Cuenta regresiva
Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.
Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.
Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
1994
Neville llegó vía flu un jueves por la mañana.
Draco estaba metido en el laboratorio de Snape, practicando una receta que su padrino quería que aprendiese pronto, con Leonis echado, medio dormido, a los pies de su silla, cuando la chimenea tuvo un estallido verde, y el chico se precipitó dentro. Había conectado la red a La Madriguera y la casa de los Longbottom, para conversar por las brasas. No para que irrumpieran en la propiedad de Snape, sin previo aviso.
Sin embargo, las réplicas quedaron en el olvido, porque Neville estaba pálido, cubierto de sudor, y se sacudía con espasmos incontrolables.
—¿Qué...?
—Se la llevaron —Fue hacia él directamente, sin titubear. Se sujetó de sus hombros y lo zarandeó sin fuerza. Draco le agarró los brazos, cuando tuvo la impresión de que iba a desplomarse en cualquier instante. Los ojos se le llenaban de lágrimas, era obvio que tampoco estaba respirando bien—. Se- se la llevaron. Se la llevaron, se la llevaron...
Tuvieron que darle una poción calmante y enviarlo a dormir en la cama del piso oculto. Draco arrastró una silla junto a esta, se sentó, e intentó darle vueltas a sus palabras, sin imaginarse lo peor. Pero era lo único en que podía pensar, que tuviese sentido.
Cuando despertase, casi se caería de la cama al estirarse para sujetarle la muñeca, reteniéndolo para que no fuese a buscar a los profesores. Draco se agachó junto al colchón.
—Nev, si algo pasó, ellos-
Pero su amigo empezó a negar, apretando los labios para retener un sollozo. Draco se lamentó de que no fuese Regulus quien estaba ahí; él sabría qué hacer. Él siempre sabía qué hacer.
Neville se veía como él lo hacía tras una pesadilla, y aquello lo hizo vacilar. Supuso que los profesores podían esperar, ya no haría diferencia.
Se levantó y se sentó a un lado de la cama, Neville se pegó más a la pared para abrirle espacio, levantando las cobijas a manera de invitación. Con un bufido se risa, Draco se recostó también.
—¿Qué me dieron? —Musitó, después de sorber un par de veces.
—Poción calmante —Lo miró de reojo, con una expresión de disculpa. Él meneó la cabeza.
—La necesitaba.
—Lo sé.
Permanecieron en silencio por un rato, el tiempo que le tomó al chico dejar de temblar y respirar profundo, a un ritmo regular.
—Ellos se la llevaron- a mi abuela. Los Mortífagos. Creo- creo que buscaban algo, algo que ella guardaba...
—¿Sabes qué? —Neville negó. Él lo pensó durante unos segundos más— ¿crees que pueda ser otro Horrocrux?
—No lo sé.
—Tendrían que haber confiado mucho en ella para darle dos. Y se suponía que los Longbottom eran fieles a la Orden...—Se calló cuando su compañero le frunció el ceño. Él se rio por lo bajo—. Sé que tú lo eres, Nev, hablo de tu abuela. Ella estuvo de nuestro lado antes, ¿por qué ya no?
—No lo sé —Repitió, arrugando más el entrecejo. Luego pareció recordar algo—. Pero encontré esto, ella- ella lo dejó en mi mesa, en el cuarto. Solía ponerme ahí notas sobre dónde estaba la comida, cuando salía, o me decía que limpiase mi cuarto. Me pareció muy extraño que sólo la haya dejado allí y después...después llegaron y los oí y-
Draco le cubrió la boca con una mano cuando estuvo a punto de empezar a alterarse. Inhaló y exhaló. Neville lo imitó. Lo dejó ir al estar seguro de que no se iba a poner a hiperventilar de pronto.
El chico deslizó las cobijas hacia abajo y se sentó, rebuscando en sus bolsillos, hasta dar con un trozo de pergamino quemado en las orillas. Por la precisión con que lo hicieron, se veía como si hubiese sido con magia. Se lo tendió.
"Ariadna Zabini.
No confíes en A. D.
Faltan dos.
La espada."
La caligrafía era torcida, irregular. Debió ser escrito con prisas.
—¿Qué estabas haciendo cuando ellos entraron a tu casa? —Preguntó a Neville, en voz baja.
