Efectivamente, Derek no durmió, pero sí esperó a que dieran las siete de la mañana para llamar al sheriff al móvil.

En realidad podría haberlo hecho a cualquier hora de la noche, convencido de que el hombre tampoco habría pegado ojo, pero prefería hacerlo cuando hubiera más posibilidades de que Stiles no le descubriera.

Al segundo tono el sheriff respondió. Su voz sonaba bastante despierta para la hora que era, confirmando sus sospechas:

- Hola. Estaba esperando tu llamada –dijo el sheriff a modo de saludo.

Derek estuvo tentado de preguntarle cómo estaba, pero nunca le había gustado hacer preguntas absurdas y esa, hoy más que nunca, lo era. Así que fue directamente a lo que más le interesaba.

- ¿Está Stiles contigo?
- Está duchándose… Por eso llamas ahora, ¿no?

No lo negó. Y a diferencia de otras ocasiones en las que el sheriff había descubierto sus intenciones increíblemente rápido, esta vez no le molestó. En ese sentido era igual que su hijo, por lo que había que sacar partido al hecho de que no le hacía falta dar todos los detalles.

Y efectivamente lo último que quería era que su conversación con el sheriff, intentando explicarle qué había ocurrido (o al menos su versión de los hechos) sirviera para cabrear aún más a Stiles en caso de que se enterara. Por eso aprovechó la rutina que Stiles repetía cada mañana, puntual como un inglés, para llamar a su padre justo cuando sabía que estaría en la ducha.

Y de paso, así se ahorraba pasar él también por esa rutina y que no tenía ningunas ganas de realizar, siendo la primera vez en años que lo haría sin tener a Stiles a su lado.

- No sabía cómo se lo tomaría si se enteraba –explicó, pasando rápidamente a lo importante -. ¿Cómo está?

El hombre tardó en responder, consiguiendo que a cada segundo que pasara el miedo del hombre lobo aumentara un poco más.

- Pues todavía está disgustado –admitió.

- ¿Te ha dicho lo que pasó?

- Me ha contado lo suficiente.

La voz del sheriff, amable pero sin ser tan alegre como solía ser en él, lo que no dejaba de ser lógico dadas las circunstancias, hizo que Derek se planteara por primera vez que a lo mejor Stiles no era el único que ahora mismo estaba cabreado con él.

- ¿Y opinas igual que él?

El suspiro del hombre resonó desde el otro lado del móvil. Derek pudo imaginárselo perfectamente llevándose una mano a la frente; cansado y sin saber qué hacer.

- No debería intervenir… Por mucho que sea mi hijo, y que me duela verle así, es algo que tenéis que solucionar entre vosotros.

Eso era lo último que Derek quería oír. Y aunque sabía que tenía razón y que era lógico que solucionaran sus asuntos como los dos adultos que se suponía que eran, sin esperar a que viniera alguien a darles la respuesta mágica, no las tenía todas consigo.

- No sé si...

- No me entiendas mal… -le interrumpió el hombre-. Entiendo tu punto de vista. Después de todo lo que has vivido puedo comprender que te dé pánico perder a la única persona que te ha querido desde la muerte de tu familia… Pero tienes que hacer el esfuerzo de intentar entenderle tú también a él. Y para él ahora mismo no hay nada más importante que el hijo que está creciendo dentro de él. Incluso si eso pusiera en riesgo su propia vida.

- ¿Es lo que tú habrías hecho?

Lo preguntó sin pensar y al segundo se dio cuenta de su error. Cuando, desde el otro lado del teléfono, no hubo más que silencio durante unos segundos.

- Me sorprende que me hagas esa pregunta –respondió cortante, delatando su molestia-. Sabes que en mi caso nunca tuve la opción de elegir.

- Lo siento. No pretendía…

La voz apagada de Derek, quien lo último que quería era disgustar a la única persona que podía darle información sobre Stiles, sirvió para que el sheriff se diera cuenta de que había sacado las cosas de quicio.

- Sé que no era tu intención… -aclaró, más relajado-. Perdóname. Supongo que todavía estamos un poco tensos todos.

- ¿Significa eso que Stiles no va a volver a casa?

El nuevo suspiro del sheriff a Derek se le antojó como el que habría soltado su madre cuando no conseguía hacerle entrar en razón. Eso, o cuando no supo cómo decirle que su mascota había muerto.

