Capítulo 29: La Orden del Fénix
Lily y James, aparecieron junto a Sirius, Remus, y Estelle en el despacho de Dumbledore. La puerta estaba cerrada por fuera, pero ninguno se molestó en intentar salir de allí. Estelle temblaba y sollozaba en el hombro de Remus, que le acariciaba el cabello rizado y enmarañado a sabiendas de que nada podría calmar el sufrimiento de la muchacha.
Sirius lanzó un puñetazo contra una de los muebles del director, de recia madera, y si apenas consiguió dañar levemente la misma, sus nudillos no tardaron en enrojecerse e hincharse. Ni siquiera el dolor físico conseguía calmar el de su corazón.
Lily, sin embargo, los observaba uno a uno, hasta detener su mirada en James, que parecía ser el único de ellos que estaba en sus cabales en ese momento.
-Ella está bien- intentó tranquilizarlos el chico de gafas, pero ninguno pareció oírlo salvo Lily. La pelirroja lo observó detenidamente: James tomó asiento en uno de los mullidos sillones que había en la habitación y contempló el suelo de piedra meditabundo. Parecía haber madurado cien años en tan solo una noche y ella, al fin, entendió lo que tanto trabajo le había costado aceptar en su momento: no podían estar juntos. El riesgo, y el miedo a perderlo eran tan intensos que por un momento pareció quedarse sin respiración. Ahora entendía por qué el muchacho se oponía tan concienzudamente a que entrase en la Academia de Aurores y se pusiese en peligro, porque ella también sentía un rechazo que rallaba en el pánico al imaginarse que pudiese pasarle algo malo a él. Los pensamientos de Lily derivaron en su amiga castaña, y un escalofrío de miedo recorrió su columna vertebral: había intentado salvar a Yasmine con su escudo, pero sabía que parte de la maldición de Voldemort la había alcanzado, y además estaba lo de esa fea herida que tenía en el costado y que no auguraba nada bueno. Su estómago se retorció pensando en lo que habría sido de Yasmine, y contuvo un suspiro ahogado, cuando de repente sonó un suave plof, y Dumbledore apareció ante ellos. El anciano tenía el semblante tan serio y triste que ninguno pensó que fuese a traerles buenas noticias. Sirius se palpó los nudillos inconscientemente y siguió con su gris mirada como el director se situaba tras el escritorio, observándolos uno a uno como momentos antes había hecho Lily. Sin embargo, al final, los ojos azul eléctrico del director se posaron en él.
-Madame Pomfrey está haciendo todo lo posible por salvar la vida de la señorita Roberts- comentó en un susurro apenas audible, con evidente cansancio.- aún hay muchas preguntas que no puedo responder respecto a su estado de salud- añadió antes de que Sirius pudiese protestar ante tan escasa información- pero estoy seguro de que está en las mejores manos- no dijo nada cuando el chico de ojos grises volvió a estampar los nudillos en el mismo lugar que antes, consiguiendo hacer varias muescas en la madera.
-Profesor…-James intentó hablar, pero el anciano levantó la mano pidiendo silencio, y cerro los ojos, suspirando profundamente.
-Creo que llegados a este punto, James, todos somos conscientes de la gravedad de la situación en la que nos encontramos- repuso Dumbledore lentamente, como si necesitase pensar detenidamente cada palabra que decía.- Ada Millow ha sido asesinada a manos de aquel que se hace llamar Lord Voldemort- afirmó con contundencia. A ninguno de sus alumnos le quedó duda alguna de que el director necesitaba pronunciar aquellas palabras en voz alta, y la pausa que las siguió constató el dolor y la incredulidad de las que el hombre era presa en aquel momento. Fue un instante fugaz en el que los chicos vieron por primera vez a Dumbledore sin su serenidad tan característica, pero a su vez fue un instante tan efímero, que cuando volvió a alzar la mirada hacia sus alumnos, tan solo pudieron apreciar una acerada nota de determinación en sus ojos.- y llegó la hora de decidir como tomar parte en esta guerra que ya ha comenzado, de forma activa y comprometida- y James, Sirius y Remus, que tanto tiempo habían estado esperando ese momento, se miraron con la seguridad que da saber que iban a estar ahí los unos para los otros, pasase lo que pasase y corriesen el peligro que corriesen.- veréis, chicos, la profesora Millow formaba parte de un pequeño, y digamos selecto… grupo de magos y brujas excepcionales, seleccionados meticulosamente por mí mismo, y cuya función era y es encontrar la manera de buscar solución al problema que Lord Voldemort, o mejor dicho, y llamándolo por su nombre, Tom Ryddle, está causando desde hace unos años atrás hasta el día de hoy.-ahora Dumbledore tenía toda la atención de sus alumnos, incluida Estelle, que había dejado de llorar y ahora lo escuchaba con los ojos azules muy abiertos.- el problema es que no sabíamos lo muy arraigada que estaba en nuestra sociedad mágica la diferencia de clases, por llamarlo así, ni el rechazo al mundo muggle en general. Muchos de ellos no quieren seguir escondiéndose, ¿por qué ser ellos quienes vivan a la sombra, cuando el poder que los alimenta es mucho mayor que el de aquellos pobres desgraciados que no tienen más remedio que andar a pie? ¿Cuándo han sido tantas veces injuriados y atacados por aquellos cuya sangre no posee el poder de la magia?- Dumbledore sonrió a su pesar, negando con la cabeza.- mientras más posibilidades tenemos a nuestra alcance, más ciegos nos volvemos- añadió más para si mismo que para sus alumnos.
-¿De qué forma más activa y comprometida, profesor?-pero James estaba deseando pelear. No sabía si era la adrenalina que corría por sus venas después de lo ocurrido aquella noche o la emoción de saber que por fin podría tomar parte real en la lucha que tantos meses llevaba buscando. Lily le lanzó una mirada preocupada, pero no hizo ningún comentario.
-Veréis…- de nuevo Dumbledore parecía muy cansado- hace unos diez años aproximadamente, Ada Millow se cruzó en Transilvania con el que aún se hacía llamar Tom Ryddle. Yo ya le había contado ciertas cosas sobre ese misterioso ex alumno que buscaba con avidez el secreto la inmortalidad y Ada y su marido, lo encontraron en un castillo realizando ciertas maniobras de artes oscuras y muy peligrosas… y reclutando a algunos de los clanes más sanguinarios de vampiros de aquella zona.
-Profesor usted…¿usted mandó a Ada a Transilvania?- James había atado cabos y la larga y pesarosa mirada que Dumbledore le dedicó confirmó sus sospechas. El anciano cabeceó levemente, parecía que aquella noche todos sus fantasmas se habían despertado para acosarle, tras muchos años dormidos. Si Yasmine hubiese estado allí presente, hubiese entendido la tristeza del profesor, ya que fue en aquella misión donde el marido de Ada fue asesinado.
-Fue el principio de lo que comenzó a gestarse más tarde. Tanto en un bando como en otro. A principio de los años setenta, Tom Ryddle se apodó así mismo Lord Voldemort, y puso a sus secuaces el nombre de mortífagos. Y yo fundé la que entre todos llamamos: la Orden del Fénix.- una sensación cálida y apacible sacudió a los cinco jóvenes al observar el fénix del director, descansando en su percha de oro, como si tan solo ver a Fawkes reposando los tranquilizase.- Ada fue una de las primeras personas en entrar en la Orden, y después he ido seleccionando con suma delicadeza a ciertos magos y brujas de toda índole que no estaban del todo de acuerdo en la forma de llevar las cosas del ministerio.
-¿Es una organización extraministerial?- se asombró Estelle, sonrojándose al instante. Dumbledore casi se echó a reír con ganas, pero fueron un par de carcajadas breves y una mirada chispeante y después su amable rostro volvió a tornarse serio.
-Mi querida señorita Simons… Eugenia Jenkins casi me tomó por un lunático cuando sugerí en una de nuestras reuniones que debía comenzar a tomarse en serio los incipientes disturbios contra muggles que estaban dándose a lo largo de todo el país… bromas sin importancia los llamó, creo recordar- guiñó un ojo como haciendo memoria pero después sacudió la cabeza pensando en aquel error garrafal por parte de la que por aquel entonces era Ministra de Magia.
-Pero desde hace tres años nos gobierna Harold Minchum- replicó Remus, en silencio hasta ahora-¿qué opina él de todo esto?- el joven de ojos dorados sabía lo duro que había sido el Ministro de Magia con los derechos de los hombres lobo en los últimos años, por lo que le pegaba más que fuese más contundente en relación a la magia oscura.
Dumbledore lo miró por encima de sus gafas de media luna y esta vez su voz adquirió un matiz acerado.
-El señor Minchum me advirtió de que cualquier movimiento que pudiéramos hacer yo o cualquiera de mis allegados sin ser aprobado por el Ministerio nos traería graves consecuencias- hizo una pausa para observar un extraño reloj de pulsera con un intrincado mecanismo de agujas y su rostro se relajó- ¡genial! Alastor está a punto de llegar.
-¿Alastor? ¿Alastor Moody? ¿Ojoloco?- James se levantó del sillón de la emoción y se aproximó a la mesa del director, que lo observó divertido.
-Veo que conoces al viejo Moody- sonrió Dumbledore.
-Bueno yo… no es que lo conozca- James se acarició la nuca algo avergonzado por su reacción- es que había oído a mis padres hablar mucho de él- reconoció el chico de gafas- ¡Pero él es auror en el Ministerio!- exclamó recordando la advertencia que el Ministro de Magia le había hecho a Dumbledore, e intentando desviar la atención a otro tema.
-Nadie dijo que fuese obligatorio seguir las advertencias del Ministro- Dumbledore hizo un falso gesto de inocencia que por un segundo alivió la tensión de sus alumnos y los hizo sonreír brevemente- además… necesitamos tener ojos y oídos en todas partes, y ahí es donde entráis vosotros.
Pero antes de que pudiese seguir hablando, un torbellino apareció de la nada en medio de la habitación y un hombre de mediana estatura y robusto, con una media melena rubia, ya algo entre cana, recogida en una pequeña coleta, y dos pequeños ojos brillantes y marrones, aterrizó ante ellos apuntando a todos y cada uno de los muchachos frenéticamente con su varita. Con la mano opuesta sujetaba una caña de pescar típica de los muggles.
-¡Alerta permanente!- gritó escupiendo algo de saliva, que fue a aterrizar sobre el vestido sucio y estropeado de Estelle. La chica estaba demasiado asustada como para protestar por aquello.
-Ojoloco, querido amigo…- Dumbledore se situó al lado del hombre y lo cogió amigablemente por los hombros, pero éste se desasió bruscamente.
-¿Es cierto Dumbledore?- sus pequeños ojos se movían de un lado a otro en pequeños movimientos, pero cuando Dumbledore asintió apesadumbrado se quedaron fijos en algún punto de la habitación- Margarite no… - susurró de forma apenas audible- ¡Juro por Merlín que la vengaré!- gritó de repente haciendo que los chicos diesen un respingo por el cambio tan brusco de voz. El único que no se inmutó fue el director, que lo acompañó a uno de los sofás y lo ayudó a sentarse mientras Ojoloco seguía mascullando entre dientes todo lo que le haría al malnacido que había asesinado a Ada.
-Profesor- pero Sirius estaba empezando a impacientarse, él solo quería ir a la enfermería para ver como se encontraba Yasmine. El anciano de ojos azules pareció leerle la mente.
-Aún es pronto, todo a su debido tiempo, señor Black, todavía faltan unas cuantas personas que quiero que conozcáis, y deben estar al llegar.- dijo volviendo a contemplar su extraño reloj de pulsera.- aunque ahora que lo pienso, creo que a Frank y Alice los conocéis de sobra…- apuntó el director pensativo.