—Buscaba a Trevor en el- ¡Trevor! —Hizo ademán de salir de la cama, y Draco tiró de él de regreso. Se retorció con un quejido— ¡Trevor sigue ahí! ¡Se escapó al patio y lo estaba buscando, entré para tomar un baño y decirle a mi abuela que no lo podía encontrar! Ella- ella usa un hechizo localizador y...oh, Merlín, dejé a Trevor.
—Podemos ir por Trevor después, Nev.
—¿Y si no hay después para Trevor? —Inquirió, mirándolo con los ojos abiertos de sobremanera. Él pensó que era poco probable que a los Mortífagos les interesase el sapo de un estudiante, mas decidió que no era un detalle que compartir con su compañero en ese instante.
—Lo habrá, tranquilo —Aguardó un momento, a que Neville volviese a respirar profundo y asintiese. Le enseñó la nota en el pergamino—. ¿Tienes alguna idea de qué es esto?
Neville vaciló, frunció el ceño.
—Sé- sé que "A. D." es Dumbledore, era su firma en algunos documentos a mis padres...hace mucho tiempo. ¿Por qué no confiaríamos en él?
—No lo sé —Fue su turno de contestar.
—0—
—¿Será posible que la espada de Gryffindor sea un Horrocrux?
Por un momento que pudo haberse convertido en eterno, la sugerencia del niño-que-vivió quedó pendiendo en el tenso aire. Fue la profesora A, sentada en el borde de la mesa, quien contestó.
—Tendría sentido que la hubiese buscado, le falta una reliquia de Gryffindor. Pero es muy poco probable, dragón.
—¿Por qué? —Insistió él, en un susurro. No podía dejar de darle vueltas a la idea, desde que leyó la nota dejada por la señora Longbottom.
—Porque la espada ha estado por años en la oficina del viejo —Contestó su padrino, más concentrado en analizar el trozo de pergamino que le entregó, que en observarlo— y Quién-Tú-Sabes le teme.
—Pero sigue faltando una reliquia de Gryffindor. La copa, la diadema, el guardapelo...buscar una reliquia de Godric podría ser nuestra mejor pista.
—No te preocupes por eso justo ahora —Lo tranquilizó la bruja, bajándose de un salto del escritorio. Al inclinarse hacia él, le repasó la línea de la mejilla con una caricia cuidadosa—, el director y yo estamos trabajando en formas de hallar los Horrocruxes restantes. Creemos haber encontrado una señal del paradero de la copa de Helga Hufflepuff.
Draco se puso alerta enseguida.
—¿Dónde?
La profesora frunció la nariz, de un modo que le habría resultado divertido, en otras circunstancias.
—Gringotts.
—¿Qué?
Cuando pareció que iba a contestarle, un ladrido hizo que los tres se girasen hacia la puerta del laboratorio. Leonis entró corriendo y la puerta se cerró detrás de él, por sí sola. Atravesó la mitad de la sala en su forma animaga y se convirtió, mientras se movía, por lo que el mago estaba de vuelta cuando presionó las palmas en los bordes del escritorio del maestro y les dio un asentimiento; respiraba agitado.
—La Orden ya volvió de la casa de los Longbottom —Avisó, entrecortado por la falta de aliento. Miró directo a Draco—. Señales de pelea, rastros de magia oscura y maldiciones. Si ella fue su aliada en algún momento, no lo tomaron muy en cuenta al llevársela, o los traicionó también. Vi cómo quedó todo y no creo que una petición amable de acompañarlos hubiese hecho eso. Encontramos unos cofres extraños, enviados al Departamento de Misterios por análisis, y al sapo.
Podría haber sonreído al oír lo último, si su cabeza no fuese un hervidero de ideas. Regulus, en cambio, sí sonrió al pasarle un brazo alrededor de los hombros.
—Necesitaremos hablar con Longbottom para aclarar algunos puntos acerca de la intromisión a su casa y...
—No.
Pudo sentir, más de lo que vio, la rigidez que se apoderaba de Regulus cuando lo escuchó negarse. La profesora A pasó la mirada de él a Snape, que estrechó los ojos en su dirección, reprendiéndolo en silencio por interrumpirlo así.
