Cuenta regresiva

Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Miedos y otro tipo de verdades

En una casa en Godric's Hollow, Harry Potter era despertado por su energético padrino que se arrojaba encima de él, sacudiéndolo, aplastándolo y recordándole que era el día de la navidad muggle y la mejor parte del Yule de los magos y brujas. Su madre, que se aproximaba con más sutileza, le tendía una bandeja con galletas de chocolate, un vaso de leche, y lo invitaba a ver sus regalos bajo el árbol, después de habérselas comido y haberse puesto unos zapatos. Abajo esperaban el resto de los Merodeadores.

Mientras tanto, en un castillo en Escocia, un niño vacilaba al bajar los escalones hacia un piso escondido, más oscuro y silencioso, pero por alguna razón, con una calidez que superaba la heladez de las mazmorras.

—¿Draco? ¿Estás ahí?

El aludido emitía un sonido afirmativo y miraba hacia la entrada al cuarto, justo a tiempo para ver a Neville aparecer al pie de las escaleras, dando un cauteloso vistazo alrededor.

Sonrió. Era una sonrisa demasiado débil.

—¿Cómo llegaste aquí, Nev? —Se aclaró la garganta para disimular el nudo que se la cerraba un momento atrás y rascó tras las orejas de Leonis, manteniéndolo cerca.

Dentro del pequeño cuarto de piedra, Draco estaba sentado en el suelo, con las piernas recogidas bajo el cuerpo y todavía en pijama. El perro se tendía a su lado, con la enorme cabeza sobre su regazo.

El otro niño se acercó despacio, observó la fotografía que contemplaba, pegada a la pared con un artículo pegajoso y sin color, que Hermione les presentó como "cinta adhesiva", y se sentó en el lado que no era ocupado por el perro.

—Feliz Yule —Murmuró, mirándolo de reojo.

—Feliz Yule —Replicó Draco, de vuelta a su admiración silenciosa.

Pasaron un momento así, cada uno sumido en su propio mundo, hasta que Leonis gimoteó para pedir más caricias y ambos ahogaron la risa.

—Yo también tengo una de esas. En casa —Aclaró Neville, señalando la vieja imagen de los integrantes de la Orden del Fénix. Apuntó a una pareja, en particular—. Esos son mis padres. Alice y- y Frank.

—Dumbledore dice que eran muy valientes, que lo fueron hasta el último segundo —Neville asintió—. Esos son los míos. Ella es Narcissa, le decían Cissy. Él es Lucius Malfoy.

—Es verdad que te- te pareces mucho a él —El niño sonrió, pasando la mirada de Draco a la fotografía—, pero tienes...

—...los ojos de mi madre —Draco asintió, riendo por lo bajo. Incluso su risa era temblorosa.

—Era bonita.

—Preciosa —Confirmó él, tomando una profunda respiración—. Cuando estudiaba, llevaba un pañuelo consigo, y era tan amable como para ponerse a secar las lágrimas de un estudiante menor que llorase por su familia...

—¿Cómo lo sabes? —Inquirió Neville, curioso— ¿el- el profesor S-Snape te lo contó?

Sacudió la cabeza. Cuando se giró para mirarlo, tuvo una idea que le apretó ese algo en el pecho que le daba ganas de llorar desde que los vio en el viaje en el tiempo.

Tragó y volvió a inhalar, asegurándose de conservar la calma. Ayudó rodear con los brazos a Leonis y sentir la áspera lamida contra el dorso de una de sus manos.

—Si pudieses volver a verlos...—Empezó, en un susurro—, sólo verlos, desde lejos, cuando todavía eran jóvenes. Antes de la Orden, de la guerra. ¿Lo harías?

Neville se demoró unos segundos en contestar.

—Bueno, me- me gustaría —Admitió, asintiendo. Luego arrugó el entrecejo—. Pero...ya no están. que no están. Podría e- emocionarme de verlos, pero si...si luego los extrañaré más...—Negó. Él pensó, con cierto toque de ironía, que Neville podía ser bastante listo para resguardarse a sí mismo del dolor.

Draco abrazó más al can que lo acompañaba. La siguiente lamida fue en la cara y lo hizo reír y quejarse, en vano.

—¿Siempre los extrañas?

Ambos intercambiaron miradas. Neville se encogió de hombros.

—No es que siempre piense en- en ellos. Pero a veces veo...a todos en el andén, y las cartas y paquetes que mandan sus papás, y...

