-Elsa, pásame el libro que esta a tu derecha, el de portada roja.

-Si princesa.

Elsa tomo el grueso libro en sus manos, bajando de la alta escalera con delicadeza y dando un pequeño brinco cuando estuvo en el segundo escalón para finalmente dar una corta caminata a la joven heredera al trono que se encontraba, como siempre, sentada en los sofás frente a la mesa ratona.

-Aquí tienes- Le dijo posándose frente a ella y extendiendo el libro con ambas manos, como si fuera una niña pequeña esperando que le leyeran un cuento.

Annabella dejo las notas que estaba escribiendo en su libreta para tomar con delicadeza aquel libro con su mano izquierda, ya iba una semana y dos días desde que Elsa conoció a la cobriza y para aquella altura habia descubierto que la futura máxima arendellina era zurda, una cosa que tenían en común.

Sin darse cuenta, la platinada se quedo unos segundos mirando a la colorada, observando sus pequeñas pecas esparcidas por toda su cara y hombros descubiertos gracias a la camiseta mangas largas con hombros caídos color negra que traía esa tarde nublada.

Sin darse cuenta, sus ojos bailaron por el cuerpo de esta, le gustaba mucho su pantalón gris largo y ajustado que llevaba puesto, que estaba arremangado, dejando ver sus tobillos y parte del final de sus piernas.

-No te vayas a enamorar de mi ¿he?- Soltó repentinamente la pelirroja al sentir la punzante mirada de Elsa sobre ella.

Elsa tomo un gran respiro de asombro, como si hubiera aguantado la respiración por minutos y se sonrojo fuertemente desde los hombros hasta la frente, apartando la mirada molesta consigo misma, pues odiaba reconocer que por alguna razón, consideraba a aquella joven, demasiado atractiva.

-Eso nunca- Soltó molesta sin darse cuenta.

Annabella abrió los ojos grandes con una picara sonrisa, la princesa casi nunca tenia emociones en su vida y Elsa era por así decirlo, una de las pocas personas "Normales" con las que "pasaba el rato" si se podía pasar llamar el rato a la simple rutina de decir buenas tardes y que esta le hiciera el favor de pasarle libros, pero fuera de todo esto quería divertirse un rato y lo que mas divertía a la vagamente caprichosa princesa, era coquetearle a personas para intimidarlas, una mala maña que heredo de su distante madre.

Elsa trato de alejarse pero sin dejar de estar sentada en el sofá, la colorada la tomo de la muñeca haciendo que se sobresaltara, aquellas actitudes de la princesa la hacían enojar pero tristemente no podía hacer nada, nunca nadie se burlaba de ella y mucho menos la tocaban de esa manera, ni su ex novio tuvo la valentía nunca de tomarla de la muñeca de aquella manera.

Así que solo frunció el entrecejo pero se contuvo a la queja.

-Oye, no era para que te enojes así linda- Dijo con una tierna sonrisa la princesa.

Su mandíbula cayo sin mas ante aquellas palabras, eso era el colmo.

-¿Disculpa?- Pregunto indignada.

-Disculpada- Dijo la más grande burlona.

-Okey estoy harta- Confeso la platinada de una vez, zafando fuertemente del agarre de la futura monarca.

La pelirroja no se quedo atrás, puso una falsa cara de enojo y se puso de pie, demostrando la diferencia de altura así como la diferencia social, ya que Annabella era unos 5 centímetros mas alta que Elsa.

-No te atrevas a volver a hablarme así- Le advirtió con malicia.

-Entonces te lo pido encarecidamente, deja de burlarte de mi- Le pidió con firmeza.

-¿En qué momento me he burlado de ti?- Pregunto intentado ocultar la sonrisa burlona que aunque lo intentara, no lograba hacerlo muy bien.

-Ay por los dioses- Refunfuño entre dientes apartando la vista.

-¿Los dioses qué? O'gorman- Dijo su apellido con firmeza, acortando levemente la distancia.

