Este es el capítulo más largo del fic. Pensé en cortarlo a la mitad, pero creo que vale la pena leerlo así. Gracias por el apoyo, los comentarios y buenos deseos. Estoy muy emocionada por los capítulos siguientes, con más acción y romance. Nos leemos pronto!
Harry Potter y la historia que debió ser
Parte II
"DEPRESIÓN, CULPA Y ALEGRÍA"
Kingsley y Harry entraron juntos a la nueva sala de operaciones en Potter Cave, a través del librero más grande de la estancia del departamento. La creadora del espacio fue la profesora McGonagall, quien muy amablemente le recordó a Harry que ella era "algo buena" haciendo transfiguraciones.
Se sintió un poco apenado tras aquel comentario de su maestra. No es como si hubiera olvidado que el profesorado de Hogwarts era increíble, y que aún tenía mucho que aprender, pero desde que retomó el liderazgo de los DD necesitaba demostrar que merecía ese puesto.
Claro, él no hubiera podido crear una habitación extra, que incluía ventanas, chimenea y candelabro. Su magia original era algo más… práctica para luchar.
Le sonrió a McGonagall, agradeciendo otra vez su colaboración a Potter Cave. Pensó en los cambios que habían ocurrido en Pembroke: Luna reparó las llaves de la tina del baño, también agrandó el cuarto que en un principio fue de Ron, y ahora ella habitaba. Por su parte, el pelirrojo contribuyó un poco en la cocina, creando un espacio rudimentario para elaborar pociones, una de sus nuevas tareas como miembro "pasivo" de los DD.
Le pareció que era normal ir adaptando su hogar a las necesidades de sus residentes, eso incluía de manera indirecta a los DD. Sin embargo, tuvo miedo de que Hermione no aprobara los cambios cuando volviera.
Seguía sin perder la esperanza de tenerla de nuevo con él.
Continuó hablando con Kingsley, susurrando que lo mejor era informar a todos sobre lo que Prudence Parkinson confesó. El antiguo Auror asintió, luego se detuvo, incómodo.
Harry vio cuál era el problema: sólo había una silla disponible en la cabecera de la mesa. Dirigió sus ojos verdes al resto de los asientos. Cada persona presente los miraba con curiosidad.
Kingsley se aclaró la garganta. Con un movimiento de su varita, creó otra silla.
Eso dejó disponible el lugar principal para él. Conteniendo un suspiro, se sentó. Esperaba que Voldemort cayera pronto, porque eso de ser considerado el líder y salvador no era algo grato. Sin embargo, intentó no demostrar su irritación. Estaba comprometido con liderar a los DD hasta el final de la guerra, y si eso significaba tener un asiento especial únicamente para él, bien. No gastaría más tiempo en retrasar sus obligaciones.
Él era el Elegido.
Luna, encargada de llevar las minutas durante cada sesión, le dio la palabra a Neville. Su reporte fue sencillo: tras una exhaustiva búsqueda en Hogwarts, con la ayuda del fantasma de Ravenclaw, encontraron otro Horcrux.
La mesa aplaudió, alegre de acercarse un poco más al final de Tom Riddle.
—No traje la diadema conmigo —explicó Neville—. Está asegurada en Hogwarts. Los profesores Flitwick y McGonagall se encargaron de darle un lugar especial para que no represente un peligro.
McGonagall volvió a sonreír de esa forma.
Harry la miró divertido —Gracias, profesores. Esta misión no sería lo mismo sin ustedes.
La verdad en esa declaración era abrumadora. Se preguntó cómo habría sido la búsqueda y destrucción de los Horcrux sin el apoyo de sus maestros y amigos.
Miró a Neville, asintiendo —Felicitaciones por encontrar la diadema. Bien hecho.
Al ver la reacción orgullosa y feliz de su amigo, supo que hizo lo indicado. Un líder recompensa a sus seguidores.
—Ahora tenemos que averiguar cómo destruirlo —comentó Ron, pensativo. Garabateó algo en el pergamino frente a él, demostrando que su mano izquierda cada vez tenía mayor control.
—Sprout y Hagrid están seguros de que no queda más veneno en el basilisco —explicó McGonagall—. Tuvimos suerte de conseguir un poco para matar a Nagini.
Harry recordó ese momento: la sangre negra en la alberca de Potter Cave, los gritos de Tom Riddle y los de una mujer desconocida, saliendo de la serpiente, mientras Kingsley volvía a enterrar el colmillo en sus escamas. Él no pudo ayudar, casi ahogándose en el agua maldita, porque su cicatriz dolía tanto que pensó que su cráneo estallaría.
A partir de ese momento, ordenó que ningún Horcrux se guardase en Potter Cave. No quería tener la presencia de Voldemort en su casa, jamás. El guardapelo también estaba en Hogwarts, ahora acompañado de la diadema de Ravenclaw.
—¿Seguimos sin contactar a Flamel? —preguntó.
Había sido un plan astuto de su antiguo profesor: encerrar la espada en un sitio donde sólo Hermione pudiera tener acceso. Supuso que Dumbledore nunca pensó en la posibilidad de que ella fuera secuestrada. Ahora tenían que localizar al único otro alquimista para abrir el cofre.
Remus habló —Tenemos una pista. Creemos que se encuentra en un pueblo de Irlanda.
—Es prioridad —dijo Harry—. Ve a buscarlo. Lleva un equipo contigo. Ya.
Bill se ofreció, luego los gemelos y Dean Thomas. Éste recién había cumplido la mayoría de edad y estaba dispuesto a todo para ayudar; el hecho de que su mejor amigo siguiera en coma era otro factor determinante.
Salieron de la habitación, sin contradecir la orden de Harry.
Luna puso una mano en su rodilla, sin que nadie viera. Agradeció el gesto, sintiéndose pésimo por haber tomado la decisión de enviar a lo desconocido a un grupo de personas que amaba. Pero era necesario.
Arthur fue el siguiente en hablar —Escuché que Claire Fantom, del Departamento de Seguridad Mágica, fue secuestrada por los Death Eater. Sé que el Ministerio está cada vez peor, y que no podemos ayudar a todos, pero ella era… bueno, la conozco desde hace treinta años…
—Claire está en mi casa —interrumpió Kingsley—. Hicimos creer que fue un ataque de Ya–saben–quién.
—¿Por qué?
Harry tomó la palabra. Al mal paso, darle prisa…
—Claire Fantom era uno de los contactos de Prudence en el Ministerio. Fue a través de ella que el gobierno muggle supo del golpe en Time Square.
—¿Qué tiene que ver Claire? —Arthur se sonrojó— Es hija de muggles, ¡una gran persona! Soy padrino de su segundo hijo…
—Papá —dijo Ron.
Arthur cerró la boca.
Harry retomó la conversación.
—Prudence tenía una red de información en nuestro gobierno, gracias a su padre. Se encargó de chantajear a varias personas del Ministerio inglés, incluyendo a Claire Fantom. Su objetivo era servir como doble agente para su padre, hasta que se decidiera la guerra.
—¿Con qué motivo chantajeó a Claire? —preguntó Arthur.
Harry se encogió de hombros —Extraer información delicada sobre la nueva administración de Lucius, tal vez incluso de nosotros. Pero Claire llevaba meses bajo el yugo del nuevo ministro, viendo cómo otros hijos de muggles eran enjuiciados. Cuando Prudence amenazó con matar a su familia, Claire decidió tomar el control de la situación.
—¿Qué hizo?
—Prudence le pidió a Claire que informara a Yaxley sobre el encuentro en Time Square. Claire cumplió con su deber, pero también le informó al gobierno muggle. Quería que mataran a Prudence para que su familia estuviera a salvo.
Angelina contuvo un gemido de horror —¡Pero también nos vendió! ¡Casi nos matan!
Harry asintió —Claire decidió que su familia era más importante que nosotros.
—Mierda completa —susurró Tonks, abrazando su vientre abultado.
—¿Por qué el gobierno muggle reaccionó así? —preguntó Fleur.
Kingsley respondió —Lucius rompió relación con el ministerio muggle. No se ha hecho responsable de los ataques en zonas públicas sin magia. El gobierno muggle sabe que estamos en guerra; no están dispuestos a soportar las consecuencias. En cuanto obtuvieron la primera información para detenernos, dejaron caer toda su fuerza.
Harry tuvo que interrumpir —Esa no es toda la fuerza de una milicia muggle. No usaron bombas, ni tanques o granadas. Fue un escuadrón de combate. Pudo ser mucho peor. Creo que… fue una advertencia.
Los magos lo miraron incrédulos.
—¿Peor? —dijo Luna— Pero…
—Tenemos que reparar nuestra relación con el gobierno muggle —dijo Harry—. Si no cuentan con nuestro Ministerio, por lo menos deben saber que con nosotros sí, y que no queremos más muertes innecesarias.
La mayoría asintió.
—¿Cómo haremos eso? —preguntó McGonagall.
Harry y Kingsley compartieron una mirada. El Auror habló.
—Haremos una delegación que sirva de intermediario entre ese mundo y el nuestro. Creemos que debe ser liderada por Arthur, ya que su trabajo le ha permitido conocer un poco de los muggles. Necesitamos más voluntarios, de preferencia hijos de muggles.
Ron le sonrió a su padre, divertido por su cara de sorpresa —¿No te emociona, papá?
—No sé qué dirá Molly…
La misma que no quiso volverse una DD, ya que insistió en que Harry era demasiado joven para liderar la rebelión.
—Además —siguió el patriarca Weasley—, mi trabajo está en peligro. Lucius busca cualquier pretexto para despedirme. Si me distraigo, le daré lo que quiere.
—No te preocupes por eso —dijo Harry—. Yo te estoy contratando. Te pagaré más de lo que ganas en el Ministerio.
Arthur pareció entre ofendido y abrumado —No podría aceptarlo, Harry. Sé que tienes muchos gastos. Yo no…
—Saldrá del presupuesto de los DD —insistió—. No me preguntes los detalles. El que está llevando eso es Ron. Arréglalo con él.
Ron bajó el rostro, sonrojado. Esperaba que nadie lo culpara por haber encontrado la justificación ideal para sacar a su padre del Ministerio (del peligro), y además asegurar su estabilidad económica.
—¿Qué pasará con Prudence? —preguntó Hannah, cambiando el tema para que Arthur no se sintiera más apenado.
Harry apretó los puños —Será enviada con la familia Parkinson.
—¿Nada más? —chistó Tonks— Esa chica se metió a tu casa, a tu cama, te manipuló y luego casi hace que nos maten.
No le gustó la implicación de Tonks. Harry no se había acostado con Prudence.
—Los Dragones Dormidos no tienen potestad para impartir justicia. Cuando la guerra termine, se juzgarán nuestras acciones, no sólo la de los traidores. Quiero irme con la conciencia tranquila.
Katie asintió —Me parece bien. Creo que nuestra misión es terminar con Tom Riddle, no hacerla de justicieros.
—¿Y Claire Fantom? —dijo Arthur, recuperando la voz.
Kingsley contestó —Permanecerá en mi casa, bajo Fidelius, con el resto de su familia. No vamos a castigarla por lo que hizo.
Harry se levantó —La junta terminó.
—
Por la tarde, Ron volvió a leer las instrucciones del libro de pociones del Príncipe Mestizo. O Snape. El nombre de su ex profesor estaba prohibido en Potter Cave, a menos que escuchar a Harry echar otro discurso, furioso, sobre el maldito traidor que asesinó a Dumbledore.
Dos cucharadas de Aguijón de billywig triturado… "No", leyó Ron la nota de Snape: "aplastado con Jugo de horklump".
Hacer pociones con una mano era suficientemente molesto, como para agregar la voz de Snape en su cabeza con cada nueva instrucción. Él también odiaba al grasoso profesor.
En la barra, Luna, Terry Boot y Ernie McMillan, integrantes de la Tesorería de los DD, hacían cuentas.
