Se que dije que éste sería el último capitulo, pero honestamente me vinieron un montón de ideas y me volví loca escribiendo, así que lo tengo que alargar de nuevo jejeje ahora si creo que el 32 será el final, esperemos.
Me disculpo a los que no les he contestado, pero tengo un problema con la pagina de Facebook y no he podido responder algunos mensajes, espero pronto lo solucionen.
Sin más, espero lo disfruten :)
"Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad
ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre.
Si eres libre, ese es el precio que tienes que pagar: la soledad."
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Se recostó perezosamente contra el respaldo de su butaca mirando fijamente el crepitar de las llamas. Se sentía fastidiado. Escuchó el característico crack que hacían los elfos al aparecerse, pero ni se giró para mirarlo. Sentía la furia y el mal humor arremolinarse dentro de su cabeza y estaba consciente que en cualquier momento podría explotar.
— Amo— susurró la aterrada criatura a sus pies. Bajó la vista y observó con desprecio como las pequeñas manos de su elfo estaban vacías. Sacó su varita mágica del bolsillo de su capa y apuntó a su sirviente. Éste se encogió de miedo en el acto. Con un perezoso movimiento hizo que la criatura se elevara en el aire y quedara flotando casi a su altura. Sus despiadados ojos lo evaluaron con mordacidad.
— ¿Por que no tengo mi copa de vino aquí, Marden?— cuestionó con frialdad. El elfo tembló visiblemente.
— No sabía… no sabía lo que el amo querría beber esta noche, señor— contestó mientras se mantenía suspendido en el aire. Voldemort lo miró como si fuera un asqueroso insecto en su comida.
— Sabes perfectamente lo que debes servirme. Te doy un minuto— Y sin más, movió su varita y lanzó a la pobre criatura contra una de las paredes, golpeándose estrepitosamente. La escuchó gemir y quejarse de dolor.
— ¡Ahora, Marden! ¡Muévete!— ordenó amenazándolo de nuevo con su varita. Vio como se desaparecía rápidamente mientras hacía una temblorsa reverencia. Por lo general no solía tratar así a sus elfos, realmente los ignoraba, pero esa era una pésima mañana y estaba tratando de controlar el impulso de no matar a alguien. Giró la cabeza al oír que tocaban suavemente la puerta de su despacho. Golpeteó el escritorio con sus largos dedos ante ésto. Sólo llevaba diez minutos de haber llegado y ya sus inútiles mortífagos lo estaban incordiando. Permitió la entrada con un movimiento de su mano al mismo tiempo que oía como su elfo volvía y le entregaba una copa plateada junto con una botella de vino.
— Sírvelo, ¿que esperas?— comandó de mala gana. Vio como la puerta se abría y como por ésta entraba su nueva mano derecha. Garren se quitó la mascara y se arrodilló frente a él.
— Mi señor— saludó con voz ronca— Un placer verlo de nuevo.
El mago oscuro ni se molestó en responder. Sujetó bruscamente la copa que su elfo le entregaba con las manos temblorosas antes de hacer una reverencia y desaparecer. Bebió un sorbo y clavó sus despiadados ojos en su mortífago.
— Levantate, Garren — ordenó impacientemente.
— Amo, le tengo noticias urgentes— le informó sin perder tiempo. Voldemort no mostró interés, solo se limitó a beberse todo el contenido de su copa de un tirón. Garren parpadeó varias veces. Finalmente el mago oscuro lo miró impasible volviendo a llenar su copa.
— ¿Y qué es? Habla de una vez.
—Bueno, en su ausencia, mi señor, hemos seguido sus indicaciones. El sanador nos ha dicho que esta es la fecha aproximada donde la joven...es decir, su esposa, daría a luz— vio con un cierta satisfacción como la mirada de su amo cambiaba al nombrar a la sangre sucia y ahora parecía prestarle la mayor atención — Pues bien, asigné a cuarenta mortífagos para que en las ultimas semanas pusieran un hechizo en cada hospital muggle de este país, ya que estoy seguro que su esposa tendrá el bebé en uno de ellos— hizo una pausa esperando que su amo replicara de alguna manera, pero al verlo quedarse callado prosiguió— Ella obviamente no irá a San Mungo—
— Obviamente— ironizó el mago oscuro.
— El hechizo nos notificaría cuando una bruja entrara en dicho hospital, mi señor. De esa manera cuando ella ingresara a uno de ellos lo sabríamos de inmediato.— Respiró aliviado al ver la aprobación en los ojos de su señor.
— Muy bien, Garren. ¿Y entonces? ¿Cuales son las noticias urgentes? ¿Ya ella apareció?— cuestionó con un suave siseo. Sentía ansiedad y emoción ante la idea de que por fin la hubiesen encontrado. Evitó por todos los medios mostrarse ávido ante su sirviente.
—Si, mi señor. Recibí un aviso hace unos minutos. Pensaba llamarlo, pero me notificaron que ya usted había llegado. La alarma se ha activado y Adnan ha encontrado a una joven en un hospital muggle en el sur. Y me dijo que tiene todas las características físicas y exactas de su esposa, amo.
Voldemort lo miró fijamente durante unos instantes, parecía haber caído en un trance de pronto. Sus penetrantes ojos taladraron los de su interlocutor.
—¿Estás seguro de lo que dices?
Garren asintió enérgicamente — Dicen que acaba de dar a luz. Estamos convencidos también de que la chica pudo haber cambiado su nombre para protegerse; pero su apariencia, obviamente, debería ser exactamente igual, mi señor. Consideré que usted debía saberlo para… ir a verla personalmente. Adnan y cuatro mortífagos más ya están custodiando el lugar. Esperan por sus ordenes.
— No lo entiendo, Garren. ¿Por qué no fuiste tu mismo a comprobarlo?— preguntó poniéndose en pie de pronto.
— Me lo acaban de notificar recién ahora, mi señor. Y además, ella me conoce. Pensé que no sería prudente que me viera. Pero Adnan me asegura que es ella.
Voldemort miró las llamas nuevamente. Sentía una presión en su pecho. Si era Hermione, después de meses y meses buscándola sin cesar, y estaba a punto de tener a su hijo… Apuró el ultimo trago de su copa y guardó su varita mágica nuevamente en el bolsillo de su capa. Se acercó a su sirviente.
—Llévame, Garren…— musitó en voz baja— Llévame con ella.
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—Garren— saludó un hombre de mediana estatura vestido con un traje negro azabache. Se separó de la pared descruzando los brazos. Parecía aburrido, sin embargo cuando vio la oscura y alta silueta de su amo detrás del espía su semblante cambió.
— Mi señor… un placer verlo una vez más. Realmente no esperábamos su presencia tan pronto— dijo con una leve nota de nerviosismo.
Los otros cuatro magos que rondaba por las calles atestadas de muggles parecían no querer ni acercarse. Voldemort no les prestó atención sino que se acercó al mortífago que le había hablado.
—Garren me dijo que encontraron a la chica— soltó sin rodeos. El hombre llamado Adnan lo miró con los ojos abiertos como platos.
— Si, amo, efectivamente. Hermione Jean Granger, aunque ese nombre no está en los registros de este edificio, creemos que pudo cambiarlo al ingresar.. Lo hemos comprobado, amo, es ella… Está en el cuarto piso y ahora mismo está en un proceso de parto. El personal del lugar no nos dejó acercarnos mucho y no quisimos forzar la situación sin antes obtener la autorización de Garren, amo; pero le aseguro que es ella. Además, le hechizo que usamos nos indica que la chica que está adentro es una bruja.
Voldemort frunció el entrecejo y miró el edificio que tenía justo a su espalda; así como a las numerosas ambulancias que descansaban estacionadas en la orilla del pavimento. Volvía a sentir esa sensación de excitación controlada apoderarse de su pecho. Si era ella la que se encontraba en esa habitación... tenía que verla, tenía que estar a su lado.
— ¿Comprobaste de alguna otra manera que fuera ella realmente? ¿La viste?— preguntó vagamente. No quería que su voz sonara débil y alguno se percatara de ello. Había pasado meses buscándola, siguiendo pistas erróneas; si no era ella… los mataría a todos sin excepción. Era su ultimo plan, si Hermione no estaba ahí ya no habría forma de ubicarla.
— Sí, mi señor. Completamente seguro, así como supimos también de que tendrá un hijo varón. Nosotros pudimos…
Voldemort volteó bruscamente. Garren se fijó que sus ojos tenían un peculiar brillo— ¿Un niño? ¿Me dio un niño?
El mortífago se estremeció de pies a cabeza. Los ojos de su amo parecieron enrojecerse más, llenos de una emoción y locura como pocas veces había presenciado. Lo vio tocarse el pecho de forma ausente y volver a ver hacia el edificio. Observaron con sorpresa como las manos de su amo parecieron temblar durante unos segundos antes de apretarlas en puños y una singular sonrisa curvara sus labios.
—Hermione… te encontré.
Garren se le acercó cautelosamente — ¿Quiere que vigilemos las entradas, mi señor? Por si algo sale mal
Voldemort ladeó la cabeza y observó a su interlocutor con mucha atención — Que los demás se queden aquí. Tú, ven conmigo.
El mortífago dio una inclinación con su cabeza y siguió a su amo hacia la entrada del viejo edificio. Frunció el entrecejo al percatarse que habían bastante muggles que los observaban. Sujetó su varita mágica por debajo de la capa y continuó su camino. Sabía que a su amo no le molestaría en lo mas mínimo que acabara con la vida de todos esos idiotas que los miraban pasar, pero ya no era un mortífago de bajo rango, ya no era una simple sabandija, ahora era el segundo al mando y por lo tanto debía comportarse precavido en todo momento. Sabía que su señor vería totalmente innecesario causar un alboroto en ese hospital por tan poca cosa.
— Garren, esperarás afuera. No permitas que nadie entre, usa el hechizo que mejor te parezca pero no mates a nadie. A ella no le gustará eso y no quiero recurrir a dejarla inconsciente cuando apenas acaba de dar a luz. No quiero ningún tipo de escándalo ¿entendido? — lo oyó ordenar en voz baja mientras ambos llegaban al cuarto piso y accedían al pasillo.
— Si, mi señor. Por supuesto.
Daba gracias que habían pocas personas; casi todos leyendo alguna revista y los demás simplemente mirando la pared con expresión aburrida. Se giraron cuando escucharon los pasos de ambos hechiceros y se les quedaron viendo con la boca abierta en una expresión mal disimulada de sorpresa. Garren tenía curiosidad por saber que era lo que tanto les llamaba la atención, pero asumió que solo se trataba por sus atuendos. Él mismo usando una negra túnica hasta los tobillos y su amo con un traje negro, pero luego cayó en cuenta que lo que mas resaltaba eran los ojos de su maestro. Eran de un rojo sangre y parecían emitir un fulgor diabólico cada vez que pasaban por una de las blancas lamparas que habían en el techo.
— Es aquella puerta de allá, mi señor.
Voldemort miró con ferocidad a todos los presentes que rápidamente apartaron los ojos de ellos. Garren sonrió con burla ante esto. Sabía que de todos, su amo era el que mas odiaba a los muggles y que estar en un lugar como aquel era sencillamente inaceptable. Vio como el mago oscuro se acercaba hasta la puerta indicada y rogó a Merlín que sacara la chica lo mas pronto posible y por fin se acabara esa pesadilla.
…...
