Hola, aquí les traigo el penúltimo capítulo (ahora sí). Originalmente este debía de ser el último, pero debido a que no he podido escribir muy rápido, creo que es justo que publique lo que ya tengo avanzado hasta ahora para no hacerlos sufrir más, porque yo también sufro con ustedes, pues estoy realmente emocionada por ofrecerles el cierre de esta, su historia. Espero que todos estén muy bien. Que disfruten de la lectura.
Mary Sato: Como siempre, me apena mucho no poder actualizar más pronto, por eso aquí te dejo lo que se puede llamar la primera parte del capítulo final. Espero que lo disfrutes y que te siga sorprendiendo. Espero tus comentarios. Saludos!
Chayanne Qun: Mil disculpas por la espera, pero muchas gracias por seguir pendiente. De verdad que me conflictua, pero no he tenido el tiempo para escribir, así que por lo mismo no creo poder escribir otra historia Korrasami pronto. Aunque sí me gustaría, quizás en un futuro haga alguna colaboración.
Cryp: Aquí tenéis las continuación. Disculpas de antemano por el tiempo. No es el final completo, pero creo que peor es nada.
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"Esa oscuridad es pura, limpia, sin imágenes ni visiones, esa oscuridad no tiene final, no tiene fronteras, esa oscuridad es el infinito que cada uno de nosotros lleva dentro de sí"
–M. Kundera
La joven en cuestión le pareció que estaba en forma, pero no era en absoluto lo que se había imaginado; era más débil de lo que esperaba, en primer lugar, siempre creyó que era varón, pues así se habían referido al Avatar cuando lo habían secuestrado en su infancia. Estaba decepcionada, quizás no iba a tener la gran batalla por la que tanto se había preparado.
Zahir, no dejaba de mirar al Avatar dormida y abatida mientras la colocaban en el centro de la gran bodega. La ojiverde se acercó a Zahir y se colocó en su clásica pose de la mano en la cintura y también observo atentamente.
–No es lo que esperaba– Comento Asami.
–Nada es lo que parece, no la subestimes.
–¡Es una chica! ¿Estás completamente seguro que es el Avatar?
–Por supuesto que es ella.
–Entonces ¿Por qué el mundo cree que el Avatar es un hombre?
–El loto blanco nos engañó a todos– Dijo Zahir apretando los puños. Era difícil que él perdiera la compostura, pero el comentario le había traído uno de los más grandes pesares que cargaba su alma y por primera vez despego la vista del Avatar y la clavo en el suelo.
–Espero que no intentes jugar conmigo Zahir– Advirtió Asami –Le estoy apostando todo a esto. Yo ya no tengo nada que perder, recuerda eso.
–Muchos inocentes han muerto por proteger al Avatar…– Zahir levanto su rostro y su mirada se volvió distante –El niño al que hicieron pasar por Avatar fue de los primeros, fue a él al que secuestramos y lo demás fue… Un accidente.
–Es vida por vida entonces– Sentencio Asami al percatarse de que Zahir, al igual que ella también estaba buscando su reivindicación.
–Usted mejor que nadie puede entenderme señorita Sato– Volteo a mirarla, luego se dirigió a sus ayudantes y les ordeno que la encadenaran.
Los igualitarios la rodearon en círculo, mientras P'Li y Ghazan desataban las correas que la mantenían sujeta a la placa metálica. Todo era tensión. Zahir volvió su atención hacia la joven Avatar y se mantuvo ceñudo. Asami sintió como se humedecían las palmas de sus manos. Las cadenas sonaban escandalosamente mientras los igualitarios las bajaban de las poleas en las que colgaban. El Avatar no despertaba; le colocaron grilletes en las muñecas y los tobillos. El sistema de poleas se accionó con el mismo estruendo de las cadenas y la suspendió en el aire, aún inconsciente.
–¿Está viva todavía?– Le cuestiono a Zahir casi al oído, sin ocultar su irritación por lo inerte de la chica.
–Le aplicamos un sedante muy fuerte. No va reaccionar hasta dentro de un par de horas más.
–No tenemos un par de horas, ¡despiértala ya!
–¿Qué sugiere que haga?
