Capitulo XIV
"El Palacio de la hoja"
La mañana era un poco fría en Konoha el verano se estaba retirando y si bien aún quedaba un poquito más de ruedo a esta estación estival la luz estaba opacándose dándole paso a algunas notas heladas del otoño que ya comenzaba a pincelar unos cuantos árboles con esa vibrante energía amarronada, naranja y amarilla.
El palacio de la Hokage estaba atestado de transeúntes, ese día, se celebraba en el país de la Hoja la tradicional llegada del otoño y las cosechas. Muchos de los pueblerinos habían llenado de hojas y afiches todo el mercado anunciando rebajas de productos, ofertas y algún que otro truquito para saciar los animos de todo buen comprador.
Las veredas ya se adornaban con los típicos fetiches estivales, como hortalizas de cosechas, hojas pintadas, pilas de heno y paja que le daban un toque más pastoril a toda la ciudad. Ese día Nana había salido temprano a sus compras matutinas, no había mucho más que hacer ahora que la señorita Hinata no estaba. La extrañaba y como no hacerlo, ella se sentía de algún modo como su madre. Si bien la chica le enviaba mensajes en clave, ella le había pedido que por su seguridad no le escribiera mientras estuviera fuera para evitar que Neji la atosigase y descubriera su extraviado paradero. Ese día Hanabi la caprichosa niña menor de los Hyuuga se le había antojado comer panecillos con queso bien temprano la anciana tuvo que salir a realizar sus rondas para poder conseguirlos. Hubiera querido dejar de ser una simple sirvienta, pero no tenía otra opción más que adaptarse. La vida de servidumbre era lo único que poseía y lo uníco que conocería.
Se detuvo en una de las panaderías más exclusivas de Konoha y realizó su pedido. Iba a pagar cuando de repente una mano femenina le insto a detenerse.
-Pagaré yo. –Dijo altaneramente. La anciana la miró y para su sorpresa y alegría pudo vislumbrar a la muchacha vestida con un sombrero amplio, unos anteojos de sol, una elegante solera rosada con un pullover de color blanco y unas sandalias campestres haciendo juego.
-Señorita… -Balbuceo tapándose la boca.
-¡Shuu! –chisto. –Por favor envie esta orden a esta dirección escribiéndolo en un papel.
-Por supuesto señora.
-Pero…
-Nada ven conmigo nana ya es hora de que dejes esa estupides de servir a los Hyuuga.
-Pero señorita que haré.
-No te preocupes donde vamos necesitarán un ama de llaves y además tengo esperanzas de que ya no trabajes más nana.
-Pero… pero… y mis cosas. –La anciana sintió el jalon de su brazo arrastrándola hacia un automóvil.
-Entra nana… -Le sugirió. La mujer se sitió extraña. Cuando se sentó pudo ver al pelinegro sentado en el asiento del conductor.
-Listo Sasuke.
-Muy bien… -Contesto este sonriendo.
- ¿Pero y mis cosas? –Le pedi a uno de los jardineros que sacará tus cosas discretamente y una de las empleadas va a empacar todo por ti. Cuando lleguemos a casa podrás instalarte.
- ¿A casa?
-Si a nuestro nuevo hogar –La chica sonrió.
-Pero…
-No te preocupes nana nadie más va a extrañarte en esa casa y ya no quiero que estes ahí. –Sentenció.
La anciana guardó un silencio imperturbable mientras el atractivo pelinegro condujo algo abstraído hacia las afueras de la ciudad.
- ¿Dónde Vamos?
-Solo observa tu nuevo hogar. –Sentenció satisfecha.
La mujer pudo divisar un enorme caseron en cuyo extenso jardín se hallaban esbeltos un centenar de árboles de cerezos. Una enorme reja resguardaba todo el perímetro y tras atravesar un largo sendero pudo distinguir sobre una colina una hermosa mansión.
-¡Ohhh que bello! –Expresó fascinada pues aquello era mucho más bonito que la mansión Hyuuga.
-Sin duda lo es, y a partir de ahora te hospedarás aquí como parte de la familia.
-De verdad señorita… -Expresó sigilosa.
-Claro nana y ya te he dicho miles de veces que dejes de decirme señorita, soy Hinata para ti nana. –Hinata sonrió.
El altivo pelinegro condujo en silencio hasta la entrada de aquella morada, su única preocupación ahora residía en que Sakura lo estaba esperando y que por una extraña razon la había oído muy feliz por teléfono. Al llegar a las puertas de aquella enorme casa Hinata y Nana descendieron con prontitud.
-Gracias por traernos Sasuke.
-De nada Hinata no dudes en llamarme debo irme ahora nos veremos despues y por favor no hagas locuras.
-Si claro. –Sonriendo.
Sasuke la miró por un instante hacía mucho que no veía a Hinata feliz, por un lado, se sintió tranquilo parecía que era la hora de que la muchacha fuese feliz. Respiró pronfundo para aligerarse, aunque hubiese deseado que su camino fuera diferente él era un simple espectador en una historia de amor algo tortuosa con un viable final feliz.
-Gracias señorito alcanzó a decir nana recibiendo un saludo con su mano izquierda por parte del atractivo pelinegro.
-¡Bueno Nana entremos!
-Si… algo asombrada.
Ambas penetrarón en el interior de la casa que era una de las residencias que ella misma había preparado para Naruto. Por supuesto, nadie más que ella y Kakashi sabían de este hogar que había logrado contraer tras verse apoderada del capital de Minato; estando tan cerca del enemigo sería más difícil de ser notado o eso creyo. Tras un meticuloso análisis en las ultimas tres semanas no tenía mucho caso permanecer en ciudad encanto. Ino y Sai rápidamente alquilaron la vivienda y se mudarón a un lugar sin paradero fijo hasta que Hinata les avisará de las ultimas noticias. Tenten no quiso abandonar su restaurante, pero Sasuke prometió que cuidaría de ella mientras estuviera en ciudad encanto poniendo dos de los discípulos de su padre a trabajar como camareros encubiertos en aquel lugar. Más protegida la pelinegra se dedico a cumplir su sueño el de poder llevar adelante el negocio familiar que tanto hubiese deseado.
-Buenos días… -expresó Naruto batiéndose un poco el pelo y bostezando.
-Naruto tienes que peinarte o al menos lavarte la cara. –Refunfuño Hinata.
-No tengo ganas… -Mirándola de soslayo.
-No tienes remedio… -Nana la miró feliz, por primera vez en mucho tiempo pudo reconocer que la causa de las angustias de su querida pequeña, parecían haberse esfumado.
-Buenos días Nana. –Naruto hizo una reverencia y la anciana comprendió inmediatamente quien era el señor de aquel hogar.
-Buenos días joven. –Nana se inclinó respetuosamente para saludar a su nuevo patrón.
-Bueno… -Expresó tras otro bostezo. -Eres bienvenida a la casa… puedes vivir aquí como te guste. Si me disculpan necesito ponerme al corriente con Itachi.
- ¿Hay novedades?