Su corazón latía tan fuerte. Cerró la puerta de la habitación con mucho cuidado y vio con cierto alivio que sólo había una cama ocupada. La vio acostada de lado, dándole la espalda, seguro estaba profundamente dormida. Frunció levemente el entrecejo al darse cuenta que su cabello estaba un poco mas corto desde la última vez que la vio, pero por supuesto que no le importó. No sabía ni como acercarse, no tenía idea como ella reaccionaría al percatarse que por fin él la había encontrado. Por su mente pasaron muchas cosas a la vez. Cosas que llevaba mas de cinco meses meditando, ¿que haría con ella ahora? ¿la castigaría? ¿la perdonaría? La verdad es que durante todos ese tiempo solo sintió furia; furia de que una chica sangre sucia pudiera controlarlo de esa manera, de que hubiese podido lograr que su mundo se descolocara así. Sabía que unos pocos mortífagos farfullaron estupideces de él y de la forma en que había descuidado sus filas por una niña impura; pero nada que Garren no hubiese solucionado correctamente con algunos severos castigos, y uno que otro asesinato, por supuesto.
Giró la cabeza hacia su derecha y se quedó de piedra. Un pequeño bebé dormía plácidamente en una cuna improvisada cerca de donde él estaba de pie. Recorrió con sus fríos ojos la figura del infante que estaba envuelto en unas sabanas blancas con bordados azules. Sabía que era suyo, sabía que era su pequeño heredero y llevaba su sangre, pero la verdad era que no le interesaba en lo absoluto. Alargó una mano y rozó con la yema de sus dedos la frente del bebé.
— Despierta — susurró en pársel. Ladeó la cabeza al darse cuenta de que el niño ni pareció inmutarse. Separó su mano y le lanzó una mirada de total indiferencia. No le gustaban los niños y mucho menos sus quejidos y lloriqueos; en el orfanato donde creció jamás lo toleró .Se separó de la cuna y se acercó con mucha lentitud hacia el cuerpo de su joven bruja acostada.
— Granger — dijo suavemente. La chica cambió sus respiración durante un instante, dándole a entender al mago oscuro que, aunque seguía dormida, inconscientemente lo había escuchado — Granger — probó de nuevo en un tono mas alto.
El cuerpo de la joven dio un brinco y levantó un poco la cabeza. Voldemort se le acercó expectante, por primera vez en su vida sentía los nervios a flor de piel, estaba preparado para cualquier reacción que ella tuviera, la que sea.
— Date la vuelta— ordenó.
La chica dio un respingo aún mas pronunciado y se giró rápidamente dándose cuenta que no estaba soñando. Miró al mago con los ojos llenos de sorpresa. Voldemort se detuvo en seco al detallarla. La vio incorporarse un poco apoyándose con sus manos con la boca ligeramente abierta. La mirada de la joven por puro instinto rápidamente se dirigió hacia donde su bebé dormía antes de volver a clavarla en el atractivo hombre frente suyo.
— ¿Quien es usted?
Voldemort sintió su cuerpo paralizarse y como la rabia iba calentando su sangre. Vio a la joven atentamente. No se parecía en nada a Granger, o es que él lo veía así. La chica era mas alta que su bruja y tenía sus ojos de un color verde oscuro; ojos que iban llenándose de miedo al percatarse de a quien tenía delante. Voldemort apretó la mandíbula con furia y fue entonces que se dio cuenta que el bebé atrás suyo estaba comenzando a llorar. Vio como la joven se bajaba rápidamente de la cama con expresión de terror en su pálida cara.
— Se… señor…
— ¿Quien demonios eres tu? — preguntó el hombre con la voz crispada de odio. No podría creerlo. No podía creer que la mujer que tenía delante no fuera la que él había ido a buscar, ¿como era posible que sus mortífagos hubiesen cometido semejante error? Los mataría. Los mataría a todos. La observó tiritar como una hoja.¿Es que acaso ella lo reconocía?
— ¿Eres una bruja? — cuestionó tratando de controlar sus ansias asesinas. Vio a la temblorosa mujer asentir levemente — Dime tu status de sangre.
— Señor... — gimió aterrada.
Voldemort avanzó un paso de forma amenazante — !Dímelo!
— Hija… hija de muggles, señor… por favor, no le haga daño a mi bebé, por favor — respondió con miedo. Vio como las luces de la habitación parpadeaban sin control. La magia de Voldemort se estaba descontrolando como hacía muchos años no pasaba. El mago oscuro sujetó su varita con fuerza y apuntó a la mujer. La mano le temblaba debido a la furia. Se giró a ver al bebé llorar, la imagen de la mujer y el niño le hicieron recordar al maldito mocoso de Potter.
— Señor, por favor… por piedad, tenga piedad.
La miró fríamente — ¿Te estás escondiendo en el mundo muggle, acaso? Sabes cual es el castigo por eso, sangre sucia. Irás a Azkaban y tu hijo morirá. Esa es mi ley y tu lo sabes, ¿cierto?
— Mi señor, por favor… no… se lo ruego, mi señor, no mi hijo, por favor, él no tiene la culpa de nada — la chica se arrodilló frente a Voldemort y lo sujetó de la chaqueta de su traje. El mago se separó y la miró con desprecio.
— No vuelvas a tocarme, sangre sucia. No te atrevas.
— Mi señor, le ruego piedad… por favor...
Apretó la varita en su mano mientras la escuchaba llorar de forma histérica. Su cabello si era parecido al de Granger, solo un poco mas corto, pero estando ahí, de rodillas y llorando no pudo evitar recordarla. No se percató que se había quedado absorto observando a la joven durante al menos un minuto. El bebé había dejado de llorar repentinamente y el fuerte agarre en su varita se aflojó. La cabeza le daba vueltas, sabía que según sus leyes, él mismo debería matar a esa chica junto con su bebé, pero… se parecía a ella. Se parecía a su esposa…a su pequeña bruja que seguramente estaba en la misma situación, dando a luz a su hijo…. Y él ya no tenía forma de encontrarla; no había manera.
Se alejó tres pasos de la mujer y miró con asco al bebé, que ahora curiosamente tenía sus ojos fijos en él. La escuchaba sollozar y pedir clemencia una y otra vez. Bajó un poco su varita.
— Te daré exactamente tres días, sangre sucia. Te perdonaré la vida solo porque me recuerdas… — se interrumpió. Vio los ojos llorosos de la joven — Considera que es una oportunidad que normalmente no ofrezco. Ocupate de tu bastardo. En tres días mandaré a uno de mis mortífagos, si sigues aquí te enviaré a Azkaban de por vida; quedas advertida, ¿has entendido?
— Si… señor…. Gracias… señor. — musitó sin dejar de llorar. El mago le dirigió una mirada de desprecio antes de dar media vuelta y salir de la habitación.
Notaba un peculiar dolor en su pecho. Pensaba que saldría de esa pocilga con Hermione a su lado, pero no, saldría solo de nuevo, igual que todas las veces que había visitado poblados muggles buscándola, y siempre era con las manos vacías. La diferencia era que su último plan había sido ese, y todo había salido mal. Si Hermione no estaba dando a luz en San Mungo, ni en un hospital muggle eso significaba que ni siquiera estaba en el país.¿Como demonios había escapado sin usar ni una pizca de magia? El Ministerio vigilaba de cerca el uso de la varita que le había robado a su mortífago, pero ésta nunca se usó en todo ese tiempo.
Garren se giró al notar que su amo salía de la habitación y cerraba la puerta acallando los sollozos que provenían de adentro.
— ¿Mi señor? …. disculpe el atrevimiento, pero…. ¿Y su esposa? ¿No saldrá?
Voldemort levantó la cabeza y observó todo a su alrededor. Vio los cuerpos desmayados de todos los muggles que estaba en el pasillo. Levantó una ceja dejando bien claro que quería una explicación.
— Los… gritos de su esposa llegaron hasta aquí, amo. Ellos querían entrar a ver que sucedía, tuve que aturdirlos — explicó con simpleza. Voldemort no se inmutó. Garren se quedó callado ante la expresión en el rostro de su maestro, parecía como ¿abatido?
— Amo… ¿su esposa no va a salir?
— La chica que está en la habitación no es mi esposa, Garren.
El mortífago sintió pánico por primera vez — ¿Que quiere decir, mi señor? ¿No es la joven, Granger? ¿Entonces quien es?
Voldemort lo miró con la furia en sus ojos de nuevo — Me hiciste perder el tiempo, Garren. Te advertí, te dije que no me llamaras más a menos que te hubieras cerciorado que era ella. Y aquí estoy, rodeado de muggles, visitando a una estúpida niña y su asqueroso bebé ¡y sin mi maldita esposa! — gritó al final. Garren se encogió de miedo ante esto. El desprecio y descontento en su voz podía ponerle los pelos de punta a cualquiera.
— Amo… yo… Adnan me dijo que…— balbuceó nervioso. Podía ver la decepción en el rostro de su maestro y eso era un terrible presagio.
— ¡Callate! No quiero oír mas nada, Garren.
— Mi señor… pero...¿Que hará con la jovencita en la habitación? ¿Me la llevo? ¿le modifico la memoria? — preguntó con nerviosismo. Lo vio negar la cabeza sutilmente antes de alejarse del lugar. Estaba furioso, podía notarlo a simple vista. Más de uno tendría que pagar por este garrafal error, lo sabía. Apretó ambas manos en puños y lo siguió en silencio. Si el maldito de Adnan se había equivocado tan estúpidamente él no pensaba correr con las consecuencias.
Ya no se percataba si los muggles los miraban la pasar. Tenía la cabeza gacha. Odiaba defraudar a su amo, era algo que no toleraba. Sentía que había hecho un buen trabajo todos esos meses pero por culpa de la ineficiencia de otros él debía pagar y eso lo llenaba de rabia. Su maestro no le echaría la culpa a Adnan y a los demás inútiles; lo culparía a él por no supervisar la operación, por no haber verificado primero antes de notificárselo a él.
Salieron a la calle y giró la cabeza para observar a los presentes. Vio a Nott y a Travers esperando bajo una sombra en una esquina, ambos magos le hicieron unas sutiles señas preguntando que había sucedido. Era evidente ya que lord Voldemort salía solo, sin decirle nada a nadie y para los que llevaban años en su servicio sabían que algo muy malo iba a acontecer. Notó como Travers se le acercaba con la varita bajo la capa.
— ¿Que ha sucedido, Garren? ¿Donde esta la impura?— le preguntó en voz muy baja cerca de su oído — ¿No me digas que esos estúpidos se equivocaron?
El mencionado no respondió. Vio como el mago tenebroso se giraba hacia él y le hacia señas para que se acercara. Nadie hablaba, nadie se movía. Llegó a su altura y no pude evitar estremecerse.
— Te quiero en dos horas en mi despacho. Haz lo que tengas que hacer, pero darás la cara ante mi.
— Si, mi señor— respondió tratando de que su voz no temblara. Voldemort lo miró despectivamente antes de desaparecer. Travers se acercó junto con Nott. Le pusieron una mano en el hombro en un intento de darle un supuesto apoyo.
— Mátalos — oyó que Nott le decía — Fallaron y deben ser castigados. No puedes permitir que esas sabandijas sigan respirando, Garren, lo sabes.
— El amo estará mas complacido y es posible que no te castigue de una peor manera si actúas contra ellos. Lo conocemos más tiempo que tú y es la recomendación que te damos. En tu rango… debes tomar ciertas decisiones incluso antes que el mismo señor oscuro.