–Sé creativo. Voy a salir un momento, para cuando regrese más vale que esté despierta.
Asami salió apresuradamente con un par de igualitarios escoltándola. Apenas estuvo afuera se quitó la capucha y aspiro una gran bocanada del frío aire nocturno. Sentía el estómago hecho girones y las rodillas le temblaban. Le estaban fallando las fuerzas y los sentidos comenzaban a traicionarla. Cuando las cadenas levantaron a la mujer, le pareció aún más frágil y pequeña. Sentía nauseas de sí misma por ordenar que la torturan para que despertara, algo que había deseado hacer ella misma, pero que cada célula de su cuerpo se negaba hacer ahora.
Inhalo varias veces para intentar calmarse. Miro al cielo como buscando una respuesta, una salida. Su peor enemiga estaba en sus manos, esperando su final. Toda la euforia que había sentido antes se había desvanecido, y ahora sólo sentía dolor y culpabilidad. Se sentía como si tuviera el peso del mundo en sus manos, y en cierto modo así era.
Quería huir pero ya era tarde, se había hundido en eso y si no la mataba, Zahir lo haría. El único consuelo que tenía ahora era, que quizás acabar con ella pondría fin a su dolor y tal vez le devolvería la paz. Aspiró fuertemente y antes de dar una última mirada al cielo, volvió a colocarse la capucha, y se dirigió pesadamente a la bodega.
Al entrar en donde se encontraba el Avatar, escucho unos gritos desgarradores. Al acercarse más pudo constatar que Ghazan estaba usando el metal control para introducir mercurio en los brazos y piernas de la chica. Su cabello castaño se pegaba en su cara por lo humedecido que estaba a causa del sudor. Las ropas verdes típicas del reino tierra también se veían manchadas por lo mucho que sudaba. Los gritos continuaban mientras ella se retorcía violentamente contra las cadenas, gritos que a pesar de ser ahogados por la careta, se escuchaban bastante fuertes. Era difícil de ver aquel pequeño cuerpo retorciéndose con tanto dolor. Los nervios de Asami estaban destrozados.
–¡Basta! Paren con eso– Gritó Asami. Ghazam se detuvo y la miro, al igual que los demás. Sintió sus mejillas encenderse. Estaba sintiendo lastima por la asesina de su padre o tal vez era solo que quería liberarse de esa carga de inmediato, estaba preparada para matarla, de eso no tenía duda. Zahir se cruzó de brazos y la miro de manera severa –Yo quiero hacerlo, ya lo habíamos acordado.
–Necesitamos debilitarla más.
–Van a matarla.
Zahir se lo pensó un momento, luego le hizo una seña a Ghazan e inmediatamente guardo el metal líquido en un baúl especial. Asami se abrió camino entre los igualitarios que rodeaban al Avatar, hasta estar a sólo un par de metros de la joven. Zahir les dio indicaciones a los igualitarios y estos accionaron sus bastones eléctricos casi al mismo tiempo, formando una cerca entre humana y eléctrica alrededor de Asami y el Avatar, que aún estaba encadenada. Cerca de Zahir había una mesa con algunas herramientas y un pequeño mando que controlaban el sistema de poleas de las cadenas y de los grilletes. Zahir presiono unos botones y los grilletes de los tobillos del Avatar se abrieron con un chasquido, la joven se balanceo violentamente, Zahir volvió a presionar botones y ahora se abrieron los grilletes de las muñecas.
El Avatar cayó estrepitosamente de cara al suelo, su cuerpo se estremeció ligeramente soltando un quejido ahogado y después permaneció inmóvil. Asami activo su guante eléctrico y empezó a acercarse lentamente. La ojiverde no encontraba la forma de darle el primer golpe ¿Cómo podía golpear a una chica que ya estaba tirada a sus pies? El silencio era abrumador en la enorme bodega, inclusive se podía percibir el sonido que emanaban los aparatos electrificados que usaban los guardias igualitarios y Asami.
