CAPÍTULO 21

Los días siguieron pasando y se convirtieron en semanas. Semanas en las que Sasuke parecía una bestia enjaulada en el trabajo. Todos sabían que tenía mal genio, y que cuando este se desataba podía llegar a ser muy temido; solo que nunca lo habían visto en un período tan prolongado.

Cuando alguien se le acercaba para saludarlo, su mirada causaba que el osado se arrepintiera en ese mismo momento, y antes de recibir respuesta y sin disculparse, daba media vuelta y desaparecía lo más rápido posible. Actitud que no se limitaba a sus empleados. Un oficial de policía fue despedido y reintegrado al día siguiente por multar al presidente de UchihaWorld Company, al saltarse una señal de alto y exceder por mucho el límite de velocidad.

Sasuke gritó, maldijo e incluso pateó su amado auto, y sin tener la conciencia conectada con su cerebro, llamó a un par de contactos estando aún frente al desafortunado oficial, quien fue despedido una hora después. A la mañana siguiente, mientras se encontraba en una reunión en la sala de juntas principal, su cerebro procesó su accionar, y luego de un profundo arrepentimiento, esperó a quedar solo en su oficina, y con otra llamada hizo que el hombre regresara a su empleo, y se le indemnizara por la injusticia cometida.

El dinero salió de su propio bolsillo. Un día antes de la ceremonia Sakura se enteró por Lara, que la cifra del dinero recaudado por concepto de los obsequios de la boda, era exorbitante, y que esperaban que luego de que la señora Stone terminara su luna de miel, concediera el honor de una visita al orfanato; petición que Sakura aceptó con una gran sonrisa.

Todo el mes Sakura había estado relajada por la ausencia de Sasuke. Lo veía muy pocas veces y este se limitaba al cariño formal que debían mostrar ante los demás. Si bien era muy extraño, completamente fuera del contexto que había vivido desde el momento en que conoció a Sasuke Uchiha, imaginaba que por fin había comprendido que, ya que la tendría para siempre, como él mismo decía, podía dejarla en paz el tiempo que quedaba antes de la boda; tiempo que se terminaba.

La familia de Sakura había llegado hacía un par de días, y los vestidos usados por Amelia y Sussana, así como el frac de Jason, estaban solo para hacer la prueba, ya que en la anterior visita las medidas habían sido tomadas. La llegada de ellos fue con las mismas condiciones que la vez anterior, lo que implicaba que todos los gastos corrían por cuenta de Sasuke, al igual que debían usar la limusina o los autos reservados, y el apartamento preparado para ellos.

Jason continuaba renuente al matrimonio, del mismo modo que Amelia complacida, y Sussana emocionada. La chica le había comentado a Sakura que cuando todo estuvo preparado para iniciar sus clases, inesperadamente el decano le pidió que no comenzara sino hasta el año siguiente, pues la querían para que participara en una expedición en el extranjero.

―¿Lo puedes creer, Sakura? ¡Hungría! Todavía no lo asimilo bien, pero es un hecho. Viajo en un mes y no podría estar más feliz. No sé muy bien por qué me envían si los que van son estudiantes de último año que han sido becados durante toda la carrera, y nunca una oportunidad como esa ha sido dada a un nuevo estudiante.

―Eso es lo de menos, Sussana ―comentó Sakura. Sabía perfectamente que Sasuke tenía mucho que ver en esa muy buena suerte de su amiga―, lo importante es que tus sueños se están haciendo realidad, y créeme cuando te digo que yo soy muy feliz por eso. «Y sobre todo, por ser parte de ello.» Sakura sabía que esa era una de las tantas recompensas que recibiría su familia por el sacrificio que ella estaba haciendo. Le había pedido muchas veces a Christopher que no lo quería cerca de ellos, que no deseaba que los comprara con su dinero, y eso había hecho.

