Disclaimer: Naruto no me pertenece.


.

VIII. A los treinta

.


Neji nunca estuvo convencido de celebrar eso. Seguiría creyéndolo innecesario.

Tenten tarareaba una melodía, en lo que acomodaba las violetas que compró en la floristería Yamanaka dentro de un bonito jarrón. Le pidió al Hyuga que abra las cortinas para que entre la luz del sol, Neji así lo hizo, regresando después al sillón donde estuvo esperando pero, en menos de un minuto, Tenten le pidió que abra más la ventana. Chasqueó la lengua, abriendo la ventana todo lo que podía, y le preguntó a la castaña si no quería otra cosa, antes de volver a su asiento. Ella solo rio, llamándolo gruñón.

Hacía demasiado calor, faltaba mucho para invierno, no era navidad y la mansión Hyuga estaba con cuatro regalos puestos sobre la mesa, donde estaba servido un gran almuerzo. Eso se repetía todos los años posteriores a la guerra. Era la celebración inventada por Lee: El día del Equipo 3.

No era del todo inventada, sin embargo. Existía, siempre existió, mas nunca consideraron celebrar el día en que se juntaron como equipo. Ni por asomo se les ocurrió, mucho menos a los más excéntricos del equipo, que eran Lee y Gai. Tuvo que pasar la Cuarta Guerra Shinobi, casi perder a un compañero en ella y terminar con su maestro lisiado, para que Lee decidiese que tenían que celebrar aquel día en el cual se volvieron una familia. Esa familia que no podían perder. Tenten estuvo de acuerdo: si así podía animar a su maestro de nuevo, soportaría sus excentricidades una y otra vez. Gai no tuvo qué decir, tan solo sonrió. Neji… debió acomodarse a la idea, viendo la mirada de advertencia que le lanzó la única fémina del equipo.

Nadie entendía por qué, unos días antes del doce de agosto, el equipo más rápido y eficiente de toda Konoha, se reunía en el departamento de Tenten, llevando un presente para cierto integrante del equipo, a manera de intercambio. Aunque, el primer año, la reunión se llevó a cabo en casa de Lee, pero supieron que fue un mal lugar al ver lo poco cuidado que estaba, no propio de un jōnin. Eso último se lo recriminó Tenten, argumentando que así ni una chica se fijaría en alguien tan desordenado. Gai le impuso como desafío ser más dedicado en su hogar. Eso fue a sus diecinueve y, obviamente, mejoró a la semana siguiente. El segundo y tercer año ya empezó a celebrarse únicamente en el departamento de Tenten.

No obstante, a partir del quinto año, la reunión fue trasladada a los territorios del Clan Hyuga, debido al espacio y que ahora Neji y Tenten tenían una mansión que podían ocupar como gusten. Y, justo en este instante, estaba dándose la duodécima celebración del Día del Equipo 3.

Desde la puerta que da hacia el patio, Maito Gai veía orgulloso a quienes consideraba como nietos: Metal Lee, siendo perseguido por Hizashi en el jardín, ambos dando prueba de la gran velocidad que poseían a sus cortos seis años. A su lado, Rock Lee no dejaba de animar con vítores el avance de su primogénito. No obstante, el pequeño de cejas pobladas terminó tumbado en el suelo por culpa de la melliza del Hyuga, Hitomi, quien se lanzó hacia él. Gai-sensei rio fuertemente al ver a los dos portadores del byakugan fastidiando al pequeño Lee.

—¿No que no sería entrenamiento? —comenta la castaña, un tanto divertida, habiéndose acercado a su maestro y amigo junto a su esposo. Los cuatro veían el patio desde la puerta corrediza, donde los tres no dejaban de jugar.

—Nunca es mal momento para entrenar un poco, bella flor. Además, solo vean lo bien que se llevan… —Lee miraba enternecido cómo el niño de los Hyuga estaba sobre su hijo, queriendo golpearlo a manera de juego, mientras que la niña estaba riéndose de ello.

—Hizashi —reprendió Neji, mirando duramente al menor.

En seguida, el mencionado dejó de aplastar a su amigo y se acercó a los mayores, a la par en que su hermana ayudaba al pequeño de mallas verdes a ponerse de pie.