—Dije —Su padrino volvió a empezar, despacio, en un siseo— que tendremos que hablar con Long...
—Y yo dije no —Con cuidado, se zafó del agarre de Regulus, y caminó hacia la puerta, como si interponerse en la salida pudiese serle útil, si su padrino decidía usar magia contra él—. Ha sido un día malo para él, Severus. Está cansado, está asustado, estuvo en una casa llena de Mortífagos, vio cómo se llevaban a su abuela y sólo pensó en venir hacia acá y dejar su chimenea arruinada allí, por Merlín. Déjalo descansar, al menos hoy.
—Para mañana, algunos detalles que podrían estar frescos en su mente, se habrán desvanecido, Draco.
Él extendió los brazos a los lados, formando una barrera humana. Sacudió la cabeza.
—Te lo estoy pidiendo: no. Y si todavía piensas hacerlo, no voy a dejarte entrar al piso de abajo para que lo alteres más. Sabes que Dumbledore encantó la sala para que me obedezca, si es necesario.
—Draco...
—Te lo estoy pidiendo, padrino.
—El cachorro tiene un buen punto —Snape le dirigió tal mirada a Regulus, que le hizo sentir lástima por el pobre Leonis y el destino que le esperaba más tarde. Él se retrajo sólo un poco, pero no se dejó amedrentar—. Deja que el chico descanse, puede pensar con la cabeza fría mañana. Ahora estará muy alterado, ¿no has visto cómo es de nervioso? No podrá recordar nada que sea importante.
—Siempre pueden poner sus memorias en un Pensadero y revisarlas ustedes mismos, si aún les quedan preguntas después de hablar con él —Ofreció Draco, a último momento.
—Es una buena estrategia —Comentó la profesora A, con suavidad, acercándose al maestro.
Eran tres contra uno. Snape les dedicó miradas enojadas a cada uno y terminó por resoplar.
—Bien. De todos modos, hay que hablar con el viejo acerca de dónde se va a...
—Aquí, por supuesto —La puerta se abrió sin hacer ruido y Dumbledore se paró bajo el umbral, con las manos unidas frente a sí y su habitual expresión de calma imperturbable—. El chico Longbottom se quedará aquí, con nosotros. No hay sitio más seguro para él.
Draco saltó, dándose la vuelta para encararlo.
—Puedo decirle a los elfos que agreguen una cama a mi cuarto, sólo por ahora —El director asintió al oírlo.
—Eso sería muy amable de tu parte, Draco. Es mejor que tu amigo no esté solo estos días, ¿de acuerdo? —Él también asintió.
—Ya mismo les digo —Y aprovechándose del permiso del director, se deslizó por uno de sus costados y salió. Regulus, de regreso a la forma animaga, lo siguió.
Salvados por Dumbledore. Al menos, de forma temporal.
Estaba seguro de que su padrino estaría enojado con ambos y se los haría saber más tarde, pero era un riesgo que aceptaron al meterse en su camino.
—Gracias por el apoyo —Murmuró al can, rascándole detrás de las orejas. Sabía que a él, más que a nadie, le costaba rehusarse a Snape.
Leonis le contestó con un ladrido, que interpretó como su manera de restarle importancia, y los dos utilizaron el pasaje para bajar hacia el piso oculto del castillo. Nada más llegar al final de las escaleras, el perro echó a correr hacia la cama, se subió de un salto, y se abalanzó sobre Neville, lamiéndole el rostro de ese modo en que hacía con él cuando tenía una pesadilla.
Neville se rio y lo rodeó con un brazo, observándolo por encima de la cabeza del can. Todavía tenía los ojos y la nariz un poco hinchados y enrojecidos.
Draco dio un vistazo alrededor, se fijó en su escoba, y sonrió al aproximarse a su cama con una nueva idea.
—Tenemos que salir, los elfos van a acomodar el cuarto para que tengas una cama aquí abajo, hasta que empiecen las clases. Es mejor que usar el dormitorio grande de la torre —Neville asintió, echando hacia un lado al can, para deslizarse fuera de la cama—. También encontraron a Trevor.
La noticia iluminó su rostro.
—¡¿En serio?! —Draco asintió, tomó su escoba, y tiró de él, antes de que hubiese tenido más tiempo para reaccionar. Leonis los siguió—. ¿Draco? ¿Qué vas a...?