-Uno de los seguidores de Orochmaru canto tras haberlo ajusticiado, parece que Takeshi esta vivo y lo tuvieron encerrado en varios lugares, pero van cambiando de ubicaciones.
-Comprendo…
- ¿Es el pequeño? –Inquirió nana preocupada.
-Dejame que te ponga al día Nana, dijo Hinata llevándosela del brazo a la cocina.
Orochimaru se había pasado todo el día de aquí para allá encaramado en una de las oficinas centrales de una de las subsidiarias que había logrado expropiarle a Minato Namikaze hacía ya tanto tiempo. La penosa verdad era que a medida que pasaba el tiempo los riesgos aumentaban y la situación se les escapaba de las manos. Miro el gran ventanal que emulaba al de su antecesor y suspiro algo agobiado. No era fácil para él poder salirse con la suya. A penas, la figura de Minato Namikaze desapareció supo que el sería el líder indiscutido de las empresas Uzumaki, pero al parecer el susodicho difunto tenía ideas bastante incongruentes.
-Lo principal esta puesto en marcha. El niño aun esta bajo nuestro poder y con él podemos llegar al estúpido niñato de Naruto. – Esgrimió con aire de autosuficiencia Rassa quien estaba desplomado sobre una de las sillas de la oficina.
- ¿Quieres decirme por que estamos haciendo esto Rassa? – Inquirió incrédulo. Se supone que estando en este lugar tendríamos asegurado nuestro futuro, pero al parecer lo único que hemos estado haciendo todo este tiempo es jugando a las escondidas ¡CON ESAS DOS RATAS APESTOSAS! –Grito dando un puñetazo sobre la mesa.
-La chica es astuta… -Rassa sonrió con cierto descaro poco disimulado. Orochimaru lo miró con indiferencia.
- ¿Acaso no es a ti a quienes las sanguijuelas se les han escapado durante tanto tiempo Rassa?
-Quizás… o quizás no… -Susurro.
-Estas jugando conmigo estúpido. –Orochimaru sintió que se estaba yendo de sus cabales.
-Oye, oye tranquilízate hermano. Se de buenas fuentes que el estúpido muchacho volvió a a Konoha a tomar posesión de los bienes de su padre.
-Me parece muy sospechoso… ¿Acaso esa mujerzuela no había dilapidado toda la fortuna de Minato?
-Bueno tal vez… -Despatarrandose aun más sobre el sofá.
- ¿Tal vez que? –Expreso de mal humor.
-Que tal vez… todo fue un simple ardid para que los Yakuzas y nosotros no pudiéramos utilizar ese dinero a discreción en nuestros "honestos negocios" –Expreso mientras se sentaba en el escritorio del pelinegro.
-No confio en esa mujerzuela y si bien se ha borrado del mapa tengo a alguien que la esta buscando ansiosamente. _Rassa sonrio descaradamente.
_No me cuentes esos planes asquerosos que tienes ¡No quiero saber nada! –Haciendo la vista aun lado con estupor.
-No me digas que ahora te has vuelto un ser civilizado Orochimaru y peor aun con CONCIENCIA.
-No, pero…
-Pero nada debemos investigar más a fondo a esa mujercita estoy seguro que el niño será nuestra basa, nuestro salvoconducto en caso de que las cosas no salgan como lo esperamos.
-Este asunto me incomoda… -reflexionó mientras se tildo mirando el atardecer de Konoha.
-Y a mi también pero este asunto molesto hay que resolverlo inmediatamente Orochimaru no podemos dejar cabos sueltos.
-Que hay con Tobi y su gente creí que ya tendrían bien aplacado el asunto.
-El tipo me aseguró que esta misma semana tendrían todo solucionado. –Expresó Rassa con aire de auto suficiencia bebiéndose un café.
-Eso espero… -Volviendose a ensimismar frente al ventanal.
En otro lugar de Konoha…
-Jefe tengo entendido que no te has puesto muy solidario con el pequeño… -Formulo bostezando un pelirojo de bella contextura, ojos verdes algo taciturno, mientras permanecía sentado con las piernas cruzadas algo encorvado y con uno de sus codos apollado sobre su regazo y la cabeza repostada sobre su mano.
-Es lógico nunca tuve madera de buen padre. –El sujeto enmascarado rió y bebió un sorbo de vino. Parecía que su mascara no estaba diseñada para comer o beber porque a penas quizó ingerir algo este cayo desparramado sobre su ropa y el piso.
El pelirojo hecho a reír con bastante cinismo mientras lo observaba elocuente.
-¡RAYOS! Olvide sacarme la mascara.
-Que fortuna para mi es haberlo visto…. Otra vez… -rió sin disimulo.
-ahhh que estúpido. –Sacandose aquel antifaz y dejando ver su rostro algo desfigurado y quemado.
-Siempre tan atractivo… ehh… Tobi… -Expresó riéndose y bajándose de aquellas cajas en donde estaba acomodado mientras miraba las maromas de su actual jefe.
- ¿Espera a donde vas Sasori?
–Tengo cosas más importantes que hacer antes que verte comer. –Expresó escueto mientras lo saludaba con una mano y se retiraba.
-Eres un vago…
-Lo sé, lo soy bostezando.
-Señor Tobi… -Un tipo vestido de negro entro corriendo rápidamente y se postro delante de él. Tobi inediatamente se puso la mascara.
- ¿Qué noticias me traes?
-Es Jiraya-Sama…
-¡Que ya no le digas Jiraya Sama! –Grito tirándole lo que quedaba dentro de su copa de vino sobre la cabeza.
-Lo siento señor, agachando la cabeza. –El traidor esta en Konoha en el palacio de la hoja.
-Seguro que Onoki creerá que ese es el lugar más seguro verdad.
-Si.
-Ummm como podremos llegar a ese viejo tramposo, no puedo creer que se nos haya escapado de las manos. –Tornandose pensativo.
-También hemos recibido esta nota del señor Rassa.. –Extendiendole su mano con un elegante sobre.
-Esos dos viejos me tienen sin cuidado, pero… son ellos los que pagan nuestras cuentas asi que... –Abriendo el sobre y leyendo su contenido.
-Que noticias llegaron… -Un hombre lúgubre y sombrio apareció en escena su cuerpo algo deformado por raros experimentos realizados en la central de Konoha hace mucho tiempo. Su dolor y agonía indescriptible se reflejaban en su rostro sombreado con maquillajes y cosméticos.
-Umm parece que el niño Uzumaki volvió a su guarida y para colmo parece que tomó posesión de todos sus bienes o eso dice aquí.
-No lo habían desheredado y vendido su patrimonio.
-La mayoría, pero se ve que el gusano tiene algunos recursos aún.
- ¿Qué vamos a hacer? –Inquirió el recién llegado.
-Bueno tenemos a su hijo… podríamos obtener mucho dinero con él, pero supongo que Rassa querrá eliminarlo completamente. –Desplomandose en el sillón del jefe Yakuza. –Supongo que ese anciano querrá que matemos a esa cucaracha.
- ¿Quieres que me haga cargo?
- ¿A quien más se lo pediría? –Expresó con una leve sonrisa.
