DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a La Saga Crepúsculo, de la autora Stephenie Meyer, la trama es de mi completa autoría. Esta prohibida su adaptación parcial o total y su traducción a cualquier idioma.

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Fantasmas del Pasado.

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La semana transcurrió igual que siempre; seguía entrenando, iba a las sesiones grupales y hablaba con Carmen, comencé otro diario porque el primero me quedó corto. Ahora dejaban que fuera a la playa sin supervisión esa era la mejor parte de mis días, darme un buen baño de agua salada para luego adentrarme en mis pensamientos.

El lunes por la mañana después de almorzar caminé hacia la oficina de Carmen cuando entré ella tenía muchos papeles en las manos, me hizo recordar que exactamente una semana atrás Thomas ya no estaba.

—¿Acaso interrumpo algo? —entré dubitativa.

—Para nada Bella, de hecho, pasa porque necesito que firmes aquí. —no me miraba seguía acomodando los papeles.

—¿De qué se trata? — me senté frente al escritorio sin entender.

—Son los papeles de tu salida Bella. —Carmen levantó la mirada para sonreírme genuinamente.

—¿Estas jugando conmigo? —mi cara era un poema.

—No Bella, hoy mismo te iras a NY. —Carmen puso frente a mí una pluma negra.

—¿Dónde firmo? — temblaba de los nervios.

Luego de firmar una docena de fórmulas y papeles me sentí más calmada, realmente no podía creer que esto estaba sucediendo.

—¿Charlie vendrá por mí? —pregunté mientras trataba de coordinar mis pensamientos.

—Pensé que quizás podrías darle una sorpresa a tu familia. —su mirada estaba llena de complicidad.

—¿Crees que es conveniente que viaje sola? —la duda se reflejaba en mí.

—Bella, cariño no estás loca. Estarás bien sola. —Carmen sonaba realmente optimista.

—Entonces, iré a empacar. —la emoción me tomó por sorpresa.

Estaba a punto de salir corriendo del consultorio cuando Carmen me detuvo.

—Se me olvidaba decirte que te estarán esperando en el aeropuerto. — dijo en espera de mi reacción.

—¿Quién? —estaba impaciente.

—Le he pedido el favor a Garret. — dijo mientras le daba una palmada a mi espalda.

Por un momento albergué la esperanza que podría ser Edward, pero al parecer eso no pasaría.

—Perfecto, empacaré todo. —pensar en él no me haría disminuir la felicidad que me embargaba.

Mientras corría por el pasillo trato de localizar a Royal, no podía creer que esto estaba pasando. Al entrar a mi habitación lo encontré ahí sentando con mis maletas hechas aguardando por mí.

—¿Ya sabias…? —frené un poco la emoción.

—Me lo comunicaron hace rato. —soltó un pequeño suspiro.

—¿Me acompañarás al aeropuerto, ¿verdad? —trató de animarlo.

—¿Todavía quieres seguir viéndome la cara? —enarcó una ceja.

—Eres el enfermero más odioso que he tenido nunca, así que sí. —no podía evitar reírme, estaba muy feliz.

—Déjame cambiarme y te acompaño. —me guiñó un ojo y salió de la habitación.

Estaba tan eufórica que no sabía que hacer primero, así que me saqué el uniforme y tomé lo primero que vi en mi maleta. Unos jeans, un suéter gris y mis amados tenis.

—¿Lista Swan? —Royal aguardaba por mí en la puerta.

—Creo que sí. —me di la vuelta con la maleta en mano.

Admirar a Royal sin uniforme era otra cosa, grande y musculoso. No sabía que el uniforme guardara debajo tales atributos.

En la salida estaban todos los enfermeros Zafrina, Archi y Carmen esperándonos todos me daban palmadas de aliento y sin más abracé a Carmen.

—Gracias por todo. —Le susurré al oído.

—Créeme que haremos mucho Facetime. —me abrazó muy fuerte para luego soltarme.