— Da la orden, Garren y lo haremos por ti...— murmuró Nott mientras sus oscuros ojos se fijaban en los cinco magos que estaban totalmente aterrados sin saber que estaba sucediendo — No pueden escapar. Travers les quitó su varita mágica nada mas llegamos. Tu sabes… son novatos, por precaución siempre hacemos eso en nuestros cuarteles, ¿cierto, Travers?
El mencionado se rascó la barbilla y sonrió con sadismo— Lo que no sirve se desecha, Garren. Ya lo aprenderás. No quiero que resultes un Snape más, que todo lo perdonaba.
Garren se giró ofendido — ¡No me compares con Snape!— espetó furioso — Bien… está bien. Mátenlos… a los cinco. No...¿Saben que es mejor? Llevenselos a Greyback. La semana pasada estaba quejándose de que no tienen suficientes presas desde que el amo cambió las leyes. Realmente no quiero volver a escucharlo, es tedioso. Pero quiero que tenga algo bien claro; no va a transformarlos, quiero que los maten, ¿entendido?
Nott hizo una leve inclinación con la cabeza mientras Travers soltaba una risa gutural — Entendido, señor.
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— Amo… le ruego que me perdone— susurró arrodillado. Vio la silueta de su maestro de pie frente a él. Lo único que pudo vislumbrar antes de bajar la cabeza en señal de sumisión fue sus encarnados ojos refulgiendo en la penumbra de esa habitación.
— ¿Perdonarte, Garren? ¿realmente crees que debería hacer tal cosa? Tu sabes mejor que nadie cuanta energía y tiempo he gastado buscando a mi esposa durante estos meses pasados para que tú y tus estúpidos subordinados quieran burlarse de mi.
El mortífago tembló. Eso se estaba volviendo terriblemente peligroso — No, mi señor… jamás, yo jamás haría algo como eso, amo… yo...
— Pero lo hiciste, mi estimado amigo— lo interrumpió Voldemort con crueldad. Jugaba con su varita mágica en la mano derecha y miraba con profunda rabia a su sirviente. Podía ver sus temblores y percibir el miedo que emanaba de su cuerpo.
— Amo… usted sabe que yo… yo he buscado a su esposa sin cansancio. He hecho lo impensable para traérsela, mi señor — se detuvo al escuchar la carcajada de su señor, un gesto totalmente maléfico.
— Eso es parte de tu trabajo, muchacho. ¿esperabas acaso alguna clase de recompensa solo por intentarlo? Algunos de mis mejores mortífagos también pasan la mitad de sus días tratando de localizarla y te aseguro que ninguno de ellos ha cometido tu mismo error.
— Mi señor… mi señor…yo sólo… Adnan... ellos fueron los culpables…— balbuceó sin saber que decir. Sabía que no importara que excusa pudiera dar; el señor oscuro lo castigaría con creces.
— Ellos estaban bajo tus órdenes, Garren. Sus fallos son tus fallos, lo sabes. No te sientas mal, muchacho, Snape recibía el mismo trato que tú, ¿no deseabas ser mi mano derecha? ¿sabes lo que eso implica? Obediencia, Lealtad, Devoción y…. Perfección. Mis órdenes pasan a ser la mayor prioridad en tu vida, Garren; y si algún mortífago a tu cargo comete un fallo serás tu quien lo pague.
Garren bajó aún más la cabeza. Sería una completa estupidez replicar o quejarse. Si Snape había soportado los castigos él también lo haría sin chistar — Tiene usted razón, amo. Aceptaré la sanción que quiera darme.
Voldemort rió sin alegría — ¿Y creías que sería lo contrario, acaso? Eres un idiota, Garren, pero te disciplinaré. Aprenderás por las malas y verás que este error no volverás a cometerlo nunca más.
Cerró los ojos con fuerza esperando alguna maldición, tal vez hasta lo fustigaría a latigazos en alguna celda. El señor oscuro era terriblemente cruel a la hora de castigar a sus mortífagos, todos lo sabían.
— Pasarás dos semanas en Azkaban, Garren.
El mortífago levantó la cabeza y miró aterrorizado a su amo. Ningún mortífago iba a Azkaban; ni siquiera los traidores. ¿por que? ¿por que él? Ni siquiera sabía que decir. Oyó vagamente como tocaban a la puerta y como alguien entraba a la habitación, pero no volteó ni se fijó en quien era. Su mente se había quedado completamente en blanco — Amo… no, por favor… eso no— suplicó en voz baja. Vio a señor sonreír con malicia. Ir a la prisión era lo peor que podía sucederle, últimamente casi nadie lo soportaba. Los dementores entraban en las celdas hasta cinco veces al día para hacer sufrir a sus victimas directamente.
— Y quiero a tu pequeña hija, Garren. Me la entregarás cuando cumpla catorce años. Por ahora puede continuar en Hogwarts, pero pasará las fiestas y sus vacaciones de verano en un cuartel que más adelante decidiré. Aunque... quizás si tu desempeño mejora en estos años pueda darte a elegir a cual ingresarla. La necesito en mis filas. No pongas esa cara, muchacho, todos los hijos de mis mortífago me son entregados a esa edad para entrar a mis filas, tu sabes eso perfectamente.
No supo ni que decir. Por supuesto que lo sabía pero era algo que siempre quiso evitar. El hombre que estaba detrás de él se puso a su lado de pronto. Levantó la cabeza para ver de quien se trataba y se percató que era Mcnair. Tuvo la tentación de levantarse, no quería estar arrodillado con otro mortífago a su lado, pero su amo no le había dado permiso, por lo que bajó la cabeza nuevamente mientras apretaba los puños. Voldemort sonrió fríamente. Podía saber todas sus emociones fácilmente, su mente era como un libro abierto.
— Me lo agradecerás eventualmente, Garren. Ve a cumplir tu castigo como un hombre, con la cabeza en alto. Mcnair, ya puedes llevártelo.
Esta vez si se puso en pie. La rabia se reflejaba en sus facciones— Mi señor… si me lo permitiera, creo que yo puedo entregarme solo. No necesito que ningún otro me escolte a la prisión.
Mcnair soltó una leve risita de burla mientras que Voldemort arqueaba una ceja. Hizo un gesto con la mano dándole autorización — Como quieras. Pero sal de mi vista ya.
Ambos mortífagos se dieron la vuelta y haciendo una reverencia se dispusieron a salir del despacho. Voldemort entornó los ojos al ver a lo lejos como una mujer se acercaba por el pasillo, cruzándose durante unos instantes con Garren y Mcnair que le pasaban por al lado en su camino a la salida. Ni siquiera pidió permiso para entrar, pero al mago oscuro ésto pareció no importarle. Sonrió vagamente antes de ir hasta el bar y servirse una copa. La mujer inclinó un poco la cabeza y esperó en silencio que su amo terminara. Se sorprendió muchísimo cuando lo vio tenderle otra copa para ella.
— Gracias, mi señor— dijo suavemente tomando el primer sorbo — Es un vino muy exquisito. Jamás lo había probado.
—Un obsequio de Octavius— respondió con indiferencia — ¿A que debo el placer de tu visita, Caroline? No te he visto desde hace algunos meses, debo decir.
La mujer dejó la copa sobre el escritorio con una actitud algo tosca. Voldemort frunció el entrecejo pero no dijo nada — Me disculpo, mi señor, ¿requería mi presencia?
— Antes no te necesitaba e igual venías a visitarme— contestó sarcásticamente el hombre — Entonces...¿Que necesitas?
— En realidad venía a entregarle unos reportes a Garren. No sabía que usted ya había regresado de sus viajes, mi señor. Pero ya me fijé en que Garren no parece estar disponible.
Voldemort quedó apoyado contra la mesa de su escritorio viendo fijamente a la bruja frente suyo— No, efectivamente no lo está. Lo mandé a Azkaban de castigo, así que puedes entregármelos a mi directamente.
La bruja mostró sorpresa en sus delicadas facciones por un segundo pero rápidamente se recompuso. Una lastima porque eran precisamente estas cosas las que Voldemort no pasaba por alto. Ladeó la cabeza con curiosidad mientras volvía a tomar otro sorbo de su vino. Esperó unos instantes a que la mujer hablara pero ésta parecía haber enmudecido por completo, por lo que prosiguió.
— ¿Sucede algo, Caroline?— quiso saber, evitando que una cruel sonrisa curvara sus labios — No creo que debas preocuparte tanto por Garren. Simplemente hay cosas…unos detalles, por así llamarlo, que necesito que él aprenda y solo podrá hacerlo allí— hizo una mueca al percatarse que ella buscaba replicar. Algo iba a decir. La conocía muy bien. Y no se equivocó. Se llevó la copa a los labios sin despegar su divertida y cruel mirada de la mujer. Ella apretó los labios ante ésto.
— Las muertes en Azkaban se han multiplicado, mi señor. Los dementores cómodamente ahora hacen lo que quieren porque Dolohov ni se molesta en controlarlos. Sencillamente opino que Garren…
— No recuerdo en ningún momento haber pedido tu opinión, Caroline— la cortó el mago oscuro entrecerrando peligrosamente sus rojizos ojos. La bruja lo miró un instante y asintió con la cabeza de forma automática.
— Me disculpo, amo— murmuró despacio. Voldemort rompió el silencio después de un instante.
— Lo que sucede en Azkaban como tu dices, es un asunto que solo le compete a Dolohov. Yo no tengo el tiempo para supervisar la prisión. No me interesa. Garren deberá soportarlo; si no lo hace, no puede ser mi mano derecha. Estoy cansado de tener magos mediocres y débiles en ese cargo. No quiero repetir lo que pasó con Severus Snape.
Caroline se tensó cuando escuchó ese nombre. Casi nadie hablaba ya de él. Había sido vilmente olvidado, como si no hubiese existido, como si no hubiese sido uno de los mortífagos mas antiguos dentro del circulo, y uno de los mas hábiles y poderosos. Apretó los puños y bajó la cabeza durante un segundo. Todavía sufría en silencio por todo lo que había pasado con su compañero.
— ¿Que te ocurre, Caroline? ¿Acaso quieres llorar?— se burló su amo con saña — Es difícil de creer.
La mujer sabía que la estaba provocando, al igual que sabía que lo mejor que podía hacer en esos casos era no responder. Levantó la cabeza y miró a su señor con toda la indiferencia que pudo conseguir. Éste le sostuvo la mirada con una peculiar sonrisa. Lo vio beber lo que quedaba de su copa y como tomaba la que ella había dejado en el escritorio, llenándola nuevamente e incitándola a beberlo.
— ¿Sabes la razón por la que todavía estas viva, Caroline? ¿El único motivo por el cual no te he matado?— le preguntó en voz baja. La bruja abrió sus ojos al máximo mientras notaba su corazón a punto de salir de su pecho.
¡¿Qué?!
— Solo por nuestro pasado juntos, querida. Sólo por ese misero detalle te perdoné la vida. Sabes lo que hiciste, Caroline, lo sabes bien, y pensaste que yo jamás me daría cuenta.
La bruja sentía que de un momento a otro tendría un colapso nervioso. Notó como sus manos temblaban ante la atenta mirada de su amo — No… No entiendo de que me está hablando, mi señor.
—¿No lo entiendes? Veamos, querida… — había un claro tono de amenaza en su melosa voz — ¿no crees que es mas sensato reconocer y admitir tu traición de una vez? Ahorrate el dolor, Caroline. No le puedes ocultar nada a tu amo.