Apenas unos segundos después de decir aquello, dos torbellinos de colores aparecieron de la nada en mitad de la habitación.
Uno de ellos era una muchacha joven, de unos veinte años, con el pelo negro y los ojos cafés. Era menuda y su aspecto despistado la hacían poseedora de un aire inocente y encantador. Sostenía lo que parecía una bota de goma en la mano.
-Ella es Alice Crouch- la joven alzó la mano y los saludó tímidamente. A su lado, se había materializado un joven también con el pelo negro, y ojos color avellana, que la abrazó cariñosamente para darle apoyo y los saludó con un gesto muy amable que transmitía mucha calidez. Dejó la bota que ambos sujetaban en el suelo y sonrió- y él es Frank Longbottom.- añadió Dumbledore.
-Somos antiguos compañeros, me alegro de veros chicos- señaló el recién llegado afablemente. Frank y Alice habían dejado Hogwarts hacía dos años, y aunque no habían sido amigos íntimos de los merodeadores ni de las chicas, si habían convivido en la misma casa durante cinco años. Tras terminar sus estudios, Frank y Alice habían aprobado exitosamente su examen de ingreso en la oficina de Aurores del ministerio de Magia, y Ojoloco se había encargado de seleccionarlos para formar parte de la Orden del Fénix, ya que a ojos vista eran dos de los magos más poderosos de su generación.
No dio tiempo a añadir de nada más, porque de nuevo dos personas aparecieron de repente en la habitación.
Esta vez eran un hombre y una mujer de unos cuarenta y pico años, que agarraban firmemente un bate de béisbol.
El hombre tenía el pelo rubio y un fino y elegante bigote sobre su labio superior. Los ojos, azul oscuro, estaban llenos de ira y tristeza. La mujer tenía el pelo rojizo y ondulado, semi recogido en una trenza, y de sus ojos claros caían gruesas lágrimas de tristeza.
-¿Así que Ada está…?- y ante la grave mirada de Dumbledore, comenzó a sollozar sobre el pecho del hombre, que la abrazó protector.
-Ellos son Edgar y Anthea Bones.- les presentó Dumbledore- los chicos observaron entristecidos como la mujer se enjugaba las lágrimas y los saludaba como buenamente podía.- ambos trabajan en el departamento de Cooperación Mágica Internacional.- el hombre inclinó la cabeza ante los muchachos y apretó las mandíbulas en un gesto de rabia contenida.
-¿Cómo ha podido ocurrir esto?- preguntó con severidad- ¡Hogwarts es uno de los lugares más seguros del país!
-Eso es algo que aún debemos investigar, Edgar, todo a su debido tiempo. Pero si algo esta claro, es que nuestro enemigo se hace fuerte, y es hora de que nosotros nos hagamos fuertes también.- esta vez, Ojoloco ya les prestaba atención, y tras haber recorrido con su mirada y escrutado en profundidad los rostros de los cinco chicos, se situó al lado de Dumbledore.
-¿No son demasiado…?- Anthea Bones dejó de sollozar para observar con detalle a los chicos, cada cual con un aspecto más desastroso que el anterior.
-¿Jóvenes?- terminó su marido por ella.
-Nuestros hijos apenas tienen unos años menos que ellos.- y una mueca de ternura maternal se hizo presa de las facciones de la mujer de pelo ondulado.
James, Sirius y Remus carraspearon incómodos y Estelle y Lily alzaron sendas cejas ofendidas.
-Créeme Anthea, son algunos de los magos más preparados de su generación- alardeó Dumbledore con orgullo de sus pupilos.- la edad es solo un número- añadió con tranquilidad.
-Tendrán que recibir algunas clases de …. ¡ALERTA PERMANENTE!- vociferó Ojoloco volviendo a sobresaltar a los chicos. Ninguno de los miembros de la Orden del Fénix se inmutó, y pudieron ver como Anthea ponía los ojos en blanco con aburrimiento y Alice y Frank se reían disimuladamente.
-Lo harán, Ojoloco, lo harán… tenemos un largo verano por delante, además, tengo entendido que algunos de ellos tienen intención de presentarse al examen de acceso de la Academia de Aurores- y su mirada se posó en todos ellos a excepción de Estelle. Lily pudo notar los ojos marrones de James fijos en su rostro, así que bajó la mirada, aquella noche habían cambiado muchas cosas y ya no tenía tan claro lo que debía o quería hacer.
-¡Vaya! ¿Y tú? ¿Qué piensas hacer?- Alice se dirigió a Estelle, quien de nuevo se sonrojó al ser el centro de las miradas. Carraspeó un poco y luego dijo con un hilo de voz.
-Quiero presentarme a asistente de medimago.- le parecía que habían pasado años desde la última vez que había dicho una palabra.
-¡Eso es genial!- Alice no tardó en dar unas pequeñas palmadas entusiasmada, mientras Ojoloco alternaba la mirada de la pelirroja de ojos azules a Dumbledore y una mueca parecida a una sonrisa se dibujaba en su ya desfigurado rostro.
-¿Así que ya tendremos al fin ojos, y oídos en San Mungo?- dejó caer el auror complacido. Dumbledore rio un momento ante el comentario de Ojoloco y después fijó su mirada en Estelle.
-¿Estaréis dispuestos a formar parte de la Orden del Fénix?- y juntando las yemas de sus dedos, sus ojos se fueron posando en todos y cada uno de ellos.
...
Yasmine no sabía que pasaba exactamente. Si estaba viva, o muerta, o soñando, en una pesadilla de la que no podía despertar. Solo veía rayos verdes entre una densa oscuridad que parecía casi petróleo, y las caras de sus amigos y de Ada aparecían de vez en cuando a su vista, pero estaban tristes y apagados. Si estar muerto era algo parecido a eso, supuso en algunos de sus pensamientos divagantes que debía estar en el infierno por todas las malas acciones que había cometido durante el último año. El laberinto de luz verde y oscuridad no acababa nunca, pero allí dentro, no sabía exactamente donde, podían haber pasado segundos, minutos, días y horas. A veces se encontraba llena del dolor que le provocaba la incertidumbre de no saber que había ocurrido, el no saber si sus seres queridos estaban bien, y se encontraba perdida en un laberinto en el que se sucedían una y otra vez las imágenes de las mentiras, y las escapadas, y los planes que había trazado sola para escapar de Lord Voldemort durante aquel año. Las veía como si fuese una película, pasando ante sus ojos una y otra vez. Y entonces lloraba, o al menos creía que lo hacía porque no sentía nada más que el dolor lacerante del arrepentimiento y de no haber sabido hacer las cosas mejor. Y si hubiese confiado en ellos… Y si hubiese acudido a Dumbledore antes de que fuese tarde, y si se hubiese tragado su vergüenza y su orgullo… Y si… Y si… Y si… Sí, aquello debía ser el infierno, y vagaría eternamente entre los recuerdos de su propia mezquindad.
Y de repente, el algún momento, se quedó parada, dejó de caminar, o flotar, o nadar entre los recuerdos laberínticos que la rodeaban, y la oscuridad se hizo algo menos fría.
-Te estamos esperando- dijo una voz suave, femenina.
-¿Ada?- creyó gritar pero solo oyó una voz retumbando en su extraño universo, ni siquiera la reconocía como propia. Yasmine quiso que fuese Ada, que venía a buscarla para llevársela con ella a un lugar más apacible que el que se encontraba, pero de nuevo la voz llegó, algo más nítida, y no era Ada, reconoció perfectamente a su hermana Michelle.
-Te estamos esperando.- y de repente todo se apagó. Yasmine volvía a llorar. No quería despertar en un mundo donde había hecho tanto daño.
...
Dos días después de la fatídica noche, los merodeadores, Lily, Estelle y Michelle, se encontraban en una apacible tarde de junio sentados a la orilla del lago, en el césped fresco, con el aroma de las flores que ya anunciaban la llegada del verano embriagándolos de tranquilidad.
-Dumbledore dice que no quiere despertar- suspiró Michelle, tumbada boca arriba en la hierba.
-¿Por qué?- Estelle alzó los ojos al cielo, que ya empezaba a teñirse de naranja y violeta, y suspiró con tristeza.
-Supongo que no debe ser fácil volver a un lugar en el que Ada no está y ella se sienta responsable por ello- dijo James tan meditabundo como acostumbraba después de la batalla del lago.
-Pero ella no tuvo la culpa…- Michelle se mesó un rizo rubio con angustia.
-Piensa que lo que ella intentó evitar, al final sucedió.- Lily se sentó al lado de Michelle y le dio un abrazo protector- es ella quien tiene que decidir volver con nosotros. Quien se tiene que perdonar a sí misma para poder seguir.
Todos se sobresaltaron cuando, si previo aviso, Sirius se levantó y se dirigió al castillo a grandes zancadas.
-Y creo que alguien va a acelerar el proceso…- Remus no supo si aquello era bueno o malo, pero dejó que su amigo se guiase por su instinto… al final quedaba claro que el instinto era lo único que no podía fallar.
La respuesta de James había activado un resorte en Sirius, que se encontraba entre confuso y aturdido desde la noche de la batalla del Lago.
Dumbledore les había dado una semana para descansar y pensar en su propuesta. A partir de ahí, se decidirían los roles que cada uno desempeñaría en su nueva tarea. Por ahora, les pidió que lo mantuviesen en secreto, incluyendo a su gran amigo Peter, pero no les resultó complicado porque su madre lo había sacado del colegio justo tras los altercados ocurridos (la señora Pettigrew salvó a su hijo justo poco tiempo antes de que Filch lo colgase de los pulgares en su despacho). Como habían hecho la gran mayoría de padres preocupados por la seguridad de sus hijos. Mientras recorría los casi desiertos pasillos del colegio recordó el vuelco que le dio el corazón cuando Madame Pomfrey, agotada y sudorosa, abrió la puerta de la enfermería, a la que todos acudieron raudos tras la reunión en el despacho de Dumbledore. La puerta de roble macizo tras la cual Yasmine se debatía entre la vida y la muerte estaba vigilada por la profesora McGonagall, con el semblante pálido y ojeroso.
-Han sido unas horas difíciles para la señorita Roberts- resolló la enfermera con agotamiento- cuando llegó aquí estaba más cerca de la muerte que de la vida- su voz temblaba por el esfuerzo- y esa tinta venenosa…- sus ojos se pusieron en blanco con pavor, pero consiguió asirse a la puerta y gracias a la ayuda de la jefa de Gryffindor no cayó al suelo. Estelle lloraba asustada, aún escoltada por Remus, y Sirius avanzó intentando pasar a la enfermería, pero un rápido hechizo repulsor de McGonagall lo lanzó varios metros hacia atrás.
-Les recomiendo que si no tienen ninguna herida que pueda provocarles la muerte inminente, vayan a la torre de gryffindor y se acuesten. – y con un seco golpe de varita, se encerró en la enfermería con la señora Pomfrey.
Pero Sirius no había podido dormir. Estelle se acostó en la cama con Remus y ambos cayeron dormidos a los pocos minutos. Un sueño intranquilo en el que de vez en cuando a la pelirroja de ojos azules se le oía sollozar. James le cedió la cama a Lily y se acostó en la de Peter. Tras varias horas dando vueltas, Sirius se levantó y volvió a la Enfermería. La puerta estaba cerrada, pero se sentó con la cabeza apoyada sobre la gruesa madera, y allí se quedó dormido sin remedio alguno.
Cuando despertó, sin saber como, se encontraba en la Sala Común de Gryffindor, en uno de los sofás de terciopelo rojo. Abrió los ojos totalmente desorientado y observó una figura moverse a su lado. Se incorporó sobresaltado y vio como Lily lo observaba con sus preciosos ojos esmeralda llenos de cariño.
