Cuenta regresiva

Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.

Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.

Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)

Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.


Revelaciones

Harry no tardó en darse cuenta. No podía decir que fuese la persona más atenta de todo Hogwarts, pero las señales eran lo bastante claras como para que sólo Crabbe o Goyle no se percatasen.

Ramas secas que se rompían en el sendero que iba de Hogwarts a Hogsmeade, cuando sólo el grupo de Sly lo rodeaba. Tallos y hojas que se movían, igual que lo harían si alguien los hubiese apartado de un manotazo.

La puerta abriéndose sola en las Tres Escobas, cuando no había ninguna brisa que la obligase a moverse. Un vaho contra el cristal de la vidriera de Honeydukes, similar al que deja una respiración descuidada. Un quejido de Pansy en la tienda de bromas, cuando afirmó tropezar con algo, pero allí no había nada, y una voz distante, vagamente familiar, que repetía su protesta por el reciente impacto.

Se apartó del grupo cuando Nott se desvió de la ruta principal para ir por unos libros nuevos y Pansy decidió seguirlo, para buscar una nueva edición de Corazón de Bruja. Crabbe y Goyle hicieron ademán de ir tras él, pero los envió a ir con sus amigos con un gesto vago que apenas supieron interpretar.

Caminó, solo, por una de las rutas aledañas a la aldea, despacio y en silencio. Y en cuanto encontró un edificio lo bastante grande, dobló en la esquina y se detuvo, cruzado de brazos. Podría jurar que lo sentía; no podía verlo, pero lo sentía.

Estrechó los ojos.

—Malfoy, ¿me estás siguiendo bajo esa tonta capa?

Silencio. Sólo hubo silencio. Harry arqueó una ceja.

—Malfoy —Llamó, más severo. Luego hubo un débil quejido y una cabeza rubia que se asomaba, cuando él se bajaba la capa.

Malfoy al menos tuvo la decencia de lucir avergonzado, con la mirada sólo un poco gacha y un tono rosa en las mejillas y orejas. Boqueó un momento; Harry sufrió una verdadera dificultad para controlar a la serpiente que habitaba en él, que se retorcía, siseaba, y apreciaba la imagen que tenía al frente.

—¿Por qué me estás siguiendo? —Espetó, menos duro de lo que pretendía. Eso estaba mal, debería sentirse enojado— ¿piensas que voy a robar una tienda o abriré otra Cámara de los secretos?

Él lo miró horrorizado. Harry supo enseguida, sin necesidad de que se lo dijese, que nada podía estar más lejos de lo que tenía en mente.

Sin pensarlo mucho, dejó su postura a la defensiva, bajó los brazos y relajó los hombros. Aun así, intentó mantener el ceño fruncido. Una parte de su fachada debía quedarse, ¿no?

—En serio, ¿por qué me estabas siguiendo? ¿A Weasley y Longbottom no les importa que no estés ahí para decirles qué hacer? —El niño-que-vivió rodó los ojos.

—Potter —Advirtió, en tono bajo. Sostenía la capa alrededor de los hombros, por lo que sólo estaba a la vista de su cuello hacia arriba y los dedos de sus manos, allí donde sujetaba el trozo de tela—. Quería- necesitaba hablar contigo.

Él sonrió, sin notarlo.

—A ver, ¿este es el momento en que me declaras tu amor? —Se llevó una mano al pecho y pestañeó repetidas veces, como en algunas ocasiones, hacía Sirius para enfatizar su actitud dramática. Sí, su padrino estaba un poco loco.

Malfoy sacudió la cabeza, riéndose.

—¿Por qué? ¿Te molestaría si no lo hago justo ahora? —Harry tragó en seco cuando lo vio arquear las cejas.

De acuerdo, aquello no salió bien. Tuvo que carraspear e ignorar el repentino ardor en su rostro, bajo la mirada atenta y divertida del Gryffindor. La serpiente en su interior todavía se retorcía, siseando, quizás demasiado contenta para su gusto.

—Bueno, hablando en serio —Malfoy dio un rápido vistazo alrededor—. Esto es importante.

Harry soltó un pesado y teatral suspiro. La certeza en su mente comenzaba a esclarecerse.

—¿Es sobre lo que pasó en el Mundial? —Cuando Malfoy asintió, emitió un quejido, y lo siguió. El niño-que-vivió le hizo un gesto y avanzó hacia un costado de la aldea y lejos de Hogsmeade, subiéndose la capa a mitad de camino, para que nadie pudiese verlo cuando fuesen más allá de los límites.

Para quien los notase desde la calle principal de la aldea, sólo verían a Harry apartándose de los demás estudiantes que estaban de visita en el pueblo mágico, y no al chico que le hablaba desde debajo de una capa.