Caroline no respondió. La verdad era que su mente daba vueltas, ¿traición? ¿Acaso lord Voldemort sabía lo que ella había hecho junto con Snape? ¿Que el escape de la sangre sucia había sido un plan de ambos? ¿Que ella había liberado a pocionista para salvarle la vida la primera vez? ¿Que sabía él? ¿Todo? ¿y cómo podía saberlo? ¿Azael había abierto la boca? No, eso no era posible.
— ¡Crucio!
El dolor la atravesó violentamente. Cayo al suelo gritando y retorciéndose en agonía. Notaba como si todos sus huesos se rompieran a la vez y su cuerpo estuviera envuelto en llamas. Su mente quedó en blanco mientras seguía sacudiéndose notando como las lagrimas salían sin control. Lo escuchó maldecir nuevamente y una tercera vez después de eso. Su cuerpo quedó inerte tirado como un trapo viejo. Apenas si podía respirar. Gimió de dolor tratando de moverse para incorporarse, pero simplemente era imposible. Algo sabía él, y eso ya era su sentencia de muerte, estaba segura de eso. No importaba que dijera sobre su pasado con ella, él no perdonaba una traición.
— Tómate tu tiempo para levantarte, querida, ¿te sirvo otra copa mientras tanto?— lo oyó reír con un regocijo cruel — Te dije, te advertí que no te burlaras de mi… podías haberte reservar este dolor. No vale la pena sufrir tanto ¿cierto?.Pero sé que no me lo dirás… te entrené personalmente, sé como piensas, Caroline — musitó con otra suave risa— Entonces… haremos algo nuevo. Te haré una pregunta. Una simple pregunta. Si me dices la verdad, lo discutiremos y veré que hacer contigo…y si me mientes; si tienes el atrevimiento de hacer eso; le harás compañía a Garren en Azkaban, pero no por un par de días. Te pudrirás por años allí hasta que me aburra y de la orden de acabar con tu miserable vida.
— Mi señor...— protestó la bruja con voz ronca. No importaba que respuesta le diera. Si la había descubierto, hasta ahí había llegado. No había manera de salvarse. Se puso en pie con mucha dificultad y con reticencia aceptó la copa que el mago le tendía ya que era evidente que no podía rehusarse.
Voldemort sonrió complacido mientras guardaba su varita mágica — Quiero saber, querida, ¿Quien demonios te dio permiso para matar a Snape? ¿que pasaba por tu mente en aquel momento que te creíste con la autoridad de tomar semejante decisión sin mi previo consentimiento?
Caroline se quedó de piedra. Su amo sonreía ¿divertido? De todas las cosas que había hecho por Snape, quizás esa era la menos grave, pero eso no la hizo sentirse tranquila, ya que Voldemort era muy volátil y a veces nadie sabía que pasaba por su cabeza. Tembló de miedo. Negarlo no era una opción.
— Era un traidor… yo no toleré...
Levantó una mano, interrumpiéndola — Te dije que no me mintieras, Caroline. Te daré otra oportunidad… veamos, sé inteligente y dime la verdad. Yo ya sé la razón del porque lo hiciste, pero quiero que tengas el valor de admitirlo.
— Mi señor, yo...— suspiró. Ya daba todo igual. — No quería que lo torturaran. No quería que sufriera. Yo sabía todo lo que Mcnair y los demás iban a hacerle en represalia.
Voldemort la observó con mucha atención. Entrecerró los ojos mientras jugueteaba con el liquido dentro de su copa — No querías que sufriera — repitió en voz baja y peligrosa — Traicionó a tu amo, Caroline, ¿no crees que merecía el dolor? ¿No es lo mínimo que deberían obtener los malditos desleales como él?
— Si, mi señor… lo merecen, pero Snape… usted sabe que yo me instruí con él…
— Por supuesto que lo sé, fui yo quien los entrenó a los dos juntos, mujer— le espetó Voldemort de mala gana— ¿Y eso que tiene que ver?
— Fui débil, lo reconozco, mi señor… yo apreciaba mucho a Snape. Y sé que lo traicionó y merecía la muerte, pero no podía soportar la idea de lo que iban a hacerle de castigo. Y todo… todo por esa maldita niña— se cortó en seco. Se fijó en su amo asustada.
Voldemort la miraba sin parpadear. No decía nada. Nerviosa vio como él se giraba un poco y clavaba sus ojos en el crepitar de las llamas en la chimenea. Se hizo un silencio bastante incomodo. Ella solo esperó.
— Todo… por esa niña, Caroline. Es verdad— asumió por fin. La mujer se paralizó en acto cuando le pareció ver un destello de abatimiento cruzar los ojos de su mentor; pero debió haberlo imaginado porque rápidamente el hombre levantó la cabeza y su mirada seguía siendo igual de implacable y cruel — No te creí con las agallas para matar a Severus. Pensé que alguno de mis mortífagos no se había podido controlar y había hecho la estupidez de acabar con su vida sin antes hacerlo sufrir un poco. Pero Caroline, cometiste un error. Tu mente… se expuso totalmente ante mi en una de nuestras reuniones, y pude ver el recuerdo— Sus ojos brillaron de forma curiosa. Volvió a beber— No puedes permitir que eso ocurra. Lo sabes.
La mujer se quedó absorta ¿eso era todo?¿no la iba a matar? ¿solo le iba a dar un pequeño regaño? — S… si, mi señor.
— No importa las razones ridículamente sentimentales que se involucraran. Pensé en castigarte por haber actuado sin mi permiso, pero ya me es indiferente. Espero no vuelvas a repetir algo así, recuerda que yo no suelo advertir a nadie. Y respecto a tu pequeño desliz, necesito que refuerces tu oclumancia. No me sirves si tu mente será un libro abierto ante cualquier idiotez, ¿que pasaría si te capturan los rebeldes? ¿también vas a permitir que entren absurdamente en tus recuerdos?. No podemos permitir eso ¿cierto? Si es necesario volverás a entrenar conmigo.
— Lo que usted considere, amo.— contestó de inmediato. La cabeza le daba vueltas. No entendía nada. Su maestro jamás había sido tan… ¿comprensivo? ¿de verdad la perdonaba solo por el pasado que tuvieron juntos? Dificil de creer. Él nunca le había tolerado un fallo, por pequeño que hubiera sido, ni a ella ni a ninguno de sus mortífagos. No pudo resistirlo, tenía que saber.
— Amo— intentó sabiendo que era imprudente — ¿Por que me va a indultar? Usted… nunca ha hecho eso.
Las facciones del mago oscuro se volvieran frías y sombrías— Ya te dije que no veo necesario castigarte porque mataras a Snape. ¿No querías verlo sufrir? Es ridículo, pero ya no importa, Caroline. Severus fue un idiota… un completo idiota. Creo que debiste usar más tus energías para convencerlo de que lo que estaba haciendo era una estupidez. Tanto poder desperdiciado, una verdadera lástima.
— Lo intenté, mi señor, pero seguía obtuso con la idea de la sangre sucia.
Los ojos de Voldemort resplandecieron — No la llames así, Caroline. Debes recordar no solo que es mi esposa, sino también la madre de mi futuro heredero. Ya te lo advertí una vez, debes empezar a mostrarle respeto, y lo digo por tu bien.
La mujer bufó. Jamás respetaría a esa mocosa. — ¿Como sabe usted que ella sigue viva, amo? — soltó sin piedad.
Voldemort la miró con cierta sorpresa— ¿Que has dicho?— soltó bruscamente.
— Lleva meses buscándola, mi señor. ¿Ni siquiera ha dado a luz? Eso ya es imposible. ¿Y si… tal vez, ella haya tenido algún accidente?, ó…— se detuvo al ver la la expresión de su señor.
— Ó...¿qué, Caroline? ¿Qué estás diciéndome?— gruñó en voz alta. Se había acercado a la mujer y sólo los separaban unos cuantos centímetros. Sus ojos brillaban maquiavelicamente.
— No estoy diciendo nada, amo — contestó de inmediato. — Solo estoy... insinuando que es muy extraño que usted no la haya localizado ya. Es una impura, mi señor. Yo tengo entendido que según sus leyes a los sangre sucia se les da la muerte enseguida. ¿No ha pensado usted que, quizás, se encontró con algún mortífago, tal vez de muy bajo rango, que no sabe quien es ella realmente, y podría haberla… asesinado?
Voldemort daba la impresión que palidecía cada vez más. La bruja lo miró inmensamente sorprendida. No entendía que diablos tenía esa mocosa que había cambiado tanto a dos hombres tan poderosos. Primero Snape y ahora su amo. Algo totalmente absurdo.
— No...no, Caroline, eso no es posible.
— Me disculpo, amo. Pero si es posible, Y es… muy complicado averiguarlo.
Hubo un incomodo silencio. Voldemort se alejó dos pasos de la mujer y se aproximó a la chimenea. Veía el crepitar fijamente, como meditando algo. La bruja se le acercó cautelosa, y aguantando los nervios se colocó justo a su lado. Se atrevió a observarlo un momento y lo que vio la dejó de piedra. El mago oscuro se sujetaba ambas manos, acariciándose ausentemente éstas, casi que con pesar. Su mirada estaba llena de disgusto. Caroline también se fijó en las llamas. Podía ver a Snape en las facciones de su amo. Ambos con esa misma expresión de contrariedad y amargura. Sencillamente no lo toleraba.
Odiaba a la sangre sucia, de verdad que si, pero detestaba más ver a su amo así. Los mortífagos se estaban dando cuenta del cambio de su señor, que parecía cada vez mas ajeno a lo que sucedía entre sus filas. Garren se había tenido que encargar de todo mientras el poderoso mago recorría medio país buscando a una chica que no quería ser encontrada. Pensó que después de todos esos meses él ya la habría olvidado, pero contra todo pronostico no había sido así. Suspiró audiblemente.
— Mi señor… quizás debería ir de nuevo a la casa de sus padres muggles — probó con aspereza — No lo sé, tal vez la chica quiera regresar a ese lugar con su hijo.
Voldemort no cambió su expresión. Seguía sujetándose las manos sin despegar sus rojizos ojos de las llamas — He ido a esa casa todos los días, Caroline. Coloqué un hechizo hace un par de meses que me notificará si alguien accede, pero hasta ahora no he tenido resultados — La miró por fin — Tienes razón, Caroline. Ni siquiera puedo saber si está viva. Recorrí cada ciudad buscando rastros de magia que puedan pertenecer a ella, pero no he hallado nada . Quizás… quizás ya deba detenerme.
Lo dijo con tanto pesar en su voz, que aunque intentó ocultarlo no pudo. La mujer lo conocía bien. No era para nada un hombre expresivo, por lo que esa forma de hablar no podía dejar de impresionarla. Se alejó de él y fue hasta la puerta. Era audaz al hacer eso sin su permiso, pero sabía que era lo que él quería. Voldemort se giró para verla.
— Quedate a cargo por este mes, Caroline, mientras Garren está en Azkaban. Después de que él salga voy a entrenarlo. No quiero dejar el cargo en manos de Malfoy, y mis demás mortífagos son demasiado estúpidos para esa tarea. Sé que lo odias — añadió con una leve sonrisa que no llegó a sus ojos — pero solo será este mes. Garren tiene que aprender a manejar mejor las artes oscuras antes de volver a tomar su lugar.