—Me parece sensato invertir cinco mil galeones en el banco de Alemania.
Luna anotó la sugerencia de Terry en el cuaderno de gastos —¿Te parece bien, Ron?
Se preguntó por qué le pedía su opinión, si ella ya lo había aprobado.
—Sí, Lun.
Pero cualquier razón para hablar con ella lo hacía feliz, así que sonrió honesto mientras mezclaba tres veces el caldero.
En serio la amaba.
Además, no era como si él fuera experto manejando cantidades astronómicas de dinero. Aunque las bóvedas de Harry ya no eran ni la mitad de lo que heredó, su riqueza aún estaba lejos de agotarse. Con el nuevo plan de inversiones que estaban desarrollando, fuera del Reino Unido, tenían planeada una recuperación bastante amplia. Así los DD tendrían más dinero para comprar protecciones o mantener los refugios.
El teléfono del departamento sonó. Ernie miró alarmado el aparato.
—Es una forma de comunicación muggle —explicó Luna.
Harry entró corriendo para responder. A pesar de la lluvia torrencial, había estado mediando en el balcón para mejorar su Oclumancia.
—¿Hola? Oh… Remus, ¿qué pasa? —la decepción fue obvia. Esperaba una llamada de los Granger… o incluso de Hermione. Harry movió su mano y su ropa se secó en un segundo— ¿Están seguros que es Flamel? … Bien, lleven el cofre. Avisaré a McGonagall para que se los entregue. Buena suerte. Adiós.
—¿Pasó algo? —dijo Ron, revisando si la Bilis de armadillo tenía el color indicado.
—Encontraron a Flamel. Aceptó ayudarnos a abrir el cofre, siempre y cuando no tenga que ir a Hogwarts.
—¿Por qué? —preguntó Terry.
Luna fue quien respondió —Flamel fue castigado por el Ministerio: no puede hacer alquimia ni entrar a recintos donde existan bibliotecas.
—Eso es cruel —opinó el otro Ravenclaw.
—¿Pero sí hará alquimia para sacar la espada de Gryffindor? —dijo Ron.
—Eso parece. No es la primera vez que nos ayuda. Espero que sea mejor que la anterior —comentó Harry, recordando cuando Flamel dijo que Hermione no quería ser encontrada.
—Vuelve a estudiar —recomendó Luna, sonriendo—. ¡Estás mejorando mucho!
Harry soltó un bufido, pero obedeció.
Ron miró con amor a la rubia. Tras la pérdida de Hermione, se hubieran vuelto locos sin Luna.
—
Cris… Cris… ¡Crisopeya! Cris, por favor. Por favor. Respira. No me dejes. ¡Cris! Cri–cri. Cris. ¡CRIS!
Harry salió de su pesadilla, sudando. Ya no había tenido sueños tan terribles, gracias a su nuevo dominio de la Oclumancia. Sin embargo, la voz del niño fue demasiado real.
Se levantó hacia la cocina, sabiendo que no volvería a conciliar el sueño. Hechizó sus pantuflas para no hacer ruido, ya que Ron estaba dormido en el sillón de la sala. Era extraño que se hubiera negado a que McGonagall hiciera un cuarto para él… era aún más extraño, en opinión de Harry, que no durmiera con Luna.
Crookshanks, quien había estado con él en la cama, lo siguió durante el recorrido, brincando a la barra para verlo fijamente. Harry puso la tetera en el fuego y esperó. Podría usar magia, pero no tenía ánimos.
Vio la chimenea mantener un fuego estable, producto de un hechizo. Sonrió al comprender que Ron había logrado encantar la chimenea. Estaba mejorando mucho.
De pronto, las llamas doradas se volvieron verdes. Remus y Dean salieron en una nube de escombros, cargando a uno de los gemelos.
—¡Ayuda! —gritó Dean.
Ron se levantó de un brinco, alterado por el escándalo. Harry corrió hacia ellos.
—¿Qué ocurrió?
La chimenea escupió a Bill y al otro gemelo. Se veían igual de golpeados.
—¡Fred! —chilló George.
Ron señaló el sillón donde había estado dormido. Remus y Dean dejaron a Fred ahí; tenía la mitad del rostro lleno de sangre.
—¡Ve por madame Pomfrey! —ordenó Harry a su mejor amigo. Ron obedeció de inmediato. La chimenea volvió a activarse.
Remus empezó a explicar lo sucedido. Su voz se agitaba por el cansancio y la adrenalina. No dejaba de ver a Fred, inconsciente.
Harry intentó no verse tan enojado. No era culpa de sus amigos. Los Death Eater tenían espías en todo el Reino Unido, era normal que los hubieran interceptado.
—Nos robaron el cofre con la espada de Gryffindor —terminó Remus.
Bill parecía igual de quebrado —Y casi nos matan. Otra vez.
—
Al día siguiente, Harry agradeció la visita de Flitwick, y subieron a la azotea para hacer las pruebas. Tonks ya los esperaba ahí con tres modelos diferentes de armas de fuego muggles.
—Me dediqué por completo a la creación de este hechizo —explicó el profesor, orgulloso de ayudar a sus alumnos—. Espero que el escudo aguante.
Harry puso una línea de botellas en la cornisa del edificio —Listo, profesor.
Flitwick agitó la varita con una elegancia increíble —¡Plumbum protego!
Las botellas brillaron por un segundo. Tonks se puso frente a ellas y vació el cartucho de la primera arma. Los golpes de las balas en el escudo mágico creaban horribles crujidos. Ninguna botella se rompió. Agarró el rifle. Se requirieron de cuarenta y ocho disparos continuos para que el escudo se rompiera.
Harry abrazó a Flitwick, aliviado.
Los DD no volverían a estar en peligro contra los militares muggles.
—Hay armas que disparan más de cincuenta balas por segundo —comentó Flitwick, sonrojado por el abrazo—. Estuve investigando.
Harry asintió —Los DD tienen la orden de desaparecer al escuchar el primer balazo. Este escudo ayudará a que sobrevivan para lograrlo. No es nuestra intención luchar contra los muggles, así que será suficiente.
Flitwick sonrió —Me da gusto.
—¿Quiere una taza de té, profesor?
—Me encantaría.
Harry dirigió a sus visitas hacia las escaleras, ignorando la alberca vacía.
—
—Así que… —Ron hizo gala de su magia, doblando el periódico flotante y levitando los tres platos hacia la barra— Ya no tenemos espada.
Luna miró el delicioso estofado. Su novio había ido a casa de Molly Weasley, de nuevo.
Harry, en cambio, mantuvo la cabeza apoyada en su mano, sin ánimo.
—Sip —replicó, molesto.
—La única forma que conocemos de destruir Horcrux.
—Sip.
—La única pista que nos dejó Dumbledore sobre eso.
—Sip…
Luna ocultó su sonrisa. A veces su novio era un completo obtuso.
—Lo único que nos daba una ventaja contra Ya–Saben–Quién.
—Sí, Ron, ¿algo más que agregar?
El pelirrojo lo pensó un momento —No. Creo que es todo.
Harry giró los ojos —Gracias por el estofado.
—Mamá quiere que la vayas a visitar, ¿sabes?
—¿Después de gritar frente a los DD que no estoy capacitado para liderarlos? Paso.
Luna siguió comiendo. La verdad, la señora Weasley se portó muy mal.
—Se dejó llevar por el miedo. No quiere que tu vida corra más peligro. Estuvo mal cómo reaccionó, pero te ama. Deberías darle otra oportunidad. Sería lo maduro de tu parte, ya que ella no piensa comportarse como un adulto.
Harry lo miró atónito —¿Quién eres y qué hiciste con Ron Weasley?
—Ja–ja.
—Bien. Podemos ir a cenar mañana con ella.
Luna mantuvo la sonrisa en su cara, aunque quiso huir a su habitación. Conocía la opinión de la señora Weasley sobre cada una de las novias de sus hijos. No le apetecía ser objeto de su crítica. Aún recordaba cuando ofendió a Hermione.
—¿Cómo sigue Fred? —preguntó Harry.
Ron agitó su mano —Haciendo chistes sobre orejas caminantes. Madame Pomfrey lo quiere en observación un par de días más, pero todo bien… Oh, comenzó a llover de nuevo. Es raro en esta época, ¿no?
Los tres miraron hacia las ventanas. Parecía una tormenta eléctrica.
—Tendremos que estudiar adentro, Harry —dijo Luna.
—Supongo.
Terminaron de cenar y regresaron a sus actividades. Luna colocó un tapete de yoga, comenzando a meditar. Harry se sentó frente a ella, en posición de loto, y cerró los ojos.
Desde que aprendió a usar su magia original, tuvo que practicar la meditación, así que se había vuelto bastante bueno. Sin embargo, los ejercicios con Luna no eran introspectivos a su magia, sino hacia la organización de su mente.
Crea barreras únicas. No uses trampas comunes. Sorprende a tu invasor.
La voz de Luna llenó su consciente. Ella estaba entre sus pensamientos, bailando sin realmente poner atención. Era increíble cuánto confiaba en ella para tenerla en su cabeza, sin sentirse expuesto. Jamás habría aprendido Oclumancia con otra persona.
Respiró profundo. Imaginó una pequeña alacena debajo de las escaleras. Con cuidado, sin que sus pensamientos hicieran obvio lo que estaba haciendo, encerró a Luna en la alacena de su mente.
Esto es fácil, Harry.
Antes de que ella pudiera escapar, recordó el miedo de su infancia. El hambre. La soledad. La convicción absoluta de que ese día su tío lo olvidaría en ese cuartucho. Una alacena convertida en féretro.
Luego dirigió esas emociones a Luna.
Ella se resistió, primero sorprendida, luego asustada. Harry hizo más pequeña la alacena. Luna se volvió invisible, demostrando su maestría en Legeremancia. Pero Harry aún podía sentirla. Por fin, tras meses de esfuerzo, era capaz de no perderla en su mente.
Apretó más la alacena.
Luna salió de su mente, gritando.
Harry la abrazó, pidiendo una disculpa. Ella asintió, llorosa.
—¡Fue increíble! ¡Lo hiciste perfecto! —lo felicitó.
—Gracias.
Ron llegó con ellos, su única mano cubierta por un guante de escamas de dragón. Su voz sonó contenida —¿Están bien?
Harry supo que la verdadera pregunta era: ¿por qué mierda hiciste llorar a mi novia?
Luna sonrió —¡Harry me sacó de su mente! ¡Lo logró!
—Oh. Felicidades.
—Tu novia es increíble, amigo.
Esas siempre eran las palabras adecuadas con Ron. Lo hizo sonreír como idiota, viendo a Luna.
—Lo sé.
Harry se giró hacia las ventanas de la sala —¿Qué?
Sus amigos parecieron confundidos.
—¿Qué de qué? —dijo Ron.
—Escuché algo.
—¿Con esta tormenta?
Crookshanks comenzó a maullar. Su cola se esponjó.
Luna puso una mano en su pecho —Nunca había hecho eso.
El gato rascó una de las ventanas. Soltó un maullido angustioso.
Harry fue hacia allá —Él también lo escucha.
—¿Qué? ¿Es magia? Cuidado, Harry —pidió Ron.
Crookshanks alargó sus maullidos, como un lamento. Harry se recargó en la ventana, intentando ver entre la lluvia.
—¿Será…? No. No puede ser… ¡Ahora vengo!
Ron y Luna intentaron detenerlo.
—¿Estás loco? Puede ser una trampa. Es peligroso. Llama a los DD —insistió Ron.
Harry volvió a mirar hacia la ventana —¿En serio no lo escuchan?
—No —dijo Luna—. Si quieres salir, pide refuerzos.
Harry.
—¡Hermione!
—¿Qué?
Ron se tuvo que mover cuando Harry lo empujó para correr hacia la puerta del departamento. Lo siguió por las escaleras.
