DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a La Saga Crepúsculo, de la autora Stephenie Meyer, la trama es de mi completa autoría. Esta prohibida su adaptación parcial o total y su traducción a cualquier idioma.
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Fantasmas del Pasado.
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—Bella, hija, desayuna conmigo. —Charlie me tomó del brazo y me llevó directo a la cocina.
Todavía tenía a Edward en la cabeza, tan ajeno e indiferente hacia mí. Simplemente no podía creerlo.
—Buenos días cariño, estaba por subirte el desayuno. —Heidi y Charlie intercambian miradas.
Aquí había gato encerrado, y debía averiguar por qué Edward se comportaba así.
—Pues ya estoy aquí. —mi mente seguía en la sala de estar.
—¿Dormiste bien? —Charlie me tomó de la mano, tratando de hacerme volver.
—Perfecto, la verdad. —apenas sonrió.
—Sabes que puedes descansar todo lo que quieras. —me guiñó un ojo.
—Estoy bien, ya descansé suficiente. —bromeó un poco.
Bella… Charlie trata de decir algo, pero lo interrumpo.
Ahora no, solo quiero desayunar. mas tarde me encargaria de enigma de Edward Cullen.
Los panqueques de mora que preparó Heidi poco a poco hicieron que Edward saliera de mi cabeza solo por un momento, la comida en la clínica era buena, pero nada tenía comparación a la que preparaba Heidi.
—Bueno ya debo irme, ¿necesitas algo? —Charlie se puso de pie.
—Te aviso si me ocurre algo. —me levanté de hombros.
—Hasta más tarde entonces. —Charlie posó sus ojos en mí, luego en Heidi.
Aquí había amor, amor del bueno.
—¿Me pregunto cuando lo harán oficial? —le lancé a Heidi mientras dejo los platos en la mesada.
—¿De qué hablas cariño? —me regaló una amplia sonrisa.
—La relación entre tú y Charlie... —dije sin más.
—Bella… —esta se puso colorada.
—Beau tal vez no se dé cuenta, pero yo desde hace mucho que lo sé. —me sentí en mi deber de decirlo.
—Tu padre quiere esperar… —no me miró.
—Heidi no me molesta, tu presencia ha llenado el vacío que nos dejó mamá. —le guiñé un ojo mientras salía de la cocina.
Me detuve en media sala y todavía podía ver a Edward parado ahí observándome, mi vida había cambiado y al parecer y él había decidido no ser parte del proceso.
Subí las escaleras de dos en dos, era hora de ducharme. Además, no quería ser una vaga por siempre, tenía que ponerme al día con las inscripciones de la universidad y pues tratar de construir mi vida.
Pasé la mayor parte de la mañana pegada a la computadora evitando cualquier red social y farándula, no estaba preparada para nada de eso todavía.
Milagrosamente las inscripciones en la NYU estaban abiertas así que no dudé en postularme para Psicología, sabía que debía de prepararme para las pruebas en una semana así que eso mantendría mi mente ocupada.
De pronto escuché el ensordecedor sonido de un celular y caigo en cuenta de que era el mío, rápidamente contesté.
—Hola Hermanita, solo quería saber si estabas bien. —escuché voces en el fondo.
—Estoy bien Beau, no debes de preocuparte tanto. —rodé los ojos, no quería presiones.
—Estaba pensando en… ¿qué tal si almorzábamos juntos? —dudó un poco.
—Perfecto debemos hablar y mucho. —estaba segura que él me daría las respuestas que necesitaba.
—Perfecto, ¿puedes decirme donde está mi auto? —necesitaba salir pronto.
—Bella no creo que sea buena idea… —se cortó a media palabra.
—Oh vamos Beau, no me estrellaré o algo así. —comenzaba a molestarme.
—Está en el garaje, Bella ten cuidado. —se tornó preocupado.
—Estaré bien bobo te paso la ubicación del restaurante. —dicho esto colgué.
Salí de mi habitación a toda prisa quería conseguir las llaves del auto que suponía estarían en el despacho de Charlie.
—¿Heidi? —llamé mientras bajaba a la sala
—Si Bella. —dejó el plumero a un lado.
—¿Y el despacho de Charlie? —todavía no sabía nada de esa casa.
—Debajo de las escaleras cariño. —señaló hacia la habitación dónde había visto salir a Charlie anoche.
—¿De casualidad no sabrás donde guardan las llaves de mi auto? —estaba esperanzada.
—Busca en el primer cajón a la derecha, deben de estar junto a las de la camioneta. —sonaba realmente segura.
