Capitulo ocho

Bella POV

Después dejar a Seth de nuevo en casa, almorcé algo rápido y fui a mi trabajo, no es que me gustase demasiado… pero era mi único sustento, gracias a él podía pagar el alquiler del apartamento donde vivía. La tarde pasó sin mayor contratiempo y así dio paso la noche. Los siguientes días pasaron sin pena ni gloria, no volví a ver a Edward… y aunque moría de ganas por verlo, no me atreví a ir a casa de los Cullen, todavía continuaba fingiendo mi enfado con Alice por no haberme dicho nada sobre Edward y no quería dar mi brazo a torcer con tanta facilidad… aunque eso significase que perdiese la oportunidad de verle.

Era sábado… mi día libre. Me desperté demasiado tarde y como era costumbre cuando Alice no tramaba ningún plan "extravagante" me pasaba el día entero en pijama y tirada en el sofá con mi laptop escribiendo algo. Hacía un par de meses que había comenzado a escribir un libro, no era nada serio pero me ayudaba a desconectar del mundo y quitarme el stress de toda una semana de trabajo y clases.

A eso de las tres de la tarde el timbre comenzó a sonar insistentemente. Me levanté del sofá a regañadientes, solo había una persona que llamaba así, y era la última que me apetecía ver en ese momento, además… ya le había dicho que no iría de compras con ella… ¿a que había venido?

– ¡Alice vete! –Grité por el portero automático–. Te he dio que no iré de compras contigo.

– Abre Bella… no iremos de compras, te lo prometo –dijo con voz dulce.

Me lo pensé durante unos segundos… ¿Qué era lo peor que podría pasar si la dejaba entrar? Pulse el botón para que se abriese el portón mientras rezaba mentalmente para que no se le hubiese ocurrido otra de sus locas ideas. Un par de minutos después, la oí gritar desde la puerta principal y también oí ruido de bolsas… ¡oh no! ¿Qué había hecho? Había dejado que esa loca entrase en mi casa, con bolsas… eso solo significaba una cosa, y no quería, no, me negaba rotundamente a otra sesión de Barbie–Bella. ¿Me daría tiempo de esconderme? Si corría hacia mi habitación y me metía debajo de la cama seguro que se cansaba de buscarme y se iba… "sí" susurré frotándome las manos mentalmente. Caminé sigilosa desde la sala escondiéndome tras el sofá, abrí la puerta que comunicaba con mi habitación de rodillas en el suelo y cuando me disponía a entrar…

– Bella… ¿qué haces? –preguntó una de las voces que menos querría escuchar en ese momento.

Yo di un brinco enorme por el susto, de haber sido un gato se me habrían quedado las uñas clavadas al techo. Emmett me miraba con una sonrisa divertida y diez bolsas en cada mano.

– Dime que no ha venido Edward –susurré.

La sonrisa de Emmett se ensanchó y un brillo siniestro iluminó su mirada.

– Tranquila… no ha venido… ¿por qué? –preguntó.

Me puse en pie torpemente y me pasé las manos frenéticamente sobre mi pelo enmarañado… ¿ahora que le decía? Emmett era su mejor amigo hasta donde yo sabía, no podía decirle "Oh, nada en especial, solo que tu amigo me pone burra en cuanto lo veo"

– No nada… nada en especial… solo que… –mi voz se perdió cuando ví a Alice y Jasper con un montón de bolsas cada uno. Las dejaron todas en la sala en dos montoncitos y Jass agarró a Emmett del brazo.

– Vamos Emmett… Edward nos espera abajo. Bella… suerte –dijo la última palabra solo moviendo los labios.

Suspiré cuando los vi desaparecer por la puerta y miré a mi "amiga" con el ceño fruncido…

– ¿Qué se supone que es todo esto? –inquirí.

– Te prometí que no iríamos de compras… pero si la montaña no va a Mahoma…

La miré lanzándole dagas envenenadas por los ojos, pero ella sólo contestó echándome la lengua. Hice un puchero y cruzada de brazos me dejé caer en el sofá.

– Alice… no puedes hacerme esto –casi supliqué– he trabajado toda la semana… y en mi único día libre no me puedes pedir que me pruebe toda esta ropa.

Ella se sentó a mi lado y cogió mis manos entre las suyas.

– No tendrás que probarte toda, tonta… sola las bolsas de la izquierda –dijo sonriendo.

Volví mi mirada hacia ambos montones de bolsas, el de la izquierda era ligeramente más abultado que el de la derecha… unas 12 bolsas más como poco. Suspiré resignada y volví mi mirada a Alice.