-Buenos días dormilón- bromeó ella con voz suave- o tal vez debería decir buenas noches… llevas durmiendo todo el día.
-Más que durmiendo diría que he estado en coma- respondió el chico de ojos grises acariciándose la frente. La cabeza estaba empezando a dolerle con intensidad.
-McGonagall te encontró durmiendo en el pasillo de la enfermería y te trajo aquí… nos pidió que te cuidáramos- le explicó Lily cogiendo una humeante taza de té caliente y pasándosela al chico de ojos grises.
-¿Cuidarme o vigilarme?- Sirius olfateó medio en broma medio en serio el té en busca de algún olor extraño que le indicase la presencia de alguna poción Adormecedora, pero Lily le dio un suave manotazo y rio divertida.
-No soy tan mala como para drogarte…- volvió a reír ante el levantamiento suspicaz de ceja del chico y después suspiró con cansancio.
-¿Tú has podido dormir?- se interesó Sirius tras dar un reconfortante trago al té de la pelirroja. Lily lo miró fijamente unos segundos, evaluando su respuesta.
-Si se le puede llamar dormir a eso…- concluyó finalmente.
-Creo que estamos todos igual- repuso Sirius, con el semblante preocupado.- no paro de preguntarme cómo pudo pasar todo esto.
-Te culpas porque no supiste darte cuenta de lo que le pasaba a Yasmine- afirmó Lily – después de tantos meses… ¿cómo crees que nos sentimos nosotras?- preguntó refiriéndose a Estelle y a ella misma.
-Sabía que pasaba algo- Sirius se estrujó las sienes cabreado consigo mismo.
-Yo también, pero aún así… Yasmine no hubiese dejado que nos enterásemos, no lo hizo… es muy inteligente.- era lo único que podía repetirse Lily una y otra vez para no seguir culpándose por ello.
-Necesito respuestas- dijo Sirius con voz queda.- Pomfrey dijo tinta venenosa… ¿qué tinta venenosa? ¿Por qué?
Lily suspiró compungida y se levantó del sofá.
-Supongo que tendremos las respuestas a su debido tiempo… intenta descansar Sirius- y depositando un leve beso en la coronilla del merodeador, desapareció por las escaleras que la llevaban a la habitación de las chicas.
Michelle, la hermana de Yasmine, salió de la enfermería el domingo por la mañana, con la pierna intacta pero preocupada por Yasmine, cuyas constantes vitales eran buenas pero no respondía a ningún estímulo externo. Antes de abandonar la sala, la joven gryffindor presenció una extraña escena: Dumbledore tenía las yemas de los dedos de la palma derecha en contacto con la frente de Yasmine, tenía los ojos cerrados y una expresión de suma concentración. Aquello apenas duró unos segundos, y entonces el profesor abrió los ojos y miró a la muchacha dormida con profunda tristeza. Después se giró lentamente y vio a Michelle de pie, paralizada tras él. No pareció sorprenderse de verla allí.
-Tú hermana no quiere despertar…- dijo con suavidad- tal vez debamos ayudarla a hacerlo, entre todos…- le hizo un amable y significativo guiño, y abandonó tranquilamente la sala.
Michelle se acercó entonces a su hermana, y le susurró con suavidad unas palabras que le llegarían tan claras y nítidas, como si no hubiese un océano de incertidumbre entre ellas dos:
-Te estamos esperando.
…
Y allí estaba ahora Sirius, corriendo por los pasillos desiertos. Le sorprendió la facilidad con la que pudo acceder a la Enfermería, no había ni rastro de madame Pomfrey o de McGonagall, aunque supuso que todo el mundo se encontraba ocupado preparando el sepelio de Ada, que se celebraría la tarde del día siguiente. Entró a toda velocidad en la sala llena de camas y se dirigió a la única cuyos doseles estaban echados. Los abrió y por fin, tras tres días, pudo ver de nuevo el rostro de Yasmine.
Estaba tan blanca como el papel, y sus mejillas, siempre llenas de color y vida, estaban hundidas y cenicientas. Los grandes párpados estaban cerrados y sus labios tenían cierto color azulado. El pelo largo y oscuro le caía a ambos lados del rostro y los hombros, pero no había matices marrones ni rojizos a pesar de que el sol incidía directamente sobre ellos, y era un espectáculo que a Sirius siempre le gustaba ver. Allí solo estaba su cuerpo, apagado y ausente.
-Yasmine…- se acercó tembloroso a la chica, que no se inmutó. Parecía una estatua de mármol. – maldita sea Yasmine….- le estrechó una mano con ambas suyas y se agachó para quedar más cerca de su rostro- tienes que volver Yas…- Sirius apretó con fuerza la mano de la chica.- te necesitamos de vuelta…
Sirius no supo entender como la rabia y la ira que lo habían embargado en el camino hasta la Enfermería podían haberse evaporado tan súbitamente. Venía con la intención de gritarle, zarandearla hasta que se despertase y exigirle todas las respuestas a las dudas que lo reconcomían, pero… ahora solo veía a la chica a la que amaba, sola y asustada, y que no sabía hacía donde ir… tal y como la había visto los últimos meses, y solo quería ayudarla a encontrar la salida.
-No fue tu culpa…- añadió, notando como sus ojos se empañaban sin remedio- la vida es así… Ada no habría querido que te quedases ahí dentro para siempre, hubiese querido que luchases… Y yo… te echo de menos, ¿sabes? – se rio un poco al oírse decir aquellas palabras tan poco propias de él, era la primera vez que le decía eso a una chica, que para colmo de males no podía escucharlo porque estaba en coma- me acuerdo mucho de nuestros patronus jugando juntos… no sé por qué- y era cierto, desde que Yasmine entró en la enfermería, se encontraba en su mente una y otra vez la escena del felino de Yasmine jugando con su perro, y eso lo hacía sentirse mejor.- intentaste salvarnos… vuelve con nosotros por favor…- y antes de que se diese cuenta de lo que estaba haciendo, sus labios se juntaron suavemente con los de Yasmine. Fue un roce apenas fugaz, pero estaba más que seguro de que ella lo había sentido. Volvió a apretar la mano de la joven, y poco a poco, se fue retirando de la cama. La luz violácea del crepúsculo ya bañaba ya su rostro, pero por primera vez desde que había llegado, pudo jurar que un poco más de color hacía presencia en sus mejillas.
Yasmine también llevaba un tiempo, no sabía cuánto (ni tenía forma de medirlo en aquel extraño mundo), viendo al perro patronus de Sirius corretear a su alrededor. Al principio no le hizo mucho caso, había decidido abandonarse hasta que el dolor parase, y si no paraba, seguiría arrastrándose en su melancolía hasta el fin de su conciencia. Pero el perro era insistente, y para nada se iba a dejar abatir por el hecho de que ella lo ignorase. Poco a poco, el perro se fue acercando cada vez más, hasta que llegado un punto, empezó a tirar de ella. ¿De qué tiraba exactamente? No lo sabía, pues no había cuerpo material que pudiese definirla, pero si tuviera que decir algo, tal vez llevase una túnica larga y el animal la animaba a avanzar hacia donde él quería tirando de ella con sus dientes. Al cabo de un rato deambulando sin rumbo fijo, el perro se paró en seco y sin previo aviso comenzó a jugar con su propio rabo, lanzándole miradas de soslayo para ver si la hacía sonreír. Cuando vio el amago de los labios de Yasmine por formar una sonrisa, el perro siguió su camino moviendo el rabo alegremente, y entonces fue como si el mundo extraño en el que Yasmine se encontraba, cambiase radicalmente. El verde brillante que la rodeaba, fue sustituido por un amarillo bastante más apacible, un brillo dorado que iba tragándose poco a poco a la oscuridad que había acompañado al verde todo ese tiempo. Juraría que hasta empezaba a notar un cosquilleo, pero no sabía dónde ubicarlo. Se paró un momento mientras se concentraba con todas sus fuerzas hasta decidir que el cosquilleo lo sentía en su mano derecha, si hubiese sabido donde estaba. Siguió caminando, o levitando, o nadando tras el perro, que parecía cada vez más contento y la miraba como sonriendo, y poco a poco fue llegando a un lugar donde no había suelo, pero si un cielo azul precioso lleno de nubes, que a Yasmine le recordó al color de ojos de Estelle… como la echaba de menos. Volvió a sonreír pensando en su amiga y detrás de una nube algodonosa apareció un enorme y brillante sol…. Espera, no era un sol… era una cara, un rostro extrañamente familiar.
-No fue culpa tuya…- ¡era Sirius! Su corazón empezó a galopar desbocado en su pecho e intentó saltar para llegar a él. Algo bastante inútil teniendo en cuenta que no tenía piernas físicas con las que impulsarse- Ada no habría querido que te quedases ahí dentro siempre, hubiese querido que luchases…- se sintió de golpe algo triste al acordarse de su amiga… y algunas nubes se transformaron en nubarrones negros cargados de lluvia…- y yo… te echo de menos, ¿sabes?- pero pronto se tornaron blancas de nuevo, y vio el rostro del chico con mayor nitidez… su corazón, porque ahora tenía claro donde estaba, latía a una velocidad de vértigo.- intentaste salvarnos… vuelve con nosotros por favor…- lo vio inclinarse sobre el cielo azul, y Yasmine juró por Merlín que pudo notar como sus labios se encontraban fugazmente con los de Sirius… para después desaparecer…
Se mantuvo un rato quieta, pensando en lo que acababa de suceder, dividida entre las ganas de desaparecer del mundo y las de volver a ver a sus seres queridos (y si, por qué no, repetir el beso de Sirius pero en directo y más tiempo).
-Así que eso era lo que querías enseñarme, ¿verdad?- Yasmine acarició la cabeza del perro que movía el rabo tan feliz y frenéticamente que mantener la vista en el la mareaba… Por fin podía ver su mano con claridad, y sonrió confiada- toca ser una Gryffindor de verdad…
Y tras ese pensamiento, el cielo azul desapareció ante su vista, y se durmió profundamente, sin sueños ni pesadillas de ningún tipo.
…
Al día siguiente, cuatro días después de los sucesos acontecidos en el lago, se celebró el funeral de Ada. Fue Dumbledore quien dirigió la ceremonia, y el lugar elegido para el descanso eterno de los restos mortales de la profesora fue un pequeño claro en una de las orillas del lago más retiradas del castillo. Era un lugar apacible, escondido, y lleno de vegetación y musgo, y de miles de pequeñas flores de blancas que permanecían hermosas y vivas durante todo el año. Muchas criaturas de los bosques acudieron a la ceremonia: las hadas lloraban y espolvoreaban su polvo mágico allá por donde volaban; los hipogrifos, con Ileus a la cabeza, planeaban en formación fúnebre sobre la orilla del lago, siguiendo la comitiva desde el cielo; algunas criaturas marinas de las que habitaban el lago se habían acercado a la orilla más cercana del pequeño mausoleo natural y emitían extraños pero bellos cánticos de despedida; y hasta algún centauro se unió al paso del fúnebre desfile con el puño solemnemente pegado al pecho en señal de respeto por la difunta.
Una vez depositado en el centro del claro, el pequeño ataúd de mármol blanco y apliques dorados, a medio cerrar, dejaba ver el rostro de Ada, que tenía un extraño aire calmado y apacible. Parecía estar solo profundamente dormida. Al lado del lugar donde descansaba el ataúd había una pequeña urna donde se encontraban las cenizas de la hipogrifo Aleas. Los asistentes al funeral ahogaron suspiros de emoción cuando el musgo y la vegetación que rodeaba a la urna y el ataúd comenzaron a crecer a gran velocidad, abrazando ambas estructuras y haciéndolas formar parte del bosque… las dos eran más que bienvenidas a su nuevo hogar eterno.