—¡Ah, estos niños! Tan rebosantes de juventud, no deberían perder tanto tiempo y juntarse a entrenar juntos, tal como ustedes, pupilos míos. Me trae viejos recuerdos —comentó el maestro del equipo, enternecido—. ¿Hace cuánto que no estaban juntos?

—Creo que desde el cumpleaños de la hija de Choji —respondió la castaña—. ¿Un mes? Es que ustedes viajan mucho.

—Parte del entrenamiento de velocidad de mi pequeño —Lee abrazó a su pequeña copia—. Deberían acompañarnos algún día. Quizá ahora que están de vacaciones podamos ir a otra aldea y hacer una especie de campamento, ¿eh? Justo mi bello metal precioso viajó para estar con su familia una temporada, podremos confraternizar.

—Lo dudo, tengo pocos días libres en ANBU —Neji pareció dudar. Los niños, al aburrirse de escuchar hablar a sus padres, comenzaron a alejarse y ahora fue Hitomi quien comenzó a pelear con Metal y, al instante, su hermano se unió al pequeño combate, casi mandando a volar al pequeño cejotas—. Además, Hizashi y Hitomi deben continuar con su entrenamiento en casa.

—Anda, eterno rival, ¿todo en casa? Los niños también deben salir a hacer pequeñas expediciones y hacer bullir su llama de la juventud antes de entrar a la Academia.

—Eso es cierto, ex pupilo mío, no creo que sea mala experiencia —Gai miró cómo Metal esquivaba a los mellizos, estando los tres riéndose—. ¿Tú qué opinas, florecita?

—No suena mal… pero, ¿cuándo? Creo que esta fecha se ajusta perfecta porque, sin querer, recordamos que debemos reunirnos.

La castaña retrocedió y se acercó a la mesa que había preparado, terminando por servir el té para el resto. Lo que decía era cierto, puesto que no solían reunirse con tanta frecuencia, pese a vivir en la misma aldea, debido a las diferentes responsabilidades que cada uno tenía en la Academia, ANBU o con un grupo de genin a su cargo. Incluso los deberes del clan absorbían más a su esposo.

—¡Que sea mañana! ¿Cuántos días libres tienes, amigo mío? —Lee se plantó al frente de Neji.

—Solo una semana, no creo que…

—¡Podría ser solo al bosque! Quizá entrenar un poco como los viejos tiempos y hacer que se junten más los primos. ¿Qué tal si a la aldea de Metarîa?

—Pienso que es un tanto lejos, mejor no —el pelilargo se sentó cerca de la mesa, y su esposa llamó a los tres niños. Gai hizo lo propio, mientras que Lee seguía de pie.

—Uhm, entonces más cerca —pareció pensarlo—. ¡Solo al bosque! Un poco lejos de la Aldea, pero no tan cerca de Suna. Como una especie de campamento.

—¿Campamento? —Hitomi dejó de ayudar a su mamá a servir los tazones de arroz, acercándose a su tío.

—¿Todos? ¿Con el abuelito Gai? —Hizashi saltó de su asiento, acercándose al susodicho.

—¡Por supuesto! Todos juntos como una familia —Tenten soltó una risita corta al escuchar el tono persuasivo y entusiasta de quien siempre será su maestro. Este dio vueltas con su silla.

—¡Genial! —Metal Lee abrazó efusivo a su padre.

—¿Iremos, papá?

Neji miró sin saber qué decir a su primogénito, quien ahora estaba al frente suyo, a la par de su melliza. Ambos con esa mirada que estaba seguro que heredaron de su madre, pese a tener sus mismos ojos malvas.

—Di que sí, papá, por favor —la niña alargó la última vocal, juntando sus manitas.

—Nunca fuimos a un campamento, ¡vamos juntos! —Hizashi se unió al ruego de su hermana.

—¡Tiempo juntos! ¡Con mamá, Metal, el tío y el abuelito!

—¡Por favoooor!

Tenten soltó una risa aún más larga, a sabiendas que su esposo no podría con los ojitos suplicantes de sus hijos. A ellos se les unieron los dos Lee y Gai, quienes imitaron los rostros angelicales de los hermanos Hyuga, fastidiando al genio. "Ya caíste" pensó la castaña, encogiendo sus hombros ante la muda petición de ayuda que recibió por parte de Neji. Este último solo suspiró.

