Nuevo Capitulo *-*

ADVERTENCIA:

La personalidad de los personajes serán Ooc si no les gusta, ¿Qué esperan para salir de la página? no están obligados a leer algo que no les gusta.

La historia Tendrá mucho Romance y Humor. Se tocarán muchos temas sobre celebridades que quizás conozcan, así que si escuchan el nombre de un actor o cantante reconocido no se preocupen es muy importante para el Drama. Ah y pues claro que tendrá su parte erótica y sensual entre los protagonista.

Esta historia es una adaptación, por lo tanto ninguno de los personajes me pertenecen. Sin más que decir, espero y disfruten la lectura.


26. Yo nací para quererte


A la mañana siguiente, tras ser avisados del cambio de hospital por Hinata, Shino, Kiba y Gaara aparecieron y poco después llegó también Kurenai, recién aterrizada desde Minnesota. Al verla, Hinata sonrió y la abrazó y a continuación le presentó a Sasuke. Kurenai y él se miraron a los ojos y la mujer, emocionada por lo que Hinata le había contado, sonrió.

—Gracias por quererla y por tu ayuda.

Sasuke sonrió y luego intercambió una mirada con Gaara, que no lo saludó.

Luego todos entraron en la habitación de la niña, que sonrió contenta al verlos y, emocionados, ellos la saludaron y besuquearon. Algo más tarde, los médicos acudieron a buscarla para hacerle el cateterismo y todos la acompañaron hasta el quirófano. Hinata cogió la mano de Hanabi y no la soltó hasta llegar a las puertas del mismo, donde la enfermera les dijo que ya no podían continuar.

—Mami te espera aquí, ¿vale? —Dijo Hinata besándola en la frente.

Hanabi asintió y, mirando a Sasuke, preguntó: —¿Te quitarás la barba?

—En cuanto salga del hospital y vaya a mi casa, ¡te lo prometo!

Hanabi, con gesto asustado, asió la mano de Sasuke y, la puso sobre la de Hinata.

—Cuida de mi mami mientras yo no estoy, ¿vale?

Sasuke asintió y la beso en la mejilla.

—Aquí te esperamos todos.

—Tranquila; como ya sabe, le pondremos anestesia general y no sentirá nada —Comentó el doctor a cargo.

Con una sonrisa en los labios, Hanabi les dijo adiós con la manita y cuando las puertas se cerraron, Hinata se abrazó a Sasuke.

—Ya has oído al médico, todo va a salir bien.

Hinata asintió y se sentó en una de las sillas, rodeada por las personas que la querían. Cuarenta minutos más tarde, las puertas se abrieron y sacaron la camilla con Hanabi dormida. Hinata se levantó rápidamente.

—Todo ha ido bien —Dijo el doctor.

Aliviada, siguió la camilla en silencio, acompañada de los otros y, una vez las enfermeras acomodaron a la niña en la habitación, se marcharon y los dejaron solos. Hinata acarició el rostro de Hanabi con cariño. Era tan bonita y tan poquita cosa… De pronto, a Sasuke le sonó el móvil, así que se disculpó y salió de la habitación para atender la llamada. Al verlo desaparecer, Shino le dio un azote a Hinata para que lo mirara.

—¿Ves como Dios aprieta pero no ahoga? —preguntó.

Hinata sonrió. Ella no era creyente, pero en aquel instante Shino tenía razón.

—Lo veo… lo veo…

Kiba, que todavía no entendía cómo se había producido aquel milagro,marujeó: —Cuéntame ahora mismo qué te hizo cambiar de opinión y por qué lo llamaste.

Hinata les contó rápidamente lo ocurrido.

—Eres una chica con suerte; lo sabes, ¿verdad? —Cuchicheó Kiba en el momento en que Gaara salía de la habitación

Ella asintió. Sin lugar a dudas, tenerlos a todos a su lado era una gran suerte.

—La suerte es teneros a todos conmigo.

Al salir al pasillo, Gaara vio a Sasuke hablando por teléfono. Esperó con paciencia a que colgara y, cuando lo hizo, se acercó a él.

—Si le haces daño a Hinata o a los niños, te juro que te las vas a ver conmigo.

Sasuke lo miró con el cejo fruncido.