—Ten es un boleto de avión, el vuelo sale dentro de dos horas. —Zafrina me extendió un sobre.

—Mil gracias a todos. —tomé el boleto en mis manos y no podía creerlo.

—Bella, es hora. —Royal señaló al taxi que esperaba por nosotros.

En silencio ambos nos subimos al auto, mientras le daba una última mirada a la clínica. Rogaba de todo corazón no volver ahí nunca más.

—¿No te olvidaras de mi verdad? —preguntó mientras entramos al aeropuerto.

—Sabes que no solo eres la loca que me asignaron, eres una buena amiga. —Sonrió algo avergonzado.

—Gracias por soportar a esta loca. —lo abracé.

—Cuídate Bella. —me devolvió el abrazo.

Luego de despedirnos y que Royal se perdiera en medio de la multitud caminé hacia la Zona de embarque.

Era hora de regresar a mi hogar.

Mis manos sudaban hacía diez largos minutos el avión había aterrizado en NY mi corazón latía fuerte ante tanta emoción, no podía creer que ya estaba de regreso.

Mientras bajo las escaleras eléctricas hacia las salidas diviso a las personas con carteles aguardando por otros pasajeros, en medio de estos Garret aguardaba con un pequeño cartel con mi nombre.

—¿Que tal Bella? —Saludó con un asentimiento de cabeza.

—Gracias por venir por mí. —le dije sin más.

—Descuida, es hora de sorprender a los Swan. —me quitó la maleta de las manos.

No me había dado cuenta que extrañaba tanto a Manhattan, hasta que no pude dejar de apreciar cada detalle, las edificaciones, las personas en la calle, el sonido de los autos en pleno embotellamiento y el majestuoso astro rey bañando de luz a cada cosa que tenía a su alcance.

—¿Cómo te sientes? —Garret preguntó después de un rato.

—Ansiosa, pero esto bien. —Nunca lo miré, era imposible dejar de ver por la ventana.

—Sentirse así está bien, es tu primer día fuera de la clínica. —asintió lentamente.

—¿A dónde nos dirigimos? —pregunté al ver que no hemos llegado al departamento de Charlie.

—Beau y Charlie se han mudado así que ahora estarán un poco más cerca de ti. —solo comentó.

No respondí nada, era algo obvia la razón de porqué se habían desecho del viejo departamento. Recuerdos, muy malos recuerdos.

Cuando entramos al área de Hoboken casi se me salen los ojos de las orbitas, no podía creer Charlie y Beau fueran tan codiciosos con los lugares donde vivían.

Garrett estacionó en frente de un hermoso dúplex color blanco con amplios ventanales, las terminaciones en madera además de la hermosa escalera.

—¿Estás lista? —preguntó mientras me ayudaba con la maleta.

—Sólo quiero verlos. —mi corazón latía fuerte.

A medida que nos acercábamos a la puerta mis piernas se volvían gelatina, Garret llamó a la puerta y estaba abierta con Heidi aguardando mi llegada, quien al verme entrando pegó un grito.

—Sorpresa, sorpresa. —me lancé a abrazarla.

—¡Oh por Dios cariño! —no dejó de abrazarme.

—¿Todo bien Heidi? — avisté a Beau salir de una habitación.

—Hola Bu. —mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Bella… —Beau me miró perplejo.

—¿Quién más tonto? —me eché a reír.

—Cariño, te extrañe. —corrió hacia mí para abrazarme.

Sentir el calor de mi hermano era más que suficiente, a donde el estuviera ese era mi hogar.

—¿Por qué tanto alboroto? — Charlie fue el último en salir de otra habitación que desconozco.

—Hola papá. —las palabras habían salido sin titubeo alguno.

—¡Oh por Dios! —Charlie corrió hacia mí para envolverme en un gran abrazo.

La cara de emoción de Charlie se había guardado en mi memoria como una fotografía.

—Perdonen por llegar así. —me limpié unas cuantas lágrimas cuando Charlie me soltó.

