Notas: (*) Si sufrir fuera sencillo, novela de corte romántico y ficción histórica, escrita por Irene Lozano.
Chale moment, perdón por ser una decepción y no cumplir con las actualizaciones, pero he estado en etapa Britney pelona. Nada me ha salido bien en estos meses. Mi proyecto se derrumbó, tuve que volver a plantearlo, lloré enfrente de mi tutora por la frustración, el coronavirus me impide estar en laboratorio y avanzar y mil cosas más x'D. No crezcan, quédense pequeños y bonitos.
Capítulo XXVIII
Si sufrir fuera sencillo (*)
{O de cómo la gente debe de hacerse responsable de sus actos.}
Tom levantó la cabeza y miró el techo sin muchas ganas. Sentía que los ojos le ardían y le pesaban, producto de la frustración y la fatiga, quería cerrarlos e irse a dormir, despertar mil años después, cuando todo hubiese terminado y no tuviese que enfrentarse a la realidad. Los errores que cometió en el pasado volvieron cuando menos lo esperó, poniéndolo en una posición difícil. Contempló al niño entre sus brazos. Harry tenía una expresión de cansancio y aburrimiento, parecía que en cualquiera momento se olvidaría de respirar porque la vida no terminaba de complacerlo y la consideraba una cosa innecesaria.
A veces, Tom tenía miedo de que Harry se escurriera de entre sus dedos como agua que nunca se mantenía estática. Sus ojos irradiaban las más absurdas ideas y su rostro emulaba la fiereza tranquila de las llamas de los cirios a punto de extinguirse.
—¿Por qué no tomas una siesta? —le preguntó Tom a Harry.
—No la necesito —respondió Harry. Se acurrucó entre los brazos de Tom, colocando una de sus mejillas sobre el hombro derecho del otro.
Sirius se mantuvo en silencio, absorbiendo en sus pupilas la imagen de dos chicos que cargaban con el destino trágico que les heredaron sus padres y la sociedad. Se aferraban el uno otro, como si no tuvieran un suelo por debajo que los sostuviera y temieran hundirse en la zona hadal. Parecían tener la esperanza de que las expectativas y las responsabilidades dejarían de aplastarlos si se fusionaban y se convertían en algo más, un ente diferente. Al cabo de un rato, Sirius decidió darles espacio para que hablaran, se puso de pie y salió de la habitación sin hacer mucho ruido.
Tom pensó que Sirius no era tan estúpido como le hacía creer al mundo, que incluso en su locura, comprendía más que la mayoría cuando era necesario. Inhaló y exhaló. Se dejó caer sobre el sillón y reacomodó a Harry en su pecho.
—Hice horrocruxes para mantenerme con vida. Arranqué pedazos de mi alma y los coloqué en distintos recipientes —susurró Tom.
Harry observó a Riddle con burla cariñosa.
—Lo supuse desde la primera vez que investigué el término, pero quise convencerme de que estaba en un error. Algunos días me gusta engañarme a mí mismo, para engañar a los otros y no meditar cosas demasiado macabras. Soy poco confiable. —Harry cerró los ojos, restregó su cara en el cuello de Tom, buscando consuelo—. Sin embargo, no se puede huir por siempre de la verdad. Cuando estaba haciendo el ritual me decía a mí mismo que tomaba ese camino tan largo y doloroso porque no había otra manera y tú te negabas a decirme qué eras, me convencía de que lo que llegué a vislumbrar en los libros que leí no podía ser verdad. Me temo que puedo subestimar lo cruel que has sido.
Tom acarició el cabello de Harry mientras lo escuchaba.
—Eres muy aterrador, Tom. Mírate, tienes facciones tan bonitas que cada uno de tus gestos es un paisaje y tus palabras parecen sonetos. Me sorprendo todos los días admirando lo catastrófico que es tu encanto. —Harry suspiró.
—Dices las cosas más dulces, tu boca está derramando miel, cariño —dijo Tom.
Harry se rio con suavidad.