—Bien, mañana salimos.

El pelilargo terminó por cerrar los ojos en un gesto de incomodidad al escuchar el "¡hurra!" colectivo de todos, antes de que empezaran a hablar acerca de lo divertido que será. Solo rogaba que a sus vástagos no se les pegue la excentricidad de los hombres (y niño) verdes de Konoha.

—Pero primero comen todo, porque no he cocinado por las puras, ¿entendido?

Agradecía que Tenten siga siendo la que mantenga el orden ahí.

00000000

Hizashi, Hitomi y Metal Lee trataban de seguir el paso de sus padres y abuelo, aun cuando eran conscientes de que habían reducido lo más que podían su velocidad. No por nada seguían escuchando que eran el equipo más veloz de la Aldea. Inclusive seguían siendo rápidos, pese a que Rock Lee tuviese prácticamente en su espalda una especie de carreta donde llevaba a su maestro, sin incomodidad alguna, mientras que Neji cargaba tanto su equipaje como el de su amigo y ex mentor. Tenten iba a la retaguardia, teniendo más cuidado y atención en los menores.

De hecho, fue ella quien notó la fatiga en sus hijos y sobrino, cortando el paso y aterrizando en una zona del espeso bosque en el que se adentraron. En seguida, los demás se detuvieron, algo que fue agradecido por los menores. Definitivamente, les faltaba mucho por practicar, aun cuando no eran nada lentos en promedio con otros de su edad.

—Creo que este es un buen punto para el… ¿campamento? —ni ella estaba tan segura, puesto que el paisaje no era tan alentador. Era la misma ruta que conectaba Konoha con Suna.

—¡Estupendo! Es un buen lugar, además que hay un lago bastante cerca. Podemos ir y venir con facilidad —Gai levantó el pulgar, reconociendo la zona.

—Muy bien, hora de desempacar.

00000000

Neji y Tenten tenían un tic en la ceja izquierda, mientras que Lee se limpiaba las lágrimas, debido a la emoción que lo embargaba, según él, al escuchar cómo su ejemplo a seguir contaba detalles del día en que lo asignaron como sensei y conoció a sus "hijos". Los niños escuchaban igual de emocionados la narración, casi ignorando sus latas de comida, tan atentos y acercándose más a la fogata que armaron en el centro.

—Y así es como, pese a que oía las malas voces decirme que tenía dos sin talento y un arrogante malcriado en mi equipo, son el equipo de mis amores y uno de los mejores de Konoha. Solo les hizo falta expulsar más de su llama de la juventud, conmigo de maestro.

—¿Es cierto que mi papá era un bueno para nada? —preguntó Metal, haciendo reír a Gai.

—Bueno, eso decía mi querido Neji, pero claro que tenía un talento oculto. Pero Neji era tan…

—Gai-sensei.

—Papá, no sabíamos que eras tan grosero con el tío Lee —comentó Hizashi, interrumpiéndolo.

—Eras muy antipático, papá, y creído —Hitomi cruzó sus brazos, frunciendo los labios.

—Insolente, malcriado e… irrespetuoso. Sí, eso.

—Lo confirmo, queridos sobrinos —Lee asentía humorísticamente con los ojos cerrados.

Neji entreabrió los labios y miró a su mentor, enojado, pidiéndole mudamente que arregle eso. Por suerte, no necesitó hablar. Tenten rio, terminando la lata de comida que trajo consigo.

—Pero todos cambian, pequeños —Gai volvió a ser el centro de atención—. Mientras que Lee dejó de ser pesimista y se volvió alguien tan fuerte y espectacular como yo, fiel a su camino ninja, Neji cambió para bien y valoró más a su equipo, como también se volvió bastante fuerte, desde luego. Ambos hicieron refulgir su llama de la juventud con pasión.

—¿Papá era más fuerte que tío Lee? —preguntó el mayor de los Hyuga.

—Claro que no, mi papá es más fuerte, ¿cierto, abuelo Gai? —Metal juntó sus dos cejas, enfrentándose a su primo.

—De hecho, nuestro papá es más fuerte —Hitomi apoyó a su mellizo.

—¡Que no!

—¡Que sí!

