CAPÍTULO 19

―¡Mamá! ―gritó Lara desde el pasillo que daba a la habitación de sus padres―. ¡Por Dios! Es tarde y ya llegó el equipo para arreglarnos.

―Deja de gritar, Lara, que no estamos sordos ―regañó Jonathan abriendo la puerta de la habitación, vistiendo ropa de dormir. Lara se quedó mirando fijamente a su padre de pies a cabeza. No había pasado desapercibido para ella que el pijama que él llevaba, no tenía ni una sola arruga, e incluso, parecía recién desdoblada por las líneas rectas que se formaban a ambos lados de las prendas

. Entrecerrando los ojos un poco más, miró el ceño fruncido de su padre, y dirigió la vista hacia el interior de la habitación, donde pudo divisar una prenda de color vino tinto en el suelo, y por lo que se podía observar, estaba desgarrada. Abrió los ojos desmesuradamente, y adoptando la misma expresión molesta del hombre frente a ella, se apresuró a desahogarse contra la entrada de la habitación.

―¡Mamá! ¿No podían dejar sus cochinadas para otro día que no fuera el del compromiso de tu hijo?

―¡Lara, no seas atrevida! ―reprendió Sophia, saliendo de la habitación mientras se anudaba el lazo de una salida de cama en la cintura, y su rostro se teñía de rojo

―. Te lo dije ―susurró cuando pasó junto a su esposo. La chica bufó, y dando media vuelta regresó por donde había llegado, por lo que no se percató de la nalgada que su padre le dio a su madre antes de tenerla fuera de su alcance, y que ella reaccionó palmeándole la mano.

Sara había llegado temprano por orden de Lara, para que participara de los preparativos en su compañía, y en ese momento se encontraba en la sala de estar con las demás chicas, en manos de maquilladores y estilistas que tenían la tarea de dejarlas perfectas para la ocasión. Mientras, los hombres se encontraban en la sala alterna, sin preocupación alguna que no fuera divertirse mientras comenzaba el tortuoso evento. Se escuchó la llamada a la puerta, y Lara, sabiendo de quién se trataba, se levantó rápidamente de su asiento y corrió para recibir al chico que solo atinó a rodar los ojos, antes de sentir cómo ella se arrojaba a sus brazos.

―Llegas tarde, cariño ―dijo Lara en tono de reproche, luego de darle un beso en la comisura de los labios

―. Ven, quiero que conozcas a alguien. Ven, Jerry. Daniel miró a su amigo, quien tenía una clara expresión de burla en el rostro. Todos tomaban la actitud de Lara con risas y burlas, solo a él le fastidiaba tenerla siempre rondando a su alrededor. Al percatarse de la entrada de los chicos a la estancia, Sara levantó la mirada e inmediatamente la bajó, sonrojada, cosa que no pasó desapercibida por Eva.

―Hola, Jerry. Sara estaba ansiosa de que llegaras.

―¡Eva! ―susurró Sara en tono de súplica.

―Aún no han terminado de maquillarla, pero, ¿no se ve linda? ―continuó, ignorando el sufrimiento de la joven sentada a su lado.

―En realidad se ve hermosa ―respondió Jerry, guiñándole un ojo a la chica que no creía posible que su rostro pudiera estar más rojo. Todos rieron, incluso los que trabajaban en la ya existente belleza de las mujeres, menos la implicada que sentía que su corazón se saldría del pecho en cualquier momento. Lara llevó a los chicos a un lado del salón, y se colocó frente al anciano que se distraía leyendo un libro en un cómodo sillón de cuero.

―Tío, quiero presentarte a Naruto y Jerry ―anunció con una gran sonrisa―. Chicos, él es mi tío Alex. Alexander Uchiha levantó la vista y se quitó las gafas que usaba para leer. Miró a los dos jóvenes de arriba abajo y devolvió su recorrido, frunció el ceño, miró a Lara y lo frunció aún más al notar que ella tenía apresado el brazo del que estaba a su lado.

―¿Se puede saber por qué estás colgada de él de esa forma? ―preguntó con voz fuerte y molesta. Lara se encogió de hombros sin perder la sonrisa.

―Porque es mi novio, tío. Nuevas risas se escucharon de fondo, mientras Daniel, con expresión sorprendida y exaltada, empezaba a negar rápidamente con la cabeza tratando de zafarse inútilmente del abrazo, al tiempo que abría la boca en un pobre intento de refutar lo divulgado.