-Tú… ven conmigo. –Mirándo a aquel esbirro agazapado aun frente al nuevo líder.
-Si, señor.
Ambos se retirarón. Tobi sonrió satisfecho esta vez acabaría con todos sus enemigos incluyendo a esos dos viejos que le daban el dinero necesario para cumplir todos sus caprichos y antojos. Una mirada serena de color verde y cabellos rojizos sonrió tras una de las paredes de aquel recinto obscuro, puso las manos en sus bolsillos y se marcho sonriente.
En La casa Uzumaki.
Naruto se dio una buena y merecida ducha, sus pensamientos volaron hacia Takeshi, pero no se iba a dar por vencido lograría entrar al templo de la hoja así fuera a rastras. La noche había caído ya en su ciudad natal y estaba cansado y estresado. Había pedido audiencia con la Hokage Lady Tunade, pero sus pedidos habían caído a un barril sin fondo.
-Políticos mediocres… -Sentenció suspirando fuertemente mientras se desplomaba en su cama.
Miró el reloj sobre la mesa de luz, eran las 22 hs. Cerró por un momento sus ojos y se dejo llevar por el cansancio y el estrés de su cuerpo. Aun que se relajó su mente no lograba conciliar el sueño pues solo pensaba una y otra y otra vez como haría para comunicarse con Jiraya, como entraría al palacio de la hoja. Tanto cavileo lo sumergió en un sueño algo vago y difuso. Que le diría a Keiko él había jurado proteger a su pequeño y al parecer siempre era Takeshi quien sufría las consecuencias.
-Takeshi… Keiko… -Murmuro mientras se ponía de costado sumergido y embelezado por una tenue brisa que entraba a través de la ventana.
Sintió una leve caricia sobre su hombro y luego sobre su rostro. Un suspiro algo apagado y un cuerpo calido se pego junto al suyo y le beso la mejilla.
- ¿Qué piensas hacer Hinata? –Murmuro.
- ¿Cómo sabías que era yo? –La chica lo apretó con fuerza.
. Eres la única mujer que podría entrar a mi habitación tan sigilosa y comenzar a manosearme. –Expresó algo enojado.
-Bueno eso es cierto. –Sonriendo de felicidad Hinata lo miró murmurar mientras lo abrazaba. Naruto guardó silencio. La chica lo abrazo y se acurrucó a su lado. Esta era la más increíble fantasia que jamás haya podido cumplir. Estar así con su Naruto era un sueño ilusorio que jamás creyó poder completar.
- ¿Estas cansado?
- ¿A ti que te parece?
-Pues si…
-bien… -refunfuñando.
La chica comenzó a murmurar una cancioncita que termino por fastidiarlo.
- ¿Acaso no has entendido que necesito descansar? –Replicó moleso dándose vueltas con brusquedad.
-Es solo que quería arrullarte. _Sonriendo descaradamente.
Naruto la miró desconectado la muchacha estaba vestida con un agraciado babydoll que ahora sasonaba sus curvas y su mirada parpadeante no había dejado de mirarlo incandescentemente.
¿Qué quieres? –Espeto de mal humor.
-No es obvio… -Haciendo puchero.
-Hoy no estoy de humor… -Volviendose a recostar.
-Bueno… solo quería que me vierás.
-Crees que porque eres sexi puedes hacer lo que desees conmigo. –Refunfuño cerrando sus ojos.
-Claro que si Naruto…
-Umph… -El chico la miró y esta respondió a su mirada sonriendo.
La chica irradiaba un aura extraña, magnética y encantadora. Parecía tan feliz. La contemplo por un instante, no podía negar que era hermosa, como rayos no la había notado antes, pero entonces vino a su mente la palabra Keiko y entendió que él no era un hombre disponible, o al menos antes no lo fue ¿Estaría ahora disponible para otra mujer? Si bien sus besos y caricias en aquel hospital fueron exaltados por la fragua del momento no podía negar que quizás avanzar tanto con la pelinegra lo pondría a él y a su hijo en peligro y que además si bien entendía que Keiko lo había traicionado y mentido, ella no había dejado de ser su mujer.
- ¿Por qué reflexionas tanto Naruto? –Hinata lo observo desconsolada, sin duda, aun que creía que las cosas con Naruto habían avanzado tanto aun había momentos como este en donde no había podido llegar a una inquietante intimidad con él.
-Es solo que creo que aún no es el momento para esto ya te dije que solo puedo pensar en Takeshi y en como estará. –Suspirando. Un vaivén inquieto se desplego dentro de su corazón inquietándolo.
-Lo se… _Acariciandole el rostro y sumergiéndose en su pecho mientras lo abrazaba. –Haré todo lo posible para asegurarme de que Takeshi vuelva a tu lado Naruto.
- ¿Y si algo sale mal? ¿Y si algo le ocurríera a Takeshi? –Naruto la miró con lagrimas en sus ojos.
-Nada escúchame –Tomando su rostro y acariciándolo. –Nada le pasará a Takeshi, te lo juro aun que sea lo ultimo que haga.
Hinata coloco su frente contra la del pelirrubio. Podía seguir en silencio sus breves suspiros y la respiración entrecortada y el llanto amargo de un padre que no sabía si volvería a ver a su hijo. Naruto se durmió inmerso entre pesadillas. Hinata se levanto algo preocupada. La situación era difícil, muy difícil. Nada ni nadie podía asegurarle que el pequeño Takeshi siguiera con vida. Miro a Naruto y camino sin rumbo fijo por la habitación. De pronto y en medio de la penumbra se topo con la foto de Naruto y Takeshi. Los miró obnubilada sin duda ambos eran el ideal de familia que siempre le hubiera gustado crear. La realidad era muy distinta a lo soñado desde su más tierna infancia y otra foto en la repisa la llevo a la cruel realidad. Naruto y Keiko sonreían felices en un lugar del jardín de aquella vieja mansión que se había convertido en un mausoleo de viejas emociones de una niña que solamente se había atrevido a soñarse princesa en un cuento donde ni siquiera era una actriz secundaria.
Percibio el suspiro de Naruto y su cuerpo acurrucarse y acomodarse bajo unas cobijas.
-Keiko… -gimió.
Ante esta contundente y rotunda frase, la pelinegra, simplemente suspiro ocultando un largo y rotundo pesar. Miro sobre la repisa y no pudo divisar ni una foto suya. Si bien hacia tres semanas que ella y el rubio se habían amado intensamente ocultos en la sala de aquella clínica parecía que, para él, ella no era tan importante como para verse exibida y engalanada en aquella repisa.
-Aun no la olvidas Naruto… -Suspiro, pero el pelirrubio no le contesto.
Volvio cerca de la entrada, sobre una silla había desparramado con ansias su bata sintiéndose presa de un inquietante deseo que la llevaba a tomar las riendas de su relación. Pero ahora se daba cuenta de que quizás esa relación solo existía en su imaginación.