Aunque Christopher no aparecía implicado, por medio de sus influencias estaba consiguiendo que ellos tuvieran lo que siempre habían deseado, y ya que ella sería la que pagaría el precio por cada favor recibido, no le importaba cuánto se excediera con tal de verlos totalmente felices. Jason también había recibido ese tipo de ayuda inesperada.

Una gran empresa de alquiler de autos de todo tipo, tanto vehículos personales como maquinaria pesada para empresas, lo había contactado para hacer negocios, y su taller mecánico, se convirtió en el taller oficial de la empresa automotriz; de esa forma consiguió un jugoso contrato, permitiéndole anular la solicitud de préstamo al Banco de América, pues con el dinero ganado le era suficiente para llevar sus planes acabo, incluso en un menor tiempo del que imaginaba.

Además, podría contribuir con las cuotas para el pago de la hipoteca de la casa Haruno en Chicago, y así terminar con ese compromiso en menor tiempo del estipulado. Todo estaba saliendo a pedir de boca para la familia, y Sakura recibía las noticias con una sonrisa en los labios, y algo de desolación en su corazón. La ayuda de Sasuke sería proporcional a sus exigencias, y eso no la dejaba ser del todo feliz, pues Sasuke, aunque ausente, seguía controlando todo a su alrededor, incluso la diversión de esa noche.

Sakura siempre había querido estar en una despedida de soltera. Le parecía muy divertido el desorden que sabía se presentaba en ese tipo de reuniones, al menos las que no llegaban a ciertos extremos; el problema fue que Sasuke dejó muy claro que por ningún motivo iba a permitir que un hombre semidesnudo bailara frente a su prometida o a su hermana.

Las chicas rogaron, se molestaron, gritaron, pero nada valió para el hombre, que se apoyó en su padre y en Jason, al insinuarles que Sophia y Amelia también serían parte de la reunión, siendo lo más explícito posible al describirles lo que sus mujeres podrían llegar a ver. Finalmente, no hubo tregua, y con la última palabra de Jonathan y Jason, las esperanzas de una noche divertida se esfumaron.

Sophia igualmente decidió que para evitar que el novio anduviera rondando a la novia, los hombres se quedarían en la mansión Lancaster, mientras que las chicas pasarían la noche en la de los Uchiha, con el tío Alex, que aclaró expresamente que no pasaría la noche con esos «imbéciles».

Sasuke había ordenado que varios guardaespaldas custodiaran La Mansión, con el fin de impedir el ingreso a cualquiera que deseara entrar en ella en el transcurso de la noche. Sabía cómo era Eva, y no se arriesgaría a que, por medio de alguna estratagema, lograra ingresar hombres a la casa.

Lo que Sasuke no sabía, era que los planes de diversión no estaban planeados por su prima, si no por otra persona más cerca de él, y como tampoco permitió que le organizaran una despedida de soltero, al estar tan ansioso y nervioso, no había impedimento alguno para lo que sucedería después. Eran las diez de la noche cuando Sasuke decidió reunirse con los demás en la sala de estar. Sus nervios estaban a flor de piel, y miles de imágenes de cómo, el que esperaba fuera el mejor día de su vida, se podía convertir en un infierno, lo atormentaban hasta el cansancio.

Necesitaba distraerse o se volvería loco antes de poder acercarse al altar. Los deseos que tenía de llamar a Sakura eran cada vez mayores, escuchar su voz, decirle que la amaba y que ella con su silencio le correspondiera.

Mas no lo haría. Tenía que ser paciente, así su cordura se le fuera en el intento. Ya la tendría para siempre si lograba mantener sus errores alejados de ella. Bajó las escaleras y le extrañó no escuchar la animada conversación de los hombres, y se le hizo aún más extraño al mirar la hora en su celular, y darse cuenta que ellos no estarían dormidos tan temprano. Entró a la estancia y encontró a su padre y a su tío conversando tranquilamente en uno de los sofás. Miró a su alrededor y no vio a alguien más

. ―¿Dónde están Kendal y los demás? ―preguntó con el ceño fruncido.