— Por supuesto, mi señor — respondió con una inclinación. El mago se le acercó lentamente hasta quedar solo a unos palmos de distancia. En sus despiadados ojos ya no había rastro del abatimiento que hacia unos minutos brotaban de ellos, ahora solo había frialdad. Tembló ligeramente al tenerlo tan cerca. Levantó la cabeza de forma interrogante pero inmediatamente cerró los ojos al sentir como los labios de su señor se posaba suavemente sobre los suyos. Las piernas empezaron a tiritar de expectación. Sus manos quisieron ir hacia su cuerpo en un vago intento de tocarlo y acariciarlo, pero ni siquiera pudo moverlas un milímetro cuando él repentinamente se separó de ella. La miró con indiferencia antes de pasar por su lado, abandonando la habitación y dejando a la mujer temblando de pies a cabeza.
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— ¿Estás seguro que los caballos podrán con todo esto, Ahmad?— preguntó dudosa viendo como la carreta parecía cada vez mas atiborrada de cosas. El pequeño y menudo hombre apretó las cuerdas y le sonrió.
— No es tan pesado para ellos, en realidad, Hermione. Lo imprescindible es que tengamos descansos constantes y mantenerlos hidratados. Menos mal estos días han estado nublados y no les afectará tanto el calor.
La chica asintió mostrando interés. Amaba a esos caballos y tampoco iba a permitir que los explotaran. Ahmad reía cada vez que ella defendía a todos los animales de la granja, cosa que era cómico ya que ellos mismos los cuidaban como su fueran sus hijos.
Terminó de comerse el chocolate que tenía en la mano y se subió para ayudarlo y verificar que todo estuviera bien sujeto — Es increíble todo lo que podemos conseguir con sólo unos litros.
— Es que te dije, Hermione, la leche de cabra es muy rara por esta zona. Es una suerte que pudiéramos comprar a Sam y Eva en Bibury. Fue ingenioso de tu parte ir hasta ese circo— contestó el hombre. Ayudó a la chica a bajarse de la carreta y se acercaron a los caballos. Hermione tenía mala cara.
— No quiero acordarme de eso. Sólo me hace feliz el hecho de saber que ese circo cerró para siempre y pudimos salvar a los dos animales que quedaban. Creo que aunque no fueran cabras, los hubiese comprado también.
Ahmad rió — Bueno, bueno… tampoco es que íbamos a poder tener dos tigres o dos elefantes en la granja, Hermione. Ni tu podrías con tanto.
La chica sonrió mientras acariciaba a su caballo — He tenido peores batallas. Cuando tenia catorce años luche por los derechos de otros... animales. Hasta el director de mi colegio me apoyó.
—Eso es muy impresionante. Ya veo que no has cambiado. Eres una joven muy compasiva e inteligente — elogió mientras ambos avanzaban ya de regreso a la granja. Quedaba un largo trayecto. Al igual que el hombre, iba caminando al lado de los caballos, lo que menos querían era poner mas peso en la carreta y hacer el viaje mas lento — Bueno, tú sabes que nunca nos faltó comida. Pero ahora estamos mejor que nunca, y todo gracias a ti.
Hermione tosió — ¿A mi? Yo soy la infinitamente agradecida. Ustedes me salvaron la vida, literalmente. Y no solo eso, me han acogido en su casa por estos tres años sin pedir nada a cambio. Realmente les debo todo.
El hombre negó con la cabeza sin dejar de sonreír — No nos debes nada, Hermione. El que te hubieses quedado nos hizo muy felices, te lo hemos dicho muchas veces, y ahora con la pequeña Ayla todo parece mucho mejor. Tu hija esta creciendo muy rápido y es tan inteligente como tu. A veces hablo con ella y no parece una niña de tres años por la forma en que responde.
Hermione cabeceó levemente. La verdad era que su pequeña hija para tener solo tres años era en cierta forma "especial". Casi no lloraba, era muy tranquila y hablaba con una fluidez nada común en esa edad. Estaba segura que la pareja también se sorprendía por esto, pero tal vez por pena nunca se lo comentaron.
— Si… realmente no lo aparenta.
Ahmad sonrió — El viernes hizo galletas con Maryam. Eso fue un desastre, ¿te acuerdas? Luego sacó algunas escondidas y se las llevó a las vacas — rió al ver como Hermione sonreía — Y la semana pasada quiso subir conmigo al techo a arreglar las tejas.
— Si, me contó. Estuvo todo el día afuera viéndote hacerlo. Pero ¿ella hizo las galletas? ¿O Maryam?— quiso saber con curiosidad. Vio a Ahmad reír con mas ganas.
— Maryam las hizo casi todas. Luego ella quiso intentarlo e hizo una mezcla, pero… admito que no las probé. Creo que estaban crudas. Maryam dijo que no iba a intervenir cuando Ayla hiciera las suyas, y aunque me dijo que estaban cocidas no lo creí.
— Si estaban bien horneadas. Pero eso no era el problema — dijo Hermione con una sonrisa — Ella me llevo dos, eran de avena. El problema era que no les puso azúcar, sino sal— soltó una carcajada cuando vio la cara del hombre — Nada, tuve que pedirle un vaso con leche y así las pude tolerar. Es que tambien se me quedó viendo hasta que me las comí todas. Oye, en serio tenían mucha sal — añadió al ver al hombre riéndose.
— Si, ella suele hacer ese tipo de cosas. Se pondrá feliz cuando lleguemos.
Hermione asintió — Más feliz se pondrá cuando sepa del chocolate que le compraste. Tu y yo pasaremos a segundo plano, te lo aseguro.
— Maryam igual. Se emociona más con el dichoso chocolate que al verme a mi regresar.
Hermione se ciño la chaqueta y respiró profundamente. Les faltaban dos días de camino hacia la granja. La verdad es que era la primera vez que iba al pueblo. Solo podían trasladarse una vez al año a menos que fuera una extrema emergencia. Era un trayecto tedioso y agotador para los caballos. La bruja se animó a acompañar al hombre el año pasado, pero Ayla se había enfermado y Hermione había pasado tres noches sin dormir atenta a si su hija empeoraba o mejoraba, por lo que obviamente prefirió quedarse en la casa. Algo que había preocupado mucho a la chica era el hecho de que en la granja casi no habían medicinas. La pareja no sabía mucho de medicamentos así que en este viaje la bruja había comprado un poco de todo.
Después de dar a luz se percató que aunque ellos tenían bastante comida, era algo para máximo tres personas, y si ella iba a quedarse ahí con su pequeña debía ingeniárselas para aumentar su producción. Había viajado sola a las granjas de los vecinos y había negociado para comprar dos vacas y cuatro gallinas más. Ahmad se había escandalizado al inicio, diciendo que él no podría con todo, pero la bruja lo había tranquilizado afirmando que sería ella la que haría el trabajo extra.
Sus vecinos le habían dicho que en la ciudad principal, Bibury, un viejo circo estaba vendiendo dos cabras, algo que emocionó a la chica ya que Ahmad le había comentado alguna vez que la leche que estos animales producían era muy costosa. Ni dudó en ir hasta Bibury en el tren con su hija y la pareja. Rió al recordar como tuvieron que sobornar al encargado para que les permitiera entrar con los dos animales de regreso.
Sus pies empezaban a protestar por lo que halo suavemente el crin de caballo y lo detuvo. Ahmad se había quedado atrás y jadeaba un poco — Acamparemos aquí— dijo la chica mientras iba hacia la carreta y sacaba una bolsa de dormir — Duerme, descansa. Yo me quedaré despierta vigilando por su hay algún lobo—
El hombre negó con la cabeza — Duerme tu primero, Hermione. Estás mas exhausta que yo.
La bruja rechazó la propuesta de inmediato — Eso no es cierto. Ve, ya tienes todo preparado, si necesitas algo solo avisame, por favor— Lo vio asentir con una ligera sonrisa mientras se metía en la bolsa de dormir. Hermione se subió a la carreta después de darle agua a los caballos y se quedo ahí, sentada y viendo como anochecía. Ya quería llegar a casa y ver a su hija. Había desarrollado un amor inexplicable por su pequeña, y aunque tenía un carácter algo singular para su corta edad, era muy apegada a ella,algo que le fascinaba.
Vio las brillantes estrellas y soltó un suspiro. Su vida había dado un vuelco radical. Muchas personas dirían que este no era el lugar donde ella debiera estar, pero no le importaba en lo mas mínimo. Pensaba en su colegio, en Dumbledore, en Harry, Ron, Ginny, Luna, sus padres… pensaba en Snape, lo imaginaba sonriendo con tristeza, no sabía porqué; y también pensaba en Él… y era imposible no verlo todos los días en el hermoso rostro de su hija. Tenían el mismo cabello, la misma mirada, sus mismos labios y al parecer su misma inteligencia. Hermione no había podido superar el hecho de haberla visto hacía unas pocas semanas sentada cerca del bosque con una pequeña serpiente entre sus dedos, hablándole y riéndose de algo que sólo ella entendía.
Notó su corazón estrujarse y como unas pocas lágrimas pugnaban por salir de sus ojos, pero se controló. En su lugar, había sonreído ligeramente mientras su hija se divertía utilizando aquel don tan especial heredado de su padre. Temía que Ahmad y Miryam se enteraran de eso, por lo que le pidió que no lo hiciera delante de ellos, lo cual la niña aceptó sin hacer preguntas.
Voldemort era muy reservado y todo para él debía ser con el secretismo mas riguroso, pero si había algo de lo cual el mago había hablado con ella era de su infancia, al menos una pequeña parte. El hombre le había dicho que sus poderes salieron a flote siendo muy joven, mucho antes de los diez años, y Hermione no podía evitar pensar en ello. Quizás su hija fuera igual, y, aunque todavía no mostraba nada fuera de lo común aparte de la lengua pársel, la bruja sentía curiosidad por el comportamiento que la niña tenía en ciertas situaciones, algo que la pareja de ancianos si empezaban a notar.
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— Papá, estoy nerviosa
El hombre miró hacia su hija mientras ésta caminaba sujeta de la manga de su túnica. Le sonrió vagamente tratando de tranquilizarla. Ella le devolvió la mirada con el miedo en sus ojos, parecía que nada podría calmar su terror. El mayor notaba su corazón palpitar con inusitada fuerza contra su pecho. Quería gritar y soltar todo dolor y frustración, pero obvio que no podía hacerlo y menos delante de ella.
Todo su cuerpo estaba adolorido debido a los golpes que había recibido por parte de la madre de su hija. Se dejó herir sin protegerse; es que él podía incluso comprenderla. Toda su furia estaba justificada. Pero eran las reglas del juego, y si no las cumplías, indudablemente ibas a perder.
La sujetó de la mano y caminaron a la par. La imponente mansión los recibió. Oyó a la menor soltar un gemido de sorpresa y admiración. Sonrió para si. Quizás ella pensaba que lord Voldemort era tan increíblemente poderoso que era el dueño de semejante edificio, pero la realidad era que el mago oscuro se había apoderado de ese lugar masacrando a toda la familia muggle que ahí vivía, y solo había hecho algunas modificaciones incluyendo un sinfín de hechizos y encantamientos de magia negra para que mas nadie que no fueran sus mortífagos pudiera ubicarla.
— ¿Te gusta, Amélie?
La chica estaba con la boca abierta — ¿Aquí voy a vivir?
Garren negó con la cabeza — No. Todavía no sabemos a donde irás. El amo es quien lo decidirá.
La chica se detuvo de pronto. Garren volteó a verla. Su estomago se contrajo al ver su expresión desolada y triste. Quiso preguntarle casualmente que era lo que ocurría, pero ya él lo intuía.
— Papá… ¿volveré a verte algún día? — preguntó en voz baja.