Se coloco su bata y salio despacito del cuarto de Naruto algo apesadumbrada. De pronto una ráfaga brillante cruzo por su mente. Corrió hasta su cuarto en la planta baja y buscó entre los cajones con inquietud. Su cara se ilumino de emoción. Busco por todos lados, pero no halló un dichoso recuadro para acompañar su foto. Era una foto muy bonita tomado bajo el sol veraniego a orillas del mar. Ino la había visto algo solitaria y decidió alegrarle el día con unas cuantas fotos. Tomo las que más le gustaban y corrió de nuevo al cuarto de Naruto. Entró con siguilo y en puntas de pie. Se paró frente al alfeizar de la ventana y coloco allí su foto y una muy linda donde Naruto, Takeshi y ella sonrerían bajo el escueto sol del atardecer. Sin duda, si Naruto le daba un espacio en su vida merecía estar en esos recuerdos queridos para el apesadumbrado muchacho.
Una mueca se dibujo en su rostro y con algarabía salio en puntas de pie de la habitación. Naruto la oyo salir y abrió los ojos con lentitud. Se dirigió hacia a la ventana y tomó de allí las fotos. Takeshi sonreía tan feliz.
-Takeshi… -Un frio helado atisbo a su corazón empañando sus ojos con unas gotas impías que ahora desnivelaban la fotografía. El chico estrujo las fotos y las dejo caer sobre la alfombra frente a su ventana.
No estaba preparado para pensar en nada más que Takeshi, la arpía debía de entender eso si quería amarlo como decía; de pronto recordó a Matsuri.
Pov de Naruto.
Naruto tomó la mano de Matsuri y salió apresuradamente de la habitación. La chica sintió que se le paralizaba el alma de terror, a caso este hombre que había llegado amar en tan poco tiempo la alejaría de su vida.
- ¿Vas a dejarme verdad? –Inquirió algo preocupada mientras apretujaba su labio inferior con su mano derecha.
-Matsuri…
-Es por esa mujer…
-No es por nada…
-¿Entonces vas a dejarme?
-Necesito un tiempo para pensar solo puedo pensar en Takeshi en este momento.
-Te daré todo el tiempo que necesites. -Sintió que una breve brisa acarició su alma llenándola de una relajante bocanada de aire.
-Te lo agradezco… se que te estoy pidiendo demasiado, pero en estos momentos no tengo cabeza para anda más.
-Naruto yo te amo… -Tomando las manos del chico entre las suyas. –Entiendo que no soy tan despampanante como Hinata, pero soy más desente y buena. Yo… -la muchacha guardo silencio. –Disculpa que te diga esto, pero creo que esa mujer no es para ti.
-Me parece que no te incumbe hablar de Hinata.
-Solo te digo lo que se, lo que he visto. Yo la conozco Naruto incluso mucho más que tú. Se la clase de jugarretas que hace para salirse con la suya. Encanta a cuanto hombre puede y no se priva de ninguno de los placeres de la vida para hacerlo. He visto lo que les ha hecho a los hermanos Uchiha, en especial a Sasuke. No soy tonta aun que sea una simple secretaría observo cosas.
Naruto guardó un silencio sepulcral.
-Esa chica no es buena para un hombre como tu, es muy buena en lo que hace, pero no le importa hacer lo que haga falta para lograrlo. Naruto yo no quiero que te pase nada… incluso… estoy segura que por su causa Takeshi… Takeshi esta… perdido… -Bufó lloriqueando mientras se apretaba la falda.
-En estos momentos no se que pensar… solo quiero que mi hijo aparezca Matsuri y nada más que eso.
-Entiendo Naruto… Te esperaré –Besandolo en su mejilla. –Sabes que estoy para lo que necesites.
Matsuri se marcho algo apesadumbrada y Naruto solo la observo perderse rumbo al elevador.
Fin de Pov…
Naruto apretó fuertemente los dientes mientras golpeo con rudeza el marco de la ventana. Jamás se perdonaría que por andar detrás de la falda de la arpía su hijo muriera o aun peor que le hiciesen cosas horribles. Volveo a dar un golpetazo en el marco de la ventana mientras que las fotos se apretujaban inmisericordiosamente.
-Lo siento, pero no tengo cabeza para ti y para nadie más Hinata…-Dejando caer las fotos con brusquedad al suelo.
Hinata se acurruco en su cama, se había cambiado su pijama y se recostó sonriente. Sentía que sus fotos podían representar algún cambio maravilloso para ella. Sentía que muy posiblemente Naruto la dejaría formar parte de su vida. Estaba segura de que, si sonreía más y que si era más optimista, por primera vez en la vida le podrían suceder cosas maravillosas.
POV de Hinata.
Sakura y Sasuke salieron rumbo al elevador. Hinata los observo perderse tomados de la mano. Ino termino por atar un globo volador en el respaldar de su cama y luego se sentó a su lado.
- ¿Dónde fue Naruto? –Inquirió la pelirubia.
-No lo se amiga… pero me siento rara.
- ¿Paso algo entre Naruto y tu cuando saliste a toda prisa de aquí?
-La verdad… sonriendo – Es que si…
- ¿De verdad amiga? –Ino tomo sus manos y la miro con destellos titilantes en los ojos.
-Bueno… Naruto y yo hicimos…
- ¿Qué HICIERON?
-Hicimos el amor… bueno fue breve, pero lo hicimos…
- ¿Acaso Naruto estaba dopado?
-No, Ino –Dandole un golpecito en el brazo.
-Entonces…
-No lo se hablamos un poco y luego él me beso… Fue algo maravilloso Ino…
- ¿De verdad? – Ino llevo una de sus manos a la frente de la pelinegra, sin duda esta tenía fiebre.
-Basta Ino… te digo la verdad. –Apartando con rudeza su mano.
-No puedo creer que el bestia de Naruto por fin se te declaro.
-Estoy tan feliz… Pellizcame para darme cuenta que no estoy soñando. -Ino le dio un toque en el costado de su herida y la pelinegra pegó un respingo. - ¿Qué haces?
-Creo que necesitas algo más fuerte que un pellizco. –Hechando a reir.
-Es verdad. –Sonrojándose.
- ¿Y Matsuri? Naruto no estaba saliendo con ella.
-Viste como salió con ella de aquí seguramente le pedirá terminar, estoy segura Ino… esta vez no fue un sueño fue algo muy real, muy, muy real.
-Me alegro por ti amiga. –Besandole la frente. –Se positiva y nunca bajes los brazos era obvio que tarde o temprano ese tonto se iba a dar cuenta de tus verdaderos sentimientos.
-Por supuesto siempre me esfuerzo. –La ojiblanca se sintió entusiasmada.
-Claro… -Dijo con sarcasmo. –Si tu eres Miss Positividad. -Ino hechó a reír.
-Estoy tan feliz amiga… ojalá esto dure para siempre. –Sonriendo.
Fin de POV de Hinata.
La bruma nocturna la desperezo con rapidez había tenido un esplendido sueño con una clara idea de como sacar a Jiraya de aquel calabozo.
-Este será mi regalo para Naruto. –Batiendo palmas.
Horas más tarde…
Naruto abrió los ojos con pesadez. Había estado llorando toda la noche entre penumbra y pesadillas sobre Takeshi. Ya no aguantaba más la espera iría y tiraría a bajo la mismísima puerta del Hokage si hiciera falta.