Lily abrazaba protectora a Estelle: en las mejillas de ambas chicas rodaban grandes lágrimas silenciosas. James hubiese querido abrazar a Lily y decirle que todo iría bien, que Ada estaría en un lugar mejor y que ellos podrían hacer que su muerte no fuese en vano. Había estado pensando mucho en todo lo que había pasado, y lo estúpido que había sido queriendo alejar a Lily del frente de batalla… el peligro era inminente y podía aparecer a cada paso, ¿qué mejor forma de enfrentarlo que estando bien preparados? Y dado que Dumbledore había pensado en todos ellos para formar parte de la Orden, él quería estar al lado de su pelirroja favorita para cuidarla y luchar a su lado. Los primeros días habían sido algo caóticos. Habían dormido y reflexionado mucho, pero una vez pasado el estado de shock, necesitaban empezar a moverse, así que el moreno de gafas decidió que ya era hora de hablar con Lily y pedirle disculpas por haber tratado de sobreprotegerla: la quería a su lado, en la lucha y en su vida.
Por su parte, Lily no se permitía mucho pensar en James. Se moría de ganas de volver con él, pero estaba cada vez más convencida de que no podían estar juntos. Aquellos días la pelirroja comenzó una maniobra involuntaria cuya finalidad principal era evitar al joven, y encontró en Yasmine y su profundo sueño la excusa perfecta para hacerlo. A veces le contaba sus preocupaciones a su amiga, y casi podía imaginársela estando despierta y aconsejándole que se dejase de tonterías y se pusiese las pilas con el merodeador y se dedicasen a gastar su energía de la manera correcta (acompañado con su pícaro guiño característico y su entonación provocativa). Estaba deseando que despertase para saber que opinaría ella de su decisión.
Estelle también pasaba mucho tiempo con Lily y Yasmine, aunque de vez en cuando desaparecía durante largas horas y nadie sabía donde ubicarla, aunque siempre reaparecía con una sonrisa satisfecha de oreja a oreja. Curiosamente, aunque nadie había reparado en ello, las ausencias de Estelle coincidían casi siempre con las visitas de Remus a la biblioteca "para estudiar hechizos de defensa". A las dos pelirrojas se unía a diario Michelle, que intentaba enmascarar con optimismo la profunda preocupación que sentía por su hermana.
Sirius observó la extraña y a la vez hermosa combinación de seres que se había reunido para dar el último adiós a Ada, y se encontró pensando en lo mucho que le hubiese emocionado a Yasmine ver aquel bonito espectáculo de luz, color, y diversidad. Intentó mandarle la energía que se respiraba en aquel claro: sí, había tristeza, pero también amor, mucho amor y esperanza. Si un poquito de eso llegaba hasta ella, seguro que volvía antes al mundo real. Escuchó a Dumbledore contar alguna anécdota vivida con la profesora, y se sorprendió de que al final de las palabras del director, había más sonrisas que gestos tristes en los rostros de los asistentes.
-Y es que, queridos amigos, como siempre me gusta pensar… la muerte no es más que el principio de una nueva aventura… nos volveremos a encontrar con nuestra amiga en la próxima- y mientras las hadas y demás criaturas cantaban en sus hermosas y variadas lenguas… con un gesto de varita, Dumbledore cerró la tapa del níveo ataúd de mármol para siempre.
…
Yasmine despertó al día siguiente del entierro de Ada. No supo cuanto tiempo pasó paralizada, contemplando el techo abovedado de la Enfermería, hasta que la señora Pomfrey apareció ante su mirada y de la impresión de verla con los ojos abiertos de par en par dejó caer la humeante tetera que transportaba. Ahogó un grito de alegría comenzó a tomarle el pulso y observar la reacción de sus pupilas con una luz que hizo aparecer de la punta de su varita.
-¡Oh, por los antiguos dioses! ¡Bienvenida, señorita Roberts! – exclamó con alegría, y cierta satisfacción por el trabajo bien hecho- voy a avisar al director, ¡quédese aquí!
"Ni que tuviese pensado irme a ningún sitio" pensó ella poniendo los ojos en blanco. Poco a poco, fue notando como sus extremidades se iban calentando y desentumeciendo. Empezó a mover la punta de los dedos de los pies y de las manos, y para cuando la enfermera regresó, al cabo de casi una hora, ya había logrado incorporarse apoyando la espalda sobre la almohada.
-¡Insensato!- masculló la mujer enfadada, mientras buscaba algo en uno de los armarios de la enfermería. - ¡una reunión en su estado! ¡lo que necesita es descansar!- se indignó mientras sacaba una túnica negra lisa y la dejaba a los pies de la cama de Yasmine- el director quiere verla… ahora.- le dijo como si la culpable de todos sus males fuera ella.
-De acuerdo…-el corazón de Yasmine comenzó a galopar bruscamente en su pecho.
-Pero si no estás en condiciones no dejaré que te marches de aquí…- replicó la mujer enfadada.
-Estoy bien… señora Pomfrey.- aunque se sentía como si le hubiesen pegado una paliza descomunal.
- Te prepararé una poción revitalizante y entonces irás a ver al director- la enfermera, a quien nadie era capaz de engañar, suavizó el semblante y le acarició suavemente la mejilla- me alegro de que haya decidido volver con nosotros.- Y Yasmine se sintió en casa por primera vez en mucho tiempo.
…
-Señorita Roberts…- Yasmine entró en el despacho del director con cierta timidez. Su paso era aún vacilante pero la poción de la enfermera la había hecho recuperar algo de fuerzas.
-Profesor…
-Pase por favor, y tome asiento.- el director hizo un suave gesto con su mano, y Yasmine notó como si una fuerza invisible y amable la ayudase a avanzar por la habitación hasta un cómodo sillón granate que había en frente de la antigua mesa de madera maciza, tras la cual el profesor la miraba fijamente- se preguntará que puede ser tan urgente como para requerirla en mi despacho en estas condiciones, en lugar de dejarla descansar.
-Sí, bueno, verá… profesor Dumbledore, antes de nada yo quería disculparme…
-¿Disculparse?- el director compuso una mueca de extrañeza, como si no la entendiese.
-Si… por… por mi culpa, Ada, y yo…- no pudo seguir, su voz se quebró antes de que pudiese continuar. Dumbledore guardó silencio unos segundos, pero su mirada, más que de enfado, era de profunda tristeza y comprensión.
-Verás… Yasmine-la joven lo miró sorprendida, era la primera vez que la tuteaba, pero oír su nombre en los labios del director hizo que se relajase de forma automática- sé de buena mano lo que tú significabas para Ada, y lo que ella significaba para ti… fue como la abuela que nunca tuviste.- Yasmine cabeceó pesarosa, pero no dijo nada- ¿me vas a pedir perdón por haber intentado alejar el peligro de tus seres queridos a costa de tu propia vida?- pero aquello si que logró sorprender a la joven, que tenía una visión bastante más alejada de lo que había pasado que eso que el director acababa de decir- ¿perdón por haber luchado hasta el final y haber defendido el amor por encima del miedo y la traición?
-Pero yo… yo me siento una traidora… y por mi culpa…- de nuevo su voz se apagó.
-Yasmine…- Dumbledore se frotó la frente, y de repente parecía muy cansado- eso es exactamente lo que él quiere… él quiso que te sintieras una traidora y así lo hiciste… pero no quiere decir que lo fueses. Vamos aprendiendo de nuestro enemigo, y si de algo me he dado cuenta, es de que es experto en manipular los sentimientos y acciones de los demás… podría decirse que ese fue tu único error. Pero eso ya no nos importa. No te he hecho venir aquí por esto. Yasmine lo miró interrogante, pensaba que el profesor quería una explicación detallada de todo lo que había ocurrido desde que Voldemort apareció en su vida para destrozarla, y en aquel momento el director la dejó fuera de juego.
-Te voy a dar mucha información en muy poco tiempo y necesito que estés muy atenta para que seas capaz de comprenderlo todo.- Dumbledore le ofreció una taza de té caliente, que Yasmine aceptó de buen grado.- el Ministerio, con Minchum a la cabeza, no va a pasar esto por alto. Habrá una investigación. Los padre piden responsabilidades y nosotros tenemos que dar respuesta a sus preguntas… necesitamos sacarte de aquí. Yasmine casi se atragantó con el té. Entre toses consiguió farfullar:
-¿Sacarme de aquí?
-Sí, Yasmine… tengo algunos contactos. Newt Scamander es un viejo amigo mío que me ha ofrecido la posibilidad de que puedas acceder a una beca en Sudamérica durante seis meses. Ada y la profesora Sprout dieron muy buenas referencias tuyas tras tus EXTASIS, y ya sabes, en Castelobruxo esas son las especialidades…
Yasmine estaba alucinando. Era algo que siempre había deseado, pero era una noticia que no esperaba recibir después de todo lo ocurrido.
-Necesitas salir del país para que nosotros consigamos que esto se olvide y no repercuta de modo alguno en tu currículum. –Yasmine no dijo nada, entendía lo que el profesor quería decir- cuando esto pase, después de seis meses, que es lo que dura la beca, podrás volver y comenzar de nuevo tu vida aquí… pero no te voy a pedir solo eso… te necesito allí… para que hagas una misión para mí. Algo que nadie puede saber ni conocer salvo tú. Ni siquiera tus mejores amigas o tu familia, nadie, ¿serás capaz de hacerlo?- y la intensidad de la mirada azul de Dumbledore hizo que un suave cosquilleo de emoción por la aventura, hasta ahora desconocido para ella, apareciese sin avisar revoloteando por su estómago.
-Si, profesor, lo haré por usted.-sería su forma de agradecerle la ayuda que el profesor le estaba prestando.
- Gracias, Yasmine- el gesto de Dumbledore era imperturbable y sereno, y la chica supo que iba a pedirle algo más antes de que ni siquiera dijese nada, algo que ni siquiera a Dumbledore parecía hacerle mucha gracia.- ahora sí, querida, necesito saber todo lo que ocurrió desde que Voldemort contactó contigo.- hizo una pausa al observar el semblante pálido de Yasmine, que se había quedado helada- pero no quiero que hagas el vano esfuerzo de contármelo todo a viva voz… te voy a pedir que me dejes verlo.
-¿Cómo puedo hacer eso?- aunque asustada, la joven estaba decidida, y supo que era lo que necesitaba para poder quedar en paz con ella misma, al menos por la parte que le correspondía con el director.
-¿Sabes lo que es la legeremancia?- Yasmine asintió, aunque nunca la había practicado ni la habían practicado con ella.- bien, normalmente es bastante desagradable que invadan tus más profundos pensamientos en contra de tu voluntad, pero necesito que te relajes y no tengas miedo… si te dejas llevar será tan solo como dar un paseo en los últimos meses de tu vida, y sólo me centraré en los recuerdos relacionados con Voldemort. Soy bastante bueno en esto, créeme- Yasmine pensó que si no confiaba en el profesor, ¿en quien podría hacerlo?
-De acuerdo.- dijo al fin.
-No tienes que hacer nada- Dumbledore respondió a la pregunta de Yasmine antes de que ella la formulase.- solo confiar en mí.
Y la miró directamente a los ojos: fue como si un torbellino entrara en su cabeza y rebobinase todos los momentos que había vivido desde aquel fatídico día en el acantilado del pueblecito donde vivía con sus padres y hermanos. Lo vio todo como si de una película se tratase. La cueva en Hogsmeade, a Bellatrix y Rabastan, a Malfoy en San Mungo, sus encuentros con Snape y Regulus, la promesa que le hizo al joven Black de no decirle nada a Sirius sobre la ayuda que le había prestado, revivió el miedo que sintió durante tanto tiempo por sus seres queridos, y el dolor del tatuaje al ser destruido… vio el final de Ada y cuando todo acabó, al recibir el impacto de la maldición de Voldemort, y la protección del escudo de Lily, volvió a encontrarse cara a cara con el director, cuya expresión era indescifrable. Estaba agotada, pero se sentía libre. Al final, el director habló.