Lee rio nervioso al escuchar esa pequeña riña entre los tres niños, cada uno con su bando favorito. Miró curioso a Neji, quien solo exhaló, entornando los ojos. Tenten lucía divertida, aunque sabía que tenía que intervenir, ya que Gai miraba intercaladamente a cada uno de los tres menores, sin saber exactamente qué decir.

—En realidad, los dos son muy fuertes —los niños prestaron atención a la castaña, quien ahora cumplió de narradora—. A su manera cada uno, pero no me atrevería a decir si uno es más fuerte que el otro. Cada uno tiene su estilo de taijutsu y técnicas. Ambos se esforzaron mucho y son lo que son ahora, soy testigo. Son las personas más perseverantes que conozco. ¿Verdad, Gai-sensei?

El mayor asintió, orgulloso.

—Es una de las tres cosas en las que se parecen. Fuertes, perseverantes…

—¿Tres? —Neji interrumpió a su esposa.

—¿Cuál es la otra similitud, bella flor?

La fémina del grupo sonrió de lado.

—Ambos son idiotas.

Los niños y el mayor del equipo rieron fuertemente, sin importarles las miradas perplejas del par mencionado, quienes exigían una explicación.

—No dejaban de discutir por tonterías. Y eso es lo chistoso, eran tonterías.

—¡Yo no discutía, Tenten-chan! Neji se amargaba solo.

—¿Solo? Si tú hacías cada estupidez.

—¡Claro que no! A veces te molestabas conmigo de la nada, eterno rival. Yo lo tomaba con humor.

—Tú metías la pata innumerables ocasiones.

—Es que no te dejabas entender… como la vez de tu miedo al rechazo en la pedida de mano.

—Ahí fuiste un insensato. Además…

Ahora, los tres niños miraban intercaladamente a sus padres, quienes parecían más enfocados en la supuesta discusión que recién se armaba y nadie parecía dar su brazo a torcer. Aunque, si ponían mayor atención, no parecían enojados: Lee se notaba entusiasta y hablaba, mientras que Neji permanecía imperturbable, pero contestaba ante cualquier provocación.

—¿Ven, niños? Se parecen.

Al oír la voz de Tenten de nuevo, los dos eternos rivales de detuvieron, abochornados a su manera, pero terminaron por concentrarse en seguir comiendo sus respectivas latas de sopa instantánea. Todo pareció regresar a la calma, hasta que surgió una nueva pregunta.

—Abuelito Gai, ¿y tía Tenten? ¿Cómo era?

—Sí, ¿cómo era mamá?, ¿también fuerte? —Hitomi continuó la pregunta de su primo.

—¿Qué hacía? ¿Se parecía a papá y a tío Lee?

El jōnin veterano pareció pensarlo, ante la mirada atenta de sus ahora colegas.

—Sí, ella también es fuerte, de hecho, cuidaba las espaldas de este par en batalla con sus armas —sonrió—, pero también nos hacía mantener los pies en la tierra, ¿eh, muchachos? Aunque Neji era la mente estratega y fría del equipo, Tenten nos bajaba un poco de la nube a todos.

—Oh, sí, la bella flor tenía las palabras adecuadas en muchas ocasiones.

—Siempre fue un buen apoyo.

—La mediadora del equipo. El punto de equilibrio entre alguien tan serio y alguien tan pasional. Es por eso que este equipo es tan especial no solo en misiones, sino en complementariedad. Esa es la segunda cara del equipo tres, la que pocos parecen notar.

Tenten se sintió apenada al ser el punto de atención en ese momento. Miró a su maestro de toda la vida, casi como agradecerle haberle dado esa tarea, recién comprendiendo dicha importancia después de mucho. Le sonrió a su mejor amigo, quien le dio unas palmadas en la espalda: tampoco lo cambiaría por nada. Vio con ternura a su esposo y lo tomó de la mano, dándole un apretón cálido: sin querer, en esa labor de mediadora, había encontrado al amor de su vida.

Ellos son su familia.

—Vaya, vaya, parece que nos sacamos la lotería aquí.