Calló.

—Sí, te entiendo.

—Otras veces me pregunto qué habrían hecho —Añadió el Gryffindor, tras un instante—, pero creo que ellos- ellos fueron mucho más valientes de lo que yo jamás seré. No le tenían miedo a nada.

Draco pensó en su padre, tomando la Marca Tenebrosa, coaccionado por Abraxas y Voldemort, y huyendo con su madre. Luego en Narcissa, enojada porque atacasen a su hermana mayor, negándose a seguir con ellos. Llevándoselo lejos.

Siempre le dijeron que lo tenía en sus brazos cuando ocurrió. Él la vio, aunque ya no podía recordarlo.

—También lo entiendo —Musitó.

El silencio volvió a extenderse sobre ellos por otro rato. Sería Draco quien lo rompería al tallarse los párpados y soltar un bufido.

—¿Ya abriste los regalos?

Neville negó.

—Te esperaba, el director dijo que estarías aquí. Quiere que subas porque te consiguió un no sé qué cosa búlgara que le pediste hace unas semanas…a-algo así.

Draco apartó a Leonis y se puso de pie, estirándose.

—Vamos por esos regalos, Nev. Le conseguí algo de comida especial para serpientes mágicas a Salazar y tú me vas a ayudar a dársela más tarde, él también se merece celebrar el Yule...

Su amigo sujetó la mano que le ofrecía y se levantó también. Había empalidecido ante la mención de la criatura.

—¿Cómo es que Dumbledore te deja tener una serpiente mortal en el colegio?

—Dumbledore me tiene mucho cariño —Se rio, de camino a las escaleras.

De nuevo, eran los únicos Gryffindor que se quedaban por las vacaciones de invierno. Pero incluso eso estaba bien.

0—

—...Boggart. El Boggart es una criatura mágica que se alimenta del miedo, tomando la forma de aquello que más nos asusta, como podrán ver a continuación —La profesora A se detuvo frente al armario, en medio del salón, nada más abrirlo. Tomó una profunda inhalación y apretó los párpados.

Cuando abrió los ojos, un lobezno de pelo grisáceo estaba ante ella, gruñendo por lo bajo, encogiéndose. La imagen alzó un coro de murmullos en el conjunto Gryffindor-Slytherin al que le daba clases.

Harry dejó de prestarle atención a lo que Pansy, en el asiento de al lado, le decía, y se fijó en la floritura de varita que la bruja llevaba a cabo para transformar el lobo en un peluche amigable y que podía abrazar.

—El miedo se combate con la risa. No con el valor —Le dio una ojeada a los Gryffindor, con una media sonrisa—. Si no quieren enfrentarlo, transformen su miedo en algo que no necesite ser enfrentado, cambien su visión, su perspectiva. Inténtelo, adelante, ahora quiero que formen una fila y vamos a pasarlos uno a uno...

Los Gryffindor, como era de esperarse, estuvieron formados en una hilera medio segundo después de que ella lo hubiese dicho. Harry dio un vistazo alrededor, al percatarse de las miradas que recibía de sus compañeros Slytherin.

—Vamos a intentar...después de ellos —Puntualizó y el resto asintió y siguió la indicación, permaneciendo al margen, pese a sus risas cada vez más histéricas por las formas que tomaban los miedos de todos.

Notó que cuando Malfoy pasaba, la profesora A hacía una pausa y le preguntaba algo. Él negaba y se posicionaba justo frente al armario.

Más de uno ahogó un jadeo al darse cuenta de que el Boggart tomaba su propia forma. Draco Malfoy, el niño-que-vivió, estaba parado frente a sí mismo, a un Draco Malfoy retraído, con las manos apretadas en puños y una mirada frenética que no dejaba de barrer el aula.

Cuando utilizó el encantamiento ridikkulus, el otro Malfoy adoptó una túnica de Snape y el cabello grasiento y negro le creció, reemplazando el rubio, aunque sus facciones permanecieron idénticas a las originales.

—Cincuenta puntos más a Slytherin por respirar tan bien y aguantarse el frío de las mazmorras —Cuando los chicos notaron lo que imitaba, las risas comenzaron a llenar el salón. Malfoy sonreía a su extraña creación—. Veinte menos, Granger, por contestar la pregunta que hice, porque no la hice para que tú la contestaras. Y veinte menos a Weasley por ser pelirrojo. Y veinte menos a Longbottom porque- es Longbottom, y aún no hace nada, pero seguro lo hará en un momento...