-El secreto de Regulus está a salvo conmigo- le prometió.
Después de aquello, Dumbledore le habló de la Orden, como había hecho con sus amigos, y le indicó que durante el resto del mes de junio, algunos de los aurores del ministerio que formaban parte de ella les darían algunas lecciones prácticas de defensa contra las artes oscuras, pero el resto de la semana que tenían por delante descansarían.
En julio, se irían a sus casas pero comenzarían a programar las misiones y la entrada a la academia de aurores para aquellos que se quisiesen presentar al examen de acceso. Estelle entraría en San Mungo de prácticas en agosto y ella partiría a la Amazonia Brasileña el primer lunes de septiembre.
Por su parte, Yasmine le pidió a Dumbledore alojarse en la cabaña de Ada durante aquella semana, y pidió exclusivamente ver a su hermana Michelle. No se encontraba preparada para encontrarse con sus amigas y mucho menos con Remus, James y Sirius. El director accedió, aunque le hizo saber que había estado acompañada prácticamente la totalidad del día por las personas a las que ahora no estaba lista para ver.
-Solo necesito poner en orden mis ideas… Gracias profesor- y con un gesto de despedida, Dumbledore le dio permiso para retirarse.
…
El viernes por la mañana, los merodeadores, Lily y Estelle esperaban ansiosos la llegada de Michelle a la Sala Común de Gryffindor. Ni siquiera habían bajado a comer al Gran Comedor, sino que le habían pedido a los elfos que le llevasen la comida a su casa.
Había pasado casi el medio día cuando oyeron como el cuadro se abría y vieron como la joven de pelo rubio oscuro entraba en la sala.
-Hola chicos…- saludó ella. Nadie supo descifrar muy bien su estado de ánimo.
-¿Y bien? ¿Cómo está?- preguntó Lily bruscamente. Se había gastado un humor de perros desde que Dumbledore les comunicó que Yasmine había despertado pero quería pasar unos días sola, y que tan solo había accedido a ver su hermana, a la que había pedido que le llevase ropa y algunas de sus pertenencias.
-Bien… supongo-Michelle recordó el rostro serio y solemne de su hermana y como le había pedido disculpas nada más verla- está cambiada.
-¿Cambiada? ¿Es que el paseíto en el Más Allá la ha hecho volver como una desagradecida insensata?- vociferó Lily a punto de perder los estribos.
-Ella me dijo que reaccionarías así- se rio entonces Michelle.
-¿Y no quiere vernos?- Estelle bajó la cabeza entristecida, mientras Remus le acariciaba cariñosamente la nuca.
-Supongo que se siente culpable… no ha parado de pedirme disculpas desde que me vio… me preguntó por todos vosotros- Michelle se dejó caer en un sillón cerca de la chimenea y se frotó la frente cansada.- está distinta.- volvió a repetir.
-No debe ser fácil haber estado fuera de juego durante cinco días y volver como si nada… no después de lo ocurrido- y fue James quien salió en defensa de Yasmine, ganándose una mirada de censura de Lily.
-¡Es nuestra mejor amiga!- replicó enfurecida la chica de ojos verdes- y se levantó con rapidez del sofá desapareciendo de la Sala Común a la velocidad del rayo. James la observó sorprendido e hizo ademán de levantarse para seguirla, pero Sirius lo detuvo agarrándolo del brazo.
-No es el momento Prongs, déjame a mí.- y Sirius, quien si había notado la maniobra de Lily de evitar a James a toda costa durante los últimos días, se levantó elegantemente, le dio un suave beso en la frente a Michelle, y abandonó la Sala Común en busca de la pelirroja.
Por suerte para Sirius, no tardó en encontrar a Lily, estaba en un aula vacía un piso por debajo de la torre de Gryffindor. La oyó sollozar tras la puerta, y sin pensárselo dos veces la abrió y la cerró de nuevo tras él.
-No deberías estar aquí- le espetó Lily nada más verlo. No estaba acostumbrada a llorar en público, es más, casi nunca había llorado delante de sus amigas y mucho menos de un chico. Sirius ignoró su hostilidad y se sentó en el pupitre que estaba enfrente de Lily, apoyando su torso en el respaldo de la silla. Apoyó su barbilla sobre sus antebrazos y le dirigió una sosegada mirada gris.- ¿qué miras?- le preguntó Lily desconcertada ante la actitud del chico.
-A ti- respondió él tranquilamente.
-Pues deja de hacerlo- recibió una fulminante y verde mirada que lo hizo reír.
-Yo también quiero ver a Yasmine- reconoció Sirius de repente. Lily hipó y su hostilidad se tornó en incomprensión.
-Es que he tenido tanto miedo…- volvió a llorar, esta vez en silencio.
-De perderla… al igual que yo- repuso Sirius limpiando las lágrimas que corrían por las mejillas de Lily con uno de sus pulgares. El gesto cariñoso la hizo sonreír, e inmediatamente pensó en James y en que no podría estar en mejor compañía que la de su leal amigo.- al principio reconozco que estaba enfadado- añadió Sirius pensativo- un curso entero cargando ese secreto sobre sus hombros… y ni siquiera sabemos un poco de lo que realmente ha pasado… admito que aún tengo curiosidad, pero no sé cuando Yasmine estará preparada para contarlo. Tú misma me lo dijiste. Después me di cuenta de que fuese lo que fuese, ella había intentado alejar el peligro de nosotros, y le daba igual morir en el intento. Y no pude seguir enfadado. Voldemort utilizó su debilidad para engañarla, y su debilidad éramos nosotros- Lily lo observaba anonadada, Sirius también parecía haber madurado diez años en apenas unos días- dale tiempo Lils, acaba de regresar… cuando esté preparada vendrá a nosotros- le sonrió el chico.
-Has cambiado, Sirius- dijo Lily esbozando una pequeña sonrisa.
-Todos lo hemos hecho, a nuestra manera…- el chico se levantó de la silla y se agachó a su lado, dándole un cálido abrazo a la pelirroja, quien lo recibió de buena gana- y sería bueno que hablases con James y dejases de evitarlo-añadió como quien no quiere la cosa.
-¿Cómo?- Lily se retiró de él y lo observó alarmada. Ni siquiera lo había hecho a propósito y Sirius se había percatado.
-Aún no se ha dado cuenta de que lo evitas, pero pronto lo hará, y sea lo que sea deberíais hablarlo- y Sirius, quien no sabía que James estaba a punto de pedirle perdón a Lily por su comportamiento pero lo intuía, le guiñó un ojo juguetón y salió del aula dejando a la pelirroja aún más anonadada de lo que ya lo estaba. Si Sirius supiese que la idea de la joven era tan diferente a la de James, tal vez no la habría animado a hablar con él…
…
Pero Sirius, lejos de esperar, tal y como le había dicho a Lily, a que Yasmine volviese a ellos, se sorpendió tomando un camino muy distinto a la Sala Común de Gryffindor una vez que salió del aula donde estaba Lily. Al principio pensó que le apetecía tomar un poco el aire fresco, aprovechar las horas de luz que le quedaban al día y despejarse, pero pronto se dio cuenta de que sus pasos lo llevaban a un lugar muy concreto… y que se alejaba del castillo por una de las orillas del lago.
…
-Es un lugar precioso, Ada- Yasmine apartó suavemente las pequeñas hojitas de musgo que ya cubrían casi por completo la tumba de mármol de su amiga, dejando a la vista unas palabras doradas inscritas en ellas: "Icamiaba quo quiescit, miles gloriosus Naue". Sin darse cuenta, había dicho las palabras en voz alta, y como si de un hechizo ancestral se tratase, un rayo de luz dorada salió con fuerza de las letras y golpeó de pleno en el pecho a Yasmine. En su cabeza se oyeron claramente las palabras de Ada antes de morir: "Nhalia Roberts, el vestido es de Nhalia Roberts". Y de repente todo se acabó tan súbitamente como había empezado: los pájaros siguieron cantando como si nada, la melodía de las pequeñas olas que se formaban en la orilla del lago la envolvían con la suave tranquilidad de la tarde y el aroma a flores volvió a llenar su nariz cuando volvió a acordarse de respirar.
-¿Quién es Nhalia, Ada?- susurró Yasmine volviendo a rozar las palabras doradas. Esta vez nada sucedió, así que rodeó la tumba pensativa y después observó la pequeña urna de Aleas. Sintió con gran pesar la pérdida de la hipogrifo cuando una voz que tenía tantas ganas como miedo de oír llegó a su oído a escasos metros de distancia.
-Se interpuso entre la maldición asesina de Voldemort y mi cuerpo- Yasmine se giró sobresaltada y se encontró de frente a Sirius, que avanzaba hacia ella con prudencia, aunque pudo jurar que tenía unas ganas enormes de sonreír- me alegro de verte de vuelta, Yasmine- añadió con sinceridad. Ella se sonrojó. Recordaba a la perfección su encuentro con el chico en su mundo astral, pero no sabía si había sido real o tan solo fruto de su imaginación.
-Me alegro de que estés bien, Sirius- respondió ella solemnemente alejándose un poco de él. Rodeó el ataúd de Ada hasta que quedó interpuesto entre ella y el chico.
- No me puedo quejar…- respondió él observando la maniobra de la joven.- Dumbledore le dijo a tu hermana que no querías volver, eso nos ha tenido algo preocupados- Yasmine alzó las cejas ante el tono de reproche que Sirius intentaba esconder, pero que quedaba latente en cada palabra.
- Supongo… que tenía razón- repuso ella con la cautela propia de un felino que espera un ataque inminente. Estaba empezando a ser consciente de que Sirius rodeaba la tumba intentando acercarse a ella, así que inició inmediatamente un movimiento hacia el lado contrario al que avanzaba el chico. Durante unos segundos ninguno dijo nada, se limitaron a observarse como si lo hicieran por primera vez. Sirius estaba muy cambiado: parecía mucho más mayor, más maduro… más seguro de sí mismo, y eso la hizo sentir una extraña atracción muy diferente a la que antes sentía, aunque era la misma en su origen. Por su parte, Sirius también apreciaba los cambios que se habían obrado en Yasmine: aparte de los evidentes cambios físicos, porque había perdido mucho peso durante los últimos meses, ya no le quedaba apenas rastro de la vaga inocencia y liviandad que antes era propia de ella. Le recordó un poco a Moody y su "alerta permanente", y sus enormes ojos marrones, en su rostro de piel hundida y cetrina, hacían aún más marcada su expresión de estar a la defensiva.
- Estás muy cambiado.
-Estás muy cambiada.
El hecho de haber pronunciado las mismas palabras a la misma vez los hizo detenerse en seco, y ambos esbozaron una sonrisa honesta al mismo tiempo. Sirius siguió avanzado pero esta vez Yasmine no se movió. Cuando él llego a su lado, y la abrazó, el mundo se detuvo para ella. Comenzó a llorar como no lo había hecho desde que vio a Michelle por primera vez (detalle que la joven rubia había omitido a sus amigos por respeto a su hermana), y una vez que empezó no pudo parar. Sirius no dijo nada, se limitó a acariciarle el pelo y a estrecharla más fuerte cada vez que ella emitía algún sollozo más sonoro que otro. Y no supo cuanto tiempo había pasado hasta que la luz de la tarde fue apagándose y dando paso al crepúsculo. Al final, las luciérnagas se paseaban a sus anchas por el claro dándoles la luz justa que necesitaban para no estar a oscuras.