—He estado intentando averiguar sobre esto, pero nadie parece saber o no quieren decirme. Creo que puedo descubrir algunas cosas sobre ese día, el problema es que yo no estuve ahí, a mi padrino nunca le ha gustado el Quidditch, ¿sabes? Y la única otra persona que podría haber querido llevarme, no iba a hacerlo, no podía, así que...¿Potter? —Escuchó los pasos detenerse cuando alcanzaron la parte alta de una colina. Harry buscó la dirección de la que provenía la voz y halló el vacío a su lado— ¿por qué no dices nada?

—Porque tú tienes una capa de invisibilidad y yo no, y no quiero que me tachen de loco por ir hablando solo afuera de Hogsmeade —Replicó, con obviedad, sin mover los labios más de lo necesario. Oyó que emitía un "oh". El muy idiota no lo había pensado.

—Vamos a un sitio donde pueda quitármela.

—¿Por qué no podrías hacerlo aquí y ahora?

Los pasos se alejaban. Harry volvió a detenerse al notar que iban hacia la Casa de los Gritos.

—Oh, no. Yo ahí no me meto. Dicen que está embrujada, Malfoy, mis papás siempre me hablaron de los horribles gritos que se oían desde...

—No lo está —Harry soltó un bufido incrédulo y lo observó bajar la capa para revelar su cabeza. Era un poco tétrico conversar con una cabeza flotante, a decir verdad—. Te prometo que allí no hay nada.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque conozco su historia y sé lo que eran esos gritos. Ven y te la contaré —Malfoy bajó un poco más la capa, lo suficiente para deslizar un brazo fuera y tenderle una mano—, entonces sólo nosotros dos lo sabremos.

¿Qué tan mal estaba ser consciente de que la serpiente en su pecho se regocijaba por la manera en que le hablaba, por el cómo sonaba esa última oración?

Harry sujetó su mano y se dejó arrastrar más cerca, cubrir con la tela de la capa, desaparecer junto a él. Estaban tan próximos el uno del otro que percibió su aliento cuando exhaló, con una risa ahogada ante la inminente locura que debía tener en mente. Dentro, era todo cálido, y la colonia de Malfoy inundaba la escasa distancia entre ambos. No tenía idea de qué aroma era, pero le gustaba.

—Vamos a entrar por un lado —Le indicó, en voz baja. Harry asintió sin pensar.

Caminaron despacio, se agacharon por debajo de un alambre de púas destrozado, que en antaño debió conformar una parte de la cerca que ya tampoco tenía utilidad. Sus pasos eran más sigilosos a medida que se acercaban, y recordando las historias de sus padres sobre la casa, se pegó un poco más a Malfoy.

Utilizaron una ventana. Malfoy se sacó la capa, empujó una reja de metal que todavía se mantenía ahí, casi suspendida en el aire, que cedió con el simple roce de los dedos. Se escabulló dentro, pasando las piernas por encima del borde. Miró hacia afuera, hacia él.

Estaba haciendo una locura.

Ir tras él era una locura.

Harry resopló, se sacó la capa, la enrolló bajó su brazo, y lo imitó para pasar a través de la ventana abierta. Tosió al llegar al otro lado. Esa área de la casa, al menos, estaba polvorienta, desordenada. Creyó oír una rata y frunció la nariz.

—¿Y bien? —Le ofreció la capa de vuelta y notó cómo no sólo la tomaba, sino que la convertía en una 'bola' de tela que guardó dentro de su suéter.

—La Casa de los Gritos era usada por cuatro estudiantes de Hogwarts —Murmuró, haciéndole otra seña para que lo siguiese escaleras arriba, por una pieza tan arruinada que Harry no puso un pie en el primer escalón hasta que lo vio llegar a la cima, sin caer ni sucumbir a una muerte segura por aplastamiento de los trozos gigantescos de madera.

—¿Qué? —Arrugó el entrecejo, rechazando su mano auxiliar cuando hizo ademán de sostenerlo durante la subida, por una cuestión de principios. Él podía hacerlo solo.

—Lo que oíste —Malfoy lo esperaba en la parte alta de las escaleras, mirando con diversión cómo batallaba con destrabar su pie de uno de los agujeros entre un escalón y el siguiente—. Había un estudiante que se transformaba en lobo, tres noches a al mes, y ellos eran sus amigos. Se cuidaban entre sí. Durante sus transformaciones, venían aquí para no poner a los demás estudiantes en peligro; ellos retenían al animal, lo calmaban, lo distraían, y cuando regresaba a su forma humana, se acompañaban, para que doliese un poco menos. Las transformaciones de ese tipo siempre duelen —Le dio un vistazo por encima del hombro, como si buscase analizar su reacción. Harry parpadeó.

