Vitya se encontraba caminando por el césped con sus pies descalzos, Otabek caminaba junto a él en silencio, ninguno se miraba, pero sabían que había algo que tenían que hablar. Víctor sabía que Otabek tenía algo importante que decirle y estaba nervioso por escucharlo puesto que no sabía si era bueno o malo y esperaba que al menos fuera algo neutral, algo que no lo hiciera sufrir de alguna manera.

Vitya —habló el moreno con su voz ronca mientras se detenía y el platinado lo imitó. Otabek lo tomó del mentón y podía jurar que veía flores y mariposas en el aire, cerró los ojos cuando vio su rostro acercarse, anticipando lo que haría porque de alguna manera sabía que esto era lo que debía venir. Sintió el beso y al abrir sus ojos…

¡Ahhhh! —Víctor grito fuerte y miró a todos lados un poco desorientado dándose cuenta que estaba en su habitación. Lo último que vio antes de despertar fue el rostro de Anya— que asco —dijo tapándose la boca y sintiendo como un escalofrió recorría su cuerpo.

Vitya ¿Qué pasó? —Yuuri entró en la habitación del menor alertado por el grito, al parecer de verdad lo asusto ese sueño que terminó en pesadilla— ¿Un mal sueño? —preguntó al darse cuenta que al parecer el chico recién se había despertado.

El platinado solo asintió con la cabeza y Yuuri se sentó en la orilla de la cama para acariciar su cabello mientras le decía que no era real y que no tenía porque asustarse de lo que fuera que hubiera en su sueño.

Era Anya —dijo poniendo mala cara y Yuuri hizo lo mismo. A ninguno de los dos le agradaba, por lo que el japonés pensó que sí había sido algo aterrador y que el menor había gritado con justa razón. Ambos se pusieron a reír después de eso, estaban siendo crueles en cierto modo,pero la chica era irritante.

Justamente era el día en que harían el picnic y donde vería a Otabek, los días a Víctor se le habían pasado en un pestañeo por lo que aun estaba nervioso por saber que quería decirle el moreno, obviamente por eso había soñado aquello.

El platinado se desperezó para luego ir a ducharse y vestirse mientras su padre japonés preparaba el desayuno y su padre ruso lo hostigaba en la cocina exigiendo atención, porque Yuri era como un niño con la edad de un anciano (según lo veía Víctor) solo él podía molestar al azabache exigiendo atención, el rubio debía aprender a comportarse.

Era extraño desayunar los tres juntos, habían perdido el hábito debido a que pasaban bastante tiempo con los padres de Yuuri, Hiroko consentía al platinado en todo, lo adoraba y siempre estaba al pendiente de él. Con Yuuri se peleaban los últimos días por quien cepillaba el largo cabello plateado y quien podía hacerle algún peinado, por su parte el menor ya se había acostumbrado a que jugaran con su pelo ya que en la escuela las chicas hacían eso Todo el tiempo.

Una vez que terminaron con el desayuno, se dispusieron a arreglar todo lo que llevarían al picnic, metiendo las cosas que necesitaban en el automóvil mientras Yuri se concentraba en no olvidar nada porque no iba a volver a casa a buscar algo.

Otabek los esperaría allá, iría con su motocicleta por lo que no necesitaba ir en el auto con ellos, además que irían llenos ya que Hiroko y Toshiya irían en el vehículo también. Eso solo hacía que el platinado imaginara una escena donde Beka lo llevaba en su regazo al no haber más asientos, estaba muy soñador ese día, seguramente porque quería declararse.

Hiroko y Toshiya no sabían nada acerca del chico que los acompañaría aparte de que era amigo de Víctor y que este le tenía mucho "cariño" por lo que los acompañaría. Yuuri le dijo a Víctor que si se sentía incómodo no era necesario que le contara a sus "abuelos" sobre sus sentimientos por el chico moreno, ya más adelante cuando les tuviera más confianza podría hacerlo. Porque Yuuri sabía que estas situaciones se repetirían ya que no pensaba alejarse del rubio con facilidad, no podía decir que el amor de ellos era eterno, pero si podía decir que sería duradero y no estarían juntos solo un par de meses.

Llegaron al lugar el cual era un parque con extensas áreas verdes, donde podrían poner la manta y disfrutar de los alimentos al aire libre, por suerte no era un día caluroso ni frío, el clima estaba perfecto para cualquier persona.

Todos ayudaron a instalar las cosas y Otabek no aparecía aún, se pusieron debajo de un árbol y sacaron la comida que trajeron la cual Víctor también había ayudado a preparar al insistirle a su padre de cabello negro que quería que Otabek comiera algo hecho por él. Yuuri había enseñado al pequeño Víctor a hacer onigiris, los cuales eran unas bolitas de arroz con un relleno a elección, así que hicieron algunas con camarón y otras con pulpo, aunque para los rusos lo último sonaba un poco extraño.

El tiempo transcurría lento para el platinado quien solo esperaba por alguien en especial para que su día fuera perfecto, al tiempo se aburrió y comenzó a caminar por el parque, acarició unos cuantos cachorros que jugaban con sus dueños y que se le acercaban moviendo su colita, mientras Víctor reía ya que le encantaban los perros.

Veo que le agradas —la voz de quien esperaba sonó tras él sorprendiéndolo, así que volteó enseguida regalándole una sonrisa sincera.

Es porque soy lindo —le dijo en broma sin dejar de mirarlo.