Los cuatro mayores se pusieron alerta al sentirse rodeados por un aproximado de quince sujetos, casi enmascarados en su totalidad y con armas, las cuales empezaban a desenvainar. Era normal que aun cuando estén en tiempos de paz, algunos desadaptados o gente de mal vivir siguiera haciendo de las suyas con diferentes fechorías, tales como el asalto a viajeros, contrabando de armas o sublevación y vandalismo en algunas aldeas. Y, definitivamente, creyeron que una familia con tres niños, teniendo una fogata en pleno claro de la luna, sería un buen botín al cual robar.

—Esto es maravilloso, niños —los menores, aún asustados por estar rodeados, miraron a su abuelo, nuevamente, tomar la palabra sin un ápice de temor. Es más, sonreía. Los malhechores vieron confundidos al hombre—. Serán testigos de ver la primera cara del equipo tres y comprobar por qué somos tan famosos.

Terminó retador y confiado, con un brillo reluciente en su blanca sonrisa. Sus tres ex discípulos no tardaron en sonreír.

00000000

Quizás en otros años, él hubiese sido partícipe también de la pelea, pero también reconocía que su rol ahora debía ser de protector de los tres niños de tan solo seis años que no dejaban de ver cómo sus padres entraron en acción. Claro que no faltaron los cobardes que pensaron que por estar en una silla de ruedas era alguien desvalido e incapaz de defenderse, más aún al estar con tres niños, pero los sorprendió al atacar y mandar lejos a dos del grupo, sin descuidar un segundo a sus nietos. Maito Gai nunca perdería su físico y habilidad.

Los menores veían sorprendidos cómo, en menos de diez minutos, sus padres eliminaron a doce de los quince oponentes. Vieron a Tenten invocar innumerables armas y manejar con maestría dos espadas gemelas a la par. También observaron cómo Neji dejaba prácticamente inconscientes e inmovilizados, algunos muertos, con su puño suave. Y, desde luego, Rock Lee aturdía y se deshacía de sus oponentes con el mínimo de esfuerzo. Gai estaba seguro que sus ex pupilos trataban de contenerse para no matar a los ladrones, puesto que sería un evento algo traumatizante para cualquier niño.

—¡Sí, papá, mátalo! Ya lo vi escupir sangre —la bestia verde de Konoha sintió una gotita de sudor caer por su sien al escuchar a Hizashi.

—¡Córtale la cabeza, mamá!

—¡Papá, no dejes que camine!

Se callaron porque tuvieron que cubrirse de la lluvia de shuriken que comenzó, gracias a la invocación de la mujer del equipo. Pero eso fue suficiente para que los tipos menos graves tomaran a sus heridos de consideración y huyeran.

Habiendo comprobado que estaban lo suficientemente heridos y lejos de la zona, Neji desactivó su línea sucesoria, volviendo a acercarse al grupo, confirmando que estaban fuera de peligro. Tenten regresó sus armas y Lee acomodó su chaleco ninja. Los tres procedieron a sentarse junto a su maestro y respectivos hijos, quienes se abalanzaron a sus padres, llenándolos de elogios.

—Los hubieses matado, papá. Ni siquiera luces cansado, ¡fue genial! —Hitomi abrazó al pelilargo, quien solo pasaba sus dedos por el sedoso cabello de su pequeña, sujeto en dos coletas.

—¿Algún día invocaré tantas armas como tú, mami? —Hizashi miraba el pergamino pulsera de la castaña. Ella rio.

—Claro que sí, cuando estés en la Academia te enseñaré muchas cosas. A ambos.

—¡Le diré a mami que eres muy fuerte, papá!

Rock Lee abrazó fuertemente a su pequeña copia, despeinándolo un poco. Lo miró fijamente, para después darle un beso en la frente y avisar a todos que iría al baño y a lavar sus manos en el lago que estaba cerca. Dejó a su hijo al lado de su abuelo Gai e, inmediatamente, los mellizos también decidieron sentarse al lado del hombre mayor, dejando que sus padres se relajen un momento.

Hitomi terminó sentándose al lado de Metal Lee, mirando atenta cómo su madre limpiaba un rastro de polvo de su cheongsam y luego hacía lo mismo con la yukata de su padre, quien la veía embelesado. Rio, quiso contarle a Hizashi, pero este seguía parloteando junto a Gai. Hizo rolar sus ojos y volteó en dirección de su primo, notando una línea de sangre en la mejilla de este.