—¿Dijiste Hermione? —preguntó, nervioso.
Harry —¡Sí!
Ron maldijo en un susurro. Miró hacia arriba, gritando —¡Luna, pide refuerzos!
No iba a dejar a Harry solo, menos si se trataba de Hermione.
Los dos salieron del edificio, empapándose en el acto. No había nadie. La oscuridad de la noche no ayudaba.
—¿Para dónde? —preguntó el pelirrojo.
—¡Allá!
Harry corrió hacia la tienda de antigüedades. Su magia estaba alterada. Algo en su mente no dejaba de zumbar.
Un trueno iluminó la calle. En ese segundo, vio la escena más espeluznante de su vida: era Hermione, pero mucho más delgada de lo que debería, llena de sangre y lodo. Su cabello estaba muy corto. Cargaba un pequeño niño. Parecía a punto de morir. El gesto en su rostro estaba congelado en una mezcla de pánico y desolación. Era ella, pero a la vez no. Algo extraño había en su mirada.
—¡HERMIONE!
Ella estiró los labios en una sonrisa vacía.
—Har...ry.
Se desmayó.
Harry detuvo su caída con un poco de magia. Corrió para cargarla. El niño en sus brazos despertó, asustado.
Ron llegó detrás de él, un segundo después.
—Ayúdame con el niño —pidió, temblando.
Volvió a mirar de cerca a Hermione. No podía creer que estaba de regreso. Apestaba a sangre y muerte. Le faltaba músculo; los huesos empujaban la piel cetrina. Tenía una laceración en el cuello, debajo de un horrible collar de metal, además de varios rastros de golpes en el rostro y en los brazos. Sus labios estaban increíblemente secos.
—Harry, debemos llevarla a casa.
Asintió. No podía moverse. Le daba pánico romper el cuerpo de Hermione.
—¡Harry! —Ron se agachó para verlo al rostro. También estaba llorando— ¡A casa! ¡Desaparece!
Cierto. Podía hacer eso.
Un segundo después, estaba dentro de Potter Cave. Luna soltó un grito ahogado al verlo con Hermione. Ron apareció también, cargando al niño.
—Llama a Madame Pomfrey —pidió Ron, dejando al pequeño en un sillón—. Espera aquí, ¿de acuerdo?
El niño permaneció callado, muy quieto. Sus ojos azules no perdían de vista a Hermione.
Harry estaba en shock. No podía dejar de ver a su novia, contando las heridas en su cuerpo, reconociendo el patrón sobre la piel delicada. La habían golpeado con una fusta, con un puño que portaba un anillo, con algo parecido a una cuña.
En ese momento, alguien intentó agarrar a Hermione. Alejarla de él.
Harry sintió su magia reventar —¡No la toquen!
Su propia voz le sonó espectral. El remolino de su magia derribó cuadros y adornos del departamento.
—Harry, es Madame Pomfrey —explicó Ron, acercándose con cuidado.
Miró a su mejor amigo. Traía un escudo encima, ¿por qué?
—No la toquen —repitió, abrazando a Hermione contra su pecho.
—¡Deja que Pomfrey la revise! —gritó Ron, impaciente— ¡Es obvio que necesita atención médica!
—¡No!
—¡Con una mierda, Harry!
Ron levantó la mano. Harry también. El choque de los hechizos hizo explotar uno de los muebles.
Luna se metió entre ambos.
—¡Basta! No peleen. Harry, entrega a Hermione, ¡por favor!
Se dio cuenta de que había más personas en Potter Cave. Estaban Remus, Kingsley, Tonks y Neville. Parecían nerviosos, mirándolo.
Cubrió a Hermione con su cuerpo. No quería que la vieran así. Ella no merecía esto.
—¡Ella también es mi amiga! —gritó Ron, echándose sobre él— ¡Suéltala!
Harry se defendió. Kingsley y Remus ayudaron a Ron.
—¡No! ¡No! —intentó usar su magia, pero tuvo miedo de lastimar a Hermione. Ron lo golpeó en el rostro. Cayó contra el suelo. Ron lo siguió, de nuevo dándole un golpe en la nariz. El crujido sonó terrible. Alguien tomó a Hermione. Harry se enfureció, tomó a Ron de la camisa y también lo golpeó. Giraron en el suelo, maldiciendo y usando magia que quemó la piel de ambos.
—¡Maldita sea! —chilló Ron, pateando a Harry mientras lo mantenía alejado con su única mano.
—¡Petrificus totalus!
El hechizo de Luna rebotó contra la piel de Harry.
—Está fuera de control —dijo Kingsley, metiéndose a la pelea cuando Ron volvió a gritar por otro golpe.
Remus se armó de valor para ayudar; fue obvio que Harry seguía teniendo la ventaja en la pelea, gracias a su magia.
Harry no entendía qué estaba ocurriendo. No veía nada. Sentía golpes, peligro, dolor. Se defendió como pudo. Su mente giraba sobre un pensamiento: le quitaron a Hermione. Ella volvió… ¡y se la quitaron! ¡Estaba herida! ¡Necesitaba atención médica! ¿Por qué lo detenían? Se sentía furioso. Traicionado. Pero se arrepentirán, porque él necesita a Hermione. Los hará pagar.
El llanto infantil pareció romper la neblina de los ojos de Harry.
—¡Cris! ¡Cris!
Miró confundido a Kingsley y Remus, quienes apretaban su cuello mientras lo señalaban con sus varitas. Estaban sangrando de la cara.
—¡Crisopeya!
Volteó a ver al niño desconocido que lloraba en el sillón. ¿Crisopeya?
Luego vio a Madame Pomfrey atendiendo a Hermione.
Se relajó enseguida.
Kingsley y Remus soltaron un par de gritos cuando la magia que los estaba asfixiando desapareció. Cayeron junto a Ron, que no estaba en mejores condiciones.
—Necesitamos… un… interruptor… para… Potter —gruñó Shacklebolt entre respiraciones desesperadas.
Harry se levantó, yendo hacia Hermione. Madame Pomfrey lo señaló con su varita.
—No te atrevas a explotar así cerca de ella —dijo sin temor—. Cálmate ya.
—¿Estará bien? —preguntó a la sanadora.
—Sí, Harry. Estará bien.
Sintió la magia de un hechizo. Perdió el conocimiento.
—
Fue despertado por otro hechizo. Estaba en su habitación. Tardó un par de segundos en recordar lo sucedido. Brincó fuera de la cama.
—¡Hermione!
—Alto.
Tonks estaba en la puerta, impidiendo que saliera.
—¡Pero Hermione…!
—No me voy a mover de aquí. Toma asiento.
Harry se enfureció —¡Es mi novia! ¡Por fin está conmigo!
El rostro serio de la Auror no cambió —¿Me vas a quitar a la fuerza?
Miró el vientre abultado, luego los ojos negros de Tonks.
Soltó un gruñido, frustrado. Se sentó en la cama.
—¿Qué quieres? Necesito ir con Hermione.
—Sé lo que te pasa, por eso te advierto que si sales de aquí sin hablar conmigo, todo empeorará.
—¿De qué hablas?
—Casi matas a Ron, Kingsley y Remus. Debo decir, aunque estoy muy enojada con el padre de mi hijo, no lo quiero muerto.
Harry se sintió engañado —Jamás los atacaría.
—No… a menos que creas que le harán daño a Hermione.
Recordó el cuerpo golpeado de su novia, la sangre, las cicatrices. Apretó los puños, pensando en los meses que Hermione debió sufrir sola, sin nadie que la protegiera...
—Harry, lo estás haciendo de nuevo.
—¡¿Hacer qué?! —se sorprendió al escuchar su grito. Miró apenado a Tonks— Lo lamento.
—Sé lo que te pasa.
—¿En serio? Porque creo que voy a estallar en cualquier momento.
Tonks le sonrió con cariño y paciencia. Se sentó a su lado, tomando una de sus manos.
—Te has convertido en un mago extraordinario. Estoy muy orgullosa de cuánto has crecido en los últimos años. Quizá por eso a veces olvido sigues siendo un chico de diecisiete años.
—Déjame ir con Hermione, por favor.
—Primero debes escucharme.
Harry intentó calmar su coraje, su angustia… —¿Qué quieres?
—No puedes hacer nada para cambiar lo que le sucedió a Hermione.
Eso lo hizo enojar más. Quitó sus manos de las de Tonks, como si lo hubiera quemado.
—¡Claro que puedo! Voy a buscar a las personas que la lastimaron, ¡voy a…
—¿Matarlos? ¿Torturarlos? ¿Hacerles exactamente lo mismo que le hicieron a Hermione?
—¡Sí! —Harry desvió la mirada, conteniendo el llanto. Incluso para él sonó como una mentira. ¿Se atrevería a matar a sangre fría?
—Con eso lo único que harás será continuar el círculo de violencia. Y aún peor: complicarás la recuperación de Hermione. Ella te necesita fuerte, atento, capaz de escucharla con tranquilidad cuando decida hablar sobre su secuestro.
Eso lo llenó de un miedo más grande. ¿Tendría que escuchar lo que ella vivió? ¿A detalle? No. Entonces sí matará a sus captores. Se volverá loco…
La voz de Tonks regresó —No puedes convertir el secuestro de Hermione en algo personal. Ella es la víctima. No tú. Por muy doloroso que sea para ti, lo es mil veces más para ella. ¿Comprendes eso?
—¿Entonces qué debo hacer? ¿Actuar como si nada hubiera pasado? ¿Permitir que algo malo le vuelva a suceder?
—Hermione volverá a sufrir de una forma u otra en su vida. Es muy joven. Malas cosas le van a ocurrir.
—¡Tonks, no estás ayudándome!
—Primero debes aceptarlo: Hermione fue secuestrada. La hirieron. No sabemos hasta qué nivel. Esa es la realidad.
—¡No!
—Sí, Harry. Yo también deseo que no hubiera ocurrido nada de esto. Me encantaría, incluso, creer que ella será la misma de antes. O mejor, que ella no recordará nada de lo que vivió, que no tendrá ninguna secuela. Que será feliz para siempre. Pero eso es falso. Lo sabes.
Comenzó a llorar. Ya no pudo resistir más.
Tonks se levantó para abrazarlo.
—Ella volvió —le dijo suavemente—. Necesita el apoyo de todas las personas que la amamos, pero en especial necesita tu comprensión y cariño. ¿Puedes con eso?
—Haré lo que sea por ella —sollozó—. Pero... Le fallé, Tonks. Hermione me salvó la vida tantas veces, me rescató de los Dursley, me enseñó a defenderme, a amarme. Y yo le fallé. Ni siquiera pude rescatarla.
La Auror acarició su espalda, dándole ánimos —No le fallaste. Si acaso, todos le fallamos. Hermione merece un mundo más justo y hermoso que este. Debemos construirlo por ella, ¿no crees?
—Ella se merece todo lo bueno que existe.
—Y no te culpes por no haberla podido rescatar. Te vi hacer lo imposible por intentarlo. No quedó en ti.
El joven mago soltó un sollozo terrible, abrazando a Tonks como si la vida se le fuera.
—¿Harry?
—Tal vez ella piense que la abandoné —susurró, destruido.
Tonks asintió —Ya. Claro que no. Es un poco obvio, ¿no te parece? Hermione supo que no podías rescatarla, así que hizo lo que ella siempre hace: tomar control de la situación. Solita se salvó, y por supuesto que volvió a tu lado. Estoy segura que tú fuiste su máximo apoyo mientras escapaba para regresar con nosotros. Hermione no te dejaría de amar por algo como esto.
Los hombros de Harry seguían agitándose.
—¿Y si lo que le hicieron… la cambió para siempre?
—Entonces conoceremos a esta nueva Hermione, le daremos amor, ayuda y paciencia.
Harry asintió, abrazándola más.