Le había hablado en voz baja, suave. Su expresión tranquila como pocas veces le había visto, al menos fuera de clases.

De pronto, se le ocurrió que era un chico triste. Draco Malfoy era un chico triste, porque alguien con esos ojos tan grises y cansados, y esa neutralidad en el rostro, no podía no serlo.

Y era precioso. Porque mientras su mirada lo buscaba y Harry contenía el aliento por un instante, la serpiente en él enloquecía. La escasa luz de la Casa de los Gritos lo alcanzaba. Malfoy era poco más que una ilusión mágica frente a él.

—¿Qué pasó con ellos? —Fue lo único que atinó a preguntar, cuando se encontraron lado a lado en el piso superior. Avanzaron hacia un cuarto en desuso, donde los muebles no estaban tan desgarrados ni sucios como para no ser capaces de sentarse. Malfoy volvía a caminar por delante, las manos metidas en los bolsillos, la cabeza en alto, pero la mirada dispersa.

—La guerra, los Mortífagos, las muertes. Voldemort pasó.

—Siempre me regañan por decir su nombre.

—Es sólo un nombre, Potter. Le tengo más miedo al mago que a su nombre —Malfoy se dio la vuelta y caminó de reversa, sin despegar sus ojos de él. Miedo. Le tenía miedo.

De cierto modo, aquella era una realización imposible. Harry se sentía como si el saber que el niño-que-vivió podía tener miedo, le abriese los ojos a una gama infinita de posibilidades.

¿Cómo no lo pensó antes?

¿Cómo no se dio cuenta?

Cuando se encogió de hombros, era un adolescente huérfano y cansado de catorce años, no el niño-que-vivió. Era Draco y no Malfoy.

—¿Qué quieres saber sobre lo que pasó en el Mundial? —Se dejó caer sobre uno de los sillones cuando sintió que las rodillas le fallarían. No tenía respuesta para su historia, la impresión certera de que era más que sólo un viejo cuento para él, no le dejaba soltar cualquier cosa; temía arruinarlo, temía entristecerlo más.

—Todo lo que puedas decirme —Draco se puso de cuclillas frente a él, los brazos flexionados sobre las rodillas. Lo observaba desde abajo y estaba tan, tan mal, que el corazón de Harry latiese así de rápido y la serpiente en su interior se retorciese, se alzase, buscando, buscando, buscando...

Se inclinó hacia adelante, sin pensar.

—¿Tiene que ver con lo que buscabas aquella vez? —Draco asintió.

—Es importante. Los detalles podrían darme una pista de lo que quieren.

—Todos sabemos lo que los Mortífagos quieren —Puntualizó Harry, con más suavidad de la que creyó posible alguna vez—; sólo les importa asesinar.

—Pero no sabemos el cómo, ni el cuándo.

Él suspiró y asintió.

—Fue después de la final —Comenzó, arrugando el entrecejo al hacer memoria—. Las personas volvían a sus tiendas, estábamos celebrando. Los irlandeses eran ruidosos y estaban frustrados de que su equipo no hubiese ganado. Al principio, pensé que eran ellos los que iban por ahí, protestando por los resultados; entonces mi mamá me jaló y me dijo que teníamos que irnos. Había magos encapuchados y con máscaras, y gritos, maldiciones, y...

0—

El día en que Durmstrang y Beauxbatons arribaron en Hogwarts, se armó revuelo desde temprano. Los estudiantes se amontonaban en los pasillos, se asomaban por las ventanas, se acercaban desde diferentes puntos del patio y cuchicheaban.

Harry Potter era arrastrado por una hiperactiva Pansy Parkinson, que estaba fascinada con los caballos alados del instituto de magia francés y le decía, una y otra vez, que aquello debía ser la razón por las que les pidieron ropa de gala en la lista de útiles de ese año. En otro punto del castillo, Draco Malfoy presionaba las palmas sobre el borde de un costado del muro de las escaleras que llevaban al patio y se estiraba hacia adelante, buscando una mejor vista del enorme barco que emergía del Lago Negro, y hacía caso omiso de los quejidos de un nervioso Neville que pedía que tuviese cuidado para que no se cayese y los ladridos entusiastas de Leonis, mientras intercambiaba algunos datos sobre Durmstrang con Hermione y Ron. Él ya sabía qué planeaban, pero la emoción de que estuviese empezando, era diferente que el sólo conocimiento de lo que pasaría.