Las carcajadas siguieron llenando el salón, incluso la profesora A debía cubrirse la boca con una mano, para disimularlo.

En cuanto la fila de Gryffindor se terminó, Harry fue el primero en adelantarse desde su grupo. Los demás Slytherin se posicionaron detrás de él.

Se concentró en las instrucciones que la bruja le dio, asintió y aguardó. Hubo un instante de tensión, en que temió que vería a uno de los Carrow, o a Malfoy desvaneciéndose en el aire.

Pero luego distinguió la cabellera roja de su madre, con las manos en la cadera y el rostro ruborizado por la ira. Se veía justo como se ponía cuando lo reprendía.

Oh, sí. Aquel era su mayor miedo. Nadie podía culparlo, incluso James se encogía cuando le daban motivos para enojarse en serio.

0—

—...nos vemos en el club de duelos, señor Potter —La profesora sonreía, sentada en el alféizar de una de las ventanas del salón, con las piernas cruzadas. Él asintió y se despidió con un gesto.

Lo había retenido un momento más allá de la hora de clases, para hacerle unas observaciones que le resultaban curiosas, en retrospectiva.

He oído que quieres que Slytherin gane la Copa de este año. Si es así, diles que se concentren en las clases de Snape y las optativas donde hay menos Gryffindor, como Aritmancia, Runas.

Aunque haya un favoritismo obvio por los Gryffindor, nadie podrá negarles el premio que se merecen si crean una brecha lo bastante grande entre ustedes y la Casa más cercana en puntos.

Harry le había comentado, con diversión, que un profesor no debería tener preferencia por ningún grupo de estudiantes. Ella le soltó un simple "todos la tenemos", que englobaba la verdad irreversible acerca de cada uno de los profesores de Hogwarts, en su opinión.

Se acomodó la correa del bolso en el hombro y cerró la puerta del aula nada más poner un pie afuera. No había avanzado ni medio metro, cuando se percató de la otra presencia en el pasillo.

Malfoy estaba recargado contra la pared opuesta a la del aula, con los tobillos cruzados, la mirada puesta en el reloj de bolsillo que sostenía entre los dedos. Se demoró un instante en tener los ojos grises sobre él.

En lugar de darle alguna respuesta a su obvia pregunta, el Gryffindor extrajo dos revistas del interior de su propio bolso y se las tendió de regreso. Eran los últimos volúmenes de la serie que le prestó y Harry todavía no podía creer que se lo hubiese leído tan rápido. Los recibió e hizo caso omiso de su agradecimiento.

Empezaron a caminar hombro con hombro, sin prisas. La siguiente clase quedaba al otro lado del castillo, pero Binns no notaría que dos estudiantes llegaban tarde o se ausentaban un rato.

—...no puedo creer que, en serio, hubiese hecho desaparecer a sus hermanos por no resolverlo más rápido —Comenzó Malfoy, con incredulidad. Harry bufó.

—Y aún no has visto nada...

No creía que se pudiese decir que aquello era normal en su día a día. Pero era probable que sí se convirtiese en ello. Lentamente.

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—...esta es la última vez que hago algo que me pidan los gemelos —Juró Draco, apoyándose en la pared y deslizándose hacia abajo por esta, hasta quedar de cuclillas en el suelo. Le faltaba el aliento y tenía el rostro enrojecido.

Peeves era una combinación de energía mágica y espiritual y mucha, mucha ira. ¿Cómo iba a saber él que lo que los gemelos querían estaba exactamente donde Peeves consideraba que era su espacio privado en una parte abandonada del castillo?

Ni siquiera McGonagall, gritándole al espíritu, podía conseguir que dejase de derribar cuadros y armaduras, y chillar por el mocoso que se metió a su recámara secreta. ¿Para qué tenía una, en primer lugar?

—No sé por qué dijiste que sí —Ron, a su lado, se tiró en el suelo. También jadeaba por aire.

Él intercambió una rápida mirada con Hermione, que estaba más serena y erguida, porque los había esperado ahí. Su amiga apretó los labios al contener la risa.

—Draco quiere algo de Fred...