Yasmine estaba sentada con la espalda apoyada en la tumba de Ada, y Sirius estaba a su lado.
-Siento no haberos dicho nada… no podía hacerlo- dijo tras mucho rato pensando por donde empezar.
- ¿Por qué no?- Sirius la miró interrogante, aunque no esperaba que ella le diese mucha más información.
-Me hicieron un tatuaje, un tatuaje que haría que todos ellos se enterasen de que los había traicionado justo en el momento en el que decidiese hacerlo.- se tocó instintivamente el costado izquierdo y su rostro se crispó en un gesto de dolor. Sirius, que la observaba detenidamente, recordó las palabras de la enfermera.
-¿Esa era la tinta maldita de la que hablaba Pomfrey?- preguntó atando cabos. -¿por qué se destruyó el tatuaje?-aunque supo de momento por la expresión de Yasmine que aún no obtendría respuesta a sus preguntas.
Yasmine desvió la mirada de los ojos de Sirius. No iba a responder a sus inquietudes: en primer lugar, tendría que hablarle de la implicación de Snape en toda la historia y después de todo lo que la había ayudado, tenía la extraña sensación de estar en deuda con el slytherin. En segundo lugar, Regulus le había hecho prometer que no le diría nada a su hermano sobre él, y era algo que tenía pensado llevarse a la tumba. Su mente divagó unos segundos acerca del paradero del joven slytherin, pero después volvió a los ojos de Sirius, que no parecía sorprendido por su silencio.
-Dumbledore me manda al Amazonas a principios de septiembre- sin embargo, si pareció bastante sorprendido de la bomba que Yasmine le acababa de soltar.
…
-Creo que deberíamos ir a decirle a Dumbledore que Sirius ha desaparecido- repitió Lily por enésima vez mientras recorría una y otra vez el ancho y el largo de la sala común.- lleva horas sin dar señales de vida.
-¿Desde cuando te interesa tanto donde está Sirius?- preguntó James mosqueado. Que de repente el amor de su vida se llevase mejor con su amigo que con él mismo le tocaba un poco la moral.
-¿Desde cuando has vuelto a ser el niño pequeño de siempre?- le respondió Lily malhumorada.
Estelle, Michelle, y Remus, que jugaban a los naipes explosivos con James, pusieron los ojos en blanco a la vez, pero no les dio tiempo a regañarles por volver a ser los Lily y James de siempre porque el desparecido reapareció bruscamente por el hueco del retrato… solo que no iba solo.
-¡Sirius! ¡ESPERA! ¡DÉJAME QUE TE LO EXPLIQUE!- Si les sorprendió la aparición del chico, más aún lo hizo que Yasmine, con la cara descompuesta del esfuerzo que había hecho siguiendo a Sirius, apareciese ante ellos por primera vez desde que despertase y sin avisar.
-¡Yasmine! – Estelle se incorporó de un salto y se interpuso en el camino que separaba a Yasmine del merodeador. Por suerte (o por desgracia) para la castaña, el chico de ojos grises se detuvo a la entrada del pasadizo que llevaba a la habitación de los chicos y se cruzó de brazos enfadado.
- Hola, cariño.- Yasmine le dio un suave abrazo a la pelirroja de ojos azules sin dejar de mirar implorante al merodeador.
-¿Explicarle el que?- preguntó Lily con los brazos también en jarras y mirándola enfadada- ¿qué le has hecho?- aquella hostilidad y la intensa defensa de Lily a favor de Sirius hizo que Yasmine la mirase confundida y James alzase una ceja suspicaz.
-¡Que se acaba de despertar y en apenas dos meses y medio se va de beca al Amazonas!
-¿QUÉ?- cinco qués en el mismo tono de sorpresa llegaron a Yasmine como una bofetada.
-¡ERES IDIOTA! –le gritó entonces al merodeador. Se separó de Estelle, y se encaró al resto de sus amigos y a su hermana.- Ni siquiera me has dejado explicarte que tengo que irme lejos porque si no el Ministerio me llevará derechita a Azkaban.- replicó molesta- ¿sabes qué? Tampoco quería que fuese lo primero que supieseis de mi después de todo esto, pero ya está, ahí lo tenéis. Me alegro de veros, por cierto- y casi había alcanzado el hueco del cuadro cuando Remus se interpuso entre ella y la salida.
- No te vamos a dejar que te vuelvas a ir, Yas.- el licántropo le dedicó una adorable mirada de disculpa.- hemos estado muy preocupados por tí …- y sin más, la cogió por los hombros y la redirigió hacia el sofá, mientras todos menos Lily y Sirius la abrazaron calurosamente y le dieron la bienvenida al hogar.
…
La semana fue llegando a su fin, y excepto Lily y Sirius, el resto de chicos acogió de buen grado a Yasmine de vuelta al grupo. No le tuvieron muy en cuenta que hubiese necesitado un tiempo para estar a solas antes de reencontrarse con ellos. Lily era harina de otro costal, por un lado, el enfado con Yasmine estaba costando bastante en pasársele, y por otro, seguía evitando a James, quien como bien dijo Sirius, ya se había dado cuenta de que la pelirroja intentaba no estar a solas con él. Sirius seguía enfadado con Yasmine, aunque cuando la joven les contó con detalle su reunión con Dumbledore tuvo que aceptar que era lo mejor para ella. Aún así, la decepción de pensar que en un par de meses la perdería de nuevo lo había hecho construir una barrera inconscientemente entre la chica y él. Ya la había echado de menos cinco días… no quería imaginarse lo que sería hacerlo medio año. Así que pese a que Yasmine intentaba ser amable con él e intentaba encontrar la forma de pedirle disculpas, este tomó la misma actitud distante con ella que Lily había tomado con su amigo.
Y después de lo que les pareció una eternidad, la segunda quincena de junio dio comienzo, y con ella, las clases particulares de defensa contra las Artes Oscuras que Dumbledore les había prometido. De lunes a viernes, Moody, Alice, Frank, y el mismísimo Dumbledore, se fueron turnando para impartir sus clases magistrales. Fue un cursillo acelerado en el que quedó patente las virtudes de las que gozaban cada uno de ellos.
Dumbledore quedó particularmente impresionado con los escudos de protección de Lily, había pocas personas sobre la faz de la tierra que pudiesen frenar algunos de los hechizos del director, y al parecer Lily era una de ellas. Al final de la lección, impartida el último día en el que iban a estar en el castillo, Lily estaba henchida de orgullo y felicidad por los cumplidos que Dumbledore había hecho a su último hechizo de protección, pero se le pasó rápidamente cuando James la cogió en volandas por sorpresa y se la echó sobre el hombro como si fuese un saco de patatas, y no paró pese a las maldiciones, arañazos y puñetazos que le propinó la pelirroja, hasta que consiguió encerrarse con ella en una de las habitaciones que había tras uno de los falsos tapices del castillo (el que le pilló más cerca, porque tampoco era de piedra y Lily casi le había arrancado una oreja de un bocado).
-¡¿Pero qué haces?!- gritó la pelirroja fuera de sí.
-Obligarte a que me escuches.- repuso James curándose así mismo los arañazos como buenamente podía.
Lily buscaba sin éxito la salida de la habitación, pero cuando se dio cuenta de que jamás la encontraría, tuvo que aceptar que el momento había llegado.
-¿Por qué me has evitado estas dos últimas semanas?- Lily vio la mirada de cervatillo entristecido que James le estaba poniendo y de repente todas las defensas que había construido arduamente se le vinieron abajo como un castillo de naipes.
- Porque tú y yo ya no estamos juntos- ella se cruzó de brazos y miró hacia otro lado, pero su voz tembló sin que pudiese evitarlo y James vio un rayo de luz al final del túnel.
-Pero…
-¡No!- Lily avanzó un paso hacia él y la energía que manaba de ella lo impulsó hacia atrás. El chico la observó sorprendido- tenías razón James- esta vez los ojos de ella estaban anegados en lágrimas- no podemos estar juntos.
-Yo no creo que no…
- Sí, es inútil- Lily lo interrumpió porque sabía que dijera lo que dijese James la convencería, y era algo que había meditado profundamente- tenía tanto miedo de perderte en el lago… Que apenas podía respirar- miró al chico de gafas, que a su vez la observaba sorprendido- y entendí por qué no querías que entrase en la Academia de Aurores. No lo voy a hacer, por cierto- añadió. James estaba patidifuso- creo que lo mejor es que separemos nuestros caminos aquí y ahora. Por favor, ¿Puedes sacarme de aquí?- James no supo su fue el shock de darse cuenta de que Lily lo estaba dejando definitivamente o la fría educación con la que le había pedido que abriese la puerta, pero lo hizo. Pulsó un ladrillo que no era diferente al resto en nada, y el pequeño hueco por el que habían entrado se materializó en una de las paredes.-gracias.
Cuando la pelirroja estaba a punto de salir, se dio la vuelta y le dedicó una sonrisa llena de amor y nostalgia:
-Los meses que pasamos juntos fueron los mejores de mi vida.- y después, se dio media vuelta y despareció. James no volvió a verla más aquel día.
Pero Lily, aún siendo consciente de que lo hacía por el bien de los dos, no pudo evitar echarse a llorar sin remedio alguno cuando cerró la puerta de la habitación de las chicas.
-¡Lily!- Yasmine y Michelle eran las únicas que estaban en la habitación. Michelle se había instalado con ellas en ausencia del resto de alumnos de Gryffindor.
-¿Qué ocurre?- Yasmine se apresuró a levantarse y correr a abrazar a la pelirroja, quien se dejó abrazar pero le lanzó una iracunda mirada.
-¡Todo es por tu culpa! ¡Yo te lo contaba todo cuando estabas dormida! ¡Necesitaba tu opinión! ¡ Y ahora acabo de dejar a James! ¡Para siempre!- sollozó sin control la muchacha pelirroja.
-Espera, espera, espera- Yasmine decidió obviar que acababa de echarle la culpa de todos sus males y se centró en las otras dos frases.- ¿qué me contabas qué?- ¿por qué había oído a su hermana y a Sirius y no a Lily? Decidió investigar más tarde los por qués de su estado de inconsciencia y abarcó la parte importante- ¿qué has hecho qué?- Yasmine acompañó a Lily hasta su cama y la ayudó a sentarse, pero la pelirroja ya solo farfullaba cosas sin sentido mientras lloraba a lágrima viva y las dos hermanas, una a cada lado de Lily, esperaron a que se desahogase y que pudiese hablar.
- Llevaba un tiempo dándole vueltas- Lily se enjugó las lágrimas con el pañuelo que Michelle le ofreció- tuve mucho miedo en el lago, de perderlo, ¿sabéis?- se sonó la nariz estruendosamente – y entendí que iba a ser una tortura constante pensar que él podía estar en peligro, para mí, y al revés, para él.
-¿Estuviste en la misma batalla que yo, Lils?- preguntó Michelle con cierto descaro, pero sin abandonar el cariño.
-¿Qué?- la chica pelirroja le lanzó una mirada confundida.
- Entre James y tú lanzasteis al loco psicópata fuera de juego- respondió entusiasmada- y mira que yo estaba inconsciente, pero Estelle, Remus y Sirius lo han contado tantas veces que es como si lo hubiese visto.
-¿Qué quieres decir?- Lily no entendía a donde quería llegar Michelle.
-Quiero decir- respondió la joven, sorprendida de que Lily no viese lo mismo que ella- que juntos sois invencibles. Ya os habéis enfrentado una vez al loco psicópata y ¿te digo el resultado del marcador?: Lily y James 1- Voldemort 0.
-Cariño… lo que quiere decir es que juntos sois mejor que por separado, más fuertes- Yasmine le acarició un mechón de pelo rojo.