Elsa no era tonta, sabia que todo aquello era una provocación de parte de la pelirroja ¿Provocación debido a que? No lo sabia, pero no iba a caer en aquel juego de ajedrez donde ella era un simple peón del aburrimiento de la futura reina.

Entonces tomo un respiro y busco en si la paciencia, que gracias a los dioses era una de sus mejores virtudes.

Soltó un sonoro suspiro derrotada.

-Lo siento, tienes razón- Dijo, haciendo que la princesa se sorprendiera, pues esa reacción no era la esperada. -Te pido disculpas por haber respondido de esa manera y me retirare a terminar mis deberes- Hizo una pequeña reverencia y logro alejarse de una boquiabierta princesa.

Elsa camino silenciosa hacia el ultimo estante que debía limpiar y organizar, lentamente empezó a casar los libros por tandas para luego limpiarles la leve capa de polvo que se habia formado en ellos, limpio el estante y volvió a acomodar los libros de la misma forma que estaban antes, estaba apunto de hacer la misma secuencia con otra tanda de libros cuando la voz de Annabella resonó con calma a sus espaldas.

-No debes disculparte- Le dijo y Elsa volteo a verla. -Si me estaba burlando de ti, yo te pido disculpas- Acepto.

Elsa se cautivo, no esperaba aquello de la princesa, pues hasta ahora la impresión que tenia de ella era que era una niña mimada de la realeza y que la palabra "disculpas" no cabía en su diccionario.

-Bueno, estamos a mano prin…

-Annabella, dime simplemente Annabella- La interrumpió sonriendo.

-Es inapropiado- Dijo Elsa encogiéndose en sus hombros desviado los ojos.

-Oye no pienses en eso, te estoy dando un privilegio.

Annabella puso su mano en el hombro de la platinada y lo apretó levemente dándole a entender que no habia problema de que la llamara por su nombre.

Elsa miro la mano llena de pequitas pensativa y no pudo evitar preguntar:

-¿Por qué me hablas?

Annabella la miro con asombro por aquella pregunta.

-¿A que te refieres?- Pregunto.

-No te he visto hablar con las otras empleadas mas que con Gisela, pero es porque ella prácticamente te crio ¿Por qué solo hablas conmigo?

La princesa no pudo evitar sonreír.

-No lo se, se que sonara loco pero hay algo en ti que me hace sentir confianza.

Elsa abrió sus enormes ojos azules con asombro, pues ella sentía exactamente lo mismo que la pelirroja, pero a diferencia de esta, ella nunca se lo diría.

Se quedaron en silencio una en frente de la otra sin emitir ningún sonido, solo mirándose a los ojos, Elsa se abrazaba a si misma, un gesto que tuvo toda la vida para sentir que de alguna manera estaba segura entre sus propias manos y al ver a Elsa tan frágil Annabella no pudo evitar subir su mano, que se encontraba en su hombro a su mejilla y acariciarla con el dorso de sus finos dedos, acorto un poco la distancia y con su otra mano, la derecha, tomo la cara de Elsa con delicadeza y acorto la distancia entre los cuerpos, estaba esperando que Elsa se alejara pero no lo hizo, la rubia no quiso, entonces, sin alargar más la situación, hizo desaparecer por completo la distancia y la beso.

¿Por qué lo hizo? ¿Por qué besaba a una chica que recién estaba conociendo? ¿Por qué estaba besando a una chica? Y ¿Por qué se sentía tan bien?

Sea cual sea la respuesta la sabría en otro momento, ahora solo le interesaba la sensación de los labios de la otra que bailaban sobre los suyos y las manos de la otra que acariciaban lentamente su espalda baja.

Todo era tan espontaneo he inesperado pero contradictoriamente hablando también era como si todo hubiera sido premeditado.

¿Esto era a lo que los demás llamaban ser una adolecente común y corriente que si veía a una chica linda le hablaba para ver si tenia chances de algo y si así era se tiraba de cabeza?

Si, esto era ser una chica de 20 años y no la futura reina de Arendelle.