—¿Charlie tiene una camioneta? —abrí los ojos de par en par.
—De vez en cuando es un hombre rustico. —Heidi se echó a reír apenada.
Le acompañé con risas mientras me dirigía al despacho, si la segunda sala era hermosa, el despacho de Charlie me había enamorado. Una amplia escalera de pared a pared acompañado de una hermosa chimenea eléctrica, sofás de cuero y un gran escritorio de madera en el medio. Y como plus un mini bar en la esquina junto a un estéreo.
Todo lo que un rico empresario podía soñar.
Me senté en la silla giratoria y revisé los cajones del escritorio como Heidi me había indicado, obviamente había encontrado las llaves, pero estas estaban acompañadas de una gruesa carpeta con mi nombre inscrito. Sin detenimiento alguno empecé a hojearlo, no entendía mucho sobre leyes, pero este era el expediente de mi caso contra Jacob Black y Tyler Cromwell.
Miré las evidencias y me llevé la mano a la boca para no gritar, era la primera vez que veía las lesiones que había sufrido el día que casi me matan desde otro ángulo. Las fotos eran crudas todo mi cuerpo parecía un mapa de moretones, me habían lastimado en las partes, donde menos se podría llegar a imaginar. Miré la sentencia de Jacob y eran 35 años de prisión. Tenía entendido que Tyler había escapado al extranjero así que mientras no estuviera aquí, no había manera de enjuiciarlo. Eso me aterraba como nunca, por mi alguien pasaría la mitad de su vida tras las rejas. Eso me hizo pensar que si Jacob se enteraba que estaba de vuelta no tardaría en buscarme.
Guardé el expediente de nuevo en el cajón y tomé las llaves. Dejaría esto para después.
—¿Te sientes bien?, es como si hubieras visto a un fantasma. —Heidi rápidamente se alarmó.
—No debes preocuparte. —traté de componerme.
—¿Acaso saldrás? —miró las llaves en mis manos.
—Saldré con Beau a almorzar, nos vemos más tarde. —le guiñé un ojo.
—Si quieres puedo desempacar por ti. —insinuó para que me quedara.
—Aun no Heidi, debo mudarme sola. —reí mientras salía por la puerta a las carreras.
Las llaves del auto tenían el control remoto del garaje, así que lo levante en esa dirección efectivamente ahí estaba mi bebé al lado de la camioneta de Charlie. Corrí hacia él y en un segundo estaba adentro. Acaricié el volante y, literal, lo abracé, lo que más extrañaba de estar en casa era conducir. Encendí el motor y este ruge a mi llamado, apenas en segundos estaba dejando la casa atrás.
Conduje despacio porque no dejaba de admirar todo a mi alrededor, apreciaba las cosas muy diferentes ahora que no había nubes grises a mi alrededor es como un ciego cuando recupera la vista, todo lo deslumbra. Y eso me estaba pasando a mí. Encendí la radio y me dejé llevar por el hilo musical mientras atravesaba la ciudad directo hacia la empresa. Seguía siendo algo masoquista y no me rendiría hasta encontrar las repuestas que tanto me aquejaban.
A las 12:30pm estacioné en frente del enorme edificio, las personas iban y venían trajeadas y apresuradas, mientras cruzaba el umbral de las puertas giratorias todas las miradas se fijaron de mí, tal vez era porque la niña problema había regresado o era gracias al top que dejaba al descubierto todas mis cicatrices. Me había quitado la chaqueta a propósito si algo me enseño Carmen es nunca avergonzarme de ellas.
—Señorita Swan. —la rubia de bote se puso de pie.
—Descuida, ya sé que piso es. —levanté la mano mientras caminaba hacia el ascensor de la izquierda.
Antes de que las puertas pudieran cerrarse Eleazar Denali entró conmigo y marcó el piso 9.
—Isabella Swan que grata sorpresa. —saludó con asentimiento de cabeza.
—Señor Denali. —imité el gesto.
—Charlie no nos comentó que estabas de vuelta. —me miró algo confundido.
—Solo tengo algunas horas en NY. —no quería hablar del tema.
Por un breve momento ambos nos quedamos en silencio, obviamente tenerlo en frente no se me hacía fácil. Me recordaba que su adorada hija había hecho de todo para destruirme.
¿Acaso sabría que Tanya no era su hija biológica?
—Pues algunas cosas han cambiado, espero que pronto te pongas al tanto. —me guiñó un ojo mientras se bajaba en su parada.