—La amo tanto que duele, Tonks. No quiero separarme de ella nunca más.
—Lo sé, cariño.
—Quisiera poder llevarla al sitio más seguro del mundo. Tenerla siempre cuidada. No permitir que alguien más se le acerque.
—Eso está mal, y lo sabes. Hermione tendrá que recuperar su seguridad e independencia. Además, no es justo que la alejes de todos nosotros.
Harry escondió su rostro en el cuello de la Auror, agachándose para hacerlo.
—Lo sé. Es estúpido.
—No. Es normal en estas circunstancias. Sólo necesitas tiempo. Será difícil, pero resolverán esto y saldrán adelante.
—¿En serio lo crees? ¿Estaré a la altura de lo que necesita Hermione?
—Sí. Confío en ti.
Harry tomó un largo suspiro, controlando su respiración. Tardó un rato más en calmarse. Finalmente, besó la mejilla de la Auror.
—Perdón por gritarte, Tonks.
—Está bien. Aquí me tienes.
—
La primera vez que Hermione despertó, no debió ocurrir. Sin embargo, Harry estaba preparado, y no se había movido de su lado desde que la acostaron en su propia cama, segura, en la habitación principal.
Según madame Pomfrey, Hermione dormiría 32 horas sin interrupciones, gracias a las pócimas que le dio para recuperar músculo, vitaminas, energía y reparar algunos huesos desgastados, la piel y el hígado. Pero el miedo pudo más que la magia, y Hermione reaccionó 18 horas antes.
—Tranquila, tranquila. Estás en casa. Volviste.
Harry observó el rostro aterrado de su novia, las pupilas dilatadas… la mano buscando el collar de metal en su cuello. Hermione miró a cada esquina del cuarto, confundida, luego vio a Harry; algo se detuvo en ella, quizá la comprensión de dónde y con quién estaba. Volvió a caer inconsciente.
Esto se repitió cuatro veces más, hasta que el tratamiento de las pociones terminó. Para entonces, era mediodía de un frío 22 de diciembre de 1997. Hermione abrió lentamente los ojos, respirando profundo.
—Bienvenida —susurró Harry, tomando su mano.
Hermione giró los ojos hacia él, incapaz de hacer otro movimiento que requiriera mayor esfuerzo. Apretó su mano de regreso.
—¿En… verdad… estás… aquí? —respondió con la garganta rota.
Él se inclinó, intentando no recargarse en ella mientras deslizaba con mucho cuidado sus labios en los de Hermione. Un beso corto.
—Sí, mi amor.
Hermione reventó en llanto, abrazándolo con la poca fuerza que sentía. Harry se acostó junto a ella, devolviendo el gesto con desesperación. Sintió la magia de ambos reencontrándose, vibrando sobre la cama y llenando por completo la habitación. Creyó escucharla decir algunas cosas, pero no entendió aquellas palabras mezcladas con sollozos. Siguió abrazándola, metiendo su mano entre los cortos rizos castaños, hasta que ella volvió a quedar dormida.
—
La siguiente vez que Hermione despertó, Crookshanks estaba dormido en la misma almohada de ella. Sus bigotes le hacían cosquillas en la nariz. Tener de nuevo a su adorado gato tan cerca, fue suficiente para recordar que había escapado de su secuestro. Era libre de nuevo. No más Crisopeya. No más lenguaje de señas. No más torturas. No más… nuevos amigos sin memorias.
Sus amigos.
Lloró en silencio, estirando los brazos para alcanzar a Crookshanks. El ronroneo automático del gato la acompañó mientras se desahogaba. De pronto, una culpa terrible cayó sobre ella. ¿Merecía su libertad, tras la muerte de sus amigos? ¿Merecía esa cama tibia y a su gato, cuando no pudo salvar a Punto3 y Línea8?
El cansancio volvió a derribarla. Pudo escuchar la voz preocupada de Harry, entrando al cuarto, antes de caer dormida.
—
Al despertar, ya no estaba Crookshanks en sus brazos, pero el cuerpo caliente de Harry le indicó su presencia. Parpadeó un par de veces, vislumbrando entre la oscuridad el cuarto. Sintió un poco de miedo al reconocer el espacio que con tanto amor decoró junto a Harry. ¿Realmente alguna vez se fue? ¿Eran reales las memorias sobre su amo?
Era de noche. La cortina de la ventana estaba en el ángulo que más le gustaba para permitir que la luz de la luna entrara en la mitad del cuarto, donde no estaba la cama. El resto era penumbras.
Harry dormía profundamente. Todo su cuerpo apretaba a Hermione en un abrazo posesivo y desesperado. Su varita estaba inclinada entre sus dedos, lista para ser usada a la menor provocación.
Hermione decidió no moverse. La respiración de Harry le llegaba como golpecitos tibios en el cuello, donde él había metido su rostro. Tardó minutos en comprender que aún traía puesto el collar que su amo le puso. La presencia de aquel objeto la llenó de ansiedad. Miró llorosa el techo. Se sintió perdida. Se tuvo que repetir que ya no tenía dueño. Ya no era una esclava. Ya no…
La convulsión de su llanto despertó a Harry de inmediato. Sus ojos se abrieron como un par de lámparas verdes que por un segundo se robaron la oscuridad de la habitación. Con un movimiento de la varita determinó que no había peligro, luego se giró de nuevo hacia su novia.
—¿Qué sucede? ¿Te duele algo? ¿Necesitas algo?
Hermione ocultó el rostro en la almohada. Apretó las manos en su cuello, por debajo del collar, percibiendo el relieve de la horrible cicatriz que le quedó tras su primer intento de escape. Eso le robó el aire. Un inesperado mareo la cubrió. No podía respirar. El pecho le dolía. Todo le dolía. ¡Estaba viva! ¡Había sobrevivido!
Harry se sentó en la cama, jalando a la bruja hacia su pecho para abrazarla.
—Respira. Respira, mi amor. Estás en casa. Respira. Respira. Todo está bien.
Pero era mentira. Nada estaba bien. El resto de sus amigos murieron frente a ella, en un segundo. Línea8 había reído una última vez al mirar el cielo, antes de ser asesinado. Cielo. Su palabra favorita convertida en la sentencia más horrible.
El plan falló. Prometió morir junto a ellos y destruir la guarida de su amo. Se sintió una traidora: ella también era una esclava, ¡tuvo que haber muerto con sus hermanos esclavos!
—¿Qué sucede, Hermione? —susurró Harry, acariciando su espalda— Dime, por favor, qué necesitas.
—Quiero… —su voz salió aguda y mal hecha.
—Lo que sea. Te lo cumpliré.
—...morir.
Todo el cuerpo de Harry se tensó. Hermione siguió llorando, consumida en los recuerdos de cada tortura, de cada instante bajo el yugo de Ljos. Pensó en sus queridos amigos, en que a pesar de las condiciones extremas que les impidieron relacionarse, aún así lograron la manera de comunicarse. De decir sus nombres. De compartir sueños, anhelos… terrores. De prometer que juntos se irían de este mundo donde era posible la esclavitud.
—No —el quejido de Harry la sacó de sus pensamientos. Él también lloraba—. No sé qué te pasó exactamente. Pero lograste salir de ahí por tu cuenta. Fue tu decisión volver a mí. No olvides eso, por favor. Volviste a mí.
Hermione escuchó el latido del corazón de Harry, tan sólido y grande. Se concentró en ese sonido, comprendiendo lo que él decía. Sintió que el mareo disminuyó. Sus pulmones volvieron a funcionar.
—Perdón —dijo avergonzada. No era verdad aquel deseo de morir. Sólo era culpa. La más grande de su vida.
Él negó, besando su frente —Iremos poco a poco.
Eso sonaba bien. Hermione sentía que cualquier presión terminaría por hacerla explotar. Levantó los brazos para atrapar a Harry. De ser posible, se acercaron más físicamente.
—Gracias por regresar —susurró Harry, después de un rato—. Perdón por no haber logrado ir por ti antes.
—Mi amo era fuerte. No había manera en que pudieras rastrearme.
Harry contuvo algo parecido a un gruñido furioso —¿Tu qué?
—Mi amo… Oh, Ljos. Ljos —repitió, haciéndose consciente de que aquel mago ya no era su dueño—. Está muerto.
—¿Quieres hablar de eso? —al ver el gesto de miedo en su novia, cambió el tema— Madam Pomfrey dijo que tenías que comer algo en cuanto despertaras. ¿Tienes hambre?
La pregunta le pareció increíble. Llevaba meses sin escucharla. Claro que tenía hambre. Sentía un hueco muy doloroso en sus intestinos, pero eso era normal. Además, no se merecía su plato del día. Había traicionado a su amo...
Harry subió una mano por la mejilla de su novia, levantando su rostro para verla directo a los ojos mieles.
—Hermione, estás en casa. Volviste.
La bruja miró con cuidado los ojos verdes que más amaba. Con lentitud, su mente se fue aclarando.
—¿Harry?
—Sí.
—¿Estoy en casa?
—Sí.
Pensó en todo lo que significaba eso. Había sobrevivido.
—Tengo hambre.
Eso hizo sonreír al mago. Hermione observó maravillada aquel gesto.
—Te traeré algo. Espera.
—¡No!
Sentirlo lejos de ella trajo de regreso la culpa y el miedo. Miró a cada esquina del cuarto, de pronto alerta. ¿Cuánto tiempo había pasado?
—Me deben estar buscando —dijo nerviosa, comenzando a temblar—. Aún quedan Merc...Merc… —ni siquiera podía pronunciar esa palabra—. Van a vengar a mi amo. ¡Me atraparán de nuevo!
Harry se recordó que tenía que ser el hombre más paciente del mundo en estos momentos, porque escucharla decir "mi amo" lo estaba volviendo loco. Tomó asiento junto a ella, apretando sus manos.
—Nadie te encontrará en Potter Cave. Tenemos el Fidelius encima.
—Eso no es nada —siguió ella sin calmarse—. Yo rompí el Fidelius de los Lovegood. Pueden tener otro esclavo con esa habilidad. Ningún lugar es seguro… ¡Debo irme! ¡Te estoy poniendo en riesgo!
Harry volvió a abrazarla, usando un poco más de fuerza de lo normal para intentar mantenerla en la cama.
—Escúchame, Hermione, nadie volverá a separarnos, ¿de acuerdo? Esta casa es segura. No sólo por el Fidelius. Primero tendrán que matarme antes de ponerte una mano encima. Lo juro.
—No digas eso. No los retes.
—Confía en mí.
—Pero…
—¿En serio quieres dejarme?
Eso la detuvo. Harry soltó un suspiro de alivio; por un momento pensó que tendría que usar magia para contenerla.
—No —susurró.
—Confía en mí.
Hermione miró con aprensión sus manos entrelazadas.
Harry decidió ser más claro.
—Cada día que pasé sin ti, entrené mi magia. Lo único que me motivaba era la idea de volverme alguien que mereciera estar a tu lado. Cree en mí. Soy capaz de cuidarte. Conmigo estás segura.
Besó las lágrimas de su novia, estrechándola mientras dejaba que su magia la reconfortara. Hermione permitió que aquel poder la cubriera: era cierto, Harry se había vuelto mucho más fuerte.
—¿Vale?
Ella asintió —Vale.
—Entonces… ¿me acompañas por algo de comer?
Se levantaron con lentitud. Harry escondió una sonrisa al notar que ella ni siquiera quería separarse de él para caminar. La había extrañado muchísimo.
Cruzaron el pasillo en pasos cortos. Hermione estaba recobrando un poco de su seguridad al caminar; tenía los músculos más fuertes de lo que recordaba.
Al llegar a la sala, ambos escucharon los ronquidos de Ron.
Hermione se detuvo, poniendo una mano en su boca al ver al niño rubio acostado sobre Ron, también dormido.