Cuando el alboroto fuese contenido por los profesores y los estudiantes instados a volver, a pesar de sus claras intenciones de permanecer afuera para poder observar a los invitados a Hogwarts, una voz suave llamaría a su nombre y el niño-que-vivió se detendría en medio del corredor, frenando a su vez la plática de sus amigos al darse la vuelta para prestar atención a la profesora A.

—Nos vemos en la Sala Común —Susurró a los demás, echando a correr sin oír una respuesta, para alcanzar a la bruja, que lo guio en la dirección opuesta a la que iban la mayor parte de los estudiantes, obedeciendo a regañadientes a los maestros.

—Ya sabes que estamos organizando el torneo —La profesora le pasó un brazo sobre los hombros y lo atrajo hacia ella. Por la diferencia todavía notable de estaturas, al susurrar, lo hacía casi contra su cabello, y Draco tenía que levantar un poco la cabeza para observarla—, y que los dos colegios trajeron a un grupo de estudiantes de diecisiete años que participarán.

Él asintió. También conocía acerca de las reglas generales. Le parecía correcto que nadie menor de edad participase, arriesgando su vida en el proceso.

—Pero sus futuros campeones no son los únicos que vinieron —Aclaró ella. Una sonrisa bailaba en sus labios—. Pedí a Karkaroff, el director de Durmstrang, un pequeño favor, y hay alguien a quien quiero que conozcas antes de que todos los estudiantes se reúnan.

Antes de que hubiese abierto la boca para preguntar, la profesora empujó la puerta a su oficina, y lo hizo pasar.

—Blaise, tú no necesitas que te lo presente, supongo. Dragón, él es mi hijo; ignora su cara de pocos amigos, la amargura está en su naturaleza.

El chico que estaba de pie frente a la chimenea al fondo de la oficina debía tener su edad, meses más, meses menos; estaba seguro de que habrían entrado al mismo grupo de Hogwarts. Tenía la misma piel morena y facciones finas de la profesora, una capa gruesa con ribetes y piel, y el gorro, que desentonaban con la postura grácil que adoptaba, por ser demasiado ordinarios.

Draco dio un paso adelante y le tendió la mano. Él lo examinó un instante. Se la estrechó.

—Blaise Zabini. Una pequeña ayuda para ti —Draco se apartó enseguida, alternando la mirada entre ambos.

La profesora le dio un apretón en los hombros y desapareció por el pasillo, cerrando tras de sí, después de haberle susurrado un simple "escucha lo que tiene que decir". En cuanto los dejó solos, una sonrisa torcida, de caninos que le recordaron a los de Leonis, bastó para cambiarle el rostro e iluminar los ojos oscuros del chico.

—Tranquilo, princesa, no es para que te enojes porque nadie te haya dicho de mí —Él le frunció el ceño.

—Yo no-

—Lucius Malfoy era mi padrino —Draco fue silenciado de manera automática por la mención a su padre. El tono de Blaise también había cambiado de pronto, del burlón con que le habló a una suavidad inaudita, casi de disculpa—. Tengo memoria eidética uhm, memoria fotográfica creo que le llaman, y aún lo recuerdo. Recuerdo cada segundo. Te recuerdo a ti. Te pareces mucho, excepto por...

—Los ojos —Soltó un débil bufido y asintió. Él también lo hizo.

—Madre me ha enseñado mucho y muy bien, y en Durmstrang se aprenden ciertas cosas por las malas, más rápido que aquí. No creas que es obligado —Añadió, con otro encogimiento de hombros—. He oído de ti desde siempre, recuerdo al niño molesto de un año que lloraba por su mamá cuando ella ya había sido asesinada. Tus padres murieron, mi padre también. Debe haber más de un traidor en la Orden, y yo simplemente me dije "si lo tienen tan consentido, va a necesitar un poco de ayuda para que no lo maten a la primera…".

Draco lo miraba con incredulidad. Algo en su aura era idéntica a la de su madre, y tenía la ligera impresión de que era así de descolocado como debió sentirse Lucius la primera vez que vio a Ariadna. El pensamiento lo reconfortó.

—¿Es una forma extraña de decirme que seamos amigos?

Blaise sonrió más. Los colmillos caninos le rozaban el labio inferior a ambos lados al hacerlo.

—Nosotros ya éramos amigos hace mucho, Draco.


No recuerdo con exactitud quién o en qué plataforma fue, pero sé que hace un tiempo, alguien me preguntó si Harry se daría cuenta primero de sus sentimientos o si sería Draco. Creo que ahí está la respuesta ;)

Voy a dejarlo aquí. Son las dos de la madrugada y muero, ups. ¡Gracias por leer!