Eleazar me confirmaba que algo pasaba y pues solo rogaba que no fuese lo que mi mente ya rondaba…
Al llegar a la planta alta me encuentro con tres puertas sin identificación alguna, las secretarias levantan la mirada y claro que saben quién soy.
—Señorita Swan, ¿se le ofrece algo? —habló la mujer más madura.
—Busco a mi hermano. —me sentía algo nerviosa.
—El señor Beaufort se encuentra con el señor Swan, si gusta puede pasar. —hizo señas hacia la primera puerta.
—Gracias. —le dije amablemente.
Solo di un paso hacia la puerta cuando escuché ruidos de la oficina contigua a la de Charlie.
—¿Quién está ahí? —pregunté extrañada.
—El señor Cullen. —respondió la más joven casi en un susurro.
De repente la puerta se abrió y salió una Tanya que apenas reconozco estaba enorme y con eso me refiero a que está embarazada y con una gran panza
Me miró con asombro y miro a un Edward furioso, éste al verme ahí parada baja la guardia.
—¿Volviste tan pronto? —dijo Tanya furiosa en mi dirección.
Sin decir nada más, me doy la vuelta para entrar a la oficina.
—Estúpida, hablo contigo. —dio un paso hacia mí.
—Estás demente. —la miré de reojo.
—Con razón actuaste raro toda la mañana. —gritó en dirección a Edward.
—Baja la voz. —Edward realmente estaba furioso.
Quería escabullirme, pero inconscientemente sabía que estaba a segundos de descubrir algo grande.
—¿A dónde vas? Date la vuelta y mírame. —chilló.
—Tanya no hagas una escena. —Edward alzó la voz.
—No la defiendas Edward recuerda que ahora otras cosas son tus prioridades. —le lanzó una mirada envenenada.
La puerta detrás de mí se abrió así que Beau y Charlie hacen acto de presencia.
—¿A qué te refieres con eso? — la miré mientras levanté la mano para que Beau no me interrumpiera.
—A estas alturas deberías saberlo, todo el mundo habla de esto. —señaló hacia su vientre.
—Cállate Tanya. —Edward la desafió.
—No lo haré, ella debe saber que llevo tu hijo en mi vientre. —le gritó desafiante.
Mis piernas se aflojaron, pero no permito que ella me vea caer.
—¡Felicidades a los padres! —aplaudo mientras miraba a Edward sin mostrar atisbo de dolor.
No podía decir que los ojos de Edward me mostraban algo diferente a la pena.
—No te entiendo, ¿estás feliz? —Tanya me miró confundida.
Pero no le da tiempo de decir algo más, Edward la tomó del brazo y la sacó rápidamente de la escena.
Cuando se perdieron en el ascensor me permití trastabillar un poco, mi corazón no sabía cómo podía aguantar tanto.
—¿Bella estas bien? —Beau me sostuvo.
—Si, estoy bien. —traté de inhalar todo el aire que podía.
—Pasemos a mi oficina por favor. —Charlie nos condujo hacia adentro mientras cerraba la puerta de un portazo.
—Siéntate. —Charlie me alcanzó una botella de agua.
—No se preocupen por mí. —le di un largo trago al agua.
Edward tendría un bebé con mi hermana, seria tía de un bebé que me estaba quitando lo único que quería.
—¿Cuándo pensaban decírmelo? —me reincorporé en la silla giratoria.
—Apenas llegaste ayer, no sabíamos que esto pasaría. —Charlie caminaba de un lado a otro.
—Tranquilos, no cometeré ninguna locura. —traté de calmarlos.
—Debes mantenerte alejada de todo el caos Bella. —Beau se agachó a mi lado.
—confíen en mí, me mantendré al margen. —rogaba que el caos se mantuviera a raya.
—No me mal intérpretes, pero ¿Qué haces aquí? —Charlie seguía preocupado.
—Beau y yo vamos a almorzar. ¿quieres unirte? —Cambié el tema completamente.
—me encantaría, pero tengo almuerzo de negocios, nos veremos en casa. —asintió mientras organizaba su portafolios.
—Entonces salgamos de aquí. —Beau me ofreció su mano para levantarme.
—Nos vemos papá. — cada vez se me hace más fácil decirlo.
—Nos vemos en casa, cariño. —se despidió besándome en la mejilla.
Podía notar la expresión de mi hermano, debía admitir que era muy raro, hacía un año atrás si me hubieran dicho que Charlie y yo nos trataríamos así, jamás lo hubiera creído. Pero ese libro se había cerrado y nos encontrábamos escribiendo uno nuevo y esta vez ambos en la misma página.
—Ahora serás la nena de papá. —Beau bromeaba mientras bajábamos en el ascensor.
