi padre y yo, porque necesitaba regresar en buenos términos con los Mercenarios. Hay algo que no le permite escapar.
Xenophilius de pronto habló —¿Dijiste que traía puesto un brazalete dorado?
Harry recordó ese objeto —El brazalete de Draco Malfoy. Él debió ponérselo. ¿Por qué?
Xenophilius hizo un movimiento con su mano, cubriendo su antebrazo derecho —Puede tratarse de un Brazalete Berserkr. Hay pocos en el mundo. Se requiere de mucho dinero y contactos en las bajas esferas para conseguir uno.
—¿Cuál es su uso? —apuró Harry.
—Los vikingos crearon los Berserkr para proteger a los mejores guerreros cuando tenían que partir a un combate muy peligroso. El brazalete confiere la habilidad de sanar a velocidades increíbles, a cambio de alimentarse de la magia del portador. También tiene otros beneficios, ya que son inmunes a los hechizos de rastreo.
—Por eso Malfoy compró uno —mencionó Ron—. Para proteger su vida y a la vez escapar de Ya–saben–quién.
—Por eso tampoco pudimos localizar a Hermione, ni siquiera antes de que los Mercenarios la encontraran —dijo Luna.
Harry volvió a pensar en todo lo que hacía el brazalete —Eso quiere decir que…
No quiso pronunciarlo.
Ron esperó paciente, pero al ver que no reaccionaba, habló —¿Qué? ¿De qué me estoy perdiendo?
Su mejor amigo lo miró con los ojos verdes llenos de confusión y arrepentimiento.
—Con el brazalete, ella pudo sobrevivir la herida mortal que se hizo en la Torre de Astronomía. Es decir… Draco Malfoy salvó la vida de Hermione.
Nota 2: Seguiré actualizando semanalmente. El siguiente capítulo: "El escape de Crisopeya". Nos vemos pronto.