―Jason se fue a dormir ―contestó Jonathan.

―¿Y los demás? Los dos hombres lo miraron y luego entre ellos, para enseguida, desviar las miradas sin pronunciar palabra.

―¿Qué está pasando, tío? Joseph se encogió de hombros aún sin mirarlo, lo que activó las alarmas en el cerebro de Sasuke. Sintió cómo la rabia empezaba a bullir por su cuerpo hasta llegar a su cabeza.

―¡¿Dónde están todos?! ―gritó, acercándose a ellos de forma amenazadora, y al no obtener respuesta alguna, supo enseguida lo que estaba sucediendo. Gruñó y giró sobre sus talones sin más explicación.

―¡Sasuke, mañana es la boda! ¡No le partas la cara a alguien! ―gritó Joseph, sabiendo que sería escuchado mas no obedecido.

―Sophia nos va a matar. Fue lo único que Jonathan atinó a decir mientras negaba con la cabeza, y hacía una mueca con la boca.

Eva se lanzó en la gran cama de la habitación de Lara y resopló con molestia. ―¡Es el colmo que Sasuke nos haga esto! Ya me veía arrancando calzoncillos por doquier ―comentó, frunciendo los labios con aburrimiento.

―Si esa era tu idea de la despedida de soltera, doy gracias a Dios porque no nos dejaron hacerla ―comentó Sakura, negando con la cabeza de forma divertida. Sussana, Sara, Lara, Eva y ella habían decidido dormir todas en la misma habitación, para así tener al menos la última noche de chicas.

Sabían que no podían trasnochar, sin embargo, la idea que tenían era estar hasta media noche conversando y disfrutando del momento juntas. Sobre todo, por idea de Eva, que deseaba que Sakura se olvidara de lo que sucedería en la mañana.

―Deberíamos escaparnos e ir a algún club nudista ―propuso Sussana, golpeándose la barbilla con un dedo, al tiempo que miraba hacia el techo de la habitación―. Hay de esos en Londres, ¿cierto?

―¡Sussana! ―exclamó Sara.

―Claro que los hay ―respondió Lara―. El problema es que mi querido hermanito dejó indicaciones precisas de «nadie entra, nadie sale». Estamos condenadas a ver pechos toda la noche.

―Yo agradezco que estemos aquí tranqui… Unos golpes en la puerta interrumpieron a Sara. Todas se miraron extrañadas, pues sabían que Sophia y Amelia ya estaban dormidas, y a menos que fuera el tío Alex, cosa que dudaban, no sabían quién podría estar detrás. Los golpes se hicieron más fuertes y una voz se escuchó desde el otro lado.

―¿Sara está con ustedes? ―preguntó una voz que reconocieron como la de Kendal. Todas se miraron de nuevo, extrañadas.

―¿Qué haces aquí? ―preguntó Eva sin hacer el intento de abrir la puerta.

―¡Solo contesten! ―exigió, impaciente.

―Aquí estoy, señor ―respondió Sara, preguntándose para qué la necesitaría él en ese momento.

―Sara, promete que nada de lo que verás a partir de este momento saldrá de tu boca en el futuro y menos con personal de la compañía.

―¿De qué estás hablando, Kendal? ―preguntó Eva algo exasperada por tanto misterio.

―¡Promételo, Sara!

―¡Lo prometo!

―No sé si esto sea buena idea ―dijo Daniel con tono apagado.

―Ya estamos aquí, no hay vuelta atrás. ―Fue el turno de Jerry. Las mujeres no tuvieron tiempo a reaccionar, pues la puerta se abrió abruptamente y los tres hombres entraron en la habitación, cerrando tras ellos.

―¡¿Dónde está la novia?! ―gritó Kendal, al tiempo que se quitaba la camisa, dejando su musculoso torso desnudo, y dirigía sus manos a la cremallera de su pantalón. Los otros dos lo imitaron con un poco menos de entusiasmo.