—Vamos a jugar Quidditch —Decidió por los dos, sin mirarlo. Era el plan perfecto; lo haría salir de ahí, lo distraería, lo obligaría a concentrarse en un asunto diferente a lo sucedido. Podrían sacar otra escoba del armario de indumentaria y pedir prestadas unas Quaffles al colegio.
—Pero sabes que no soy bue-
—¡Vamos!
Hizo caso omiso de sus respuestas y lo arrastró hacia arriba, la escoba en su otra mano. Leonis dio varios ladridos entusiastas ante la perspectiva de un juego que presenciar.
—0—
—¿Crees que debería decirle a Sirius que vayamos al partido de la final, o que vayamos a todos los de la semana y ya?
—¿Te gustan los chicos, Harry?
En un cuarto en Godric's Hollow, dos adolescentes hablaron al mismo tiempo de temas que no tenían relación entre sí. Harry Potter, que estaba sentado en el suelo alfombrado, con la espalda apoyada contra un costado de su cama, levantó la mirada hacia su mejor amiga.
Pansy se había cansado de verlo limpiar sus dos escobas casi idénticas con un pañuelo y cera, y se recostó boca abajo en su cama, con las rodillas flexionadas y las piernas balanceándose en alto. Tenía una edición de Corazón de Bruja entre las manos y no lo observó al hablar.
—¿La final o todos? —Insistió Harry, fingiendo no haberla escuchado. Ella emitió un "hm" y frunció los labios.
—Si puedes ir a todos, ve —Se encogió de hombros. Él asintió y regresó a su tarea, al menos, durante el instante que le tomó volver a hablar:—. ¿Chicos o chicas, Harry?
Con un dramático suspiro, dejó la segunda escoba a un lado, y se dio la vuelta, flexionando un brazo sobre el colchón y recargando la cabeza contra este.
—¿Qué se supone que significa eso?
Entonces Pansy sí lo vio. Lucía curiosa y le enseñó una sonrisa afectuosa y divertida.
—Bueno, ya sabes, me refiero a si tendrías un novio o una novia —Harry comenzó a arrugar la nariz de inmediato, arrancándole una carcajada—. Tómatelo en serio, he pensado en esto todo el verano.
—¿Por qué te pasas el verano pensando en si saldré con un chico o una chica? —Inquirió él, frunciendo el ceño.
—Eso es obvio —Canturreó, sentándose con cuidado. La revista quedó sobre su regazo, y ella, más alta que él por una distancia considerable, gracias a la diferencia del colchón—. Mira, vamos a ponerlo así: ¿te molestaría besar a Nott?
Harry intentó, en serio intentó, considerarlo, pero la sola perspectiva le daba ganas de echarse a reír. Eso jamás pasaría.
—No sé si me molestaría, pero no pienso hacerlo. Es...Nott —Dejó la palabra en el aire, como la única explicación posible. Ella pareció aceptarla, porque asintió.
—¿Y a mí? ¿Me besarías a mí?
Buscó sus ojos verdes para contestar, sin titubeos.
—No, lo sabes. Ya hemos hablado de esto, Pans.
—Lo sé —Ella no dejó de observarlo con cariño, luego de chasquear la lengua. Lo señaló de forma acusatoria—. Voy a tener un novio más guapo que tú y lamentarás el día en que me dijiste que yo no te gustaba, Harry James Potter.
Él se rio. Pansy también lo hizo, de vuelta a su posición anterior, donde quedaban más cerca.
—Bien, sé que a ti no te importa mucho este tema del romance...
—No me importa nada —Le corrigió, en un murmullo.
—...pero es algo en que tendrías que pensar un poco, para tener estos puntos claros contigo mismo.
Harry arqueó las cejas.
—¿Qué me estás queriendo decir?
—Aquí —Agitó el tomo de su revista— hay un artículo sobre chicos a los que les gustan otros chicos y chicas a las que les gustan otras chicas.
—¿Qué haces leyendo sobre homosexuales en una revista mágica?