La ojiverde observaba el cuerpo yaciente con su total atención, esperando cualquier mínimo movimiento para abalanzarse sobre ella, pero la chica seguía sin moverse con la cara al suelo. Asami aguanto la respiración y dio un paso más hacia ella, en ese instante una ráfaga de fuego la cegó y la aventó haciéndola caer de espaldas y de repente el Avatar ya no estaba en el suelo, se había elevado usando una columna de aire, Zaheer la intercepto en el aire y la joven volvió a caer al suelo.
Asami se puso en guardia de inmediato con el corazón acelerado, sin poder creer lo rápido que había sucedido todo. Zaheer descendió cerca de ellas, suavemente con ayuda de su aire control y se dirigió al Avatar que se hacía ovillo por el dolor.
–No intentes escapar, es imposible, no saldrás de aquí con vida, pero te estoy dando la oportunidad de morir rápido y dignamente en una batalla– Y continuo con una voz aún más tranquila –Si intentas escapar de nuevo volveremos a torturarte con el metal líquido hasta que mueras.
Zaheer le dirigió un mirada severa y después se retiró. Asami se sentía estúpida por haber sido sorprendida de esa manera y cuando notó que la chica apenas intentaba incorporarse, se apresuró a darle una patada en la cara con un rápido movimiento, mandándola al suelo de nuevo. El Avatar rodo un poco y luego intento pararse de nuevo, pero la ojiverde ya se encontraba sobre de ella nuevamente, aunque esta vez ella había logrado bloquear su ataque.
El Avatar por su parte estaba sumamente herida y adolorida, y no lograba impactar ningún golpe sobre Asami, sólo atinaba a penas a esquivar sus embestidas. Tampoco podía convocar su control por lo reducidos que eran sus movimientos. La rapidez era el arma de Asami, atacar sin tregua era su estrategia y cuando se cansaba un poco, le aplicada una descarga eléctrica que derribaba al Avatar y la dejaba convulsionando en el suelo y nuevamente inconsciente.
–¡Viene el Capitán Iroh!– Grito Ming-Hua, la novia de Zaheer, provocando un enorme silencio. Asami y Zaheer intercambiaron miradas de pánico y confusión.
–¡¿Qué?!– Le pregunto Zaheer a Asami.
–¡No tenía idea de que vendría! ¿Estás segura?
–¿En qué tiempo llegará?– Pregunto Zahir.
–Mañana por la mañana.
–¡¿Por qué no te avisaron antes?!– Exigió saber la ojiverde.
–¡Apenas pudieron avisarme! El capitán le aviso a la tripulación de último momento y les prohibió la comunicación.
–Ya lo sabe– Afirmo Zahir.
–No, ¡no puede ser!
–¡Vayámonos!– Grito Zahir –Rápido, encadenen otra vez al Avatar– Los miembros del Loto Rojo obedecieron de inmediato.
–No puedes dejarme– Dijo Asami sacándose la capucha que le cubría el rostro –Falta poco.
–Ya no hay tiempo, alguien nos traicionó, la milicia viene por nosotros.
–Yo me quedo a terminar el trabajo, ya estoy hundida.
–El veneno terminará el trabajo, sólo tenemos que dejarla encerrada aquí.
–No, ¡ella puede encontrar la forma de escapar!
–Está encadenada y débil, no lo hará. Y tú puedes unirte a nosotros.
–¿Y volver a ser una fugitiva?
–Entonces quédate aquí y te convertirás en una prisionera.
–Ya lo soy…– Dijo Asami mirando el suelo pensativa –Estoy harta de que el mundo crea que el Avatar es la salvación. Tal vez provoque un cambio.
–Has lo que debas hacer, pero– Le tomo el hombro cuidadosamente –No olvides que debes sobrevivir para contar tu versión.
Asami asintió y no pudo decir nada más. Zaheer se dio vuelta y se marchó. La preocupación paternal de Zaheer por ella, le recordaba inevitablemente a su difunto Padre, quien la enseño a ser fuerte e ir en contra del resto del mundo, pero al mismo tiempo, le demostraba con su carácter fuerte y su poder que ante él siempre sería débil. Se quedó de pie, inmóvil mientras todos se marchaban. Sintiéndose débil de nuevo, la sombra de su padre aún pesaba sobre sus hombros. Su padre no vivió lo suficiente para ver lo que tanto esperaba, por lo que tanto la preparo, por lo que ella sufrió desde la infancia…
Flash back
–Por favor, déjame ver a Mamá solo un fin de semana. Te prometo que ya no te daré problemas.
