Capítulo 20: Descubriendo la verdad
Shikamaru tomó asiento en el lugar donde Mizuki había estado comiendo. Dedicó unos minutos a observar el lugar. No parecía improbable que alguien se hubiera acercado, quizás fingiendo una conversación casual o una pregunta inocente. Su mirada se posó más tiempo de lo usual en la mesa donde Naruto se encontraba sentado. Él los había visto y había notado lo escandalosos que fueron. Sin saberlo él y su banda pudieron darle al o a la asesina la oportunidad que necesitaba.
—¿Vieron a alguien acercarse a la mesa?
—No y antes de que lo diga, nadie colocó puerco en su ramen.
—Ese puerco no llegó solo a su tazón de ramen y dudo que Mizuki lo haya hecho.
—Tiene que ser la cocinera, nadie más pudo haberlo hecho.
—¿Qué motivos podría tener? —
—No lo sé, pregúntenle a ella que es la mente criminal —Kasumi llevó sus manos hasta sus bolsillos —, sé que pedí ramen con puerco, pero sí ve mi plato puede que ver que ni si quiera tuve la oportunidad de probarlo. Si yo fuera la asesina, no tendría carne en mi plato.
—Y yo sabría si tomó el mío.
—Eso en caso de que no fueran cómplices.
Shikamaru tomó nota de la agresividad con la que Kasumi respondía. Sabía que era normal el que alguien se sintiera alterado después de haber presenciado una muerte, pero su instinto le decía que había algo más, algo no tan inocente. Desviar la atención solía ser algo común en los culpables que había visto en la mayoría de los casos con los que había tratado.
—¿Algún enemigo?
—Más de los que podía contar, era abogado y uno bastante irritante, por cierto.
—Es extraño salir a celebrar con alguien que no te agrada.
—Para nada, son formalidades —respondió el compañero de Mizuki.
—Por cierto, no me ha dicho su nombre.
—Tsubasa Hirano.
El detective decidió regresar a la cocina. No tenía intenciones de volver a interrogar a Meiko, pero sí estudiar más el lugar de los hechos. Ver que llevaba varios minutos en el lugar sin que nadie hubiera notado su presencia le hizo crear algunas hipótesis acerca de lo que había ocurrido.
—Mochizuki ¿ha visto a algún extraño entrar a la cocina?
—No —respondió Meiko —, como puede ver por aquí hay mucho trabajo.
—¿Quién le llevó la comida a Mizuki?
—Yo —respondió la encargada de la caja y le mostró su identificación —, me llamo Matsuri.
—¿Algo que quiera agregar?
—Soy inocente, solo le serví la comida.
—Pudo haber tomado algo del puerco de otro plato y ponerlo en el de la víctima.
—En ese caso me habría ensuciado las manos y uno de los clientes lo pudo haber notado.
—Es probable —le concedió Shikamaru —. ¿algún momento en que hubiera descuidado la comida?
—Ninguno, entrego las ordenes en cuanto me las entregan. Si hubiera puesto algo, me habrían visto.
Shikamaru era consciente de que muchas de las declaraciones que había tomado, más que ayudarlo a dar con el culpable, podrían estar alejándolo de la verdad. No tenía forma para saber quienes estaban mintiendo e incluso de saber quién mentía o no, no tenía forma de vincularlo con el crimen. Tomó asiento e hizo la pose que solía hacer cuando se concentraba. En su mente recreó el restaurante y a todos los inquilinos. Hizo un repaso de lo que había escuchado y un análisis de las posibilidades.
Mizuki había muerto por una reacción alérgica a algo que no debería estar en su plato, eso era seguro. Kasumi había dicho que nadie se acercó a la mesa y su compañero la apoyó. Si bien podrían ser cómplices, el hecho de que otras personas estuvieran de acuerdo con ese punto le hacían sospechar. El lugar no era lo suficientemente amplio para que alguien se moviera sin que nadie lo notara.
