.
.
.
La pequeña Nancy quiere amigos
…
¿Quién es usted y que hace en mi propiedad? –La pregunta surgió más natural de lo que Sr. Lynn esperaba.
-Hola –la otra persona sonrió con lo que interiormente debió creer era inocencia. –Mi nombre es Nancy, me mudé con mi mami al otro lado de la calle. Un gusto conocerlo –terminó con una pequeña risa, digna de una niña pequeña.
Pero…
-¿Qué hace un hombre de su edad, vestido de esa forma y rondando mi casa? –Lo que Sr. Lynn tenía enfrente no era una niña. El hombre en cuestión ya era lo suficientemente mayor para comprender las implicaciones de lo que estaba haciendo. Usando un vestido rosado, con una peluca rubia, una barba mal afeitada y abrazando a una muñeca –. No me importa de donde venga, o que busque, sólo salga de mi propiedad ahora mismo.
Nancy frunció el ceño e infló las mejillas –. ¡Soy una linda niña de seis años de edad que pasó a saludar a sus nuevos vecinos! Lo que me está diciendo es muy malo, señor.
-Es un hombre, quizás de cuarenta, usando un vestido mientras ronda mi patio. Voy a llamar a la policía.
Regresar a casa después de un duro día en el restaurante y encontrar a alguien vestido de esa forma, y que parecía intentar espiar el interior de la casa por las ventanas. No iba a dejar que aquella persona se acercara a su familia.
-No, escuche, creo que no entiende esto –Nancy habló, y lo hizo con una voz más grave que hacía más sencillo calcular su verdadera edad –Verá, yo me auto-persivo a mi mismo como una niña de seis años llamada Nancy, ¿Entiende? Es mi identidad, la identidad con la que nací. No es mi culpa que el doctor se equivocara al intentar deducir mi género. –se golpeó el pecho con fuerza –. Pero yo soy una niña, y estoy intentando recuperar el tiempo perdido que la sociedad me quitó. Y espero que usted sea tolerante, entienda mis sentimientos y respete mi auto-percepción. ¿Puede entender eso? –Nancy entrecerró los ojos y retrocedió un paso, como si Sr. Lynn fuera el verdadero peligro allí –. O me dirá que es un fascista, y un homófobo.
-No soy fascista, y no tengo nada contra los homosexuales –. Sr. Lynn respondió. La calma que demostraba ante la situación había llegado a un punto de ser admirada –. Soy un hombre de familia, que tiene bajo su cargo a once hermosos y talentosos niños, que cuida de su esposa y mantiene una casa en orden. Y al llegar del trabajo no espero encontrarme a un hombre que podría igualarme en edad, diciendo que es en realidad una niña. ¿Puede entender mi posición?
-¡Todo lo que entiendo es que es un fascista! –Nancy regresó a su voz infantil y señaló a Sr. Lynn con un dedo mientras abrazaba fuertemente a su muñeca contra su pecho –. Un fascista como las personas malas que me trataron mal por no comprender mi auto-percepción. ¡El mundo debe de comenzar a respetar como nos vemos en realidad! ¡Nazi!
Sr. Lynn pestañó un par de veces. Durante toda su vida lo habían llamado de muchas formas, después de la media docena de hijos esos nombres comenzaron a ser algo obscenos, pero siempre eran en tono de broma. Esta debía de ser la primera vez que alguien lo llamaba Nazi, y por no tolerar que un hombre vestido de niña rondara su casa. La situación comenzaba a ser tan ridícula que casi esperaba que Luan saltara detrás de los arbustos riendo como loca mientras lo filmaba todo.
-Muy bien –masajeó su entrecejo –Digamos que usted es una niña de seis años… atrapada en el cuerpo de un hombre de cuarenta… ¿Qué se le ofrece?
Nancy lo miró con sorna y colocó una mano en su cadera mientras se ponía de puntillas –. ¡Esa no es forma de hablarle a una señorita, y Nancy es una señorita!
-Me cago en la… -Sr. Lynn suspiró – Dígame, señorita Nancy, ¿Qué se le ofrece a una linda niña como tú en mi patio? –intentó sonreír como le sonreiría a una de sus hijas menores, y se sintió como un idiota al momento de hacerlo –. Dijiste que acabas de mudarte, y estas saludando a los nuevos vecinos, ¿Verdad?
Nancy asintió emocionada, posiblemente encantada de que alguien siguiera su juego.
-Sí, me mudé con mami y con papi, ellos son muy amables conmigo y no son unos fascistas –. Dio un paso al frente a la vez que Sr. Lynn daba un pequeño paso hacia atrás –. Así que salí para saludar a los vecinos y… hacer muchos nuevos amigitos.