―Señor, yo…

―Cállate, que nadie te ha preguntado ―ordenó Alex bruscamente, y batiendo una mano para afirmar sus palabras, miró de nuevo a la chica frente a él

―. ¿Por qué tienes novio y yo no lo sabía?

―¡Porque ni ellos mismos lo sabían! ―gritó Sakura desde el otro lado de la sala, consiguiendo que nuevas risas se escucharan.

―Pues a mí no me causa ninguna gracia ―afirmó Alex altamente molesto, con su rostro rojo y sus cejas juntas.

―Él es como mi hermano, tío Alex ―explicó Sakura riendo aún, para tratar de calmar al hombre. El anciano ignoró las palabras de la chica, y giró entonces el rostro hacia el chico.

―Conozco perfectamente a los de tu clase, muchachito. Eres igual al prometido de Sakura y al estúpido de su primo, con esos pelos desordenados y mirada de cazador irresistible. Así que te advierto, que no me entere yo que la niña ha derramado una sola lágrima por ti, porque te juro que este bastón te lo pondré de sombrero y no te darás cuenta de qué te sucedió. Jerry logró reprimir a tiempo una risa burlona mordiéndose la lengua, cosa que no pasó desapercibido por el anciano.

―Lo mismo va para ti ―anunció, señalándolo―, que ya te veo haciéndole ojitos a Sarita. Ya lo saben, no me provoquen porque no saben lo que les espera. Ahora lárguense de aquí los dos, y tú ―dijo dirigiéndose a Lara―, deja de estar colgada de él que pareces una babosa. Vamos, fuera de aquí, vayan a reunirse con los demás, que entre animales se entienden perfectamente.

Daniel y Jerry se miraron entre sí, sin poder creer que un hombre los acababa de amenazar y echar de su presencia, sin siquiera haber atinado a pronunciar una sola palabra.

―¿Es que también están sordos? ―inquirió Alex bruscamente, sin levantar la mirada de libro que había vuelto a abrir, y sin más, continuó con su labor. Los chicos aturdidos y sin algo que hacer o que decir, salieron de la habitación rápidamente, evitando así otra reprimenda, para reunirse con los demás «animales» como había dicho el anciano. Al entrar en la estancia, Kendal se acercó a ellos. ―¿Y el viejo qué? Jerry miró a su amigo y frunció los labios.

―Nos amenazó con el bastón, y ordenó que viniéramos a reunirnos con los demás animales. Kendal sonrió, y colocándose en medio de los dos, les pasó un brazo por los hombros a cada uno.

―Bienvenidos al club ―dijo para seguir riendo y ubicarlos en su lugar. Sasuke, que había fijado la mirada en Daniel desde que hizo su aparición, levantó la cabeza y colocó su mejor sonrisa de satisfacción.

―Naruto, ¿listo para la fiesta de compromiso? Sakura está ansiosa, y como le dije anoche, ya no hay marcha atrás ―dijo muy pagado de sí mismo, dando a entender que había pasado la noche con la chica. Naruto se abstuvo de contestar por respeto a los hombres mayores que allí se encontraban, aunque por dentro sintió la rabia y la inconformidad bullir.

Deseaba borrar de los labios de Sasuke la sonrisa, y de sus ojos la satisfacción. El solo pensar en que ese hombre sería quién estaría al lado de su niña por el resto de su vida lo atormentaba; él daría lo que fuera porque Kendal o Jerry se convirtieran en sus cuñados y no ese hombre que lo atemorizaba, no por su propia integridad, sino por el bienestar de Sakura; aun así, como había dicho él, ya nada se podía hacer.

La chica decía estar enamorada y contra eso no podía luchar. Minutos después, cuando llegó la hora de vestirse, Sophia se dirigió a su habitación con el personal de servicio que le colaboraría en el proceso; Lara y Sara a la de la primera, y Sakura y Eva, a la suya.

―Eva, estoy nerviosa ―comentó Sakura mientras una de las jóvenes del servicio le ayudaba con las zapatillas―. Esto es totalmente nuevo para mí, yo…

―Pueden dejarnos, continuamos solas, gracias ―interrumpió Eva para dirigirse a las jóvenes, quienes se retiraron al instante―. Sakura, tranquilízate, es solo una fiesta, nada más.

―Eso lo puedes decir tú que naciste en este mundo, pero yo no ―alegó Sakura moviendo los pies para acomodar los zapatos―. El pensar que voy a ser el centro de atención, no es nada común para mí. Las únicas fiestas a las que he asistido son las que se organizaban en una tarde, y las invitaciones eran un «¡Hey!, esta noche en casa de Sussana».