Tom tomó el rostro de Harry entre sus manos y lo obligó a levantarse un poco para que se miraran a los ojos. Harry tuvo que apoyarse en el pecho de Tom para no lastimarse y cumplir con los caprichos del otro. Riddle lamió su labio inferior antes de besar a Harry con ansias; mordió los labios resecos y los chupó sin el menor cuidado. Sus dientes chocaron, rechinando de manera desagradable, pero eso no detuvo de ninguna manera a Tom. Harry gimió por el dolor cuando sintió que su lengua era engullida y maltratada, le hormigueaban los labios, apenas los sentía. Respiró con problemas por la nariz e ignoró la saliva que escurrió por su barbilla.
Tom se sintió un poco piadoso después de unos minutos y soltó a Harry. Lo miró con una sonrisa que expresaba el hambre que tenía y no parecía saciarse.
Harry agarró aire antes de dejarse caer de nuevo sobre Tom, agotado por la cantidad de emociones abrumadoras que experimento en un tiempo tan corto.
—¿Y si en realidad nunca pude amar porque te estaba esperando y tenía que guardar todos mis sentimientos? Te quiero tanto que no puedo sentir la dulzura del primer amor, sino que me arde el pecho, es devastador, quiero guardarte en mi cuerpo, devorarte, que nuestra sangre se una y que sólo yo sepa de tu existencia. ¿O es simple obsesión? —cuestionó Tom.
Antes de que Harry pudiera ordenar sus pensamientos, las lágrimas se resbalaron de sus ojos sin que se diera cuenta, cayeron una tras otra, como una llovizna de verano, cálida e inesperada, cada gota aterrizando en el cuello de Tom. Quería decirle a Tom que no sabía mucho sobre amor de cualquier tipo, que sólo era un adolescente ignorante en miles de asuntos, pero que estaba muy feliz de oír era tan adorado, que le tenía sin cuidado si era amor de verdad o una obsesión. Quería decirle a Tom que no podía cuantificar o definir lo que significaba amar alguien más y por eso nunca se atrevió a precisar o aclarar su relación con palabras y sólo dejaba que sus instintos lo guiaran.
La expresión de Tom se suavizó y volvió a acariciar el cabello de Harry.
—¿Por qué lloras? —preguntó Tom.
—No sé. Supongo que me gustas tanto que me siento abrumado por tus palabras —respondió Harry—. ¿Te sientes enfermo? Estás siendo demasiado sincero y emocional.
Tom detuvo su caricia y con enojo le jaló el cabello a Harry.
—¡Aw!, perdón, no me lastimes, es broma. Sigue mimándome.
—Niño molesto.
—Uhu, lo soy, pero sé que no te importa que te fastidie. De seguro ya te acostumbraste —dijo Harry, hizo una pausa antes de continuar—, ¿no estás angustiado por el retorno de tu versión mayor?
—De alguna manera ya me lo esperaba. Nunca fui una persona fácil de tratar y siempre tuve planes alternativos en caso de que el principal fallara, así que después de tu pelea con Quirrell pronostique esta situación.
—Mi futuro esposo es muy inteligente.
—¿Futuro esposo? —Tom estuvo a punto de levantarse por la impresión, no obstante, tener a Harry encima se lo impidió.
—Ya conocí a mi suegro, ¿sabes?, casi compartí tumba con él, nada mejor que eso para hacerse más cercano a la familia política —bromeó Harry.
—Sigo olvidando que entre más nervioso estás, más chistes haces.
Harry se rio sin vergüenza alguna.
—No te diré que no te angusties, ni tampoco voy a murmurar discursos motivacionales, eso no va conmigo y creo que es una pérdida de aliento. La guerra vendrá, siempre fui una representación viva del conflicto y, por extensión, Voldemort también lo es. Será devastador, la gente va a morir, no se puede evitar —dijo Tom—. No podrás salvarlos a todos, lamento decirte que el precio de las batallas es demasiado alto.