Sasuke estaba enfurecido, y si se miraba desde cierto punto tenía toda la razón en estarlo. Él siempre había sido un gran seductor. Incluso, desde niño robaba besos a sus amigas, y al llegar a la adolescencia no había chica que se le resistiera, sin embargo; Kendal siempre había sido quien le diera guerra. Su primo era un encantador innato, y su buen humor robaba risas coquetas a las chicas que estaban a su alrededor, conquistando a las que él más le podían interesar. Temía que lo mismo sucediera con Sakura.

―¡No! ―gritó al tiempo que golpeaba el volante de su auto―. Ella es mía. ¡Mía! Cualquiera que viera el Bentley creería que alguna desgracia familiar acontecía, y no estaban lejos de la realidad, porque Sasuke en su corazón sentía una angustia tal, que creía se le iba a desgarrar, sumando a eso que su imaginación no le ayudaba. Imágenes de su novia y su primo en una intimidad que ni él mismo había podido tener con ella lo estaba enloqueciendo.

―Si la tocas te mato, Kendal Lancaster. ¡Te mato! Llegó rápidamente a La Mansión, contando con la suerte de no encontrar a algún oficial de tránsito, que en esas circunstancias habría perdido mucho más que su empleo. No se molestó en parquear el auto, así como tampoco bajarse de él vistiendo su pijama de pantalón largo y nada más.

―¿Quién ha entrado? ―preguntó en tono bajo y amenazante, logrando que los guardaespaldas retrocedieran un paso.

―Señor ―respondió el más próximo, tragando en seco al mismo tiempo―, solo la familia.

―¡Les dije que no quería que nadie entrara! ―gritó, haciendo que el hombre retrocediera dos pasos más.

―Pero, señor, se trataba del señor Kendal. No podemos impedirle el ingreso a un miembro de la familia.

―Pues a ese miembro de la familia van a tener que sacarlo en bolsas ―dijo mientras pasaba entre ellos, casi empujándolos en el proceso. Entrando en la casa luego de que uno de los hombres le abriera, pues había olvidado sus llaves, corrió a las escaleras, y al llegar al descanso del segundo piso, escuchó música, risas y pequeños gritos. Sabía de dónde provenía el bullicio.

El rostro de Sara estaba tan rojo, que parecía que fuera a estallar en cualquier momento. Jerry la tenía abrazada por la cintura, mientras bailaba a sus espaldas vistiendo solo un bóxer negro al igual que los demás hombres. Daniel estaba frente a ella, dejándola sin escapatoria alguna, y retenida en medio de los dos torsos desnudos.

Detrás de Jerry estaba Sussana bailando también, mientras apoyaba sus manos en los hombros de él, al tiempo que Eva lo hacía a un costado. Lara tenía a Naruto abrazado por la cintura, y con la cabeza apoyada en su espalda, se movía al ritmo de su cuerpo; él se dejaba hacer, y por momentos se giraba y bailaba para ella, tomándola por la cintura, manteniéndola así un poco alejada. Kendal y Sakura eran los que mejor lo estaban pasando. Él tenía a la chica abrazada por la cintura, al tiempo que ella rodeaba su cuello con los brazos y levantaba una pierna para apoyarla en su cintura. Kendal se movía sensualmente al igual que la chica, aun así, él trataba de mantener sus caderas alejadas de ella, pues su deseo era hacerla pasar un momento divertido, mas no faltarle el respeto. Los dos reían alegremente mientras compartían un momento entre buenos amigos.

―Vamos, caperucita ―animó Kendal, divertido

―. ¡Muévete!, que luego de esta noche viene el lobo y te comerá. Enterró el rostro en el cuello de la chica, y comenzó a mordisquearla juguetonamente, haciéndola reír a carcajadas. Toda la diversión fue interrumpida cuando la puerta se abrió de golpe, y un gruñido que se convirtió en grito, inundó la estancia.

―¡Ella es mía! Y el caos se desató.