―Sé lo que es eso. En la universidad era lo mismo, solo que aquí no vas a estar sola. Todos nosotros estaremos a tu lado, y aunque no te guste escucharlo, Sasuke no permitirá que te sientas incómoda en ningún momento. Te lo puedo asegurar. ―Sin contar con que prefiero estar en el infierno que en esa fiesta.

―Sakura, por favor, no te lo hagas más difícil. Sakura suspiró y asintió. Sabía que lo que Eva decía era cierto, Sasuke echaría a todos a gritos de la fiesta si eso la hacía sentir mejor; sin embargo, por su propio orgullo no deseaba ser rechazada por esas personas, además de no desear pasar un mal rato, uno mayor del que representaba saber que era la fiesta de su compromiso no deseado.

Cuando todas se reunieron en el pasillo, los hombres las esperaban abajo desde hacía varios minutos. El esmoquin los hacía ver bastante guapos y elegantes. Se miraron las unas a las otras, y aunque para Sakura hasta el vestuario era algo nuevo, tuvo que admitir que todas, incluyéndola, se veían hermosas, a pesar de que el tocado no la hacía muy feliz. Su vestido era de un color azul verdoso, y como todos los demás, consistía de una falda hasta la rodilla, y una blusa estilo sastre con mangas largas y solapas anchas; su cabeza la adornaba un sombrero del mismo color del vestido, de ala ancha y unas rosas también azules en tela, sostenidas por una cinta que bordeaba la copa.

Lara había insistido en un tocado como el suyo, que, aunque rosa, solo era a un costado de la cabeza con unas pequeñas plumas y flores en un bello ramo, pero Sakura se negó rotundamente a usarlo, no solo por el estilo, sino también porque podía intuir que sería doloroso por las pinzas que se usaba para sostenerlo, lo que no sucedería con el sombrero, que aunque molesto, no le causaba dolor alguno.

Sasuke levantó la cabeza al escuchar los pasos acercarse por la escalera, y Sakura pudo ver cómo su mirada se fijaba en ella y su expresión se convertía en una de total fascinación. Se acercó y le extendió una mano para ayudarla con los tres últimos escalones, Sakura la aceptó y cuando por fin se unió a él, sintió cómo su dedo le acariciaba el contorno del rostro y su aliento le rosaba la piel, al tiempo que se acercaba lentamente a ella.

―No la toques, Sasuke. Arruinas su maquillaje ―intervino Eva, apartándolo con un brazo y llevándose a Sakura junto a Alex para dejarla a su lado. Sasuke siguió con la mirada el recorrido de Sakura y guardó silencio, sin poder evitar estar molesto.

―Necesito hablar un momento con mi prometida, en privado ―remarcó lo último, se acercó a la chica, y la llevó al lugar donde la noche anterior habían conversado.

―Mi amor ―comenzó en un susurro, mirándola fijamente a los ojos―, soy consciente de que mi accionar no ha sido el mejor, y que mi propuesta de matrimonio no fue lo que cualquier mujer esperaría, por eso quiero pedírtelo de la forma correcta. Sakura observó con sorpresa cómo Sasuke se arrodillaba ante ella, y metiendo su mano derecha en el bolsillo, sacó una pequeña caja blanca. La colocó frente a ella y la abrió, dejando al descubierto un anillo en platino con un diamante que se alzaba hacia ella.

―Sakura Haruno, no tengo palabras para expresar lo que tu sola presencia me provoca. Mi mente y mi corazón no son capaces de asimilar lo que mi alma siente con solo escuchar tu voz, y cuando me faltes será el fin de mis días, y el comienzo de un infierno que ni el mismo Dante sería capaz de describir.

Sakura, mi nena, cásate conmigo, y juro aquí ante tu alma pura y ante Dios, que dedicaré cada día de mi vida a hacer que una sonrisa se dibuje en tu dulce rostro, y que una alegría como nadie imaginó se instale en tu corazón. La chica se dio cuenta de que lloraba cuando sintió un sabor salado en sus labios. Sasuke, el hombre que con influencias había impedido que saliera del país, ese que la había amenazado con destruir a toda su familia si no se casaba con él, el que había controlado cada uno de sus movimientos y la había proclamado como suya sin tener en cuenta sus sentimientos, acababa de pedirle matrimonio con las palabras más hermosas y románticas, que nunca imaginó escuchar dirigidas a ella.