—Se han vuelto buenos amigos —explicó Harry—. Tu pequeño acompañante no ha querido decir ni una palabra. Antes permanecía escondido bajo la barra de la cocina. Luna y Ron se dedicaron a hacerlo entrar en confianza. Nos preocupa que lo único que quiere comer es fruta; ya intentamos todo lo demás. ¿Cuál es su nombre?
Hermione recargó su cabeza en el hombro de su novio, de pronto muy cansada por toda esa información.
—Logré sacarlo con vida. Cumplí la promesa a Punto3. Salvé a su hijo.
Harry se inclinó un poco antes de tomarla en brazos para cargarla. No le cabía en el cuerpo el orgullo que sentía por ella. Era increíble que no sólo había escapado por su cuenta, sino que había salvado a un niño también.
Hermione lo miró agradecida, sintiéndose más a salvo de esta manera. Miró por primera vez su ropa: traía puesta la pijama de franela que más amaba. Se dejó llevar por Harry hacia la cocina. Un hechizo fue suficiente para no despertar a Ron.
Harry la sentó en el banco más cercano al refrigerador. Tomó su mano y con la otra abrió la puerta para ver toda la comida que había —¿Qué quieres de comer? Hay… pasta, pizza, media hamburguesa, rollitos primavera… Ron se ha vuelto adicto a pedir a domicilio.
—¿Ron puede pedir a domicilio? ¿Sabe usar el teléfono?
—Te sorprenderá saber todo lo que ha aprendido a usar —masculló.
Hermione bajó el rostro —Supongo que han cambiado muchas cosas… —un beso inesperado de Harry la calló.
—Tenemos el resto de nuestras vidas para que te cuente exactamente qué pasó durante tu… ausencia. Pero primero, debes comer. ¿Qué se te antoja? La hamburguesa es una gran opción.
—Mi amo me prohibió comer carne. Tengo permitido comer frutas, algunas verduras y semillas. Y sólo después de terminar mis deberes.
Harry la miró con aparente calma, de nuevo sintiendo su corazón temblar de furia. Intentó sonreírle.
—Podemos respetar un poco esa dieta, después veremos cómo aumentarla, ¿bien?
—¿Aumentarla? Oh, claro —se sonrojó—. Puedo comer lo que sea ahora.
Sin soltar su la mano, Harry usó magia para preparar un plato con fruta y miel. La observó comer con desesperación, olvidando el tenedor que dejó a un lado. No dijo nada cuando ella casi lloró al probar la miel. Terminó el plato en segundos.
—¿Quieres más?
—¿Puedo comer más miel?
Le pasó el frasco de cristal y una cuchara. Hermione estuvo a punto de meter los dedos cuando mejor tomó el cubierto.
—¡Es tan dulce! —y sonrió.
Harry la abrazó. Ver la sonrisa de Hermione le daba sentido de nuevo al mundo.
—
Despertó de nuevo en los brazos de Harry. Se mantuvo quieta en esa posición un rato, acostumbrándose a la luz. Supo que él ya estaba despierto, y había dos presencias más en el cuarto. Estiró el cuello para asomarse desde el hombro de su novio.
Luna y Ron la miraban sentados en el par de sillas junto a la cama, con grandes sonrisas brillando en sus caras.
—Soy Ron Weasley y ella es Luna Lovegood —presentó.
Eso hizo reír a Luna.
—Idiota —dijo Harry con una sonrisa, girándose un poco para que Hermione pudiera verlos mejor. Ella se encogió en las cobijas.
Los tres la miraron, expectantes. Poco a poco, Hermione consiguió la seguridad para hablar.
—¿No estás molesta conmigo, Luna?
—¿Por qué? Salvaste mi vida y la de mi padre. No eres una asesina. Si los Mercenarios hubieran enviado a alguien más…
Fue obvia la reacción de la castaña ante la palabra "Mercenarios". Luna se aventó a la cama, tomando los hombros de Hermione para abrazarla.
Harry tuvo que pegarse a la cabecera para dejar que las brujas tuvieran su momento. Ron frunció el ceño.
—¡Hey! Yo también la quiero abrazar.
—Pues hazlo —respondió Luna.
El quejido de Harry al recibir el peso extra de Ron sólo causó más risas. Hermione permaneció callada y muy quieta. Tras un par de minutos, respondió el abrazo.
—¿Ron? ¿Qué le sucedió a tu brazo?
Ninguno se movió.
—Lo perdí hace un par de meses. Pero ya estoy bien. Contigo aquí, ya estoy bien.
Hermione deslizó su mano por la manga vacía y doblada del suéter del pelirrojo. Sus ojos mieles brillaron un por un momento.
De pronto, un niño rubio entró corriendo al cuarto.
—¡Cris! ¡Despertaste!
Aquel nombre la hizo temblar.
—Oh, por fin volvió a hablar —dijo Luna, feliz—. Sabíamos que no es mudo, pero se negó a decir una palabra hasta ahora.
Ron lo ayudó a subir a la cama —¿Qué es eso de Cris? ¿Por qué te llama así, Hermione?
—Es el nombre que mi amo me dio: Crisopeya.
Hermione estrechó a su pequeño ángel, sorprendida por la mejora de su cuerpo. Parecía más alegre, con un peso saludable, las mejillas rojas y el cabello limpio. También traía ropa de su talla, de textura fina. De no ser por sus ojos azules, no lo reconocería.
Harry le hizo un gesto a sus amigos para que no preguntaran sobre "su amo". El niño, mientras, empezó a hablar acelerado.
—¿Dónde estamos? Cumplí la promesa: no hablé con nadie que no seas tú. Pero ellos son buenos. Me dan de comer. También me presentaron a Crooky. Es un gato.
Hermione acarició los rizos rubios —Estamos en un lugar seguro, lejos de nuestros amos. Aquí puedes hablar con quien quieras.
El niño miró feliz a Ron —¡Hola!
—¡Hola! —respondió emocionado— Me da gusto que ya puedes hablar con nosotros. Fue muy difícil entenderte antes.
—No quiero irme de aquí. ¿Tenemos que regresar con nuestros amos? —preguntó el niño.
—No —dijo Harry—. Jamás.
—Cris, ¿es verdad?
—Mi nombre es Hermione —explicó, embargada por la realización de que nunca más tendría que usar el horrible nombre que su amo le dio—. Hermione Granger.
—
Los días pasaron. Harry aprovechó que eran vacaciones de fin de año en Hogwarts para pedir más apoyo de los DD. No quería separarse de Hermione hasta que estuviera más estable. Mientras, fueron resolviendo algunos misterios sobre su encarcelamiento y escape, a través de las conversaciones con Jake, como llamaron al pequeño amigo de Hermione.
Jake parecía rebasado de felicidad por el hecho de vivir con ellos. No paraba de hablar de todo y nada, descubriendo los detalles de un mundo que no sabía de su existencia. Aprendió a usar los cubiertos, a bañarse, a expresar sus sentimientos y a jugar.
Hermione pasaba cada momento disponible con él, enseñándole a leer y escribir. Tardó un poco en descubrir que Jake sólo comía la mitad del plato porque pensaba que la otra mitad la tenía que compartir con ella.
—Siempre me dabas la mitad de tu plato —dijo apenado.
Harry, de nuevo, intentó no verse tan furioso por esa información. Sabía que Hermione apenas recibía un plato de comida cada dos días; que además lo compartiera era terrible.
—Recuerda que mi nombre es Hermione. Aquí puedes comer todo lo que quieras. Yo también puede hacerlo.
Con eso, Jake también aprendió que incluso podía comer hasta empacharse.
Madame Pomfrey los visitó cada día, supervisando la mejora de Hermione y la salud de Jake. También hizo acopio de todo su conocimiento para ayudar a Harry, Ron y Luna a sobrellevar los cambios radicales de humor de Hermione, así como su obsesión de no separarse de Harry.
Hermione a veces pasaba horas sin hablar, metida en la cama, ignorando incluso a Jake. Otras, no paraba de moverse por la casa, de la mano de Harry, mientras hablaba sobre sus nuevos conocimientos sobre el cuerpo humano y la alquimia. Sin embargo, lo normal era verla enojada por alguna razón que no compartía. Sus ojos brillaban de dorado antes de responder irritada a cualquier cosa que le decían.
Harry no sabía cuál de esos humores era peor. Verla deprimida le rompía el corazón, pero escucharla hablar con tanta naturalidad de los experimentos que hizo en cuerpos humanos era perturbador. Por lo menos, aguantaba con mayor templanza cuando ella estaba enojada. Se convenció de que él merecía ese maltrato por no haberla rescatado.
Luna le explicó todo esto a madam Pomfrey, en una de sus últimas visitas.
—Es completamente normal. Lo más importante es mantenerla enfocada en el presente y recordarle que puede construir un futuro a su gusto. Si no manejamos con cuidado la culpa que siente por haber sobrevivido al resto de sus compañeros esclavizados, podría deprimirse. Eso también se traduce en episodios de furia o evasión. Me parece que su cuerpo terminó de curarse, es momento de poner a trabajar su mente. Hay que darle un propósito.
Luna asintió, apuntando todo para que Harry pudiera leerlo después. No querían que Hermione escuchara a Madam Pomfrey hablar así de ella.
—¿Qué hay de la Marca Oscura que tiene en el brazo, del collar de metal y del brazalete dorado?
—No es una Marca Oscura real. Parece el rebote mágico de un Morsmorde mal hecho. Le daré toda la información a Filius para que comience a trabajar en una contramaldición. Esa es su especialidad. Sobre el brazalete… Definitivamente ayudó a que ella sobreviviera todo este tiempo. Se ha alimentado de la magia de Hermione, a cambio de mantenerla viva a pesar de las torturas y la desnutrición que sufrió. Ahora es seguro quitárselo. El problema es que el brazalete siempre debe encontrar otro huésped.
—¿Es urgente quitárselo?
—Sí. El brazalete puede terminar de consumir toda la magia de Hermione. Por eso nadie quiere usar esa abominación. Comprendo lo desesperados que estaban los jóvenes Malfoy y Nott por usarlos, pero este ya no es el caso.
—¿Cualquiera puede funcionar como nuevo huésped?
—Sí, pero deben ser muy cuidadosos al elegir quién usará el brazalete. Su magia podría estar en juego.
Luna escribió eso, desanimada —¿Cuánto tiempo tenemos para quitarlo de Hermione?
—Un mes, máximo.
—¿Y el collar?
La Sanadora hizo un gesto de preocupación —Jamás vi algo parecido. Es un objeto de muy oscuro y poderoso material. No sé cómo removerlo sin matar a Hermione en el proceso. Seguiré investigando.
—Gracias por su visita, madam.
Despidió a la Sanadora y regresó a su escritorio. En él estaban la varita que trajo consigo Hermione, y la empuñadura de la espada de Gryffindor, ahora inútil. Harry no estaba enojado por ese detalle; prefería tener de regreso a su novia que contar con algo para destruir los Horcrux. El resto de los DD estaban enfocados encontrar la manera de hacerlo.
Luna guardó la empuñadura, luego tomó la varita. Por alguna razón le pareció conocida.
—Hey —saludó Ron, en la entrada de su cuarto—. ¿Todo bien con Hermione?
—Sí. Ya puedes dejar de hacer las pócimas para su recuperación. Madam Pomfrey dijo que es normal que esté tan triste y enojada, debemos ser pacientes. ¿Por qué sonríes así?
—Estaba pensando… Dijimos que lo mejor era no dormir juntos hasta que Hermione estuviera de regreso, por salud mental de Harry, pero…
Luna se sonrojó —Cierto. Bueno, pues ya volvió Hermione. Harry está mejor de salud mental. Y mi cuarto es muy frío en las noches…
Ron se inclinó para besarla —Y ese maldito sillón no es tan cómodo como parece…
Cerró los ojos al sentir los labios de Ron. Por un instante, imaginó lo que Harry debió sufrir al ver desaparecer a Hermione. Nunca podría soportar algo parecido con su novio. Lo abrazó con fuerza, profundizando el beso. Te amo, pensó. Ron la tomó de la cintura para subirla al escritorio, antes de seguir besándola.