—No quiero que mueras —susurró Harry.
—No quiero morir —replicó Tom—. A estas alturas, soy consciente de que el final de una era está llegando, pero no puedo comenzar de nuevo, ni corregir mi pasado para evitar la calamidad. Lo único que puedo hacer es seguir con el papel que he ido adquiriendo a lo largo de los años desde que te conocí.
—Te has vuelto más elocuente con el paso del tiempo. —Harry rodeó el cuello de Tom con ambos brazos y lo estrujó con devoción.
—He aprendido de los errores. No siempre es mala idea analizar tus fallos para volverte más fuerte. Los más grandes suelen caer por exceso de confianza, ¿no? —un esbozo de sonrisa apareció en el rostro de Tom—. En los últimos meses, llegué a la conclusión de que aunque sigo odiando a mi madre y padre, no puedo negar que me odiaba más a mí mismo por no cumplir con mis estándares. Sentí tanto dolor cada momento de mi infancia, ya fuese por el frío en los huesos, por las golpizas, por la falta de alimento y el retumbar de mi estómago, por no tener el estatus o el poder necesario y salir de mi miseria, que termine engendrando odio.
Harry besó el mentón de Tom para consolarlo.
—No fue hasta que pelee contigo una y otra vez y no me guardaste rencor que pude entender lo que significaba tomar lo peor de ti y volverlo lo mejor. Todavía siento mucha ira y odio, pero he aprendido a burlarme y desquitarme sin provocar miedo o desagrado. Pienso que mi resentimiento puede ser una inspiración para destruir y construir al mismo tiempo, encontrar un lugar al que pertenezco, mostrar mi valía sin excusas y sin cargar con culpas que no me pertenecen. Quiero escupirle a los sangre pura que me despreciaron y pisotearlos con seguridad. Esos juegos de control por medio del miedo nunca van a funcionar...
—Veo que tus neuronas al fin puede hacer sinapsis —dijo Harry con tono perezoso—. El camino siempre es más fácil si te acompaña gente fiel y a la que le gustas de manera sincera.
Tom talló el cabello de Harry con irritación.
—He estado dominado por el temor más de lo necesario, es un poco aburrido tener miedo siempre, para variar, los Slytherin también deberían de tener una pizca de valor —señaló Tom.
Harry apretó su abrazo en un silencioso apoyo.
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(Si sufrir fuera sencillo)
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Sirius tenía la mirada perdida. Habían pasado dos días desde que Tom se arriesgó y buscó el horrocrux en el interior de Harry y sus temores se hicieron realidad. Meditó largo y tendido sobre el hecho de que Riddle se atrevió a beberse la poción entera de veritaserum para mostrar su sinceridad y buenas intenciones antes de comentar sus conjeturas.
Érase una vez, el joven Sirius Black que veía la vida en blanco y negro, que terminó siendo traicionado y encarcelado. En la actualidad, estaba demasiado agotado como para juzgar todo desde una posición de moral privilegiada y sesgada.
Tom Riddle era un adolescente agradable, la belleza que Harry amaba adular, lo hizo más difícil de odiar, hubiese sido un poco más sencillo juzgarlo como malvado si fuese dueño de la macabra apariencia por la que Lord Voldemort fue conocido. Desde los tiempos más antiguos, lo hermoso se consideró como sinónimo de bondad y lo grotesco como uno de maldad, de manera inevitable tal percepción siguió arraigada en la gente con el paso de los años.
Era más fácil de creer que una criatura fea tenía un alma par, era más sencillo odiar cuando había falta de belleza. La cantidad de ejemplos de hombres y mujeres que se enamoraron de la apariencia e ignoraron horribles personalidades era inmensa.
En cualquier caso, Harry no daba la impresión de ser tan superficial y amar a Tom por ser un hombre guapo. Sirius tenía la teoría de que lo que más le gustaba a Harry era el fervor con el que Riddle lo miraba y sostenía, tal religiosidad y afición rara vez se veía en el mundo mágico, en el que las conexiones lo eran todo y el amor era un extra, una idea muggle.