—No seas idiota, no te quitaré tu lugar. —no podía dejar de reír.
—Muy graciosa Isabella. —Beau rodó los ojos en señal de molestia.
Amaba los silencios en el auto con Beau me daban tiempo para pensar, pensar en lo que había visto hace un rato.
Llevo su bebé en mi vientre…
Esas palabras se repetían una y otra vez en mi cabeza, comencé a sacar las cuentas desde ese día y si encajaban las fechas. No había duda de que el bebé era suyo.
—No me gusta cuando te quedas callada. —Beau hizo que volviera a la realidad.
—Todo está bien. —le guiñé un ojo.
—Bella… Edward no quería… —lo detuve a media oración.
—El será un buen padre y ella será feliz. —di el tema por terminado.
—Bueno en ese caso, hoy nos divertiremos. —sacó su celular y lo apagó.
—¿Que tienes en mente? —me gustó ese Beau.
—Podemos hacer todo lo que nos perdimos de adolescentes. —ahí estaba esa mirada tan característica de él.
—En ese caso, andando. —tenía muchas ganas de divertirme.
Pasamos la tarde metidos en el centro comercial, almorzamos unas grasosas hamburguesas en la feria de la comida, fuimos al Bowling y luego a la sala de juegos, comimos mucho helado, las personas nos observaban, pero hicimos caso omiso, amábamos ser unos niños otra vez.
Para cuando llegamos al auto, comía mi cuarta porción de helado y Beau venia con los brazos llenos de bolsas de compra.
—La pasé genial, pero es hora de regresar a casa. —lanzó todo a la parte trasera del auto.
—Yo también lo disfrute Beau. —estaba exhausta gracias al dulce y a los juegos.
—Andando a casa, entonces. —Beau encendió el auto y salimos a toda marcha.
Mientras nos acercábamos a la casa podíamos ver patrullas de la policía ir y venir, algo no andaba bien por aquí.
—Beau, ¿algo anda mal? —me acomodé en el asiento.
—parece que sí, tranquila ya estaremos en casa. —Beau aclaró un poco.
Al llegar a la casa hay patrullas afuera y policías entrando y saliendo, no entendía nada de lo que estaba pasando.
—Quédate aquí. —Beau corrió hacia las escaleras.
—De ninguna manera. —corrí tras él.
Entramos y había varios oficiales y un par de paramédicos curando a Heidi, Charlie está hablando con los policías cuando fija su mirada en mí.
—Por Dios Santo, ¿dónde estaban? —me tomó de los brazos.
—Solo fuimos a comer, ¿qué pasó? —traté de calmarlo porque me estaba asustando.
—¿Que paso con Heidi? —Beau no dejaba de verla recostada en el sofá.
—Beau tenemos que hablar. —Charlie lo tomó del brazo.
—Oigan, ¿qué pasa? —eso me molestó.
—Ve con Heidi está preocupada por ti. —Charlie gritó mientras se alejaban por las escaleras.
—¿Heidi que te paso? —me agaché frente a ella mientras le daban puntadas en la cabeza.
—No te preocupes cariño, no fue nada. —me tomó con sus manos temblorosas.
—Heidi dime por favor, ¿cómo pasó esto? —no entendía nada.
—Jacob… Jacob estuvo aquí buscándote. —se fue en llanto.
Me quedé en silencio por un segundo así que trato de correr a las escaleras, pero Beau venía de regreso deteniéndome.
—No subas bella. —Beau trató de detenerme.
—Beau, me estas asustando. —mi mente iba a mil por hora.
—Debimos hacerte caso, ahora mismo te llevaré a tu departamento. —no dejaba de negar con la cabeza.
—Lo siento, pero necesito ver qué pasa. —con una maniobra me deshice de su agarre y corrí por las escaleras.
Al llegar a la planta alta puedo ver el camino de pintura roja, lentamente doy unos pasos más y con lo que veo me basta para quedarme petrificada en la puerta, las paredes están manchadas de rojo con algo inscrito.
Supe que volviste y vine a visitarte.
— con amor Jake.
Retrocedí lentamente, mi corazón latía a mil por hora así que me dejé caer en el suelo pegándome a la pared.
Tarde o temprano esto pasaría.
Sentía el pánico apoderarse de mi e instintivamente metí mi cabeza dentro de las piernas para poder respirar mejor.
Así que comienzo a contar en voz alta hasta 10 para calmar mi respiración y consigo que ésta sea menos irregular pero mantengo la cabeza entre las piernas.
Estaba segura que el vendría por mí.