– Esta no te la voy a perdonar –mascullé entre dientes.

– ¿Eso quiere decir que lo demás sí me lo perdonas? –preguntó con ojos esperanzados.

Suspiré de nuevo y le di una mirada un poco más dulce… sabía lo que quería decir con eso, quería saber si le perdonaba haberme ocultado lo de Edward, ya lo había hecho, y aunque me habían parecido totalmente lógicos sus motivos, todavía me molestaba un poco su falta de confianza. Ella tenía una mirada esperanzada, sus labios formaban ere perfecto puchero que solo a ella le funcionaba en cualquier situación y con cualquier persona por muy dura que esta fuese.

– ¿Por qué? –pregunté simplemente.

Ella comprendió al instante y agachó la mirada.

– Ya sabes porque… –sus voz era apagada y apenas podía oírla–, en Chicago no tenía a nadie porque todos iban tras Edward. Al llegar a Forks tuve la posibilidad de ser Alice, no Alice la hermana de Edward Cullen por las que todas mis "amigas" babeaban. Al principio estaba muy cómoda porque nadie asoció nuestros apellidos… pero cuando comenzamos a ser buenas amigas comencé a sentirme culpable –sus ojos se conectaron con los míos, y pude leer todo el miedo que tenía ella a perderme–. Tenía miedo a tu reacción, lo extraño es que sabía que te volverías loca al principio, pero que después lo aceptarías. Aunque eso nunca me dio fuerzas para contártelo…

– Alice… no te preocupes más, yo también babeaba por Edward –dije divertida– no era muy diferente a las demás.

– ¿Babeabas? –Preguntó alzando una ceja en mi dirección– ¿Te crees que ahora no lo haces? A mí no me engañas Bella, te conozco mejor que tú misma, sé que no solo babeas… ¡pierdes el culo por mi hermano!

Mis mejillas se pusieron color escarlata… a Alice no podía engañarla. Intenté decir algo en mi defensa, algo que desmintiera las palabras de Alice, pero no, mis neuronas no estaban colaborando "No te engañes Bella, sabes que Alice tiene razón, te gusta… no, no… ¡te vuelve loca!" ¡Cállate! Quise gritarle a mi conciencia… pero no creo que Alice se tomase muy bien que dijese eso…

– Da igual –dijo sonriendo– aunque no me lo confirmes, yo lo sé. Ahora… vamos a probarte ropa… tenemos que encontrar un vestido con el que te veas espectacular.

– ¿Para qué?

– Oh… bueno… verás… es para… mis padres quieren invitarte a cenar el día de tu cumpleaños. Será una cena familiar, nada extravagante, tú ya nos conoces… pero como es un día especial, tenemos que estar bien vestidos.

Conocía a Alice, la conocía tan bien como ella a mí… sabía mentir muy bien, era capaz de soportar casi cualquier tortura antes de admitir que estaba mintiendo. Pero yo

tenía un truco para descubrir cuando decía la verdad y cuando no. Cuando mentía, inconscientemente, se colocaba un mechón de pelo tras la oreja derecha tres veces seguidas en menos de un minuto. Y eso era lo que acaba de hacer mientras me soltaba todo esa historia.

– Alice… –me quejé– ni tú misma te crees ese cuento.

– Bella, no puedo creer que no confíes en mí –dijo llevándose una mano al pecho y abriendo mucho los ojos– ¿Cuándo te he mentido yo?

Me crucé de brazos e hice una mueca de disgusto.

– De acuerdo… rectifico… ¿cuándo te he mentido en algo de vital importancia? – volvió a preguntar.

Decidí no ahondar demasiado en el asunto, sabía que saldría mal parada si continuaba insistiendo, además de que me enfadaría porque sus planes seguro que implicaba algo con lo que no estaría muy conforme. Suspiré resignada… era mejor aceptar el probarme ropa durante horas que soportar sus excusas baratas que ni ella creía y mucho menos, sus chantajes emocionales, siempre sabía hacerme caer y conseguir más de lo que pedía en un primer momento. Me puse en pie y extendí mis brazos haciendo una cruz con mi cuerpo.

– Está bien – murmuré– te dejo mi cuerpo a tu disposición durante dos horas.

Se puso en pie de un salto con una enorme sonrisa y creo que la oí murmurar por lo bajo algo parecido a "sé de alguien que no se lo pensaría dos veces ante ese ofrecimiento" yo solo rodé los ojos ante su comentario.