–Ya te dije, que no. Si insistes con eso, ahora pasaras las vacaciones en el internado.
–Es que, es que… La pequeña Asami apretaba sus puños con fuerza, pero no pudo reprimir más el llanto al decir –La extraño.
–No te quiero frente a mí si te vas a poner así. No lo soporto.
–¡¿Por qué eres así Papá?! Es injusto. ¡Si odias a mi mamá, ¿Por qué te desquitas conmigo?!
–Todo lo hago por ti. ¡¿Crees que me gusta tener que criarte yo solo?! Pero eres demasiado buena para quedarte con ella.
–Mamá es buena.
–Es pusilánime y te estaba haciendo débil, ve lo apegada que estas. Cuando heredes mi legado todos van a intentar desgarrarte. Así que tienes que ser valiente, yo te hare fuerte.
Fin del flash back
Asami apretó fuerte los puños mientras recordaba esa escena, y al igual que entonces, no logró evitar que sus hermosos ojos verdes se inundaran de lágrimas. Dolía recordar que su padre había sido un monstruo, y aún le dolía más saber que ella era igual que él; que no podía olvidar, ni perdonar que hayan asesinado a la única familia que tenía. Su padre había sido cruel, pero la amo a pesar de su debilidad, a pesar de todo, de eso nunca tuvo duda.
A lo largo de su vida se había negado a admitir que era como su padre, aunque todo mundo lo comentara constantemente. No se sentía tan inteligente, tan dura, tan despiadada como él. Había intentado tomar caminos alternos para no parecerse a él, se había perdido intentando encontrarse. Pero como los ríos siempre vuelven al mar, ella siempre acababa haciendo inconscientemente lo que su padre quería, hasta que se cansó de luchar por ser buena, no lo era, estaba claro, así que pudo asumir el odio y las ganas de venganza con total libertad.
Encendió su guante eléctrico y puso la intensidad en mínimo para propinarle otra descarga a la joven a Avatar que colgaba inconsciente de las cadenas. La joven se sacudió violentamente ante el toque eléctrico y despertó. Asustada y aturdida la ojiazul miro en todas direcciones, hasta que detuvo la mirada en su verdugo y deseo que Zaheer la hubiera matado. El igualitario que, ahora ya no llevaba cubierto el rostro, era Asami, y la miraba de tal manera, que Korra sentía un dolor indescriptible en el alma.
–Sé quién eres. Sé lo que le hiciste a mi padre y lo vas a pagar– Dijo Asami y luego manipulo el control para que las cadenas la liberaran.
Korra cayó estrepitosamente en el suelo y no pudo moverse, sentía el cuerpo petrificado por el dolor que pesaba en su alma. "Lo sabe y me odia", ese pensamiento era peor que el dolor de las heridas y del metal líquido que estaba incrustado en sus músculos.
–Levántate– Le ordeno ferozmente Asami. Korra siguió inmóvil, con la mirada clavada en el suelo. –¡Levántate y pelea maldita sea!– Dijo acercándose y le dio una patada en el pecho que la dejo de espaldas y sin aliento.
La joven Avatar se ladeo un poco para poder recobrar el alimento. Le costaba respirar atreves de ese bozal que Zaheer le había puesto para evitar que usara el aliento de dragón sobre él. Pero ya no lo necesitaba, intento desatarse las correas, pero Asami lo evito pateándole la cara.
–Ni lo pienses, no vas a usar tu fuego control. ¡Defiéndete como la gente normal!
El golpe había alcanzado su ojo izquierdo, que se le inflamo tanto que pensó que le iba a estallar. Ni en sus peores pesadillas, Korra pensó que esto pasaría. Quería decirle que se detuviera, pero era incapaz si quiera de mirarla ahora que ella sabía lo de Hiroshi, de nada iba a servir intentar explicarle que fue un accidente. Hiroshi estaba muerto y estaba claro que Asami no había podido superar ese dolor, Korra lo notaba en su triste mirada color esmeralda. Supo entonces, que nada que pudiera hacer o decir borraría el dolor de Asami, así que aceptaría el castigo. Se puso de rodillas y levanto las manos.