Tienes razón —respondió logrando que Víctor se sonrojara— pero eres más lindo como estas ahora.

Lo había dejado sin palabras, por lo que solo se acercó más a él y se atrevió a tomar su mano— estamos por allá —apuntó al lugar donde debían estar sus dos padres, su abuelo y abuela— apuesto a que le agradaras a los abuelos —Otabek solo sonrió levemente y se dejó guiar hacia donde estaba la nueva familia del platinado.

Saludó a todos con cortesía y como siempre se ganó una mirada de odio al besar la mejilla de Yuuri, aunque al rubio se le pasó luego porque su novio le dijo al oído que solo tenía ojos para él y nadie más.

Comieron todos en un ambiente agradable, Toshiya le hizo varias preguntas a Otabek, preguntas que para el moreno se sentían como un déjà vu ya que eran las mismas que le había hecho el padre rubio de Víctor. Aún así respondió todo con educación y cordialidad, ya había llegado hasta ahí y no quería arruinar nada ese día, porque ese día era especial.

Esto está muy rico —dijo el moreno en su tono de siempre mientras comía de un contenedor que era específicamente para él, ya que todos esos onigiris los había hecho Vitya.

¿De verdad te gustaron? —preguntó emocionado mientras todos alrededor fingían preocuparse de otros asuntos como si no se dieran cuenta de lo que pasaba entre los dos jóvenes.

No tengo razones para mentir —era gracioso ver a Víctor tan animado y a Otabek tan serio, cualquiera diría que ellos dos no podrían llevarse bien, pero estaban equivocados. Era como si uno tuviera lo que al otro le faltaba y eso los hacía complementarse, como los Yuris y sus personalidades opuestas.

Al terminar de comer, Víctor se ofreció a ir a comprar helados para todos, arrastrando al moreno con él para poder alejarse de los adultos y que pudieran conversar con tranquilidad sin sentir que los estaban escuchando. Caminaron lentamente en silencio, uno que daba a entender que una conversación importante estaba por venir y Víctor se ponía cada vez más nervioso con cada paso que daban.

Querías… querías decirme algo importante ¿Verdad? —Preguntó el menor rompiendo el hielo— ¿Qué era?

Ambos se detuvieron, quedando de pie uno junto al otro para luego voltear levemente y quedar de frente— me gustas —le dijo directo y de frente— puede sonarte extraño, pero llamaste mi atención desde el primer día en la cafetería y comenzaste a gustarme el día que estabas castigado y no pudiste entrar —Víctor no sabía que responder, más bien si sabía qué, pero no como, ni las palabras que debía utilizar. Otabek recordaba bien cada encuentro entre ellos e incluso podía decir el instante exacto en que comenzó a sentir algo mas por él.

Tú… —habló de repente, dando un paso al frente, acortando un poco la distancia entre ambos— tú me gustas desde la primera vez que te vi —si el moreno había sido directo y sincero, el también lo sería— y ahora creo que es más que gustar.

Otabek acortó aún más la distancia, poniendo una mano en la mejilla del de ojos azules, ladeo su cabeza y acercó sus rostros para darle un tierno beso en los labios. A diferencia de en su sueño, Víctor no cerró los ojos esta vez, tenía miedo de que al abrirlos otra vez estuviera en su cama.

El beso solo fue un simple movimiento de labios, sin llegar más allá ya que fueron interrumpidos de repente— con que helados ¿Eh? —No se dieron cuenta de cuando Yuri había llegado junto a ellos— los helados están del otro lado —les dijo serio, Otabek iba a disculparse, pero el rubio se acercó a su hijo y le habló al oído— esto hijo mío, se llama venganza. Tú me interrumpes, yo también —terminó de hablar y se llevó al menor de la mano— supongo que puedes comprar tu solo ¿Verdad? —miró a Otabek y este asintió sin entender que había sucedido, pensó que el rubio se enojaría y los regañaría por sus celos de padre, pero nada de eso ocurrió.

El moreno se dirigió a comprar los helados para luego volver con la familia Plisetsky-Katsuki y entregar uno a cada persona. El ambiente seguía siendo cálido y familiar lo cual hizo que Otabek se relajara, porque había estado tenso, aunque nadie lo notó ya que era muy serio, había estado muy nervioso ya que aunque estaba casi seguro que no sería rechazado, siempre estaba la pequeña posibilidad de que se hubiera declarado muy tarde.

Cuando se fueron a casa nuevamente, dejaron que Víctor se devolviera en la motocicleta con Otabek. Yuuri convenció a su novio de que lo dejara, como el transporte era más rápido llegaron antes, teniendo tiempo para volver a besarse antes de que el resto de la familia apareciera nuevamente.

Esta vez el beso fue un poco más intenso, Víctor tomó el control metiendo con un poco de timidez su lengua en la boca del otro quien la aceptó con gusto y jugó con ella utilizando la propia. Se separaron cuando sintieron la falta de aire, Vitya tenía las mejillas completamente rojas mientras que Otabek tenía una notoria sonrisa.

Vitya ¿Quieres ser mi novio o no? —le preguntó en un tono bajo de voz al estar ambos tan cerca el uno del otro. El platinado quería saltar de la emoción y gritar, pero debía mantener la compostura, ya en su cuarto haría todo eso.

Si quiero, Beka —respondió justo cuando sus padres llegaron y tuvieron que hacer como si nada hubiese pasado a causa de la vergüenza.

࿂Continuará࿂