—¿Qué ha pasado con la clínica? No me informaron nada. —comenzaba a ver preocupación en su rostro.

—Disculpen, pero eso ha sido mi culpa, quería que Bella les diera una sorpresa. —Garrett intervino amablemente.

—Gracias Garrett. —Charlie le estrechó la mano.

—Es un placer, no deben agradecer. —Garret me lanzó una mirada rápida que no llegué a entender.

—Estaba por servir la cena, pasemos al comedor. —Heidi señaló la amplia mesa negra con sillas blancas a juego que se encontraba a la derecha de toda la planta baja.

Mientras comíamos todos me bombardearon a preguntas de cómo era la clínica, los otros internos y sobre las terapias Charlie tenía toda la atención puesta en mi además de no soltar mi mano todo el rato que estuvimos en la mesa. Me había hecho muchas ideas de mi regreso, pero nada se comparaba a esta, al fin nos comportábamos como una gran familia.

—Bueno gracias por todo, pero debo irme. —Garrett se puso de pie.

—Gracias de nuevo. —Esta vez Beau agradeció.

—Creo que también debo hacer lo mismo. —Carmen me había recomendado que volviera a mi departamento.

—¿A dónde irás? —Charlie se sobresaltó.

—Debo ir a mi departamento, Carmen dijo que era lo mejor. —me costaba despedirme.

—Oh Vamos Bella, acabas de llegar. —Beau hizo un puchero.

—¿Tu qué opinas, al fin volverás a ser mi terapeuta? —me dirigí a Garrett.

—Comparte con tu familia, tendrás el día de mañana para mudarte. —me guiñó un ojo.

—Decidido, me quedo sólo por hoy. —bromeé.

—Llámame cuando te sientas instalada. —se despidió mientras Charlie lo acompañó a la puerta.

Luego de que Garrett se fue Beau me tomó del brazo y me arrastra con todo y maleta a la parte superior.

—Detente bobo. —bromeé mientras recuperaba el aliento.

—¿Qué te parece? —Beau soltó la maleta y dio una vuelta, admirando a nuestro alrededor.

No dejaba de observar la araña de cristal en medio de una cómoda sala de estar, las paredes eran puro cristal y los pisos de madera eran increíbles, ese lugar era más relajado que el antiguo apartamento.

—La puerta del fondo es un gimnasio, sé que debes entrenar. —Señaló a la última habitación.

—Aquí mi habitación. —señaló a una puerta blanca.

—Y la tuya esta justo a mi lado. —abrió de par en par la puerta siguiente.

—¿Seguro que no eres agente inmobiliario? —carcajeé mientras llevé mi maleta hasta adentro de la hermosa habitación.

Tenía un tamaño considerablemente grande, paredes blancas, closets grises a juego con las sabanas de la inmensa cama, una plasma y junto a ella un nuevo reproductor de música.

—Sabes que no viviré aquí, ¿verdad? —hablaba en serio.

—Lo sé, pero no me quitaba nada tratar de convencerte. —me abrazó por detrás.

—Aprenderé a construir mi vida independientemente. —me di la vuelta para encararlo.

—Y no estoy en contra, pero como no poder evitar quererte a mi lado. —los ojos de mi hermano se llenaron de lágrimas.

—Beau estoy bien, estoy aquí. —limpié sus lágrimas.

—Dejaré que te instales, no quiero ser más cursi. —besó mi frente y salió corriendo de la habitación.

Me senté en la cama y encima de mi almohada había una pequeña caja negra, obviamente era para mi así que la destapé y miré en su interior un pc nuevo junto a un nuevo iPhone.

Era hora de volver a la era de la tecnología.

Me debatí entre llamar a Edward o no, tenía miedo. Mi último día antes de la clínica todo había sido maravilloso y luego el desaparece, nadie lo menciona al menos no delante de mí. Era frustrante no saber por qué y ya no quería más secretos a mi alrededor. Dejé la pc y el teléfono de nuevo en su caja y corrí al baño, era hora de relajarme.