Se dio una merecida ducha y bajo al desayunador. Se sentó con pesadumbre y dolor de espaldas.
-Buenos días señorito. –Dijo la regordeta mujer que ahora atendía la casa.
-Buenos días nana. - Replico algo pensativo.
-Hinata ya se ha levantado necesito hablar con ella.
-Parece ser que la señorita Hinata se ha levantado temprano.
-Esplendido necesito hablar con ella.
-No esta, recién fui a buscarla para despertarla y no estaba.
- ¿No estaba?
-No, señor…
- ¿Dónde rayo se habrá metido? Quiero que vayamos a la oficina del hokage cuanto antes.
-La señorita dejo una nota de que la esperase ni bien se levantara que ella le traería una sorpresa.
-UNA SORPRESA
Unas horas antes del alba.
Hinata se atavio rápidamente envaino una de sus cuchillas en su pierna y amarro la katana en su espalda. Ato su cabello he hizo un rodete para que este no le incomodará. Tomo algunos aparatejos extraños de encima de su cama y lo guardo entre su ropa algo extrecha. Un pequeño bolso en su espalda termino de ataviarla como ya era su costumbre cuando salía de cacería o eso había dicho Itachi de broma en broma.
Se escabullo de la casa con sigilo hacia una zona aledaña de la casa. Salto la reja con rapidez y corrió hacia un obscuro callejón donde se agazapó en silencio. Allí aguardo un instante.
-Pero donde estará este idiota. - Decreto con exaspero.
-Jefa… -Una vocecita retumbo en la penumbra.
-Kabuto eres tu… -Intentando vislumbrar a su lugarteniente.
-Si jefa… -Acomodandose los anteojos.
-Porque te has tardado tanto.
-Lo siento jefa… estaba dormido cuando me llamaste…
-Dormido… imagino que no habrás tenido sexo anoche verdad… -Mirándolo de soslayo.
-Solo un poco jefa. –Bufo molesto.
-Vamos al coche.
En el silencio de la noche el coche se deslizo una hora casi penentrando la cruda humedad de la noche para adentrarse en la ciudad de Konoha. Ninguna persona desente estaría a tan altas horas de la noche con ese frio. La niebla cubria casi todo el paisaje y lo único que podían ver era un metro delante.
-Parece que hoy hay mucha niebla.
-No te preocupes es mejor así. Parate a unas cuadras del edificio.
Hinata bajo con todos sus esperpentos y juguetes mortíferos y sonrió.
-Esperame a aquí. –Accionando un aparatito en su oído.
-La escucho fuerte y claro. –Respondió Kabuto.
Bien…
-Jefa.
- ¿Qué quieres?
-Llamo a los Uchiha…
-No, ellos no saben que estoy aquí.
- ¿Desea que los llame si pasa algo?
-No seas imbécil Kabuto no pasara nada.
-Esta bien Jefa… -Refunfuño.
La chica cubrió su rostro con una mascarilla y corrió entre la bruma y la penumbra.
La parte delantera y trasera del edificio del Hokage era altamente custodiado. Durante el día y la noche, pero si no lo recordaba mal, había una pequeña zona vulnerable en el aparcamiento. Una cuadra antes de llegar tomó una de sus herramientas de la cintura y se aposto cerca de una alcantarilla. La abrió he ingreso a ella con mucha facilidad.
El olor nauseabundo abarrotaba todos sus sentidos.
-Rayos mas vale que me bañe si quiero besar a Naruto.
Siguió un largo trecho algo en penumbras, pero al verse impelida de la visión encendió una pequeña linterna.
-Bien si mal no lo recuerdo es casi unos 50 metros… si 50 metros.
La chica recorrió un buen trecho y se detuvo en seco. Tomo otro pequeño objeto de su cintura y al apretarlo este comenzó a exudar un humo algo verdoso. Con este sencillo truco la muchacha pudo divisar unos rayos colo rojo que iban de un lado al otro de la ancha cañería.
Tomó dos espejos pequeños ocultos en una lupa y unos pequeños portátiles que sostuvo en la pared. Los rayos multiples que se refractaban como un enrejado seguramente estarían conectados a algunas de las alarmas centrales de Konoha. Debía ser más cuidadosa con este paso.
-Sabía que estos idiotas no serían tan tontos después de mi ultima visita. –Riendo con disimulo.
Al colocar las dos portas objetos en la pared dispuso los dos lentes de manera tal que el aparato disruptor laser diera de lleno en ambos espejos. Al finalizar, la apertura de un túnel seguro se abrió delante de sí.
La muchacha avanzó sigilosa hasta llegar a las escaleras, la subió con premura unos cuantos metros hasta poder ingresar a la tapa de la alcantarilla. Despacito levanto la tapa del pavimento. Todo parecía sigiloso y algo pacifico. Miró a derecha he izqiuerda, nadie parecía asomarse en el estacionamiento. Salio rápidamente y volvió a colocar la tapa en su lugar. Corrió casi sin detenerse hasta llegar a un coche cercano.
-Conozco este coche… -sonrió con descaro.
De pronto escucho unas voces en la penumbra. Unos guardas de seguridad se acercaban a su posición. Rapidamente se tiro bajo el coche donde se oculto.
-Ahhh estoy cansado…
-Lo se, pero hay que seguir un poco más la ronda…
-No creo que algún idiota intente meterse en el edificio. Esta todo cercado y bien vigilado. Dijo uno de aquellos guardas encendiendo un cigarrillo y dando una fuerte pitada al mismo.
-Dame un poco estoy muy cansado… -Inhalando un poco de aquel intoxicante aroma.
-Vamos por un café.
_Si, esta bien…
Ambos desaparecieron en la penumbra. Hinata se deslizo suavemente de debajo del coche y corrió hacia la parte izquierda del edificio. Levanto los guates negros que cubrían sus manos apenas a la altura de la muñeca y apretó un botón en unos brazaletes que llevaba puesto. Al aproximarse a la pared adhirió su guante derecho y luego el izquierdo. Finalmente, las puntas de sus zapatos parecieron adherirse ayudando al contorneo de su cuerpo. Comenzo un rápido y sigiloso ascenso por la pared izquierda del edificio que la llevaría a una de las terrazas del primer piso. Pudo percibir algunos movimientos por encima suyo. Se detuvo silenciosa hasta que pudo asomarse lentamente al borde de la cornisa. Pudo distinguir dos guardias armados en aquella terraza vigilando en movimientos circulares. Despacito despego uno de sus guantes y tomo un pequeño tubo de su cintura. Se lo coloco en su boca y se acerco nuevamente a la cornisa. Uno de los guardias estaba muy cercano a su posición el otro esaba de espaldas. Con un rápido movimiento soplo en aquel tuvo y un dardo salio disparado hacia el primer guardia quien se paralizo como tocado por un rayo. Luego en el tubo parpadeo una luz roja, espero un instante y apunto al segundo guardia. Cuando el tubo parpadeo en azul volvió a soplar disparando al siguiente objetivo quien se paralizo nuevamente por un instante. Trepo con rapidez entre ambos guardias quienes ni se inmutarón con su presencia y permanecían parados y estáticos en su posición.