«¿Por qué, Sasuke? ¿Por qué ahora y no antes?» Sasuke la miraba atentamente. En sus ojos se mostraba la angustia que su corazón sentía y la súplica que su alma imploraba. Ella lloraba por lo que pudo ser y no fue, por los errores cometidos y por un futuro incierto; lloraba por la locura de ese hombre y el amor que ella no lograba hallar en su corazón; lloraba por su destino de completo infierno, y por el de él, de completa súplica. Él le pedía algo que ella no podía darle, y que, al no poder obtenerlo, lo tomaba por la fuerza.

―Sasuke… Fue lo único que atinó a decir antes de que un sollozo escapara de sus labios. Él se levantó rápidamente, y tomándola por los brazos, la acercó a su cuerpo lo más que pudo. Observó sus ojos azules oscurecerse, volviéndose casi negros.

―Piénsalo, Sakura. Todo depende de las palabras que pronuncies a continuación. Sakura dejó escapar otro sollozo, y miró hacia abajo cuando sintió algo frío tocando su dedo anular de la mano izquierda, donde él empezaba a colocar el anillo.

―Contesta, ¿te casarás conmigo? Sakura tomó aliento, buscando fuerzas para decir lo que debía, y sin levantar la mirada, pronunció las palabras esperadas.

―Sí, me casaré contigo. Al salir del lugar privado, Sakura ya había secado sus lágrimas lo mejor posible, aunque el labial de tono suave que usaba había desapareció por completo, mientras que Sasuke lucía una sonrisa de total triunfo y alegría. Sakura entendió las miradas extrañadas de todos, y vio cómo Naruto la observaba con el ceño fruncido y reparaba en cada centímetro de su cuerpo, buscando seguramente algún signo de maltrato.

Las dudas de todos fueron despejadas cuando no tuvo otra opción que mostrar el anillo que oficializaba el compromiso, y que para Sakura valía lo mismo si era de plástico o de oro puro. Todas las mujeres se emocionaron con él, menos Eva, que se acercó a Sasuke y lo apartó de los demás.

―Sasuke sé que es tu fiesta y que estás emocionado porque es el anuncio de tu boda con Sakura, pero te pido, te suplico que no le amargues la vida a esa chica ―rogó tomándolo por el brazo.

―No sé de qué hablas ―aseguró molesto, desviando la mirada. ―Hablo de que no estés acosándola todo el tiempo. Ya bastante tiene con que será presentada ante doscientas personas que la mirarán como un bicho raro, como para que también tenga que aguantarte a ti ahogándola con tus detalles amorosos. Sasuke lo pensó por un momento.

Comenzó a golpear el suelo con el pie, y luego de unos segundos en que su prima lo miraba fijamente, se golpeó el muslo con un puño y se retiró rápidamente de su presencia para reunirse con Sakura, a quien solo le ofreció el brazo y la condujo a la salida. Eva comprendió enseguida que él haría todo lo posible por seguir su consejo

El Milestone era un hotel de lujo ubicado en Kensington Court, con una fachada típica de los mejores hoteles en Londres, y con la ventaja de ser el lugar de descanso de los más acaudalados que deseaban pasar unos días en la capital inglesa. La Suite Windsor era un gran salón revestido en madera clara, grandes ventanales que iban desde el suelo bellamente alfombrado, hasta el techo decorado con hermosos tallados y figuras intrincadas, que enmarcaban además una majestuosa chimenea a un extremo del salón, que en conjunto con todo lo demás era un claro ejemplo de la elegancia y la sofisticación.

Una suave música proveniente de una pequeña tarima instalada en la pared principal, en donde un grupo de músicos elegantemente vestidos amenizaban la velada, servía de fondo a las conversaciones que allí se producían. Sakura ingresó tomada del brazo de Sasuke y seguida por toda la familia. Eva no había dejado de repetirle una y otra vez que ella era la prometida de Sasuke Uchiha, el presidente de UchihaWorld Company y que, por ese solo hecho, estaba por encima de todas las «perras» que allí se encontraban.

―No te avergüences de quién eres, Sakura. Eres fuerte, decidida, y sobre todo decente, eso es algo que muy pocas en ese salón podrán decir. Por lo que al entrar lo hizo con la cabeza en alto, y fuertemente aferrada al hombre que la guiaba hasta el medio del salón.