- Todavía no lo hemos discutido. Anoche estaba bastante disgustado. Hoy parece más tranquilo, pero supongo que es más por el cansancio porque apenas durmió. Pude oírle dando vueltas toda la noche.

Derek se imaginó a Stiles acurrucado en su cama, pensando en un millón de cosas y dudando sobre otro millón. Eso era lo último que quería que le ocurriera. Lo último que necesitaba cuando hacía menos de 12 horas que había sufrido un pequeño desgarro y se suponía que ahora lo que debía hacer era descansar y estar tranquilo.

Pero en lugar de eso había discutido con el padre de su hijo porque creía que le daba igual ese bebé.

- Tal vez si hablo con él… –sugirió.

- Sólo lo empeorarías. Aún es pronto y no conviene precipitarse. Sabes tan bien como yo que si os veis ahora acabaréis discutiendo otra vez –explicó con calma, intentando que entendiera la situación-. Desde que todo esto empezó habéis pasado por una auténtica montaña rusa de emociones y era lógico que acabara estallando de un modo u otro. Y más después de la visita a urgencias… Lo mejor es que os deis un par de días de descanso para relajaros y aprovechar ese tiempo para intentar comprender el punto de vista del otro… -Oyó perfectamente la respiración cortada del Alfa, siendo justo eso lo último que Derek quería hacer, y trató de darle un poco de esperanza-. Te prometo que yo intentaré que Stiles lo haga.

El hombre lobo cerró los ojos. Si ya había sido duro estar toda la noche lejos de Stiles y de su hijo, no tenía ni idea de cómo iba a soportar los siguientes días.

Pero qué otra cosa podía hacer. No era cuestión de agobiarle. No sería bueno para él ni para el bebé.

Así que, otra vez, le tocaría sufrir en soledad.

- Gracias –respondió finalmente. No se sentía para nada agradecido, pero tenía que reconocer que el hombre estaba haciendo todo lo que podía.

- ¿Lo harás tú también? ¿Pensar en lo que te dijo Stiles?

- Sí. Sí, por supuesto.

- Bien. Tengo que dejarte ahora. Stiles está a punto de salir de la ducha y no quiero que piense que te estoy llamando a escondidas porque estoy de tu parte.

- Claro -Derek apretó el móvil con fuerza, corriendo serio peligro de destrozarlo. Tenía que colgar pero no quería hacerlo. No antes de…-. ¿John?

- ¿Sí?

- ¿Puedes decirle a Stiles que…? -Tragó con dificultad, no viéndose capaz de terminar la frase-. Que yo…

Se sintió avergonzado y dolido al mismo tiempo. Se suponía que podía confiar en ese hombre. Aunque no estuvieran casados, John Stilinski era parte de su familia como Derek sabía que él lo era de la suya. Y aun así le resultaba imposible decirle las mismas palabras que sólo había sido capaz de decirle a Stiles. Y siempre en contadas ocasiones, pues a día de hoy todavía le seguía sorprendiendo verse junto a él, compartiendo su vida y su futuro, por lo que no creía que un "te quiero" hiciera justicia a todo lo que sentía cada mañana cuando despertaba a su lado.

Quiso hacer la excepción y decírselo al sheriff para que transmitiera su mensaje. Para que le hiciera ver a Stiles que, daba igual lo que hubiera pasado, nunca dejaría de quererle. Nunca dejaría de estarle agradecido por haberle dado la oportunidad de ser feliz. De formar una familia.

Pero cuando las palabras no salieron de su boca, incapaz de decirlas sin tener frente a él esos preciosos ojos y esa sonrisa que le cortaba la respiración cada vez que se daba cuenta de que sí, que esa maravillosa y única sonrisa era sólo para él; Derek cerró los ojos y se maldijo por no poder hacer algo tan simple.

- No te preocupes –susurró el sheriff desde el otro lado de la línea-. Se lo diré.

Cuando el sheriff cortó la llamada, sin necesidad de decir nada más, Derek sintió que su corazón se aceleraba.

Pero esta vez no fue por el miedo a perder lo que habían construido. Por primera vez desde que Stiles se marchó de casa, Derek se permitió creer que todo se solucionaría pronto.