-Excelente. –Sonriendo.
La ojiperla volvió a deslizarse al desnivel que llevaba al segundo piso. Siguio su ascenso hasta lo que parecía una pequeña y escueta ventanilla de ventilación.
-Estoy de suerte esta vez. – Suspiro.
Ingreso introduciendo su delgado cuerpo a través de la ventanilla del baño de damas.
-Ya estoy dentro.
Al sentirse segura se quito su traje y lo coloco en el interior de su bolso. Luego volvió a sacar unas ropas esmeradamente dobladas y se cambio de ropa. Se miro al espejo y arreglo su escotada camisa y su falda. Saco unos pequeños zapatines de tela que se puso con premura. Arreglo su pelo, se pinto los labios con un rojo intenso y se coloco una boina verde.
Al verse lista se agazapo tras la puerta y oculto su ropa y su mochila detrás de un inodoro. Unas cuantas palabras coartaban el silencio nocturno. Se azomo despacito y al verse salva se introdujo al corredor. Lo siguió con parsimonia esta vez saco unos lentes de su bolsillo y se los puso. Unos cuantos metros mas adelante unos guardias de seguridad conversaban sobre el prisionero del sotano.
-Esta bien guardado ahí…
-Se pudrirá en la cárcel.
-Si, pero lo lógico sería que entregará a todos sus complices.
-Pero no hay forma de hacerlo cantar…
-¿Ya han probado con Izumo?
-Si, tengo entendido que hasta Ibiki Morino probo suerte, pero el jilguero perdió la lengua.
-Que no te sea raro esta entrenado para eso.
De repente unas camareras se acercarón de frente a los hombres. Estaban vestidas con camisa blanca y faldas escotadas. Unas boinas verdes engalanaban su cabeza.
-Hola chicas…
-Hola muchachos sonrieron mientras se zarandeaban delante de ellos.
- ¿Quieren tomar algo? –Sonrió una con ínfulas.
-Yo quisiera un café.
-y donde te gustaría tomarlo. –Desprendiendose uno de los botones de la camisa.
-Pues donde gustes… -Dijo uno de ellos sonriendo con malisia.
-No olvides que estamos de turno…
-No te preocupes dijo mientras la sujetaba de la cintura y la llevaba por un corredor no muy lejano.
-Bueno a mi me gustaría un café también estaré en la sala de videos si quieres nos vemos ahí.
-Claro dijo la otra joven. El chico se introdujo en una de las cabinas a la derecha mientras la otra muchacha se dirigía rumbo a la cocina. Hinata al ver despejado su paso se introdujo a la cabina despacito.Cerró la puerta tras de si y se apoyo en la misma.
-Te estaba… -mirándola con intensidad. - ¿Quién eres tu? -Poniendose en guardía.
Hinata se desabotonó la camisa y el tipo se paralizo al verla. Luego se abalanzo sobre él besándolo apasionadamente, hasta que pudo percibir que el sujeto se fue relajando hasta que pudo empujarlo sobre la silla donde continuó besándolo. Al cabo de un instante el muchacho se desvaneció.
-No besas tan mal… -Limpiandose los labios y abotonándose la camisa. Su presa había caído profundamente dormida. – Ok veamos Jiraya-sama donde esta.
Pudo distinguir varias de las pantallas que miró con atención. Tras ver varias cosas que llamarón su atención encontró al prisionero en uno de los subsuelos.
Se apresuro a salir de allí pero antes cerro el pestillo desde adentro y trabó la puerta, para que al salir nadie pudiera ingresar. Luego coloco la boina verde en el picaporte de la puerta y continuó por uno de los corredores hasta el final del pasillo. Tomó una de las escaleras del área de servicio y pudo encontrase con un pequeño ducto de limpieza por donde arrojaban la basura. Se introdujo en su interior y se deslizo con cuidado a través de él. Bajo casi dos pisos sujetándose con sus zapatos y las pulseras de sus manos que al presionarlas habían expelido unos guantes negros viscosos. Miró el reloj en breve serían las 5: 30 de la mañana debía darse prisa.
La hokage no había casi dormido. Aun estaba inmersa entre una pila de papeles que no había logrado desenmarañar. Quería descansar necesitaba una buena y merecida taza de café. Apreto el boton en el conmutador y pidió un café a la cocina. Una joven la atendió algo lenta al parecer, aunque no pudo precisar por que.
-Me temo que su café tardará un poco. –Dijo una voz parsimoniosa mientras se despatarraba en uno de los sillones frente a su escritorio.
-Ummm … será posible…
-Sus esmeradas empleadas están de servicio especial esta noche, de hecho, deben estar terminando de hacérselo a uno de sus guardias. Que mala atención hay en este edificio.
-¡Callate! No se como has entrado otra vez aquí.
-Vamos Lady Tsunade sabe que puedo entrar en donde quiera. -La Ojiperla la miró con descaro mientras cruzaba sus piernas. Tsunade se paró, se cruzo de brazos y la miró parsimonia.
-Estoy segura que la compañía no escatimo en gastos verdad…-Mirándo ahora el enorme ventanal de su despacho.
-La verdad es que no… Quiero pedirle un favor.
-Es con Onoki con quien debes hablar.
-Vamos Onoki es un hombre demasiado recto y estoy segura que esta larga pausa solo será contraproducente para usted y para nosotros.
- ¿Para nosotros? –Tsunade la miro a los ojos. Luego se sento en su escritorio.
-Este será el ultimo trabajo que haga para la organización.
-No creo que Onoki permita que un agente tan bueno como tu desista de su oficio.
-Se que no es fácil renunciar a todo esto, pero lo haré… renunciaré.
-Solo puede haber dos razones por las que una mujer renuncie a un estilo de vida tan… atractivo. –Dijo la rubia sonriendo. - ¿O es por amor o es por muerte?
-Tengo mis razones Tsunade-sama.
-Bien que es lo que quieres… -Apoyando su barbilla sobre sus manos.
-Quiero la protección del clan Uzumaki y la liberación del pequeño. Un salvoconducto para ellos cuando todo esto termine.
- ¿Y dime que me darás a cambio Hinata?
-A toda la organización Yakuza y a los cabecillas por supuesto.
-Eso es algo que Onoki puede darme. -Expreso sonriendo.
-No creo que Onoki pueda dártelo con rápidez. Imagino los titulares de los diarios "Hokage pone en riesgo la vida de un niño para salvar su propio pellejo"
-Nadie se atrevería a hacer algo así. –Expreso golpeando con fuerza su escritorio.
-Calmese, ambas sabemos que los sensacionalistas de la "Hoja" están al orden del día- Uhh imagino lo que dirán esos ruines ancianos cuando sepan el escándalo.
-Bien… -Sentandose en su asiento. –Como puedes dármelos.
-Pues muy fácil –Levantandose de su asiento y sentándose en el escritorio de Lady Tsunade, quien la miro con desdén.
-Dejeme hablar a solas con Jiraya y le juro que le entregaré a los cabecillas, pero antes debe prometerme que le dará a él lo que esté pidiendo.