No conocía ni un solo caso en el que las relaciones comenzaran por puro sentimentalismo, ni siquiera James, que se había casado con una hija de muggles. Él se aseguró de elegir a la mejor bruja, escogió a Lily, que fue una rosa salvaje floreciendo en medio del invierno. James Potter creció en un ambiente donde siempre obtuvo lo que quiso y consideró lo más valioso, así que su caza no inició con tanta inocencia como la mayoría pensaba. Eso no quitaba que al final fue un esposo ideal, reformando su comportamiento hasta volverse un desconocido.
Aunque Riddle pudo haber pensado en obtener ventajas económicas y políticas por el estatus de Harry, no valía la pena pasar por tantos problemas, dado que podía obtener lo mismo si se dedicaba a encantar alguna mujer sangre pura y se casaba con ella.
De alguna manera, Sirius también consideró que su ahijado era igual de peligroso que Tom, sólo necesitaba aparecer y ser su yo alocado y leal para que Riddle se derritiera y pasara de ser una feroz cobra a un manso gatito que extendía sus suaves garras cuando estaba irritado.
—Si piensas tanto se te va a quemar la cabeza.
Sirius enfocó la mirada y con la misma le reprochó a Tom por su grosería. Riddle sonrió con saña como respuesta.
—Estoy anonadado por tu falta de respeto por tus mayores —dijo Sirius.
—¿Quieres que te trate con poco sinceridad y te hable de manera pomposa? Soy un experto.
—Tienes una personalidad terrible.
—Gracias. —Tom se paseó por la cocina, buscó una taza para servirse té.
—No era un halago. —Sirius se talló un lado de la cara por frustración—. Cambiando de tema, ¿has pensado en algo que pueda ser de ayuda para Harry y su problema con los sueños? En la mañana recibí una carta, dijo que no se han detenido y le está costando descansar.
—No. Consideré enseñarle oclumancia en lo que resta de las vacaciones, sin embargo, su personalidad no es adecuada. Es demasiado emocional y reservado, por raro que parezca, así que será un calvario para él mostrar la totalidad de sus sentimientos. Si lo obligo a defenderse del hechizo legeremens para que alce muros podría ser contraproducente y terminará más expuesto.
—¿Reservado? —cuestionó Sirius, alzó una ceja.
—Ya has hablado con él varias veces y apuesto a que no tienes ni idea de cuáles son sus verdaderas aspiraciones en la vida. Incluso yo, todo lo que sé es que tiene la absurda idea de "dominación mundial" por razones desconocidas. Cuando me lo dijo, pensé que era una broma o que se le olvidaría cuando llegara a la cumbre de su adolescencia, no obstante, sigue con el mismo ideal. Apuesto a que crees que es un genio nato y que apenas conoces la cantidad de tiempo que le dedica a los estudios. Ni siquiera debes de saber cuál es el nombre de su cuidadora en el orfanato —dijo Tom, se sirvió té una vez que tuvo una taza en sus manos y dio un primer trago—. Escondió mi existencia por casi cuatro años, nunca les contó a sus amigos sobre lo enfermo o estresado que estaba ni se dieron cuenta hasta que fue necesario contarles y se expuso.
Sirius frunció el ceño, entre más oía, más se daba cuenta de que proyectar una personalidad tan burbujeante y sincera era una protección innata.
—De alguna manera, es un experto en divagar, ni siquiera él se da cuenta de cuando lo hace por instinto y para evitar los temas que le incomodan. Hasta que no esté dispuesto a abrir su psique, lo único que hará un entrenamiento de oclumancia es torturarlo. No se trata sólo de meditar y ordenar los pensamientos, también es necesario conocerse a uno mismo hasta los cimientos para resguardar las debilidades y saber cómo defenderse de manera apropiada. Se requiere de momentos de vulnerabilidad y no es raro terminar detestando lo que eres —explicó Tom. Siguió bebiendo su té sin agregar nada más.