— !Por supuesto que sí, Amélie! Es lo bueno de tener el mayor rango aquí. Puedo ir a cualquier cuartel donde estés, puedo darte permiso para estar conmigo unos días. Podremos salir a donde sea. Sin contar que podemos vernos cuando vayas a Hogwarts. No quiero que te preocupes de más. Yo no te dejare sola ni un minuto.
Retomaron su camino. Ya iba a llegar a las puertas cuando se percataron de la presencia de varios mortífagos. Garren soltó la mano de su hija y apuró el paso para verificar quienes eran antes de continuar.
— Goyle — saludó fríamente. El mencionado hizo un pequeño cabeceó y se apartó para que Garren pasara — ¿Que hacen los mortífagos de Laholm aquí? — quiso saber.
— Caroline llegó hace quince minutos. Está arriba con Lucius, Mcnair y Dolohov. El amo los mandó a llamar — respondió de forma monótona. Sus oscuros ojos bajaron a la figura de la adolescente que se les acercaba cautelosa. Garren se le atravesó.
— ¿Por qué? ¿Que ha ocurrido?
Goyle desvió su mirada a él y una expresión irónica ensombreció su cara — ¿Y como voy yo a saberlo? ¿Crees que el amo me contará lo que habla con sus demás mortífagos?
Amélie se removió incomoda ante el intercambio de miradas desafiantes. Tenía miedo pero era algo que tenía que empezar a controlar. Se acercó a ambos hombres ante la atenta mirada de todos los demás presentes.
— Padre... — murmuró tratando de que su voz fuera firme — continuemos.
Garren apretó la mandíbula al notar como Goyle observaba a su hija y luego a él, mostrando una sonrisa verdaderamente repugnante — ¿Así que debes entregarla, Garren? Espero la hayas entrenado muy bien estos años, o sino sabes que no durará mucho — se burló antes de soltar una carcajada. Garren se le quedo viendo sin apenas parpadear. Ladeó su cabeza y lo imitó en la sonrisa.
— Nott — llamó con voz fuerte. El mencionado que estaba un poco alejado, se acercó lentamente — Aleksi, y tu también, Jarko, vengan aquí — los mortífagos de Caroline se aproximaron con rapidez. Los tres se quedaron al lado de Garren esperando instrucciones. La risa del mortífago se había esfumado en el acto.
— Me parece, amigo mío, que no tienes el respeto ni la educación necesaria para dirigirte a mi. Pues bien, en ese caso, como bien sabes, es mi trabajo impartir disciplina a los mortífagos a mi cargo, y pues… todos todos los están, así que, ustedes tres, lleven a Goyle a los calabozos. Yo bajaré después de mi reunión con el amo.
Nott había palidecido tanto como su compañero — Garren… ¿estás… estás seguro? Él no es… él no es un recién llegado para que te tomes semejantes atribuciones por un tema meramente personal. Tiene muchos más años al servicio del señor oscuro que tú.
Garren se giró a verlo. Una sonrisa cruel empezaba a adornar sus labios — ¿Crees que me tomo atribuciones que no me corresponden, Nott? ¿Asumo que con eso me dejas claro que no obedecerás mi orden?— quiso saber con un tono amenazador.
— No…. No… nunca dije eso, Garren. Claro que lo haré. Como tu digas — respondió de inmediato sacando su varita y apuntando a Goyle. Los otros dos lo imitaron, colocándose cada uno al lado del corpulento mortífago. Éste apretó los puños y miró a Garren con odio.
— Haz una estupidez, y lo pagarás — lo amenazó. Garren solo sonrió.
— No hagas eso, Goyle, no empeores tu situación. No te lo recomiendo. Ahora, sé un buen chico y acompañalos a las mazmorras por tu propia voluntad. No hagas escándalo o créeme que no te gustará lo que te haré. Obedece.
El mencionado escupió en el suelo antes de girarse y entrar a la mansión acompañado de los tres mortífagos. Garren se quedó ahí de pie con las manos cruzadas sobre su regazo. Sentía odio, pero podía controlarlo. Giró la cabeza un poco y se fijó en Travers en una esquina. El mago no se había movido de su lugar y tenía una pose perezosa contra la pared de la mansión. La sombra ocultaba parcialmente su rostro pero Garren podía notar que estaba totalmente impasible.
— Garren — lo oyó murmurar — Has tomando una actitud correcta según tu rango, por lo que veo. Supongo que el amo estará complacido.
— No creo que le deba explicaciones a nadie — repuso fríamente. Travers negó con la cabeza rápidamente.
— Ciertamente no.
Amélie avanzó y tomó suavemente la mano de su padre — Papá, vamos… se hace tarde. No les hagas caso.
Garren reaccionó ante su toque y bajó los ojos a la adolescente nerviosa que tenía a su lado — Si, vamos.
— ¿Por que discutes con ellos así? ¿No es peligroso amenazarlos? — preguntaba la menor mientras avanzaban por los oscuros pasillos. La mansión era hermosa pero por alguna razón le daba escalofríos. Sentía que los vigilaban. Garren se había mantenido en silencio todo el trayecto. La furia empezaba a aplacarse para volver a su estado nervioso.
— Peligroso es que ellos me amenacen a mi, Amélie. Y no toleraré que lo hagan contigo. Ellos piensan todavía que no merezco este puesto. Que soy débil igual que Snape, que les permitía hacer lo que les viniera en gana. Se equivocaron. No van a jugar conmigo.
El circulo mas intimo de mortifagos se había llevado una gran sorpresa al ver el cambio de Garren. Había pasado dos semanas en Azkaban donde Dolohov se había encargado de hacerlo sufrir de mil maneras posibles; algo que el señor oscuro no había autorizado, pero entre ellos no se delataban, si tomaban venganza sería algo entre solo las partes involucradas, y Dolohov desde luego pagaría con creces todo lo que le hizo.
Todos habían sido unos idiotas. Pensaron que el amo iba a matarlo después del fracaso con la sangre sucia y por eso lo había mandado a Azkaban. Pero todos habían estado tan errados. Después de salir fue el mismo lord Voldemort quien lo buscó y entrenó duramente por tres años. No hubo descanso, no hubo piedad, el señor oscuro era realmente severo y estricto con su entrenamiento. Fueron demasiadas las ocasiones donde la madre de Amélie tuvo que curarlo de las terribles heridas de magia negra que el mago le había infringido, solo con la intención de hacerlo mas fuerte.
Ahora si… ahora si podría decirse que Garren se había ganado a pulso el rango que tenía. Era poderoso, mucho mas de lo que creyó capaz alguna vez en su vida. Sabía que Snape, Caroline y Bellatrix habían recibido el mismo entrenamiento, pero dos de ellos ya no existían en este mundo, por lo que ahora se divertía yendo a Laholm a luchar contra Caroline para perfeccionar sus hechizos.
El señor oscuro, para su alivio, parecía haberse rendido con la chica sangre sucia. Volvía a tomar control pleno del mundo mágico en Europa. El número de mortífagos y criaturas mágicas a su servicio crecía exponencialmente, y Garren se había llevado una sorpresa inmensa cuando su amo lo llevó hasta varias zonas remota y le mostraba su ejercito de Inferis. Realmente si algún grupo de rebeldes se le enfrentaba, no tenían la mas mínima oportunidad.
— Papá... — la suave voz de su hija lo volvió a la realidad — ¿Y a mi mamá? ¿La volveré a ver?
Garren se quedo callado un instante pensando bien que era lo que iba a responder. Ya podía ver mas adelante la puerta del despacho de su amo. Tragó con dificultad.
— Haremos todo lo posible para que podamos visitarla ¿de acuerdo?
La chica asintió lentamente. Sus ojos también se posaron en la puerta que tenía delante — Tengo miedo. ¿A donde me enviará, papá?
— Esperemos que el señor oscuro te asigne un buen lugar. Hablé con el varias veces y se lo pedí. Hoy será cuando decida. Sea cual sea el lugar, yo te visitaré todos los días.
— ¿Y si el no te deja?
— Puedo hacerlo, Amélie. Es mi trabajo supervisar todos los cuarteles. Podré estar contigo. A él no le importará. Quiere que seas una mortifaga digna de temer y admirar. Y algún día espero tu seas quien tenga mi cargo.
La adolescente sonrió — Faltan muchos años para eso, papá. ¿Tocamos la puerta?
Garren acercó su puño, vacilando apenas dos segundo antes de golpear la madera que tenía delante. Miró a su hija con ansiedad. ¿era correcto aquello? ¿tenía opción de negarse? La adolescente ni parpadeaba. Ella sabía desde que tenía once años que este día llegaría. Se había preparado psicológicamente para esto. Su madre había gritado y llorado sin control, pero sabía tan bien como ellos que no había formar de rehusarse. Se sentía orgulloso de la actitud de su hija. Estaba asustada pero tenía que sacar lo positivo de la situación, y su objetivo era claro; servir a lord Voldemort y ser igual de fuerte que su padre.
La puerta se abrió y accedieron. La estancia estaba iluminada solo con el fuego crepitando en la chimenea. Vio a dos personas sentadas, una frente a la otra, el escritorio era lo único que los separaba. Se acercó lentamente.
— Hola, Garren, ¡que sorpresa!
El hombre dio una inclinación con la cabeza — Caroline. Un placer verte. Mi señor...— añadió doblando las rodillas y dejándose caer suavemente al suelo. Al parecer Lucius y los demás ya se habían ido, cosa que agradecía infinitamente.
— Mi… mi… mi señor— tartamudeó la mas joven de todos. Iba a arrodillarse como su padre le había enseñado cuando una voz la detuvo.
— ¿Amélie? ¿Amélie, eres tú?— preguntó Caroline poniéndose en pie de pronto. Se acercó rápidamente a la adolescente que se había quedado estática sin saber que hacer — ¿Qué haces aquí? Garren, ¿qué hace tu hija aquí?
Nadie respondió. Garren mantenía su postura; arrodillado y con la cabeza gacha mientras Caroline lo miraba estupefacta. Voldemort soltó un suspiro de fastidio y se recostó contra el respaldar de su silla. Sacó su varita mágica del bolsillo de su túnica y la colocó delicadamente sobre la mesa.
— Levantate, Garren, y aclara las dudas de Caroline. Ella ya sabe la respuesta de igual manera, pero prefiere fingir ser idiota— soltó el mago oscuro con toda la maldad que pudo. La mujer se giró hacia él y enrojeció de vergüenza.
Garren obedeció y se puso en pie — Vine a entregar a mi hija al servicio del amo, Caroline. Tal como debe ser.
La mujer se puso una mano en el pecho, Sabía que muchos mortífagos hacían eso cuando sus hijos cumplían una cierta edad, pero nunca jamás pensó que Garren fuera capaz de aceptar algo así. Miró a la adolescente y tuvo unas ganas horribles de golpear a su padre. Éste tenía la mirada clavada en la chimenea y parecía estar totalmente impasible.
— Pues no, Caroline. Esa niña no estará en mi servicio todavía. Es demasiado joven, ¿eso sería una crueldad, cierto?— sonrió con cierta malicia. Garren volteó hacia él.
— No le entiendo, mi señor.
Voldemort se acarició la barbilla — Solo quiero que la entrenes en un cuartel durante sus vacaciones, ya te lo dije, Garren. Cuando cumpla la mayoría de edad será cuando entre en mi servicio. Mientras tanto— miró a la temblorosa adolescente — no me sirve para nada.