-Pero eso no impide que tenga miedo de perderlo. Y me bloquea pensarlo- el castillo de razones que Lily se había construido durante aquellos días, se tambaleó un poco, pero aún pensaba que había hecho lo correcto. Yasmine supo que la pelirroja necesitaría tiempo para darse cuenta de que no podía vivir sin James, aquellos dos habían nacido para estar juntos, y sabía que ese sería su destino. No había más que ver la energía que ambos desprendían en pareja a cuando no estaban juntos.
-Piénsalo, Lils, tómate el tiempo que necesites- Yasmine abrazó a Lily y por primera vez ella se dejó abrazar.- siento no haber querido veros cuando desperté. Me daba vergüenza- le susurró al oído. Lily apretó la mano de su amiga, y por fin, Yasmine supo que la había perdonado.
…
El día de vuelta a Londres amaneció con una neblina densa más propia de septiembre que de principios de julio. Era como si el tiempo acompañase el taciturno ánimo de los jóvenes. Cuando Estelle, Michelle, Lily y Yasmine entraron al Gran Comedor para desayunar, los tres merodeadores ya estaban saliendo de él.
-Dumbledore me ha dicho que os diga que volveremos a casa en el Expresso de Hogwarts que sale a medio día.- les informó James. No miró a Lily y ella no lo miró a él, pero ambos sintieron el mismo nudo en el estómago.
-Estelle- Remus se rezagó un poco de sus amigos y se acercó a la chica, abrazándola con delicadeza- ¿nos vemos en media hora en la lechucería?- le preguntó al oído. Ella aceptó con un nervioso cabeceo mientras Sirius se reía de su amigo y Michelle tiraba suavemente de la pelirroja para llevársela con ellas.
-Ayyy- suspiró Estelle.- es tan… tan…
-¿Perfecto? ¿Sexi? ¿Inteligente? ¿Atractivo?- se rio Michelle haciendo reír a Estelle a su vez.
-… bueno, es tan bueno- terminó ella con los ojos azules chispeantes. Michelle sonrió, alegrándose internamente por la chica, aunque pensó que a ella también le gustaría conocer al chico por el que suspirar como Estelle lo hacía por Remus. Lo que no podía ni intuir es que tal vez no le quedase tanto para hacerlo.
-Chicas- Yasmine llamó la atención de sus amigas después de darle un enorme bocado a un croissant untado con mermelada de arándanos. Estaba recuperando poco a poco el apetito que había ido perdiendo los últimos meses, y su rostro ya estaba más lleno de vida y color. Se había recogido el pelo en una larga cola de caballo y llevaba puesto un vestido ajustado de color tierra y media manga, que por fin empezaba a rellenar. Además, aquel día por primera vez se había maquillado ligeramente y se había dibujado la ralla del ojo, detalle del que Sirius había sido plenamente consciente pero en el que había intentado no reparar, por su salud mental. Aún seguía molesto por el inminente viaje de la chica al Amazonas.- quiero deciros algo… - Lily dejó de jugar con sus cereales y la miró interesada. La pelirroja se había levantado pletórica aquella mañana (estaba en la cima de la montaña rusa de emociones en la que vivía desde la noche anterior), y había decidido vestirse de forma despampanante para demostrarle a James lo que se perdía. De poco sirvió que sus amigas le recordasen que era ella quien había dejado al merodeador, de modo que puso unos vaqueros claros ajustados y una camisa ceñida de color negro que era lo suficientemente corta como para dejar al aire su perfecto ombligo. Se había recogido el largo cabello rojo oscuro en una trenza y se había maquillado lo justo para resaltar sus hermosas facciones. Toda esa exaltación se le pasó cuando llegaron a la entrada del Gran Comedor, pero ninguna de ellas le dejó dar media vuelta para evitar encontrarse con James.
-¿De qué se trata?- preguntó Estelle, dejando de pensar cinco segundos en Remus. La otra pelirroja llevaba un liviano vestido de lino color morado. Era ajustado en el pecho y después caía suelto bastante por encima de las rodillas. Las mangas eran abullonadas, y junto a su pelo rizado recogido en un moño deshecho, la hacían conseguir ese aire romántico e inocente tan propio de ella.
-Sé que no quieres estar con James, Lily- la joven castaña le dirigió a la susodicha una mirada suplicante- pero me gustaría sincerarme con todos vosotros, antes de que nos separemos, así que me gustaría que estuviésemos juntos al menos un rato en el Expresso de Hogwarts.
-Yas…- esta vez fue Michelle la que habló para interrumpir a su hermana. Michelle llevaba una camiseta blanca ceñida de tirantes y escote en pico, y unos vaqueros ajustados y descosidos. El pelo rizado lo llevaba suelto, enmarcando su rostro de ojos grandes y cafés, muy parecidos a los de su hermana.- no es necesario que lo hagas.
-Pero quiero hacerlo-replicó la chica con testarudez- os lo debo. A todos. Casi morís por mi culpa- dijo temblando de arriba abajo nada más que de recordarlo.- y se lo debo a Ada.- y con aquella frase tan contundente, ninguna de las chicas pudo argumentar nada en su contra.
-Bueno, iré a buscar a Remus para decírselo y que se lo diga a James y Sirius- Estelle se levantó de la mesa rápidamente, ante la risa sarcástica de sus amigas.
-Sí claro, para eso…- se burló Michelle divertida. Estelle puso los ojos en blanco fingiendo aburrimiento pero su sonrojo habitual la delató. Sin añadir nada más, se dirigió con paso lento y feliz al exterior del Gran Comedor.
De camino a la lechucería, rememoró la primera vez que más allá del ansiado beso, Remus y ella consiguieron llegar hasta el final.
Cuando se durmieron después de la batalla del lago, lo hicieron en la cama de Remus, en la habitación de los chicos. Ni siquiera supieron cuanto tiempo estuvieron descansando, ya que cuando se despertaron, los últimos rayos de sol del día bañaban la habitación de un cálido color naranja. Estelle se desperezó disfrutando de los primeros segundos de vigilia, en los que no recordaba absolutamente nada de lo que había pasado. Sonrió al ver a Remus a su lado. El chico la miraba con una mezcla de cariño y seriedad que la devolvieron de golpe a la dura realidad. Al parecer, su rostro fue cristalino de sus emociones pues el joven la atrajo hacia él y la abrazó para aliviarla. Estelle contuvo el sollozo lo máximo que pudo, y después se separó del chico con suavidad.
-¿Te importa que me duche aquí, Remus?- le preguntó ella aún debatiéndose por dentro entre llorar o aguantarse hasta llegar al baño.
-Claro que puedes- Remus se incorporó y salió de la cama, seguido por Estelle. El chico solo llevaba unos pantalones de pijama largos de tejido fluido y por un momento a Estelle se le olvidó su tristeza: nunca había visto a Remus sin camiseta. Estaba un poco delgado pero sus músculos eran firmes y sus pectorales y abdominales se marcaban con claridad. Pero no fue eso lo que más le sorprendió, sino las múltiples, largas y engrosadas cicatrices de los arañazos que él mismo se auto infligía en las noches de luna llena y que eran tan numerosas que eran difíciles de contar. Se dio cuenta de la incomodidad que su escrutinio produjo en Remus, quien se rascó la nuca incómodo mientras le abría caballerosamente la puerta del baño. Estelle se maldijo así misma una vez dentro, lo último que le faltaba era hacer sentir mal al merodeador de ojos dorados.
Pero una vez que la pelirroja abrió la ducha y el chorro de agua caliente cayó sobre su pelo rizado y su pecosa espalda, se desató el huracán que llevaba dentro. Visualizó el cuerpo inerte de Yasmine sujetado por Sirius y aquella herida tan fea que lucía en el costado, vio el cuerpo de Ada sin vida tirado en mitad de aquel tétrico lugar, los ojos rojos de Voldemort y la seguridad absoluta de que no iban a salir con vida de aquel sitio… y lloró, y lloró, y lloró.
Por su parte, mientras Estelle se duchaba, Remus se observó en el espejo de medio cuerpo que los chicos tenían en la habitación. Una mueca de disgusto cruzó sus facciones y se maldijo por sufrir aquella terrible enfermedad. Seguro que Estelle se había quedado horrorizada y después de aquello no querría ni tocarlo. Permaneció unos segundos quieto, y después le dio un violento puñetazo al espejo, haciéndolo añicos, e hiriendo sus nudillos.
-¡Remus!- oyó la voz de la chica llegar junto al sonido del chorro de agua de la ducha cayendo- ¿estás bien?
-Sí, todo va bien Estelle- contestó él buscando la varita y reparando el espejo y su mano en un santiamén. Escuchó como el agua dejaba de caer y se puso una camiseta encima lo más rápido que pudo.
-¿Te importa acercarme una toalla?- escuchó decir a la pelirroja. Se llevó las manos a la cabeza por haber olvidado darle una y asomándose a su baúl gritó: accio toalla. Por suerte a sus manos llegó una de las más nuevas que tenía. Al menos no quedaría en ridículo con eso también.
Entró al baño, y vio a Estelle asomando la cabeza entre las rojas cortinas de la ducha. Le sonreía, aunque vio torcerse su gesto al mirarle el torso.
-Te has puesto una camiseta- le dijo ella sorprendida.
-Sí… tenía algo de frío- Remus intentó sonar lo más creíble posible, pero sabía que no iba a engañarla. Se acercó a la ducha y de repente Estelle hizo algo que ni él, ni ella misma, hubiesen imaginado que haría. Salió de la bañera empapada y completamente desnuda. Parecía tan decidida e insegura a la vez, que Remus no pudo evitar sonreír. Pero sólo la miraba a los ojos, aquellos ojos grandes y azules en los que se podía nadar en un mar de inocencia… no sabía como aquella mujer que tenía delante de sus narices podía haber estado con tantos capullos, ni como podían haberse atrevido a tratarla tan mal.
Ella cogió la toalla que Remus sostenía y la dejó caer al suelo. Después, agarró la camiseta del chico, y comenzó a levantarla lentamente, primero por encima del ombligo, y después del pecho y de los hombros… Remus la ayudó a terminar de quitársela. Cuando se volvió a quedar sin camiseta, Estelle levantó una mano y con las yemas de los dedos, acarició el recorrido de algunas de las cicatrices del pecho de Remus. El vello del chico se erizó, y un escalofrío recorrió su espina dorsal. Era una mezcla de placer, ansia y miedo. La luz que entraba por la ventana ya no era dorada, sino violeta, y empezaba a dejarlos en una semioscuridad en la que solo se veían piel y sus miradas azul y dorada, encontrándose como si lo hiciesen por primera vez. Ella acarició los hombros del chico con sus dos manos, y después se apoyó en ellos, le acarició el cuello y se puso de puntillas, intentando alcanzar ávida los labios del joven. Remus la abrazó por las caderas y la levantó suavemente, apretando el cuerpo de la chica contra el suyo, ayudándola a encontrar lo que ella tanto ansiaba. Y aquel beso lleno de pasión desmedida, que brotaba de su interior y salía a raudales por todos los poros de su piel, fue solo el preludio de lo que tanto les había costado conseguir: encontrar en el cuerpo del otro, el hogar que ya habían encontrado en su corazón.
…
Estelle casi había llegado a la lechucería cuando terminó de rememorar como primero la ducha, y después la cama de Remus y el sofá de la sala común de Gryffindor, habían sido los primeros sitios donde habían estrenado su pasión. Estelle nunca había disfrutado tan intensamente al estar con un chico, y por el lenguaje corporal de Remus, pudo averiguar que a él tampoco le había sucedido nada parecido antes. Durante aquellas dos semanas, habían ido estrechando cada vez más un lazo que se hacía tan fuerte, que parecía que nada podría romper. Ni siquiera el más oscuro y terrorífico de los magos del mundo.