No estaba feliz de lo que se anunciaría ese día, y agradeció haberse tranquilizado lo suficiente luego de la declaración de él; no obstante, debía admitir que su presencia le transmitía una seguridad en lo referente a los demás, que sabía que nada la tocaría para dañarla, mucho menos los fotógrafos que cargaban en sus pechos los distintivos de las revistas a las que pertenecían, y que se imaginó, eran precisamente a las que su prometido había amenazado.

Luego de experimentar cómo todas las miradas se posaban sobre ella, y la evaluaban como quien está por comprar una nueva posesión y necesita saber si tiene fallas o no, Sasuke en compañía de sus padres la llevaron por cada grupo organizado a lo largo del salón, y la presentaron orgullosamente. Las reacciones variaron desde miradas de desprecio, que la hacían levantar una ceja como muchas veces había visto hacer a Eva, y acariciar el brazo de su prometido, pues estas venían de mujeres jóvenes, que, aunque no comentaban sus pensamientos, los expresaban sin restricción alguna en sus rostros, hasta sonrisas sinceras, que fueron devueltas de forma alegre y complacida.

Sakura se sintió sorprendida al darse cuenta que la fiesta no sería tan incómoda como ella esperaba que fuera. Nunca había sido alguien que le interesara mucho crear nuevas relaciones, y aunque siempre se le había hecho fácil, no se imaginó que esa ocasión también lo sería. Entabló conversación sobre todo con las personas mayores, quienes, aunque parecían serias y pretenciosas, al entrar en su mundo y tratarlos como su igual, bajaban de sus cielos de lujos y riquezas, para convertirse en personas amables que eran capaces de sacarle sonrisas y risas en varias ocasiones.

De mujeres jóvenes también tenía cosas buenas que decir, algunas eran del estilo de Eva, orgullosas, aunque sinceras, y no la envidiaban por estar prometida con Sasuke, sino que la compadecían y se lo decían sin miramientos.

―Querida, estás condenada ―comentó una hermosa mujer de unos veintisiete años de edad, una vez que Sasuke las dejó solas―. Ese hombre tiene un serio problema. Yo diría que es algo depravado. Sakura la miró con el ceño fruncido y una expresión de interrogación en su rostro.

―A todas las presentes ―continuó, señalando con la mano a su alrededor―, menores que él, nos robó nuestro primer beso cuando solo éramos unos niños. Cuando nuestros hermanos querían romperle la cara, salía corriendo a esconderse en las faldas de Sophia. Sakura la miró con los ojos muy abiertos, para enseguida soltar una risita y empezar a negar con la cabeza.

―¿Por qué no me extraña de Sasuke?

―Porque es cierto, querida ―contestó otra joven de unos veintidós años―. Aunque puedes estar segura de algo, Sakura, ese hombre te ama, porque siempre se ha dicho que el día que Christopher se case, será con una mujer que lo vuelva completamente loco, y al parecer tú lo has logrado.

―Y no tengo ni la menor idea de qué hice para conseguirlo ―respondió Sakura frunciendo los labios, provocando risas de las mujeres a su alrededor, y de forma irónica, haciéndola sonreír también. Al poco tiempo de estar sumergida entre conversaciones con hombres y mujeres, que se acercaban para conocer a la «jovencita americana», un hombre llamó la atención de todos y anunció que Jonathan Uchiha tomaría la palabra. Este le agradeció y se colocó detrás del micrófono.

―Queridos amigos, sean todos bienvenidos a compartir la alegría que hoy nos embarga a mi familia y a mí, y que está representada en esta hermosa chica que, dentro de poco tiempo, se convertirá en parte de nuestra familia. Sakura, acércate. Sakura trató con todas sus fuerzas de no parecer nerviosa, y lo logró con bastante dificultad, pues su mente estaba concentrada en no caer frente a todos los presentes. Si bien no era esa su costumbre, sabía que los nervios podían jugar malas pasadas en los peores momentos. Al llegar a los pocos escalones que la llevarían junto a su futuro suegro, encontró a Sasuke tendiéndole la mano con una sonrisa en los labios.

―No temas, mi amor, yo estoy aquí. Sakura que agradeció realmente el gesto de apoyo, le regaló una pequeña sonrisa y se acercó a Jonathan, que la esperaba con una mano estirada.