Naruto solo atinó a saltar sobre la cama de Lara, y tomando a Sakura por la cintura, la arrancó de los brazos de Kendal, justo antes de que este recibiera un fuerte golpe directo en la cara.

―¡En la cara no! ¡En la cara no! ―gritaron Lara y Eva. Kendal se estrelló contra la pared junto a él, mientras que recibía otro golpe en el abdomen y otro más en la cara. Logrando recomponerse rápidamente, devolvió el golpe justo en la mandíbula de Christopher, quien se tambaleó y terminó en el suelo, luego de recibir un segundo puñetazo.

―¡Sasuke, no! ¡Por favor, no! ―Fue el turno de Sakura. Jerry y Naruto corrieron a apartar a los dos hombres, recibiendo en el proceso arremetidas por parte de Sasuke, que estaba totalmente cegado por la ira. Al entrar a la habitación y ver a su mujer en brazos de su primo, que estaba casi desnudo mientras la besaba en el cuello, fue más de lo que su mente loca y su alma obsesiva pudieron soportar. La habitación se convirtió en un completo campo de batalla.

Se escuchaban gritos, jadeos, carne golpeando carne, gruñidos, todo al mismo tiempo, y sin que se pudiera identificar la procedencia de cada uno. Las mujeres temían intervenir y recibir algún puñetazo dirigido a otra persona, por lo que rogaban una y otra vez que se detuvieran y que no se golpearan en la cara.

―¡¿Qué está sucediendo aquí?! ―preguntaron unas alteradas Sophia y Amelia que se encontraron en el pasillo y entraron juntas a la habitación. Siguieron las miradas horrorizadas de las demás mujeres y pudieron divisar a tres hombres semidesnudos, y otro con pantalón largo, fundidos en una lucha en la que el último parecía enloquecido

―. ¡Dios, en la cara no! Mañana es la boda ¡En la cara no! Sus gritos desesperados no funcionaron para apartar a los hombres, que continuaban forcejeando y agrediéndose entre sí. Sasuke dirigía la mayoría de sus golpes a Kendal, sin olvidarse de los otros dos. Naruto no perdió oportunidad para vengarse del que le había robado a su niña, y cada puño que recibía de Christopher, lo devolvía doble, dejando solo a Jerry en la tarea de detener la pelea.

―¡¿Qué es todo este escándalo?! Entró Alex a la habitación, captando la misma escena que Sophia y Amelia hacía unos segundos. Dando media vuelta, se dirigió hacia las escaleras lo más rápido que pudo. Antes de llegar a ellas se encontró con varios miembros del personal de servicio, vistiendo sus ropas de cama y subiendo a toda prisa con expresiones asustadas. Al toparse con el anciano, recibieron una rápida orden que se apresuraron a obedecer.

Si bien Sasuke podía sentir los golpes que recibía, estaba tan cegado por la ira, que lo único que le importaba era continuar arremetiendo contra el rostro de su primo, que se encontraba ya sangrando en varias partes. El suyo estaba igual, solo que el dolor físico no se comparaba con el de su alma que seguía siendo atormentada por la imagen que encontró al llegar a la habitación. El calor de los celos, de la furia, lo hacían sentir llamaradas recorriendo todo su cuerpo, cuando sin previo aviso, un frío repentino e intenso lo hizo gritar y apartarse rápidamente, al igual que a los demás.

―¡Suficiente! ―rugió Alex, haciendo que todos se giraran para verlo. Lo encontraron con un tazón en la mano que no sostenía el bastón, y varios sirvientes a su alrededor con unos más grandes en las manos. Les habían lanzado agua helada.

―¡Manada de salvajes orangutanes! Los cuatro lo miraban sin saber cómo reaccionar. El hombre acababa de bañarlos para detenerlos, y la furia que su rostro mostraba, hizo que ninguno de ellos fuera capaz de pronunciar palabra. Luego de varios minutos, los cuatro salvajes estaban sentados en la biblioteca junto a la chimenea, y envueltos en gruesas toallas, mientras eran curados por las mujeres, y sermoneados por el anciano.