Harry los encontró así. Estuvo un par de segundos viendo la forma ávida en cómo se besaban, luego se aclaró la garganta. Ellos brincaron, separándose.
—Hola —saludó, apenado. No estaba acostumbrado a verlos así.
Ron le sonrió como idiota —Hey.
—¿Y Hermione? —preguntó Luna, extrañada de no ver a la castaña prendada de Harry.
—Madam Pomfrey le dio su última pócima para dormir. Está en el cuarto con Jake.
Luna asintió —Perfecto. Así podremos discutir qué hacer con Hermione.
—Creo que está muy triste. A veces incluso tiene arranques de enojo. Necesitaremos algo enorme para sacarla de la cama. ¿Tienen alguna idea?
Ron respondió —Podría ayudarnos a buscar la forma de destruir los otros Horcrux. Siempre le ha gustado investigar. Además, es un poco su responsabilidad, ya que rompió la espada de Gryffindor.
—¿Es buena idea explicarle eso?
Luna lo pensó un momento —Creo que entre más pronto empecemos a tratar a Hermione como siempre, mejor. Ella debe saber qué ha ocurrido con los Horcrux y los DD hasta la fecha. Puede que incluso piense en algo que no se nos haya ocurrido.
—A favor.
—Siempre estás a favor de lo que dice tu novia, Ron.
—Como si tú fueras diferente, Harry.
—Es que son un par de magos muy listos. Hermione y yo siempre tenemos la razón, ¿para qué contradecirnos?
Harry sonrió. Esperaba que muy pronto su novia formara parte de la nueva dinámica dentro de Potter Cave.
—
Hermione miró sin atención las minutas de cada reunión de los DD, que Luna le acababa de dar, mientras seguía escuchando lo sucedido durante su secuestro. No le dolió la muerte de Umbridge, pero se sintió mal por Neville. Intentó no interrumpir la narración de Harry y Ron, a pesar de tener decenas de preguntas sobre cada detalle. Le costó trabajo imaginar que la Orden del Fénix ya no existía, que sus pocos integrantes ahora eran DD. Era una pesadilla que Lucius fuera el nuevo Ministro de Magia. Fue extraño verlos reír por el triángulo amoroso en el que Neville estaba metido con Hannah y Cho Chang. Por lo menos habían logrado matar a Nagini, además de conseguir la diadema de Ravenclaw y el guardapelo de Slytherin. El problema era que no tenían manera de destruirlos ahora que ella misma había deshecho la espada de Gryffindor. Pero ninguno la culpaba, y les parecía un sacrificio mínimo a cambio de que ella hubiera escapado.
Sin embargo, Hermione no estaba de acuerdo, y la culpa sólo aumentó. Tuvo que seguir escuchando la nueva organización de los DD, lo cual la sorprendió por su congruencia e inclusividad. La llenó de frustración saber que ella no tuvo ninguna injerencia en esa nueva administración, a la vez que le dolió ver a Ron tan maduro y eficiente. ¿Su cambio de carácter se debía a la pérdida del brazo derecho? Sintió un profundo orgullo por Ron al haber salvado a su madre, aunque le costó el brazo. Por su parte, la presencia de Luna entre Harry y Ron era brillante, como un seguro que los mantenía firmes aunque obviamente parecían nerviosos de reportarle todo lo sucedido. ¿Tenían miedo de que ella los juzgara?
Por encima de todo eso, el tono de voz y las reflexiones de Harry sobre los últimos meses tenían a Hermione asombrada. No quedaba rastro del adolescente pasivo que rescató de Privet Drive, ni del joven lleno de alegrías inmediatas que pasó sexto curso en Hogwarts besándola entre clases o riendo a su lado. Harry estaba cansado, era distinguible en la palidez de su piel, pero se veía más fuerte y decidido que nunca. Había terminado de tomar su lugar como líder de los DD, Elegido y futuro salvador del mundo mágico. Explicaba las estrategias que había desarrollado con Shacklebolt, los hechizos pendientes que Flitwick le debía, la gestión de los refugios para quienes escaparon de Voldemort bajo la promesa de que Harry se haría cargo de ellos.
Hermione pensó, avergonzada, que durante los meses de su secuestro soñó varias veces con la victoria de Voldemort y, por consiguiente, el asesinato de Harry. Creyó que la guerra tomaría un rumbo siniestro. Pero había sucedido lo contrario: se responsabilizaron de sus actos, maduraron e incluso se unieron más. Sin ella.
Tal vez Luna era mejor para Harry y Ron de lo que ella alguna vez lo fue.
—Eso es todo. Han sido meses complicados —dijo Ron.
Harry se apuró en agregar —Nada en comparación de lo que tú has vivido, por supuesto.
Ron se sonrojó —Sí, no quise insinuar… Lo lamento.
Hermione asintió, apretando los pergaminos repartidos en la cama. Miró la lista de los Horcrux, repitiendo en su cabeza cómo fue que los consiguieron.
—Dicen que el guardapelo estuvo perdido un tiempo, ¿cómo lo recuperaron? ¿Quién lo tenía?
Luna miró expectante a los magos. Después de unos minutos en silencio, Hermione también levantó la mirada para verlos. Parecían muy nerviosos.
—Quizá eso debemos dejarlo para después —comentó Harry—, cuando estés recuperada por completo.
—A favor —susurró el pelirrojo.
Sospechoso.
—Bien. Puedo ayudar con la investigación sobre los Horcrux —dijo Hermione, indispuesta a quedarse en cama cuando todos trabajaban para terminar con la guerra. Tenía que demostrar que aún valía la pena tenerla en Potter Pembroke… Potter Cave.
Estuvo a punto de mencionar que Harry y ella podían ir a la biblioteca de Hogwarts para comenzar la investigación, cuando cayó en cuenta de que su novio no tenía tiempo para eso. Él era el líder de los DD. Ni siquiera debió permanecer con ella, encerrado en Potter Cave todo ese tiempo. Seguramente Harry había tenido que delegar muchas de sus responsabilidades por haberla cuidado desde su regreso.
Luna habló —Cho y Bill están a cargo de esa misión. Les pediré que vengan a la casa para hablar contigo.
—No —pidió Hermione, soltando la mano de Harry por primera vez desde que despertó—. Puedo ir a verlos a donde quieran.
Harry intentó no volver a tomar su mano, desesperado por reiniciar el contacto físico. De alguna manera, la actitud dependiente de Hermione lo había curado un poco del horror de su secuestro. Sentía que de verdad estaba con él. Pero era obvio que su novia no quería mantener esa dinámica. Hermione era demasiado terca e independiente para querer estar a su lado todo el tiempo.
—¿Segura quieres salir de casa? —preguntó preocupado. El último intento de algo parecido fue cuando Ron los invitó a la Madriguera porque Molly deseaba ver a Hermione. Habían entrado a las llamas verdes, gritando el destino cuando Hermione brincó de nuevo dentro de Potter Cave, llorando de miedo.
No había querido salir de la cama desde entonces, menos del departamento. Ni siquiera la pudieron convencer de subir a la azotea a tomar un poco de sol. Hermione se negaba a "ver el cielo", al punto de que mantenían todas las cortinas de la casa cerradas.
—Claro.
Estaba mintiendo. Harry la conocía bien.
—De acuerdo —la besó en la frente, dándole oportunidad de probar lo que ella necesite. Si fuera por él, Hermione jamás volvería a salir de Potter Cave. No hasta que él mismo se encargue de desmantelar a los Mercenarios Exóticos sobrevivientes.
Luna le ofreció una carpeta diferente a Hermione —Creo que esto también te interesará…
Harry pareció enojado —Acordamos que eso no…
La rubia lo miró sin dudas en su rostro serio —Esa no es tu decisión, sino de Hermione. Esto ahora es parte de su vida.
Hermione abrió la carpeta con las manos temblorosas. Era el archivo que el Departamento de Misterios recabó sobre los Mercenarios. Reconoció varios amos entre las fotografías, e incluso a algunos esclavos. La cantidad de magos y brujas secuestrados era muy superior de lo que ella imaginó. Ljos fue uno de los caudillos de los Mercenarios, pero había registro de otros doce en su misma posición, cada uno con al menos veinte esclavos. La red de los Mercenarios era internacional, con una guarida en los principales puntos del mundo.
Su respiración se agitó al ver su propia fotografía: Hermione Jane Granger (sangre sucia) – Vendida. Esa palabra no hacía justicia para lo que realmente le pasó. Ella no fue vendida. La secuestraron y torturaron mientras la entrenaban para ser una asesina sin identidad.
Pasó la página sólo para encontrar la fotografía de Punto3, la madre de Jake. Su verdadero nombre era Kate Stevenson. Fue vendida a los quince años de edad. Eso quería decir que estuvo secuestrada diecinueve años. La investigación de su paradero era de las más activas, ya que Rachel Stevenson, su madre, no había reparado en dinero o tiempo para que el Ministerio diera con ella.
Eso quería decir que Jake tenía una abuela.
De manera automática, miró al niño rubio acostado junto a ella, coloreando un cuaderno de dibujos que Luna le dio. Su ángel.
Volvió a pasar las páginas hasta llegar a la fotografía que tanto deseaba ver: Línea8. Pudo reconocerlo gracias a su alta educación en el cuerpo humano. Ese jovencito de la fotografía era, sin dudas, Línea8. Su nombre era Wilberg Rochester, un sangre pura perteneciente a una familia muy acaudalada y fina de Escocia. Su búsqueda se cerró cuando el nuevo heredero de la fortuna Rochester cumplió la mayoría de edad; sin duda no le convenía que su primo mayor regresara a reclamar el dinero. Por algo tan frívolo, Wilberg estuvo casi toda su vida bajo la tortura de los Mercenarios.
Sus lágrimas mojaron la fotografía de Wiberg. Se veía tan joven e inocente; no tenía más de 16 años cuando fue secuestrado. Era normal, entonces, que no recordara cómo era el cielo.
Siguió llorando mientras abrazaba la fotografía. Sabía que sus amigos estaban aún en la habitación, en silencio. Jake no reaccionó al verla llorar: era normal para él.
Hermione lo tomó en brazos, mirando sus grandes ojos azules.
—Jake, ¿quieres salir de aquí? —preguntó angustiada. No se había dado cuenta que rescató a ese niño de un encierro eterno sólo para hacerle lo mismo en Potter Cave.
—¿Para qué?
—Para ver el cielo, jugar en el pasto, sentir el sol...
El niño se encogió de hombros —Quiero estar donde tú estés.
Eso no era suficiente. Jake no añoraba la libertad porque ni siquiera la conocía. Hermione pensó en Punto3, Kate Stevenson, y todo lo que ella hizo para sobrevivir el parto y luego mantener vivo a su hijo. No podía fallarle.
—Vamos —susurró, saliendo de la cama mientras cargaba a Jake.
Harry, Ron y Luna la miraron alarmados, preguntando qué planeaba. Por suerte, ninguno quiso detenerla, sólo la siguieron.
Hermione subió las escaleras del loft, sintiendo a Crookshanks acompañarla cada escalón. Llegó a la puerta que daba la azotea y tuvo un mareo espectacular. La simple idea de salir era atroz para su pobre corazón.
Harry enseguida la sostuvo de la cintura, ayudándola con el peso de Jake, quien los miraba confundido.
—Tranquila. Tú puedes hacerlo. Yo estaré aquí contigo, cuidando de ambos.
La castaña respiró profundo, como tantas veces Luna practicó con ella en los últimos días. Se calmó lo suficiente para mover la mano y abrir la puerta. La luz blanca del día decembrino le ardió en los ojos, pero el viento fresco la llenó de energía.