—¿Así le dicen los muggles? —Él asintió y su amiga se tomó un instante para lucir impresionada porque tuviesen su propio término. Siempre lo hacía cuando descubría que los muggles conocían muchas cosas que ellos también—. Bueno, a los magos no nos interesa tanto si es un chico o una chica y todo lo demás. Pero, según esto, hay un gran número de magos y brujas que son...¿cómo dijiste? —Harry se lo repitió y ella asintió—. Sí, eso. Entonces-
—¿Cuál es tu punto, Pans?
Su amiga formó un pequeño puchero por la interrupción.
—Creo que tú podrías serlo. No- no, escucha, de verdad. Y soy tu mejor amiga, y aquí dice, que a veces eso causa conflictos en el mago o bruja joven, y lo he investigado, y no quiero que tú la pases mal si lo eres, porque-
—¿Crees que me gustan los chicos, porque te dije que no me gustas tú?
—¡Es la única explicación lógica! —Ella saltó, arrancándole una carcajada—. ¡Mírame! Tengo buenas notas, me aprendí las jugadas de Quidditch de tanto oírte hablar de eso con Crabbe y Goyle, mi cabello es perfecto, mis ojos son preciosos, no soy celosa, tengo voz suave, no me importaría que mi novio pase mucho tiempo con sus amigos, Merlín sabe que un chico cerca todo el día se hace irritante, y además, ni siquiera necesito ponerme relleno en el sostén, sino que...
Cuando se cansó de oírlo reír, le arrojó una almohada a la cabeza. Para ese momento, Harry estaba rojo, sin respiración, y perdió el equilibrio por el proyectil acolchado, lo que lo hizo caer hacia un lado sobre el suelo. Pansy, sonrojada y ceñuda, volvió a hacer pucheros.
—Estoy intentando tener una conversación contigo...
—Pans- —Harry se obligó a tomar una profunda bocanada, a medida que se enderezaba, para recuperar el habla. Se inclinó hacia ella—. Eres insoportable, pero eres mi mejor amiga. No me gustas ahora y no creo que-
—¡No me refería a eso! —Ella chilló, cubriéndose el rostro y dejando caer la cabeza contra el colchón. Ya que permaneció un momento así, Harry se sintió ligeramente culpable y le acarició la cabeza con palmaditas, no muy seguro de si estaba bien hacerlo. Pansy volvió a alzarse, más tranquila—. Estoy superando este...asunto, ¿de acuerdo? Eres mi amigo, bien, en serio. Estoy bien con eso. Por favor, deja que te explique mi verdadero punto.
No supo negarse por la manera suave en que lo pedía, así que asintió y aguardó a que buscase las palabras correctas para expresarse.
—No intento encontrar una razón realmente, ni decirte qué te debe gustar y qué no, ni que yo sé más que tú sobre el tema. Lo único que quiero decir es- es que Theo y yo creemos haber notado algo —Lo silenció con un gesto, cuando hizo ademán de replicar—. Pero no pensamos que sea importante, en lo que se refiere a ti...como persona —Lo abarcó con un gesto—, ¿me explico?
—No —Negó. Ella soltó un bufido muy poco digno y lo sujetó de los hombros, para zarandearlo.
—¡Te estoy intentando decir que te apoyo, Harry! Que puedes hablar conmigo si te gusta alguien, quien sea, y yo no te juzgaré, porque en verdad quien te guste no cambia nada sobre ti y todavía serás mi mejor amigo. Y no quiero que te sientas mal pensando que tienes que ocultarnos algo.
Él parpadeó, arrugó el entrecejo, y luego de boquear unos segundos, llevó sus manos a las de Pansy, que estaban sobre sus hombros todavía, y les dio un ligero apretón.
—Pues gracias, Pans, pero no escondo nada, en serio. Si estuviese interesado en alguien, serías la primera en saberlo.
La chica debió decidir que era suficiente para ella, porque asintió, se reacomodó y empezó otra de sus pláticas sin pausa acerca de unos artículos diferentes de la misma edición.
Ni ella le diría sobre sus sospechas de los últimos meses, ni Harry le contaría que, al finalizar la conversación, había un solo nombre que ocupaba su cabeza.
Me encanta este capítulo, es como una dedicación absoluta a las friendship, djdjdj. Como se viene un momento bonito entre los chicos, voy a subir otros dos, que también son cortos, para llegar ahí ;)