―Esta jovencita llegó a nuestras vidas de forma inesperada, y estableció su hogar en nuestros corazones sin que pudiéramos notarlo siquiera ―dijo Jonathan sonriéndole―. Estamos, mi amada esposa y yo, muy complacidos de recibirla en nuestra familia como la esposa de nuestro hijo, para convertirse también en nuestra hija. ―Se giró hacia la chica, y se inclinó para besarle la mano

―. Sakura, hija, aunque aún Dios no ha bendecido su unión, te doy la bienvenida a la familia Stone. A partir de ahora serás una de nosotros, con todo lo bueno y… solo lo bueno, no hay nada mal en nosotros. Varias risas se escucharon por todo el lugar, y Sasuke aprovechó el momento para acercarse, tomar a Sakura de la cintura y pedirle un espacio a su padre, quien lo abrazó y se retiró.

―Si en mis manos estuviera ―comenzó sin dirigir palabras de saludo―, Sakura ya sería mi esposa, pero debido a los protocolos que nuestra sociedad exige, me veo obligado a esperar un mes.

Nuevas risas se escucharon, mientras el rostro de Sasuke permanecía serio. ―Ella es la mujer que amo, y con la que pasaré el resto de mi vida. ―Giró la cabeza para contemplar a Sakura y mirarla a los ojos

―. Ella es mi mundo y mi todo, más de lo que alguna vez imaginé que pudiera poseer, y ahora que la tengo entre mis brazos, no la dejaré escapar jamás. Sakura, que lo miraba a su vez, entendió que sus palabras no eran solo un juego para ocasionar las risas que escuchaba por el salón, sino una advertencia hacia ella, una amenaza que cumpliría si cometía algún error, cosa que no pensaba hacer, y que estando un paso más cerca de pertenecerle para siempre, como él decía, solo le quedaba ser fuerte y afrontar lo que el destino le deparara.

―Sakura es mi prometida ―continuó, mirando a todos los presentes―, mi futura esposa, y como lo mencionó mi padre, ahora pertenece a la familia, y por ese solo hecho está en esta posición. Aplausos se escucharon por todo el lugar, mientras algunos sonreían y otros se miraban entre sí. Los primeros lo tomaron a broma, y los segundos entendieron que él la estaba poniendo por encima de todos ellos, y por alguna razón, al conocer por tanto tiempo a Sasuke Uchiha, además de a su padre tiempo atrás, no era de extrañar que exteriorizara con tanta soltura, esa posesividad y protección hacia la mujer que amaban. En su tiempo, Jonathan Uchiha no permitió que cuestionaran que Sophia cancelara el compromiso un día antes de su anuncio, aunque para la sociedad londinense fue la mejor decisión que la chica hubiese tomado. Sasuke, sin agradecer ni despedirse, guio a Sakura fuera del escenario, y la acompañó en el momento en que varios invitados, que aún no habían tenido la oportunidad de felicitarlos, lo hicieron ofreciendo los mejores deseos a la pareja.

Después de eso se acercaron a la mesa de postres, y Sasuke tomó una fresa entre sus dedos, la acercó a la fuente de chocolate y la colocó cerca de la boca de Sakura. ―Será mejor que la aceptes o el chocolate manchará tu vestido. Sakura lo miró, y diciendo con los ojos lo que sus labios no expresaban, abrió la boca y mordió del fruto que él le ofrecía. Sasuke sonrió al tiempo que retiraba la fresa, y la llevó a su boca para comer el resto. Esperó a que ella terminara de degustar el dulce, se acercó a ella y susurró en su oído:

―Acabas de comer de mi mano, mi amor. Sakura abrió la boca, y deseó poder tomar la fuente de chocolate y arrojársela en la cabeza, solo que él ya se alejaba de ella riendo, además de que no estaría bien visto que la novia bañara al novio en chocolate caliente el día de su compromiso. Giró para no seguir mirándolo y arriesgarse a aumentar la tentación; tomó un platito de porcelana y comenzó a revisar los pasa bocas que se encontraban en la mesa, hasta que una voz a su lado llamó su atención.

―Lilibeth, la chica americana que atrapó al tan codiciado Sasuke Uchiha. Saku se giró de inmediato para encontrarse con una mujer de unos cuarenta y cinco años de edad, cabello rojo fuego, muy hermosa a pesar de su edad, y vestida con un conjunto de color vino tinto, cuyo tocado se confundía con su peinado. La mirada de la mujer era de total desprecio y arrogancia, y sobre todo, de envidia

. ―Es Sakura ―corrigió Saku en tono firme y molesto―. Y si con eso te refieres a que soy la prometida de Sasuke, así es, como lo escuchaste decir a él mismo. Esa mujer pretendía rebajarla y humillarla. Sus intenciones estaban claras en su rostro y en el tono de voz que usó para dirigirse a ella, como si se tratase de un mal chiste. Saku podía ser joven y americana, mas no por eso se iba a dejar amedrentar.