Caroline se quedó de piedra — Mi señor… ¿a un cuartel? Mi señor, le voy a rogar que lo reconsidere… ella es…
Voldemort la ignoró. Le hizo señas a la menor para que se acercara. Ella obedeció quedamente. Se posicionó al lado del mago oscuro que la observó fijamente, como evaluándola. La adolescente se puso lo mas firme que pudo, mirando al que sería su amo a los ojos tratando de no mostrar ningún tipo de desafio involuntario.
— ¿Cual es tu nombre, pequeña?— cuestionó en voz baja.
— Amélie… mi señor— respondió con tono enérgico. Voldemort sonrió ante ésto. Asintió vagamente y le pidió que estirara el brazo izquierdo, levantandole la manga de la túnica por encima del codo. No hizo caso del movimiento incómodo de Caroline al ver esto. Garren solo miraba fijamente tratando de no caer en un ataque de ansiedad.
— ¿Sabes lo que implica tener mi marca en tu brazo izquierdo, Amélie?— le preguntó con mucha suavidad. La chica asintió. Lo sabía desde que era pequeña, cuando su padre le enseñaba su propia marca.
— Lealtad eterna hacia usted, mi señor.
Los rojos y peligrosos ojos del mago oscuro la detallaron con diversión. Bajó la manga de su túnica y liberó su brazo. La joven no sabía que ocurría. Se quedó ahí plantada, solo siendo observada por el hombre. ¿No iba a marcarla?
— Podrás asistir a Hogwarts todo el curso. No quiero que dejes tus estudios. Todavía puedes aprender algo en ese colegio, tengo buenos profesores allí. Sin embargo, como imagino que te explicó tu padre, necesito que durante tus vacaciones te entrenes en un cuartel. Después de eso, podremos decidir que harás,¿eres buena estratega? ¿o seras una excelente espía como tu padre? También podrías ser parte de mi guardia personal, aunque admito que eso no es tan interesante… Ya veremos, ¿cierto, Amélie?
— Si, mi señor.
— Bien, muy bien. Ahora, dime ¿a que cuartel te gustaría que te mandara?— quiso saber con una ligera sonrisa en sus labios. Garren esta vez si reaccionó. Miró a Caroline con los ojos muy abiertos. Ella entendió la indirecta.
— Amo… si me lo permitiera, me gustaría recibirla en Laholm. Sería un placer entrenarla yo misma.
Voldemort se giró hacia ella. Soltó una risa sin alegría y tan fría como el hielo — ¿Por que no me sorprende?
— Si usted lo permitiera.
— Podría permitirlo, claro que si, querida. Pero se lo pregunté a la jovencita, no a ti— espetó con despiadada diversión. Caroline bajó la cabeza. Garren por su parte buscaba la mirada de su hija, pero ésta solo tenía ojos para Voldemort, el cual después de unos segundos volvió a observarla.
— Si me gustaría, mi señor… me gustaría que Caroline me entrenara — respondió finalmente. Voldemort se inclinó un poco hacia ella. Acercó sus largos dedos y acarició sutilmente la mejilla de la menor. Ésta no se movió ni un ápice.
— Entiendo que la conoces desde que eras pequeña, ¿no? Pero entiende algo, eso me genera un problema. Detesto el sentimentalismo y Caroline es como… experta en eso. Ella será suave contigo; no te entrenará como podría hacerlo Mcnair, Lucius, Travers, Avery, y muchos otros. Y quiero que seas una de mis mejores mortífagos y para eso necesitas un buen maestro— explicó con calma. La joven asintió.
— Por eso me gustaría que ella fuera mi mentora, mi señor. Porque usted la entrenó personalmente, igual que a mi padre. Y si aprendo de ella, aprenderé de usted; es decir, del mejor.
Voldemort se enderezó en su asiento. Su semblante era de una ligera sorpresa. Miró hacia sus dos mortífagos, que sabía que estaban conteniendo la respiración. Rió suavemente mientras tomaba su varita y se la guardaba de nuevo en el bolsillo de su túnica. Se puso en pie, haciendo que la chica retrocediera unos pasos.
— Bien. La decisión es tuya. Mucha suerte, señorita.
Garren volvió a bajar la cabeza cuando Voldemort le pasó por al lado. Se detuvo de pronto y sujetó a Caroline por el brazo, dejándola muy cerca de su cuerpo — Si voy a tu cuartel y veo que esta chica no está al nivel requerido de su aprendizaje sólo porque eres demasiado condescendiente con ella, te juró que la mandaré muy lejos y sabes lo que le esperará, Caroline. Su destino está en tu manos. Haz bien tu trabajo.
— Así será, mi señor.
— Eso espero — amenazó en voz baja — Garren… lo que vayas a hacer con Goyle, hazlo rápido. Nott y Travers deben irse en dos horas y necesito que ese inútil vuelva a su puesto.
Garren ni siquiera se preguntó como el señor oscuro ya sabía sobre la situación de Goyle, pero sin preguntar nada asintió con la cabeza — Enseguida, amo.
Vieron como el mago oscuro salía de la habitacion cerrando la puerta tras de si. Caroline se llevó las manos a la cabeza y avanzó hacia la chimenea.
— Amélie… ¿estás bien? — la chica asintió en respuesta. Se veía que ahora que la adrenalina disminuía en el cuerpo de la menor los temblores y el miedo regresaban — Lo que le dijiste al amo fue muy inteligente de tu parte.
— Mi papá me advirtió de todo lo que podía pasar y como responder cada pregunta. Sabía que tu te ofrecerías a entrenarme.
Caroline se giró a Garren — ¿previste que estarías aquí cuando tu llegaras o que demonios?
El hombre se mantenía impasible — Goyle me lo dijo abajo; pero sí, imaginé que hoy vendrías. Me preocupaba mas bien que Lucius estuviera aquí, o Mcnair, porque pensé que ellos también podrían ofrecerse. Fue un alivio ver que ya se habían ido.
— Garren, esto es absurdo — soltó mientras veía como la adolescente se acercaba a su padre y se paraba a su lado — ¿Por que permitiste que pasara esto?
El mencionado puso mala cara — ¿Es que crees que podía negarme? Esto era algo que ya él había planeado cuando me envió a Azkaban. Además, él tiene razón, ¿Por que finges sorpresa? Muchos mortífagos han entregados a sus hijos para adiestrarlos. Tu sabes eso muy bien. Creo recordar que cuando eras la amante del amo y estabas toda idiotizada con él, fuiste la primera en proclamar que cuando tuvieras hijos también los entregarías a su servicio. Eras igual a Bellatrix; las dos tal para cual.
Caroline pareció notablemente ofendida. Lo apuntó con un dedo acusador — No me compares con esa maldita demente. Y además eso no viene al caso. Ahora el problema es que debo llevarme a Amélie a Laholm y el amo vendrá a darme visitas para verificar como la entreno. Fantástico, Garren.
Los adultos hablaban como si la chica no estuviera presente, que intercalaba la mirada entre uno y el otro. Su padre avanzó unos pasos — Tu no te preocupes por eso. Estará en mejores manos contigo que cualquier otro.
—Pues si, supongo que si— concedió encogiéndose de hombros. Garren avanzó y la tomó por la muñeca.
— Caroline, hablo en serio. Te encargo a mi hija. Tu sabes que ella... es lo mas importante en mi vida… por favor.
La bruja miró fijamente el rostro de su compañero, el cual por fin había eliminado su mascara de indiferencia y en cambio una expresión suplicante se había plasmado en sus facciones. Sabía perfectamente lo que tenía que hacer, y aunque quería golpearlo por permitir todo aquello, también era cierto que ninguno de ellos podía negarse a una orden directa de su amo. Respiró profundamente y miró a la adolescente. Le sonrió tranquilizandola.
— Estará bien, Garren. Yo la cuidaré bien.
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Sus pisadas eran sutiles, tan silenciosas como el deslizar de una serpiente. Escuchó algunas voces en la entrada de la mansión y fue hasta ella. Mcnair le había proporcionado una información importante. Por supuesto primero lo sometió a una pequeña sesión de tortura debido a la estúpida tardanza. No concebía como demonios habían pasado mas de tres años para que él fuera notificado de la existencia de esa mujer, Eso era algo que debió haber sabido casi al instante, pero no, no fue así. Estaba rodeado de puro incompetente.
Las voces se detuvieron de inmediato cuando llegó a su altura. Travers, Nott y dos mortífagos más lo observaban aterrados. Rápidamente los vio caer de rodillas. Le pasó por al lado sin prestarles atención. La voz de Nott se hizo oír por encima del sepulcral silencio. Se giró vagamente.
— Amo… amo ¿podemos hablar un tema con usted? — lo oyó preguntar con voz temblorosa. Un simple movimiento de su mano los hizo entender que concedía el permiso.
— Amo, Garren está tomando decisiones que no debería. Ha encerrado a Goyle y lo ha amenazado por una tontería. Entendemos que tiene un rango que debemos respetar, pero es inaceptable que haga lo que quiere con nosotros solo por un tema meramente personal.
Voldemort se giró. Notaba el mal humor regresar lentamente y apoderarse de sus sentidos — Si tienes algún inconveniente en como Garren maneja las cosas lo lidias con él. No tengo tiempo para discusiones de colegiales.
Travers se removió incómodo y los otros dos mortífagos ni levantaba la vista del suelo. Nott se quedó de piedra y daba la impresión que moría por replicar pero debió pensárselo mejor y solo asintió con la cabeza — si… mi señor.
Los rojos ojos de su señor recorrieron fríamente la figura de sus sirvientes antes de girarse y sin hacer el menor ruido desaparecerse.
….
Rompió los mediocres encantamientos protectores con un lánguido movimiento de su varita. Podía notar ese nauseabundo olor de las bestias en el ambiente. Eran tan desagradables. Se adentró en el bosque y caminó lentamente. Una negra capucha ocultaba su rostro de cualquiera que lo viera. Sujetaba su varita bajo la capa atento a cualquier ruido. Un mago con raciocinio no intentaría atacarlo jamás, pero esos eran unos inmundos animales y sencillamente no podías confiarte de la escasa inteligencia que poseían.
Siguió caminando. La esencia cada vez era mayor. Escuchó unas pisadas y se detuvo.
— ¡Tu! ¡¿Quien eres y como entraste?! — Oyó como una voz áspera rugía entre la oscuridad. Sonrió de forma siniestra bajo la capucha. Al menos cinco hombres se le atravesaron en el camino. Todos sin excepción con las túnicas rasgadas y llenas de suciedad. Levantó un poco la cabeza y los detalló. Le divertía muchísimo saber que ninguno lo reconocía bajo la capucha.
— !Habla, imbécil! ¡¿Quien eres?!
Rió suavemente.
— Si yo fuera tú, cuidaría mis palabras, muchacho — siseó con diversión. Todos echaron a reír en respuesta. Voldemort ladeó un poco la cabeza y apretó la varita en su mano. La tentación de matarlos a todos era increíblemente fuerte, pero no era necesario; no por ahora. Entrecerró los ojos al oír como uno de ellos corría en su dirección ¿pensaban atacarlo? ¿de verdad?
Sacó su varita y con un vago movimiento lo mandó a volar varios metros. Rió ante el grito de asombro y rabia de los demás. Luchar contra hombres lobo eran tan entretenido, y, aunque no tenía el humor ni las ganas en ese momento, nada iba a impedir que les diera una paliza si tenían la osadía de hacer algo contra él.