—El que se las va a ver conmigo vas a ser tú si vuelves a acercarte a mi mujer con intenciones que no me gustan, ¿entendido? —Replicó.

Ambos se miraron unos segundos y, finalmente, Gaara le tendió la mano y dijo:— Gaara.

La expresión de Sasuke se suavizó un poco, le estrechó la mano y contestó:—Sasuke.

—Gracias por lo que has hecho por Hanabi y por cuidar de Hinata y hacerle la vida más fácil. Es una buena chica y se merece todo lo bueno que le pase —Añadió Gaara.

Sasuke miró a aquel hombre que en otro tiempo había competido con él por el amor de Hinata.

—Gracias a ti por cuidarla hasta que yo llegué.

Esas simples palabras entre los dos hombres dejaron muy clara la situación. Dos días después, Hanabi era intervenida quirúrgicamente.

Hinata estaba asustada, muy asustada. Saber que a su pequeña la estaban operando del corazón la tenía atenazada, pero gracias al apoyo Sasuke y al cariño de Kurenai, Shino, Kiba y Gaara consiguió no desmoronarse. Todo salió bien. Los médicos estaban encantados de cómo había ido la intervención y cuando Hinata pudo entrar en la UCI para darle un beso, lloró de felicidad.

Hanabi estuvo cuatro días en cuidados intensivos. Cuatro interminables días en los que poco a poco fue mejorando. Cuando salió de esa unidad y la llevaron a la habitación, la niña sonrió al ver que la estaban esperando su madre, sus hermanos, Kurenai, Shino, Kiba, Sasuke y Gaara.

Al cabo de tres días más, los médicos le dijeron a Hinata que si todo seguía igual, pronto le darían el alta. Aquello solo podía significar que Hanabi se recuperaba a pasos de gigante.

Una tarde, mientras Kurenai se quedaba con la pequeña en el hospital, Sasuke y Hinata fueron a casa de ella para pasar un rato con los gemelos. Cuando los niños se durmieron, Hinata se sentó en el sofá donde él jugaba con el perro.

—¿Confraternizando con Akamaru? —Preguntó.

Sasuke rió. Nunca había conocido a un perro con un nombre como ese.

—¿Por qué le pusisteis ese nombre?

Con cariño, Hinata tocó la cabeza de peludo animal blanco y explicó divertida:—Se lo puso Kiba.

—Lo siento, colega —Dijo él acariciando al perro.

Durante un rato, estuvieron jugando con él.

—¿Hanabi sabe que no eres su madre biológica? —Preguntó Sasuke.

—Sí. Ella sabe que somos hijas de la misma madre, incluso tiene una foto suya en su habitación. Pero desde pequeña me llama mamita y con mamita me he quedado. A mí no me importa que lo haga. Es mi niña. La he criado yo y no creo que la quisiera más si fuera mi hija.

Sasuke asintió y pensó que no tenía que haber sido fácil sacar adelante sola a esa pequeña.

—Estoy agotada —murmuró ella, apoyando la cabeza en el respaldo del sofá.

—No me extraña —dijo abrazándola—. No paras y no dejas que te ayudemos.

—Eso es mentira —protestó ella—. Todos me ayudáis. Ahora mismo, Kurenai está en el hospital para que yo pueda estar aquí y…

—Y en vez de quedarte a dormir y descansar, ya le has dicho a Kurenai que en cuanto Shino llegue al hospital, ella se venga aquí con los niños y tú regresarás con Hanabi. ¿Cuánto tiempo crees que podrás continuar así?

Hinata suspiró. Sabía que tenía razón, pero pasar una noche alejada de ella le resultaba insoportable.

—Ya descansaré cuando Hanabi salga del hospital —respondió—. Te lo prometo.

—Hablando de eso —dijo Sasuke—. He pensado que durante la recuperación de Hanabi podríais trasladaros a mi casa. Allí hay más sitio, más espacio para todos y…

—No.

—Hinata, piénsalo. En mi casa tengo unas comodidades que aquí no tienes y…

—No.

—¿Quieres dejar de ser tan cabezota y pensar?

Hinata negó.