—Entrenar la mente es muy difícil, ¿verdad?
Tom asintió.
—El dolor físico no es nada frente al dolor emocional. Las heridas en la carne cicatrizan, pero las heridas en el alma pueden permanecer sangrantes durante toda la vida, incluso cuando crees que ya se han curado, en realidad siguen ahí, ardiendo como el primer día. Lo último que alguien quiere es enfrentarse a lo que provocó el daño.
Sirius hizo una mueca y tragó saliva. Sintió un poco de lastima por Tom, sin embargo, no se atrevió a mostrarla. Para que una persona tan joven hablara con tanta experiencia, tuvo que haber crecido más rápido de lo normal y navegado entre las aguas turbias sin ayuda de nadie. No tenía nada que envidiarle a los entrenamientos despiadados que algunas familias preparaban para sus herederos.
—Tarde o temprano, Harry tendrá que elegir entre resistir los ataques a su mente por parte de Voldemort o enfrentarse a sí mismo. No sé no cuál de las dos situaciones es peor —dijo Tom—. No es un niño muy estable.
Sirius cerró los ojos. Ah. Se sentía demasiado inútil.
Tom siguió bebiendo su té. El olor a jazmín inundó sus fosas nasales, recordándole la esencia que se aferraba la ropa de Harry.
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Unos días antes de que Harry tuviera que regresar a Hogwarts, apareció en Grimmauld Place y obligó a Tom a que saliera de su encierro para que fueran a comer al centro de Londres. El viaje de varias horas no parecía molestar a Harry, sin embargo, Tom se irritó al poco rato.
Riddle notó que Harry tenía ojeras y su piel se veía más pálida de lo normal. No dijo nada al respecto porque conocía la personalidad del otro. Si Potter no consideraba que necesitaba ayuda o consuelo, no hablaría.
—Vamos a encontrarnos con Cedric Diggory —dijo Harry cuando estuvieron cerca de un restaurante lujoso.
—¿Por qué? No quiero ver a ese perdedor —comentó Tom.
—Porque necesito su ayuda. Además, quiero verlos a los dos juntos para saber quién es más guapo.
—¿Te atreves a compararme con él? —Tom frunció sus labios con disgusto.
—Es una persona destacable, por eso me atrevo, pero de manera poco objetiva y parcial, en mi corazón tú eres el más guapo e inteligente —dijo Harry.
Antes de que Tom siguiera despotricando lo arrastró hasta la entrada del restaurante y se presentó ante el mesero que estaba en la recepción para dar su nombre y el de la persona que buscaba. El mesero asintió y sin ningún titubeo los llevó a una mesa en una esquina apartada.
Cedric ya estaba bien acomodado y esperaba sin ningún rastro de ansiedad.
—¡Cedric! —saludó Harry cuando estuvo cerca.
Diggory inclinó su cabeza en reconocimiento, le sonrió a Harry con alegría y enseguida miró a la persona que lo acompañaba.
Tom Riddle se paró con aplomo a un lado de Harry, vestía todo de negro, desde la camisa hasta los zapatos, sin embargo, no se veía como si fuera a un velorio, sino que tenía un aire sobrio y elegante a su alrededor. No había ningún cabello fuera de lugar o una mota de polvo que ensuciara su ilustre apariencia.
—Espero que no te moleste que alguien más haya venido —dijo Harry. Se acercó para jalar una silla y tomar asiento.
Tom hizo lo mismo, colocándose cerca de Harry y lejos de Cedric.
—Este es Tom Riddle, Tom, él es Cedric Diggory —presentó Potter.
—Es un placer conocerlo, señor Diggory —dijo Tom sin expresión alguna.
—Lo mismo digo, señor Riddle —respondió Cedric sin perder el ánimo por la aparente sequedad de Riddle. Se había enfrentado a más de un joven que fue educado para ser un tempano de hielo a lo largo de los años.