Un duchazo con agua caliente relajo todo mi cuerpo, salí envuelta en una toalla y rebusco en mi maleta por lo único que me haría sentirme tranquila en este momento. uno de los pijamas de la clínica. Me visto con el rápidamente y me hago camino hacia las sabanas de seda que reclamaban mi descanso. Lentamente cerré los ojos y me dejé ir por el sueño, al amanecer sería un día mejor.

Desperté algo sobresaltada, miré por la ventana y podía ver como el sol comenzaba a asomarse. No volvería a conciliar el sueño así que lo mejor era ir a entrenar un poco en ese gimnasio solo para mí.

Me vestí con una sudadera y pantalón deportivo mientras me calzaba los zapatos, y salí de mi habitación, me aseguré de no hacer mucho ruido por el pasillo hasta llegar a la otra habitación, me quedé perpleja era un amplio gimnasio bien equipado, no tenía nada que envidiarle al de la clínica. Me acerqué lentamente a la caminadora y me subí a ella todo era digital así que no tuve problema en segundos me encontraba trotando.

Mientras aumentaba la velocidad en la escaladora la presencia de alguien observándome me pone en guardia, levanto la vista y sólo era Beau con algunos sobres en las manos, increíblemente absorto observándome.

—Buenos días hermanito. —me bajé rápidamente de la máquina.

—Fui a tu habitación y no estabas. —se veía preocupado.

—Así comienzan mis días Bu. —me sequé el sudor con una toalla.

—Lo tomaré en cuenta. —rodó los ojos aburrido.

—¿Ya te iras a la oficina? —pregunté señalando todo lo que llevaba en sus manos.

—Así es, todavía hay mucho trabajo que hacer. —resopló cansado.

De pronto su celular comenzó a sonar y rápidamente lo saca de su bolsillo entregándome los papeles.

—Estoy por salir, solo espérame ahí. —habló agitadamente.

—¿Como que estás ahí…? —se puso de todos colores.

—Voy enseguida. —colgó apurado.

—¿Todo bien Beau? —me sorprendió su actitud.

—Si, tu sigue entrenando. Me iré. —se dio la vuelta corriendo por el pasillo.

Caí en cuenta que me he quedado con sus documentos así que salgo corriendo para alcanzarlo o sino tendría que devolverse a buscarlos.

Mientras bajo las escaleras podía escuchar murmullos, así que me apresuré para alcanzarlos.

—Beau eres un despistado, me has dejado los papeles. —grité cuando llegué al último escalón.

No recibí respuesta porque tres pares de ojos me observan de un lado a otro en especial los ojos grises que no salen de mi cabeza desde hace seis meses.

—Hola Edward. —tragué grueso, todo se detuvo para mí.

—¡Regresaste! — fue lo único que recibí de su parte.

Su mirada estalló en una felicidad que apenas y llegó a sus ojos, él solo se quedó ahí mirándome sin decir más.

—¿Acaso solo dirás eso? —bajé el último escalón sin quitarle la vista de encima.

—Lo siento, nos veremos en la oficina. — Edward me ignoró y salió sin siquiera mirarme.

—Gracias Bells, nos veremos más tarde. —Beau casi me arrancó los documentos de las manos.

Pero yo seguía ahí sin entender porque se comportaba como un idiota.

Ahora solo me interesaba saber que había pasado en estos 6 meses...


Holaaaaa mis amores, Disculpen mi ausencia, no tienen una idea de todos lo que he pasado. Como saben soy de Venezuela y pues ahora me encuentro en Santa Cruz Bolivia (Necesito amigas asi que si hay alguien de aqui que me lea, escribanme) jajaja

Espero les gusten estos dos capitulos, son cortitos pero considero que tienen buen contenido.

Como siempre las Espero muy ansiosa en los Reviews.

Un beso y un abrazo enorme.