—Sasuke, llevo casi dos semanas sin trabajar y, aunque mis jefes entienden lo que ha pasado con la niña, en cuanto Hanabi vuelva a casa he de reincorporarme.

—No lo voy a consentir.

—¡¿Cómo?!

—No vas a volver a trabajar y menos en El Mono Rojo. Ahora yo me ocupo de ti y…

—Pero ¿qué estás diciendo? ¿Ahora vas de superhéroe?

Molesta, Hinata intentó levantarse; sin embargo, Sasuke no permitió que lo hiciera.

—No voy de superhéroe y entiendo que quieras trabajar —se quejó enfadado—. Pero no voy a permitir que mi novia tenga que seguir sirviendo copas y canapés por las noches.

—Es mi trabajo, Sasuke, convéncete de…

—No. Convéncete tú de una santa vez de que eres mi novia e intenta entender lo que te digo. Ahora sé por qué trabajabas tanto y déjame decirte que, estando a mi lado, tus necesidades y las de los niños están cubiertas y…

—¡No quiero que nos mantengas!

—Hinata, escúchame —pidió, cogiéndole las manos.

—¡Suéltame, Sasuke ! —Él no lo hizo y ella siseó—: No voy a consentir que nadie nos mantenga. Ya lo permití una vez y no salió bien. Me ha costado mucho conseguir estos trabajos y no voy a tirarlos por la borda porque a ti te dé la gana.

—Hinata…

—He dicho que me sueltes —masculló enfadada.

Cuando Sasuke hizo lo que le pedía, Hinata se levantó furiosa.

—¿Acaso mi trabajo no es bueno para ser la novia de Sasuke Uchiha? —le espetó.

—Tu trabajo no tiene nada de malo, pero ¿qué crees que pensarán de mí cuando sepan que permito que mi novia se mate a trabajar? ¿Acaso no has pensado que en el momento en que lo nuestro trascienda a la prensa nos van a mirar con lupa?

—No quiero salir en la prensa.

—Hinata, soy un personaje público y en cuanto sepan que eres mi novia, saldrás.

—Joder…

—Y, créeme, te importará lo que digan. Y me importará a mí. Yo quiero cuidaros a ti y a los niños. Tengo medios para hacerlo, pero tú, por tu maldito orgullo, no me lo permites. ¿Acaso crees que te voy a dejar tirada en la cuneta? ¿Es que todavía dudas de lo que siento por ti?

Hinata no respondió. Sasuke se levantó furioso.

—Muy bien. Haz lo que te apetezca. Continúa siendo una mujer independiente, como quieres demostrarme que eres. ¡Adelante! Sigue trabajando como una mula, pero luego no te quejes si no nos vemos, o si la prensa dice auténticas burradas de ti o de mí.

Y dicho esto, se encaminó hacia la puerta y se marchó.

Ella se quedó sin habla. Era la primera vez que discutían así y de pronto Hinata se sintió fatal. Sasuke tenía razón. Debía confiar en él. Debía darle una oportunidad a lo suyo y, corriendo, abrió la puerta. Desesperada, vio que ya no estaba en el descansillo, pero el ascensor aún no había llegado a la planta baja.

Como una loca, bajó los escalones saltando varios cada vez. Necesitaba detenerlo, necesitaba encontrarlo antes de que se marchara y, justo cuando las puertas del ascensor se abrían, ella llegó abajo.

—No te vayas… —suplicó, mirándolo sin aliento—. Por favor, no te vayas.

Sasuke abrió los brazos y Hinata, acalorada por la carrera que se acababa de dar, se lanzó a ellos. Lo necesitaba. Necesitaba y quería a Sasuke Uchiha con toda su alma.

—No me iba. Ya le había dado al botón de subida antes de bajar.

Al ver el botón de su planta encendido, Ruth sonrió.

—¿Me permitirás cuidaros, cabezota?

Ella asintió. Era lo que más deseaba en el mundo.


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Kurenai regresó a Minnesota, pero llamaba dos veces al día. Quería saber si todo iba bien.

Hanabi mejoraba y Hinata había hablado con la empresa para darse de baja momentáneamente. Solo trabajaría por las mañanas en el restaurante. Era un buen trato.