―¡Qué vergüenza! ―exclamó Alexander, golpeando el suelo con el bastón―. Dos de ustedes poseen mis genes, y se comportan como si fueran unos animales en celo luchando por una hembra. Mi pobre hermano debe estar revolcándose en su tumba al saber que tiene por nietos a semejantes ejemplares del pasado primitivo de la humanidad.

¡Pero claro! ¿Qué más se podía esperar de unos padres como esos que tienen? Otra partida de inútiles incompetentes que lo único que saben hacer es crear escorias masculinas como ellos. Y ustedes dos no se escapan, sus madres deberán estar avergonzadas de su accionar.

―Tío Alex, sus madres están muertas ―explicó Beth mientras terminaba de limpiar las heridas de Sasuke, quien se había negado a permitirle que se ocupara de Naruto, por lo que era atendido por Lara.

―¡Con razón! ―dijo Alex, levantando los brazos―. Por eso es que son como son, unos pandilleros sin oficio ni beneficio. A la falta de la madre el hogar se desestabiliza, y es cuando los hijos, sobre todo varones… ―Giró para mirar a Kendal, que era atendido por Eva―, se descarrilan y toman caminos de oscuridad y perdición que…

―¡Ya cállate, viejo! Me tienes har… Un quejido reemplazó las palabras de Sasuke, cuando Sakura en forma de reproche por la falta de respeto, presionó con fuerza sobre la herida que tenía en la ceja izquierda; sin embargo, el dolor mayor fue otro, al recibir un fuerte bastonazo en las costillas.

―A mí no me levantas la voz, mocoso atrevido e insolente ―regañó Alex de forma severa.

―Tío, déjalos ya, por favor ―rogó Sophia, tomando al anciano suavemente por un brazo―. Mañana es la boda y ellos están impresentables. ¡No sé qué vamos a hacer! Y lo peor es que el novio, el padrino y el que entregará a la novia, son los que en peor estado se encuentran.

―Bien merecido se lo tienen. Deja que la sociedad inglesa se entere de la clase de bestias que hay en esta familia ―reprochó el anciano, y dando una mirada despectiva a todos los presentes del género masculino, se retiró de la estancia.

―Sasuke, esto es el colmo ―susurró Sakura, aplicando pequeños toques con un trozo de gaza

―. No tenías que reaccionar de esa manera.

―No me salgas con esas, Elizabeth, si no deseas que me levante y le termine de partir la cara a ese imbécil.

―Ese imbécil es tu primo, imbécil ―respondió Sakura en tono mordaz.

―Te estaba tocando ―gruñó por lo bajo―. ¡Maldición! ¡Te estaba comiendo viva! ―Era solo un juego ―explicó, tratando de sonar comprensiva, aunque su tono de voz era de desesperación―. Kendal es mi amigo, nada más.

―Pues entonces dile a tu «amigo» que se mantenga alejado de ti, porque no voy a permitir que ni él ni nadie manoseé a mi mujer ―amenazó Sasuke entre dientes. Sakura suspiró cansadamente y continuó con su labor, sin decir más. Luego de unos segundos sintió cómo Sasuke le rodeaba la cintura con un brazo y la atraía a su cuerpo de forma posesiva, haciendo que cayera sentada en sus piernas. Sakura lo miró desconcertada, y al verlo ceñudo, giró la cabeza para ver hacia dónde se dirigía su mirada colérica. Encontró a Kendal sonriendo maliciosamente, y al notar que ella también lo miraba, le guiñó un ojo y le brindó una sonrisa coqueta.

Sasuke gruñó, furioso, y envolvió a Sakura entre sus brazos. La chica rodó los ojos y continuó con su labor de dejar lo más presentada posible la cara de su futuro esposo. «Soy un juguete brillante en medio de dos niños caprichosos.»