—Hers-

—¿Qué cosa? —Ron arrugó el entrecejo y empezó a alternar la mirada de uno al otro. Terminó por volver a fijarse en él—. Compañero, sea lo que sea, espero que valga el castigo que vamos a tener.

—Yo creo que valdrá mucho para él si-

—¡Hers! —Chilló, más agudo de lo que pretendía, y aunque el rostro le ardía por razones diferentes a la carrera que tuvieron que dar durante su escape, le frunció el ceño a su amiga. Hermione meneó la cabeza.

Ron arrugó más el entrecejo.

—¿De qué me estoy perdiendo?

—No es nada, Ron-

—¡Ahí! ¡Ahí están los mocosos!

Draco le pasó el pequeño saco que cargaba a su amigo y los envió a los dos a través del pasaje de un cuadro. Él no tuvo tanta suerte.

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—...así que Peeves me agarró de los tobillos, me levantó y empezó a sacudirme buscando su saco e insistiendo en que debía ser yo quien le robó.

—Pero no lo tenías, ¿cierto?

Draco negó.

—Era lo que le acababa de dar a Ron.

—¿Qué contenía?

Él se encogió de hombros.

—Sonaba a monedas, de las viejas. No creo que fuesen reales, y si lo eran, ya no deben valer nada.

—¿Para qué querrían algo así las comadrejas? —Potter se rio entre dientes— ¿piensan ampliar su patrimonio familiar, abrir una cuenta real en Gri...? ¡Hey!

Lo había silenciado dándole una patada por debajo de la mesa. Potter estrechó los ojos, él hizo lo mismo. El Slytherin cedió primero, con una exhalación brusca.

—Sólo digo que es extraño, ¿bien? Además, si no tenían pruebas contra ti porque no cargabas nada, ¿qué haces aquí?

—Snape —Rodó los ojos. Su padrino no necesitaba pruebas para considerarlo culpable; él sólo tenía que verlo para saber lo que había pasado—. ¿Y a ti por qué te castigaron?

Potter hizo una pausa en su escritura del medio metro de pergamino sobre por qué se debía mantener el orden y la paz en el colegio, y dejó que la vuelapluma hiciese el resto. Era probable que la profesora notase cuándo lo escribían ellos y cuándo la pluma mágica, pero a ambos les importaba poco a esas alturas, con las manos cansadas.

Abarcó su rostro con un gesto amplio. Tenía un moretón en el pómulo, que se alzaba hasta uno de los ojos, y el labio inferior roto, con un rastro de un hematoma a medio formar en la barbilla.

—Este no es mi nuevo estilo, ¿sabes? —Draco se rio, ignorando su tono fastidiado.

—¿Qué hiciste ahora?

—No es "qué hice ahora", no tengo tantos castigos —Replicó, cruzándose de brazos. Él elevó una ceja y lo observó vacilar, sólo un poco—. Bien, unos...cinco, seis, siete...diez al año. No es tanto.

Draco siguió con las cejas arqueadas y el otro resopló.

—Me peleé con unos Ravenclaw.

—¿Tú solo? —Asintió— ¿Crabbe y Goyle estaban en el comedor?

—En realidad, sí —Ambos se rieron por lo bajo. Potter se aclaró la garganta y calló tan rápido como se dio cuenta—. Pero tendrías que ver cómo quedaron esos tres...

—¿Eran tres contra uno?

—Tres estúpidos, ajá. Fue sólo suerte que me hicieran algo —Afirmó, con un gesto despectivo y un chasquido de lengua. Draco contenía una sonrisa.

—¿En serio?

Y Potter asentía con tanta solemnidad que casi resultaba creíble, más que complacido en relatarle cómo envió a tres Ravenclaw lloriqueándole a Pomfrey, en lugar de continuar con el ensayo. McGonagall no estaría feliz cuando volviese a su oficina y los descubriese en lado opuestos de su escritorio, conversando y con su castigo olvidado.

(No, no lo estuvo, y se ganaron otro castigo en día de semana como consecuencia)

0—

Cuando los dejó ir, Draco se distrajo acomodando la correa de su bolso sobre su hombro, y sólo entonces se le ocurrió soltar aquello que le daba vueltas en la cabeza desde hacia un rato.

—¿Por qué te peleaste con esos Ravenclaw?

Potter, que iba por delante en el pasillo, caminó despacio, de reversa, para verlo al responder.

—Eran unos idiotas, ¿no te quedó claro?