— ¡¿Como te atreves?! — les oyó gritar. Los cuatro restantes se le aproximaron de igual forma que el primero. Sus ojos rojos brillaron en la oscuridad. Su varita se sacudió violentamente mientras seguía las ordenes silenciosas de su dueño. Todo sucedió muy rápido.
Cuatro maldiciones cruciatus salieron velozmente de la punta de ésta e impactó a los hombres justo en el pecho haciendo que cayeran de bruces al suelo, gritando por al menos un segundo cada uno. Otro movimiento de su arma y todos estaban totalmente inmovilizados contra el suelo. Rió de forma burlona acercándose a ellos. Los escuchó gruñir, supuestamente creyendo que con eso lo iban a intimidar.
— !Oye, tu!
Se dio la vuelta al escuchar otra voz, esta vez si la reconoció. Greyback estaba al frente suyo con al menos una docena de hombres más. Casi todos dieron un paso en su dirección de forma amenazante, pero su líder levantó una mano. Sus ojos se abrían desmesuradamente poco a poco al reconocer a quien tenía delante. Voldemort se regocijó al notar como las manos del peligroso hombre lobo temblaban.
— ¿Piensas atacarme tu también, Greyback? — soltó con su fría y macabra voz. Todos los presentes dieron un salto al escucharla.
— Mi… mi… mi señor… no… no, ¡por supuesto que no! — respondió muerto de miedo. Se acercó hasta el mago oscuro y dio una exagerada reverencia. Todos lo imitaron — No lo reconocimos, mi señor. Usted nunca viene por aquí. ¿Necesita alguna cosa? — preguntó en voz baja mientras lo veía quitarse la capucha. Sus ojos escarlatas refulgieron en la oscuridad. Todos se encogieron en el acto.
— De hecho, si, Greyback. Estoy buscando a una jovencita que tengo entendido está dentro de tus filas— respondió mirando a su alrededor. Se fijó en que uno de los presentes no mantenía su cabeza gacha sino que al contrario, parecía desafiarlo explícitamente con su mirada. Escuchó como el líder de los licantropos decía algo pero no le prestó atención. El hombre seguía observándolo con odio y por alguna extraña razón eso le causo curiosidad. Le gustaba cuando alguien lo retaba de esa simple manera.
Si aún existía algún ser viviente en el mundo mágico que todavía no sabía como debía tratarlo, como debía mirarlo…
Sonrió. Greyback por fin se había callado. Todos observaban el intercambio entre lord Voldemort y el hombre lobo a su izquierda. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Ambos hombres parecían haber olvidado donde estaban; solo centrados en ellos dos.
— Rogers… ¡Rogers!— exclamó Fenrir después de un minuto intuyendo el peligro. — ¿Que se supone que haces?
Voldemort se movió de pronto, acercándose con una horrible parsimonia al mencionado. Su varita parecía brillar en su pálida mano. Notó como todos se tensaban pero no le interesó, quien tuviera el atrevimiento de intervenir pagaría las consecuencias. Vio como Greyback saltaba unas ramas en el suelo y se aproximaba a toda velocidad hacia donde él se dirigía, deteniéndose a su lado pero a una altura prudente. Prefirió ignorarlo. Estaba centrado solo en aquel desconocido que lo desafiaba de aquella manera.
Quedó frente al insensato que todavía lo observaba con aquellos orbes llenos de resentimiento mal disimulado. No fue difícil entrar en su mente y encontrar la razón de su desprecio. Toda su familia masacrada frente a sus ojos por la mano de sus mortífagos. Greyback atacándolo ferozmente, asesinando a su hijo pequeño y luego mordiéndole a él en el cuello, sintiendo como toda su sangre hervía al ser contaminada por el hombre lobo. Golpes y mas golpes. Todos los hombres lobos lo flagelaban con cualquier cosa que encontraran, querían que fuera tan salvaje como ellos, querían adiestrarlo sobre como debía comportarse, a quien debía servir, a los muggles que debía atacar. ¿Él culpable de todo? Él… El mago oscuro que todos temían, aquel que se había apoderado del mundo mágico. Aquel que cuando tuviera delante, no dudaría en matar.
Emergió de su mente y soltó una fría carcajada. Acarició su varita mágica con sus largos dedos y golpeó la palma de su mano con la punta de ésta. Se inclinó un poco sobre el hombre lobo, que parecía terriblemente tenso, debatiéndose en lo que debía hacer.
— ¿Que esperas, muchacho?— lo amenazó con mucha suavidad. Quería que se atreviera, realmente lo deseaba — ¿No te decides todavía? Como puedes ver, ya estoy delante de ti.
— Mi señor…
— Cállate, Greyback— le espetó con un tono helado. Quería saber si el idiota tenía el valor de mover un músculo y atacarlo. Volvió a reír al ver como se tensaba aun más. Podía sentir su frustración que poco a poco iba tornándose en miedo..
— Si no vas a hacer nada. Baja la mirada inmediatamente— ordenó con crudeza. El hombre lobo ni parpadeó. Los rojos ojos del mago oscuro parecieron relampaguear — ¡Ahora, muchacho!
Lentamente, muy despacio, el hombre por fin bajó la cabeza. Voldemort lo detalló con desprecio. De su mente emergían un sinfín de sentimientos y emociones; rabia, indignación, miedo, dolor… Ladeó su cabeza y levantó su varita. Casi pudo sentir el terror que esta simple acción genero en todos los presentes. Sonrió cruelmente apuntando al tembloso hombre frente si.
— ¡Crucio!
Sus gritos eran como música para sus oídos. Se retorcía brutalmente sobre el suelo lleno de pequeñas piedras y ramas, evidentemente éstas dejando su cuerpo lacerado. Nadie intervino. Nadie habló. Nadie se atrevió. Greyback solo permanecía de pie, viendo con los ojos muy abiertos como su señor torturaba vilmente a uno de sus hombres. Apretó ambas manos en puños para controlar su temblor cuando el señor oscuro convocó un horrible látigo con su varita, flagelando cruelmente el cuerpo del moribundo hombre lobo que sólo podía jadear ante tal dolor. Finalmente, cuando el hombre dejó de moverse y soltar sonido alguno, solo ahí el mago detuvo su castigo.
— Muy bien, Greyback— continuó Voldemort como si nada hubiese ocurrido. Se alisó la túnica con su mano libre y se limpió con desdén las gotas de sangre que habían manchado su rostro — Como te iba diciendo, estoy buscando a una jovencita en tus filas.
El hombre lobo asintió rápidamente — No… no todos están aquí… mi señor — tartamudeó.
Voldemort avanzó, alejándose del resto de los licantropos que seguían demasiado aterrados para siquiera respirar. Greyback se puso detrás del mago y caminó con él. Todavía sentía sus manos temblar.
— Pues espero por tu bien que esa chica esté aquí, porque necesito tener unas palabra con ella, y debe ser hoy, no pienso esperar— sentenció fríamente. Sabía que mas adelante tenían su refugio. Greyback poseía un buen ejercito de hombres lobos, pero eran muy pocas las mujeres que lo conformaban.
— ¿Es… es una… presa, mi señor?
— ¿Que quieres decir con eso?— cuestionó con sorna— No, no es una de tus presas… tengo entendido que la transformaste unos años atrás, y según me dijo Mcnair, está dentro de tus filas.
Greyback inclinó la cabeza — Solo hay una mujer, mi señor. Lo… lo llevaré con ella, si lo desea.
Voldemort guardó su varita — Evidentemente, idiota, por eso estoy aquí. ¡Muévete! quiero verla.
Caminaron entre los arboles. Pudo ver el refugio, un lugar realmente desagradable. Observó a muchos hombres parcialmente desnudos sentados en el suelo. Otros jugueteaban con sus varitas mágicas como si se les hubiese olvidado cual era su uso real. Mas adelante vislumbro unas cuantas jaulas, notó que todas estaban vacías. Greyback se percató que el mago oscuro las detallaba con interés.
— Mi señor… yo… yo he hablado con Garren respecto a… nuestras presas. Como usted sabe…bueno, como usted mismo impuso, no podemos atacar ni secuestrar a nadie sin estar transformados. Pero algunos de nosotros… necesitamos saciarnos mas de una vez al mes. Usted me dijo… que me proveería de victimas una vez a la semana, mi señor… y Garren no ha cumplido del todo.
Voldemort asintió vagamente — Es cierto que te prometí eso. Pero no estoy satisfecho con tus servicios, Greyback. Tengo entendido que hace tres semanas tus hombres dejaron escapar a dos rebeldes. ¿Que me dices de eso?
— Pero la semana pasada matamos a seis que intentaron escapar de Hogwarts. Eso debería saberlo— espetó con brusquedad, lamentándose casi al instante. Vio como el mago oscuro se giraba y lo veía de arriba a abajo. Tembló ante su peligrosa mirada.
— No vuelvas jamás a hablarme en ese tono, Greyback. Te lo advierto— amenazó con un escalofriante siseo.
— Me disculpo, mi señor…. Es que…
— Si tienes hambre, te daré permiso para tú y tus hombres ataquen esta noche el poblado muggle que está aquí cerca. Luego habla con Garren. La próxima semana mandaré a ejecutar a varios preso de Azkaban, pero supongo que puedes quedártelos. Sin embargo, Greyback, espero que ésta sea la ultima queja por tu parte, tú y hombres están empezando a incordiarme.
— Por supuesto, mi señor… por supuesto, muchas gracias...— respondió de inmediato — Mi señor… ella es la única mujer que está dentro de mis filas. Ya se la traigo.
— Muy bien— contestó vagamente. Notaba como su corazón palpitaba cada vez con mas rapidez. Se mantuvo con una expresión impasible mientras veía a la chica caminar hacia él con el terror plasmado en su juvenil rostro. Lo reconocía y eso lo complació sobremanera. Ella quedó de pie frente a él. Frunció el entrecejo cuando no la vio inclinarse ni arrodillarse, pero la chica parecían tan aterrorizada que lo dejó pasar. Le hizo una seña con la mano a Greyback, que entendió rápidamente y se alejó, dejando al peligroso mago a solas con la joven.
— Señorita Brown— saludó con voz melosa. Sonrió ante su expresión de pánico — ¿Puedo llamarla por su nombre?
Ella ni se movió. Voldemort metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, observándola con mucha atención — Muy bien, señorita Lavander. No tengas miedo, si te comportas como debe ser y me das las respuestas que estoy buscando, te aseguro que no tienes absolutamente nada que temer, ¿entendido?
— S… si...— susurró apenas audible, Voldemort negó con la cabeza con mucha suavidad mientras una extraña mueca se dibujaba en sus labios. La chica tembló ante ésto.
— No, no, no, señorita. Esa no es la manera. Soy tu señor, recuerda esto. Debes tratarme con mi respectivo titulo — regaño sutilmente como si se tratara de una niña pequeña.
— Si, mi… mi señor…
— Muy bien. Ahora quiero hacerte una pequeña pregunta, y me dirás la verdad— la joven asintió de inmediato — Quiero saber…— se interrumpió brevemente. Sus rojos ojos brillaron en la oscuridad— Quiero que me digas donde está Hermione Granger.
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Quise hacer un capitulo mayormente dedicado a Voldemort en compensación del anterior. Ya el próximo veremos su posible reencuentro. Agradezco mucho los RR recibidos del anterior capitulo, me alegró saber que fue muy bien recibido! No lo esperaba! Muchas Gracias!
Pronto iré subiendo algunas cosas a la pagina de FB.
Nos vemos para el proximo.