Salió a la azotea, observando los adoquines y la barda de madera blanca. Ahí estaban las mesas y sillas para tomar el sol. Le pareció extraño que la alberca estuviera vacía, luego recordó que ahí mataron a Nagini. Supuso que nadie quería meterse a nadar después de eso.
Caminó hacia la cornisa. Miró la Universidad de Cambridge a lo lejos y la calle transitada que rodeaba Potter Cave.
—¿Qué es eso? —señaló Jake.
—Automóviles.
—¿Y eso?
—Un perro.
—¿Y eso?
Hermione contuvo un sollozo —Luces navideñas.
Las tiendas y los pórticos de las casas estaban iluminadas con las pequeñas luces. Eso también la sorprendió. Había olvidado la navidad. Jake ni siquiera conocía ese concepto.
Siguió respondiendo cada pregunta de su ángel. Estuvo ahí durante horas hasta que un copo de nieve la distrajo.
Harry había permanecido detrás de ellos, como un guardián que no perdió detalle de cada movimiento alrededor de Potter Cave. Había puesto un hechizo sobre Hermione y Jake para que no tuvieran frío mientras platicaban. Crookshanks permaneció a su lado, imitando un poco su actitud protectora.
Ron y Luna habían tomado asiento del otro lado de la azotea, mirándolos con cariño.
—Está nevando —dijo Hermione.
—Es frío —mencionó Jake al tocar el copo. Hizo un gesto de desagrado—. No me gusta el frío.
Harry estuvo a punto de aparecer un par de guantes cuando quedó paralizado al ver lo siguiente: su novia estiró la mano y, de pronto, todos los copos que caían del cielo se suspendieron en el aire, explotando en relámpagos multicolores llenos de magia. El espectáculo sólo fue superado por el movimiento brutal del viento convertido en energía. Donde antes habían copos de nieve, ahora un montón de mariposas revoloteaban; las orillas de la azotea se llenaron de pasto fresco; la temperatura subió varios grados. Raíces crecieron entre los adoquines hasta convertirse en árboles maduros llenos de frutas. La alberca estalló en luz antes de crear un estanque natural con pequeños peces koi. Flores tropicales adornaron la barda de madera.
—¿Así te gusta más? —preguntó la Alquimista, como si modificar el ambiente y crear vida fuese un simple capricho para consentir al niño en sus brazos.
Jake sonrió —¡Sí!
Ron, sin dejar de mirar el pasto entre sus pies o las pequeñas mariposas, resumió exactamente lo que Harry estaba pensando:
—Mierda completa. Hermione ahora es más aterradora.
—
—No son mariposas reales —dijo Luna tras examinar el pequeño insecto en su escritorio—. Es un constructo mágico. No puedo decir lo mismo de las flores y las frutas —se deslizó en su silla hacia la otra esquina del escritorio, donde había un tulipán y dos manzanas. Ajustó mejor sus lentes morados—. Son reales.
Ron, echado en la cama de su habitación, soltó un suspiro —Parece que estuvo practicando mucho.
Harry asintió —Madam Pomfrey estaba muy incómoda de tratar a Hermione. No le gustó su nivel de control alquímico. Me dijo que era poco ético lo que hizo en los cuerpos de Luna y el señor Xenophilius. Va en contra de su juramento como Sanadora siquiera pensar en lo que Hermione realizó a nivel celular con ellos.
Luna lo pensó un momento —No recuerdo algún registro de que Dumbledore fuera capaz de algo así. Aunque la alquimia no era su especialidad, a diferencia de Flamel. Nos falta mucho por aprender de esa materia. Quizá Hermione sólo está haciendo alquimia básica, pero como no tenemos un referente, nos parece increíble.
—Es increíble —soltó Ron, girando hacia hacia—. No usó varita. No utilizó piedras como las que hizo en sexto grado. Ni siquiera entiendo qué usó a cambio de esa transmutación. Hermione nos dijo que la alquimia era siempre un intercambio equivalente. ¿Vieron el pago para crear esa… primavera?
Ambos negaron. Harry siguió hablando.
—He intentado que ella me cuente un poco sobre lo que vivió durante su secuestro. No ha sido fácil. A veces se deprime, otras se enoja mucho cuando le pregunto. De lo que me ha dicho, su motivo de existir era estudiar alquimia para servir a Ljos. Todos los días practicaba y respondía exámenes o pruebas. Si no pasaba… —desvió la mirada— Creo que la torturaban.
Quedaron un momento en silencio. Finalmente, Luna dejó ir la mariposa falsa del frasco donde la encerró.
—¿No piensan decirle sobre Prudence Parkinson? —preguntó.
Harry y Ron se tensaron.
—Después —susurró el moreno.
—Ella tiene que saberlo en algún momento —comentó Luna—. No es bueno que le guarden secretos. Además, el Horcrux los estaba controlando. No la traicionaron realmente.
—Eso díselo a la Alquimista capaz de crear árboles y flores en un segundo. No quiero verla enojada, gracias —chistó Ron.
Harry asintió —O peor: lastimarla. Imagina lo que sentirá al saber que Prudence durmió en nuestra habitación…
—Será peor cuando se entere a través de alguien que no sea ustedes —insistió la rubia.
—¿Tú le piensas decir? —preguntó su novio.
—No es mi secreto. Pero les advierto que la verdad siempre sale de una u otra forma.
Harry temió que aquellas palabras se hicieran realidad.
—
Kingsley sólo necesitó dos horas en la misma habitación que Hermione Granger para detectar un algunas de cosas en extremo preocupantes.
Reconoció los síntomas que varios colegas Aurores experimentaron tras algún suceso traumático en el campo de trabajo. Granger tenía un ligero temblor en los labios que iba y venía; su mirada permanecía dilatada, expectante, llena de culpa; más de la mitad de su atención estaba lejos del presente. La poca seguridad que le quedaba dependía de Harry. Si él se movía, ella también. Si él hablaba, ella prestaba atención. Kingsley consideró peligroso que el líder de los DD estuviera expuesto a alguien con ese nivel de trastorno y dependencia.
Revisó el informe de madam Pomfrey. El diagnóstico de la Sanadora era desalentador. Según ella, Granger debería ser atendida por un especialista para superar el trauma de su secuestro, y luego tenía que rendir cuentas ante el Ministerio por uso indebido de magia sobre humanos. Eso último era alarmante. Cualquier aplicación mágica que manipule materia orgánica era catalogada como oscura. Si Lucius no estuviera en el poder, si el Ministerio fuera la institución de justicia e imparcialidad que debería ser, entonces Granger iría directo a Azkaban.
Un vistazo a Harry le hizo saber que aquel supuesto ni siquiera se intentaría poner en práctica. Sentenciar a Granger era lo mismo que suplicar al Elegido que declare la guerra al Ministerio. No sólo él. Luna y Ron harían lo mismo por Granger. Y, si la actitud de Katie Bell, los gemelos Weasley, Neville Longbottom y Hannah Abbott eran ejemplo de la opinión del resto de los DD, incluso ellos impedirían que algo así ocurriera.
Lo curioso era que Granger parecía no darse cuenta de esto. Era transparente su miedo y angustia por convivir de nuevo con tantas personas. Prefirió guardar silencio durante casi toda la junta, brincando un poco cuando alguien alzaba la voz, algo muy común durante las reuniones.
Si le hubieran preguntado a Kingsley si le parecía conveniente que Granger estuviera en la junta, habría respondido que no. Claro, a nadie se le ocurrió algo tan estúpido, ¿cómo negarle el derecho de asistencia a una de los fundadores de los DD? Pero era riesgoso tenerla ahí, escuchando, aprendiendo… ¿y si decidía traicionarlos? Harry no la rescató, podría tener un resentimiento con él por eso. Aquella emoción estaba destinada a volverse odio tras ver el avance que los DD lograron sin ella, sin gastar tiempo ni recursos en salvarla.
Lo único que calmaba un poco a Kingsley era saber que Granger era incapaz de dejar Potter Cave. Supo que hace un par de días intentó ir a Hogwarts para ayudar a Chang y Bill Weasley, sólo para desmayarse de miedo en la oficina de McGonagall. Mientras continuara con TEPT y su dependencia a estar junto a Harry, no representaba un peligro. Sin embargo, decidió vigilarla de cerca. No podía contar con el juicio de Harry para esto, y era su responsabilidad como adulto y segundo al mando de los DD velar por la seguridad de la resistencia contra Voldemort.
—
—Tengo que ir. ¿Estarás bien? —susurró Harry, de nuevo.
Hermione apretó sus manos, conteniendo el desesperante deseo de llorar. Asintió, sonriendo sin ánimo.
—Ten cuidado, por favor.
—Volveré. Sólo serán un par de horas.
—Lo sé.
—Ron se quedará contigo. La casa tiene todas las protecciones que fui capaz de colocar. Cerraremos la conexión flu hasta que regrese. Nadie podrá ingresar a Potter Cave en este tiempo.
Volvió a asentir. Harry la abrazó.
Ron y Luna ya se habían despedido, así que aguardaban en silencio junto a la chimenea encendida. Ella traía puesto el traje de combate que los DD comenzaron a utilizar tras el episodio en Time Square; las escamas de dragón relucían por el fuego verde, acentuando la figura de Luna.
El hecho de que Ron estuviera más preocupado por la estabilidad emocional de Hermione, que por del uniforme súper pegado de su novia, era prueba de sus nuevas prioridades. Él traía puesto su jersey y un pantalón de mezclilla, ni siquiera se cambió las pantuflas por un par de zapatos decentes. Sabía que su papel como DD ya no era el de salir a misiones suicidas.
Su papel era mucho más importante.
En cuanto Harry y Luna desaparecieron en la chimenea, Ron apagó el fuego y selló del departamento. Miró a Hermione: parecía un fantasma desolado, con los ojos brillantes perdidos.
—El plan es excelente —le recordó, acercándose—. Van protegidos, van acompañados de varios profesores de Hogwarts e incluso de Aurores renegados que desean liberar a esas personas. Volverán a salvo.
Hermione se quitó antes de que él pudiera tocarla. Desde el abrazo que se dieron cuando ella despertó, no habían vuelto a tener contacto físico. Ella fue al sillón más cercano a la chimenea, tomando asiento. Ron escogió la silla de madera tallada que estaba del otro lado de la sala.
—Pero los dementores…
Ambos sabían que ese era el peligro real. Lucius Malfoy había colocado en Azkaban a todos los dementores disponibles del Reino Unido; quería hacer sufrir de la peor manera a los hijos de muggles que encarceló injustamente. Esa también era la principal razón por la que no podían seguir aplazando el rescate. Harry y Shacklebolt fueron muy claros en que destruir Azkaban era un paso importante en la resistencia contra Voldemort y el Ministerio corrupto.
Hermione tuvo que escuchar todo eso en la última junta de los DD. Aún sentía cierta molestia al recordar la suntuosa sala de juntas que McGonagall creó en Potter Cave. Era como si su casa ya no fuera suya, sino de los DD. Creyó que regresar a ese departamento le traería paz, pero sólo era una burla a la vida que le arrebataron, a la inocencia que ya no existía, a la familia que la abandonó.
Se sostuvo la cabeza, cerrando los ojos. No. Nadie la abandonó. Ese era un pensamiento tóxico y falso creado por la culpa, el odio, la pérdida y el miedo. Ella misma había revisado los apuntes de Luna: cada intento desesperado que hicieron por encontrarla y salvarla.
—¿Quieres té con miel?
La voz de Ron la distrajo. Aceptó la ofrenda de paz, sabiendo que lo había lastimado cuando no dejó que la tocara. Pero no quería explicarle cuánto le dolía verlo sin su brazo derecho, cuánto se culpaba ella por eso. Lo observó moverse por la cocina–convertida–en–laboratorio–de–pociones. Notó la desviación de su espalda al intentar equilibrar la falta de peso en su lado derecho.