—Sí, pero-

Pronto sí le quedó claro lo que no encajaba en esa respuesta, cuando al doblar en la esquina, una niña que llevaba su uniforme todavía, pese a la hora, saltó desde uno de los banquillos para ponerse de pie y se apresuró a ir hacia el Slytherin.

—Oh- Harry- tu cara...—Titubeó al acercar sus manos—. ¿Quieres que te dé algo de miel y pepino, y le diga a los lilitors en el aire que te curen mientras duermes? Si se los pido de "por favor", creo que ellos...

Draco volvió a alzar las cejas. Potter le dedicó una mirada desagradable de advertencia y su expresión se suavizó al concentrarse en ella.

—Eso estaría bien, Luna, gracias. ¿Qué pasó con los chicos?

—Ellos se disculparon conmigo —Declaró, observándolo con los ojos abiertos de sobremanera. Luego arrugó un poco el entrecejo—. Pero yo creo que tendrían que haberse disculpado contigo, Harry. A mí no me hicieron nada, no- no sé por qué se portaron así, deben ser los nargles...

—Sí, seguro son esos. ¿Ya comiste? —El Slytherin la hizo darse la vuelta para que continuasen avanzando por el pasillo. Ella le contestó, y tras unos metros, miró por encima del hombro, como si acabase de caer en cuenta del Gryffindor que dejaban atrás.

Se despidió con un gesto que Draco devolvió, divertido.

—¿Quién es él? —Escuchó que le preguntaba a Potter.

La respuesta se demoraba unos segundos en llegar, y cuando lo hacía, estaban tan lejos que casi no podía escucharla.

—Otro idiota. Pero menos idiota que esos.

0—

—...apuesto a que hicieron trampa esos- —Ron se calló en cuanto el niño-que-vivió le dirigió una mirada de advertencia. Carraspeó—. Nosotros nos merecemos esa Copa, Draco.

—Si ellos se la ganaron —Respondió Hermione, con tanta suavidad que resultaba curioso que pudiesen oírla a través del bullicio del Gran Comedor—, ellos se la merecerán. No es como si alguien simplemente apuntase a la Casa que le gusta y diga "esta gana la Copa". No sería justo.

—Los Slytherin parecen contentos —Opinó Neville, sentado a su lado, en un susurro y apuntando hacia la otra mesa.

Desde que la decoración se había tornado verde en el comedor, tras el anuncio final del director, la Casa de las serpientes se había permitido un momento de libertad para celebrarlo con vítores y aplausos. En cierto punto de la mesa, Potter estaba de pie y pedía silencio con un gesto a los chicos que lo rodeaban, estudiantes de casi todos los años, para hablarles. Lo que fuese que les decía, no podía oírse desde la mesa de Gryffindor, pero levantaba una nueva ola de aplausos y exclamaciones.

Draco se encogió de hombros.

—Nosotros nos llevamos la Copa de Quidditch y ellos la de las Casas, eso no es fácil. Tienen derecho a celebrar un poco.

—Los chicos van a estar muy competitivos el año que viene —Oyó a Neville, ajeno a la plática que pronto inició Ron con Hermione y Ginny. Draco le restó importancia con un gesto.

—Habrá oportunidades. Mi padrino está ocupado, están preparando muchas cosas para el año que sigue —Le contó, inclinándose hacia un lado para hacerlo tan confidencial como era posible—. Será divertido.

Neville emitió un vago quejido.

—O habrá muchos problemas.

Él sonrió.

—Eso es parte de la diversión, Nev.

—Espero que no haya otra serpiente monstruosa. No me gustan las serpientes monstruosas.

—Salazar te tiene mucho aprecio...

Draco siguió riéndose durante un rato de la palidez en el rostro de su amigo y la mirada horrorizada que le dirigió, sin darse cuenta de que en el momento en que los Slytherin se tranquilizaban y se dedicaban a cenar, unos ojos verdes lo buscaba desde la otra mesa.

Al día siguiente, Draco Malfoy estaría de pie en el andén, despidiéndose de sus amigos, que subirían al expreso y regresarían a sus casas por vacaciones. Harry Potter, arrastrado por Pansy hacia el tren, tendría esa inevitable sensación de que la serpiente que habitaba en su pecho se alzaba y siseaba, exigiendo algo, y no quería prestar atención a lo que era.


Y se termina este año uwu.

Como siempre, ¡gracias por leer!