Se despertó ciertamente adolorido en su parte baja. Su esposo yacía descansando a su lado. La noche anterior le pareció entre magnífica pero muy cansada. Sabía que dolería al hacerlo pero es muy diferente imaginarlo que sentirlo en carne y hueso. En especial carne. Pues eso era prácticamente el miembro del Cipher. Un pedazo de carne que entro en su interior de una manera placentera pero dolorosa. En tan sólo pensar en la hombría del mayor se ruborizaba sin mencionar los recuerdos de todo lo que había dicho en ese momento tan íntimo y especial. Al final si lo hicieron por tercera vez. Ni el mismo se creía que su cuerpo haya resistido tanto. ¿Acaso será un Dios?

—¿Luna de miel? La miel es sabrosa y nada dolorosa. Deberían llamarle Noche de dolor. — se dijo a sí mismo mientras reía hasta que se calló pues al empezar a reír el dolor se intensificó un poco por sus costillas.

Miró a su rubio descansando tan tranquilamente y despreocupado. Admitía lo guapo y atractivo que se veía de esa manera tan calmada y hasta juraba, contenta. Verlo así lo enternecia. Su corazón todavía latía con emoción y alegría. Increíble le parecía que Bill Cipher fuera su esposo y acaban de hacer el amor.

Tan increíble le parecía. Suspiro con pesadez.

—Tengo hambre... pero me tengo que bañar. — volvió a decir para si mismo. Intento levantarse pero el maldito dolor le recordó por que quería matar al rubio a golpes. —Joder... Duele...

—El amor duele cariño. Y más si es el amor más hermoso y eterno.

—Cállate Bill. — se quejó con un puchero en sus labios. Aunque no admitía, le daba la razón al rubio sobre su comentario.

—No discutamos amor. Es nuestro primer día después de la sabrosa luna de miel. — se re lamió los labios mientras con ánimo se levantaba un poco para estar a la altura del castaño, abrazarlo con aprecio y a traerlo hacia él para que Dipper descansará en su pecho.

—Supongo que tienes razón.

—Siempre amor. Por que crees que estoy contigo. — le dio un cariño y fugaz beso en sus labios adictivos. — Bueno, A desayunar. — agregó.

Claro que como era de esperarse, Dipper no podía caminar por lo que Bill no desaprovechó la oportunidad de cargarlo nuevamente - puesto en el comienzo de la luna de miel también lo cargo para llevarlo a la habitación- al estilo princesa. Su chico seguía siendo tan ligero. Aunque en los lugares que tenía más carne era en definitiva su trasero, un poco abajo de sus muslos (piernas) además su pansita pero no mucho.

Tenían planeado un mes establecerse en ese estado y luego regresar a París para vivir en su propia casa y tener una familia.

El sueño de ambos desde un principio.

Durante el transcurso de los días hicieron turismo por el lugar. Dándose cariños frente al público sin importar les su opinión y también uno que otro calenturon que la mayoría de las veces era por el Cipher y Dipper al final se dejaba llevar aunque siempre trataba que fuera en lugares solitarios donde era seguro que nadie pasaría ni a cagar.

Sus kawamis estaban con el maestro Stan, tranquilos en que la ciudad estaba en paz y aunque algún villano ataca se, tenían aliados que protegerían el lugar como si su propia vida dependiera de ello.

Hablaban también de su carrera. Dipper no sólo quería ser un diseñador de moda, también un escritor de novelas ya sean del género misterio hasta románticas. En cambio Bill, ya tenía un lugar de trabajo fijo. No era un modelo o diseñador, tenía que ver más bien con finanzas, política y mucho dinero. Su inteligencia y astucia eran su arma mortal y poderosa. Podía manipular fácilmente (y lo admitia) a las personas que quisiera. Podía ser engañoso pero a la vez muy simpático y agradable ante el punto de vista de las personas. Claro, no conocían en verdad al Cipher.

Después de varias semanas regresaron a París donde compraron una casa para ellos dos. Un hogar al que le darían vida con su presencia.

Ganaba mucho dinero. Y aunque a veces se mataba trabajando un poco hartado al final todo valía la pena. Por que sabía que cuando regresaba a casa o tenía algún día libre podía pasarla con su esposo. Su amado hombre castaño de curvas perfectas. Tan hermoso e inocente.