Minutos después, recibió la raza humeante. Era su té favorito. ¿Desde cuándo Ron era tan atento a esos detalles?
—No habíamos tenido oportunidad de estar sólo tú y yo —dijo el pelirrojo, sentándose. Hermione volvió a revisar el movimiento chueco para equilibrar su peso y la taza caliente.
—Quieres decir que no me había querido separar de Harry en todo este tiempo.
Él sonrió —Eso también. ¿Te importa si conversamos? Quiero aprovechar la oportunidad para… —se aclaró la garganta, de pronto pálido— Pedirte una disculpa.
Hermione lo miró expectante —¿De qué hablas?
—Era mi deber estar contigo. Me refiero a la noche que atacaron Hogwarts. El plan era que tú y yo permaneciéramos juntos, porque nuestras habilidades se complementan y porque así Harry estaría tranquilo de que tú y yo nos cuidaríamos las espaldas. Pero preferí irme con Luna. Lo lamento.
Oh.
—Eso no cambia nada. Debí quedarme en el Gran Comedor, con Neville y los demás, pero preferí ir a buscar a Harry. No fue tu responsabilidad.
Ron asintió —Eso era lo otro que quería decirte —dejó la taza en la mesa de centro, salpicando un poco de su contenido—. Estoy muy, muy, enojado contigo.
Hermione sintió un escalofrío. Su amigo jamás había dicho eso sin gritar o sin hacer un berrinche descomunal. La forma en cómo pronunció esas palabras fue devastadora. Por un momento, creyó que ese hombre no era el mismo adolescente desgarbado y simplón que conocía.
—Rompiste tu promesa.
—¿Qué promesa?
Ron soltó un bufido —Claro que no lo recuerdas.
La amargura en sus palabras era profunda. Hermione parpadeó varias veces. Comprendió que llevaba días siendo tratada como una princesa intocable y caprichosa. Harry se desvivía por consentir y aguantarle todo. Incluso Luna había encontrado la manera de perdonarle sus desplantes. Ron, en cambio, había permanecido muy silencioso, observándola desde su caldero en la cocina. Parece que había esperado por el momento ideal para confrontarla; es decir, el instante cuando Harry no estuviera ahí para detenerlo.
En vez de sentirse ofendida o en peligro, Hermione se llenó de una curiosa emoción.
—¿Por qué no me recuerdas la promesa? —chistó, poniendo su taza de té en la mesa, con más fuerza de la necesaria.
Los ojos azules de Ron se detuvieron en ella —"Nos veremos después de que acabe el ataque". ¿Y bien? ¿Por qué demonios dejaste que el imbécil de Malfoy te llevara, sabiendo que habías hecho esa promesa conmigo?
Por Merlín.
—¡Estaba inconsciente!
—¿Por qué?
—¡Porque Dolohov casi me mata!
—¿Y? ¿Por eso rompiste tu promesa?
Hermione se levantó del sillón, incrédula y furiosa —¿A qué quieres llegar, Ronald?
—A que fuiste una bruja egoísta. Sabías tu lugar. Sabías todo lo que significas para Harry. Sabías que yo te estaría esperando. Pero preferiste confrontar a Dolohov, sacrificarte, casi morir. ¿En qué mierda pensabas?
—¡Harry estaba herido!
—¡Porque Dolohov casi vuela la torre, porque tú lo confrontaste!
—¡Él me lo debía!
—¡Arriesgaste todo por el odio que le tenías! Pudiste haberlo atrapado, pudiste escapar con Harry.
—No fue así —dijo la castaña, confundida—. Todo pasó muy rápido, también estaba Snape ahí…
—¿En serio no tuviste una oportunidad para escapar con Harry?
Hermione recordó vagamente aquella noche. Supo que si no hubiera gastado tanta energía en transferir su cicatriz a Dolohov, hubiera podido aprovechar el momento para atacar e ir por Harry. Pero le ganó el odio, la sed de venganza… Si no hubiera humillado a Dolohov, él no habría reaccionado con el Morsmorde. Ella habría podido escapar con Harry.
Ron soltó una carcajada cruel y amarga —Lo sabía.
—¿Qué te importa? —siseó llena de culpa y arrepentimiento. Se limpió las lágrimas con el dorso de su mano, temblando— Yo sufrí las consecuencias, ¿no? Casi muero. Tengo la Marca Oscura en mi cuerpo, aunque es falsa. No me puedo quitar este maldito collar ni el brazalete. Fue mi error y lo estoy pagando. ¿Feliz?
—¡No! ¡Estoy furioso!
El grito de Ron la hizo brincar. Un miedo aprendido le indicó que debía bajar el rostro, hincarse y suplicar por su vida. Pero este no era Ljos, sino Ron. Se obligó a mantener el temple y verlo mientras seguía gritando.
—¡No tenemos el privilegio de venganzas personales o de creer que nuestros errores no afectan a los demás! ¡Tu prioridad debió ser sacar a Harry de ahí! ¡Él es nuestra única esperanza! ¿Crees que tu secuestro no jodió su vida? ¿La mía también? ¡Éramos los tres! ¡Tú me dijiste que siempre seríamos los tres!
—¡No es mi culpa que me hayan secuestrado!
—¡Lo sé! ¡Pero tampoco es nuestra culpa que hayas decidido buscar venganza esa noche! ¡No es nuestra culpa que no te hayamos podido rescatar!
—No los culpo…
—¡Mentirosa! —Ron caminó hacia ella, quedando a centímetros de distancia— ¡Harry no está aquí, así que dilo! ¡Nos culpas! Sé cómo nos miras. Qué piensas. Crees que te olvidamos, que cambiamos tu casa, que te reemplazamos...
Hermione lo empujó —¿No es así? ¡Luna ha demostrado que es mil veces mejor que yo para ustedes!
—No te confundas —siseó, defendiendo a su novia—. Sin ella nos habríamos vuelto locos, sin ella no habríamos podido seguir a pesar de tu secuestro…
—Ya, es lo que digo. Luna demostró que yo no sirvo para esto, que sólo causé más preocupaciones para Harry. Permití que mi venganza me alejara de ustedes. No sirvo para nada.
Ron tomó la mano de Hermione, llorando. Poco a poco, la puso en el muñón de su hombro.
—¿No lo entiendes? —sollozó— No tenemos el privilegio de sentir pena por nosotros. Harry nos necesita. Somos lo único que lo mantiene firme en esta maldita guerra. Él ha avanzado y aceptado más responsabilidades. Es nuestro líder. Soy su mejor amigo. Tú eres su pareja. Necesito que recuerdes eso, porque verte deprimida o enojada por lo que te pasó sin que nos dejes ayudarte es lo último que Harry merece.
Hermione sintió la carne doblada debajo de la camisa de franela. También comenzó a llorar.
—No puedo, Ron. ¿Cómo olvidar lo que viví con mi amo? ¿Cómo voy a superar que no salvé a mis amigos esclavos? ¿O que los abandoné a ustedes en plena guerra? ¿Qué se supone que debo hacer ahora?
—No sé —la abrazó, sintiendo que todo volvía a su lugar. Hermione, su hermana, estaba de regreso en casa—. Pero danos la oportunidad de pensarlo contigo. Esto lo debemos superar juntos. No estás sola.
—Maduraste tanto —dijo escondida en su pecho—. Luna te ha hecho mucho bien.
—No. Tuve que madurar porque te perdí. Tuve que convertirme en quien soy ahora porque te lo debía, porque necesitaba mantener cuerdo a Harry, porque no perdí la esperanza de que un día te iba a reclamar que rompiste tu promesa.
Hermione soltó una risa/llanto —¿Tanto deseabas reclamarme?
—Claro. Sabía que ibas a volver con nosotros. Lo sabía.
—Eres raro, Ronald.
—Tú también, Hermione. Y aterradora, ¡joder con tu alquimia! Eres increíble.
—¿De verdad lo crees?
—Obvio.
Siguieron abrazados en silencio, durante varios minutos. Luego Hermione se paró de puntitas para besar la mejilla del pelirrojo.
—Gracias por tratarme como si nunca me hubiera ido.
—En todo caso, ¿qué te parece si me preparas algo de comer? ¿Sabes lo que cansado que es hacer todo con un brazo?
Giró los ojos —¡Pobre de ti!
—Eso sonó muy sarcástico.
Recibió un golpe en el pecho. Sonrió. Fueron a la barra de la cocina y juntos comenzaron a preparar un plato de emparedados. Crookshanks brincó junto al frasco de mayonesa, esperando el momento para darle una lamida.
Hermione se concentró en cortar el pan, lentamente. Tardó en agarrar valor antes de hablar.
—¿Cómo estás tan tranquilo aquí, sabiendo que Harry y Luna fueron a la batalla sin nosotros?
Ron se recargó en la barra, pensativo —Supongo que me acostumbré a aceptar que tenemos responsabilidades distintas. Y sé que Harry no permitirá que algo malo le pase a Luna. Confío en él.
—Ya veo.
—Harry ha mejorado mucho. Es un mago extraordinario.
Eso la hizo sonreír —Confiaré en él.
—Además, es la primera vez que ellos salen a una misión y yo me quedo haciendo algo más importante.
—¿A qué te refieres?
Ron la miró con seriedad y cariño —Harry sabe que si alguien se atreve a entrar a Potter Cave antes de que ellos regresen, yo mataré sin dudarlo. Te lo juro, Hermione, jamás dejaremos que te alejen de nosotros. No de nuevo.
Ella dejó el pan y el cuchillo. Bajó el rostro, conteniendo más lágrimas que ya la tenían harta por hacer obvia su debilidad. En ese momento, el crujido de dos apariciones la asustó.
Harry y Luna estaban en la entrada del departamento. Tenían una capa de polvo encima del uniforme empapado. El rostro del moreno estaba salpicado de sangre.
Ron los apuntó con la varita. Ellos alzaron las manos.
—La clave.
Luna respondió —Los rollitos primavera son la mejor comida del mundo.
Hermione los miró incrédula —¿En serio?
Harry corrió hacia ella, cargándola en brazos mientras la besaba. Hermione escuchó que Ron y Luna hacían algo parecido. Pudo oler la tierra y la sangre en su novio. Tenerlo a salvo, de vuelta, era todo lo que necesitaba.
Se separaron un momento para recuperar aire. Harry la miraba con adoración.
—Todo salió bien.
—Te extrañé.
—Yo más. Fue horrible estar lejos de ti.
Hermione enterró su rostro en el cuello del mago. Pensó que era en parte su culpa el no poder acompañarlo a misiones.
Culpa.
Ya estaba muy harta de esa palabra.
—¿Bill qué? —chistó Ron, atrayendo su atención.
Luna, colgada de él sin dejar de sonreír, siguió hablando —Perdió la nalga izquierda. ¡Fue muy gracioso! Claro, después de que confirmamos que no era una herida mortal.
Harry asintió —No hubo más heridos.
Ron los miró muy serio —¿Saben lo que esto significa? Debo iniciar un club.
—¿De qué? —preguntó Hermione.
—De los Weasley's incompletos, obviamente. Fred sin oreja, yo sin brazo, Bill sin nalga. Es perfecto.
Quedaron en silencio.
—¿Qué? ¿Muy pronto? —dijo Ron.
Harry brincó al escuchar la carcajada de Hermione. La observó atónito por aquel despliegue casual de alegría.
Luna empezó a reír sin control y tuvo que poner la mano en su boca, porque estaba llena de emparedado. Eso hizo reír más a Hermione. Ron se les unió, confundido, pero feliz.
Harry también se permitió reír por primera vez en ocho meses.
La risa de los cuatro duró minutos, mezclada con lágrimas de alivio. Luna jaló a Ron para abrazar a los otro dos. Hermione remató el chiste del pelirrojo con un comentario irónico. Rieron más fuerte.