-…Amigitos.
Nuevamente Nancy, el hombre de cuarenta años, asintió con la cabeza. –Me gusta hacer amigos de mi edad que me acepten por lo que soy, y jugar mucho mucho mucho con ellos. Todo el tiempo, a toda hora y quizás en mi casa. Donde mis papes nos dan galletas.
-…Dirás tus papis-
-¡Eso es opresión! Los padres no necesitan un género. –Nancy gritó con fuerza.
Sr. Lynn no pudo evitar sobresaltarse, y estuvo a punto de caer de espaldas. –¿Qué? ¿Pero no acabas de decir que te mudaste con tus padres y-
-¡Opresión! No sabía que en este vecindario habría un machista opresor –Nancy ocultó su rostro contra su muñeca, y dejó salir unos cuantos sollozos entrecortados.
-Y una mierda –Sr. Lynn no recordaba cuando fue la última vez que dijo más de dos insultos en toda la semana –. Muy bien, tus papes. Ellos te criaron y te aceptan, por lo tanto vienes a mi patio a saludar y a… ¿buscar amigos?
-Amigues –resaltó Nancy, olvidando que ella había usado la palabra amigos o sólo ignorando ese echo esperando a que nadie se diera cuenta. –Busco muchos amigues de mi edad y… -dejó salir una pequeña risa –. Vi a dos niñas iguales jugando afuera… Pero cuando me acerqué salieron corriendo –Habló sumamente desanimada, como si hubiera sido víctima de un acto sumamente cruel.
-Sí, no puedo imaginar porque dos de mis hijas menores correrían asustadas al ver a una niña tan bonita –mencionó con los ojos en blanco.
Las mejillas de Nancy se volvieron levemente rojas y comenzó a mecerse hacia atrás y adelante, buscando las palabras correctas para ese momento. –Sabe… Sus hijas son bonitas, ¿Podría presentármelas? Me gustaría que las tres fuéramos amigas y… y creo que la rosa podría ser mi novia –ocultó su rostro contra su muñeca, pero le fue imposible ocultar la enorme sonrisa.
-¿Disculpa? ¿Podrías repetir eso último, cariño?
Nancy se rio nuevamente –. A Nancy le gustan los niños –agitó su muñeca frente a Sr. Lynn, como dando a entender que había sido ella quién había contestado en lugar de Nancy –. ¿O tiene algo contra las lesbianas? –regresó a su voz gruesa de hombre de cuarenta años –. Soy una niña de seis años que es lesbiana, me gustan las niñas y espero tener experiencias románticas con ellas. ¿O me dirá que sus hijas son homofobas? ¿Así las crio?
Sr. Lynn no respondió, miró fijamente a Nancy con uno de sus ojos temblando.
-Bueno –Nancy tosió un poco para regresa a su voz suave –. Espero que sus hijas no sean homófobas y sean mis novias… podemos tener una linda relación las tres, somos niñas y creo que el amor es algo que puede compartirse, ¿No lo cree, señor?
Sr. Lynn se mantuvo totalmente en silencio, mirando fijamente a Nancy con una expresión de piedra. Ninguno de los músculos de su rostro se movieron, y sus ojos parecían carecer de la necesidad de pestañar. El reflejo de Nancy era claramente visible en ellos.
-Emm… ¿señor?
Una nueva palada y la tierra salió volando junto a Sr. Lynn. La tierra en el patio trasero del Grousen era más dura de lo que había esperado. Tuvo que golpearla un par de veces para ablandarla y finalmente comenzar a recogerla. El esfuerzo que le había tomado excavar un agujero en el que apenas cabía su pie era digno de orgullo. Limpiando el sudor de su frente, volvió a dejar caer la pala y recogió un poco más de tierra. Era un trabajo duro, pero muy necesario.
-Creo que hasta allí será suficiente –Grouse se acercó sujetando un pequeño abeto. Con cuidado lo metió dentro del agujero y Lynn se encargó de regresar un poco de tierra –. Sí, se ve bien. Será un hermoso árbol algún día.
-Estoy de acuerdo, vecino –Lynn se apoyó contra la pala, el sudor comenzaba a acumularse en su frente. Al llegar a casa se daría un buen baño.
-Entonces, ¿Qué ocurrió con ese demente vestido de niña que rondaba tu patio, Loud?
-Oh, llamé a la policía y se lo llevaron –Sr. Lynn se encogió de hombros –. Su auto-percepción no le fue de mucha ayuda cuando lo metieron en una patrulla.
-Vaya, que idiota.
-Bastante idiota.