- ¿A ese sinvergüenza? –Inquirió con arrogancia y altivez.
-Si, lo he vigilado durante largo tiempo… se que no tiene el poderío que tenía antes en los Yakuza. Estoy segura de poder disuadirlo.
-Que arrogante eres, ni siquiera Ibiki Morino pudo con él.
-Pues yo se más cosas que Ibiki no puede.
- ¿Qué cosas?
-Se que clase de mujeres le gustan… _Sonriendo.
-Que desfachatez.
-Deme una hora con el y lo haré cantar como un jilguero.
-Bien… te daré una hora… solo una hora.
Tsunade se levantó de su asiento y volvió a centrarse en el ventanal. Cuando se dio vuelta Hinata se había desvanecido.
-Sin duda es muy buena… -Murmuro.
El edificio estaba en silencio. Dos guardas se apostaban al lado de la puerta de aquel subsuelo. Las luces comenzarón a parpadear.
-Otra vez esos focos.
-Les dije a los de mantenimiento que los cambiaran, pero no hubo caso.
-Ire a ver si puedo encontrar a alguien. Quedate aquí.
-Bien.
Cuando el primer guardía se hubo marchado los tubos luminiscentes comenzarón a parpadear con mayor frecuencia hasta que se apagarón.
- ¿Nelon estas ahí? –Dijo tomando su arma de la cintura.
De repente la luz volvió a parpadear y ante su sorpresa los ojos de Hinata se encontraron frente a frente con él. El tipo no pudo reaccionar, con un rápido movimiento en su hombro el tipo cayo dormido.
Hinata tomó la tarjeta de seguridad de su cintura y habrió la puerta introduciéndose en su interior. Esperó un momento. La camará de la esquina externa del cuarto dejo de parpadear de repente.
Jiraya estaba entre dormido cuando la hermosa morena se introdujo en el cuarto.
-Bueno supongo que Tobi mando una buena asesina en mi ultima hora me agradaría mucho morir entre tus brazos, pequeña. Bueno… quizás no entre tus brazos sino entre tus piernas.
-Supongo que eso le agradaría dijo desabotonandose la camisa.
Horas más tarde en la Mansión Uzumaki.
-Espere señorito, la señorita Hinata me dejo escrito que usted debía esperarla aquí.
-No me interesa seguir la agenda de Hinata. –Dirigiendose rumbo a la puerta.
-Espere por favor, espere…- nana lo siguió como perro moribundo hacia el portal de la casa.
-Son las 9 am y quería ver a la Hokage a las 8 ya no puedo esperarla más.
-Pero…
-Pero nada…
De pronto la pelinegra ingresó a la casa toda vestida de negro. Naruto la miró de arriba a bajo ya había visto ese traje antes. Lo que no había percibido era esa peste
- ¿Qué es ese olor?
-Me temo que soy yo… -Dijo bostezando.
- ¿De donde vienes? ¿Por qué estas vestida así?
-Tenía algo que hacer dirigiéndose a su cuarto.
-Espera un momento Hinata.
La chica ingreso con rápidez al cuarto y comenzó a desvestirse.
- ¿Qué estas haciendo? ¿Dijiste que iríamos a ver a la Hokage temprano lo olvidaste?
-Tranquilo Naruto… Voy a tomar una ducha. –Quitandose su brasier.
-No pienso esperarte… -Espeto malhumorado mirando a otro punto de la habitación. Hinata noto este acto y se mordió sutilmente los labios. ¿Acaso tan poco apetecible le parecía ella a Naruto?
-No necesitas ir a ver a la Hokage. –Metiendose en el pequeño baño de su habitación.
Si bien tenía grandes esperanzas de que su relación con Naruto avanzará la ojiperla no había tomado un cuarto principal sino uno de los de servicio. Naruto no había dicho una palabra y esto mortifico un poco a la muchacha. Esperaba que Naruto la invitara a dormir en su habitación, pero al parecer aún no era considerada como parte de su familia.
- ¿Por qué dices que no es necesario que vaya?
-Por qué tengo un indicio que seguir y necesito que no te anuncies con la Hokage sino con la prensa.
- ¿Con la prensa? ¿Acaso estás loca? Si llegará a anunciarle al mundo que estoy vivo Takeshi podría morir.
-No, al contrario, será un salvoconducto para que Takeshi siga con vida.
- ¿De que hablas?
-Si me enjabonas la espalda te lo dire. –Echando a reír.
-HINATA… -Grito Naruto Furico.
-Tranquilo… -asomandose un poco detrás de la bruma del baño. -Mirá pude introducirme al palacio de la Hoja anoche.
- ¿Qué hiciste que?
-Hay Dios pareces Itachi.
- ¿Cómo fue? ¿Pero?
-Sencillo no es la primera vez que lo hago, aunque de vez en cuando cambian alguna cosa para hacerlo difícil.
-Entonces anoche estuviste. –Asomandose a la puerta
-Si, y hable con Jiraya. –Expreso del otro lado de la manpara de baño.
- ¿Lograste hablar con él?
-Claro Naruto… Me extraña araña que siendo mosca no me conozcas. –Riendo.
- ¿Entonces él sabe donde esta Takeshi? –Naruto sintió un vuelco en su corazón.
-No exactamente, pero me dio una muy buena pista que seguir.
-Entonces el no lo sabe… -Caminando rumbo a la pequeña cama y desplomándose en ella.
-Pero tranquilo Naruto, me dio una muy buena sugerencia. –Saliendo del baño con una toalla en la cabeza y la bata de baño. Casi parecía una mujer normal, o eso pensó el pelirrubio mientras la miraba.
-Claro, por eso quiero que anuncies tu toma de las propiedades Namikaze corporations mañana mismo.
- ¿Qué mañana? –Levantandose de sopetón.
-Si, mañana mismo retomarás tus poseciones en una fiesta que ha organizado la embajada de la ciudad de la lluvia. Será aquí en Konoha. Varias celebridades han sido invitadas para asistir a la asunción del nuevo señor feudal del país y por supuesto las familias más adineradas estarán presentes.
-No entiendo que tiene que ver esto con Takeshi.
-Mañana quienes tienen prisioneros a Takeshi querrán asecinar al nuevo señor feudal.
- ¿Qué?
-Y nosotros aprovecharemos para apresarlos. Pero esta vez no trabajaré sola. Tú vendrás conmigo Naruto quiero que esos viejos vean que volviste conmigo de la mano por supuesto.
- ¿En calidad de que? –Espeto de mal humor.
-De amante por supuesto. –Hinata salto de algarabía y se sento en la cama. Naruto se paró de golpe.
-No creo que me guste ese plan.
-No te preocupes mientras estes conmigo nada te pasará.
-Umm –Refunfuño.
-Ahora cierra la puerta y hazme feliz Naruto. –Hinata sonrió maliciosamente. El chico la miró enojado. Porque esta mujer podía ser tan cinica en un momento tan difícil como este solo pensaba en una cosa. Acaso él era su juguete sexual o algo así.