–¿Te rindes?– Comento con burla Asami –Lo siento, no es opción, si quieres salir viva de aquí tendrás que matarme primero.
Korra bajo las manos, se dio el valor para sostenerle la mirada, y negó con la cabeza. "Nunca podría hacerte daño mi amor" pensó.
–No puedo creer lo cobarde que es nuestro Avatar. Definitivamente no se pierde nada si te mueres– Dijo Asami cruzándose de brazos.
Sus palabras la herían tanto que no pudo reprimir más el llanto, y agacho la cabeza para que el cabello le cubriera el rostro. Su pecho vibraba levemente incapaz de seguir soportando ese sufrimiento mientras Asami la observaba. Era claro que se veía torturada "quizás el mercurio en sus tejidos duele demasiado… o quizás se arrepiente de lo que hizo" pensó.
–¿Por qué tus amigos y tú mataron a Papá? –Inquirió con la voz un poco rota, luego la ira la envolvió de nuevo y grito: –¡Aquí en su propia casa! ¿Qué es eso tan malo? ¿Qué hizo?
Korra volvió a quedarse de piedra, sin duda prefería sus golpes a sus palabras heridas.
–¿Es por qué gano las elecciones? ¡Responde!
El llanto y el dolor volvieron a sacudirla ahora con más violencia. Asami la tomo de la ropa y la jalo hacia sí. Estaban tan cerca que la ojiazul se aturdió y no pudo hacer más que mirarla.
–¿Qué fue lo que paso ese día?– Insistió Asami con voz profunda. Pero Korra no pudo articular palabra.
La ojiverde, exasperada la empujo lejos de ella con toda la fuerza que pudo. Korra atino a poner las manos para evitar que su cara rebotara en el suelo.
–No quieres hablar, eres fiel a los Beifong, bien, ellos no están aquí y no evitaran que use esto– Dijo y saco un aparato parecido a un secador de cabello, pero mucho más pequeño y cromado –Es bella ¿cierto?, bella y letal…
Sato se paseaba por el lugar haciendo resonar sus pasos, deleitándose en ese momento. Hasta detenerse frente a ella. La Avatar se encuentra arrodillada con las manos apoyadas en el suelo y al subir la mirada hacia Asami, nota que la está apuntando con ese aparato.
–Pues tiene el poder de atravesarte con un proyectil metálico antes, si quiera, que puedas parpadear. Es metal y fuego control en la palma de la mano. La arma igualitaria por excelencia que mi padre perfecciono durante años y que yo… Termine por él– Asami dejo de apuntarle y la agito en el aire –¡¿Es esto lo que buscaban?! Querían robar su invento, por eso lo asesinaron.
–Fu-e un accidente– Respondió Korra débilmente y de manera entrecortada, casi en un susurro. Y a pesar de que la mascarilla le distorsionaba su voz en un eco. Asami pudo escucharla.
–Repítelo– Dijo Asami sorprendida por haber escuchado la voz de su víctima por primera vez. Sus cabellos se erizaron al recordar que estaba esgrimiendo la vida de otro ser humano, de una joven mujer –Repite lo que dijiste.
Korra desvió la mirada y no dijo nada –Quítate ese maldito bozal y repite lo que dijiste– Gritó Asami.
Korra negó con la cabeza. Asami enfureció, extendió su brazo, apunto a la pared lateral y accionó el arma. Un estruendo cruzo el aire de la bodega. Korra se estremeció, miró en la dirección del impacto. Una pequeña nubecilla de polvo blanquizco se disipaba lentamente para dejar ver un agujero contundente en el concreto reforzado. Korra volvió la mirada hacia la mujer de su vida, siendo más consciente que nunca de que la podía matar con esa cosa.
–Haz lo que te digo o disparo– Asami volvió a apuntarle con el arma. –Quítate ese bozal y dime ¿por qué le arrebataste la vida a mi padre? ¡¿Qué te hizo?!