Estelle cruzó el umbral de la lechucería, donde ya esperaba Remus, y sin mediar palabra, se lanzó a los brazos del chico, quien la recibió con un beso lleno de intenciones. Aquello hubiera derivado en otro de sus encuentros si no hubiese sido porque Remus recordó por qué había citado allí a Estelle.
-¡Espera, espera!- devolvió suavemente el beso que Estelle le estaba dando y se retiró un momento de ella, llevándose la mano al bolsillo trasero de los vaqueros desgastados que llevaba puestos. Sacó una pequeña cajita de madera, que él mismo había tallado, y se la tendió a la chica algo cohibido.
Estelle lo observó con la boca abierta de la sorpresa.
-¿Qué es?- lo recogió con delicadeza de la mano del chico y acarició las inscripciones que había talladas en la caja: E & R.
-Ábrelo…- la animó el chico entre avergonzado e ilusionado. Estelle abrió la cajita y su sorpresa se tornó en un suspiro embelesado. Remus había dividido por la mitad la esfera azulada que había sido el colgante de Estelle en el castigo de Dumbledore (vaya, parecía que habían pasado siglos desde aquello en lugar de unos cuantos meses). Una de las mitades, la había engarzado a una delicada cadena plateada, y la otra, a un cordel de cuero.
-Es precioso Remus…- ella notó como los ojos se le empañaban de la emoción. Pero al parecer el licántropo no había acabado ahí.
-Verás, esto, Estelle…- se acarició la nuca incómodo y una sonrisa nerviosa se dibujó en sus labios- verás, sé que tal vez esto no tenga importancia para ti, pero… pero yo quería hacerlo bien…. ¿te gustaría salir conmigo?- al escucharse decir aquellas palabras, se sintió un poco idiota- ¡por dios! ¡suena peor en directo de lo que sonaba en mi cabeza! Quiero decir, que si te gustaría ser mi novia, mi pareja, no sé… como algo más serio… ¿de qué te ríes?
La pelirroja reía a carcajada limpia, era una risa llena de una felicidad contagiosa, tanto que al final acabó riendo Remus también. Después ella se acercó al chico y le tendió su colgante para que la ayudara a ponérselo, y lo mismo hizo ella con el de Remus, de modo que ahora ambos lucían al cuello las dos partes de la misma esfera.
-Me reía porque…- Estelle se sonrojó un poco y se acercó a la oreja del chico- una vez te dije que algún día te diría en qué había pensado para hacer que mi patronus cobrase forma en el laberinto…-Remus cabeceó recordando el momento y animándola a hablar.- pues bien… la realidad ha sido mucho mejor….- le dio un rápido beso y salió corriendo, girándose un momento en el quicio de la puerta- ¡me voy a hacer las maletas! ¡Yasmine quiere hablar con nosotros en el viaje de vuelta así que trae a Sirius y James a nuestro compartimento a medio día, ¡adiós, novio mío!- y se rio entre divertida y emocionada por lo que conllevaba esa palabra y lo raro que era para ella pronunciarla… era la primera vez en su vida que cobraba todo el sentido que tenía para ella.
…
A las una en punto de la tarde, cuando el tren llevaba ya más de una hora de camino, los tres merodeadores llegaron al compartimento que Lily, Estelle, Michelle y Yasmine ocupaban.
James echó un vistazo a las estancias colindantes para comprobar que estaban vacíos. Al tren habían subido personajes de lo más extraño, aunque supuso que eran magos y brujas que se alojaban temporalmente en Hogsmeade. Habían visto algún que otro dementor patrullando la estación y las calles del pueblo y ni siquiera aquellas figuras, que en teoría estaban de lado del Ministerio de Magia, los habían hecho sentir más seguros. Estaban poniendo un pie por primera vez fuera de Hogwarts, e intuían que la batalla del lago era tan solo un aperitivo a lo que les esperaba fuera.
Yasmine tomó aire, y los observó uno por uno. Se paró unos segundos más en el rostro de Sirius que en el del resto. El chico intentó darle fuerzas con una medio sonrisa, pero ni él sabía como sentirse llegado el momento que tanto había esperado: el de la verdad.
-No me tengáis en cuenta si me echo a llorar- medio bromeó Yasmine con la voz algo ronca de la emoción- he preparado esto durante mucho tiempo en mi cabeza y no me puedo creer que haya llegado el momento… en fin… allá voy.
Y comenzó a hablar. Les habló de aquel fatídico día en el que acudió a la cita de aquella extraña nota que había recibido. Les habló de Malfoy y Bellatrix, y del resto de mortífagos que había ido descubriendo, incluso de Snape, aunque solo mencionara que la ayudó a deshacerse del tatuaje para salvar a Lily (con el consecuente gesto amargo que eso produjo en la cara de James). Les habló de la advertencia que Voldemort le hizo el día de Navidad, y de la serpiente chivata que Malfoy le tatuó en San Mungo justo y cuando se había decidido a hablar con Dumbledore. Pero no les habló de Regulus. Cuando Sirius le recordó que Peter los había visto a los tres muy juntos en el mapa del merodeador la noche de graduación, Yasmine se limitó a explicarle que se lo habían cruzado en las mazmorras porque los había seguido, pero que se lo habían quitado de encima rápidamente. No supo si aquello convenció a Sirius del todo, pero ella prosiguió su relato esperando que el joven no insistiese en la implicación de su hermano en aquella historia. Terminó contándoles como Joe se había transformado en Malfoy y el resto de la historia ya la conocían… se negaba a hablar de la muerte de Ada, de modo que su voz se apagó justo y cuando llegó a ese punto de la historia.
El silencio que siguió al relato, estuvo lleno de variados suspiros…
-No sé como lo soportaste- Estelle abrazó a su amiga, tenía las mejillas mojadas.
- Fuiste muy valiente, Yasmine…- James apretó la mano de la muchacha y la hizo mirarle a los ojos.- que sepas que no se me olvida que intentaste recibir la maldición asesina de Voldemort por mí.- ella sonrió entristecida.
- Era lo mínimo que podía hacer.- respondió.
- Yo… ahora entiendo algunas cosas, si lo hubiese sabido… - Sirius cabeceó pesaroso.
- Cuando pille a la zorra de Bellatrix la voy a matar- apuntó Lily echando chispas.
-A mi déjame al cabrón de Malfoy- replicó Remus enfadado.
-No nono nonono, Malfoy es mío, me corresponde por familia- le contradijo Sirius.
-Pues a mi no me vais a dejar sin diversión- les advirtió James.
-Bueno, al menos seguro que todos estamos de acuerdo en que podía haber sido peor- interrumpiendo la tanda de futuras venganzas, Michelle se dirigió aliviada a su hermana, y poniéndole una mano en la rodilla, le soltó- Peter podía haber tenido razón y que hubieses hecho un trío con Regulus y Snape…. ¡eso sí que sería imperdonable!...- y tras la incredulidad inicial, al final todos acabaron riendo la broma de buena gana.
…
A pesar de que Lily y James intentaban evitarse desde la noche anterior en la medida de lo posible, el resto del viaje lo pasaron todos juntos. Remus y Estelle no escondían su recién estrenado noviazgo, Lily y James se trataban con educada cordialidad y Yasmine y Michelle trataban de hacer reír a Sirius, que cuando se volvía a acordar del viaje de la chica volvía a ponerse borde con ella. Fue pasada la media noche cuando llegaron a la estación de King Cross, y cuando bajaron al andén, se encontraron con una gran sorpresa en forma de comité de bienvenida.
-¡Hola chicos!- Ojoloco Moody los esperaba franqueado por dos chicos. Uno era alto y fuerte, rondaría los veinte años, y tenía el pelo castaño claro y corto, y unos ojos azules y bondadosos. Vestía una camiseta de manga corta blanca y ajustada que dejaba ver un voluminoso bíceps con un tatuaje tribal adornándolo. – os presento a Fabian Prewett, uno de los pocos Prewett que no es pelirrojo, por cierto-añadió como si esa excepción a la genética le hiciese mucha gracia.- y este es Gideon Prewett- señaló al otro muchacho, se parecían mucho físicamente, pero éste tenía unos cinco años más que Fabian y el pelo era color rojo fuego. Estaba igual de fuerte que su hermano y su rostro transmitía la misma paz. – yo escoltaré al señor Potter y al señor Black a la mansión de Godric, ¿correcto?- señaló Ojoloco. James asintió, aunque se mordió la lengua para no decir lo que pensaba, y era que no era necesario que Dumbledore les hubiese puesto escolta a Sirius y a él.
-Los padres de la señorita Evans insistieron en venir a recogerla, así que la acompañaremos todos a la entrada de la estación- aquello no parecía hacerle mucha gracia, en su experta opinión era correr riesgos innecesarios, pero Dumbledore había sido bastante tajante al respecto.
-Gideon acompañará al señor Lupin y la señorita Simons, que si no me equivoco son vecinos. – Remus tendió una amistosa mano a Gideon, que la estrechó alegremente.
- Y Fabian se encargará de las hermanas Roberts.- terminó el auror.
- Vaya… esto se pone interesante…- Michelle avanzó decidida hacia Fabian Prewett, quien le estrechó la mano educadamente, mientras Yasmine ponía los ojos en blanco.
-Es muy mayor para ti, Mich- le susurró en voz baja mientras ambas seguían al chico a través de la barrera de King Cross que separaba la parte mágica de la muggle.
- El amor no tiene edad, Yasmincita- le replicó ella, y sacándole la lengua en un gesto de burla, aceleró el paso hasta ponerse a la altura de Fabian, con el que rápidamente entabló una conversación de lo más animada.
Una vez en la entrada de King Cross, parte muggle, el grupo se dirigió al callejón oscuro y solitario más cercano. Las amigas se despidieron con abrazos, aunque volverían a verse pronto porque Dumbledore les había puesto muchos deberes para la Orden aquel verano. James se despidió de Lily con la mano y el gesto serio (la pelirroja se sintió desfallecer por dentro pero aguantó el tipo mientras James se alejaba).
-¿Estás segura de lo que estás haciendo, hermanita?- Sirius abrazó a la chica de ojos verdes, desde que su relación de amistad había profundizado, se llamaban así entre ellos.
-Creo que es lo mejor para todos- respondió ella sin ocultar su tristeza. Sirius suspiró con cansancio. Cuando aquellos dos se ponían cabezotas no había mucho que hacer.
-Nos veremos pronto, Lily- Remus abrazó a la chica, y después hizo lo mismo con Yasmine y Michelle.
-Estelle…- la pelirroja se acercó a Remus y le tomó la mano, sonriendo ampliamente por el gesto, y ambos se desaparacieron junto a Gideon Prewett.
Lo mismo hicieron Yasmine, Fabian y Michelle, la última asiéndose al tatuado brazo del joven con una expresión de placer que le estaba costando mucho esconder.
Los padres de Lily llegaron al poco rato, y se mostraron muy interesados en Ojoloco, que lo único que quería era largarse de allí: estar demasiado tiempo en el mismo sitio implicaba que cualquier mortífago podría atacarles en cualquier momento. Cuando Lily y sus padres se marcharon, Ojoloco se giró hacia James y Sirius, y dibujó una mueca parecida a una sonrisa en aquellos labios llenos de cicatrices.
-Bueno, ahora que nos hemos quedado solos… ¿os apetece un poco de diversión? Acabo de recibir un chivatazo… tal vez encontremos a alguna sucia serpiente en el Caldero Chorreante esta noche…- y sin esperar a que ninguno afirmase nada (con sus expresiones emocionadas fue suficiente para Ojoloco), los tres magos desaparecieron de allí.