―Sí, lo escuché perfectamente ―dijo la mujer, frunciendo los labios―. Lo que me pregunto es, ¿qué artimañas usa una jovencita tan insignificante como tú para atrapar un hombre como Sasuke? Sakura abrió la boca para responderle como se merecía cuando una mano colocada en su hombro la detuvo. Giró entonces su cabeza para ver quién la interrumpía.

―Te puedo asegurar, Victoria, que sus «artimañas» fueron mucho más decentes que las que tú usabas en tus épocas de zorra, cuando buscabas un idiota que te pagara las cuentas; y mucho más efectivas que las que ha usado la brincona de tu hija para «atrapar» a mi nieto. Sakura se quedó de una sola pieza al igual que la mujer frente a ella, cuyo rostro había adquirido un tono tan rojo, que en conjunto parecía una muñeca de cera escarlata en tamaño real.

Sakura estaba anonadada. Sabía, a pesar de tener solo un día de conocerlo, que el tío Alex era un hombre que nada se callaba, y que sus pensamientos tenían línea directa con su afilada lengua, lo que jamás se imaginó fue que pudiera tenerla como la hoja de una espada. Victoria forzó una sonrisa, y haciendo un gran esfuerzo, consiguió hablar.

―Alexander, querido, tú como siempre tan cómico.

―Querrás decir sincero y directo ―aclaró el anciano―. Ahora desaparece, antes de que mi lengua se termine de soltar. La mujer alzó su mentón lo más que su cuello le permitió, giró bruscamente y desapareció entre los invitados, como una mancha roja enfurecida. Sakura se volvió para mirar al hombre a su lado, y lo encontró con una sonrisa extrañamente tierna en los labios. Él levantó la mano y le acarició la mejilla con dulzura.

―No hagas caso, niña, tú vales mucho más que esa vagabunda. Sakura le devolvió la sonrisa, y entendió que estaba preocupado por sus sentimientos, cosa que la enterneció aún más. Ella no estaba herida en lo absoluto. La defensa del hombre la había hecho olvidar por completo la ofensa.

―No te preocupes, tío, creo que esperaba que su hija se casara con Sasuke, y el no poder conseguirlo debe tenerla muy decepcionada.

―No es la única, muchacha ―dijo el anciano pellizcándole una mejilla―, aunque aquí está tu tío Alex que te salvará de las hienas. La chica soltó una risita y vio cómo Sasuke se acercaba a ella con el ceño fruncido.

―¿Qué sucedió? ―preguntó, mirándolos a ambos y acunando la cara de Sakura en una de sus manos―. Acabo de ver a Victoria alejándose de aquí y eso no me gusta nada.

―Deberías cuidar mejor a tu prometida ―reprochó Alex―. No sirves ni para hacerla respetar. El hombre se alejó y Sasuke , ignorando las palabras de su tío, miró a Sakura con ojos preocupados e interrogantes.

―Dime qué sucedió y te juro que se va a arrepentir. Sakura lo miró y giró la vista hacia el lugar por donde la mujer había desaparecido momentos antes.

―La verdad, ella fue quien peor salió. ―Se acercó a Sasuke y le susurró―: El tío Alex le dijo que en su época había sido una zorra caza fortunas y su hija una brincona, ¿puedes creerlo? Sasuke soltó una fuerte carcajada al tiempo que la tomaba por la cintura y la atraía suavemente a su cuerpo.

Sakura lo miró desconcertada, para enseguida rodar los ojos y mirar hacia otro lado, dándose cuenta que varias personas a su alrededor los miraban, algunos con sonrisas de aprobación, y otras con molestia. De pronto, divisó un rostro que le era muy conocido, pero no podía estar segura porque no recordaba haberlo visto en persona alguna vez.

―Christopher ―llamó su atención, dándole unas palmadas en el pecho, pues el hombre seguía riendo―, ¿quién es él? Se me hace conocido. Sasuke giró su cabeza y miró hacia donde Sakura le señalaba.

―¿Charles? ―preguntó. Al escuchar el nombre Sakura hizo la conexión, y creyó que su mandíbula le llegaría al suelo. «Esto no puede ser cierto.»