Después de un tiempo… demasiado tiempo, Alice me extendió una bolsa y una caja de zapatos diciéndome que era lo último que tenía que probarme. Me puse un precioso vestido azul y las dos armas asesinas disfrazadas de zapatos también azules y me volví hacia mi amiga. Ella solo abrió mucho los ojos y sus labios formaron una perfecta "O".

– ¡Es perfecto! –Gritó dando un salto– ¡sabía que este era el indicado!

La miré con ganas de poder hacerla arder en llamas solo con una mirada y apretando mi mandíbula con todas mis fuerzas para contenerme y no saltar encima de ella para descuartizarla en ese mismo instante.

– Alice –mi voz sonaba contenida…– ¿Me puedes explicar… por qué me has hecho probarme decenas de vestidos si sabías que era este el que tenía que ponerme? –dije señalando el vestido que tenía puesto.

Ella solo soltó una risita nerviosa y se tapó la boca con la mano… ahora era cuando empezaba el ataque de chantaje emocional…

– Vamos Bella –hizo un puchero– ¿me vas a decir qué no te lo has pasado bien?

– No, no me lo he pasado bien –casi grité– preferiría depilarme la ingle diez veces antes de ponerme un vestido más.

Sus ojos se iluminaron y fue corriendo hacia el baño. Cuando volvió traía algo escondido en su espalda y se acercó a mí lentamente.

– Eso se puede solucionar –dijo con voz siniestra mostrándome varias bandas de cera fría en sus manos.

Tragué en seco y eché a correr hacia mi habitación olvidando mis tacones… intenté cerrar la puerta, pero ella fue más rápida que yo y colocó su pie estratégicamente para que no pudiese hacerlo. "Maldita enana saltarina" La puerta fue cediendo ante mi empuje, encima la condenada tenía más fuerza que yo… ¿cómo era posible? La puerta cedió por completo y yo di dos pasos atrás por el impulso…mi precario equilibrio hizo de las suyas y me tambaleé hasta que me caí de espaldas en la cama. Alice se sentó a horcajadas sobre mí y sujetó mis muñecas por encima de mi cabeza, forcejé durante unos minutos pero fue inútil ¿de dónde sacaba tanta fuerza?

– ¿Vas a colaborar o te tengo que atar a la cama? –preguntó con voz amenazante.

Mi labio inferior comenzó a temblar de miedo, lo mordí intentando evitar los temblores pero fue inútil. Todavía no había olvidado la última vez que me había sometido a esa tortura, recuerdo exactamente las lágrimas y los gritos de dolor, casi me encojo ante el recuerdo. Ahora estaba dándole mil golpes mentales a mis neuronas por haber dicho semejante barbaridad en un momento de estupidez.

.

– Te has pasado Alice –dije con voz nasal justo antes de sorber mis mocos.

Había llorado, gritado y pataleado mientras Alice, con cara de asesina en serie, tiraba de las bandas de cera con todas sus fuerzas. En más de una ocasión tuve que contener las ganas de darle una patada en toda la boca para devolverle un poco de su medicina.

– No es para tanto Bella… ya me lo agradecerás –una sonrisa siniestra cruzó sus labios y yo temblé… ahora mismo le tenía miedo, mucho miedo a Alice.

Acaricié mi ingle suavemente, mientras extendía un poco de crema hidratante sobre ella… Alice me había torturado… tenía mi piel irritada y roja en extremo.

– No sé para que dices que esto me vendrá bien… –aparté un poco mi ropa interior y casi grito asustada a ver que mi bello púbico era casi inexistente.

– Bella… date una ducha tibia para aliviarte… te sentará bien –dijo maternalmente.

Me puse en pie con algo de dificultad… y me dirigí con paso lento hacia el baño.

– Ya verás que bien… a Jass le encanta cuando lo sorprendo así.

Giré sobre mis talones y di dos pasos en su dirección.

– Alice… dime que estás planeando –le exigí.

– ¿Yo? –pregunto señalándose con el dedo y abriendo mucho los ojos– Me hieres Isabella, sabes que te quiero como a mi hermana, no conspiraría a tu espalda.

Bufé, completamente indignada y me fui pisando muy fuerte hacia el baño murmurando maldiciones… cerré la puerta de un portazo y poco después metí bajo el chorro de agua tibia de la ducha. Por suerte el agua se llevó con ella todas mis preocupaciones, ni Alice, n Emmett, ni bandas de cera fría, ni Edward tenían cabida en mi mente en ese preciso instante, bueno… Edward sí, eso era inevitable…