Harry los ignoró después de presentarlos y se ocupó llamando al mesero para que les trajera el menú. Ordenó y enseguida le pidió a Tom que hiciera su elección. Cedric imitó el comportamiento de buena gana.
Riddle tuvo que darle crédito a Harry, Diggory era el molde de lo que fingió ser a lo largo de los años, sólo que con bordes más suaves. Podía entender porque Potter estaba tan interesado en la idea de verlos a los dos juntos.
—¿Puedo preguntar con qué puedo ayudarte, Harry? —inquirió Cedric. El mesero ya se había ido con sus órdenes en sus manos.
—Uh... escuché que el Señor Oscuro planea hacerle una visita al Ministerio de Magia, en especial al Departamento de Misterios. No sé a ciencia cierta en qué día o mes, pero no parece ser una fecha cercana, apenas se está reorganizando —explicó Harry con voz baja, apenas audible para los presentes—. Sé que tu padre trabaja en el Ministerio, así que pensé que quizá puedas obtener información sobre lo que se almacena o se ha almacenado en el Departamento de Misterios y que se puede considerar importante. Quiero saber qué busca.
Cedric asintió y se dio un tiempo para digerir la petición.
Tom jugueteó con sus dedos sobre la mesa, pensativo. Era obvio que Harry le estaba pidiendo algo grande a Diggory, pero éste podría estar inclinado a ayudar porque sentía que Potter tuvo que ver con su supervivencia en la última prueba del Torneo.
—No prometo obtener gran información. Aunque puedo visitar a mi padre en el Ministerio, estoy relativamente restringido. Tienes que saber que el Departamento de Misterios está muy bien resguardado y no soy tan hábil como para burlar la seguridad —dijo Cedric—. Daré lo mejor de mí.
Harry le respondió con una sonrisa que incluso llegó a sus ojos y le dio un aire dócil.
Tom rodó los ojos. Detestaba ver esa faceta de blandura en Harry, porque era una que apenas le favorecía. Prefería su agresividad y burla, era más divertido de esa manera.
El mesero regresó con dos charolas que contenían sus alimentos. Comieron con calma, intercambiando de vez en cuando palabras corteses.
Harry masticó, sin dejar de pensar que no podía decidir quién era más guapo, si Tom o Cedric, cada uno era atractivo a su manera. La belleza estaba en el ojo del espectador, así concluyó que estaba presenciando uno de esos casos en los que la magnificencia se empacó de manera diferente.
Una vez que Cedric terminó con su comida, se levantó y pidió disculpas por tener que retirarse, argumentando que su madre lo esperaba por la tarde para ir a comprar materiales escolares. Harry asintió con comprensión, le pidió que lo dejara pagar la cuenta y lo despidió. Tom fue más cortante, pero cumplió con el protocolo.
Entonces Diggory partió, no sin poder evitar echarle un vistazo al par que se quedaba atrás. Riddle aprovechó que se quedaron solos y pasó uno de sus brazos por los hombros de Harry, se inclinó para acomodar sus labios y nariz a la altura de la oreja del otro, en un gesto tan íntimo y provocativo que Cedric se sintió avergonzado.
Se fue del restaurante sin saber que Tom lo estaba mirando por el rabillo del ojo, desdeñándolo.
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El regreso a la escuela vino con noticias incómodas. Debido a que Dumbledore no logró encontrar un profesor de defensa, el Ministerio proporcionó uno. No obstante, dicho profesor, o mejor dicho profesora, era una ofensa para la buena educación, según Hermione. Dolores Umbridge era una oda a lo cursi, parecía un sapo vestido de rosa, su voz chillona lastimaba los oídos y su personalidad apestaba en muchas maneras. Su forma déspota hizo que la mayoría de los alumnos la odiaran en el primer día.