La heredera esperaba que al ver el rostro descubierto del Avatar, pudiera reconocer su humanidad y así, eludir su destino y no tener que matarla. Recordar que aquella chica, era sólo un humano que podía equivocarse. Quería escuchar de su propia boca, que no tuvo otra opción. Necesitaba escuchar una buena excusa que las salvaras a ambas de su destino trágico. Y también necesitaba esas palabras para que le dieran consuelo, que aminoraran el odio y el dolor que la consumía por dentro. Pero no iba a poder esperar demasiado, sus nervios estaban destrozados y no podía soportar que la joven Avatar la desafiara con su silencio, aún después de demostrarle que podía acabar con ella con un simple movimiento de su dedo.
Korra, hincada como estaba, miraba hacia el vacío, deseando que todo acabara pronto. La tensión y el dolor de su cuerpo le impedían encontrar las palabras. Suspiro fuertemente y se resignó, nunca encontraría las palabras para decirle lo sucedido a Asami, no tenía la valentía para mostrar su rostro y decirlo todo. La mascareta cubría su identidad y la convertía en una extraña ante los ojos de Asami, lo que aumentaba enormemente la posibilidad de que la matara ahí mismo, pero descubrir su rostro y revelar de golpe que, le oculto su identidad y el asesinato de Hiroshi durante todo ese tiempo, podía significar ver el odio y la decepción en el rostro de la mujer que amaba, y ni así salvar la vida.
–¡¿Crees que no lo hare?!– Le gritó Asami y se acercó a grandes y rápidas zancadas a ella, la tomo por el cabello y jalo su cabeza hacia atrás. Puso la punta del arma en el pecho de Korra y espero.
Korra sintió que su alma ya no podía soportar más dolor, al ver la resolución en los ojos de Asami. La destrozaba que la mirara de esa manera furiosa, pero no podía dejar de mirar sus ojos hermosos. Escucho el estallido adentro de su cuerpo y la sacudida, pero no dolor. El estruendo no fue tan ruidoso como el anterior, su cuerpo lo había amortiguado en la mayor parte, pero Asami parpadeo al escucharlo. Korra no podía dejar de mirar a su Asami, mientras sentía que las lágrimas escapaban de sus ojos.
–Nunca debiste subestimar a los Sato, Avatar.
La ojiazul no se dio cuenta, que contenía el aliento hasta que tomó aire de nuevo y comenzó a sentir el dolor caliente creciendo en su pecho. El dolor y las palpitaciones de su desesperado corazón subieron cuando fue consciente de que Asami la sostenía con su brazo izquierdo mientras que con el derecho comenzaba a desatar los cintos de la mascarilla. Intento impedírselo, pero sus fuerzas la habían abandonado casi por entero, sólo fue capaz de posar una de sus manos sobre la de Asami, ella la quito sin ningún esfuerzo y prosiguió en su empeño de desprender la mascarilla hasta que lo logró.
La muerte no le había sobrevenido tan rápidamente como Korra había querido. Y miro la expresión descolocada de Asami. Korra estaba cayendo en un pozo que sentía que se había abierto en su abdomen y que le succionaba rápidamente. Asami cayó de rodillas incapaz de seguir sosteniendo su propio peso, pero con Korra aún entre sus brazos. Con mano temblorosa quito los castaños cabellos del rostro maltrecho de Korra, y buscaba cada detalle, buscaba estar equivocada y que sus ojos la engañaran y que ella no fuera ella. Se había equivocado, el Avatar no la había desafiada hasta la muerte, Korra, se había dejado matar sin oponer resistencia.
–Eres tú…–Dijo Asami ahogada entre lágrimas y ganas de gritar.
Korra había temido durante tanto tiempo este momento, lo evadió hasta las últimas circunstancias y se equivocó. Asami la amaba, no había rastro en su mirada de la furia incontenible de hace unos momentos, sólo el dolor brotaba de sus líquidos ojos verdes. Intento decirle que la amaba, que lamentaba mucho amarla de manera cobarde por haber tenido miedo, decirle que no se culpará, que no sufriera por ella. Pero era tarde, su boca, ya no podía pronunciar palabra, jadeaba para obtener aire apenas para seguir con vida. Así que solo pudo negar con la cabeza y estremecerse.