-Bien… Voy a prepararme. –Naruto se escabuyo con prisa del lugar cerrando la puerta tras de si.
-Ahh Naruto… -Murmuro sujetando su bata con fuerza.
La ojiperla permaneció cabizbaja, intento no enturbiar sus pensamientos. Tenía deseos de quitarse el mal sabor de boca, pero estaba claro que Naruto no tenía intenciones de estar con ella por mucho que le incistiera. Pero sería paciente, no por nada Naruto y ella se habían amado intensamente hacia mas de una semana.
Naruto salió de la habitación se sentía algo molesto y aturdido, pero con esperanzas de poder ver a Takeshi.
-Señorito… -Nana interrumpio sus pensamientos.
-Si…
-Hay una señorita que inciste en verlo, le he dicho que usted esta ocupado, pero me ruega que la atienda.
-Bien yo la atenderé.
-Esta en la puerta de entrada.
Naruto se dirigió al recibidor y para su sorpresa el doble de su querída Keiko permanecía parada como estatua en el recibidor.
-¡Matsuri!
-Naruto-Kun… -LA muchacha guardó silencio.
-¿Qué haces aquí?
-Necesitaba verte. Es muy bonita tu casa… -Dijo mirando maravillada tanto lujo.
-A mi…porque querías verme.
-Necesito hablar contigo.
-Ven, vamos al jardín.-Sosteniendola de un brazo y arrastrándola hacia afuera.
-Bueno… -La muchacha se veía claramente nerviosa.
Ambos salieron por la puerta principal hacia el jardín. Nana se había perdido en la cocina y Hinata al parecer no había salido aun de su cuarto. Naruto camino algo nervioso delante de la chica mientras la luz del sol de la mañana iluminaba su rostro encandilando su azulina mirada. El chico iba ensimismado, a tal punto que no sintió los pasos sigilosos de la muchacha que iban tras de él. Matsuri tomó presurosa su mano derecha y lo detuvo.
-Quiero hablarte Naruto… Yo… no podía esperar más… se que te dije que te daría tiempo para resolver lo de Takeshi, pero necesitaba verte, espero no haberte molestado.
-No me molestas Matsuri. –Naruto se dio vuelta para verla. Se veía muy hermosa esa mañana. Una escueta minifalda, zapatos de tacos una bonita blusa y el sonrojo en sus mejillas engalanaban aun más su rostro libre de maquillaje. La suave brisa meneo sus cabellos quienes bailoteraon sobre su rostro.
-Yo te amo Naruto…
-Matsuri… -Se parecía tanto a Keiko. No podía olvidar a Keiko su recuerdo era muy fuerte y aprisionado en su memoria. Parecía difícil he injusto que Matsuri aceptará que él la viera como Keiko, pero no lo podía evitar, eran dos criaturas diseñadas por la misma diosa de la creación, hechas a su semejanza.
-Naruto… Dame una oportunidad, cuando todo se aclare quiero estar contigo, para siempre.
-No puedo…
- ¿Es por Hinata? ¿Amas a esa mujer?
-No… no es por eso - ¿O acaso sí? Se sentía ambiguo con Hinata últimamente sentía que le desgarraba las entrañas una fiera desconocida que era capaz de amar a esa mujer, de hacerla suya sin miramientos, pero podía a eso llamarlo amor. Si bien conocía mucha de sus intimidades y lo mucho que Hinata había hecho por él ¿realmente era amor?
-¿Entonces dime Naruto' Es porque me parezco a Keiko… -Matsuri aparto la mirada y Naruto pudo verla llorar.
-Matsuri…
-Se que te dije que me importaba, pero no me importa… no me importa que me compares con ella mientras me ames. –Arrojandose a sus brazos.
-Matsuri…
-Naruto…
Matsuri tomó el rostro del ojiazul entre sus manos y lo beso, lenta y suavemente. De manera tal que Naruto sintió que Keiko había regresado. Solamente ella lo besaba de esa manera. Sus labios suavemente se entrelazaron dando rienda suelta a este sentimiento extraño que llamaban amor. Ambos jóvenes se besaban apasionadamente en la aprte posterior del jardín. La suave brisa de la mañana hacia girones sus cabellos y su ropa mientras el sol enaltecia aquel susurro un tanto melancolico de dos amantes que pareciían encontrarse vida tras vida. Desde lo alto de la habitación de Naruto dos perlados ojos miraban aquella escena.
Pov de Hinata
-Lo haces adrede verdad te gusta herirme o lastimarte ¿Acaso estas dementes? ¿Estoy preocupado por Takeshi y tú me sales con tus emociones y deseos? Sabes que Hinata me importa un rábano lo que pienses o sientas solo quiero recuperar a mi hijo Y NO VERTE NUNCA MÁS LA CARA. –Grito desaforadamente.
Fin de Pov de Hinata.
-Ya veo quizás solo jugabas con mis sentimientos Naruto… sabes no es necesario, yo te dije que buscaría a Takeshi por ti… no era necesario que te acostarás conmigo…
La pelinegra tomo la arrugada fotografía que había traído a la habitación de Naruto la noche anterior y la miró con detenimiento. Su foto estaba toda extrujada y mansillada, así como su corazón. Algunas lagrimas se escaparon nuevamente de sus ojos.
-No era necesario Naruto… porque…
De pronto miró a los ojos de Keiko, esos ojos altaneros que en la fotografía aun permanecían junto a los de su amado abrazados los dos.
-Tú siempre has tenido todo…te odie por eso, aun te odio… pero es inútil verdad. Tu estas en el pedestal –Tomando su foto del alfaizar –y yo no tengo nada más que mis recuerdos y mis sueños. –Quizás solo sea un capricho… -Echando a reir despacito. –Si tienes razón solo es un capricho mio… que tonta… pensar que Naruto alguna vez me amaría. Dejando la foto en su lugar.
Hinata tomo la foto en la que estaban los tres, Naruto, Takeshi y ella y rompió su figura de aquella imagen desdibujándola de aquel recuerdo.
-Esta bien… tú ganas, te dejo a tu Naruto. Recuperare a Takeshi a si me cueste la vida, lo traeré a salvo y luego me iré como lo prometí hace tanto tiempo. Siempre supe que sería tuyo. Sabes realmente creí que tendría suerte que cuando tu te fueras el se fijaría en mi pero no fue así verdad, ya lo tenías planeado con Matsuri me refiero… esta claro que lo tenías todo planeada señorita. –Secandose rudamente las lagrimas. –Esta claro que tu nunca jugaste limpio, no me dejarías a Naruto tan fácilmente. Esta bien… vuelvo a darme por vencida. –Sonriendo con un dejo de tristeza. –Dejaré que tu hagas feliz a Naruto otra vez.
La ojiperla arrugo su fotografía, la hizo un bollo y la coloco en el bolsillo de sus jeans. Se dirigio a la puerta del dormitorio no sin antes echarle un ultimo vistazo a la fotografía de la única mujer que Naruto había amado. La muchacha cerro la puerta tras de si con una ultima resolución, haría lo que fuere por encontrar a Takeshi y darles a ambos la vida que realmente se merecían, antes de partir.