Harry decidió ignorarla por su propio bien, suficiente tenía con Voldemort. Tom le prometió que en las próximas semanas le iba a mandar una poción para ayudarlo a bloquear estímulos externos durante sus horas de sueño, una variación más potente del hechizo que le lanzó cuando estuvo cerca de la muerte por el ritual de resurrección. Sería provisional, en lo que encontraban una forma de romper el vínculo y lidiar con el pedazo de alma que tenía en su interior y no le pertenecía. Así que, por lo mientras, tenía que soportar los dolores de cabeza.
Ron y Draco, por su parte, estaban a merced de Hermione, se preocupaban todo el tiempo porque ella seguía malhumorada y los despreciaba por no ser hombres más decisivos. Lo último que se pasaba por sus cabezas era lo extraña que era su relación y cómo sería recibida por el mundo. Ninguno se dio cuenta de que nunca pensaron en separarse o que era raro que los tres estuvieran juntos. Malfoy y Weasley planeaban todas las mañanas cómo hacer que Hermione los perdonara.
Harry pensó que eran un par de idiotas enamorados muy divertidos. Deseaba que se mantuvieran de esa manera por mucho tiempo, sin preocuparse por cosas como el qué dirán o la guerra.
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—No —dijo Harry de manera tajante.
—¿Por qué no? ¡Umbridge es una horrible profesora, estoy seguro de que tú puedes hacerlo mejor!, ¡peleaste con alumnos más experimentados en el Torneo, serías un buen profesor! —dijo Ron.
—Porque se requiere de tiempo y esfuerzo. Además, esa bruja parece estar pendiente de lo que está pasando en la escuela. ¿Recuerdas que llamó a Draco y le insinuó que cualquier información "anormal" sería bien recibida y no faltarían las recompensas? —Harry arrugó la nariz.
—Puede ser un grupo reducido —intervino Hermione—. Sólo personas que conocemos bien, diez como máximo. Yo me encargaré de la parte teórica y tú puedes enseñar la práctica, eso te quitara trabajo.
—Será un grupo de estudio provechoso. No podemos pasar un año leyendo un libro censurado y basura que el ministerio aprueba. Sabemos que el Señor... que el Señor está de vuelta y no perdonara a nadie, necesitamos aprender a marchas forzadas. —Draco apoyó la causa sin dilatación—. Sólo los más cercanos, no necesitamos hacer caridad o atraer más estudiantes, así que estaremos a salvo.
—Espero que todos me llamen Emperador Harry durante las clases y al final que se arrodillen para decir: ¡salve, Lord Potter! —dijo Harry.
Hermione se palmeó la frente con fastidio, Ron y Draco no pudieron aguantarse la risa y se carcajearon.
—No es una broma. Puedo aceptar que me digan Su Alteza.
—Eres un loco —dijo Draco.
Harry le sonrió con descaro, antes de decir:
—Incluyan a Cedric Diggory y Luna Lovegood. Los otros cuatro lugares están disponibles para que ustedes los llenen. Hermione, te dejo a cargo del plan de estudios, cuando lo tengas me das una copia, para repasar los detalles y estudiar los hechizos que no conozca.
Hermione asintió.
—Agrega la teoría sobre magia mental. Draco puede ayudarte, estoy seguro de que sabe mucho sobre eso. Que Ron haga una clase sobre estrategia militar, supervísenlo —siguió ordenando Harry.
—¡Nos estás dejando todo el trabajo duro! —exclamó Ron.
—Bueno, ustedes lo propusieron, dejen de quejarse, les servirá de estudio previo. —Harry hizo un gesto con la mano para minimizar la queja—. Es todo.
—¿Dónde nos vamos a reunir? —cuestionó Hermione.
—No lo sé. La ubicación tentativa es la Cámara, le preguntaré a Tom o Sirius si conocen algún lugar más adecuado —respondió Harry.
Los otros hicieron que sí con la cabeza.
Harry exhaló. No terminaba de salir de un problema para meterse en otro. Vivir era difícil, sin importar si se estaba feliz o triste, la carga era pesada. Tom tenía razón, los Slytherin necesitaban de vez en cuando una pizca de valentía para soportar.