―El…El Prin… El Príncipe Charles, ¿él? ―tartamudeó, mirando fijamente al hombre que en ese momento había sido interceptado por Jonathan, y hablaba animadamente con él, mientras que la mujer a su lado conversaba con Sophia.

―Así es ―contestó Sasuke, separándose un poco de ella―. Es amigo de mi padre desde hace muchos años. William y Henry no pudieron venir porque están ocupados en sus carreras militares y la Reina… Digamos que ella evita este tipo de reuniones. Sakura miró hacia arriba para ver qué tanta verdad había en las palabras de Sasuke, aun así, no podía negar el hecho de que el príncipe de Gales, estaba a solo unos metros de ella.

―No puedo creerte, Sasuke, ¿me estás diciendo que la realeza británica fue invitada a nuestra fiesta de compromiso? ¿Y asistieron? Sasuke la miró extrañado.

―Nena, te he presentado a varios nobles…

―¡Pero no puedes comparar a un conde con un príncipe! ―Interrumpió Sakura, susurrando exaltada.

―Él también es conde de Chester y Carrick ―dijo Sasuke, encogiéndose de hombros.

―¡No te burles! ―Mi amor, no entiendo por qué la sorpresa. Ellos estaban incluidos en la lista de invitados.

―En ningún momento vi la lista de invitados ―aclaró Sakura con la respiración entrecortada. «Sussana no va a creer esto.» Ni ella misma podía creerlo. Sabía que los Stone eran millonarios y poderosos, lo que no se imaginó era que sus relaciones llegaran tan lejos. Si en algún momento pensó que ese mundo sería abrumador, en ese instante tenía razones de sobra para confirmarlo.

―Sakura, ¿te sientes bien? Estás pálida ―dijo Sasuke muy preocupado, aferrando a su novia por la cintura.

Sakura cerró los ojos por un momento y se apoyó lo mejor que su sombrero le permitió. Deseó en ese momento estar en otro país, en donde las mujeres no tuvieran que llevar nada en la cabeza durante las fiestas de día, pues sentía la necesidad de recostarla en el pecho de Sasuke.

―Si lo deseas podemos irnos de inmediato ―propuso Sasuke, palpándole el rostro con suavidad, como si deseara detectar su temperatura.

―Dame solo unos segundos. Necesitaba tranquilizarse. Para Sussana, que el chico más guapo de la escuela asistiera a una de sus fiestas, era algo digno de recordar por siempre; y ahí estaba ella, con un miembro de la realeza británica asistiendo a su fiesta de compromiso. Eso era una total locura. Respiró profundamente porque sintió que su cerebro empezaba a desconectarse, lo cual sucedía cuando le daban sus ataques de histeria, y en ese momento no podía darse el lujo de tener uno.

―Abrázame, por favor. Sintió cómo Sasuke la estrechó aún más entre sus brazos.

―Tranquila, mi amor ―susurró por encima de su sombrero―, si sientes que te dará uno de tus ataques podemos salir un momento.

―¿Cómo sabes de mis ataques? ―preguntó, sorprendida.

―Sé muchas cosas sobre ti, mi nena ―respondió él con satisfacción. Sakura se separó bruscamente y reacomodó su vestido lo mejor que pudo. La prepotencia de Sasuke en cuanto a su conocimiento sobre ella, hizo que su mente desechara el intento del bochornoso evento. Quiso cambiar de tema, y recordó algo que le causó curiosidad sobre las palabras de él, por lo que retomó la anterior conversación, respirando profundamente de nuevo, sintiéndose más calmada.

―Dijiste algo sobre que la Reina no acostumbra a asistir a este tipo de eventos…

―Así es, por lo general envía a alguien de la familia en representación suya. Con nosotros no asiste nunca.

―¿A qué te refieres con eso? Sasuke se acercó de manera demasiado íntima a ella, y agachándose un poco más, le habló en voz baja.

―No se lleva bien con tu querido tío Alex. En realidad, lo odia a pesar de que su esposo y él son muy buenos amigos. El viejo puede ser imposible de soportar cuando no eres una de sus adoradas niñas. Tienes suerte de pertenecer a ese selecto grupo. Por la mente de Sakura surcaron un sinfín de posibles escenarios, basándose en cómo el anciano la había defendido del ataque de la tal Victoria. Soltó una risita y negó con la cabeza.

―Seee, es gracioso cuando no eres el blanco. Sakura sonrió aún más. Sasuke le indicó que debían acercarse a saludarlos, y con ella más calmada, así lo hicieron.