"Pero sí lo suficiente para que alguien cometa un asesinato sin que nadie lo vea", pensó Shikamaru. Trató de pensar en las formas en que Mizuki pudo haber muerto sin que nadie interviniera y todas resultaban altamente improbables. Dada la rapidez con la que la alergia actúo no podía tratarse de un utensilio sucio sino de una cantidad bastante grande de carne que no notó hasta que fue demasiado tarde.
Se dirigió a Konan. Las probabilidades de que ella fuera la asesina eran demasiado bajas, pero sentía la necesidad de conocerla mejor. Su instinto detectivesco le decía que había algo retorcido sobre ella y ciertamente no se equivocaba. En su mano notó un anillo, algo que no debería ser sospechoso y pese a que no tenía el mismo kanji del anillo que había encontrado junto al cadáver de Kenji Papetto, debía admitir que le resultaba familiar.
—¿Busca algo? —le preguntó Konan. Más que agresiva, era fría y distante.
—Usted dijo que le urgía irse, quizás podamos ayudarnos mutuamente.
—Solo soy una cliente más, qué podría saber.
—¿No le parece sospechoso que en un espacio como este nadie notara nada?
—No. Los de esa mesa eran muy ruidosos y vivimos en una época en la que todos les prestan más atención a sus teléfonos que a lo que ocurre a su alrededor.
—Trate de pensar en algo que le pareciera fuera de lugar.
—¿No cree que es mejor dejarlo pasar? Manteniéndonos a todos encerrados no va a lograr nada.
—Yo no diría eso, es obvio que se trata de un crimen pasional, alguien aprovechó la ocasión y ha tenido mucha suerte.
—Mis ojos están aquí arriba —comentó Konan sin abandonar la frialdad con la que estaba hablando.
—Estaba observando su collar ¿Me creería si le digo que no es la primera vez que lo veo?
—Le creo, es una nube roja, no tiene nada de extraordinario.
Aunque Shikamaru coincidía con ello, no creía que fuera el caso. Había observado varios escenarios de peleas entre carteles y la mayoría de ellos tenían algo en común, una nube pintada en las paredes. Nunca le había dado importancia al hecho de que fuera roja, pero el ver ese collar le hizo pensar que, quizás la elección del color no era ninguna coincidencia.
—Puede ser.
—¿Debería preocuparme?
—Solo si tiene algo que ocultar.
Shikamaru decidió que no podría obtener más de la mujer de cabellos azulados y prefirió apartarse. No creía estar tratando con el crimen del siglo, pero la falta de información lo estaban fastidiando y esa sensación amenazaba con provocarle una migraña. Todo lo que tenía era información dudosa y una causa de muerte.
Basándose en lo que sabía, los principales sospechosos eran Tsubasa y Kasumi. Si bien Meiko tuvo la oportunidad, el usar una identidad falsa hacía que fuera poco probable que se involucrara en un asunto así de turbio. Sin contar con el hecho de que ella no llenaba el perfil, más que una asesina era una princesa con ansias de libertad.
Se acercó a Kasumi. No tenía intenciones de interrogarla, solo investigar algo que le resultó sospechoso. Kasumi pocas veces sacaba las manos de sus bolsillos y lucía muy agresiva, quizás demasiado.
—¿Puedo revisar sus bolsillos?
Kasumi no le respondió, únicamente se limitó a salir corriendo. Hubiera escapado de no ser por la intervención de Sai. El músico no necesitó de una orden de Shikamaru para saber que el comportamiento de la mujer era inusual y que debía ser detenida.
Cuando Shikamaru revisó sus bolsillos, confirmó lo que ya sospechaba. Estos olían a carne de puerco e incluso conservaba algunos restos.
—Es curioso —le dijo —, de no haber intentado escapar no habría tenido nada en su contra, incluso la carne habría sido fácil de justificar para cualquier abogado.