—Oye, tu mejilla está herida.

Tenten quiso acercarse, pero vio que era un raspón pequeño, aunque sangrante.

—Quizás alguna de mis kunai cayó en dirección de ustedes e hizo ese pequeño corte. Límpiate con cuidado, cielo.

Metal Lee se limpió la mejilla sana, por lo que Hitomi resopló. Le señaló que era la otra, pero el cejotas no atinaba a la ubicación.

—Ahí no, tonto, es aquí —fue ella quien terminó limpiándole la herida, descubriendo que era más pequeña de lo que imaginaba.

—¡Oh, miren! ¿Acaso Hito-chan no hace una bella pareja con mi Metal-kun?

Neji, que para ese momento estaba bebiendo agua, miró consternado al recién llegado Lee, quien se dejó caer al lado del pelilargo, justo al frente de los menores. Estos últimos no entendían a qué se refería. Tenten y Gai solo rieron, uno al lado del otro, pues la castaña se había acercado a su otro hijo, evitando estar cerca de la nueva riña que se armaría.

—Eso ni lo sueñes.

—Vamos, eterno rival, ¿no sería genial si de acá unos años nos volvemos consuegros?

—Por supuesto que no.

—¡Pero harían una bella pareja, compadrito!

—Mejor cállate, Lee.

—Solo piénsalo, Neji-kun. A mí no me incomodaría para nada seguir emparentando contigo.

Tenten contuvo su risa, dejando ir a Hizashi junto a su melliza y primo, pues los tres quisieron jugar a emular las técnicas de combate de sus respectivos padres, imitando al equipo tres e ignorando la discusión que se gestaba entre Rock Lee y Neji. Dentro de sí, deseaba ver cómo serán de grandes y si superarán con creces a cada uno de ellos, aunque eso era obvio.

—¿Qué dices, florecita? ¿Has terminado tu misión?

Maito Gai interrumpió los pensamientos de la mujer, quien lo miró sorprendida. Por supuesto que tardó en entender a qué se refirió en primer momento, pero luego dio en el blanco, como siempre: su maestro hablaba de la misión que le asignó a sus doce años, aquella donde le encomendaba ser la mediadora entre ese par de ahora mejores amigos que no se llevó bien desde el principio. Y, si se lo preguntaban, esa misión tenía por objetivo hacer que se den cuenta que podrían llevarse bien y convertirse en mejores amigos, pese a las diferencias. Ellos, el idiota alucinado y el idiota aún más idiota, como ella los había bautizado en cuanto los conoció.

"Esos dos terminarán siendo grandes amigos, confía en mis palabras".

Eso le había dicho su maestro a los doce años y ella, por poco, lo tildaba de loco. Gracias a eso pudo descubrir el algo más que hacía tan despectivo a Neji y comprender la perseverancia y supuesta locura de Lee. Y, aun cuando a lo largo de los años, ese par no dejaba de discutir por alguna cosilla, era evidente que no eran peleas en serio. Un intercambio de ideas, nada más. Y ella se convirtió en la mediadora, por años, además de ser la mejor amiga.

El punto de equilibrio, y jamás se arrepintió. Ni lo hacía al verlos discutir banalmente, pues podía notar en ellos un atisbo de diversión adquirido con los años.

No por nada son el equipo Gai, el más rápido de Konoha. Una amistad que prevalecería ante todo.

—No, definitivamente no, Gai-sensei. Seguiré siendo su mediadora siempre, pues esta misión dura para toda la vida, ¿eh?

Maito Gai alzó su pulgar, sonriente y admirando a sus tres crecidos y ya maduros pupilos. No se había equivocado con ninguno de ellos.

.

.

.

Fin


¡Hola! Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer.

Aquí se acaba esta historia, pese a que me tardé horrores y no debió ser así u.u pero no iba a dejarla inconclusa, je. Espero que puedan leerlo y les haya agradado, al menos sacarles una sonrisa o risilla, pues para eso fue creado c: además de mostrar una carita más graciosa de mi equipo (y pareja) favorito.

¡Gracias por leer! Y comentar a quienes lo hicieron, lo valoro muchísimo. En especial a ti, Guest misteriosa jajaja.

Pues bien, que estén bien! Espero algún comentario! Saludos!

¿REVIEWS?