Esa mañana, mientras hablaba con Hanabi y Kiba en la habitación del hospital, la puerta se abrió y apareció Izumi, acompañada por Sasuke y Itachi, con globos y varios peluches.

—¡Ay, Diosito! —Exclamaron Kiba, Hanabi y Hinata al unísono.

Los recién llegados se rieron.

—Hanabi, a mi hermano Itachi ya lo conoces, ¿verdad? —La niña asintió y él continuó—: Pues ella es su mujer Izumi; ¿sabes quién es?

—Es Izumi, la cantante —dijo mirándola sin parpadear—. Mamita y yo fuimos a un concierto tuyo.

—¿En serio? —preguntó ella, acercándose—. ¿A cuál?

—El del último disco. ¡Fue genial!

—¿Y tienes esta camiseta? —preguntó Izumi, sacando una de su bolso.

La pequeña abrió desmesuradamente los ojos al verla y, mirando a su madre, dijo:—Mamita, ¡es la camiseta que no pudimos comprar! ¡La que yo quería!

Hinata asintió. Aún recordaba la pena que sintió al no poderle comprar aquella prenda tan cara y miró a Sasuke, agradecida por el detallazo que había tenido al recordarlo.

—Sí, cariño. La que tú querías.

Izumi, contenta al ver la felicidad de la pequeña, le guiñó un ojo a Hinata, y, se sentó en la cama.

—Pues a partir de ahora tendrás todas las camisetas, gorras y pósteres que tú quieras y vendrás a todos los conciertos con tu madre, con un pase especial. —Y abriendo los brazos, añadió—: Dale un beso a tu tía Izumi.

Sasuke sonrió. Sabía que aquella visita le iba a encantar a la niña. Una hora después, cuando Izumi y Itachi se marchaban, Kiba animó a Hinata a irse a comer mientras él se quedaba con Hanabi.

Ella salió de la habitación con Itachi, Izumi y Sasuke.

—Muchísimas gracias por el detalle. Te aseguro que Hanabi nunca lo olvidará —Le dijo a Izumi.

La joven sonrió y miró a su cuñado, que las contemplaba encantado.

—¿Qué te parece si me llevo a Hinata a comer algo? —Preguntó.

—¿Yo no puedo ir?

—No —rió Izumi—. Es una comida de chicas.

Al verse excluido, Sasuke miró a Itachi.

—¿Me invitas a un sándwich?

—¡Hecho, mi tonto hermano! —rió Itachi.

—Vamos —dijo entonces Izumi, tomando a Hinata del brazo—. Te llevaré al restaurante de un amigo y así podremos charlar.

—Portaos bien y tened cuidado —les recomendó Itachi.

Izumi sonrió y, tras guiñarle un ojo a su marido, replicó:—Tranquilo, intuyo que ambas sabemos defendernos.

Cuando entraron en el ascensor, Izumi sacó unas gafas de sol y una peluca oscura de su bolso.

—Es la única manera de poder salir a la calle sin que nadie me reconozca.

En cuanto llegaron al parking y Hinata vio el coche de Izumi, un impresionante Ford Mustang blanco.

—¡Qué cochazo!

—Es un regalo de Itachi. ¡Toma, llévalo tú! Yo te indico adónde ir.

Hinata cogió las llaves, encantada, y se sintió increíblemente bien conduciendo aquella máquina. Siguió las instrucciones de Izumi y, cuando llegaron ante el restaurante italiano Only You sonrió y aparcó.

Bajaron del coche y, al entrar en el restaurante la condujeron a un reservado, donde Izumi se quito la peluca. Pidieron un par de pizzas y, cuando se quedaron a solas, Hinata, todavía incrédula por estar comiendo con ella, le reiteró las gracias por el detalle que había tenido con Hanabi.

—Ha sido un placer. Y lo de la camiseta me lo comentó Sasuke, por eso la he traído. Ahora solo hay que esperar a que la pequeña se recupere y podáis olvidar el susto que habéis vivido.

Hinata asintió. Durante un rato, hablaron de la enfermedad de Hanabi y, después de que les sirvieran una ensalada y las pizzas, miró a la joven.

—Te aseguro que todavía no me lo creo. ¡Eres Izumi!

La cantante sonrió.