–No, no hagas esfuerzo. Te sacaré de aquí. Tranquila.
Asami se quitó rápidamente su chaqueta y la presiono contra la herida con fuerza. Korra apenas pudo sentirlo. El dolor en su herida se había apagado, ya casi no podía sentir su cuerpo. Ahora solo podía sentir desesperación por decirle unas últimas palabras a su amada. Korra se sentía totalmente arrepentida y necesitaba que ella lo supiera. Pero solo podía mirar como Asami se desesperaba haciendo llamadas mientras sentía como perdía toda sensación sobre su cuerpo. La voz de Asami cada vez se oía más distante. Le rompía el corazón verla así, "ella no debía sufrir, no merecía sufrir" pensaba.
Sentía que su cuerpo cada vez pesaba menos, y el dolor se desvanecía con su cuerpo, ya había perdido la fuerza de mover la totalidad de sus músculos. Aún le dolía mirar esos torturados ojos esmeralda, pero aún en el borde del desmayo, pudo volver a percibir esa manera tan especial en la que Asami la miraba, con algo que la hizo soñar con el amor hace no mucho tiempo atrás, como podía recordar claramente entre delirios:
Esa tarde en el Kiosko de la maditación, Asami intentaba decir algo importante sobre que no le convenía tener a alguien como ella cerca, pero Korra estaba muy ocupada mirando cada hermoso detalle de su pálido rostro, se molestaba consigo misma porque no entendía nada de aquello; porque estaba tan influida por esa engreída, y porque ella la rechazaba, después de haberla estado acosando. No entendía porque su mirada le pedía que estuviera cerca y sus palabras la alejaban. Nadie nunca antes la había mirado como Asami lo hacía…
Verde y azul se encontraron otra vez cuando Korra curaba cuidadosamente el labio roto de Asami. La música de fondo y sus miradas las mantenían en un trance del que no querían escapar. La mirada verde estaba cargada de dudas y contradicción, la de Korra tenía esperanza y admiración. A pesar de los sentimientos detrás de aquellas miradas, había una magia que predominaba, una de la que no podían escapar.
La tarde en el yate, cuando se reconciliaron, después de haber hecho el amor se miraban intensamente sintiendo el peso de ese sentimiento. Era algo más grande que ellas, que sus problemas y que sus deberes. No debería existir ese sentimiento después de todo lo que había pasado, después de todos los agravios y las traiciones, pero ahí estaba, palpitando fuerte dentro de sus corazones. Como solía pasar en esos momentos, dejaron que sus miradas expresaran todo lo que no podían decir con palabras. Los ojos de Asami se humedecieron primero y luego Korra empezó a llorar, se apresuraron a juntar sus labios para calmarse mutuamente.
Esa mirada le hizo creer a Korrar en el amor que Asami sentía por ella. Cuando Asami se casó con Iroh y todo parecía haber sido un espejismo, pensó que tal vez había imaginado esa mirada, pero no, era real, la podía ver ahora mismo mientras languidecía entre sus brazos. Una débil sonrisa se formó en su rostro maltrecho y sudoroso. Comenzó a recordar el momento preciso donde su vida cambio para siempre y le agradeció a Raava por ese golpe de suerte:
Amanecía en Ciudad República, el silencio y la paz del momento contrastaban con el caos de lo que había sucedido apenas hace un par de horas en las peleas clandestinas. Ahora se encontraban a salvo y a solas, había una le alegría inusual entre las dos. Era un gran día para estar vivo, se tenían cálidamente cerca y simplemente sucedió lo mejor que puede suceder después de arriesgar la vida por una extraña, robarle un beso. Asami la había besado, era un beso dulce cargado de sorpresa, un beso que causaría una larga adicción en ella.
–Quédate conmigo– Le dijo Asami, regresándola a la realidad. Durante mucho tiempo, durante todo este tiempo Korra había deseado que le hiciera esa petición. Secretamente albergaba la ilusión de que aun estando casada la necesitara y la buscara. –Quédate por favor, por favor– Fue lo último que escucho, antes de perder las últimas fuerzas y cerró los ojos.