Sus postres eran un delicia. ¿Cómo no amarlo? Además que cuando tenía mucho estrés o algún berrinche a causa de su trabajo Dipper siempre estaba ahí para escucharlo y calmarlo.

Le encantaba ser mimado por él.

Solía pensar en las mañanas que era un maravilloso sueño del cual se volvería adicto a domir con tal de seguir en ese sueño, pero era la realidad. Levantarse en las mañanas y ver ese perfecto rostro.

Esas mejillas de un color vivo durazno tan natural y suaves, sus largas pestañas y como frunce las cejas. Su nariz en una tonalidad rosa. Aunque él ya no era un adolescente, seguía siendo muy tierno. Tenía esa aura dócil y adorable que emanaba y parecía que te susurraba al oído: Observarme. Bésame.

Su vida jamás sería perfecta sin aquel hombre a su lado. Con su adorable bichito que le sacaba una sonrisa. Pasar el rato con él era divertido y cómodo.

A veces se bañaba los dos juntos, era exitante pero intentaban no pasarse de algunas caricias.

El agua recorrer ese tibio cuerpo del menor, regordete en algunas partes. Bill se agachaba mientras le daba unos dulces besos en sus nalgas y también apretaba con descaro. Claro siendo consiente de que Dipper le reclamaba por ser tan pervertido

¿Cómo no ser sucio si lo tengo a él? A mi hermoso Dipper.

Al caer la noche, antes de irse a domir, empezó a dejar unos tiernos besos en el pecho del castaño que se calentaba.

Dipper decidió tomar la iniciativa, sacó la polla del rubio que estaba más que erecta e impaciente de ser resivido por su culo.

Empezó a besar la punto para luego dar unas lamidas largas y meter todo el falo en su boca quien apesar de ser inexperto, para el rubio -quien se sorprendió por repentina acción-, el oral que le daba su esposo le fascinaba. Pensó en ya no necesitar su manos si tenia la linda boquita de su amado succionando su miembro como si de una paleta de hielo se tratase.

Como era de esperarse, unos minutos después entre jadeos y como observaba como el trasero de Dipper se movía -a propósito- para incitarles aún más, llego al clímax donde su salado líquido blanco se hundía en la boca del menor y algunas gotas escurrían de sus labios.

—No te lo tragues. — ordenó.

Con lentitud abrió la boca del castaño para apreciar como su semilla se deslizaba en esa lengua tan exquisita. Los ojos ámbar con ese brillo de deseo y amor acompañando de ese rubor tan tierno lo enloquecía. Una perfecta vista.

Con sus dedos jugo un poco con su propio líquido en el interior de la boca del contrario, sacó algo del líquido para exparsirlo en el rostro de Dipper. Sus mejillas, nariz, sus labios y debajo de sus cejas donde escurría su semen que recién había exparsido. Ésa imagen provocaba que de nuevo un bulto se formará entre sus piernas, paltitando con pudor y deseo.

Volvió a besarlo.

—Gatito~ ronroneo el más bajo con obvio deseo. — Metela. Quiero sentirte muy pronfundo.

Bill siempre se imaginaba a su bichito diciendo ese palabras tan exitantes que lo ponían duro, y sin duda escucharlo en tiempo real era mucho mejor que sólo imaginarlo y soñarlo. Una sonrisa cariñosa y burlona apareció en sus gruesos labios mientras acariciaba la tersa y suave espalda del Pines hasta llegar a sus muslos.

El contrario se retorcía y soltaba unos pequeños gemidos por las caricias del mayor.

Cipher separo sus nalgas para que sus largos dedos -índice y medio- se abrieran paso a esa entrada rosada y apretada que tanto le gustaba.

Después de unos segundos, sin aviso hundió su polla en el ajugero del menor que le provocaba una oleada de placeres. El grito de un dolor por parte del castaño inesperado hizo eco en la habitación. Prosiguió con las estocadas que un principio fueron lentas pero pronto se volvían más rápidas y precisas.

Los labios de un rosa pálido y brillante relucían en el Pines, quien tenía su boca media abierta con su lengua afuera que derramaba un hilo de saliva. En esa posición hundía sus uñas en las sábanas lanzando gemidos. Una de las manos del mayor empezó a pellizcar y masajear uno de sus erectos pezones.

Así transcurrió la noche envuelta en el placer y amor entre ambos, siendo (quizás) los vecinos quienes escuchaban los fuertes gemidos que volaban en el aire.

El terminar ya ésta cerca~