—La que todavía no se cree lo atontado que está Sasuke contigo soy yo. Te aseguro que eres muy muy especial para él. Solo hay que ver cómo te protege y se preocupa por ti para saber que está coladito hasta la médula. Y oye, ¡ya le tocaba! Porque el tío es duro de pelar.

Durante la comida, charlaron con familiaridad. Izumi le habló de su familia y de sus comienzos con Itachi. Sin poder creerse la confianza que le demostraba, Hinata la escuchó y, cuando le tocó contar su parte, lo hizo. Izumi no salía de su asombro.

—¿Sasuke sabe lo que me has contado?

—Absolutamente todo —afirmó ella.

Izumi suspiró.

—Mira, Hinata, debo prevenirte. En cuanto la prensa conozca vuestra relación, toda esa vida que me has contado y que con toda seguridad quieres olvidar saldrá a la luz.

—¡No jorobes! No quiero que nadie me vea. Toneri me puede reconocer y… y…

Intentando calmarla, Izumi le tocó una mano.

—Tranquila, Sasuke cuidará de ti. No es tonto y sabe cómo funcionan estas cosas. Pero yo te aviso de que la popularidad a veces no es tan fácil como la gente cree—Al verla tan preocupada intenta hacerla sonreír—. Ya habrás visto que a Sasuke se lo ha relacionado con cientos de mujeres. Los Uchihas son así, chica. Unos ligones y unos pichabravas, como diría mi

abuela. —Ambas rieron—. Leerás cientos de noticias sobre ellos, pero no debes creer todo lo que la prensa diga. Si algo he aprendido en los años que llevo con Itachi es que, en ocasiones, para buscar la noticia se inventan muchas cosas. Peroooooo la comunicación entre Sasuke y tú nunca debe faltar. Él, por ser un personaje público, es un hombre muy requerido por las mujeres…

—Lo sé. Lo he visto.

Izumi soltó una carcajada.

—Al principio yo no soportaba que las mujeres miraran a Itachi con deseo, pero hoy en día, cuando lo hacen, les digo con la mirada: « Nena, es mío… muérete de envidia» . —Ambas se carcajearon—. En un principio me pasó lo mismo que te va a pasar a ti. Yo no era nadie en este mundillo. Era la nueva y se inventaron cientos de cosas sobre mí. Pero igual que tú vas a hacer, aprendí a superar los cotilleos y todo lo que sale en la prensa. Sasuke y tú os queréis como nos queremos Itachi y yo, y juntos formaréis un equipo indestructible.

Hinata le dio las gracias por esas palabras y Izumi le entregaba una tarjeta.

—Aquí tienes mi teléfono.

Ella la cogió y, sacando un bolígrafo de su bolso, escribió su número en un trozo de servilleta.

—Yo no tengo tarjeta, pero aquí tienes mi móvil.

—Cualquier cosa que necesites a cualquier hora del día, me llamas, ¿vale? — se ofreció Izumi. Y luego preguntó—: ¿Vendrás al cumpleaños del jefe de los Uchihas en Miami?

Hinata no supo qué contestar. Sasuke no le había dicho nada y Izumi, convencida de que irían, cuchicheó: —Ya verás qué bien lo pasamos.

Poco después, tras pagar la cuenta del restaurante, la joven se puso de nuevo la peluca y las gafas y regresaron al hospital.

Al entrar en la habitación, Hanabi estaba dormida y Kiba se acercó a Izumi.

—Sé que vas a pensar que soy un frikie y un petardo, pero ¿podrías hacerte un selfie conmigo?

Izumi asintió divertida y, tras varios selfies más, los besó y se marchó. Tenía que regresar al estudio de grabación.

—Ay, cachorra, ¡dime que es verdad lo que ha pasado!

Hinata asintió muerta de risa y en ese momento se abrió la puerta de la habitación. Era Sasuke.

—¿Todo bien con Izumi? —Pregunto tras besarla.

—Mejor imposible —contestó Hinata.

Esa tarde, Hanabi salió por fin del hospital.


Notas Finales:

¡Viva los momentos felices! Espero que los haya entretenido un poco...

Les mando un abrazo anticoronavirus ¡Cuidense! Sa-Yo-Na-Ra ^-^